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jueves, noviembre 27, 2025

Antonio Paneque; ¿Qué es cuidar? (I) y (II)








Notas de Antonio Paneque sobre las charlas del profesor Agustín Domingo Moratalla

Hay tres figuras femeninas destacadas en el proceso de recuperación de la ética del cuidado: Carol Gilligan, María Ángeles Durán y Catherine Ellison.

Carol Gilligan 

Dice que la verdadera justicia consiste en tratar a todos de manera diferenciada: la organización de los servicios sociales, de la educación, de los derechos no es igual, porque hay que tener en cuenta la categoría ética de la preocupación por la diferencia. Porque, en realidad, la humanidad depende del cuidado. Hasta ahora la economía y el derecho laboral se han planteado olvidándose del cuidado, y hay que recuperarlo, hacer que las ciencias sociales estén alimentadas por el cuidado. Éstas no se hacen cargo del cuidado invisible de las madres, abuelas, esposas en casa. A nivel de la contabilidad, de la economía y del derecho público cuando nace un niño se empobrece un pueblo; cuando nace un cordero crece el producto interior bruto. La economía, la política funciona diciendo: si hay más criaturas nos empobrecemos. Y se defienden políticas antinatalistas: la economía capitalista penaliza el número de personas que han de compartir los bienes.

María Ángeles Durán

De ahí que les interese que haya corderos, no que haya niños. Hay que invertir eso, afirma María Ángeles Durán, autora de “La riqueza invisible del cuidado”, introduciendo en la contabilidad el cuidado no visible, porque la justicia depende del cuidado. No solo es una cuestión de derechos sociales, sino de estructura. Dice que la revolución del siglo XXI va a ser la revolución del Cuidatoriado. En el siglo XIX los proletarios se unieron, tomaron conciencia y surgió la clase social del proletariado. Durán dice: si todos aquellos que cuidamos de alguien nos uniéramos, el mundo cambiaría. Necesitamos promover la revolución de los cuidados. Y hay una nueva expresión social que es el Cuidatoriado, como apreciamos en nuestros entornos. El día que los cuidadores tengan conciencia de clase, el mundo será distinto. Nuestra tarea en la pastoral sanitaria, pastoral social, consiste en decir: no nos olvidemos de los cuidadores, para no desatender esta dimensión personal de atender y cuidar

Catherine Ellison

Catherine Ellison plantea un concepto importante y revolucionario: inteligencia maternal como clave de vida social, cómo la maternidad nos hace más inteligentes. En esta época en que se habla de inteligencia emocional, social, matemática, las así llamadas inteligencias múltiples, ella afirma que hay una inteligencia nueva, la maternal. Parte del rechazo a la maternidad en el contexto laboral, pensando que sería un obstáculo y que el cerebro se empequeñece a medida que se tienen hijos, de modo que perdería su capacidad profesional. Pero ella afirma lo contrario: gracias a que tengo hijos soy más creativa, despliego recursos, porque hay un tipo de inteligencia muy importante vinculada a la maternidad. En psicología y filosofía se habla del papel del corazón, y desde aquí se plantea la inteligencia cordial. Con la recuperación de la inteligencia maternal se da carta de naturaleza a toda esta tradición, donde el corazón no es algo emocional, emotivo, sino estructural y constitutivo de la humanidad

Así pues, hablamos de una persona que genera un bien, un valor, en una determinada actividad, en unas circunstancias, allí donde están los otros. En el esquema fenomenológico para analizar el cuidado hay un cuidador, una persona que es objeto de cuidados en determinadas circunstancias, y hay un encuentro, una relación que generan una serie de prácticas. La ética del cuidado no se alimenta solo de una relación entre el yo y el tú, porque las circunstancias históricas, como el contexto concreto del que se trate, cuentan mucho.

¿Qué es cuidar?

Veamos ahora qué es cuidar, qué son los cuidados. Igual que se define al ser humano como homo ludens, como homo sapiens, como homo homini lupus, hoy tenemos que hablar del homo curans, pues somos animales que curan. La humanidad ha llegado donde está porque unos hemos cuidado de otros, sin el cuidado tendemos a embrutecernos, a deshumanizarnos.

Pero el campo semántico del cuidado es muy amplio. Hemos de ver dónde nos encontramos con precisión:

- cuidar remite en primer lugar a la cura, la crianza, la atención a los hijos en los primeros momentos de la vida respondiendo a sus necesidades. Es lo que en la historia de la moral, desde Platón hasta Santo Tomás, se conoce como la cura. También la filosofía del siglo XX con Heidegger retoma la cura como concepto central. La fenomenología, el existencialismo, el personalismo se alimentan de esta reflexión sobre la crianza.

- en segundo lugar, cuidar es devolver la salud, restaurar el equilibrio, el orden. El cuidado tiene que ver con la terapia, consiste en recuperar la salud perdida. Visto así, el cuidado es una actividad terapéutica, generativa, vinculada con la salud en todos sus sentidos: individual, colectiva, etc.

- el cuidado tiene también que ver con lo que en griego se conoce por Merimnao, es decir, la solicitud por el otro, la preocupación, atención hacia las necesidades del otro. Así, cuidar es hacer que nuestra ética no nazca de nosotros, sino que sea la respuesta que damos al otro, que se nos hace presente y nos reclama. Es el otro el que nos mueve a actuar, incluso sin haber dialogado ni haber reflexionado. Su rostro nos reclama. Por eso Levinas afirma que la clave de la ética no puede ser la autonomía moral: la clave de la ética es la heteronomía, la vicariedad respecto al otro. Mientras tenga alguien que cuidar, estoy haciendo ética. Quien no ha cuidado, no sabe de qué va la bioética.

¿Y desde el punto de vista cristiano?

- los primeros cristianos entendían el cuidado como eskeptomai, como vigilancia: el Señor se ha ido pero no nos ha dejado solos, nos sigue cuidando. Se trata de no descuidarse, de echar un ojo. Por eso, cuidar es no perder de vista. En otras palabras, cultivar la atención, que es un problema estructural serio en la era digital, y cada vez hay más alumnos con dificultades de atención. Cuidar, pues, es vigilar. No perder de vista al otro, su salud, las relaciones. Atender, evitar las distracciones. En la ética del cuidado hay una pregunta bíblica a la base de todo: ¿dónde está tu hermano? Es importante recuperar la idea de Merimnao, de solicitud, porque nos conduce a categorías importantes como la vulnerabilidad, la finitud, la fragilidad, que no tienen buena fama.

¿Y la pregunta filosófica?

¿y cómo cuidar bien? Aquí se propone el cuidado generativo, como el modo de llevar a cabo un cuidado responsable. Porque el cuidado, la profesionalización del cuidado y su práctica no consiste solo en dar de mí, dedicar tiempo a la persona objeto del cuidado, ver lo que necesita sin perderla de vista. A veces pensamos que el cuidado es la entrega, la donación (acción de donarse). Es cierto, porque el cuidador da su tiempo, sus conocimientos. Así es, sin donación no hay bioética del cuidado. Pero el don se puede plantear de dos formas: como un juego de suma-cero, de equilibrio, dando de lo propio. Pero esto es erróneo: a nosotros nos interesa que el dar sea un dar generativo. El voluntario cuando da su tiempo, no da horas, sino que crece, aprende, porque cuidar no es solo dar conocimiento, tiempo, entrega, sino que en realidad es dar-se, estar dispuesto a crecer con el otro. Quienes cuidan crecen, dan de sí. No es dar de mí, sino dar de sí. La clave de las relaciones humanas no es el tiempo que uno da al otro, sino el hecho de que estar dando tiempo al otro supone crecer juntos, el nivel de encuentro, de relación, de felicidad se ensancha, se esponja, da gusto. El verdadero profesional no es aquel que da su tiempo o conocimientos, sino aquel que está dispuesto a aprender del otro, por lo que la clave está en ese dar de sí.

Condiciones para que nuestras prácticas de cuidado sean dignas

El buen cuidado requiere que nos planteemos varias condiciones. Hay un cuidado inmediato, que no es necesario estudiar para aprender, pero si queremos cuidar bien hemos de aprender fisioterapia, medicina, etc. La investigación, el conocimiento son importantes. Veamos las condiciones para que nuestras prácticas de cuidado sean dignas:

1. En primer lugar, lo que llamamos la competencia, la pericia, que es un bien muy importante. Hay que saber hacer las cosas para proporcionar el cuidado requerido. Significa especialización y no ingenuidad

2. La confidencia: quien cuida del otro ya no lo olvida nunca, pasa a formar parte de su historia, porque se han vivido momentos confidenciales, únicos. El buen cuidado significa gestionar la confidencia, los secretos. La discreción es importante en el cuidado

3. La compasión: los cuidados atañen a personas con sensibilidad; hay personas que gestionan muy bien las cosas, pero son poco idóneas para el trato con las personas al carecer de compasión, de capacidad de sentir y padecer con el otro.

4. La confianza: las prácticas de cuidado han de generar confianza, de modo que el cuidado desee el encuentro con el cuidador, porque puede confiar en él. En la digitalización no hay confianza, hay sospecha y mera comprobación de datos.

5. Conciencia: cuidar es tener conciencia, es lo que nos distingue de los animales. Es la posibilidad de reflexionar sobre lo que se hace, cuestionarse ante los dilemas, y tener las ideas claras sobre aquello que se debe y no se debe hacer, siendo capaces de llevar la contraria al sistema. Se trata de no ser parte del engranaje digital del sistema sanitario.

6. Consuelo: es muy difícil saber consolar, tenemos que entrenarnos para ello: compartir historias, recursos musicales, artísticos, literarios que tengan que ver con la ternura. Cuando no hay ya nada que hacer, siempre se puede narrar un poema, contar una historia, cantar una canción. Cuando la curación no es posible, el consuelo y el cuidado sí lo son. No es lo mismo morir sin un poema, un canto, una oración familiar

Segunda entrevista

El personalismo

En la tradición cristiana del personalismo comunitario, la preocupación por el cuidado va siempre asociada a la preocupación por la justicia, por llevar a cabo un cuidado justo (Emmanuel Mounier, Jacques Maritain). Maritain habla de humanismo integral, porque las ciencias han hecho que el ser humano se convierta en un objeto, y hay que recuperar la condición de sujeto. Desde su trabajo en la UNESCO tendrá una responsabilidad directa en la redacción de la declaración universal de los derechos humanos, basado en la doctrina social de la iglesia. El humanismo perseguido no es anti teológico, sino un humanismo en que el ser humano es un centro descentrado. En nuestra antropología el ser humano desempeña un papel central, pero en el conjunto de la creación nuestra autonomía es teónoma, se mide por la relación con Dios. A la base del Vaticano II se halla este tipo de filosofía. La Populorum Progressio habla de desarrollo integral, tema que retoma Francisco con el cuidado integral de la creación, y se pone en continuidad con este humanismo teocéntrico .

Así pues, promover el cuidado integral supone cuidar físicamente, psicológicamente, en todas las dimensiones, y también en la esfera espiritual, pues la apertura a la transcendencia, la presencia de Dios en nuestros discursos y en nuestras prácticas no puede ser obviada.

La pregunta por el cuidado y las dimensiones del cuidado tiene tres aspectos importantes:

- macro cuidado (cuidado de la casa común, medio ambiente, impacto de la tecnología, impacto del progreso, e incluso el tema de las generaciones, sus derechos, porque el cuidado tiene una dimensión no solo intra generacional, sino que la dimensión generativa del cuidado se traduce en las nuevas generaciones y en sus derechos, ya que somos herederos de algo que se nos ha dado y lo hemos de legar);

- micro cuidado: limpieza, higiene, apoyo espiritual, la ayuda del otro: hoy se habla del cuidado del cuerpo, del cuidado holístico, integral; es una dimensión vinculada con el yo, el cultivo del yo, a veces estamos algo enmimismados pues el sistema social queda encerrado en el yo. De ahí un tipo de cultura y de prácticas individualistas, atomistas, vivimos en sociedades atomizadas, donde cada átomo cuida de sí, de su propio cuerpo.

- Pero se olvida o se deja a un lado el cuidado institucional, una dimensión clave ya que las instituciones han de tener rostro, estar al servicio de las personas: los bancos, las instituciones de justicia, las administraciones, los colegios no son fines en sí mismos sino han de estar al servicio y son una forma de cuidado.

La dimensión dialógica

Entramos en la hermenéutica o fenomenología del cuidado. La vida humana es encuentro, es cuidado. Por tanto se da la recuperación de una dimensión dialógica de la vida donde el encuentro es fundamental. Se recupera la persona, la conciencia, el sentido de comunidad: no hay persona sin comunidad. No estamos cerrados, nos vamos haciendo. La clave del propio currículo vitae no está en los cursos que hemos hecho, la clave de la construcción de la persona es el tipo de relaciones que ha mantenido, porque el otro es constitutivo del yo, de ahí la importancia de la alteridad. Yo soy por un tú que me ha constituido. De hecho, es decisivo ser llamado por el propio nombre, porque hasta que no se dice el nombre, uno no sabe quién es. La identidad de la persona es día-lógica, per-sonal. Uno no se reconoce si nadie ha dicho su nombre: la alteridad es constitutiva, el otro no es solo el diferente, sino alguien con quien tratar. Pasamos de la persona como átomo a la persona como abierta.

Carácter intencional del cuidado

Y aquí hay un elemento fundamental, que es el carácter intencional del cuidado, de modo que este no es un dato que se pueda recoger en una tabla de Excel, en un registro de datos. Los datos no recogen la intencionalidad, el carácter personal del cuidado. Cuando nos referimos al cuidado no pensamos solo en la objetividad sino en el significado, y esto es clave en la sociedad de la información y de la comunicación en la que vivimos. Debemos repensar el cuidado desde esa clave de la comunicación. Decía Laín Entralgo que la gran herramienta de la medicina es la silla, porque el médico tiene que saber escuchar para hacer un buen diagnóstico. Por eso es tan importante entrenarse en la escucha y en la gestión de la palabra.

La bioética se preocupa por los problemas que tienen que ver con el principio de la vida, eugenesia, y por el final de la misma, eutanasia. Sin olvidar lo que hay en el medio de ambas: la eudaimonia, o sea, la ilusión, el sentido. A veces la sanación es recuperar el sentido: una palabra sanadora, consoladora, que tiene mucho que ver con la palabra, el saludo. El saludo es clave para personalizar el trato, por lo que el agente de pastoral de la salud tiene la misión de introducir ilusión, calidad, en los profesionales sanitarios para que estos lleven un saludo cordial. Son prácticas de comunicación que hay que cuidar para percatarnos de la transcendencia de la escucha y de la palabra. Y hemos de entrenarnos, igual que entrenamos el cuerpo en el gimnasio.

Las bases éticas para el cuidado son la atención, el diálogo, la capacidad de respuesta y la personalización. O sea, acoger al otro, el uso de la palabra, la relación y, sobre todo, hacer que el mundo no sea de objetos atomizados sino de personas. El otro a menudo es visto como un cliente, un usuario, un paciente, un ciudadano, un consumidor. Son muchos roles, y pueden olvidar que se trata de una persona que tiene derecho a la atención, al cuidado. La personalización es la clave.

Veamos algunos personajes relevantes en la bioética del cuidado. En primer lugar, Levinas.

Él habla del cuidado como solicitud, y tiene una reflexión de gran hondura sobre la maternidad, la mujer. Plantea el hecho de que el tú es el que nos mueve. El origen de la ética no está en el yo (Descartes, Kant), hay ética cuando tú me movilizas: el tú es el origen de la ética. Y dice que tenemos que entender el diálogo en clave de asimetría. En la bioética principialista, cuando se habla del principio de autonomía se habla del consentimiento informado. No se trata de un papel que se firma, es una práctica comunicativa que busca recuperar la confianza entre el médico y el paciente. En cualquier caso se piensa en clave de relaciones simétricas. Levinas dice que en el cuidado no hay simetría; hay asimetría entre alguien que cuida y alguien que necesita cuidado. El que cuida acude a la demanda del rostro del otro, y se en-carga de él. Se hace cargo de él, porque el otro va a ser una carga, un peso. Más allá de la simetría del consentimiento informado, el cuidado genuino recupera la asimetría estructural de la relación de cuidados. En el modelo de la bioética principialista hay una cláusula de contrato, ese es el documento principal, pero la responsabilidad es carga; cuidar es asumir que la vida es una tarea pesada. Rezamos porque creemos que la gracia nos ayuda a llevar el peso. Hay una dimensión teológica vinculada al peso: hacerse cargo del otro.

Lo más fácil es que del cuidado se haga cargo el estado, que organiza los servicios de atención a los mayores, a los dependientes en condiciones de simetría (régimen liberal contractual), racionalizando, institucionalizando el sistema de cuidados. Pero en la pastoral de la salud recuperamos una dimensión asimétrica de la responsabilidad que a veces se olvida en el discurso social, político. La ética del cuidado tiene que ir más allá, hemos de cargar con el otro, asumir el cuidado . Levinas da más importancia al rostro que a la palabra, pues la comunicación no se termina en la palabra. Contamos con la caricia, la mirada, el consuelo. Así pues, el cuidado no puede ser solo apalabrado, expresado en un documento. El cuidado tiene que ver con la fuerza expresiva del rostro. El cuidador tiene que cuidar también su rostro, para que destelle ilusión, agrado, al margen del rostro del otro, que es el que nos mueve. El cuerpo recoge una sensibilidad que se nos va de las manos y nos interroga.

Levinas menciona tres figuras bíblicas: la viuda, el huérfano y el extranjero, para comprobar el ejercicio de la justicia. Son tres símbolos que funcionan como indicadores de un cuidado ético. Y habla del diálogo como apelación, reclamación, exigencia de responsabilidad, que el otro me reclama antes de que yo tenga propiamente conciencia de ello. El otro es el tú que reclama mi cuidado.

La segunda figura es Hans Jonas

otro pensador judío, que habla de la responsabilidad y afirma que la responsabilidad es el cuidado, que debe tener un carácter proléptico pues debemos pensar en nuestros hijos y en las futuras generaciones. No puede ser solo un cuidado cortoplacista, y el primer mandamiento es que la humanidad en el futuro siga existiendo, porque el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico nos está conduciendo a la catástrofe. El imperativo kantiano (haz siempre lo que debes) es insuficiente. A partir de ahora tiene que haber un nuevo imperativo, el de la responsabilidad, que guíe la investigación científico-técnica. Porque el hecho de que podamos coger los genes (técnica de los Crispys), cortarlos, repararlos, ponerlos, para decidir el color del pelo, la altura, etc, de los seres humanos hacen ver que las posibilidades de manipulación genética son tan grandes, tenemos tanto poder en el laboratorio, que estamos consiguiendo que nuestra civilización sea eugenésica, no nacen personas imperfectas, porque buscamos la perfección, y porque la política liberal capitalista en que nos movemos, nuestro sistema sociosanitario va hacia la eugenesia liberal: queremos la perfección de la especie y no nos preocupa la curación y el crecimiento, sino el mejoramiento. Pero ¿qué es mejorar la especie? La investigación se centra en perfeccionar en el sentido de mejorar, pero se olvida de otras cosas. La bioética trabaja hacia la perfección, pero nadie da gracias por lo que se tiene. Nadie recuerda que la vida es un don, solo se piensa que es una masa que hay que experimentar y manipular. Jonas advierte de que las estrategias de mejoramiento plantean la distinción entre crear, crecer, curar. A su juicio, el coche de la investigación científico-técnica va demasiado acelerado, y nadie le puede poner freno. La ética de la responsabilidad consiste precisamente en poner el semáforo en rojo, detenerse, gestionar el cambio de marcha. No hay que ser ingenuos respecto a la investigación científica, es preciso reforzar los controles y la ética para asumir la responsabilidad. Para ello, la ética ha de dejarse ayudar de la metafísica.

sábado, junio 21, 2025

VICTIMISMO

Crecer, madurar como persona nos lleva a vivir distintas etapas de la vida. Muchas veces pasa desapercibido cómo lo hacemos. Comentamos que mi amiga tal está siempre quejándose, se hace la víctima, no reconoce nada bueno, aunque se está recuperando.

No podemos juzgar la vida de los demás.

Esto me lleva a Mi experiencia personal de  Vivir con una enfermedad crónica que te lleva a una discapacidad física, te obliga a mirar atrás y preguntar; ¿he vivido de forma victimista o con superación?

Hace muchos años, recuerdo que estaba ingresada y en rehabilitación, la doctora me cogió y me echó la bronca y me dijo que había muchas personas trabajando para que yo me recuperara. No recuerdo mucho de esa época, ahora me pregunto si ese hecho me hizo despertar.

El victimismo es un sentimiento que te atrapa, todo a tu alrededor está mal, una mejora es inalcanzable. Falta de ilusión, de alegría, de relacionarte con los demás.

Cuando nos abrimos, como las hojas de las plantas al agua de lluvia, todo nuestro ser cambia y recibe lo que necesita para dar un paso hacia adelante. Asumir las circunstancias de la propia vida, la enfermedad, darle un sentido, en definitiva es elegir ser protagonista.

Todas las personas con enfermedad o sin ella, tenemos el riesgo de caer en sentirnos víctimas. El mundo nos da miedo, nos asusta y nos hace personas frágiles, débiles y manipulables.

Llevo más de 40 años con enfermedad crónica y discapacidad. No hay recetas, cada día trae su propio afán, su propio escalón que subir. Te apoyas en los demás y tus propias ganas de vivir, ayuda los demás.

No hace falta subir la montaña más alta del mundo para alcanzar la superación.

Cada día hay que levantarse y andar. Una y otra vez.

Hay personas que se comportan o que viven como víctimas. La queja constante y la negatividad hace que su vida sea un sufrimiento constante y vacío. Cambiar, Transformar no es fácil, no ocurre porque uno diga que quiere mejorar. Asumir nuestra vida, problemas, dificultades... y con todo, vivir la vida con la misión que cada persona tenga.

Liliana López Toledo


miércoles, septiembre 27, 2023

"Mamá, te amo" - Hoy hace un año

Miriam Martínez Ureña

Ayer, justo ayer, un año de ese último viaje a Gran Canaria. Revisiones semanales llenas de esperanza... ayer hace un año de aquel último día, donde los valores eran raros aunque parecía remisión... aquel último viaje que se volvió gris y comenzó a llorar en silencio presagiando lo inevitable...el cielo lloró y yo no entendí. Un día después, un inolvidable día como hoy su cuerpo reaccionó, fiebre y urgencias. La enfermedad comenzaba a asomar nuevamente y con agonía y ese incontrolable sexto sentido de madre que me decía que algo no iba bien.... Me quiebro de dolor luchando con la aceptación y abrazando la resignación.... Y es que como olvidar su felicidad al volver a casa después de nueve meses, como olvidar su risa haciendo eco en cada esquina.....como olvidar sus abrazos, la textura de sus pequeñas manos, su susurro al decir "MAMÁ TE AMO".... Como olvidar la tristeza en sus ojos al volver a un frio hospital, como olvidar no saber como explicar lo que ni siquiera yo era capaz de entender y razonar. Como olvidar la extraña sensación de pisar la sombra de la pérdida de uno de mis seres más amados, mi pequeño hijo...

Hablando con una persona acerca del dolor de duelo me decía, a quien pierde un padre se le llama huérfano, a quien pierde la pareja se le llama viudo, pero a quien pierde un hijo no tiene denominación y el incoparable dolor tremendamente difícil de sanar....
Me abrazo a mi fe que es lo que mantiene en pie. La gracia de María madre y entender su dolor para aforntar el mío propio...

El Cáncer Infantil es una realidad, como cualquier cáncer es una moneda al aire más allá de las estadísticas. Se dice que cada año 70000 niños menores de 15 años alrededor del mundo fallecen debido a esta enfermedad....No basta con la sensibilización, se necesita investigación y llegar lo antes posible a tratamientos que puedan conseguir sanar, sea en España, en Reino Unido, EEUU, Alemania, etc... mejorar protocolos.... Ojalá llegue el día que se consiga la fórmula para acabar con esta enfermedad

Mientras tanto seguiremos apoyados por Mauri y por todos los pequeños que están atravesando o atravesarán esta enfermedad.

Con el corazón en la mano y mirando al cielo


viernes, septiembre 08, 2023

"La fe no es un pararrayos" - Arnaldo Pangrazzi cuenta sus propios duelos. Un viaje en los duelos de la vida


ANTONIO PANEQUE señala:

El momento de la muerte no es tanto un momento de verter lágrimas, sino de reavivar los recuerdos compartidos en la vida. Es el viaje desde el tiempo hacia la eternidad. Y para preparar este viaje, los heridos se transforman en sanadores. Son sanadores heridos, para quienes la herida no se queda en pus, se transforma en recurso, en ayuda, en apertura. Puesto que, siendo portadores de la herida, pueden tener credibilidad. No hablan de oídas, sino desde su vivencia. Nuestra tarea consiste en acompañar en el ocaso de la vida, poniendo humanidad.

Hay algunos aspectos problemáticos de la elaboración del duelo de un ser querido. Ante todo, hay un duelo anticipado cuando los familiares se percatan de que la vela se está apagando poco a poco. El problema son las expectativas irreales que manejamos. Deseamos que nuestros deseos se hagan realidad (que se cumplan milagros), pues de no ser así lo consideramos como una injusticia: ¿por qué Dios nos ha castigado? "Si te portas bien, Dios te va a recompensar", se ha dicho siempre. Pero en realidad, en el centro de nuestra fe está la muerte ignominiosa de Jesús, por eso hay que tomar la propia cruz.

Y la fe no nos protege de las adversidades, tragedias, sufrimientos. La fe nos ayuda a afrontar todas estas situaciones, y a comprender que no son injusticias. En la base hay falsas creencias o mitos que nos debilitan frente al dolor: pensábamos que la vida era así, que nunca nos acecharía el dolor; pero aunque hemos rezado sin parar, Dios no nos ha escuchado. Estas falsas creencias nos producen más dolor. Por eso, hay que limpiar esas creencias: la fe no es un pararrayos. Está ahí para ayudarnos a aguantar las dificultades que tenemos.

En realidad, la única certeza que tenemos en la vida es que todo puede cambiar de repente, que no podemos tener control de todo en la vida. El caso es que desconocemos los procesos de las cosas, por lo que no podemos ejercer control, ni tampoco lo necesitamos. No somos dueños de la naturaleza, más bien somos hijos de ella. Pensándolo bien, todo lo que tenemos es un regalo, antes que un derecho, y por eso tenemos el deber de valorarlo, custodiarlo. Todo es provisorio, nadie juega con todas las cartas sabidas, nada está garantizado. La vida es un misterio, y está repleta de situaciones límite, en las que no es posible tener el control de todo.

La vida es una peregrinación, un viaje que nos da la ocasión de saborear frutos, olores, sabores, pero antes o después, en una situación u otra, llegará el momento de la última respiración, y ¿quién sabe dónde nos encontrará? Es todo un misterio, y cada uno llega a ese momento con lo que ha construido en la vida: rencor, gratitud...

Y sabemos que Dios no envió a su hijo al mundo para eliminar el dolor, ni tampoco para explicar el significado del dolor. Jesús en la cruz asumió el dolor para transformarlo en medio de salvación: lo que a nuestros ojos aparece como una desgracia se puede transformar en una escuela de vida, en una gracia. La vida y el dolor se sanan amando, aliviando la tristeza de los demás desde el propio dolor y sabiduría. Se trata de poner nuestra herida al servicio del amor, de la solidaridad.

Hay también una serie de actitudes positivas a tener en cuenta a la hora de elaborar duelos. Ante todo, hemos de aceptar las inseguridades con respecto al futuro, y hemos de aprender la oración de agradecimiento por lo que tenemos. Aunque estemos encamados, podemos ver, podemos escuchar, podemos comunicarnos, podemos recordar, cosas que muchas personas no pueden hacer. Así, en lugar de subrayar lo que falta, podemos centrar la mirada en el archivo de bendiciones que nos acompañan en la vida. Y esto ayuda a mirar las cosas con equilibrio y a valorar lo recibido. Obviamente nuestros comportamientos también son importantes y nos ayudan, por lo que hemos de cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente, que al final es decisiva, es el piloto.

La clave es comprender cómo pensamos, cuál es nuestra filosofía de vida (¿miramos solo la sombra, o también somos capaces de ver el sol?). Porque la mirada cambia el enfoque: tratar a la gente con dignidad, hacerles experimentar aire puro, nos hace bien a nosotros. Son quizás pequeños detalles, un gesto, una mirada, una oración al oído del enfermo, en los que se esconde la riqueza de la vida. El morir no es un drama en el que hay que llorar. No, es tener la suerte de estar cerca. La vida merece ser vivida, a pesar del final duro en ocasiones. Se vive una sola vez, no hay posibilidad de hacer pruebas: lo que haces, se queda. Y no hay tiempo para reparar el tiempo perdido. Se trata de amar la vida con esa fuerza, esa energía que es el amor, capaz de cambiar todos los escenarios
  Para más info recomendamos el canal: https://www.youtube.com/@ElCaminodelduelo

Eugenio Rodríguez destaca:

La fe no es un pararrayos dice Arnaldo en esta entrevista, entre otras muchas cosas. Explica que cuando se tiene esa perspectiva tenemos un problema importante porque tener esas expectativas  da más dolor todavía 

Pangrazzi cree que hay que purificar y aceptar que hay incertidumbre. La gran certidumbre es que hay incertidumbre. Hay creencias que contrastar. No somos dueños de la naturaleza, somos hijos, antes que un derecho es un regalo la vida. La vida es una peregrinación. 

También manifiesta que Jesús no ha traído el dolor, no lo explica, no lo suprime... ha venido a asumirlo. Una desgracia puede hacerse gracia si ponemos nuestra vida al servicio del amor. 

Entre las experiencias que cuenta incluye un enfoque para la muerte en que se hace presente la canción y la acción de gracias.

martes, julio 04, 2023

Una silla de ruedas para el Papa


José María MARÍN/Religión digital 17-7-22

Las imágenes del Papa Francisco en silla de ruedas han dado la vuelta al mundo y mucho que hablar. El mismo Francisco está tratando de asumir esa falta de movilidad. Y se tendrá que ir acostumbrando hasta conseguir convivir pacíficamente con la fragilidad corporal que le espera y con la dependencia que, con toda probabilidad irá a más, como es natural. La fragilidad es esencial a toda la existencia y más a la de todos los seres vivos cuando van pasando los años. 

Sus primeras palabras sobre la silla de ruedas que se ha visto obligado a utilizar para desplazarse, no están siendo muy afortunadas, es comprensible. Pero, es mucho lo que se espera de él, también y especialmente en esta dimensión personal. No sirve la espontaneidad, ni el recurso a lo de siempre en una Iglesia que ha crecido entre el dolorismo y el paternalismo, sin escuchar a las personas afectadas, atendiéndolas pastoralmente casi exclusivamente administrándoles sacramentos y llevándoles de peregrinación a santuarios presuntamente milagrosos. Afortunadamente el Sínodo está cambiado las cosas, se ha consultado a las personas con discapacidad, sus asociaciones y Movimientos eclesiales han participado… con él se está abriendo un horizonte de normalización muy interesante.Al Papa le toca ahora compartir la experiencia de millones de personas, creyentes y no creyentes, de todos los continentes. Personas que hacen frente a sus limitaciones, al dolor y la dependencia, potenciando sus posibilidades y aprendiendo cada día a convivir pacíficamente con la fragilidad corporal, sorteando las barreras arquitectónicas y sanando las heridas del alma provocadas por la indiferencia y la falta de sensibilidad de las instituciones.

"Esta vez debo obedecer al médico… os saludaré aquí, sentado. Es una humillación, pero la ofrezco por vuestro país”. (30 de abril, audiencia con peregrinos eslovacos).

No parece muy oportuno considerar la discapacidad como una “humillación”, ni tampoco como “sacrifico que ofrecer” por alguien o por algo. Es cierto que ambas son expresiones muy extendidas y ampliamente repetidas en el ámbito clerical y el laicado en general, pero hoy molestan a muchos y contradicen algunas evidencias. Así, con movilidad reducida, el Papa con su testimonio personal de fragilidad, está más capacitado si cabe, para jugar un papel fundamental; y lo estará más si acierta y sintoniza con el lenguaje y la sensibilidad del ámbito de la discapacidad, dentro y fuera de la Iglesia.

La naturaleza y la enfermedad no humillan, son lo que son: limitaciones propias de la existencia humana. Humillan las personas y las instituciones. Aceptar la existencia tangible, asumir las discapacidades y la enfermedad como consecuencias inevitables de la finitud del ser humano y de la creación entera es un desafío personal y colectivo que abre la puerta a enormes posibilidades para hacernos más personas y más humanos. Tampoco estas palabras de Francisco parecen las más afortunadas si las relacionamos con Dios. El Padre Misericordioso, que tanto ha visibilizado el Papa en numerosas ocasiones, no parece muy acorde con un Dios que necesita sacrificios y ofrendas. El dolor y la enfermedad son amenazas que hay que tratar de evitar y contra las que debemos luchar con todos nuestros recursos técnicos y espirituales, cuando se producen en cualquier ser humano, hijo de Dios y hermano nuestro. No son desgracias ni castigos que llegan de una divinidad ofendida e insensible. No son, tampoco, una prueba o gracia especial que Dios utiliza con los que ama. Estas expresiones y este lenguaje espiritual se ha repetido hasta la saciedad, es hora de abandonarlo y buscar nuevas interpretaciones más acordes con la cultura, la teología y la espiritualidad del siglo XXI.

Tampoco Francisco puede, en ningún modo sentirse humillado por usar una silla de ruedas para trasladarse. Es, por el contrario, una persona con discapacidad privilegiada. Millones de hermanos suyos, con limitaciones físicas mucho más importantes, no disponen de los recursos sanitarios y las ayudas técnicas que necesitan. Miles las personas, con una importante discapacidad, no dispondrán nunca de una silla de ruedas, ni de asistentes personales que les atiendan cada instante y en cada necesidad, ni dispondrán de hospitales, ni de asistencia médica. Francisco tendrá la oportunidad de comprobarlo si finalmente puede viajar a la República Democrática del Congo.

Los verdaderamente humillados son los seres humanos a los que se violenta con nuestras injusticias y desigualdades. Miles de jóvenes mutilados, heridos o asesinados en todas las guerras y en todas las vallas con concertinas sienten profundamente humillada su dignidad. Como lo sienten también los sin tierra, sin pan, sin techo, sin trabajo, obligados a vivir en las periferias físicas y existenciales que inundan este Planeta.

Por eso son tan importantes las palabras del Papa, una inmovilidad física, atendida con todos los recursos de los que disponen los países enriquecidos, no puede humillar a nadie; y mucho menos a quienes estamos llamados a reconocer en todo y en cada circunstancia el amor que Dios nos tiene, por encima de cualquier otra circunstancia.

Tampoco tiene ningún sentido hablar de la sucesión, al menos por esta causa. No está tan lejos la enfermedad de Juan Pablo II, un Alzheimer galopante que afectaba a todas luces su capacidad de gobierno universal de la Iglesia y le incapacitaba para la comunicación. Entonces, los que le acompañaban lejos de aceptar la gravedad de la enfermedad del pontífice conservador trataron de ocultar su gravedad durante más de 20 años. La falta de movilidad de Francisco nada tiene que ver con una incapacidad para el ejercicio de su ministerio y su servicio universal a la comunidad eclesial.

Más bien todo lo contrario: “donde no pensamos nos viene el provecho” (Teresa de Ávila). Es de agradecer que se le pueda ver con normalidad cojeando, con bastón o en silla de ruedas. Lo que necesita para dirigir la Iglesia y llevar a cabo las reformas que tanto necesita, es un corazón sensible ante las necesidades y el sufrimiento de los pobres (como parece que tiene) y una mente sana y lúcida. Necesita fortaleza, gente noble y fiel a su lado que no permita que nadie tome decisiones por él o a sus espaldas. El secretismo y la ocultación de la fragilidad no hacen otra cosa que agravar el problema.

“Toma tu camilla y anda”

Vivir en fragilidad sus últimos años de pontífice quizá sea una bendición para el propio Francisco, para toda la Iglesia y para la humanidad entera. Lo que fue realmente una desgracia y una auténtica “humillación” para todos, dentro y fuera de la Iglesia, fue la “otra silla”(la Sedia Gestatoria, una especie de trono suntuoso y portátil para llevar en hombros al Papa en ceremonias pontificias). Aquella “silla”, que utilizaron los Papas demasiado tiempo y los presentaba ante el mundo como lo que nunca debieron ser (cónsules, jefes todopoderosos) sí era humillante.

Cuesta entender como pudimos llegar tan lejos como testigos del joven campesino de Nazaret al que todos vieron “abajarse” hasta el extremo de ocupar el lugar de los esclavos, lavando uno a uno los pies de sus discípulos. De nada sirvió tampoco la dura advertencia que sobre la vanidad y el poder les dejó como testamento: “…no será así entre vosotros, el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20, 26-27; Marcos 10,43-44).

Aquella otra “silla” ha sido sustituida por la silla de ruedas: un artilugio perfecto para paliar la limitación de movilidad y permitir a Francisco seguir activo, ejerciendo su ministerio. Trasladarse en silla de ruedas no es ninguna desgracia, ni para el Papa ni para la Iglesia, quizá sea, efectivamente, una verdadera bendición. La imagen de Iglesia que surgirá de esta experiencia será mejor, y más hermosa, que aquella otra excesiva y prepotente. Esta fragilidad del pontífice nos ayudará a gestionar la discapacidad únicamente como una circunstancia y valorar a las personas en su dignidad inalienable.

Aprender a convivir pacíficamente con la fragilidad corporal quizá sea la forma más sana y saludable forma de vivir. De la enfermedad decía Ignacio de Loyola que salió “hecho medio doctor”. Son millones de personas con discapacidad, creyentes y no creyentes, que lo testifican: viven en pie y con dignidad cada día de su vida, convirtiendo en oportunidades las amenazas y los miedos que provoca la enfermedad y la discapacidad. “Cargar con la silla de ruedas” probablemente obliga a caminar más despacio, al ritmo de los más lentos, pero al mismo tiempo, permitirá aprender juntos a gozar y compartir cada tramo del camino de la vida, ofreciendo en cada circunstancia de nuestra existencia, personal y colectiva, lo mejor de nosotros mismos.

miércoles, mayo 10, 2023

Los niños con Síndrome de Down aportan humanidad

Elida Peñalver/Facebook

Estos días estoy muy ocupada. Imparto formación en distintos sitios: empresas y en la Universidad Politécnica de Madrid. Además de sesiones de Coaching. Por eso no siempre puedo escribir cuando me gustaría. 

Y ayer fue uno de esos días en los que me hubiera gustado escribirte. Porque ayer mi hijo pequeño, Alex, celebró su segundo cumpleaños. No, no cumplía dos años, sino que celebro su cumpleaños tras estar a punto de morir. Hace 11 años, con 28 días de vida, casi, casi se nos muere. De hecho, entro en el hospital sin poder respirar. Se había ahogado y tuvieron que reanimarle. Estuvo 10 días en la UCI. 𝐹𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑖́𝑎𝑠 𝑑𝑢𝑟𝑖́𝑠𝑖𝑚𝑜𝑠, 𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑖 𝑖𝑐𝑡𝑢𝑠 14 𝑑𝑖́𝑎𝑠 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠. Pero este niño 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐯𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐭𝐮́, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧. Y él quería, tenía, que cumplir con esa Misión.

La misión de Alex es remover, descolocar, cuestionar. Cada día lo tengo más claro. Porque 𝐬𝐮 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬, 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚. Porque al verle, muchos, 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐜𝐮𝐞𝐬𝐭𝐢𝐨𝐧𝐚𝐧 𝐞𝐥 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐢𝐧𝐭𝐫𝐢́𝐧𝐬𝐞𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐚. Porque Alex tiene Síndrome de Down. Y aquellos que lo ven se sorprenden: de lo alegre que es, de cómo se expresa, de cómo lee, de su cercanía, de su empatía. Y eso les descoloca. ¿Pero los Síndrome de Down no sufren? ¿Pero si no pueden aprender? ¿Pero si las familias con personas con Síndrome de Down no pueden ser felices? Y Alex (y nosotros) mostramos todo lo contrario. 

En los 80´s el 95% de los embarazos con un niño con Síndrome de Down nacían. En 2020, en España, entre el 90% y el 95% no nacen. No nacen. Solo el 5% (o el 10%) nacen. Sally Phillips, comediante británica y madre de un hijo con Down, sostiene que necesitamos pensar qué es lo que valoramos. ¿Un hijo ideal? ideal para qué, en qué. No creo en ningún momento que Alex no sea el hijo ideal que Ángel y yo podríamos tener. 𝐇𝐚𝐲 𝐮𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐞𝐧 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨. 𝐒𝐢 𝐡𝐚𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐠𝐫𝐢𝐞𝐭𝐚, 𝐩𝐨𝐫 𝐚𝐡𝐢́ 𝐞𝐬 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐥𝐮𝐳. 𝐘 𝐥𝐚𝐬 𝐢𝐦𝐩𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐬𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐞 𝐦𝐚́𝐬 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞.

¿Qué es lo perfecto? ¿De verdad crees que tú eres perfecto? ¿en serio? Yo, para nada me veo perfecta. Tengo muchos fallos, tengo muchas imperfecciones, tengo muchas limitaciones. Y me atrevo a decir, con el 99% de seguridad, que tú también. Entonces, ¿𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨 𝐲 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐞𝐬?

Alex me /nos muestra todos los días que su vida es igual, IGUAL, de digna que la tuya. ¿Qué se le dan peor las matemáticas? Sí, es verdad (aunque no creo que el 90% de las personas que lean este artículo se les den bien las mates). Pero al mismo tiempo, su alegría, su cercanía, su notar enseguida con su empatía quien se encuentra mal, en eso nos da mil vueltas a la mayoría de nosotros.

Querido hijo Alex, sigue cumpliendo con tu misión. El mundo necesita parar y replantearse a dónde está yendo. 𝐄𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐬𝐞𝐫𝐚́ 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐧𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐒𝐢́𝐧𝐝𝐫𝐨𝐦𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐨𝐰𝐧. El mundo tiene que preguntarse qué se perderá si no deja que nazcáis. 

Sigue con tu misión de traer cercanía, de remover a las personas, de generar la pregunta de ¿cómo puede ser feliz? Sigue con tu empatía, tu alegría. Muchos seguirán mirándote sorprendidos. Me encantará que lo hagan. Porque 𝐚𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐭𝐞, 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐬𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐥𝐨𝐜𝐚𝐫𝐚́𝐧 𝐲 ¡𝐪𝐮𝐢𝐳𝐚́𝐬! 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞. 𝐒𝐞́ 𝐮𝐧 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐨 𝐢𝐧𝐟𝐥𝐮𝐞𝐧𝐜𝐞𝐫.
Y a ti, adulto, te pido que reflexiones. En el proceso de crecimiento de los niños sus opiniones están influenciadas por la sociedad y, sobre todo, por sus padres. Su percepción del mundo depende de los adultos. A medida que los niños crecen, se vuelve más difícil que no se den cuenta de que todas las personas son diferentes. Eso es normal. Ahora, al final tus hijos harán (rechazarán o se acercarán) según lo que vean en ti. Muestrales lo que quieres que vivan luego ellos.

¿Qué quieres que aprendan tus hijos?, ¿qué sociedad quieres crear entre todos? ¿Quieres aceptar a todos?

miércoles, abril 27, 2022

VII ANIVERSARIO DE TRASPLANTE

Eugenio A. Rodríguez

Hoy estoy de 7 aniversario de trasplante. Como no hay nada más universal que la Solidaridad me alegro de haber llevado, en la misma planta en que estuve ingresado, gracias a Lupe Lasso Tadeo, una guitarra a E., un enfermo crónico grave, que solo quería eso.

La alegría no depende de la salud, mucho menos del dinero, los cosméticos, las mascotas, el turismo, el alcohol etc. La alegría depende del amor, exclusivamente del amor.

domingo, junio 23, 2019

DIOS: AMIGO en la enfermedad

En la reunión del viernes tanto los padres como lo niños compartimos algunas experiencias de nuestros sufrimientos. En su reunión los niños envíaron algunos mensajes a nuestro amigo Julen que sigue adelante Vimos este video y envíamos algunos dibujos por whatsapp

jueves, junio 06, 2019

JULEN EN COMBATE


MAÑANA realizan una nueva operación ¡otra más! a nuestro Julen. Sus padres eligieron ese nombre cuando otro Julen se hizo desgraciadamente famoso.

Julen tiene cuatro meses. Lleva unos días en Madrid porque en su hospital de Las Palmas no podían hacer lo que era necesario.
Bendita familia que se mueve por los débiles. Bendita sanidad que cuida la vida, maldito sea el negocio con la enfermedad.
Benditos limpiadores, médicos, enfermeros, maldito paro, maldita explotación, maldita burocracia.

Dios no anda por ahí jugando a mandar saludes y enfermedades. Bendito Dios hecho carne que nos hace compañía, que sufre y camina, que llora y ríe, que consuela y escucha. Bendita Iglesia, cuerpo de Cristo y pueblo, hermana, esposa y amiga.

Ya María supo de sufrimientos con Jesús, ya José supo de sufrimientos silenciosos. Ellos están con ustedes y con nosotros. Esperamos que todo salga bien y sabemos que Dios quiere lo mejor, que no está detrás de la puerta jugando con la vida.

Brenda y Fernan ¡Jesús está a su lado! en la familia, en los sanitarios, en los amigos, en la técnica que les permitió llegar a Madrid desde Canarias. Desde la lejanía de Canarias estamos con ustedes.

Recordamos el día del Bautismo de Julen y sus cosillas, que dormía y no comía, que no daba lata...

Para Nagore, para nosotros, la comunión, el Cuerpo de Cristo, es alimento, es fuerza. ¡Vamos!


sábado, febrero 23, 2019

TRASPLANTES EN ESPAÑA ¡¡los incentivos!!

El mito del modelo español de trasplantes

El motor del modelo español es el dinero

(...)

Unos raros incentivos, únicos en nuestra sanidad pública y en el resto del mundo civilizado, ya llamados "plus de los trasplantes", gratifican con generosidad todos y cada uno de los actos de este tratamiento, desde la detección del donante hasta la implantación del órgano. Su cuantía es en general alta y variable, dependiendo del número de actos que hayan cumplido. Pago por acto, cuantos más actos más ingresos.
"El plus empuja a una búsqueda constante de más órganos para aumentar los ingresos"
Naturalmente, este engarce del trasplante con el dinero produce no pocas consecuencias indeseables: erosiona las pautas científicas ya que el plus empuja a una búsqueda constante de más órganos para aumentar los ingresos, y es inevitable que se afloje el rigor debido en la selección de donantes y, probablemente también, en la de receptores —los desmesurados porcentajes de donantes no utilizados y de órganos desechados, pero por cuya extracción se han pagado pluses, lo evidencian—; quebrantan la solidaridad social porque las autoridades sanitarias ocultan a la sociedad estos inexplicables pluses temerosas de que su conocimiento público dificulte la obtención de órganos; todo se hace opaco; crea injustas desigualdades laborales teniendo en cuenta que los profesionales que hacen trasplantes tienen ingresos mensuales superiores en un 50% o más a los de sus compañeros con iguales conocimientos, formación, trabajo y experiencia; el plus divide a los profesionales sanitarios del peor modo: por el dinero que cobran.
"Nosotros creemos firmemente que no debería haber ningún incentivo económico para el personal sanitario en el campo de los trasplantes, como ha sido la tradición de los países nórdicos. Ahora hemos cambiado nuestras normas para prohibirlos expresamente", párrafo de la carta que, con fecha del 18 de marzo de 2016, nos envió el director médico de Scandiatransplant, doctor Kaj Anker Jørgensen, acusando recibo de un artículo nuestro. Y podemos asegurar que este sentimiento de rechazo absoluto se produce también en especialistas de otros países cuando conocen que el motor del modelo español es el dinero.
Enrique Costas Lombardía es economista y expresidente de la Comisión Abril. Carlos Lozano Trotonda es médico en el Hospital Universitario Santa Cristina. 
+info:
https://elpais.com/elpais/2018/06/22/opinion/1529691789_652478.html?fbclid=IwAR3MuIKaElD_0gPlBehhquFCRbOOLYsQd63yOUByqb4vO0HKfncd8t1Z_ts

jueves, marzo 15, 2018

¿Por qué Dios no ha impedido el asesinato de Gabriel? La experiencia de Juan Pablo II

El martes pasado un grupo de padres de catequesis estábamos tratando la cuestión de la oración. Inevitablemente salió el drama de la familia de Gabriel. En el diálogo compartíamos nuestras dudas: ¿Por qué Dios que no impide tales cosas? ¿Cómo sería el Jucio Final de la asesina? ¿Esta tiene perdón de Dios? Para algunas personas unas palabras iluminadoras son dos capítulos de un libro de Juan Pablo II. Alguien que ha conocido y experimentado sufrimientos muy hondos. Son los capítulos X y XI de "Cruzando el umbral de la esperanza".  Escuchar a personas sencillas que perdonan y no piden venganza (como los mismos padres de Gabriel) puede ser más interesante todavía...

X. DIOS ES AMOR. ENTONCES, ¿POR QUÉ HAY TANTO MAL?

PREGUNTA: Grandes perspectivas éstas, fascinantes, y que para los creyentes serán además confirmación de su esperanza. Sin embargo, no podemos ignorar que en todos los siglos, a la hora de la prueba, también los cristianos se han hecho una pregunta que atormenta. ¿Cómo se puede seguir confiando en Dios, que se supone Padre misericordioso, en un Dios que -como revela el Nuevo Testamento y como Usted repite con pasión- es el Amor mismo, a la vista del sufrimiento, de la injusticia, de la enfermedad, de la muerte, que parecen dominar la gran historia del mundo y la pequeña historia cotidiana de cada uno de nosotros?


RESPUESTA: Stat crux dum volvitur orbis («la cruz permanecerá mientras el mundo gire»). Como he dicho antes, nos encontramos en el centro mismo de la historia de la salvación. Usted no podía naturalmente dejar de lado lo que es Jilente de tan frecuentes dudas, no solamente ante la bondad de Dios, sino ante Su misma existencia. ¿Cómo ha podido Dios permitir tantas guerras, los campos de concentración, el holocausto?

¿El Dios que permite todo esto es todavía de verdad Amor, como proclama san Juan en su Primera Carta? Más aún, ¿es acaso justo con Su creación? ¿No carga en exceso la espalda de cada uno de los hombres? ¿No deja al hombre solo con este peso, condenándolo a una vida sin esperanza? Tantos enfermos incurables en los hospitales, tantos niños disminuidos, tantas vidas humanas a quienes les es totalmente negada la felicidad humana corriente sobre la tierra, la felicidad que proviene del amor, del matrimonio, de la familia. Todo esto junto crea un cuadro sombrío, que ha encontrado su expresión en la literatura antigua y moderna. Baste recordar a Fiodor Dostoievski, Franz Kafka o Albert Camus.

Dios ha creado al hombre racional y libre y, por eso mismo, se ha sometido a su juicio. La historia de la salvación es también la historia del juicio constante del hombre sobre Dios. No se trata sólo de interrogantes, de dudas, sino de un verdadero juicio. En parte, el veterotestamentario Libro de Job es el paradigma de este juicio. A eso se añade la intervención del espíritu maligno que, con perspicacia aún mayor, está dispuesto a juzgar no sólo al hombre, sino también la acción de Dios en la historia del hombre. Esto queda confirmado en el mismo Libro de Job.

Scandalum Crucis, el escándalo de la Cruz. En una de las preguntas precedentes planteó usted de modo preciso el problema: ¿Era necesario para la salvación del hombre que Dios entregase a Su Hijo a la muerte en la Cruz?

En el contexto de estas reflexiones es necesario preguntarse: ¿Podía ser de otro modo? ¿Podía Dios, digamos, justificarse ante la historia del hombre, tan llena de sufrimientos, de otro modo que no fuera poniendo en el centro de esa historia la misma Cruz de Cristo? Evidentemente, una respuesta podría ser que Dios no tiene necesidad de justificarse ante el hombre: es suficiente con que sea todopoderoso; desde esa perspectiva, todo lo que hace o permite debe ser aceptado. Ésta es la postura del bíblico Job. Pero Dios, que además de ser Omnipotencia, es Sabiduría y -repitámoslo una vez más- Amor, desea, por así decirlo, justificarse ante la historia del hombre. No es el Absoluto que está fuera del mundo, y al que por tanto le es indiferente el sufrimiento humano. Es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, un Dios que comparte la suerte del hombre y participa de su destino. Aquí se hace patente otra insuficiencia, precisamente la falsedad de aquella imagen de Dios que el iluminismo aceptó sin objeciones. Respecto al Evangelio, eso constituye un evidente paso atrás, no un paso en dirección a un mejor conocimiento de Dios y del mundo, sino un paso hacia su incomprensión.

¡No, absolutamente no! Dios no es solamente alguien que está fuera del mundo, feliz de ser en Sí mismo el más sabio y omnipotente. Su sabiduría y omnipotencia se ponen, por libre elección, al servicio de la criatura. Si en la historia humana está presente el sufrimiento, se entiende entonces por qué Su omnipotencia se manifestó con la omnipotencia de la humillación mediante la Cruz. El escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento, que pertenece de modo tan integral a la historia del hombre.

En eso concuerdan incluso los críticos contemporáneos del cristianismo. Incluso ésos ven que Cristo crucificado es una prueba de la solidaridad de Dios con el hombre que sufre. Dios se pone de parte del hombre. Lo hace de manera radical: «Se humilló a sí mismo asumiendo la condición de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (cfr. Filipenses 2,7-8). Todo está contenido en esto: todos los sufrimientos individuales y los sufrimientos colectivos, los causados por la fuerza de la naturaleza y los provocados por la libre voluntad humana, las guerras y los gulag y los holocaustos, el holocausto hebreo, pero también, por ejemplo, el holocausto de los esclavos negros de África.

XI. ¿IMPOTENCIA DIVINA?

PREGUNTA: Sin embargo, es muy conocida la objeción que muchos plantean: de este modo la pregunta sobre el dolor y el mal del mundo no se afronta de verdad, sino que sólo se pospone. De hecho, la fe afirma que Dios es omnipotente, ¿por qué, entonces, no ha eliminado y sigue sin eliminar el sufrimiento del mundo que Él ha creado? ¿No estaremos aquí ante una especie de «impotencia divina», como dicen incluso personas de sincera aunque atormentada religiosidad?


RESPUESTA: Sí, en cierto sentido se puede decir que frente a la libertad humana Dios ha querido hacerse «impotente». Y puede decirse asimismo que Dios está pagando por este gran don que ha concedido a un ser creado por Él «a Su imagen y semejanza» (cfr. Juan 1,26). Él permanece coherente ante un don semejante; y por eso se presenta hombre, ante un tribunal usurpador que tas provocativas: «¿Es verdad que eres 18,38), ¿es verdad que todo lo que sucede en el mundo, en la historia de Israel, en la historia de todas las naciones, depende de ti?

Sabemos cuál es la respuesta que Cristo dio a esa pregunta ante el tribunal de Pilato: «Para esto nací y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad» (Juan 18,37). Pero, entonces, «¿qué es la verdad?» (Juan 18,38). Y aquí acaba el proceso judicial, aquel dramático proceso en el que el hombre acusó a Dios ante el tribunal de la propia historia. Proceso en el que la sentencia no fue emitida conforme a verdad. Pilato dice: «Yo no encuentro en él ninguna culpa» (Juan 18,38 y 19,6), y un momento después ordena: «¡Prendedlo vosotros y crucificadlo!» (Juan 19,6). De este modo se lava las manos del asunto y hace recaer la responsabilidad sobre la violenta muchedumbre.

Así pues, la condena de Dios por parte del hombre no se basa en la verdad, sino en la prepotencia, en una engañosa conjura. ¿No es exactamente ésta la verdad de la historia del hombre, la verdad de nuestro siglo? En nuestros días, semejante condena ha sido repetida en numerosos tribunales en el ámbito de regímenes de opresión totalitaria. Pero ¿no se repite igualmente en los parlamentos democráticos cuando, por ejemplo, mediante una ley emitida regularmente, se condena a muerte al hombre aún no nacido?

Dios está siempre de parte de los que sufren. Su omnipotencia se manifiesta precisamente en el hecho de haber aceptado libremente el sufrimiento. Hubiera podido no hacerlo. Hubiera podido demostrar la propia omnipotencia incluso en el momento de la Crucifixión; de hecho, así se lo proponían: «Baja de la cruz y te creeremos» (cfr. Marcos 15,32). Pero no recogió ese desafío. El hecho de que haya permanecido sobre la cruz hasta el final, el hecho de que sobre la cruz haya podido decir como todos los que sufren: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Marcos 15,34), este hecho, ha quedado en la historia del hombre como el argumento más fuerte. Si no hubiera existido esa agonía en la cruz, la verdad de que Dios es Amor estaría por demostrar.

¡Sí!, Dios es Amor, y precisamente por eso entregó a Su Hijo, para darlo a conocer hasta el fin como amor. Cristo es el que «amó hasta el fin» (Juan 13,1). «Hasta el fin» quiere decir hasta el último respiro. «Hasta el fin» quiere decir aceptando todas las consecuencias del pecado del hombre, tomándolo sobre sí como propio. Como había afirmado el profeta Isaías: «Cargó con nuestros sufrimientos, [...] Todos estábamos perdidos como ovejas, cada uno iba por su camino, y el Señor hizo recaer sobre Él la iniquidad de todos nosotros» (cfr. 53, 4 y 6).

El Varón de dolores es la revelación de aquel Amor que «lo soporta todo» (1 Corintios 13,7), de aquel Amor que es «el más grande» (cfr. Romanos 5,5). En definitiva, ante el Crucificado, cobra en nosotros preeminencia el hombre que se hace parhcipe de la Redención frente al hombre que pretende ser encarnizado juez de las sentencias divinas, en la propia vida y en la de la humanidad.

Así pues, nos encontramos en el centro mismo de la historia de la salvación. El juicio sobre Dios se convierte en juicio sobre el hombre. La dimensión divina y la dimensión humana de este acontecimiento se encuentran, se entrecruzan y se superponen. No es posible no detenerse aquí. Desde el monte de las Bienaventuranzas el camino de la Buena Nueva lleva al Gólgota, y pasa a través del monte Tabor, es decir, del monte de la Transfiguración: la dificultad del Gólgota, su desafío, es tan grande que Dios mismo quiso advertir a los apóstoles de todo lo que debía suceder entre el Viernes Santo y el Domingo de Pascua.

La elocuencia definitiva del Viernes Santo es la siguiente: Hombre, tú que juzgas a Dios, que le ordenas que se justifique ante tu tribunal, piensa en ti mismo, mira si no eres tú el responsable de la muerte de este Condenado, si el juicio contra Dios no es en realidad un juicio contra ti mismo. Reflexiona y juzga si este juicio y su resultado -la Cruz y luego la Resurrección- no son para ti el único camino de salvación.

Cuando el arcángel Gabriel anunció a la Virgen de Nazaret el nacimiento del Hijo, revelándole que Su Reino no tendría fin (cfr. Lucas 1,33), era ciertamente difícil prever que aquellas palabras preludiaban tal futuro: que el Reino de Dios en el mundo se tendría que realizar a un precio tan alto, que desde aquel momento la historia de la salvación de toda la humanidad tendría que seguir un camino semejante.

¿Sólo desde aquel momento? ¿O también desde el inicio? El evento del Gólgota es un hecho histórico; sin embargo, no está limitado ni en el tiempo ni en el espacio, alcanza el pasado hasta el principio y se abre al futuro hasta el término mismo de la historia. Comprende en sí mismo lugares y tiempos, comprende a todos los hombres. Cristo es lo que se espera y es, al mismo tiempo, el cumplimiento. «No hay otro Nombre dado a los hombres bajo el cielo por el que esté establecido que podamos salvarnos» (Hechos de losApóstoles 4,12).

El cristianismo es una religión de salvación, es decir, soteriológica, para usar el término que usa la teologfa. La soteriología cristiana se centra en el ámbito del Misterio pascual. Para poder esperar ser salvado por Dios, el hombre tiene que detenerse bajo la Cruz de Cristo. Luego, el domingo después del Sábado Santo, tiene que estar ante el sepulcro vacío y escuchar, como las mujeres de Jerusalén: «No está aquí. Ha resucitado» (Mateo 28,6). Entre la Cruz y la Resurrección está contenida la certeza de que Dios salva al hombre, que Él lo salva por medio de Cristo, por medio de Su Cruz y de Su Resurrección.

lunes, diciembre 25, 2017

LA VISITA DEL ÁNGEL DEL DOLOR

El ángel del dolor visitó (en noviembre) mi casa.
Era hermoso y radiante.
Era hijo de Dios.
Era, aunque no lo creáis, el más alegre de cuantos conocí.
Entró en mis jardines y acarició mi sangre.
Riéndose cortó una de mis alas de trabajo y de prisa 
pero dejó intactas las de la ilusión y el coraje.
Me dijo:
Ahora empieza la segunda parte de tu vida, 
gemela a la otra, aunque algo tartamuda.
Vive. No gastes tus horas en hacerte preguntas.
Reordena tu escala de valores.
Pon en primera fila la amistad 
(tras de la fe, se entiende) 
y recuerda que Dios es bueno, 
que el hombre es mucho mejor de lo que él cree, 
que el mundo está bien hecho 
y que vas a vivir hasta los topes el gozo mientras vivas 
porque resulta 
que el ángel del dolor y el ángel de Belén son el mismo.
J. L. MARTíN DESCALZO

miércoles, junio 14, 2017

ENFERMOS DE CÁNCER RECHAZAN LAS LIMOSNAS DE AMANCIO ORTEGA

 Algunos enfermos de cáncer agradecen la donación de Amancio Ortega. Otros, tan enfermos de cáncer como los otros, lo consideramos una limosna que nos avergüenza. Rechazamos tal donación.

Somos personas con cáncer, somos trabajadores de la sanidad y estamos en contra de este tipo de donativos.
1. No nos parece bien que no se mire de donde vienen los beneficios de Amancio Ortega, Algunos gobiernos ya han condenado sus empresas por explotar niños y cosas similares.(http://www.elconfidencial.com/espana/2011-08-19/brasil-acorrala-a-inditex-detectados-otros-30-talleres-de-esclavos-vinculados-a-zara_251132/). Su modelo económico mata tanto o más que el cáncer. Por eso le defienden con tanta pasión algunos tertulianos. El sistema actual explota a los que elaboran los textiles de Inditex y envía al paro a los que dejan de elaborar esos productos.
2. Creemos que no debe buscar formas de pagar menos impuestos, cosa también confirmada. La fiscalidad es un elemento esencial de una sociedad que promueva la salud. Creemos que en general la sanidad debe financiarse por los impuestos y no por donativos.
3. La sanidad debe plantearse las causas de las enfermedades. Creemos en una salud integral. No somos partidarios del derroche del sobrediagnóstico. Creemos en la promoción social de la salud. El paro está demostrado que aumenta el cáncer. El cáncer no se arregla medicalizando la vida (https://www.youtube.com/watch?v=iKPQbxX3uRs)
4. Si la intención de la Fundación fuera servir lo haría anónimamente; el ejercicio de publicidad desvela sus auténticas intenciones.

No somos una supuesta pandilla demagógica. Tenemos ideas políticas pero no estamos secuestrados por ninguna ideología perversa. Pertenecemos a corrientes sociales bien diferentes.
Los que afirmamos esto somos enfermos de cáncer, familiares directos de personas fallecidas por cáncer. Tener cáncer en la propia persona o compartir sus efectos como familiares y amigos no es plato de gusto pero tampoco es ocasión para perder la dignidad. Más bien todo lo contrario. Es una oportunidad para crecer en sensibilidad. Ante los debates sobre la donación de la Fundación Amancio Ortega en aparatos contra el cáncer manifestamos que la consideramos una limosna fea, una inversión en publicidad y no un acto de solidaridad.
Lo que debe hacer y lo que se le debe exigir es muy simple: salario justo.

Asunción Díaz de la Isla (enferma de cáncer), Laura Pérez (enfermera), Eugenio Rodríguez (enfermo de cáncer), Marta Sanz (enferma de cáncer), Teresa de Vallejo (viuda de enfermo de cáncer)