sábado, julio 22, 2023

ARTE DE CAMPAMENTO


El arte es una mano tendida al enemigo
para que cambie (Milani)
Eugenio A. Rodríguez M.

El verano pasado me sorprendió quien contó en Facebook que no sabía que responder cuando le preguntaban si había estado de vacaciones Había estado de campamento, que no son exactamente vacaciones, pero había crecido y se encontraba bien. Como imagino que no vais a ir a un enlace de la breve reflexión pongo aquí el texto entero: 

Arte de caminar es crecer,
encontrarse, colaborar, 
conocer y mucho más
“A veces me preguntan si me he ido de vacaciones. Y tardo un rato en responder. Porque si irse de vacaciones es no hacer tu trabajo habitual, sí me he ido de vacaciones. Pero si irse de vacaciones es no trabajar, no me he ido de vacaciones, he estado trabajando.
Si irse de vacaciones es ir a sitios bonitos, sí me he ido de vacaciones, he estado en sitios preciosos.
Pero si irse de vacaciones es descansar, entonces no me he ido de vacaciones porque he vuelto cansado.
He estado de monitor de campamento.
A veces me sorprende cómo los niños esponjan en pocos días, crecen en autonomía, en sociabilidad, en capacidad de observación...
A veces pienso que es mejor que una terapia. Para mí, desde luego”
. -Diego Velicia, psicólogo-

Ese hecho ha estado, a veces latente y a veces presente, en mi conciencia durante este curso. Hoy quiero unirme al coro de los que se alegran EN MEDIO del esfuerzo de un campamento y os comparto algunos detalles de la experiencia, toda dialogada con otros pero con sus dosis de subjetivismo.

Los veteranos de los campamentos de SAL! no tenemos como primer objetivo educar. Acaso educar(nos) viviendo solidaridad-amistad-libertad. Ni los jóvenes ni nosotros somos tan engreídos de considerarnos educadores. Queremos caminar, crecer, brotar, florecer, fructificar mejorándonos nosotros y el mundo.

El arte de compartir
De los jóvenes de hoy en primer lugar hemos aprendido que tienen una importante limpieza de corazón. No son reviraos, no son rebuscaos. Cuando paran suelen darse cuenta de cómo son, de lo que hacen y no hacen. En eso son mejores que nosotros. Algunos se hacen pequeños compromisos como hablar con todos. No es ninguna tontería, sería fenomenal que lo practicáramos los adultos. En reuniones y empresas de todo tipo he visto muchas veces que al que acaba de llegar le cuesta hacerse hueco

También les he visto dispuestos a aprender a hacer tareas que no habían hecho nunca. Una interesante fue preparar fruta en almíbar para no desperdiciarla. Otras personas trajeron mucha fruta echando una jornada de 16 horas de trabajo (gracias Mikela e Iker). Que la comida no se tira puede ser una vivencia en la mesa, una charla y una acción con las manos. También es verdad que alguno llegaba a estar tan pendiente de los ritmos musicales que en vez de pelar y cortar pasaba el rato tocando su peculiar batería. Seguramente algo ha aprendido.

El arte de vivir 
sin kelys
Todos hemos aprendido a convivir y valoro mucho que crezco, aunque sea poco, en la capacidad de convivir con otras generaciones, con otras culturas, con jóvenes que te hablan de otros estilos musicales.

Los jóvenes de hoy como de todas las épocas funcionan mucho como grupo. El ser humano tiene su punto de gregario. Así está estudiado. Una serie juvenil lo presenta bien. En el capítulo 3 de Merlí Sapere aude la profesora Bolaño ridiculiza a Paul. Les dice a todos los alumnos que cuando entre tarde Paul ella va a preguntar paz varios alumnos por el color de la carpeta que tiene en las manos. Es verde, pero todos dirán que es roja. Paul ve con sorpresa la respuesta de sus compañeros pero cuando la profesora pregunta directamente a Paul este contestará lo mismo que sus compañeros aunque cree que no es la respuesta correcta. Puede verse en YouTube buscando “Carpeta Verde o Roja - Presión Ambiental”. El fenómeno de la "manada" es muy probable que no se diera si no van juntos y desaforados..Este gregarismo existe.

Juego sobre trabajo en equipo 
y liberador
También existe lo contrario: hacer cosas juntos, pensadas, dialogadas y revisadas les ayuda a ellos y a nosotros porque nos aporta frescura y creatividad. Durante el campamento se experimenta reiteradamente el diálogo, la reflexión, al asamblea, los temas de la vida, de forma que no mande el gregario, aunque no desaparezca. Pero del gregarismo de los adultos podría estar escribiendo horas y horas.

El sistema ha logrado hacer pensar (a jóvenes y no jóvenes) que la vida buena es una sucesión de comodidades. Estas realmente terminan encadenando pero eso no se ve a primera vista. En realidad el sistema va a usar ese deseo precisamente para que tengan (o tengamos) que padecer infinidad de incomodidades contra las que no podrán-podremos luchar, precisamente por cómodos. Un drama. Te ofrece golosinas de algo con lo que luego te machaca. O sea, un anzuelo.

El arte de hacer equipo
Me parece interesante destacar que en estos días no solo compartimos tiempo y espacio personas de diferente visión de la vida sino de diferentes edades. Junto a un pequeño grupo de adultos-adultos había un grupo un poquito mayor de adultos todavía jóvenes (de 18 a 25 ó 30 años) que hacían la tarea de monitores Estos han tenido la magnífica idea de pasarse unos días al servicio de los otros, no solo no cobrando por el campamento, sino pagando Eso hace posible que el campamento cueste más o menos la mitad que otros campamentos. Pueden parecer tontos y sin embargo yo creo que son listos porque esta experiencia, como toda experiencia, jamás nos la podrá robar nadie. Supieron que son capaces de dar y esa enseñanza es muy importante para vida de familia y profesión.

Arte para la ecología y la solidaridad
La vida cotidiana puede ser arte
Por otra parte el arte es el arte. No es que no me gusten las catedrales y esas cosas, y hasta hace poco disfruté en un yacimiento arqueológico, pero es arte agradecer que dos personas hagan un largo viaje y ocho horas recogiendo fruta. Es arte aprovecharlas y arte es ofrecerlas a los demás. Una obra de arte es no tirar los cartones de la leche como el que juega a tirar algo al cesto sino doblarlos bien para que ocupen menos porque es más ecológico, más solidario, más austero. La obra de arte, concluyó Milani, quien había sido pintor, es una mano tendida al enemigo para que cambie. Esa original definición que suscita tanta extrañeza que se la deja pasar de largo, tuvo por admirador a Pasolini. Un campamento puede ser una obra de arte, y por tanto también puede ser un fraude o un negocio como arte corrupto.

Así las cosas resulta que las vacaciones son compatibles con odiar el turisteo aburrido y explotador de personas y naturaleza. Lo mismo hay que cambiarle el nombre y en vez de vacaciones llamarle vOcaciones porque dedicamos ese precioso tiempo no laboral a cultivar nuestras vOcaciones con los demás.
Arte de expresarse en la calle para cambiar el mundo


jueves, julio 13, 2023

FRANCISCO SOBRE BERNABÉ Y PABLO

Los que no se asocian suelen criticar a quienes nos asociamos cuando se enteran de cualquier diferencia y no digamos si llega a haber ruptura. 

A mi me parece que no saben lo que dicen 

La histria del amor es la historia de la asociación. Nada ha mejorado el mundo sin una previa asociación: hasta para poder enterrar los muertos aquello era mejor que los negocios de las funerarias. Un buen sindicato es mejor que una limosna.

Las Iglesias no dejan de ser asociaciones, los apóstoles caminaban juntos. Las mejores cosas son comunidades, los clubes de futbol son mejores cuanto más solidarios....

Por eso Francisco nos recuerda qué pasó entre Pablo y Bernabé
 

martes, julio 04, 2023

Una silla de ruedas para el Papa


José María MARÍN/Religión digital 17-7-22

Las imágenes del Papa Francisco en silla de ruedas han dado la vuelta al mundo y mucho que hablar. El mismo Francisco está tratando de asumir esa falta de movilidad. Y se tendrá que ir acostumbrando hasta conseguir convivir pacíficamente con la fragilidad corporal que le espera y con la dependencia que, con toda probabilidad irá a más, como es natural. La fragilidad es esencial a toda la existencia y más a la de todos los seres vivos cuando van pasando los años. 

Sus primeras palabras sobre la silla de ruedas que se ha visto obligado a utilizar para desplazarse, no están siendo muy afortunadas, es comprensible. Pero, es mucho lo que se espera de él, también y especialmente en esta dimensión personal. No sirve la espontaneidad, ni el recurso a lo de siempre en una Iglesia que ha crecido entre el dolorismo y el paternalismo, sin escuchar a las personas afectadas, atendiéndolas pastoralmente casi exclusivamente administrándoles sacramentos y llevándoles de peregrinación a santuarios presuntamente milagrosos. Afortunadamente el Sínodo está cambiado las cosas, se ha consultado a las personas con discapacidad, sus asociaciones y Movimientos eclesiales han participado… con él se está abriendo un horizonte de normalización muy interesante.Al Papa le toca ahora compartir la experiencia de millones de personas, creyentes y no creyentes, de todos los continentes. Personas que hacen frente a sus limitaciones, al dolor y la dependencia, potenciando sus posibilidades y aprendiendo cada día a convivir pacíficamente con la fragilidad corporal, sorteando las barreras arquitectónicas y sanando las heridas del alma provocadas por la indiferencia y la falta de sensibilidad de las instituciones.

"Esta vez debo obedecer al médico… os saludaré aquí, sentado. Es una humillación, pero la ofrezco por vuestro país”. (30 de abril, audiencia con peregrinos eslovacos).

No parece muy oportuno considerar la discapacidad como una “humillación”, ni tampoco como “sacrifico que ofrecer” por alguien o por algo. Es cierto que ambas son expresiones muy extendidas y ampliamente repetidas en el ámbito clerical y el laicado en general, pero hoy molestan a muchos y contradicen algunas evidencias. Así, con movilidad reducida, el Papa con su testimonio personal de fragilidad, está más capacitado si cabe, para jugar un papel fundamental; y lo estará más si acierta y sintoniza con el lenguaje y la sensibilidad del ámbito de la discapacidad, dentro y fuera de la Iglesia.

La naturaleza y la enfermedad no humillan, son lo que son: limitaciones propias de la existencia humana. Humillan las personas y las instituciones. Aceptar la existencia tangible, asumir las discapacidades y la enfermedad como consecuencias inevitables de la finitud del ser humano y de la creación entera es un desafío personal y colectivo que abre la puerta a enormes posibilidades para hacernos más personas y más humanos. Tampoco estas palabras de Francisco parecen las más afortunadas si las relacionamos con Dios. El Padre Misericordioso, que tanto ha visibilizado el Papa en numerosas ocasiones, no parece muy acorde con un Dios que necesita sacrificios y ofrendas. El dolor y la enfermedad son amenazas que hay que tratar de evitar y contra las que debemos luchar con todos nuestros recursos técnicos y espirituales, cuando se producen en cualquier ser humano, hijo de Dios y hermano nuestro. No son desgracias ni castigos que llegan de una divinidad ofendida e insensible. No son, tampoco, una prueba o gracia especial que Dios utiliza con los que ama. Estas expresiones y este lenguaje espiritual se ha repetido hasta la saciedad, es hora de abandonarlo y buscar nuevas interpretaciones más acordes con la cultura, la teología y la espiritualidad del siglo XXI.

Tampoco Francisco puede, en ningún modo sentirse humillado por usar una silla de ruedas para trasladarse. Es, por el contrario, una persona con discapacidad privilegiada. Millones de hermanos suyos, con limitaciones físicas mucho más importantes, no disponen de los recursos sanitarios y las ayudas técnicas que necesitan. Miles las personas, con una importante discapacidad, no dispondrán nunca de una silla de ruedas, ni de asistentes personales que les atiendan cada instante y en cada necesidad, ni dispondrán de hospitales, ni de asistencia médica. Francisco tendrá la oportunidad de comprobarlo si finalmente puede viajar a la República Democrática del Congo.

Los verdaderamente humillados son los seres humanos a los que se violenta con nuestras injusticias y desigualdades. Miles de jóvenes mutilados, heridos o asesinados en todas las guerras y en todas las vallas con concertinas sienten profundamente humillada su dignidad. Como lo sienten también los sin tierra, sin pan, sin techo, sin trabajo, obligados a vivir en las periferias físicas y existenciales que inundan este Planeta.

Por eso son tan importantes las palabras del Papa, una inmovilidad física, atendida con todos los recursos de los que disponen los países enriquecidos, no puede humillar a nadie; y mucho menos a quienes estamos llamados a reconocer en todo y en cada circunstancia el amor que Dios nos tiene, por encima de cualquier otra circunstancia.

Tampoco tiene ningún sentido hablar de la sucesión, al menos por esta causa. No está tan lejos la enfermedad de Juan Pablo II, un Alzheimer galopante que afectaba a todas luces su capacidad de gobierno universal de la Iglesia y le incapacitaba para la comunicación. Entonces, los que le acompañaban lejos de aceptar la gravedad de la enfermedad del pontífice conservador trataron de ocultar su gravedad durante más de 20 años. La falta de movilidad de Francisco nada tiene que ver con una incapacidad para el ejercicio de su ministerio y su servicio universal a la comunidad eclesial.

Más bien todo lo contrario: “donde no pensamos nos viene el provecho” (Teresa de Ávila). Es de agradecer que se le pueda ver con normalidad cojeando, con bastón o en silla de ruedas. Lo que necesita para dirigir la Iglesia y llevar a cabo las reformas que tanto necesita, es un corazón sensible ante las necesidades y el sufrimiento de los pobres (como parece que tiene) y una mente sana y lúcida. Necesita fortaleza, gente noble y fiel a su lado que no permita que nadie tome decisiones por él o a sus espaldas. El secretismo y la ocultación de la fragilidad no hacen otra cosa que agravar el problema.

“Toma tu camilla y anda”

Vivir en fragilidad sus últimos años de pontífice quizá sea una bendición para el propio Francisco, para toda la Iglesia y para la humanidad entera. Lo que fue realmente una desgracia y una auténtica “humillación” para todos, dentro y fuera de la Iglesia, fue la “otra silla”(la Sedia Gestatoria, una especie de trono suntuoso y portátil para llevar en hombros al Papa en ceremonias pontificias). Aquella “silla”, que utilizaron los Papas demasiado tiempo y los presentaba ante el mundo como lo que nunca debieron ser (cónsules, jefes todopoderosos) sí era humillante.

Cuesta entender como pudimos llegar tan lejos como testigos del joven campesino de Nazaret al que todos vieron “abajarse” hasta el extremo de ocupar el lugar de los esclavos, lavando uno a uno los pies de sus discípulos. De nada sirvió tampoco la dura advertencia que sobre la vanidad y el poder les dejó como testamento: “…no será así entre vosotros, el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20, 26-27; Marcos 10,43-44).

Aquella otra “silla” ha sido sustituida por la silla de ruedas: un artilugio perfecto para paliar la limitación de movilidad y permitir a Francisco seguir activo, ejerciendo su ministerio. Trasladarse en silla de ruedas no es ninguna desgracia, ni para el Papa ni para la Iglesia, quizá sea, efectivamente, una verdadera bendición. La imagen de Iglesia que surgirá de esta experiencia será mejor, y más hermosa, que aquella otra excesiva y prepotente. Esta fragilidad del pontífice nos ayudará a gestionar la discapacidad únicamente como una circunstancia y valorar a las personas en su dignidad inalienable.

Aprender a convivir pacíficamente con la fragilidad corporal quizá sea la forma más sana y saludable forma de vivir. De la enfermedad decía Ignacio de Loyola que salió “hecho medio doctor”. Son millones de personas con discapacidad, creyentes y no creyentes, que lo testifican: viven en pie y con dignidad cada día de su vida, convirtiendo en oportunidades las amenazas y los miedos que provoca la enfermedad y la discapacidad. “Cargar con la silla de ruedas” probablemente obliga a caminar más despacio, al ritmo de los más lentos, pero al mismo tiempo, permitirá aprender juntos a gozar y compartir cada tramo del camino de la vida, ofreciendo en cada circunstancia de nuestra existencia, personal y colectiva, lo mejor de nosotros mismos.

lunes, julio 03, 2023

Sueño con candados, anillos y cocodrilos

Los veo en el puente de Isabel La Católica, pero nunca he visto a nadie colocándolos. Los candados. Hay uno color cobre, brillante, aún sin oxidar, con un número 19 escrito con rotulador negro dentro de un corazón.

El novelista Federico Moccia tomó la idea del candado como símbolo de amor de una vieja historia serbia de la Primera Guerra Mundial. Una mujer es traicionada por su amante cuando éste parte al frente y encuentra allí un nuevo amor. La historia corrió entre los habitantes del pequeño pueblo de ambos, las chicas empezaron a comprar candados, escribieron sus nombres junto a los de sus amantes, los colocaron en el puente y tiraron las llaves al río con la esperanza de que eso sirviera para mantener su amor. Una poeta serbia recogió esta historia en un poema, Moccia lo popularizó en sus libros y los puentes de Europa se llenaron de candados.

Suelo cruzar ese puente cuatro veces al día. La mayoría de ellas paso mirando las aguas del río, atisbando cualquier movimiento sospechoso que indique la presencia del cocodrilo del Pisuerga. Pero alguna de las veces que cruzo el puente me fijo en el candado. Y me quedo pensando…

Y algunas noches sueño con la pareja que lo puso. Con sus 19 años, celebrando que empezaron juntos un día 19 y que llevaban ya 19 meses juntos. Cifra redonda. Así que deciden tener un gesto que asegure su amor, les parece que lo del candado está bien y buscan un momento en que creen que no va a pasar nadie por allí. Están tan acaramelados a punto de tirar la llave al río cuando ¡zas!, aparezco yo. Les pregunto por lo que simboliza el candado para ellos, que me expliquen lo que significa la llave, el hecho de tirarla al río, por qué no la tiran a una papelera... Y me miran asustados con sus jóvenes ojos abiertos como platos. Y me empiezan a contestar balbuceando, pero les corto y no les dejo terminar.

Y les cuento desordenadamente que a mí me gustan las alianzas, el típico anillo de casados, vamos. Qué nombre más hermoso, alianza. Compárese con candado. No hay color. Alianza es la acción de aliarse, unirse para un mismo fin. Candado viene del latín catenatus, atar con cadenas. Es que no hay color. El hecho de ponerse la alianza el uno al otro. La frase: “Recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti” mientras se lo ponen. Qué bien suena. La alianza te acompaña allá donde vas, sin impedir que te muevas, sin encadenar, indicando a los demás un compromiso. Y les explico que algunas personas portan el anillo de su cónyuge cuando enviudan. Qué pasada.

Todo esto se lo digo atropelladamente, intentando convencerles. Pero me dicen que la alianza no les gusta, que les parece anticuada, poco moderna, cosa de carcas. Que es mucho más romántico el candado y que además le haces una foto y queda genial en insta.

Y yo vuelvo al ataque, que el candado es feo, que se cierra y no se abre, que no se mueve, no acompaña en la vida, queda ahí, estáticamente anclado, se acaba oxidando… En fin, como símbolo, un desastre.

Pero como veo que no les convenzo, les digo que por qué no piensan otro símbolo, más personalizado, que no cierre tanto, que acompañe en la vida, que exprese mejor la maravilla de un amor, su amor, que no hay que atar y asegurar, si no que hay que hacer crecer con libertad. Que yo ya sé que ellos saben que ni los candados atan el amor de verdad, ni las alianzas alían realmente, pero que somos personas, que utilizamos símbolos para hacer visible lo invisible, que damos sentido a lo que hacemos y que es hermoso que sea así.

Ya hartos, me dicen que no sea aguafiestas, que les deje en paz y que me meta en mis asuntos. Mientras me marcho con la mirada perdida en las aguas, mascullando mi derrota, veo abajo, en el río, al cocodrilo asomando su boca esperando que tiren la maldita llave. Será que anda falto de hierro, pienso. Qué raro es todo. Suena el despertador.

Diego Velicia, psicólogo en el COF Diocesano de Valladolid