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lunes, febrero 10, 2025

Del Cristo Pastelero al Cristo Guerrillero - J. L. Martín Descalzo (19 abril 1971)

El autor se refiere a esta imagen
o alguna similar

 
CIUDAD DEL VATICANO (EFE. Exclusivo para Clarín. Por cable).     

Hace unos días el cardenal Caggiano denunciaba con tensas palabras la llegada a Latinoamérica de la imagen “Cristo guerrillero". Una estampa – decía - que “intenta ser una imagen de Cristo Jesús. Su expresión es de rencor y tras su espalda asoma un fusil, sostenido por correas. Pero el halo celestial no deja lugar a dudas de identificación. Es un Cristo guerrillero para uso de los extremistas latinoamericanos. El intento -concluía el cardenal- es horrendo e inadmisible para un cristiano medianamente instruido y entraña una profanación sacrílega”. 

Las palabras del cardenal me parecen justas y necesarias. Yo conocía hace meses tal estampa y había sentido el horror de imaginarme a Cristo metralleta al hombro. La idea rebotaba en mi cerebro sin lograr entrar en él. Puedo imaginarme a Cristo mudo ante Herodes, pero no a Cristo descargando sobre él su metralleta. Con un cierto esfuerzo llego a aceptar al Cristo que derriba las mesas de cambistas y las cajas de palomas, pero nunca lograré imaginármelo presidiendo el pelotón de fusilamiento de Pilatos, Stalin, Hitler o Nerón. Imaginarme disparando a quien murió por todos los disparos de la historia es, para mí, tan absurdo como un círculo cuadrado. 

Pero, dicho todo esto, tengo que seguir siendo sincero: y añadir que limitarnos a denuncias la imagen del Cristo guerrillero me parece la mitad de la mitad de la verdad. Pienso que dicho eso hay que seguir adelante y preguntarnos por qué a algunos jóvenes del mundo entero les gusta hoy esa imagen que a nosotros nos horroriza. 

Y creo que la respuesta no es demasiado difícil, están tan cansados del Cristo pastelero que durante años y años les hemos inyectado que aceptarían cualquier imagen que recogiera los afanes de justicia que llenan sus almas. 

Porque en honor a la verdad ¿es que el Cristo guerrillero es una herejía mayor que ese otro Cristo azucarado, feminoide, sentimentalista, aguanta-injusticias, cambalachero, amigo del mal menor y de coexistencia con los aplastadores, que tantas veces hemos predicado en los púlpitos y lanzado en las películas? 

Los jóvenes han ido a las iglesias y han oído preciosas oraciones llenas de “Oh, dulce, Jesús mío”, de “amantísimo y piadosísimo corazón de Jesús”, del “Señor lleno de toda bondad y dulzura”, de “delirios místicos y efluvios amorosos”, de “palomitas que vuelan hacia el altar como las almas que suspiran”. ¿Y pensamos que este Cristo podía interesarles?

A mí que -¡ay!- ya no soy tan joven me resulta repulsivo un rostro de Cristo como encarnación de la violencia, pero no más que esos Cristos afeminados que tantas veces nos sirvieron en el cine. Y me parece insoportable un Cristo de ojos hostiles de animal de presa, pero más o menos igual de intolerables me resultan tantas estatuas y cuadros en los que se nos presenta a Cristo -con perdón- con rostro de vaca enamorada. 

Pero aún hay algo más grave: y es que el Cristo pastelero bendecía cánones. Ahora nos llega de Checoslovaquia la imagen de Cristo con metralleta al hombro, pero mucho antes yo había visto las fotografías de obispos levantando el hisopo sobre ejércitos de tanques. Y estas imágenes eran ya una especie de anticipación de este Cristo violento. 

Alguien va a hacer ahora la distinción de las guerras justas y las guerras injustas, ya lo sé. Pero ¿cómo se probaría que solo se bendijeron guerras hipotéticamente justas? ¿Y cómo convencer al guerrillero de que solo su causa es injusta?

Esta es -me parece- la clave del problema. Los jóvenes no creen hoy nuestra crítica a la violencia revolucionaria porque han visto que antes, con sutiles distinciones, hemos aceptado y bendecido las otras violencias. Puede que al llamarnos hipócritas no tengan toda la razón, pero no seré yo quien diga que no tienen ninguna. 

En Berkeley vi hace unos meses una iglesia hippie en unos cuyos “altares” se pintaban dos imágenes: la de un famoso cardenal norteamericano vestido con su traje de capellán de las fuerzas armadas bendiciendo la guerra de Vietnam y la de un bello Cristo que destrozaba un fusil sobre su rodilla. Debajo, un letrero gritaba: “¿qué Cristo de los dos prefiere?”

Sé que es difícil ofrecer a los jóvenes de hoy el Cristo verdadero. Creo incluso que la tarea de todos los cristianos de todos los siglos es ir añadiendo pedacitos de Cristo hasta que al final de los tiempos entre todos hayamos logrado reconstruir al completo y verdadero. Pero ya que no podemos ofrecer a los hombres de hoy ese Cristo infinito y total ¿no podríamos, al menos, ofrecerles un Cristo que llene sus esperanzas de un mundo mejor? No un Cristo violento desde luego, pero sí el Cristo que denunció la hipocresía; sí el Cristo que dijo que compartió la vida de los pobres y trabajó él mismo con sus manos; sí el Cristo que supo salirse de la rutina de los moldes sociológicos; sí Cristo que llamó raza de víboras a los hipócritas aun cuando éstos fueran sacerdotes; sí al Cristo que tomó el látigo contra los mercaderes. 

Si nos limitáramos a darle un Cristo suavecito y tranquilo, adormecedor y dulzarrón, mucho me temo que, entre monstruo y monstruo, van a quedarse con esa loca imagen del Cristo guerrillero. 

José Luis Martín Descalzo

jueves, febrero 06, 2025

Testamento del pájaro solitario. Audios. José Luis Martín Descalzo (LIBRO ENTERO EN 18 AUDIOS)

Quizá sea el más hermoso de los libros del genial José Luis Martín Descalzo. Inspirado en san Juan de la Cruz, el sacerdote vallisoletano reconoce que ha huido una y otra vez de Jesús. Y que realmente Cristo con él ha sido un auténtico halcón
   


SEGUNDA PARTE

TERCERA PARTE MUERTE

domingo, enero 01, 2023

"Cristo desciende de bastardos" - Martín Descalzo

El evangelio de la genealogía de Jesús (Mateo 1, 1-16) Para mi siempre ha sido un coñazo escucharlo hasta que leí esta explicación de Martín Descalzo:

Pero no sólo hay luz en esa lista. Lo verdaderamente conmovedor de esta genealogía es que ninguno de los dos evangelistas ha «limpiado» la estirpe de Jesús. No obran así los evangelistas. En la lista aparece -y casi subrayado- Farés, hijo incestuoso de Judá; Salomón, hijo adulterino de David. 

Los escritores bíblicos no ocultan -señala Cabodevilla- que Cristo desciende de bastardos. Y digo que casi lo subrayan porque no era frecuente que en las genealogías hebreas aparecieran mujeres; aquí aparecen cuatro y las cuatro con historias tristes. 
Tres de ellas son extranjeras (una cananea, una moabita, otra hitita) y para los hebreos era una infidelidad el matrimonio con extranjeros. 

Tres de ellas son pecadoras. Sólo Ruth pone una nota de pureza. No se oculta el terrible nombre de Tamar, nuera de Judá, que, deseando vengarse de él, se vistió de cortesana y esperó a su suegro en una oscura encrucijada. De aquel encuentro incestuoso nacerían dos ascendientes de Cristo: Farés y Zara. Y el evangelista no lo oculta. Y aparece el nombre de Rajab, pagana como Ruth y «mesonera», es decir, ramera de profesión. De ella engendró Salomón a Booz. 

Y no se dice -hubiera sido tan sencillo- «David engendró a Salomón de Betsabé», sino, abiertamente, «de la mujer de Urías». Parece como si el evangelista tuviera especial interés en recordarnos la historia del pecado de David que se enamoró de la mujer de uno de sus generales, que tuvo con ella un hijo y que, para ocultar su pecado, hizo matar con refinamiento cruel al esposo deshonrado. 

¿Por qué este casi descaro en mostrar lo que cualquiera de nosotros hubiera ocultado con un velo pudoroso? 

No es afán de magnificar la ascendencia de Cristo, como ingenuamente pensaban los racionalistas del siglo pasado; tampoco es simple ignorancia. 

Los evangelistas al subrayar esos datos están haciendo teología, están poniendo el dedo en una tremenda verdad que algunos piadosos querrían ocultar pero que es exultante para todo hombre de fe: Cristo entró en la raza humana tal y como la raza humana es, puso un pórtico de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- pero aceptó, en todo el resto de su progenie, la realidad humana total que él venia a salvar. 

Dios, que escribe con líneas torcidas entró por caminos torcidos, por los caminos que-¡ay!- son los de la humanidad. 

José Luis MARTIN-DESCALZO

miércoles, diciembre 16, 2020

lunes, diciembre 25, 2017

LA VISITA DEL ÁNGEL DEL DOLOR

El ángel del dolor visitó (en noviembre) mi casa.
Era hermoso y radiante.
Era hijo de Dios.
Era, aunque no lo creáis, el más alegre de cuantos conocí.
Entró en mis jardines y acarició mi sangre.
Riéndose cortó una de mis alas de trabajo y de prisa 
pero dejó intactas las de la ilusión y el coraje.
Me dijo:
Ahora empieza la segunda parte de tu vida, 
gemela a la otra, aunque algo tartamuda.
Vive. No gastes tus horas en hacerte preguntas.
Reordena tu escala de valores.
Pon en primera fila la amistad 
(tras de la fe, se entiende) 
y recuerda que Dios es bueno, 
que el hombre es mucho mejor de lo que él cree, 
que el mundo está bien hecho 
y que vas a vivir hasta los topes el gozo mientras vivas 
porque resulta 
que el ángel del dolor y el ángel de Belén son el mismo.
J. L. MARTíN DESCALZO

domingo, diciembre 24, 2017

FELIZ NAVIDAD. DIOS ES PEQUEÑO

"No era Dios quien se equivocaba, sino ellos imaginándose a un Dios solemnísimo y pomposo. Si Dios existía, tenia que ser «aquello», aquel pequeño amor, tan débil como ellos en el fondo de sus almas. Sus orgullos rodaron de su cabeza como un sombrero volado por el viento. Se sintieron niños, se sintieron verdaderos. Se dieron cuenta de que en aquel momento comenzaban a vivir"
Martín Descalzo

miércoles, noviembre 08, 2017

miércoles, septiembre 13, 2017

Evangelio es revolución.Martín Descalzo


"Revolución. No debemos vacilar al emplear esta palabra, tan manoseada, tan desprestigiada, manchada por tanta sangre a lo largo de la historia. Pero es la palabra que mejor define lo que estaba naciendo. Porque el giro más alto, más brusco, más radical que el mundo ha conocido, iba a producirse allí, a orillas del mar de Tiberíades.
Desgraciadamente, lo mismo que la grasa y el tiempo convierten a un vigoroso joven en un señor adiposo, así los tópicos y la mediocridad han ido deteriorando, reblandeciendo, ablandando, lo que entonces ocurrió. Y, cuando alguien nos cuenta los comienzos de la predicación de Jesús, enseguida nos imaginamos un clima de caramelo: el «dulce» maestro empezó a decir «dulces» palabras, tan bellas como aburridas. Y nos disponemos a dormirnos, como en los sermones. (...)
La voz de Jesús tocaba a rebato a la orilla del lago y crecieron los rumores, las voces, las llamadas y la gente corrió a escuchar aquella convocatoria misteriosa, a la vez que magnífica, que incitaba a algo grande.
Nos cuesta imaginarlo, acostumbrados como estamos a vivir en tanta siesta. Preferimos inventarnos una voz ronroneadora que dice palabras melifluas, invitadoras a la paz y no a la guerra, adormecedoras y no incitantes."



viernes, julio 28, 2017

EL SACRAMENTO DE LA SONRISA

ESTE TEMA DE CATEQUESIS FAMILIAR QUIERE PLANTEAR UN TEMA IMPORTANTE que es el AMBIENTE FAMILIAR DE CORDIALIDAD, AMISTAD, COMPAÑERISMO, FRATERNIDAD... podemos usar muchas palabras diferentes... ¿sabemos a qué nos referimos? Como siempre esto se plantea como un tema de diálogo que podemos valorar y criticar


Me parece que para el video que van a ver a continuación ya hay algo escrito titulado: “el sacramento de la sonrisa” frente a lo que no tengo nada más que añadir. Por eso se los comparto. El autor es un sacerdote español que hace un tiempo estoy leyendo y que les recomiendo mucho, se llama José Martín Descalzo.
“Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, un solo don, un regalo celeste, le pediría, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de las expresiones humanas. Hay, ya lo sé, sonrisas mentirosas, irónicas, despectivas y ésas que en el teatro romántico llamaban «risas sardónicas». Son ésas de las que Shakespeare decía en una de sus comedias que «se puede matar con una sonrisa». Pero no es de ellas de las que estoy hablando. Es triste que hasta la sonrisa pueda podrirse. Pero no vale la pena detenerse a hablar de la podredumbre. Hablo más bien de las que surgen de un alma iluminada, ésas que son como la crestería de un relámpago en la noche, como lo que sentimos al ver correr a un corzo, como lo que produce en los oídos el correr del agua de una fuente en un bosque solitario, ésas que milagrosamente vemos surgir en el rostro de un niño de ocho meses y que algunos humanos — ¡poquísimos!— consiguen conservar a lo largo de toda su vida. Me parece que esa sonrisa es una de las pocas cosas que Adán y Eva lograron sacar del paraíso cuando les expulsaron y por eso cuando vemos un rostro que sabe sonreír tenemos la impresión de haber retornado por unos segundos al paraíso.

…. Pero la gran pregunta es, me parece, cómo se consigue una sonrisa. ¿Es un puro don del cielo? ¿O se construye como una casa? Yo supongo que es una mezcla de las dos cosas, pero con un predominio de la segunda. Una persona hermosa, un rostro limpio y puro tiene ya andado un buen camino para lograr una sonrisa fulgidora. Pero todos conocemos viejitos y viejitas con unas sonrisas fuera de serie. Tal vez las sonrisas mejores que yo haya conocido jamás las encontré precisamente en rostros de monjas ancianas: la madre Teresa de Calcuta y otras muchas menos conocidas. Por eso yo diría que una buena sonrisa es más un arte que una herencia. Que es algo que hay que construir, pacientemente, laboriosamente.
¿Con qué? Con equilibrio interior, con paz en el alma, con un amor sin fronteras. La gente que ama mucho sonríe fácilmente. Porque la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad interior a sí mismos. Un amargado jamás sabrá sonreír. Memos un orgulloso.
Un arte que hay que practicar terca y constantemente. No haciendo muecas ante un espejo, porque el fruto de ese tipo de ensayos es la máscara y no la sonrisa. Aprender en la vida, dejando que la alegría interior vaya iluminando todo cuanto a diario nos ocurre e imponiendo a cada una de nuestras palabras la obligación de no llegar a la boca sin haberse chapuzado antes en la sonrisa, lo mismo que obligamos a los niños a ducharse antes de salir de casa por la mañana. Esto lo aprendí yo de un viejo profesor mío de oratoria. Un día nos dio la mejor de sus lecciones: fue cuando explicó que si teníamos que decir en un sermón o una conferencia algo desagradable para los oyentes, que no dejáramos de hacerlo, pero que nos obligáramos a nosotros mismos a decir todo lo desagradable sonriendo.
Aquel día aprendí yo algo que me ha sido infinitamente útil: todo puede decirse. No hay verdades prohibidas. Lo que debe estar prohibido es decir la verdad con amargura, con afanes de herir. Cuando una sola de nuestras frases molesta a los oyentes (o lectores) no es porque ellos sean egoístas y no les guste oír la verdad, sino porque nosotros no hemos sabido decirla, porque no hemos tenido el amor suficiente a nuestro público como para pensar siete veces en la manera en la que les diríamos esa agria verdad, tal y como pensamos la manera de decir a un amigo que ha muerto su madre. La receta de poner a todos nuestros cócteles de palabras unas gotitas de humor sonriente suele ser infalible.
Y es que en toda sonrisa hay algo de transparencia de Dios, de la gran paz. Por eso me he atrevido a titular este comentario hablando de la sonrisa como de un sacramento. Porque es el signo visible de que nuestra alma está abierta de par en par”  (José Martín Descalzo).


jueves, octubre 06, 2016

Martín Descalzo: "soy el dueño de mis esperanzas"



Nunca podrás, dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.

Podrás entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme.

Puedo amar en el potro de tortura.
Puedo reír cosido por tus lanzas.
Puedo ver en la oscura noche oscura.
Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.
Yo decido mi sangre y su espesura.
Yo soy el dueño de mis esperanzas.


José Luis Martín Descalzo. 
Soneto VII de «Primer presentimiento de la muerte». 
Del libro «Testamento del Pájaro Solitario».

domingo, julio 24, 2016

MORIR SOLO ES MORIR. José Luis Martín Descalzo


Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huída
y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;

tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura

miércoles, diciembre 02, 2015

LAS DIMENSIONES DEL CORAZÓN. José Luis Martín Descalzo

Entre la mucha correspondencia que recibo llegan con frecuencia algunas de esas melodramáticas y maravillosas cartas que sólo pue- den escribirse a los veintipocos años. En ellas brillan muchachos o muchachas que me piden, como con angustia, ayuda; que me explican que su corazón está confuso y que necesitan, imperiosamente, alguien que les oriente y que les guíe.
Son cartas que a mí me llenan de alegría porque, entre otras muchas razones, yo sé que todo el que pide ayuda ya ha empezado a resolver sus problemas tan sólo con el hecho de haberse dado cuenta de que la necesita.
Pero también me llenan de preocupación, porque sé también que cualquier guía inteligente lo primero que ha de enseñar a un joven es que es él, é1 mismo, el responsable de su alma, que es él quien debe construirla; que un guía puede servir para los primeros pasos, pero que el mejor maestro de natación no es el que se pasa la vida sosteniendo al nadador, sino el que le enseña a nadar en pocas jornadas y después se retira a la orilla.
Así es: no se vive por delegación. Cada uno debe coger su vida a cuestas, con las dos manos, con todo el coraje, y construirla, afanosamente, como se escala una montaña, y, a la vez, modestamente, como se construye una casa.
Luego, el buen guía tendrá que explicar algo que ese joven no querrá creerse: que sus problemas no son el centro del mundo y que, si quiere resolverlos, tendrá que empezar por situarlos en medio de los problemas de los demás humanos y hasta empezar por entregarse a resolver los de los demás si quiere que empiecen a clarificarse los propios.
Mi respuesta a los angustiados es siempre la misma. no te vuelvas neuróticamente sobre tus propios problemas, no te enrosques como un perro en su madriguera; sal a la calle, mira a tus hermanos, empieza a luchar por ellos; cuando les hayas amado lo suficiente se habrá estirado tu corazón y estarás curado. Porque de cada cien de nuestras enfermedades, noventa son de parálisis y de pequeñez espiritual. «El vicio supremo es la limitación del espíritu», decía Oscar Wilde. Y aún lo decía mejor un viejo santo oriental, San Serapión. «El problema de a qué dedicamos nuestra vida es un problema artificial. El problema real es la dimensión del corazón. Consigue la paz interior y una multitud de hombres encontrarán su salvación junto a ti.»
Esta frase me hace recordar aquella fabulla oriental de un zapatero que una mañana, en la oración, oyó una voz que le anunciaba que aquel día vendría Cristo a visitarle. El zapatero se llenó de alegría y se dispuso a hacer, lo más deprisa que pudiera, su trabajo del día para que, cuando Cristo viniera, pudiese dedicarse entera- mente a atenderle. Y apenas abrió su tienda llegó una mujer de la vida para que el zapatero arreglase sus zapatos. El viejo la atendió con cariño e incluso soportó con paciencia el que la pobre mujer charlase y charlase, contándole todas sus penas, aunque con tanta charla casi no le dejaba trabajar y tardara mucho más de lo previsto en arreglar los zapatos.
Cuando ella se fue vino a visitarle otra mujer, una madre que tenía un niño enfermo y que también le daba prisa para que arre- glase con urgencia unos zapatos. Y el zapatero la atendió, aunque su corazón estaba en otro sitio: en su deseo de terminar cuanto antes su trabajo, no fuera a llegar Cristo cuando él aún no hubiese terminado.
A la tarde llegó un borracho que charlaba y charlaba y que, con tanta cháchara, apenas le dejaba rematar aquel par de zapatos que había llevado para reparar.
Así que cayó la noche sin que el zapatero hubiera tenido un minuto de descanso. Pero, aun así, se preparó para recibir la venida de Cristo que le habían prometido. Mas seguían pasando las horas. Y se hizo noche cerrada. Y el zapatero comenzó a temer que Cristo ya no vendría. Y dudaba si acostarse o no.
Y sólo entonces escuchó una voz que le decía: «¿Por qué me estás esperando? ¿No te has dado cuenta de que he estado contigo tres veces a lo largo del día?»

Así hay muchas personas que esperan a Dios o que esperan a llenar sus vidas y sus almas y no acaban de descubrir que Dios y sus almas están ya en lo que están haciendo y viviendo, en sus amigos y vecinos, en el amor que malgastan por creerlo menos importante. Esperan que alguien les guíe y sostenga y se olvidan de amar. Espe- ran un tesoro y malgastan su verdadera herencia. Porque es verdad aquello que escribiera Rosales.- «Lo que has amado es lo que te sostiene. Lo que has amado, ésa será tu herencia. Y nada más.»

martes, enero 29, 2013

El Padre nuestro de Dios

Hijo mío que estás en la tierra,

preocupado, solitario, tentado.

Yo conozco perfectamente tu nombre y lo pronuncio como santificándolo, porque te amo.

No, no estás solo, sino habitado por mí.
Y juntos construimos este Reino

del que tú vas a ser el heredero.

Me gusta que hagas mi voluntad

porque mi voluntad es que tú seas feliz,
ya que la gloria de Dios es el hombre viviente.

Cuenta siempre conmigo, y tendrás el pan para hoy, no te preocupes.

Solo te pido que sepas compartirlo con tus hermanos.

Sabes que perdono todas tus ofensas antes incluso de que las cometas.

Por eso, te pido que hagas lo mismo
con los que a ti te ofenden.
Para que nunca caigas en la tentación cógete fuerte de mi mano
y yo te libraré del mal,
pobre y querido hijo mío.


José Luis Martín Descalzo,

Razones para vivir.