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sábado, septiembre 09, 2023

LLEVALE A DIOS ESTAS LÁGRIMAS. ÉL TE ENVIARÁ FUERZAS

De manera novelada en "La celda cerrada" se nos narra el último viaje en un vagón de mercancías de Etty Hillesum y sus compañeros de viaje. En 1943 un viaje de tres días desde un campo de concentración en Holadan al de exterminio de Auschwitz.

En ese viaje quedan retratados los seres humanos. El avaro que esconde unos diamantes en su gorro acaba regalándolos para una boda que se celebra bordeando la norma litúrgica en el propio vagón, una verdadera celda según el título.

Allí también comparten el maltrato, los escasos bienes, el poco aire que entra por la "ventanilla", la trompetilla de la sorda que sirve para recoger agua, la leche de la puérpera para otros niños, fallecido el suyo, las ideas, los sueños, la vida interior, la historia, los conocimientos... Una aventura de compartir EN MEDIO de un destino realmente poco incierto.

Es la historia de una mística que sabe compartir la vida con otros, percibir el amor difuso a su lado, hacer un viaje hacia dentro y hacia fuera al tiempo, una mística de ojos abiertos.

lunes, abril 10, 2023

LA AGONÍA DE LA RESURRECCIÓN

El Resucitado es el Crucificado
Hoy sigue habiendo Cruz
y Resurrección
Francisco García Martínez (Iglesia en Zamora, nº 336)

No pocas veces la predicación de la resurrección se hace de manera bastante ingenua, como si se estuviera hablando del fin de las penas y la irrupción de una alegría ya continua, o de la implantación de una paz que deja impotente la voracidad de la injusticia, o de la llegada de un reino de salud que se impone sobre toda enfermedad y muerte. Sin embargo, no es así. El mismo día que se celebra la resurrección algunos enferman gravemente o mueren, se comenten injusticias que golpean a los más débiles, y las preocupaciones, angustias, depresiones, tristezas… parecen seguir como si nada.

De hecho, en los dos evangelios que se leen en el domingo de Resurrección (el de la Vigilia Pascual y el de la misa del día) ni siquiera se hace presente Cristo. Su presencia vendrá después de un itinerario de miedo, de llanto, de incredulidad… incluso cuando se afirma que él ya está resucitado.

Y es que la resurrección no resuelve los problemas de la vida, como la religión no es un escudo protector contra sus penalidades. El teólogo Adolphe Gesché utilizó una expresión paradójica para hablar del proceso por el cual Cristo resucitado se hacía con el dominio de la realidad. Él hablaba de la agonía de la resurrección.

Y es que lo que realmente celebramos es que Cristo ha resucitado, y que este acontecimiento puede salvarnos si acogemos el Espíritu que derrama sobre el mundo. Desde este Espíritu, su mismo amor habitándonos, podemos decir que Cristo mismo está a la espera de resucitar totalmente en nosotros. Aunque, si creemos que él ha resucitado, podemos confiar en que su Espíritu irá transformándonos hasta participar totalmente de su plenitud de vida (Rom 8,11). 

Mientras, y sabiendo que él no separa el Aliento dado de nuestro interior, que no deja de amarnos o de interceder por nosotros (todas expresiones para significar lo mismo), hemos de caminar con la fuerza de la fe que nace al aceptar este mensaje.

Aceptar esta fe supone abrirse a las semillas de resurrección o de amor que atisbamos ya aquí, en este cuerpo nuestro que habrá de morir, en esta historia nuestra donde habrá que sufrir las injusticias, en este corazón que tendrá que agitarse en sus preocupaciones. 

Habrá injusticia, pero no olvido de los que sufren; habrá llanto, pero no desconsuelo; habrá muerte, pero no anonadamiento. Y esta es la paz que nos ha prometido Cristo con su resurrección de forma que podamos caminar con fortaleza y esperanza sosteniéndonos unos a otros. Todo esto necesita fe y coraje. Lo demás, aunque lo oigamos en alguna predicación, no son más que cuentos de hadas.

Como afirma Jesús mismo: “Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

miércoles, abril 27, 2022

VII ANIVERSARIO DE TRASPLANTE

Eugenio A. Rodríguez

Hoy estoy de 7 aniversario de trasplante. Como no hay nada más universal que la Solidaridad me alegro de haber llevado, en la misma planta en que estuve ingresado, gracias a Lupe Lasso Tadeo, una guitarra a E., un enfermo crónico grave, que solo quería eso.

La alegría no depende de la salud, mucho menos del dinero, los cosméticos, las mascotas, el turismo, el alcohol etc. La alegría depende del amor, exclusivamente del amor.

sábado, marzo 05, 2022

Carta de Miguel Hernández a Josefina Manresa

Mi querida Josefina:

Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme. Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos espulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la crío robusta y grande como el garbanzo.

Todo se acabará a fuerza de uña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca. Así veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo.

Aún es posible que vaya para el día de mi santo, guapa y paciente Josefina. Aunque yo, la verdad, creo que estos amigos míos llevan las cosas muy despacio. Han estado de vacaciones fuera de Madrid y han regresado esta semana pasada. No han podido venir a verme porque ahora es imposible para todo el mundo. Es casi seguro que los veré la semana que viene. Me decías en tu anterior que guardara la ropa cuanto pudiera. No te preocupes, que si no tengo ropa cuando salga, con ponerme una mano en el occipucio y otra en el precipicio, arreglado. Así y todo procuro conservarla y uso la más vieja y todo son cosidos y descosidos y ventanas por todas partes. El pijama se me ha roto y le he puesto un remiendo que es media camisa, porque se me veía toda la parte de atrás y era una verdadera vergüenza. Por lo que a mí me pasa, me figuro lo que os pasará a vosotros y como esto siga así, me veo contigo como Adán y Eva en el Paraíso.

¡Ay, Josefina mía! No nos queda otro remedio que aguantar todo lo malo que nos viene y nos puede venir, para el día que nos toque aguantar lo bueno. ¿Verdad que llegará ese día? Yo nunca he dudado de que llegará y de que seremos más felices que hasta aquí hemos sido. Esta separación nos obliga a respetar a nuestro Manolillo más que respetamos al otro. Manolillo del que no dejo de acordarme nunca. Dentro de un mes hará un año que se nos murió. Eso de que el tiempo pasa de prisa, para nadie es más verdad hoy como para nosotros y a mí me cuesta trabajo creer que ha pasado un año desde que cerró nuestro primer hijo los ojos más hermosos de la tierra.

Dios, a quien tú tanto rezas, hará que el día diecinueve de octubre lo pasemos juntos, si no hace que lo pasemos el día ventinueve de este mes. No quisiera pasar, ese día lejos de ti. Iremos a dar una vuelta al campo y si tú eres decidida, visitaremos la tierra donde nos espera. Tengo ganas de hablar contigo. La otra noche soñé a Manolillo ya con cinco o seis años de edad. Cuídalo mucho, Josefina que crezca fuerte y defendido contra toda enfermedad. Cuando te sea posible come mucha fruta y mucho vegetal, principalmente patatas. Es lo que más conviene a tu salud y a la de nuestro sinvergüencilla.

No me dices muchas cosas suyas. Supongo que ya hablará más que un loro. Si supieras que ganas tengo de oír su voz: se me ríen los huesos sólo de imaginarla, con que mira lo que me voy a reír el día que la oiga de verdad. Dime el peso que tiene, que no lo has pesado hace mucho tiempo. Estoy enfadado con Manolo y con las Marianas, a ninguno de los cuatro se les ocurre escribirme unas letras. No se acuerdan de mí, que no los olvido. Dime también algo de la abuela y la tía, que tampoco me han mandado una sola letra (...).

Bueno. Voy a dejar el lápiz y a esperar tu carta, a ver qué me trae de bueno. Nada. Hoy no recibo carta tuya. No me gusta que te retrases en escribirme. Vaya plantón que me he llevado al pie del que vocea el correo. No hay derecho. Espero que me digas algo de nuestra familia de Orihuela, de mi madre especialmente y de la de Pepito. Anteayer he recibido una carta de un amigo de la huerta, Trinitario Ferrer, muy amigo de mi hermano y me dice que se ve con él todos los días. Di a Vicente que le diga que por ahora no puedo contestarle, pero que me alegra mucho saber de él. Voy a terminar mi carta diciéndote que seas menos perezosa conmigo o de lo contrario no te voy a escribir en un mes. Y nada más porque no parezca larga ésta a la censura y porque hagan todo lo posible para que llegue a tus manos.

Manolillo: adiós, un beso ¡pum! Otro beso ¡pum! Otro, otro, otro, ¡pum, pum, pum!

Manolo: escribe, dejando a un lado por un rato las barbas y las perezas.

Marianas: a ser buenas y a pelearos una vez a la semana solamente.

Josefina: recibe para ti y para nuestro hijo y para nuestros hijos mayores el cariño encerrado y empiojado y ... perdido de tu preso

Miguel

¡Adiós!

lunes, mayo 03, 2021

SAN JOSÉ. Conversando con Margarita Saldaña

 
 ENVIAR OPINIONES A antigonahoy.blogspot.com 
-"Me parece destacable esta idea de que hay un diáloho entre el la cruz y la resurrección, la alegría y el dolor, etc" (Eugenio)

sábado, abril 18, 2020

¿Por qué nos aburrimos en Misa? EUCARISTÍA CON UN OBISPO EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN

Eugenio A. Rodríguez

La mayoría de los creyentes que conozco alguna vez hemos hablado del aburrimiento en Misa. Los padres de catequesis sacan este tema cada año varias veces. A mí me encanta ese diálogo. Los padres apuntan a catequesis a sus hijos con la misma buena intención que les llevan al colegio o a las actividades extraescolares. En alguna cosa quizá no acierten del todo y entonces los expertos les ponen motes ("padres helicópteros", "padres obedientes"...) y otras tantas etiquetas que suelen olvidar la cantidad de amor. ¡Qué fácil es pensar en Dios al ver a los padres! Amor gratuito, a fondo perdido, desmedido, arracional, sacrifícadamente alegre...

En las reuniones solemos sugerir que -sobre todo al principio de la catequesis, cuando los niños tienen 8 años- los padres vengan a la Eucaristía sin los niños. Qué hagan la experiencia de ver si tiene sentido para ellos. Muy pocos lo intentan, algunos sí. Cuando los padres llevan a los niños a Misa y ellos mismos no están convencidos es algo tan absurdo como si los padres que recomiendan comer verduras se atiborran de hamburguesas, o cono si exigieran poner la ropa sucia en el cesto mientras ellos dejan la suya tirada. O como mandar a los niños al colegio desde la cama.

Estas cosas absurdas no ocurren en la realidad pero sí ocurren en la educación religiosa de niños y jóvenes. En las cosas normales los padres son más exigentes consigo mismo que con sus hijos. El doble o más, en el hacer bien la cama, lavar la ropa, tenderla, hacer la compra, leer, tirar la basura, ir al trabajo, participar en reuniones de todo tipo, etc. Eso es lo normal. Lo que no es normal es que cuando "toca" llevar al niño a catequesis le llevo a Misa y él ve que a mí me aburre.

Para el aburrimiento en Misa usamos diferentes tácticas. Los más "regres" se reconcentran en la ascética, en el esfuerzo por "no distraerse", en el miedo a tener que arrepentirse, en soñar en un premio futuro o hasta en que le toque la lotería o salud. Básicamente se torturan. Los más "progres" le meten entretenimiento, diversión y hasta rosquillas. Fracaso estrepitoso. Siguen aburridos durante otros momentos de la celebración o hacen algo que ellos mismos dudan de que termine de ser una suma de caprichos. Entre ambos extremos el pluralismo de situaciones es enorme.

¿Siempre pasa así? No. A veces no pasa así. Basta que tengas algo significativo en tu vida (que  sea TRISTE O ALEGRE ES IRRELEVANTE para la cuestión que planteamos) para que el aburrimiento dé paso al gozo sin necesidad alguna de reflexión. Pasa y ya está. La pena es que NO REFLEXIONEMOS sobre el asunto y entonces no lo solucionemos para siempre.

Con la Eucaristía pasa en parte lo que ocurre con algo tan antinatural como no querer comer. Las mismas cosas absurdas que hacemos con el que dice que no quiere comer las hacemos con los que dicen no querer experimentar la celebración religiosa. Trampas, engaños, chantajes... Lo mismo. Si observamos el ejemplo de la alimentación observamos que con la vida normal de los padres, el ejemplo, la naturalidad, el ejercicio físico, etc, y los niños se incorporan a la alimentación con toda normalidad. Pero: ¿Es igual de normal para nosotros la vida cristiana? ¿O también somos inapetentes espirituales nosotros y luego nos extrañamos de la inapetencia espiritual de los niños?

Francisco ha dado una clave cuando ha recordado un verdad viejísima con un lenguaje un poco nuevo: "La Eucaristía no es una medalla para justos sino un alimento para necesitados". Esa es la clave. Cuando tenemos vida-vida la Eucaristía es una necesidad. Y las necesidades no aburren ni divierten. Con las necesidades el aburrimiento no es tema, no se plantea, no existe. Si hay sed se bebe con ganas.

 Una experiencia iluminadora, extrema quizá pero clarificadora es la de este obispo en el campo de concentración. Cuando los padres de catequesis dialogamos sobre ella, enseguida llegamos al acuerdo de que esta Eucaristía:
-en un sentido es la misma que la nuestra...
-pero hay algo que la hace diferente...
 Dios es amor y por eso es la misma Eucaristía. Pero Dios viene a nuestro encuentro EN MEDIO de nuestra vida. Y nuestras vidas, con sus alegría y tristezas, a veces las dejamos pasar sin pena ni gloria, sin querer beberlas a tope.