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viernes, junio 12, 2026

NO HAY NADA MÁS DIVINO QUE SER HUMANO. (XI Ordinario A)


(Mt. 9,36-10,8)


Los relatos evangélicos subrayan un rasgo inconfundible que define la vida y la personalidad de Jesús:

Su compasión... o, lo que es lo mismo, su gran capacidad de ponerse en lugar del otro...

de
- vivir,
- sentir,
- gozar y
- sufrir
con él.

Por eso, con mucha frecuencia, se repite una expresión que atraviesa todo el evangelio, desde el principio hasta el final: "Se le conmovían las entrañas"

Lo cual constituye, sin duda, el mayor signo de su madurez humana, frente a la indiferencia que nos condena a vivir encerrados en un narcisismo estéril.

A Jesús se le conmovían las entrañas con una "compasión visceral" al contemplar las muchedumbres
- abandonadas,
- desorientadas,
- perdidas,
- extraviadas ...

Jesús no mira nunca desde lejos...

Su compasión jamás se queda quieta, siempre le lleva a actuar manifestando así su gran humanidad:
- se acerca,
- acoge,
- escucha,
- acompaña,
- protege,
- restaura,
- libera ...
mostrando así el rostro compasivo del Padre.

Y a la vez recordándonos que, desde que Dios se ha hecho hombre, no hay nada más divino que ser humano.

Por eso, hoy nos invita a parecernos a él, arrancándonos del lugar cómodo de ser meros espectadores y situandonos frente al rostro dolorido de nuestros hermanos que sufren.

El papa Leon, en su viaje a España, ha sacudido nuestra comodidad religiosa y ha dejado flotando en el ambiente una pregunta inquietante:
¿No se estará reduciendo nuestra fe a un simple adorno folklorico y vacío?

El papa no ha venido para bendecir una fe de museo, ni para despertar, en nosotros, ingenuos entusiasmos pasajeros, sino para sacarnos de nuestra comodidad y recordarnos que una Iglesia que se arrodilla ante el altar para adorar la eucaristía no puede luego permanecer muda ni pasar de largo ante las vidas rotas, de aquellos que han sido despojados de todo... menos de su dignidad de seres humanos e hijos de Dios.

Nuestra fe no se puede reducir a un adorno, ni a una costumbre, ni a una rutina, ni, mucho menos, a un espectáculo...

Porque, después del espectáculo, ¿qué nos quedaría ?

Pues no nos engañemos...
si no se nos conmueven las entrañas y el Espíritu no nos toca el corazón y nos hace más humanos, solo nos quedaría una gran mentira ... una tremenda hipocresía revestida de religiosidad.

Manuel Velazquez Martín.

martes, octubre 28, 2025

EL FARISEO Y EL PUBLICANO ORDINARIO C XXX


A DIOS NO LE GUSTA
LA GENTE "PERFECTA"
(Lc. 18,9-14)
Como este fariseo de la Parábola que inflado, satisfecho y seguro de sí mismo... desprecia y juzga duramente a los demás calificándolos de ladrones, mentirosos y adulteros ... y llegando a atribuirles una elaborada y exhaustiva lista de defectos.
Este es un hombre arrogante que disfruta mirando a los demás por encima del hombro y que sube al templo, no a pedir ayuda, sino a pasarle factura a Dios por sus buenas obras que, eso sí, él solo reduce a dos:
- pagar los impuestos religiosos y - cumplir con la ley del ayuno...
mientras que se olvida de practicar lo más importante:
- el amor y
- la misericordia.
Este es un hombre que, cuando reza, no habla con Dios, ni escucha a Dios... solo habla y se escucha a sí mismo, bajo el frágil paraguas de su "ego".
Y, frente a la actitud engreída de este fariseo tan estirado, aparece la figura de un publicano que ni siquiera se atreve a levantar los ojos al cielo porque se considera un pobre pecador, necesitado de ayuda.
Este es un hombre humilde, insatisfecho de sí mismo, que no se considera superior a los demás... ni se ve capaz de juzgar, ni despreciar a nadie...
Por eso se dirige a Dios diciendo:
"Compadecete de mi, Señor, que soy un pecador".
De este relato se pueden deducir varias cosas importantes:
- Que a Dios no le gusta la gente engreida, sino la gente sincera y sin dobleces, que sabe pedir perdón de sus errores, con un corazón arrepentido, y que se esfuerza por superarse, cada día.
- Que Dios no es como nosotros, que, solemos vivir y nos dejamos llevar por apariencias...
Él no se deja engañar y nos quiere siempre como somos... aunque, a veces, arrastremos una vida bastante rota y distorsionada.
- Que para Dios, lo importante no son las cosas que hacemos o dejamos de hacer, sino nuestras actitudes profundas... aquello que nos brota del fondo del corazón... nuestros deseos y nuestras intenciones más hondas... que es, en definitiva, lo que da valor a nuestros actos...
Porque es precisamente ahí, en el trasfondo más profundo de nuestro ser y en el santuario de nuestro corazón, donde nos encontramos cara a cara con Dios.
Y es ahí donde Él nos mira y nos descubre:
- humildes o soberbios,
- justos o injustos,
- acogedores o distantes,
- misericordiosos o arrogantes...
El relato evangélico termina diciendo que estos dos hombres, después de estar en el templo, volvieron a casa...
Pero solo uno de ellos se fue justificado y en paz consigo mismo...
¿Cuál de ellos?
No el fariseo hipócrita y arrogante, tan seguro de sí mismo que despreciaba a los demás...
Sino el publicano humilde que supo hacerse cargo de la falsedad de su vida, sin tener que ofender ni despreciar a nadie...
¡Aprendamos pues, la gran lección de Jesús picapedrero que nos muestra hoy, el verdadero camino de la grandeza humana!
Manuel Velazquez Martín.

lunes, abril 14, 2025

FRANCISCO EL DOMINGO DE RAMOS (VI CUARESMA - C)

LA MEJOR HOMILÍA SIN DECIR UNA PALABRA

¡Que maravillosa sintonía tiene el papa Francisco con Jesús de Nazaret!

Jesús entró en Jerusalén, la ciudad fuerte y amurallada, sobre un borrico prestado contraponiendose así a la fuerza solemne y guerrera de los briosos caballos que utilizaban los señores para hacer sus batallas y para engrandecer sus conquistas.
Y Francisco ha entrado en la gran basílica papal sin los signos ostentosos que se le han ido pegando a la Iglesia a lo largo de los siglos...

Todo el mundo ha podido ver al papa en la gran basílica sin signos "sagrados", sin alba bordada de lino, sin estola ni capa pluvial, sin palio de armiño y sin casullas resplandecientes ni nubes de incienso.

Sin sotana, sin cruz pectoral, sin solideo... con pantalones oscuros y camiseta blanca y una pequeña manta de abrigo sobre sus pies cansados...

Ha entrado, sin avisar porque queria rezar como cualquiera, caminar como cualquiera y vivir en libertad, como cualquiera, sin permanecer sujeto a los sutiles protocolos y diplomacias del poder eclesiástico.

Y ha entrado en silla de ruedas y con mascarilla de oxígeno para poder respirar un poco de aire limpio y saludable como cualquier hombre frágil, sencillo y además, enfermo.
Ante este gesto de Francisco me pregunto qué pensarán los clérigos de la elegancia tridentina convencidos de que su ministerio tiene algo que ver con el bordado de la estola o la pulcritud del alzacuello.

¿Alguien me puede decir qué vestiduras utilizó Jesús para distinguirse del resto de la gente?
¿Alguien me puede decir qué mitra utilizaba él para enseñar o de qué ornamentos se revestia para sanar?
Que yo sepa, el único ornamento litúrgico que tiene su origen en el evangelio es el delantal que Jesús se ajustó a la cintura para lavarnos los pies.

Por eso digo, que este gesto ha sido la mejor homilía que ha podido pronunciar el Papa Francisco este Domingo de Ramos.
Gracias Francisco, por hablar tan claro, sin decir palabra.

Manuel Velazquez Martín.

sábado, octubre 05, 2024

FARISEOS RETORCIDOS Y NIÑOS INOCENTES- (XXVII B)


(Mc. 10, 2-16)
En este texto se nos relatan dos maneras de acoger a la persona de Jesús y de responder a su invitación a construir el Reino:
- la de los fariseos que
"quieren echar mano" a Jesús y
- la de los niños que
"se echan en manos" de Jesús.
Los primeros, son gente falsa y retorcida, que solo viven de apariencias buscando tender trampas a Jesús para tener de que acusarle...
Y los segundos, son criaturas inocentes, limpias y auténticas que se echan en manos de Jesús llenos de alegría y confianza...
La excusa que hoy buscan los fariseos para intentar cazar a Jesús es el tema del divorcio planteado en términos legalistas de lo que está prohibido y lo que está permitido.
Jesús aprovecha con libertad para hablar de una vida compartida en la mutua entrega sin imposición, ni sumisión.
Y deja muy claras dos cosas:
- que la ley no sirve para nada si no existe amor y
- que sólo puede existir amor verdadero entre personas libres e iguales.
Y esta respuesta sorprende a todos porque ofrece una visión del matrimonio que va más allá de todo lo establecido por las leyes ( incluida la ley de Moisés que fue establecida por
"la dureza de corazón" de aquel pueblo).
Y lo mismo acurre en el segundo episodio en que los discipulos intentan controlar la actividad de Jesús regañando a los que acercaban a los niños para que Jesús los tocara...
Lo cuál tiene una gran actualidad porque hoy también hay en la Iglesia gente que se cree con derecho a regañar, prohibir y condenar.
Gente que son un obstáculo para que otros se acerquen a Jesús con la confianza de un niño.
Y él nos repite lo mismo:
"dejadlos", "no se lo impidais"
La inocencia de los niños es aquí el contrapunto que pone el evangelio a la mala fe de los retorcidos fariseos...
Con lo cual, se nos está diciendo que la comunidad cristiana no puede ser un grupo dominado por personas rígidas y orgullosas que dominen o se impongan a los demás...
Debe ser, por el contrario, una comunidad de hombres y de mujeres que al estilo de Jesús, y en nivel de igualdad, sepan:
- abrazar,
- bendecir y
- cuidar... a
- los más pequeños,
- los más débiles y
- los más vulnerables.
Manuel Velazquez Martín.




viernes, agosto 30, 2024

MANOS LIMPIAS Y CORAZÓN PODRIDO (XXII B)

(Mc. 7,1-8.14-15.21-23)

Me llena de emoción la contagiosa libertad de Jesús picapedrero que tuvo el valor de enfrentarse con la institución religiosa y con los rituales de purificación externa que él no practicaba.

Pero lo más fuerte es que además, creó escuela con un grupo de amigos que aprendieron de él a saltarse la práctica de lavarse las manos, como se pone de manifiesto en el texto evangélico, donde deja muy claro, frente a la observancia de los fariseos, que lo esencial es la limpieza del corazón.

Si nuestro corazón está limpio... también lo estarán nuestras manos.

Porque las manos, podemos decir, que brotan del corazón y se despliegan como si fueran las herramientas de nuestra alma.
En este sentido, las manos son mucho más que una parte de nuestro cuerpo... son un signo de la dualidad que somos, al ser capaces
- de hacer el bien o el mal,
- de crear o destruir...

De hecho hay
- manos trabajadoras y manos ociosas,
- manos que producen riqueza y manos que la acaparan,
- manos que utilizan herramientas para cultivar la tierra y manos que empuñan armas para destruir y propagar la guerra...

Pero lo que hagan nuestras manos dependerá siempre de lo que sienta nuestro corazón.

Por eso, las huellas dactilares de nuestras manos encierran múltiples historias de luchas y de sueños, de logros y de fracasos...
+ Hay manos que se desgastan en el trabajo diario...
Manos
- que labran la tierra,
- que conservan,
- que restauran,
- que moldean,
- que transforman
el barro en arte,
el silencio en música y
el dolor en esperanza ....

+ Pero las manos no son solo instrumentos de trabajo sino tambien de comunicación y de conexión con los demás...
Manos
- que se estrechan,
- que acarician,
- que se entrelazan y
- que se unen en gestos de amor y de consuelo...

+ Y también las manos simbolizan nuestra capacidad para superar las adversidades y para seguir adelante...
Manos
- heridas y cansadas...
- que a pesar del dolor y del cansancio, se niegan a rendirse...
- que resisten,
- que luchan,
- que se alzan,
- que se despliegan en marea, como un grito unánime de millones de seres humanos que inundan los caminos del mundo reclamando justicia y libertad...

Por todo lo cual, vemos que las manos trascienden su papel físico para convertirse en un símbolo de creación, de lucha, de solidaridad y de esperanza.

Nuestras manos deben ser un canto a la vida, a la belleza que nace de la fragilidad y a la fuerza que nace del amor y de la unidad.

Por eso no debemos consentir que nadie nos engañe con
- enjuagues de manos,
- estirones de piel o
- sesiones de manicura...
cuando, en realidad nos puede estar pasando algo bastante más grave:
tener las manos salpicadas de sangre y el corazón podrido al hacernos cómplices de la injusticia del mundo.

Manuel Velazquez Martín.

ESCUCHA ISRAEL. ESCUCHA IGLESIA. ESCUCHA TÚ TAMBIÉN
Policarpo Díaz

En torno a la Palabra de Dios del Domingo XXII del tiempo ordinario, ciclo B.

“Escucha Israel”. Esta es una fórmula muy importante, que sugiere que lo que a continuación se va a decir viene de Dios y es vital y lo esencial para el pueblo. Se va a proclamar la Ley, los mandatos que él debe de cumplir para hacer la voluntad de Dios. Al cumplir esta voluntad, el pueblo de Israel va a ser inmensamente feliz. La ley es ley de vida y libertad, no dura imposición y carga.

Además de esta lectura del Deteuronomio y del Salmo salmo 14, que va en la misma onda, comenzamos en este domingo –como segunda lectura- con la Carta de Santiago, que es una mezcla de la tradición de los profetas del Antiguo Testamento y del mensaje más vivo y fresco de Jesús. Por eso es una carta muy viva, muy directa, muy bella. Dice cosas preciosas, ya lo iremos descubriendo en los próximos domingos. En las cosas que dice hoy, hace un maridaje precioso con los textos que la preceden y con el Evangelio de Marcos.

La carta de Santiago hoy nos habla de cosas muy “teológicas” y básicas. 

Primero: Todo lo bueno viene de Dios. O lo que se lo mismo: de Dios no sale nada malo. (no andemos pensando como los fariseos que necesitamos purificarnos tanto y restregar bien las manos, para evitar que la impureza exterior se nos "cuele" para dentro)

Segundo: Nos ha engendrado a cada uno de nosotros para que seamos “primicias”, es decir el mejor fruto de la cosecha, que es el primero. Por eso no podemos vivir de cualquier manera. (Somos creaturas hermosas salidas de la mano de Dios y unidos al creador si queremos ser felices y fecundos)

Tercero: la centralidad de la Palabra, que no es para escucharla solo, sino también para vivirla. (La Palabra es nuestra ley y es una Palabra de libertad que se certifica y contrasta en la vida, para no caer en eso de "este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mi")

Y Cuarto y último (por hoy): La verdadera práctica religiosa consiste en el amor y en la caridad. Escuchar y acoger la palabra nos lleva al amor.

Y como Evangelio, otra vez, de nuevo, la liturgia de la Palabra continúa con el Evangelio de Marcos, después de este paréntesis con el Evangelio de Juan. Desde el 21 de Julio (¿Os acordáis: Jesús conmovido porque al ver a la gente las veías como “ovejas que no tienen pastor”?)

Ahora nos presenta a un Jesús en controversia y disputa con los fariseos. Jesús les recrimina por haber montado una religiosidad de tradiciones humanas y preceptos exteriores, estando su corazón lejos de Dios. Una religión con ley, pero sin Dios. “Religados”, no a Dios, sino a las normas y preceptos. Éstos, querían que se cumpliera la ley y las leyes... Había más de 600 leyes (unas positivas: “Haz esto...”, otras negativas: “No hagas esto...”). Para mucha gente era imposible cumplirlas, porque ni siquiera se las sabían (problemas como por ejemplo no saber leer, o no tener capacidad para la memoria, o ser frágil de voluntad...). El caso es que, para los fariseos, el cumplimiento de las leyes era esencial. Jesús quiere explicar que la “ley” es otra cosa, más libre, más vinculada al amor, que ayuda a liberar el corazón no a atarlo en preceptos vacíos.

Ayúdanos Señor a unirnos a ti, ligarnos a ti, de corazón, con la vida, con autenticidad, con amor… Que cumplir la ley sea amarte a ti y al prójimo, tener un sano equilibrio entre la espiritualidad verdadera y sincera y un amor claro y sincero por los más pobres y necesitados. Porque eso es lo que te complace, porque esa es la ley del amor.