Tan solo son rutinas, vidas cruzadas,
En este mundo en ruinas, lleno de gestos, de miradas,
Vecinas, vecinos, la caña del domingo
Y José Fina dejándose la pensión al bingo,
El hijo del madero es un perdido,
Cincuenta kilos, tez amarillenta,
Y se ha comprometido con la hija del tendero
Y la lleva en moto a casa,
El gramo a cincuenta,
Miradas hambrientas, el yonqui de los ochenta,
El gorrilla, el tonto del runner,, la dependienta,
Recientemente despedida, un jefe ingrato, no tenía contrato,
Nada de Sindicatos en la tienda de zapatos,
El vendedor de cupones, la loca de los gatos,
Los ojos como platos, la realidad agobia,
Y el moderno del barrio va de aliado y le pega a la novia,
Fluctúan las historias y así sin darnos cuenta, la vida pasa,
El barrio y su memoria,
Y el chico del taller es gay y no lo ha dicho en casa,
Con sus manos llenas de grasa oculta su pluma,
“Yo no quiero un sarasa” grita su padre echando espuma,
“La culpa es de tu madre, esa dejada”,
Luego se va de putas y lo cuenta en el bar entre risotadas,
Es el cuento de la criada, sólo nos queda la protesta,
Vidas desperdiciadas, demasiadas,
Porque la realidad social no es como la ves en La Sexta,
Y esa muchacha sufre bullying porque está gorda
Y otro operario ha perecido currando en la obra,
No queremos las sobras, ni pequeños destellos,
Queremos todo lo que es bello.
El barrio, su gente, las miserias cotidianas,
A veces lo amas y otras lo detestas,
Repican las campanas,
Vamos a pegarle fuego a la casa de apuestas,
No te pongas el disfraz,
No te vamos a aceptar,
No vengas a hacer turismo,
Lárgate con tu puto paternalismo.
El barrio donde naces marca tu futuro,
Ser carne de cañón o vivir sin miedos,
Sin apuros,
Unos saltando muros, otros puertas abiertas
Pero si fracasas te dirán que no te esfuerzas,
Así niegan el conflicto, compa,
Pero tu bolsillo y tu realidad, son otras,
Aunque ya no veas yonquis en las esquinas,
Están el casas de apuestas, la nueva heroína,
Y la vecina con gafas de sol,
Ocultando su vergüenza y su terror,
El mismo que escuchabas con gritos desde el balcón
Y siempre evitabas subiendo el televisor,
Pero al final otra vida se apaga
Y entre los vecinos ahora agacháis la mirada,
Pero ante los medios, nadie sospechaba,
“Parecían felices”, dice, “siempre saludaban”,
Que todos somos muy tolerantes,
Abiertos,con pleno talante,
Pero al niño lo apuntamos a la concertada
Para que no comparta plaza con los inmigrantes,
Maldita educación que recibimos,
Que prioriza al individuo sobre el colectivo,
Que nos prepara para ser una mísera parte
De sus negocios, de su cadena de montaje,
Así es el barrio donde yo nací,
Precariedad, sí, y paro juvenil,
Pero no somos un circo para entreteneros,
Largo de aquí, Hermano Mayor y Callejeros,
Que entre contradicciones y ruina
También tenemos orgullo de clase y empatía,
Y algún día tomaremos lo que es nuestro,
Ni paz entre clases ni guerra entre pueblos.
El barrio, su gente, las miserias cotidianas,
A veces lo amas y otras lo detestas,
Repican las campanas,
Vamos a pegarle fuego a la casa de apuestas,
No te pongas el disfraz,
No te vamos a aceptar,
No vengas a hacer turismo,
Lárgate con tu puto paternalismo.
Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
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viernes, abril 12, 2019
sábado, marzo 02, 2019
domingo, febrero 17, 2019
«Es muy preocupante que haya menores que apuestan ‘online’»
Juan Capafons es el autor de la Guía para el uso responsable de las nueves tecnologías editado por la Dirección General del Menor y la Familia. El catedrático en Psicología Clínica de la ULL analiza los riesgos que conlleva un mal uso del móvil, las redes socieales o los videojuegos y avisa del peligro de las apuestas online Rosa Rodríguez Santa Cruz de Tenerife
— ¿Qué es el móvil para los jóvenes?
— Es la clave para los chicos. En nuestra generación, no, pero en la de ahora, la de los chicos, ya hay parte del mundo real que se hace destinado al mundo virtual, es decir, hay comportamientos, actitudes, actividades que son más pensando en que luego lo cuelgan en Instagram o lo van a difundir en YouTube. Es más, yo creo que en la generación de nativos digitales ya hay una fusión total entre el mundo virtual y el mundo real.
— ¿Los padres son conscientes de la realidad en la que se mueven sus hijos?
— La experiencia que tenemos nosotros, que hemos trabajado mucho con los chicos, pero también con los padres, es que hay padres y madres muy concienciados y otros que son absolutamente ignorantes de donde están sus hijos ubicados y de lo que significan las nuevas tecnologías. Son padres que el teléfono lo tienen para llamar y poco más, que nunca han entrado en YouTube, que no saben lo que es una red social... y son estos padres los que tienen un alto desconocimiento de lo que ocurre con sus hijos.
— ¿Qué deberían hacer los padres?
— La información no lo puede todo, pero sin información todavía están más debilitados. Los padres tienen que conocer cada vez más las nuevas tecnologías porque ese conocimiento es un amortiguador para evitar los problemas que llevan aparejadas y para disfrutar al máximo de los bueno que ofrecen. Esto es igual que en otros muchos órdenes de la vida. Los psicólogos, como los nutricionistas, tenemos la obligación de decir «esto es sano y esto no», pero ojo, desde la libertad. No creo en una sociedad totalmente intervencionista, pero sí hay que dar todas las herramientas para que, desde la libertad, se haga lo mejor posible. Tenemos la responsabilidad de decir esto tiene estas consecuencias y esto aquellas y luego que cada cual elija con responsabilidad.
— ¿Qué opina de que un bebé casi antes de caminar ya esté pasando el dedo por la pantalla?
— Es fantástico que a un niño de un año, de dos o de tres la madre o el padre le pongan las nuevas tecnologías, pero no como la solución para que me deje en paz. No como el sucedáneo de la atención que le deberían de dar. El niño reclama atención y lo callamos con las nuevas tecnologías, pues no. No hay ningún inconveniente con que, cuando se quita la parte de sustitutivo de o paliativo de, se tenga acceso a las nuevas tecnologías con edad muy temprana. Esa parte está espabilando a la primera infancia y no hay datos que digan que perjudica, siempre que se den en la dosis exacta.
— Hablemos de redes sociales. Los chicos, que no van por la calle regalando fotos a la gente, ni hablando de si están bien o mal, sí sobreexponen su privacidad en las redes...
— Justo, acabas de señalar la clave de esto. Los jóvenes de 12 y 13 años no son conscientes de que no le están hablando a un smartphone o a un ordenador, sino que están saliendo a la plaza pública y gritando a los cuatro vientos lo que están diciendo y haciendo. Se tienen que concienciar de que no es verdad que lo que escribe o cuelgan en redes sociales solo lo van a ver los que ellos quieren: Internet es una ventana casi totalmente al infinito y a la eternidad y ahí está todo lo que cuentan y enseñan.
— ¿Qué riesgos encierran?
— Hay que trabajar mucho para que los chicos y los padres estén muy bien informados. El sexting, el compartir imágenes de contenido sexual, es uno de esos riesgos, el gromming, el acoso sexual virtual a menores por parte de adultos, es otro, pero hay muchos. La clave está en que se conozcan y en que los padres estén en las redes sociales en las que están sus hijos.
— ¿Y los videojuegos?
— El juego es algo innato a los mamíferos y está tremendamente metido en la conducta del ser humano. El juego está en nuestros genes y es algo fantástico. Segundo, lo que han significado las plataformas es un cambio absoluto en la manera de jugar. De jugar al fútbol en la plaza, ahora es algo sedentario..., por tanto ahí hay unos riesgos sobre los que están insistiendo los pediatras y son reales; la parte física es indiscutible. En la parte psicológica, el videojuego es muy atractivo si tu lo controlas, pero con 11, 12 años si no se controla el tiempo, el juego puede acabar dominando. Tenemos un cerebro que tiene toda una zona dedicada al placer perfectamente programada para pedir lo máximo y cuando la dosis es exacta, pues fantástico, pero cuando ese circuito falla, por exceso, llegan los aspectos negativos: la pérdida de control, de actividades, el descuido de la alimentación, del aseo personal y por supuesto el rendimiento académico. Más irritabilidad, nula interactuación con los demás y eso ya es un trastorno definido: la adicción al juego.
— ¿Qué opinión le merece la liga de videojuegos que la Consejería de Educación intentó introducir en los institutos?
— Estuve muy atento a la respuesta que dieron los distintos colectivos y a mi me convencieron: por qué y para qué. El que los eSports se vayan o no a implantar requiere de un por qué, cuál es su sentido. Yo no soy de rasgarme las vestiduras, pero hay que razonarlo, explicarlo y, por supuestos, hay que validarlo. Y ese es el para qué, poder explicar que se ha hecho esto y hemos obtenido esto. Si el que quiere poner en marcha los eSports tiene las ideas muy claras y sabe qué mejoras va a producir, qué va a aportar a los chicos y a los colegios, que lo ponga en marcha y lo valide. Si se le encuentra sentido, se quiere probar y darle un buen uso, hágase, pero si es el negocio o el interés es particular y vamos a usar a nuestros jóvenes para lucrarnos, exactamente igual que con las apuestas online, yo me niego en rotundo.
— Las apuestas online se destapan también como un problema...
— Hay un 10% de menores que alguna vez ha hecho apuestas online, pero a mí me preocupa un pequeño porcentaje apuesta frecuentemente. Ahora es un germen, pero muy preocupante. Y el 10% ha tonteado ya en algo que, además, está prohibido para menores de 18 años... ¿y la sociedad lo permite? En esto sí que hay que ser muy estrictos.
— ¿Pero, cómo controlamos?
— Desde el punto de vista técnico no lo sé, desde el punto de vista psicológico, sí. Confianza, hablar con los chicos. Ahí está la clave.
— Las plataformas de apuestas hacen una publicidad muy agresiva ¿habría que prohibirla?
— Yo voy más allá. No le veo sentido a la publicidad. En los medios de comunicación ya no hay publicidad de tabaco o alcohol y las empresas no se han arruinado. No ha pasado nada por limitar la publicidad al máximo. Leocadio Martín, compañero mío, dijo una vez una cosa que me impacto. «¿Vemos alguna vez a Cristiano Ronaldo con un cigarrillo diciendo, ‘oh, que maravilla’? ¿eh, que no? o a Messi tomándose dos cubalibres y diciendo ‘no hay nada mejor después de un partid’, ¿verdad que no?», decía Leocadio. Nos chirriaría, verdad, pues si eso nos chirría por qué no chirría verlos apostando. Hay que prohibir totalmente la publicidad donde los menores puedan acceder.
— Los padres ven a sus hijos jugando a videojuegos, ¿pero los ven apostando, lo saben?
— Ni se lo plantean. Ni yo mismo, que estoy metido en este mundo, que soy psicólogo, no vi al principio necesario meter en la guía una pregunta sobre apuestas online, así que imagínate los padres.
— Pero para apostar hace falta, mínimo, una tarjeta de crédito...
— Sí, pero hay otras vías, con que la consigas una vez ya abres una cuenta, y luego está la escuela paralela que tienen los chicos donde se dicen prueba esto o lo otro.
— ¿Y qué hacen los padres?
— Primero, el móvil en propiedad, lo más tarde posible, a los 13 años, mejor que a los 12. Segundo, el móvil en propiedad siempre controlado, con dispinibilid absoluta por parte del adulto y que el niño no se sienta vigilado; debe ser algo natural. Y tercero, el ejemplo por parte de los padres: los adultos tenemos que transmitir a nuestros hijos que no hay ningún problema por dejar el móvil. Y, cuando hay un problema, una adicción: acudir a un profesional.
lunes, octubre 15, 2018
viernes, octubre 12, 2018
¿Veremos una campaña similar en Schamann?
Esta campaña se está realizando en Oviedo... ¿hacemos algo similar?
“Persona joven anónima. Hace ya tiempo que las casas de apuestas inundan los barrios más humildes. Seguimos viendo cómo cientos de personas contribuyen a acrecentar los beneficios de estos negocios. Este tipo de establecimientos están escapando del centro del centro urbano y se están abriendo en los barrios obreros de las ciudades: de nuestra necesidad sacan su beneficio. El futuro de los barrios y de la juventud no puede depender de este tipo de negocios, de casinos, de casas de juego, de salones de apuestas. La ludopatía no es solo un problema psicológico, es un grave problema social y familiar. No permitamos este futuro. Di no a las casas de apuestas. Fuera casinos de barrios obreros”.
“Persona joven anónima. Hace ya tiempo que las casas de apuestas inundan los barrios más humildes. Seguimos viendo cómo cientos de personas contribuyen a acrecentar los beneficios de estos negocios. Este tipo de establecimientos están escapando del centro del centro urbano y se están abriendo en los barrios obreros de las ciudades: de nuestra necesidad sacan su beneficio. El futuro de los barrios y de la juventud no puede depender de este tipo de negocios, de casinos, de casas de juego, de salones de apuestas. La ludopatía no es solo un problema psicológico, es un grave problema social y familiar. No permitamos este futuro. Di no a las casas de apuestas. Fuera casinos de barrios obreros”.
viernes, diciembre 15, 2017
Manos arriba: la Lotería es un atraco
El Estado inculca la ludopatía y la superstición del dinero celestial con una estafa institucional edulcorada con las voces angelicales de los niños de San lldefonso
Ruben Amón/EL PAÍS
Llegan este viernes los bombos de la Lotería al Teatro Real con la sugestión de un símbolo totémico. Y como si el alojamiento entre los muros del templo lírico aportara solemnidad a la estafa del Estado. Y como si los niños cantores de San Ildefonso -niños y niñas, de todas las razas, en una dramaturgia encubridora- revistieran de candor y pureza un manifiesto latrocinio institucional.
Y no aspira uno a convertirse en el señor Scrooge malogrando al prójimo la salmodia de los números mágicos ni la anestesia de la cabalística benefactora, pero conviene desengañar al ingenuo ciudadano de su hipnosis y expectativa: sépalo, no va a tocarle la lotería.
¿Y por qué no va a tocarle, si los angelotes de San Ildefonso, pulquérrimos, incapaces de robar en el cepillo, y no así en el Carrefour, están repartiendo hiperbólicamente el dinero número a número, tolva a tolva, enjaezando los euros a semejanza del maná en la tierra baldía?
No es verdad que la lotería caiga en Leganés o en Valladolid, como acostumbra a decirse en esta tentadora identificación de la ciudad y la administración que ha repartido un número. La lotería no cae muy repartida, sino muy restringida. Y la lotería no tapa agujeros. Que ese es el oficio de los enterradores. La lotería tapa los agujeros del Estado y los oídos de los telespectadores.
Mencionamos al enterrador y se nos aparece Montoro. El undertaker de una película del Oeste. El tipo facineroso y desgarbado que aprovecha el estupor los sentimientos y la fe milagrera ajenos para hacer caja. Caja decíamos. Y caja hace el 22 de diciembre, extorsionando a los poquísimos premiados -podría tratarse de figurantes- con un impuesto voraz, añadido del 20%.
Añadido porque la Lotería es en sí mismo un mecanismo recaudatorio y una gran estafa piramidal que organiza el Estado y que envuelve el propio Estado en propaganda de la esperanza, la ilusión y superstición. Nos hace soñar a los españoles como hacía soñar a los vecinos de Villar del Río en la expectativa providencial de Mr.Marshall.
Hay que reconocer al Estado la honestidad de esta edición. Y la campaña publicitaria. No lleva a equívocos. La lotería necesita un estímulo sobrenatural para hacerse carne. No toca la lotería, pero hay que fingir que lo hace. La lotería degenera pues en un juego cruel e inmoral. Un cuento de navidad.
Porque un cuento es el placebo de la Lotería. El Estado lo inculca, lo receta, lo impone, desde una posición de abuso cultural, institucional, publicitario. Y fomenta la religión de la ludopatía en un pueblo particularmente crédulo y milagrero, hasta el extremo de que el remedio a la decepción de otro año sin recompensa -la pedrea y el reintegro equivalen a la anorgasmia, a un premio de consolación vácuo- es la confianza ciega en la lotería del niño.
jueves, diciembre 22, 2016
lunes, diciembre 01, 2014
UN INFORME DEFINE LA LOTERIÁ COMO "IMPUESTO PARA TONTOS"
Fernando Rivera
Una vez al año el telediario, como excepción, deja de relatar tragedias para enseñar a personas felices saltando, llorando y brindando con champagne, contando los planes tan estupendos que tienen para su futuro inmediato.
No os creáis nada, es un anuncio.
No os creáis nada, es un anuncio.
Como boletín oficial del régimen, al telediario le toca la fácil tarea de vender uno de los filones del Estado: la lotería, también conocida como el impuesto de los tontos.
El año pasado unos caricaturescos famosos variopintos te vendían tu décimo de una manera surrealista. Algún niño todavía tiene pesadillas al imaginarse la campanilla de Raphael saliendo del televisor. Este año han apelado al miedo más directamente.
El mensaje es claro “El día que dejes de malgastar tu dinero en lotería puede tocar ese número, que te conoces de memoria por que llevas años echándolo, y todos se reirán mientras tú lloras”. Quieren que olvides todos los años en los que te has pasado horas viendo como los demás reían y tu te lamentabas de haber tirado a la basura, como poco, 20€ una vez más.
Y es que el miedo, la envidia y las promesas irreales son las mejores y más conocidas tácticas para vender.
Un año más millones de personas olvidarán sus necesidades y tirarán 20€ en una promesa vacía. Se ilusionarán durante meses, harán planes de en qué lo van a gastar, prometerán que cuando les toque la lotería harán esto y lo otro y el día que su décimo no salga premiado volverán a la amargura de no ser capaces de controlar su destino, quizá con la vista puesta en el siguiente sorteo, aplazando su ilusión, aplazando su vida.
Y es que si eliges dejar tu suerte en manos del azar, ya estás eligiendo perder.
Y es que el miedo, la envidia y las promesas irreales son las mejores y más conocidas tácticas para vender.
Un año más millones de personas olvidarán sus necesidades y tirarán 20€ en una promesa vacía. Se ilusionarán durante meses, harán planes de en qué lo van a gastar, prometerán que cuando les toque la lotería harán esto y lo otro y el día que su décimo no salga premiado volverán a la amargura de no ser capaces de controlar su destino, quizá con la vista puesta en el siguiente sorteo, aplazando su ilusión, aplazando su vida.
Y es que si eliges dejar tu suerte en manos del azar, ya estás eligiendo perder.
No te voy a aburrir diciéndote que tienes más probabilidades de que te caiga un rayo a que te toque la lotería y que por mucho que conozcas a un vecino que tiene un primo cuyo amigo de la infancia le tocaron 10 millones de pesetas en 1991, ese no va a ser tu caso, pero quiero que te plantees qué quieres hacer con tu vida y quién quieres que la decida.
La suerte no se echa, no está en un papel que emite el Estado para que pagues más impuestos, no está en una tragaperras que pone el dueño del bar para ganar más dinero con tus impulsos irracionales, no está en apuestas emocionales e imprevisibles sobre tu equipo favorito… La suerte tienes que perseguirla y ganártela. Crea situaciones en las que puedas tener suerte ¡Sal a buscarla!
La suerte no se echa, no está en un papel que emite el Estado para que pagues más impuestos, no está en una tragaperras que pone el dueño del bar para ganar más dinero con tus impulsos irracionales, no está en apuestas emocionales e imprevisibles sobre tu equipo favorito… La suerte tienes que perseguirla y ganártela. Crea situaciones en las que puedas tener suerte ¡Sal a buscarla!
Olvídate de dar el pelotazo, el dinero que no te cuesta ganar tampoco te costará nada perderlo y es muy probable que acabes peor de lo que estabas. Por eso deseo que jamás te toque la lotería, por eso me encantaría que jamás la vuelvas a echar.
Afronta tu destino, cumple los sueños que siempre has querido cumplir, deja de poner el dinero de excusa para no ser feliz. Para lo que sí que no tienes que tener dinero es para tirarlo en comprar un papel, ni aunque te sobre.
Recordad que estamos en noviembre (por mucho que quieran adelantar la navidad cada vez más), mentalizaos para 2 meses de bombardeo publicitario sobre cosas que no necesitáis, que nos os van a servir para nada y no os dejéis llevar por impulsos. Meditad cada compra y haced memoria de los mejores momentos de vuestra vida: ninguno de ellos se compró con dinero.
jueves, enero 09, 2014
viernes, diciembre 20, 2013
jueves, enero 10, 2013
SI ENTREVISTARAN A TODOS LOS PERDEDORES DE LA LOTERÍA ESTARÍAMOS VIENDO ESA IMAGEN AÑOS
DIEGO VELICIA/facebook
Ciertamente, si exigiéramos a los canales de televisión que mostraran entrevistas de 30 segundos con cada uno de los perdedores cada vez que entrevistaran a un ganador, los 100 millones de perdedores del último sorteo necesitarían nueve años y medio de su atención continua solo para verlos decir “¿Yo? Yo perdí”. “¿Yo? Yo perdí”. Ahora, si ven nueve años y medio de televisión —sin dormir ni ir al baño— y vieran pérdida tras pérdida tras pérdida, y luego al final 30 segundos de “Y yo gané”, la probabilidad de que jugaran lotería sería muy pequeña”.
El vídeo está en inglés, pero en la barra inferior, junto al botón de play y demás podéis poner subtítulos en castellano. Dura unos treinta minutos, pero es muy interesante.
Ciertamente, si exigiéramos a los canales de televisión que mostraran entrevistas de 30 segundos con cada uno de los perdedores cada vez que entrevistaran a un ganador, los 100 millones de perdedores del último sorteo necesitarían nueve años y medio de su atención continua solo para verlos decir “¿Yo? Yo perdí”. “¿Yo? Yo perdí”. Ahora, si ven nueve años y medio de televisión —sin dormir ni ir al baño— y vieran pérdida tras pérdida tras pérdida, y luego al final 30 segundos de “Y yo gané”, la probabilidad de que jugaran lotería sería muy pequeña”.
El vídeo está en inglés, pero en la barra inferior, junto al botón de play y demás podéis poner subtítulos en castellano. Dura unos treinta minutos, pero es muy interesante.
viernes, enero 04, 2013
Objetores del Gordo
Este fin de semana la familia Pérez abrirá una botella de sidra para celebrar que le ha tocado el tercer premio de la lotería de Navidad sin haber apostado ni un céntimo. Y es que se cumple el 25º aniversario desde la Navidad en que decidieron no apostar ni un duro más (entonces, el 1987, se contaba en duros) en juegos de azar y especialmente en esta rifa tan festiva y comunitaria. La decisión la tomaron al comprobar que, entre todos los miembros de la unidad familiar, cada Navidad acumulaban un centenar de décimos y participaciones de los orígenes más diversos: el trabajo, el centro juvenil, el AMPA, el fútbol, el teatro, el gimnasio, el otro fútbol, el centro cultural, el bar del desayuno, la peña bética, el otro número del bar del desayuno, el baloncesto, el baloncesto del niño, el ballet de la niña, el bar del vermú, el bar del pueblo los domingos, el teatro del pueblo los domingos, la peña bética del pueblo los domingos y todas las asociaciones culturales y recreativas de los compañeros de trabajo y todas las AMPA de todos los compañeros de centro juvenil de los niños... entre otros orígenes diversos y en expansión uniformemente acelerada.
Desde el día que decidieron declararse objetores de lotería («me lo prohíbe mi religión», argumentan para rechazar las embestidas) celebran cada ocasión en que el dinero ahorrado coincide con el importe de un premio. Así, el tercer año celebraron que se habían ahorrado un sexto premio, que se paga a 300 veces la apuesta: dividido entre cien papeletas anuales, sólo habían tardado tres años en «ganarlo». Cuando se cumplieron los diez años del inicio de la resistencia celebraron que les había tocado un cuarto premio, que se paga a mil veces la apuesta. Y este año, que es el 25, celebrarán que les ha tocado el tercer premio, que se paga a 2.500 veces la cantidad jugada. Para ganar un segundo premio tendrán que esperar un poco, porque el premio tarda 62,5 años, y el gordo no lo verán, porque tendrían que pasar 200 años, por lo que están buscando personas o familias que hayan tomado la misma determinación, por ampliar la base del cálculo. Mientras tanto, cada 22 de diciembre, cuando la radio termina la cantinela, los Pérez intercambian sonrisas mientras uno de ellos, calculadora en mano, anuncia las ganancias del año. «¡Cien participaciones ahorradas a un promedio de cinco euros la participación, quinientos euros! ¿Qué os parece que hagamos con ellos?». Y el resto de la familia aplaude con alegría festiva y comunitaria.
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