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sábado, enero 31, 2026

El piloto de Hirosima


Por María Sánchez Arias

nuevarevolucion.es

Claude Eatherly (1919-1978) fue el piloto encargado del reconocimiento climático y de escoger el objetivo para el Enola Gay que acabaría impactando sobre la ciudad japonesa de Hiroshima (1946). Se trataba de la primera bomba atómica que dejaría más de 160 000 muertos. Dos años después el joven Claude dejó las fuerzas armadas y comenzaría a trabajar en una fábrica de chocolate. A los pocos años empezó a enviar cartas con dinero a los ciudadanos de Hiroshima, así como misivas en las que se afirmaba como culpable y pedía perdón. En 1950 se intentó suicidar, pero fue hallado con vida e ingresado en el hospital militar de Waco. Al mes y medio fue dado de alta y cambió su trabajo por uno más físico en una compañía petrolífera. En 1953 falsificó un cheque por una pequeña cantidad, el veredicto fue «libertad con revisión de pena por buena conducta». Meses después atracó un banco en Dallas, pero no se llevó nada. La condena fue cuatro meses más en el hospital de Waco, pues el abogado alegó problemas mentales. Asimismo, durante todo el periodo de postguerra, se negó a recibir honores o ser laureado por sus logros militares1. Günter Anders, filósofo austriaco, se enteró de su caso, de su reclusión en un hospital psiquiátrico y de sus «problemas mentales» y decidió entablar una correspondencia con Eatherly. Esta correspondencia fue agrupada y publicada en El piloto de Hiroshima. Más allá de los límites de la conciencia.

Eatherly no estaba loco, si es que acaso se puede emplear dicho término, y mucho menos sufría una enfermedad mental. Se sentía culpable, sí, de haber matado a miles de inocentes, aunque en aquel momento, cuando seleccionaba el objetivo, no fuese consciente de lo que iba a suceder. De hecho, se podría decir que el saberse culpable revelaba una espléndida salud mental, que EEUU en pos de su campaña nuclear y de su american way of life intentaba silenciar. De esta manera, el verdadero culpable salía airoso de un genocidio e incluso era digno de alabanzas y vítores: Harry S. Truman. Truman ni siquiera se arrepintió de haber asesinado a miles de personas. Este era y es el problema. Ya nadie recuerda Hiroshima, no hay películas cada seis meses rememorando el horror y el dolor de las familias que sufrieron el impacto de la primera bomba atómica. A Truman no se le juzgó porque, como decía W. Benjamin, la historia la escriben los vencedores y no los vencidos. (...)

Tumba de Eatherly en Houston.

El caso de Eatherly demostró aquellas tesis foucaltianas: el que molesta, es incómodo al sistema acaba en una institución psiquiátrica. Instituciones que, si bien en ocasiones necesarias, velan por la salvaguarda del Estado, de los poderes y de las personas que lo representan independientemente de que estos sean responsables del asesinato o del genocidio de personas que no tenían nada que ver con un conflicto entre potencias mundiales. No obstante, nuestro silencio, nuestro negarnos a recordar, a sacar a la luz las tragedias de la historia, los asesinatos, muertes, violaciones y atentados contra la libertad de las personas nos hace, también, culpables-inocentes. Culpables porque justificándonos en nuestra incapacidad de imaginar semejantes tragedias y, en consecuencia, inocentes dejamos hacer, permitimos de manera silenciosa los mayores crímenes contra la humanidad.

viernes, mayo 03, 2024

JOSÉ ANDRÉS GALLEGO: LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA I, II, III, IV


En su libro "La doctrina social ce la Iglesia" se presentan grandes documentos de esta cuestión pero con una mirada crítica muy interesante gracias al enorme conocimiento del contexto histórico que tiene el autor. Quizá por este conocimiento y su propia libertad intelectual manifiesta muy bien la evolución de la Doctrina social De la Iglesia, así como las enormes resistencias de ella misma al avance.  

Señala algunas instituciones que tienen un gran peso en esta Doctrina como puede ser la revista La Civitá católica, o el emperador austro húngaro. También hace caer en la cuenta de la vivencia personal de los Pontífices, así como de su perspectiva histórica. 

En la primera entrevista nos referimos a los pontificados de Pio IX, León XIII y Pío X. La segunda entrevista se refiere a los pontificados de Benedicto XV,  y Pio XI y no orilla los posible errores de cada momento histórico.

La tercera entrevista, interesantísima recoge algo del tiempo de Pio XII.

La CUARTA entrevista, interesantísima recoge algo del tiempo de JUAN XXIII.

martes, septiembre 14, 2021

viernes, diciembre 25, 2020

UN DÍA DE PAZ EN MEDIO DE LA GUERRA

VERSIÓN PARA NIÑOS (pinchar aquí para versión en playmobil)

Y para mayores:

 
Y UNA PELI RECOMENDABLE:

domingo, enero 13, 2019

Negrinismo grancanario

Muchos se niegan a entender las consecuencias
internas de un PSOE dividido en todos los terrenos,
entre los cuales hay que destacar las muy
diferentes formas de vida de sus miembros
Eugenio A. Rodríguez
Protesta el articulista Rafael Álvarez porque Pérez Reverte cuenta las andanzas del hijo de Negrín por el extranjero. No cree el articulista que el personaje fuera tan derrochador. No salgo de mi perplejidad . ¡Vaya forma de negar las evidencias! Se queja en Canarias7 de que siga hablándose así de la familia Negrín con lo que ha costado la rehabilitación del famoso doctor.
A ver si aceptan ustedes la realidad: no fue el franquismo quien montó una "leyenda negra" sobre Negrín. Fueron sus compañeros, de manera casi unánime, los que criticaron sus comportamientos. Es mejor dejar tranquilos a los muertos se llamen como se llamen, miremos al futuro, aprendamos del pasado, seamos indulgentes con quienes "no sabían lo que hacían" aspirando a que hagan lo mismo con nosotros los que vengan detrás. Pero si ustedes se empeñan en hablar bien de los más tristes personajes de la historia nos obligan a contar su verdad, no porque queramos ensañarnos sino porque queremos ser mejores.
Fue quien avaló la entada de Negrín en el PSOE quien habló muy mal de él años después. Fueron muchos de sus compañeros, algunos de sus más cercanos colaboradores; algunos fueron personajes de talla moral gigantesca. Fue también Azaña, Prieto... Fue el PSOE quien le quitó el carnet. Las críticas partían de la experiencia, no de prejuicios. Se dio la gran vida mientras otros morían en el exilio. Tuvo a su alcance bienes exagerados mientras otros exiliados vivían de su trabajo. Unos en trabajos más acomodados (como el expresidente Alcalá Zamora que  era traductor en Argentina) y otros más obreros (como Cipriano Mera, albañil en París) y así un sinfín de personajes. Nadie ha explicado por qué el que ustedes pintan como gran científico no volvió a ningún trabajo ni a la actividad investigadora sin explicar por qué.
El gran archivo Negrin no deja de ser un robo. Si no lo entregó a Franco, podía entregarlo al presidente en el exilio pero no se entiende que se lo apropie. Eso significa creerse España él mismo, tanto como se lo creía Franco.
Sean ecuánimes y hablen de las cosas buenas que hizo aunque a ustedes no les gusten. Cuenten que prefería entenderse con Franco a los indepes catalanes o que no apoyó la propuesta de ley del aborto de F. Montseny. Sí, Negrín se opuso a romper España o a favorecer el aborto. Hasta en materia de libertad religiosa tuvo algún acierto.
La crítica a Negrín ha sido hecha desde la izquierda porque mientras otros pasaban hambre él se iba de cabarets ("todo incluido") a París en cocheo avión oficial. Fueron izquierdistas de verdad como Besteiro y Mera los que dieron el golpe de Estado contra su gobierno. 
No entiendo que la canariedad obligue a defender a Negrín. La verdad es la verdad. Hay que ser honesto con la historia si queremos abrir el futuro. 
Mi hipótesis sobre la defensa actual de Negrín es muy simple: ustedes defienden a Negrín porque son tan falsa izquierda como él. No quieren parecerse a ese gigante socialista que fue Besteiro, ni a ese gigante anarcosindicalista que fue Cipriano Mera. Por la sencilla razón de que Besteiro y Mera (y tantos otros) fueron pobres, fueron honestos, fueron honrados. Diferentes, muy diferentes, aunque callen las feministas con mucha voz, no solo políticamente sino también en cosas domesticas como su relación con la mujer. ¿Hay en el archivo Negrín alguna carta de amor como las de Besteiro a Dolores? De eso también habría que hablar y veríamos muchas caras atónitas por Gran Canaria.

sábado, mayo 26, 2018

martes, diciembre 26, 2017

jueves, mayo 31, 2012

DOS ACTITUDES MUY DIFERENTES EN LOS DOS PILOTOS QUE TIRARON LA BOMBA ATÓMICA


En 1956, el filósofo vienés Günther Anders inicia una correspondencia con el piloto arrepentido, loco, definitivamente extraviado, de Hiroshima. Porque hay otro: sólido, impasible, que disfruta los frutos de un triunfo de la patria, la destrucción como ofrenda extrema entregada a la nación y a sus habitantes. Nos ocuparemos del primero. Del pobre loco. Aunque no dejaremos de mencionar el ejemplo que ha dejado al mundo el otro: el que fue capaz de asumir un genocidio como la más brillante de todas sus medallas, como el más destellante presente que podía un soldado ofrecer, primero, a su Ejército, y segundo en paralelo, a su nación y a sus habitantes. Qué tanto, ¡había que ganar esa guerra!
Günther Anders era un hombre de origen judío, había luchado en la Primera Guerra Mundial, había sido discípulo de Husserl y Heidegger, compañero de estudios de Hannah Arendt y se casa con ella en 1929. Los dos huyen de Alemania. Se divorcian en 1936. Tal vez los uniera más el espanto que el amor (por citar una frase trillada). Luego de la guerra se consagra al estudio de las partes más oscuras del ente antropológico. De su visita a Auschwitz deja el siguiente, estremecedor testimonio: “Si se me pregunta en qué día me avergoncé absolutamente, responderé: en esta tarde de verano cuando en Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, de zapatos, de dentaduras postizas, de manojos de cabellos humanos, de maletas sin dueño. Porque allí tendrían que haber estado también mis anteojos, mis dientes, mis zapatos, mi maleta. Y me sentí –ya que no había sido un preso en Auschwitz porque me había salvado por casualidad– sí, me sentí un desertor”. De ahí en más desarrolla en sus textos temas ligados al tecnocapitalismo en la senda que su maestro Heidegger había marcado. Pero sin las marcas nacionalsocialistas que hieren el pensamiento del Rector Friburgo. En 1983, le otorgan el Premio Theodor Adorno, cuya importancia se conoce: no hay otro más alto en Alemania. Quien le entrega el Premio (un hombre que no acuerda con sus ideas, pero así es la democracia), dice: “Honramos aquí al filósofo Günther Anders porque él nos contradice, nos advierte constantemente, nos sacude”. Anders responde: “Soy sólo un conservador ontológico. Que trata de que el mundo se conserve para poder modificarlo”.
Claude Eatherly es uno de los pilotos que han dejado caer una de las bombas sobre Hiroshima. Vio el resplandor diabólico o místico, cuasi divino, bajo sus ojos. Cuando aterrizó, secamente le dijeron: “Mataste 200.000 personas en cinco minutos”. Nadie le había dicho eso... Eatherly no lo puede tolerar. Enloquece. Truman, en lugar de un héroe, recibe a un loco, lleno de cargas intolerables, herido por la culpa, por la autoflagelación. Lo meten en un loquero del Pentágono. Pasa ahí seis años. Queda libre. Pero para andar a la deriva. Llevando su tragedia de un lado a otro. Por fin, en Nueva Orleáns se empacha de barbitúricos buscando morir, pero lo salvan. El otro piloto es el coronel Thibbets. Es el que asume ser un héroe de guerra: “No siento ningún arrepentimiento. Soy un soldado y me dieron una orden. Cuando un soldado recibe una orden, la cumple. Si mueren 200.000 personas yo no tengo la culpa. No lo decidí y lo ignoraba”. Eatherly es culpable de, en lugar de ser un héroe, en lugar de hacerles sentir a los norteamericanos y al Ejército que ganaron esa guerra heroicamente, de angustiarse, sufrir y volverse loco. No puede vivir jamás tranquilo. ¿Cómo perdonarle eso? Entonces, ¿qué nos dice el loco de Eatherly? ¿Que todos debemos hacer eso? ¿Volvernos locos? ¡Qué locura!
Hasta que Günther Anders, el 3 de junio de 1959, le envía a Eatherly su primera carta: “El que escribe estas líneas es para usted un desconocido. Para nosotros, en cambio, para mis amigos y para mí, usted es una persona conocida. Seguimos con el corazón en un puño sus esfuerzos por salir de su desgracia (...) Como cada año, el próximo 6 de agosto la población de Hiroshima conmemora el día en que sucedió ‘aquello’. Usted podría enviar a esas personas un mensaje adecuado para tal conmemoración. Si se dirigiese a esas personas como ser humano diciéndoles: ‘En aquel momento yo no sabía lo que hacía, pero ahora sí lo sé. Y sé que jamás ha de repetirse algo similar’ (...) Lo que sería de justicia, puesto que también usted Eatherly, es una víctima de Hiroshima. Y puede que esto también fuese para usted, si no un consuelo, sí al menos un motivo de alegría. Con la expresión del afecto que siento hacia cada una de esas víctimas, le mando mis saludos”. Se entrecruzaron más de sesenta cartas de inevitable lectura.