Estamos a favor de una muerte digna. Y queremos señalar el riesgo de confundir la muerte digna con la eutanasia. Nos preguntamos si es posible una muerte digna sin haber alcanzado una vida digna. La primera tarea que debe abordar un gobierno es que todos los miembros de su sociedad alcancen una vida digna, incluida la forma de afrontar el final de la misma.
La ley en debate señala la necesidad de “respetar la autonomía y la voluntad de poner fin a la vida de quien está en una situación de enfermedad grave…” El derecho a tomar las propias decisiones es una conquista importante para la humanidad, pero está acompañada por el reconocimiento de que no podemos tomar algunas decisiones, incluso sobre nuestro propio cuerpo. Así, no podemos vender un órgano, ni convertirnos por nuestra propia voluntad en esclavos de nadie, ni tampoco gestar un bebé para venderlo a otra persona. Nuestro derecho a decidir no es absoluto.
Por otra parte, el ser humano es un ser autónomo pero está condicionado por su contexto social. El vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, afirmó en el debate de investidura que “no hay libertad si no se llega a fin de mes” y es evidente que hay elementos externos que condicionan directa o indirectamente la decisión de pedir la eutanasia o el suicidio asistido, especialmente entre los más pobres:
No hay elección libre si no existe la posibilidad de acceder a unos cuidados paliativos que alivien el sufrimiento. El 50% de la población española no tiene acceso a los mismos. ¿Qué alternativa se ofrecerá a esos enfermos si se aprueba la eutanasia y el suicidio asistido? No podrán elegir entre paliativos y eutanasia. No tendrán elección. El escaso desarrollo de los cuidados paliativos es la causa de la obstinación terapéutica de algunos médicos sin la formación ni los recursos necesarios para acompañar el final de la vida.
Los trabajadores del mundo de los cuidados (técnicos de transporte sanitario, auxiliares, cuidadores…) prestan servicios en un contexto de alta precariedad laboral: empresas subcontratadas, salarios bajos, jornadas irregulares, contratos a tiempo parcial, incluso a llamada, escasa influencia del sindicato, inestabilidad en el empleo, turnos de trabajo agotadores, etc. Esta precariedad redunda en la calidad del servicio que prestan a las personas cuidadas. Es preciso una mejora real de las condiciones laborales de los trabajadores de este sector para garantizar una asistencia profesional en condiciones adecuadas.
En nuestro país mueren más de 100 enfermos cada día con la ayuda a la dependencia ya concedida, pero aún no otorgada. El periodo medio de espera para la concesión de las ayudas es de 426 días. Un año es el periodo de espera para la concesión de una plaza en una residencia pública de ancianos.
Las familias hacen auténticos sacrificios para atender, por un lado, una situación laboral muchas veces precaria e inestable y por otro, el cuidado del familiar enfermo. Alternar la asistencia al trabajo con las visitas al hospital o el cuidado domiciliario conlleva una situación de estrés que tiene un alto riesgo de resultar una presión inconsciente sobre el enfermo.
Por último, nos preocupa el impacto que la aprobación de la eutanasia y el suicidio asistido pueden tener en la legitimación social del suicidio. El suicidio es la primera causa de muerte no natural. En la actualidad, cuando una persona amenaza con suicidarse, las administraciones públicas y la propia sociedad movilizan una serie de recursos destinados a evitarlo. ¿Qué mensaje lanza el gobierno y la sociedad a las personas que sufren al convertir el suicidio en un derecho?
Creemos que la proposición de ley de la eutanasia no debe ser aprobada y, tanto el gobierno, como el Congreso de los Diputados, deben trabajar para conseguir una vida digna para todos los ciudadanos que incluya:
- Aliviar la presión laboral sobre los familiares y cuidadores de las personas enfermas. El coste estimado de una estancia hospitalaria es de 600 euros diarios. El salario medio de los trabajadores está en torno a los 1.200 euros al mes. Que las familias tengan la opción de una excedencia remunerada en su trabajo por cuidado de familiar enfermo redundaría en la mejora del bienestar del enfermo y sus cuidadores, suponiendo un ahorro en gasto público que facilita que las empresas contraten otro trabajador, mientras dure el período de enfermedad, con bajos costes sociales.
- La tramitación urgente de la ayuda de la dependencia reduciendo los actuales plazos.
- La creación de plazas públicas en residencias sociosanitarias y hospitales de media-larga estancia que sirvan para que los enfermos sean cuidados hasta el final de su vida cuando el soporte social no existe o ha claudicado. El coste en estos centros es muy inferior al de las camas de los hospitales donde actualmente fallecen miles de estos pacientes.
- El establecimiento de una red de formación en ayuntamientos, ONG’s, asociaciones vecinales y colectivos organizados, para difundir en la sociedad los valores relacionados con el cuidado: empatía, solidaridad, compasión… desplegando el enfoque del cuidado comunitario desde la experiencia de “comunidades compasivas”, como herramienta para llevar los cuidados paliativos al entorno comunitario.
- Desarrollar redes de apoyo a enfermos y sus familias potenciando las ayudas a las asociaciones de familiares de enfermos.
- La promoción de una ley nacional de cuidados paliativos y la inclusión de la asignatura de Cuidados Paliativos en las facultades de Medicina y el resto de disciplinas dedicadas al cuidado, de manera que los futuros profesionales sepan acompañar el final de la vida y aplicar la limitación del esfuerzo terapéutico.
- El desarrollo de planes de estudio, prevención e intervención en suicidio. Sólo desde la comprensión profunda de los motivos que llevan a alguien a desear dejar de vivir, es posible la atención y el cuidado adecuados ante la desesperación que pueden provocar la enfermedad y el sufrimiento.
La inmensa mayoría de la sociedad desea aliviar el sufrimiento del enfermo y su familia. Muchas son las medidas que se deberían aplicar desde el gobierno para aliviar el sufrimiento de tantos, antes de aprobar la eutanasia y el suicidio como salida. La preservación y dignificación de la vida “en la vida” debe ser el objetivo de una sociedad progresista y humanista. El gobierno y toda la sociedad cuenta con nosotros para ello.






