Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
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martes, septiembre 22, 2026
jueves, septiembre 10, 2026
PERSECUCIÓN integrista AL CARDENAL VICTOR MANUEL FERNÁNDEZ
Hay mensajes de gente muy leída, que investiga y hurga para seguir en sus barricadas integristas.
Para entender mejor:
El cardenal Victor Manuel Fernández era y es un gran teólogo, respetuoso de la tradición pero también dinámico y abierto a los signos de los tiempos.
Y
viernes, julio 17, 2026
Aitor Esteban a Reciclaje de Beaterías
Para beatería la del nacionalismo.
Hoy envíamos al reciclaje de Beaterías una opinión de Aitor Esteban
Ofrecemos una reflexión de Julián Gómez del Castillo en facebook:
TENDERETE, CHARANGA Y PANDERETA ... CON CORRUPCIÓN
LOS PROFESIONALES DE LA DIVISIÓN Y LA SEPARACIÓN SIGUEN MOSTRÁNDOSE COMO ADOLESCENTES CON PROBLEMAS DE AUTOESTIMA.
RESULTADO: FRASES ESTÚPIDAS Y SIN SENTIDO DEMOSTRANDO SU INCAPACIDAD PARA LA EMPATÍA.
ESO SI, AÑOS Y AÑOS Y AÑOS COBRANDO SUELDO ASTRONÓMICO PAGADO POR LOS ESPAÑOLES TODOS, LOS DE LAS VASCONGADAS Y LOS DEL RESTO DE ESPAÑA.
SEGUIMOS ESPERANDO QUE EL SEÑOR ESTEBAN PIDA AL MINISTERIO DE LA S.S. QUE LOS ESPAÑOLES DE FUERA DE LAS VASCONGADAS DEJEMOS DE PAGAR LAS PENSIONES DE LOS JUBILADOS VASCOS, QUE PARA ESO TIENEN EL CUPONAZO VASCO.
¡¡¡ÁNIMO ESTEBAN!!!
jueves, noviembre 13, 2025
El espejismo del retorno religioso: nostalgia clerical, liturgias pop y misticismo de elites.
Guillermo Jesús Kowalski/religiondigital.com
Hay fenómenos con sensibilidad espiritual como lux de Rosalía, el simbolismo del film Los domingos o los masivos conciertos juveniles de Hakuna— que indican que lo religioso conserva una fuerza estética y simbólica en la cultura. Pero esto no significa necesariamente una vuelta a la fe eclesial. Más bien evidencia que el anhelo de profundidad sigue vivo, aunque no encuentre un cauce institucional claro.
Muchos prelados, sin embargo, interpretan estos signos como confirmación de que la Iglesia está recuperando su centralidad social perdida. Pero es una nostalgia engañosa. Se corre el riesgo de confundir un destello cultural con un renacimiento religioso, de ver en cada guiño espiritual un retorno a la “religión de antes”, que "tapa" las incómodas heridas provocadas por la Iglesia, que todavía supuran: imposición violenta de la religión, abusos encubiertos, clericalismo estructural, descarte de mujeres y sacerdotes casados, etc.
La cultura -con sus poetas, músicos y narrativas cinematográficas- está planteando preguntas espirituales, pero no necesariamente está buscando los pastores de siempre con sus respuestas prefabricadas. Dorothee Sölle lo expresó con lucidez: “Cuando la religión institucional deja de hablar el lenguaje del sufrimiento, los artistas y los marginados lo hablan en su lugar.”
La tarea pastoral entonces no consiste en “adueñarse” de estos fenómenos, ni en utilizarlos como marketing proselitista, sino en escucharlos, discernir y aprender. En preguntarse por qué las nuevas generaciones buscan espiritualidad fuera de la religión instituida. Y en asumir que la Iglesia debe convertirse en un espacio donde la sed humana de justicia, belleza y compasión encuentre hogar.
El revival neocon: mística sin conflicto y fe sin pobres
Entre los sucesos más celebrados están Hakuna y movimientos similares. Sus adoraciones luminosas, su estética cuidada, sus cantos de sensibilidad afectiva y disciplina juvenil brindan una imagen atractiva para quienes anhelan ver iglesias llenas de jóvenes “alegres en la fe”. Sin embargo, estos grupos plantean desafíos teológicos y pastorales que no deben ocultarse bajo la alfombra del triunfalismo.
La espiritualidad que proponen es intensa pero políticamente aséptica: mucho brillo, poca carne; mucha emoción, poca compasión estructural. Una fe desconectada del sufrimiento del mundo corre el riesgo de transformarse en mero bienestar religioso, en un refugio emocional que evita preguntas radicales sobre justicia, desigualdad, migración, violencia o pobreza.
Metz definió esta tentación con claridad: “Religión burguesa del sentimiento”, capaz de consolar pero no de transformar. Y Sölle fue aún más incisiva: “Cuando la mística olvida el sufrimiento ajeno, se convierte en narcisismo espiritual”.
Este tipo de revival de -la fe como “experiencia” emocional para jóvenes de clases acomodadas- corre el riesgo de convertirse en la banda sonora religiosa de su statu quo. Es una fe amable, luminosa, pero desencarnada; con lágrimas sinceras, pero sin memoria del sufrimiento; con guitarras, pero sin margen para los crucificados de la historia.
Por eso la Iglesia no puede celebrar estos movimientos como ovejas que vuelven al redil institucional. Más bien debe acompañarlos para que sus búsquedas espirituales se encarnen, tomen conciencia de sus sesgos de clase, se abran al dolor del mundo, abracen a migrantes, mujeres excluidas, pobres y descartados.
El desafío pastoral es profundo: ayudar a transformar una mística de consumo en una espiritualidad de compasión; pasar de las lágrimas ante el Santísimo a las lágrimas compartidas con los crucificados contemporáneos.
El discernimiento: escuchar al mundo antes que celebrarse a sí misma
La tentación clericalista más persistente consiste en interpretar todo fenómeno espiritual como una oportunidad para “recuperar fieles”, “volver a llenar los templos”, “reconquistar influencia” o “restaurar la religión de antes”. Pero la fe cristiana nunca fue una empresa de clientes espirituales. Es acontecimiento, no marketing. Es compasión, no prestigio. Es servicio, no poder.
Zygmunt Bauman definió este proyecto restauracionista como “retrotopía sacralizada”: el intento nostálgico de reconstruir un mundo que el Espíritu ya desmontó.
Por eso la Iglesia debe renunciar a la interpretación triunfalista de estos fenómenos y adoptar una escucha más humilde. En vez de ver en ellos un regreso de la religión institucional, debe preguntarse qué está diciendo el Espíritu a través de la cultura, qué voces emergen en las periferias, qué reclaman los jóvenes, qué heridas necesitan ser cuidadas. Metz decía: “El futuro de la fe no depende de su triunfo, sino de su compasión”.
Y Francisco lo amplía desde una clave pastoral imprescindible: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir que enferma por encerrarse.” (Evangelii Gaudium, 49)
La tentación clericalista más persistente consiste en interpretar todo fenómeno espiritual como una oportunidad para “recuperar fieles”, “volver a llenar los templos”, “reconquistar influencia” o “restaurar la religión de antes”. Pero la fe cristiana nunca fue una empresa de clientes espirituales. Es acontecimiento, no marketing. Es compasión, no prestigio. Es servicio, no poder.
Zygmunt Bauman definió este proyecto restauracionista como “retrotopía sacralizada”: el intento nostálgico de reconstruir un mundo que el Espíritu ya desmontó.
Por eso la Iglesia debe renunciar a la interpretación triunfalista de estos fenómenos y adoptar una escucha más humilde. En vez de ver en ellos un regreso de la religión institucional, debe preguntarse qué está diciendo el Espíritu a través de la cultura, qué voces emergen en las periferias, qué reclaman los jóvenes, qué heridas necesitan ser cuidadas. Metz decía: “El futuro de la fe no depende de su triunfo, sino de su compasión”.
Y Francisco lo amplía desde una clave pastoral imprescindible: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir que enferma por encerrarse.” (Evangelii Gaudium, 49)
La Iglesia debe escuchar. Necesita dejarse evangelizar por la sed espiritual del mundo actual, por sus luchas sociales, por sus movimientos de justicia, por la voz de mujeres silenciadas, víctimas invisibles de estructuras eclesiales y sociales. El Espíritu, decía Francisco, “llega antes que nosotros a las plazas”, para que no creamos que somos sus dueños.
Estos fenómenos contemporáneos no son un test para medir la salud del catolicismo, ni son la tabla de salvación de la Iglesia. Son llamadas, grietas, susurros. Son el recordatorio de que el mundo sigue buscando. Y la pregunta decisiva es si la Iglesia será capaz de acompañar esa búsqueda con humildad y compasión, o si preferirá reclutarla para un proyecto de restauración identitaria que no conduce al Reino de Dios.
Estos fenómenos contemporáneos no son un test para medir la salud del catolicismo, ni son la tabla de salvación de la Iglesia. Son llamadas, grietas, susurros. Son el recordatorio de que el mundo sigue buscando. Y la pregunta decisiva es si la Iglesia será capaz de acompañar esa búsqueda con humildad y compasión, o si preferirá reclutarla para un proyecto de restauración identitaria que no conduce al Reino de Dios.
Conclusión: un camino de esperanza — aprender, escuchar, encarnarse
La esperanza no es celebrar “retornos” religiosos que tal vez no existen, ni en instrumentalizar fenómenos culturales para reforzar un clericalismo moribundo. La esperanza nace allí donde la Iglesia se atreve a escuchar sin miedo, a discernir sin triunfalismo y acompañar sin controlar.
Fenómenos, entre muchos otros, como Rosalía, Los domingos o Hakuna no son la tierra prometida para reivindicar el poder perdido, sino oportunidades para abrir los ojos. Son señales de que el alma humana sigue buscando algo más, aunque sea en claves ambiguas o fragmentarias. Y también son reclamos a la propia Iglesia: a purificar su historia, a reconocer sus sombras, a abandonar la retrotopía sacralizada de la religión “de antes”, a renunciar al proselitismo superficial que tantas víctimas ha dejado.
El criterio final del discernimiento no puede ser la estética ni la cantidad de fieles, sino aquello que Jesús mostró como signo más claro del Reino: la compasión y la justicia, el cuidado de los descartados, la cercanía con los migrantes, con las mujeres excluidas, con los rotos del sistema —incluyendo los rotos que la Iglesia produce dentro de sí misma.
Metz nos recuerda que no hay fe sin memoria del sufrimiento. Francisco insiste en una Iglesia que se ensucie en las periferias. Sölle clama contra la mística sin carne. Gutiérrez nos grita desde los pobres que “la teología nace del clamor de los oprimidos, no del aplauso de los poderosos”.”
Por eso el futuro de la fe no pasa por reproducir viejas formas religiosas ni por coronar nuevos festivales devocionales. Pasa por caminar con humanidad, por escuchar donde el Espíritu habla hoy, por acompañar con ternura las búsquedas espirituales de nuestro tiempo sin domesticarlas ni utilizarlas.
La esperanza no es celebrar “retornos” religiosos que tal vez no existen, ni en instrumentalizar fenómenos culturales para reforzar un clericalismo moribundo. La esperanza nace allí donde la Iglesia se atreve a escuchar sin miedo, a discernir sin triunfalismo y acompañar sin controlar.
Fenómenos, entre muchos otros, como Rosalía, Los domingos o Hakuna no son la tierra prometida para reivindicar el poder perdido, sino oportunidades para abrir los ojos. Son señales de que el alma humana sigue buscando algo más, aunque sea en claves ambiguas o fragmentarias. Y también son reclamos a la propia Iglesia: a purificar su historia, a reconocer sus sombras, a abandonar la retrotopía sacralizada de la religión “de antes”, a renunciar al proselitismo superficial que tantas víctimas ha dejado.
El criterio final del discernimiento no puede ser la estética ni la cantidad de fieles, sino aquello que Jesús mostró como signo más claro del Reino: la compasión y la justicia, el cuidado de los descartados, la cercanía con los migrantes, con las mujeres excluidas, con los rotos del sistema —incluyendo los rotos que la Iglesia produce dentro de sí misma.
Metz nos recuerda que no hay fe sin memoria del sufrimiento. Francisco insiste en una Iglesia que se ensucie en las periferias. Sölle clama contra la mística sin carne. Gutiérrez nos grita desde los pobres que “la teología nace del clamor de los oprimidos, no del aplauso de los poderosos”.”
Por eso el futuro de la fe no pasa por reproducir viejas formas religiosas ni por coronar nuevos festivales devocionales. Pasa por caminar con humanidad, por escuchar donde el Espíritu habla hoy, por acompañar con ternura las búsquedas espirituales de nuestro tiempo sin domesticarlas ni utilizarlas.
Y, sobre todo, pasa por encarnar el Evangelio donde siempre comienza: junto a los crucificados. Allí —y no en los trending topics religiosos— el Reino de Dios sigue abriéndose camino.
poliedroyperiferia@gmail.com
Bibliografía fundamental
Papa Francisco: Evangelii Gaudium, 2013. Contra el clericalismo, el triunfalismo pastoral y la Iglesia autorreferencial. Fratelli Tutti, 2020. Enfatiza el “nosotros” inclusivo frente al individualismo espiritual. Christus Vivit, 2019. Importante para leer críticamente los movimientos juveniles. Laudato Si', 2015. Espiritualidad de justicia social unida a la justicia ecológica.
Teología política, memoria y sufrimiento: Metz, Johann Baptist. Memoria passionis, 2007 (ed. original 1977). Obra clave para comprender la crítica a una religión sin memoria del sufrimiento. Metz, Johann Baptist. La fe en la historia y la sociedad, 1979. Fundamenta la necesidad de una fe históricamente responsable. Gutiérrez, Gustavo. Teología de la liberación, 1972. Base para la comprensión del vínculo entre fe, justicia y opción por los pobres. Gutiérrez, Gustavo. Beber en su propio pozo, 1983. Sobre la espiritualidad que brota del compromiso con los oprimidos. Sobrino, Jon. Jesucristo liberador, 1991. Profundiza en la centralidad del crucificado en la fe cristiana. Boff, Leonardo. Iglesia, carisma y poder, 1984. Crítica al clericalismo y a la estructura piramidal de la Iglesia.
Mística crítica y teologías de la resistencia: Sölle, Dorothee. Mística y resistencia, 1997. Obra imprescindible para la crítica a las espiritualidades evasivas. Lash, Nicholas. Theology on the Way to Emmaus, 1986. Sobre el discernimiento comunitario en medio de crisis culturales.
Crítica sociológica a la “retrotopía” religiosa y al triunfo del espectáculo: Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida, 2000. Sobre la inestabilidad y volatilidad de la vida moderna. Retrotopía. 2017. Analiza el deseo contemporáneo de volver a modelos idealizados del pasado. Bauman, Zygmunt. Vidas de consumo. 2007. Sobre la conversión de experiencias humanas en productos emocionales. Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. 1983. Clave para entender el trasfondo de espiritualidades sin densidad social.
Teología pastoral y crítica al clericalismo: Castillo, José María. La humanidad de Jesús, 2011. Para entender la fe desde la compasión y no desde el poder. Martini, Carlo Maria. Conversaciones nocturnas en Jerusalén, 2008. Sobre las crisis de credibilidad eclesial. Scannone, Juan Carlos. La teología del pueblo, 2013. Marco interpretativo para leer la religiosidad popular sin instrumentalizarla.
Abusos estructurales y credibilidad eclesial: Doyle, Thomas; Wall, Patrick; Dominic, Thomas. Sex, Priests, and Secret Codes, 2006. Sobre los mecanismos institucionales que permitieron el encubrimiento. Faggioli, Massimo. Catolicismo y ciudadanía, 2017. Para comprender los desafíos de la Iglesia en la esfera pública actual.Kepel, Gilles. La revancha de Dios, 1991. Aunque anterior, ilumina ciclos de “revival religioso” en clave crítica. Hervieu-Léger, Danièle. La religión, hilo de memoria, 2005. Fundamental para interpretar las espiritualidades líquidas.
poliedroyperiferia@gmail.com
Bibliografía fundamental
Papa Francisco: Evangelii Gaudium, 2013. Contra el clericalismo, el triunfalismo pastoral y la Iglesia autorreferencial. Fratelli Tutti, 2020. Enfatiza el “nosotros” inclusivo frente al individualismo espiritual. Christus Vivit, 2019. Importante para leer críticamente los movimientos juveniles. Laudato Si', 2015. Espiritualidad de justicia social unida a la justicia ecológica.
Teología política, memoria y sufrimiento: Metz, Johann Baptist. Memoria passionis, 2007 (ed. original 1977). Obra clave para comprender la crítica a una religión sin memoria del sufrimiento. Metz, Johann Baptist. La fe en la historia y la sociedad, 1979. Fundamenta la necesidad de una fe históricamente responsable. Gutiérrez, Gustavo. Teología de la liberación, 1972. Base para la comprensión del vínculo entre fe, justicia y opción por los pobres. Gutiérrez, Gustavo. Beber en su propio pozo, 1983. Sobre la espiritualidad que brota del compromiso con los oprimidos. Sobrino, Jon. Jesucristo liberador, 1991. Profundiza en la centralidad del crucificado en la fe cristiana. Boff, Leonardo. Iglesia, carisma y poder, 1984. Crítica al clericalismo y a la estructura piramidal de la Iglesia.
Mística crítica y teologías de la resistencia: Sölle, Dorothee. Mística y resistencia, 1997. Obra imprescindible para la crítica a las espiritualidades evasivas. Lash, Nicholas. Theology on the Way to Emmaus, 1986. Sobre el discernimiento comunitario en medio de crisis culturales.
Crítica sociológica a la “retrotopía” religiosa y al triunfo del espectáculo: Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida, 2000. Sobre la inestabilidad y volatilidad de la vida moderna. Retrotopía. 2017. Analiza el deseo contemporáneo de volver a modelos idealizados del pasado. Bauman, Zygmunt. Vidas de consumo. 2007. Sobre la conversión de experiencias humanas en productos emocionales. Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. 1983. Clave para entender el trasfondo de espiritualidades sin densidad social.
Teología pastoral y crítica al clericalismo: Castillo, José María. La humanidad de Jesús, 2011. Para entender la fe desde la compasión y no desde el poder. Martini, Carlo Maria. Conversaciones nocturnas en Jerusalén, 2008. Sobre las crisis de credibilidad eclesial. Scannone, Juan Carlos. La teología del pueblo, 2013. Marco interpretativo para leer la religiosidad popular sin instrumentalizarla.
Abusos estructurales y credibilidad eclesial: Doyle, Thomas; Wall, Patrick; Dominic, Thomas. Sex, Priests, and Secret Codes, 2006. Sobre los mecanismos institucionales que permitieron el encubrimiento. Faggioli, Massimo. Catolicismo y ciudadanía, 2017. Para comprender los desafíos de la Iglesia en la esfera pública actual.Kepel, Gilles. La revancha de Dios, 1991. Aunque anterior, ilumina ciclos de “revival religioso” en clave crítica. Hervieu-Léger, Danièle. La religión, hilo de memoria, 2005. Fundamental para interpretar las espiritualidades líquidas.
lunes, junio 02, 2025
BAJA UNA IMAGEN. ATENTOS A TODA LA REALIDAD:
Juan María Mena/La Provincia 28.5.25
Una vez más la imagen de la Virgen del Pino pondrá en camino a miles de grancanarios. Ojalá sea un camino sobre todo interior para una salida cualificada por el compromiso social-solidario y evangelizador.
Muchos observadores externos (con cierta distancia de la Iglesia) coincidirán con no pocos observadores internos que buscan una lectura más profunda del acontecimiento: todo parece algo excesivo. Excesivo incluso desde la sencillez y humildad que los creyentes vemos en María de Nazaret, ni reina ni señora, más bien esclava y servidora. Indudablemente suscitará reafirmación entre los cristianos no católicos por su fuerte resonancia poco ecuménica, más motivos para sus argumentos. Tal vez procedía hacer algo más discreto que generara menos molestias a los ciudadanos, incluso más respetuoso con la aconfesionalidad del estado: no se justifica tanta recepción de la imagen por las autoridades, más lucimiento de ambas partes que otra cosa.
Sin duda, habrá mucha emoción, incluso demasiada y hasta frutos positivos, solo Dios los puede contar. Ello no impide afirmar que cuando no hay raíces cristianas profundas, la religiosidad popular se emparenta más con el paganismo y el folclorismo que con una auténtica religiosidad. Cuando las hay, casi sobran muchos de los excesos y pompas: el creyente no los precisa, incluso le estorban, atufan a mundanidad espiritual y a populismo pastoral: dando al pueblo no lo que necesita, sino lo que le agrada, entreteniéndolo con expresiones que no favorecen su madurez cristiana, en seguida bautizadas y compensadas con otros elementos más aparentes.
Si se requiere esa compensación, se reconoce indirectamente esa descompensación que también en el fondo se potencia. La tentación del éxito mundano reaparece en distintas formas, desde que el mismo Nazareno fue tentado en el desierto. Aparece más deslumbrante que la fidelidad y la lucidez profética, siempre psicológicamente más dulce y gratificante.
Dado el fuerte cultivo, la irrestricta apuesta tantas veces por estas formas de religiosidad popular que producen tan pírricos frutos, extraña tanta perseverancia. Otros proyectos evangelizadores se habrían abandonado con mucha facilidad vista su nula eficacia. En este caso, se valora bastante el aplauso de los números, de la muchedumbre, que parecen reavivar ciertos rescoldos de mentalidad de cristiandad. La cristiandad ya fue felizmente enterrada por muchas evoluciones sociales y sensatas reflexiones teológicas y pastorales, pero sigue atrayendo a los nostálgicos que huyen de la intemperie de la sociedad materialista y secularizada, inmersa en un ateísmo práctico mayoritario.
El jubileo bíblico nos provoca estar más atentos a toda la realidad social y política que vivimos, más rico en posibilidades y significados: devolución de la tierra a los pobres, liberación de las esclavitudes, perdón de las deudas, cuidado de la tierra, un año de gracia que mira sobre todo a los excluidos y castigados por la sociedad del descarte. Al fin y al cabo, María lo cantó y vivió en primera persona reconociendo al Dios que enaltece a los humildes y derriba a los poderosos de sus tronos. Que la bajada de la imagen de la Virgen del Pino -no de la Virgen, como tristemente se dice demasiado, con una expresión más imprudente que inocente, porque el lenguaje crea mentalidades- nos acerque a estos frutos.
miércoles, febrero 28, 2024
jueves, febrero 08, 2024
PERO ¿NO ESTÁBAMOS EN UNA SOCIEDAD SECULARIZADA? - Reciclaje de beaterías
Me sorprende lo poco secularizada que está la sociedad que se demoniza como "secularizada" en tantos informes de matriz eclesiástica. Llevo oyéndolo muchos años.
Normalmente hacemos esos análisis porque lo que tradicionalmente se llama "religioso" está menos presente: menos bodas, bautismos, etc. Esos análisis parten de la realidad, pero quizá sea una mirada parcial.
Muchas personas se sorprenden con agrado ante cualquier manifestación explícitamente religiosa, aunquei tenga poca autenticidad. Este es el caso a mi juicio. No sé que gana la evangelización con estos actos tan "externos", tan mezclados con el consumismo, tan poco preñados de vida cristiana real
Me sorprende que EL DEBATE recoja la noticia sin más:
viernes, febrero 02, 2024
La adoración eucarística invita a “consentir a Dios”, no a “sentir a Dios”. (Beaterías a reciclaje)
Marcos Torres Fernández
https://omnesmag.com/recursos/la-adoracion-eucaristica/
La adoración eucarística se emplea a veces como medio para fines de promoción de la pastoral juvenil, de respuesta a necesidades intimistas, o buscando efectos milagrosos, etc. Este artículo propone algunas coordenadas para evaluar prácticas pastorales que, bajo apariencia de un bien espiritual, pueden resultar poco convenientes para la experiencia fructuosa de la fe en nuestras comunidades.
https://omnesmag.com/recursos/la-adoracion-eucaristica/
La adoración eucarística se emplea a veces como medio para fines de promoción de la pastoral juvenil, de respuesta a necesidades intimistas, o buscando efectos milagrosos, etc. Este artículo propone algunas coordenadas para evaluar prácticas pastorales que, bajo apariencia de un bien espiritual, pueden resultar poco convenientes para la experiencia fructuosa de la fe en nuestras comunidades.
En la Misa matutina del lunes 5 de febrero de 2018, el Papa Francisco exhortaba a un pequeño grupo de sacerdotes recién nombrados párrocos. ¿Qué consejo les dio el Romano Pontífice al inicio de su oficio pastoral? El Papa se expresó así: “Enseñad al pueblo a adorar en silencio”, para que “así aprendan desde ahora qué haremos todos allí, cuando por la gracia de Dios lleguemos al cielo”. Un camino, el de la adoración, duro y fatigoso como el del pueblo de Israel por el desierto. “Tantas veces pienso que nosotros no enseñamos a nuestro pueblo a adorar. Sí, les enseñamos a rezar, a cantar, a alabar a Dios, pero a adorar…”. La oración de adoración, dijo el Papa, “nos aniquila sin aniquilarnos: en el aniquilamiento de la adoración nos da nobleza y grandeza”.
Sin duda alguna, los que somos pastores del pueblo de Dios llevamos muy dentro del corazón el deseo de que nuestros fieles amen cada vez más a Jesucristo en la Eucaristía, haciendo de ella el centro de la vida parroquial y de nuestras comunidades de fe. La adoración es, además, condición para comulgar adecuadamente, como enseñaba san Agustín, y que es continuación natural del misterio y de la presencia real de Cristo en el sacramento.
En este sentido, los pastores del rebaño de Cristo debemos procurar una celebración no sólo bella y significativa, sino también respetuosa y acorde con la verdad de la fe y la disciplina de la Iglesia, que busca cuidarla adecuadamente.
En los últimos decenios, gracias al magisterio de los últimos Papas y a la labor incansable de innumerables sacerdotes anónimos, la adoración eucarística no sólo ha experimentado una recuperación justa, sino una popularidad beneficiosa para la vida espiritual de los cristianos.
Igualmente, este deseo y fervor eucarístico no siempre ha ido acompañado del discernimiento necesario, observándose en no pocas ocasiones errores, omisiones o incluso abusos litúrgicos, que muchas veces no se deben a una mala intención sino a una deficiente formación teológico-litúrgica de algunos agentes de pastoral.
Este artículo querría proponer algunas coordenadas para evaluar posibles prácticas pastorales que, bajo apariencia de un bien espiritual, pueden resultar poco convenientes para una verdadera y fructuosa experiencia de la fe en nuestras comunidades.
La exposición del Santísimo
En primer lugar, es bueno recordar que gracias a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la adoración eucarística ha dejado de ser una simple práctica de devoción eucarística, para convertirse en una celebración litúrgica de pleno derecho.
Como celebración litúrgica, implica un ritual, una asamblea litúrgicamente constituida, una normativa litúrgica y unas orientaciones pastorales propias. Por ello, el marco imprescindible de referencia es el “Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto fuera a la Eucaristía fuera de la Misa”.
Los ministros deben celebrar la exposición del Santísimo según la ritualidad establecida, tal y como hacen cuando celebran cualquiera de los otros sacramentos o sacramentales. Bien es cierto que el actual ritual es bastante flexible a la hora de celebrar la exposición, siempre y cuando se respete el mínimo indicado. Ahora nos referiremos a algunas prácticas que se han extendido, pero que en su ritualidad y significado no concuerdan con lo que la Iglesia enseña en su liturgia y en la historia del dogma eucarístico.
Por un lado, es importante no romper el estrecho vínculo litúrgico-teológico existente entre la exposición de la Eucaristía y su celebración. La primera nace y se entiende desde la segunda. De hecho, la Iglesia entiende la adoración eucarística como prolongación de la Comunión sacramental, o como medio para una preparación adecuada a ella.
Afirma el Ritual: “Permaneciendo ante Cristo […] fomentan las disposiciones debidas que les permiten celebrar con la devoción conveniente el memorial del Señor y recibir frecuentemente el pan que nos ha dado el Padre”. Por eso es importante educar a los fieles para que la adoración eucarística no llegue a comprenderse como un sustitutivo de la Comunión sacramental, o como una forma de “comunión” fácil o más sensitiva que la sacramental.
También debido a este vínculo entre exposición y sacrificio, la Iglesia no permite exponer el Santísimo Sacramento fuera del altar, y menos aún, en un lugar que no sea una iglesia. Solo en el caso de que la exposición sea prolongada puede colocarse la custodia en un expositorio elevado, siempre y cuando esté cerca del altar.
Ni la montaña, ni la playa, ni una casa particular, ni un jardín, ni un autocar, ni una barca en el mar de Galilea son lugares donde dar culto digno a Dios sacramentado, tal y como la Iglesia nos recuerda constantemente en sus documentos magisteriales, litúrgicos y canónicos tras la reforma del Concilio Vaticano II. En este sentido, tampoco está permitido que el Santísimo esté expuesto a solas, sin una asamblea litúrgica presente que esté rezando en adoración.
Por otro lado, la Iglesia ha enseñado durante siglos que la exposición del Santísimo tiene como finalidad única y primordial tributar adoración pública a Cristo en la Eucaristía, confesando rectamente la fe en la presencia real y desagraviando las ofensas que Dios pueda recibir, especialmente contra las mismas especies eucarísticas.
En este sentido, se hace cada vez más necesario un profundo discernimiento de la autoridad eclesiástica para velar por este fin cultual (latréutico) de la celebración de la exposición. De manera cada vez más frecuente se observa el uso de esta celebración (la exposición y adoración) como método de evangelización, como medio de aglutinar y promocionar la pastoral juvenil, como recurso para responder a las necesidades intimistas y emotivas de algunos perfiles espirituales o incluso como instrumentalización casi supersticiosa, pretendiendo del sacramento poderes o efectos milagrosos. En la adoración, la Iglesia nos enseña a confesar la verdad de la fe eucarística, el abandono en la voluntad de Dios, el silencio y la alabanza sencilla. En la adoración, la tradición litúrgica nos invita a “consentir a Dios”, no a “sentir a Dios”.
La consideración y el reconocimiento de la exposición del Santísimo como una verdadera celebración litúrgica, cuyo centro es Cristo que preside la asamblea eclesial, debe ayudarnos también a evitar manifestaciones rituales o espirituales que reducen este carácter de “cuerpo eclesial”.
Actualmente, nuestras comunidades no viven fuera de la cultura individualista y emotivista occidental, ni de la cada vez más fuerte influencia de la espiritualidad y ritualidad propia de grupos y comunidades evangélicas y pentecostales que no entienden las realidades sacramentales.
Tal y como nos enseña la Iglesia, la presencia de Cristo en la Eucaristía es sacramental y sustancial. Esto implica por un lado, que su presencia real no se da sin el signo sensible, que en este caso son las especies de pan y vino. Todo debilitarse el signo de pan y vino implica un ocultar la verdad del sacramento que es el mismo Cristo.
Ciertas celebraciones que se asemejan a “performances litúrgico-festivas” porque iluminan, encuadran, decoran o transforman las especies de pan y vino para generar un impacto sensible, desvirtúan el modo de presencia de Cristo en el sacramento. Igualmente, presentar la presencia de Cristo como si fuera algo más que sustancial hace difícil que nuestra relación eucarística con Él sea verdadera y fructuosa. Su presencia no es corporal, pues Cristo está en el cielo, sino sacramental. Pongamos algunos ejemplos.
La presencia sacramental y sustancial del Señor implica que no podemos entenderla en términos fisicistas, como parece que empieza a vivirse en algunos ambientes eclesiales.
En este sentido, un fiel no comulga más a Dios porque consuma más cantidad de pan consagrado (accidente cantidad), ni tampoco porque consuma de la forma del sacerdote (accidente cualidad). Igualmente, Dios no está más cerca de mí porque me acerquen el copón o la custodia, ni Dios me bendice más porque el sacerdote me bendiga a mí solo con la custodia (accidente lugar).
La fe de la Iglesia nos enseña que el único efecto que puede provocar esta práctica (reprobable) es la de excitar la sensibilidad subjetiva.
Son costumbres que no reflejan la fe verdadera de la Iglesia. En efecto, Cristo en las especies eucarísticas ni se mueve, ni se pasea físicamente, ni está físicamente delante o cerca de mí. Su presencia es solamente sustancial y no está sometida a ese tipo de cambios.
La fe nos enseña que los accidentes (locativo, cuantitativo, cualitativo) de Cristo están en el cielo. Por lo tanto, como decimos, Cristo no “me bendice” más y mejor, o más cerca o más lejos por desplazar la custodia, bendecir individualmente o exponer al Señor en cualquier lugar, como para simular que está fisicamente presente como en las escenas del Evangelio. La bendición es del ministro sagrado, y la bendición es sobre la asamblea litúrgica en su conjunto, como cuerpo de Cristo que es. Otra práctica insinuaría una comunión más plena con Cristo que la sacramental al comulgar en gracia de Dios. La preocupación de la Iglesia por una adecuada compresión de la presencia real lleva a que estas prácticas estén expresamente prohibidas, por contradecir las rúbricas establecidas en el ritual.
Celebraciones a través de la televisión
Igualmente, tampoco Cristo está presente ante mí, o me bendicen con Él, si veo una retransmisión por televisión o por internet. Lo que el fiel tiene delante no es el Señor, sino solo una pantalla, ante la que no corresponde arrodillarse ni pensar que nos bendice.
No hay sacramento ni celebración sacramental en el televidente, y solo hay una unión espiritual con la celebración que se visualiza si es en directo. Por otra parte, la única bendición a distancia que existe, y no necesita de YouTube, es la bendición “Urbi et Orbi”, que es un sacramental de la Iglesia referido solo al oficio del Romano Pontífice. Cualquier otro tipo de bendición retransmitida, más aún si pretende ser eucarística, no es en realidad bendición alguna. Es encomiable en este sentido, el esfuerzo de todos los pastores de la Iglesia para explicar bien a los fieles que una retransmisión litúrgica en directo no es participación en ella, sino solo un medio de carácter devocional para paliar la imposibilidad de asistir a ella, y para unirse con ella mentalmente. Otro modo de plantearlo supondría debilitar en sus fundamentos la misma realidad sacramental, y debilitar la importancia y necesidad de la Comunión a los enfermos y personas mayores.
Las procesiones con el Santísimo Sacramento
Por último, hemos de recordar que el culto eucarístico en la historia de la Iglesia se ha hecho solemne y público para confesar pública y solemnemente la presencia real de Cristo: bien porque se pone en duda, o bien porque sacrílegamente se ha atentado contra las mismas especies sagradas.
Tal como enseña el ritual, las procesiones con el Santísimo Sacramento, especialmente las del Corpus Christi, y las bendiciones en ellas previstas, tienen como finalidad respetar este carácter de confesión publica y culto de adoración.
Por ello, no se debe instrumentalizar el Santísimo Sacramento expuesto para otras finalidades que la de manifestar la fe de la Iglesia en la presencia real.
El Santísimo en la custodia, por ejemplo, no puede ser utilizado para hacer cordones sanitarios antivirus pandémicos, para hacer pensar a los fieles desde los campanarios o incluso helicópteros que Dios no se olvida de ellos, para bendecir los campos o pedir la lluvia, para realizar oraciones teatralizadas como si Dios hablara desde la custodia, para realizar curaciones físicas o para expulsar demonios y desinfestar un domicilio de la presencia maligna.
Cualquier abuso en este sentido, además de no confesar rectamente la fe de la doctrina eucarística, supondría una instrumentalización del Santísimo Sacramento como talismán y como remedio supersticioso, y una falta de fe y confianza en los sacramentales que la Iglesia ha instituido para esos fines concretos.
miércoles, septiembre 13, 2023
Reciclaje de beaterías para LA IDEA DE POBREZA DEL FUNDADOR DE HAKUNA
Es alarmante. la deriva actual de grupos de gran presencia en la Iglesia católica. Personalmente no me parecen católicos y creo que hago un bien en proponer debate.
He pedido a una decena de teólogos que considero profesionales un análisis de las letras de Hakuna. A muchos curas nos parece que están fuera de la linea del Concilio pero los profesionales tuercen los hocicos y me dicen que por escrito que no.... Que tienen mucho éxito, que están siendo aceptados, que hacen Adoración, que no hay que ser tiquismiquis,,,,
A mí me parece que este charlista, además de que a veces parece no saber que quiere decir (no saber si lo dijo San Pablo o quien o meterse en tal o cual jardín...) me parece profundamente equivocado. A mi me parece lamentable su idea de pobreza. Llama pobreza (que es una virtud evangélica en realidad) a la podredumbre moral. Va poniendo ejemplos de pecados, defectos, activalores y dice que ahí nos damos cuenta de que somos pobres. No sé cuantos saltos mortales de fe y realidad habrá dado para llegar ahí. Le vendría bien reciclar esas beaterías.
domingo, febrero 21, 2021
RECICLAJE DE BEATERÍAS: ¿CONVIÉRTETE O CONVERTÍOS/CONVIÉRTANSE? Miércoles de ceniza
Me parece que en el YOUCAT han cambiado el Misal.
El "Convertíos" ("Conviértanse" en Canarias) lo han pasado a individual. ¿Por qué?
En el MISAL ROMANO dice:
Y asperja con agua bendita las cenizas, sin decir nada.
Seguidamente, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan hasta él;
a cada uno le dice:
Convertíos y creed en el Evangelio. Cf. Mc 1, 15
O bien:
Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás. Cf. Gén 3, 19
La fórmula del Misal supongo que es sobre todo por fidelidad a la Palabra de Dios. Pero la fórmula oficial además es de una belleza espiritual y teológica muy grande. No en vano el Concilio Vaticano II dice: "Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo".
Pero el individualismo, que a veces el Papa dice que es el primer problema de nuestro tiempo, hace de las suyas y hasta la beatería cambia el Misal.
domingo, diciembre 13, 2020
¿SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN LOS DECIMOS DE LOTERÍA?
Ahora que algunos quieren quitar los crucifijos para poner quién sabe qué... ¿la constitución? ¿la prostitución? ¿la canción? ¿la emoción? ¿qué? ¡dígannos qué? ¿qué? Ahora, sí que digo: una cosa sí que hay que quitar: el nacimiento de Jesús de los billetes de lotería. ¿Qué pinta en los billetes de lotería el que nació en un pesebre? ¿Qué función cumple en los billetes de lotería el que no tuvo dónde reclinar la cabeza? ¿Por qué tienen que escoger la imagen del que tuvo que emigrar para adornar un billete de lotería? ¿Por qué una familia pobre, humilde y trabajadora en ese monumento al egoísmo y la insolidaridad que es la lotería?
No, no quiten los crucifijos. Vivamos como el crucificado que pasó haciendo el bien. Quiten, quiten el Nacimiento de Jesús de la lotería. Vivamos como la familia de Nazaret.
Meter el nacimiento en los billetes de lotería es una beatería. Beatos del dinero.
No, no quiten los crucifijos. Vivamos como el crucificado que pasó haciendo el bien. Quiten, quiten el Nacimiento de Jesús de la lotería. Vivamos como la familia de Nazaret.
Meter el nacimiento en los billetes de lotería es una beatería. Beatos del dinero.
lunes, noviembre 23, 2020
Beatos de Wert y de Celaá. Tanto monta, monta tanto
Cada día, cada minuto, tu vecino o uno mismo, resucita a aquella buena madre de los hijos de Zebedeo. Aquella que se dirigió a Jesús para pedirle algo tan habitual como los mejores puestos para sus hijos.
Frecuentemente mezclamos nuestros intereses con los de Jesucristo. Jesús, sin embargo, dedicó su vida a crecer hacia abajo, a “sufriendo aprendió a obedecer”, a perder, a “dando se recibe”, “olvidándose de uno mismo se encuentra a sí mismo”, etc.
Parece razonable estar contra le ley Celaá, pero también contra la anterior y la anterior. Y desde luego se puede estar en contra de la ley Celaá sin por ello meter los los símbolos de la “concertada” que solo defiende sus intereses. Se puede incluso estar contra esa ley desde el puño y la rosa porque semejante ley por no ser no parece ser ni socialista.
Por eso no entiendo que una parroquia o un comunidad que quiera ser solidaria mezcle a Jesucristo con la campaña de la concertada. Por eso me sorprende que una parroquia haya metido en sus redes sociales un cuadro de Jesucristo mezclado con el “stop” que ha lanzado la escuela concertada que se dice “con un ideario” del que muchos dudamos.
Con ello no digo que la religión se tenga que ir a la sacristía ni que la religión no se pueda meter en política. Digo que la religión debe entrar en política para amar, para amar de verdad, para amar a todos. A una sola cosa no puede entrar nunca: a defender que las cosas sigan igual.
domingo, marzo 15, 2020
CREER EN TIEMPO DE CORONAVIRUS
¿Cómo creer cuando aparecen las desgracias? ¿con perplejidad? ¿pasándose a la incredulidad? ¿o son ocasión magnífica para crecer en la fe? Una fe del paleolítico es una fe mágica. Esa que entiende que Dios es un caprichoso a veces feliz, a veces sádico que reparte bienes y desgracias; eso se parece más a los dioses viejos que al Dios cristiano.
Una desgraciada lectura del “Pidan y se les dará” hace pensar a mucho creyentes que la realidad depende de la insistencia humana. Triste imagen de diosecillos ancestrales. No es ese el Dios de Jesús. (recomiendo la entrevista al teólogo Martín Gelabert: http://antigonahoy.blogspot.com/2019/09/como-actua-dios-en-el-mundo.html)
Dios no envía el coronavirus ni lo elimina. Dios es el Creador sí, y es omnipotente sí. Pero la omnipotencia no puede hacer círculos cuadrados, ni amores egoístas, ni asistencialismos promocionantes, ni liberaciones esclavizantes. Dios no se desentiende nunca de la humanidad, ni de cada uno, pero abrió un espacio a la libertad y la naturaleza; y él mismo (sobre todo en Jesucristo) padeció esas mismas condiciones.
Las beaterías de siempre han aprovechado para disparar contra los creyentes y obispos que respetan esta fe y han sugerido que sea de cobardes y sumisos aplicar a los actos litúrgicos las recomendaciones sanitarias para cualquier reunión. Hay quienes creen que por andar Dios por medio se dejan de lado las condicionantes de cualquier acto social. Un vino consagrado, si también contuviera veneno, no dejaría de contener ese veneno. Seamos normales. Las beaterías de siempre han relatado que solo los obispos polacos han propuesto que haya más Misas. Pero las Misas en que se junte tanta gente como en el 8M de Madrid tendrán las mismas consecuencias sanitarias que aquella reunión.
La presencia del coronavirus quizá haga dar un paso más en el convencimiento de que como dice Francisco en “Laudato si”, “todo está conectado”; el que vea la vida de manera individualista vive realmente en el Paleolítico y si su fe es individualista es una fe de aquella época. La suspensión de actos católicos y no de los actos del 8m quizá sea porque los católicos tenemos una relación con nuestra fe que incluye la razón. Es una relación integral, no fanática. Y lo es porque hemos avanzado. En otras épocas teníamos esa relación poco racional, semimágica. Hoy aquella forma vieja de relación es la que tienen en buena parte del feminismo (y lo mismo pasa con parte de nacionalismo y ecologismo).
Aceptando suspender actos religiosos no manifestamos que seamos sumisos, sino que creemos con la Iglesia que “la Gracia no anula la naturaleza” y si hay condiciones sociales de infección no va a dejar de haberla porque el acto sea piadoso. Creo más bien, aunque no lo diga así exactamente el Catecismo, que forma parte de la libertad de Dios, haber renunciado a ese poder. Es algo similar a muchos padres que no imponen algunas cosas a sus hijos porque un día encendieron con amor esa chispa de libertad en sus corazones. Porque, como dice Francisco, quieren seducir, no imponer. Dios, como los padres que conozco, trabajan por encender la chispa del amor, no la impone.
No es que seamos sumisos, es que distinguimos -como Francisco- la técnica de la tecnocracia. Nos oponemos a la tecnocracia, la técnica encastillada en su poder, el negocio de las multinacionales de la farmacia, la distinción entre clases dentro del sistema sanitario y tantas otras cosas. Sin embargo, con la misma fuerza con que nos oponemos a la tecnocracia manifestamos nuestro amor y reconocimiento por la técnica. Valoramos los esfuerzos de los profesionales, las investigaciones de los científicos, las propuestas consensuadas, el sinfín de tareas pequeñas que hacen avanzar. Es la vieja relación entre la razón y la fe. Una relación circular, convergente, dialéctica, enriquecedora.
Creer en tiempos de coronavirus es aceptar las propuestas inteligentes, razonables, científicas y no imaginar que las cosas se arreglan amontonando rezos. Orar es imprescindible para seguir trabajando en medio del cansancio, para encajar las dificultades, para aceptar que nos equivocamos a veces, para cuidarse y cuidar de los otros. La oración es muy importante pero no a medida de mi capricho sino la oración cristiana. Creer en tiempos de coronavirus es saber aprender. Se ha puesto de manifiesto que de esta no puede salir cada uno por su cuenta. Ni solo por la acción de las instituciones. Hace falta la persona en su íntima decisión y hacen falta las instituciones. Es tiempo de aprender que no sirve ni el pánico ni la superficialidad. Es tiempo de aprender que cada profesión debe ser una vocación ejercida por amor y no por dinero. Es tiempo de aprender a compartir, de poner en juego las cualidades. Es tiempo de practicar “de cada cual según sus posibilidades, a cada cual según sus necesidades”; por eso los jóvenes se ofrecen a hacer la compra a los mayores, los niños aprenden a jugar a otras cosas, las profesiones todas se preguntan cómo amar más y mejor.
Creer en tiempos de coronavirus es ver todo el dolor económico que conlleva esta pandemia. Ya hay quien ha dicho que la crisis económica generará más muertes que el virus. El paro mata y el paro ha aumentado. Es razonable que los funcionarios se planteen la solidaridad con los autónomos; o mejor dicho los altos funcionarios con los bajos autónomos, porque de todo hay. Qué pasa con los que se quedan en paro en cosa de todos. Los filósofos del libre mercado esperamos que mejoren sus ideas a la vista de la realidad. Está claro ya que tanto el mercado como el estado resultan insuficientes por si mismos.
También habrá que darse cuenta de que una sociedad avanzada necesita que no haya personas que no llegan a fin de mes trabajando. Es necesario incluso tener un patrimonio solidario que permite afrontar estos imprevistos. La Iglesia defiende esto, con cierta timidez desde León XIII y con más fuerza desde Pablo VI. Hay que promover una economía que no haga solo limosna con quien cae en una emergencia; es necesaria una economía que cambie el corazón mismo del sistema.
La industria farmaceútica segun
una importante revista sanitaria
Habrá que preguntarse si la investigación está enfocada a las grandes necesidades de la humanidad o hay cualidades investigadoras dedicadas a caprichos de élites minoritarias. Habrá que preguntarse también por la gestión política. No para exigir que no se cometiera ningún error pero sí para preguntarse si algunos con cualidades políticas prefirieron la comodidad de no bajar a esa arriesgada arena, sí para preguntarse si en vez de servir algunos fueron a la política a servirse.
Creer en tiempos de coronavirus exige plantearse que en cuanto pase la pandemia habrá que preguntarse por cómo construir una sociedad realmente justa. Porque la justicia social hará que los virus se encuentren una población más sana, más preparada, más prevenida. Si hay justicia no habrá personas para quienes lo de “quedarse” en casa no sea un auténtico calvario porque la casa misma es incómoda o insalubre; parecen olvidar algunos que a veces la casa no es tal; los “sin techo” siguen existiendo, los campamentos de refugiados y los CIEs siguen existiendo.
Creer en tiempos de coronavirus es dedicar tiempo y reflexión a una perspectiva crítica. Es bueno preguntarse por nuestra falta de prevención, es necesario criticar la frecuente dedicación de la capacidad investigadora a lo que es negocio en vez de al bien común.
Creer en tiempos de coronavirus es experimentar que ya nunca más es posible una vivencia egoísta. Que todos somos solidarios. Queramos o no caminamos hacia la solidaridad. Eso sí, creo, Dios lo quiso así. La humanidad tiene ante sí una gran oportunidad.
lunes, febrero 24, 2020
Gol en propia puerta en el Congreso de laicos. La Comisión organizadora prefiere el compromiso de Carlos G. de Andoin en el PSOE
El Congreso de laicos "Pueblo de Dios en salida" celebrado recientemente en Madrid ha sido un importante acontecimiento eclesial que valoramos positivamente. Los participantes, la comunidad cristiana e incluso la sociedad española harán su valoración. Muchas serán las luces y algunas serán las sombras.| Un reciente estudio con 25 testimonios de cristianosde izquierda en Canarias. No es un caso excepcional |
El reciente Congreso de laicos parece que ha sido una buena ocasión para la comunión y la misión eclesiales. Pero todo es mejorable. Y pensando en aportaciones históricas tan importantes como la realizada por el apostolado militante y las reflexiones de personas tan necesarias como D. Tomás Malagón, queremos llamar la atención, pensando en el futuro y en la presencia política de los creyentes en el mundo, sobre un aspecto que nos preocupa. Una cuestión pequeña dentro del conjunto del Congreso pero que nos parece significativa
Nos referimos solo a un aspecto que consideramos importante. La Comisión de contenidos ha metido en la vigilia solo un testimonio de compromiso político, el testimonio de un militante del PSOE, hoy el partido en el poder. Creemos que es tiempo de pluralismo e igual que nadie imagina meter un testimonio de VOX tampoco debe meterse del PSOE; ya fue un error meter en cierto momento solo a un militante del PP. La Iglesia no debe estar sometida a estos bandazos. Hay la opción de meter a todos. Si por razón de tiempo se mete solo un testimonio este ha de ser mucho más matizado. El autor del testimonio no hizo ninguna autocrítica y sí fue duro con el resto de la comunidad cristiana.
Esperamos poder ofrecer las palabras del propio autor del "testimonio" en nuestro programa de radio.
No solo ha habido un gran pluralismo político entre los creyentes españoles; además, la presencia de creyentes en la izquierda es una presencia rica y llena de matices.
Eugenio Rodríguez comenta algunos párrafos de este testimonio
miércoles, enero 29, 2020
José María Castillo ataca a la diócesis de Almería por un "rumor" sin fundamento
![]() |
| Una más de las diócesis visitadas |
En estos días José María Castillo ha acusado de oídas a la diócesis de Almería de no querer la Cruz de Lampedusa. Está en en esta misma web [Se refiere a Religión Digital donde se publicó originalmente este texto, antes de que fuera eliminado] . Dice que la diócesis de Almería no ha querido la Cruz de Lampedusa porque -según Castillo- de Almería ha venido la orden de que allí no se meten política. _No tengo nada en contra de que se opine con libertad, sin embargo en la crítica a una pequeña Iglesia local me parece que se ha columpiado.
Las cosas no fueron así. Colaboro asiduamente con estos "peregrinajes" de la Cruz de Lampedusa. En Canarias estuve de manera completamente activa en su periplo de casi un mes con las complicaciones propias del traslado a las islas y entre las islas. Hicimos actos de solidaridad, de compromiso, en la playa, en la calle, en centros de todo tipo. Después he colaborado a que vaya a otras diócesis. Y sin embargo no hacemos ni la más mínima crítica a aquellas iglesias locales que en estos momentos no puedan o no consideren pastoralmente la posibliidad de este peregrinaje.
Por su parte José María, que no conoce los trabajos que conlleva esta actividad, se permite por cosas que ha oído, una crítica frontal a la diócesis de Almeria. Es injusto. Así las cosas decidí escribirle un mail dándole mi teléfono para poder dialogar al respecto y aclarar la cuestión. A ello me contesta por escrito con su opinión y la sugerencia de que escriba mi opinión en público. Yo habría preferido que él mismo explicara los hechos pero no ha querido.
La diócesis ha gestionado la presencia de la Cruz para marzo y algunos creerán que se trata de la respuesta a las presiones de Castillo. No lo creo. Me consta que en Almería tenían interés en la presencia de la Cruz pero no podían acogerla en las fechas en que salía de Málaga. Si las razones de Almería fueran las que dice José María no creo que hubieran cambiado de opinión.
A la vista de los hechos parece que José María lo único que quiere es darle leña a la Iglesia. No tiene los datos reales que sí que tienen las personas que en Granada y Málaga organizaron los actos. Con estos sí he podido hablar. Estos, los que han trabajado, tampoco se quejan de la Iglesia hermana. ¿Quién se queja? Los de siempre. Los que no fueron a los actos convocados por la Cruz de Lampedusa. Pero saben ¡tanto!
domingo, diciembre 29, 2019
RECICLAJE PARA BEATERÍAS: Cena para pobres en el Senado
Como estamos a fin de año y acabamos de celebrar el aniversario de Camilo Sánchez hoy inauguramos RECICLAJE DE BEATERÍAS.
29 de diciembre. Una fecha destacada, una fecha con futuro.
Eugenio A. Rodríguez
MANDAMOS A RECICLAJE PARA BEATERÍAS: Cena PARA pobres en el Senado
29 de diciembre. Una fecha destacada, una fecha con futuro.
Eugenio A. Rodríguez
MANDAMOS A RECICLAJE PARA BEATERÍAS: Cena PARA pobres en el Senado
Dar de cenar a todo lujo a 150 pobres en el Senado no deja de ser un acto hipócrita. No sé si habrá un Berlanga que ridiculice como aquel lo de “siente un pobre en su mesa”. La película trasladaba con inteligencia la crítica a la mentalidad aristocrática. Cuenta nada menos que una adjudicación en forma de subasta (Basta ver en dos minutos “Placido trailer” en youtube https://www.youtube.com/watch?v=BqVd60t3hWg). Han pasado más de sesenta años pero algunos siguen igual. ¿Cómo se habrá hecho la subasta? Porque cuentan que las invitaciones han sido tan personales como las de la película. Exhibicionismo de pobres para ocultar las propias miserias, sin más.
Es denigrante que el lugar haya sido el Senado. No sé si habrán usado también la sauna o la piscina. Ni si habrán sabido manejar los enseres propios de tan “educado” acto, yo al menos no habría sabido. Un puñado de marginados por un día habrán visto los lujos de quienes les dicen les representen. Esperpéntico.
Lo peor de todo es que el Senado es una institución política. Un lugar donde se fabrica que haya “pobres en serie, sin vivienda en serie, parados en serie” que decía el cardenal Saliège, uno de los que -por otra parte- no se plegó al régimen de Vichy y su complicidad con el nazismo. El Senado puede servir para cambiar la maquinaria por los medios que le son propios: los políticos.
El proceso histórico va llevando el asistencialismo al basurero de la historia. Bien está (muy bien) la cariñosa asistencia de tantas instituciones que cuidan con humildad y sencillez de quien peor lo pasa. Pero estas tómbolas, estas migajas exquisitas desde lugares que deben resolver los problemas, son corrupción pura y dura. Zapatero a tus zapatos: Senado, mete amor en la política.
Y no le echen la culpa a la Iglesia. El Vaticano II hace también más de sesenta años señaló que no se diera como limosna lo que se debe dar por justicia. Otra cosa es que haya eclesiásticos haciendo de las suyas no se sabe muy bien por qué. Algunos actos de violencia que se han dado durante la historia de España fueron tan salvajes como explicables porque venían de manos de quienes habían padecido el paternalismo. El asistencialismo es origen de violencia. Es violencia. Y es que al ser humano no le va el paternalismo, aunque sí -por lo visto- a los senadores.
Tampoco le echen la culpa al socialismo, así en general. Experiencias socialistas como las cooperativas y los mejores sindicatos han resuelto problemas sin caer en las redes del paternalismo. Otra cosa es un falso socialismo que ya se apunta a las mismas cosas que la vieja aristocracia. El paternalismo no le va a un socialismo verdadero pero sí a uno falso.
Un paternalismo cristiano y un paternalismo socialista se han unido en Senado. Lo siento. Por el cristianismo y por el socialismo. Los pobres se lo echarán en cara y les darán la espalda
******************* Llamamos "beatería" a olvidar los fines quedándose en los medios. Como aquellas pobres beatas que daban a la estampita el valor al que la estampita quería apuntar. Además de esas beaterías "regres" también hay beaterías "progres" que vienen a ser lo mismo. Como cuando nos quedamos en el rostro o la frase de una imagen o camiseta y nos olvidamos del valor o ideal que la camiseta quería apuntar. Una beatería "progre" sigue siendo beatería.
Para esta sección fija vamos a intentar inspirarnos en Camilo Sánchez Benítez, alcalde militante.
Para cuyo conocimiento (aunque basta cualquier "buscador de internet) recomendamos la etiqueta "Camilo Sánchez" del siguiente blog:
http://canariassolidaria.blogspot.com/search/label/CAMILO%20S%C3%81NCHEZ
******************* Llamamos "beatería" a olvidar los fines quedándose en los medios. Como aquellas pobres beatas que daban a la estampita el valor al que la estampita quería apuntar. Además de esas beaterías "regres" también hay beaterías "progres" que vienen a ser lo mismo. Como cuando nos quedamos en el rostro o la frase de una imagen o camiseta y nos olvidamos del valor o ideal que la camiseta quería apuntar. Una beatería "progre" sigue siendo beatería.
Para esta sección fija vamos a intentar inspirarnos en Camilo Sánchez Benítez, alcalde militante.
Para cuyo conocimiento (aunque basta cualquier "buscador de internet) recomendamos la etiqueta "Camilo Sánchez" del siguiente blog:
http://canariassolidaria.blogspot.com/search/label/CAMILO%20S%C3%81NCHEZ
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