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jueves, abril 30, 2026

Trabajando aprendió Jesús a ser Cristo (1 de Mayo)


Xavier Pikaza/Facebook

Mc 6, 3 le llama tekton o artesano, obrero de la construcción (cantero, carpintero, albañil...), un galileo sin propiedad (herencia), que debe vender su trabajo, conforme a la oferta y demanda del mercado, en un mundo de dura carencia. No era simplemente tekton (un artesano), sino ho tekton, con artículo definido, el artesano de Nazaret, alguien que vive del trabajo y sueldo de otros. 

Antes de llamarse el Cristo ha sido el tekton, y su situación implicaba una fuerte disonancia, ya que no respondía a lo que Dios había “prometido” a su pueblo, pues no dependía de sí mismo (y de Dios), sino del trabajo que otros quisieran ofrecerle. De todas formas, su misma situación le permitió conocer cosas que ignoraban los sabios de escuela y los sacerdotes del templo. Antes que por vocación fue marginal por haber nacido en un mundo cada vez más controlado por escribas, sacerdotes y miembros de una aristocracia que había pactado con Roma) . 

1. Un proyecto económico desde la marginación. Era un campesino obligado a vender su trabajo para así vivir y/o mantener a su familia, y, de esa forma, cuando habla de “pobreza” y llama bienaventurados a los ptojoi (mendigos sin nada), Jesús está evocando su propia situación de marginado económico, que conoce y comparte la suma pobreza de las gentes de su entorno. No es un marginal alejado de la vida, sino un marginado que se enfrenta a los poderes causantes de la marginación y los rechaza, para superarlos, no para mejorar el sistema con pequeños retoques, sino para recrearlo totalmente, desde aquellos que, como él, carecen de tierra y estabilidad económica.

No fue pensador de tiempo libre, experto en pequeñas mejoras, sino profeta en un mundo de opresión, decidido a proclamar e iniciar el camino del Reino, como los hombres de un mercado de trabajo sin trabajo (cf. Mt 20, 1-16). Su mensaje no fue un “lujo espiritual” desconectado de la realidad, sino una propuesta de transformación para la vida en un contexto de muerte. Quizá trabajó en un tiempo al servcio del rey Antipas, en sus nuevas ciudades (en Séforis, junto a Nazaret; o en Tiberíades, a la vera del lago), o de otros propietarios. Ciertamente, pudo tener más movilidad y más conocimiento que un agricultor propietario (atado a su tierra), pero dependiendo de otros .

Los artesanos de Galilea se parecían a los hebreos de Egipto, no tenían seguridad material o social, pues habían perdido o estaban perdiendo la “herencia de Dios” (tierra). No tenían patrimonio (vinculado al patriarcado), ni tierras para herencia, pues carecían de herencia y de casa (estructura familiar). Desde ese fondo, planeó Jesús la revolución de Reino. Posiblemente, como heredero de una familia de Belén, Jesús se sentía portador no sólo de la promesa de Abrahán (familia, tierra), sino también de la esperanza de David, que incluye la posesión de una tierra, de la que todos han de ser propietarios, compartiendo el don del Reino. Pero, al mismo tiempo, era de la gran masa de hombres y mujeres que habían perdido la tierra y parecían expulsados de la herencia de Abrahán y David, teniendo que reinterpretar su experiencia israelita. En ese contexto es bueno precisar el sentido de “clase” social, su lugar en la economía del mundo .

2. Comerciantes y campesinos, una sociedad de clases. Los campesinos y pastores del principio de Israel habían desarrollado una agricultura de subsistencia, con intercambio directo de bienes; pero, en un momento dado, con el despliegue de la monarquía y el auge de poder económico-social del templo, surgió una clase especial de burócratas mercantiles, al servicio de las élites político/religiosas, que controlaban la riqueza:

‒ Los mercaderes como “clase” dependen del trabajo productor de agricultores, pastores y obreros, pero de tal forma lo controlan que acaban haciéndose dueños de sus beneficios. Frente al trabajo que produce bienes, surge y se desarrolla el dinero del mercado, de manera que el valor primario no es ya la persona, ni el trabajo o la familia, ni las relaciones directas, sino el Capital Mammón, dios objetivado, diablo verdadero (cf. Mt 6, 24).

‒ Los mercaderes con dinero, con los “reyes” y funcionarios superiores y los sacerdotes (que sacralizan de algún modo ese dinero), se hacen árbitros de la sociedad y dirigen el proceso real de la producción y distribución de bienes. Así se relacionan con un dinero que, por un lado “pertenece al César” (cf. Mc 12, 16-17), pero que, por otro (¿al mismo tiempo?), tiende a convertirse en Mammón sobre el mismo César (Mt 6, 24).

No parece que Jesús haya sido un purista antimonetario, ni un reformador económico sin más, pues no ha condenado directamente a los comerciantes (como supone EvTom 67), pero ha querido poner el comercio y dinero al servicio de la vida (de los pobres), de un modo gratuito (por comunicación directa), iniciando un cambio intenso, no una pequeña reforma en el pueblo .

‒ El símbolo ideal de Jesús era una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), de agricultores, pastores (y pescadores), compartiendo bienes y trabajos. Parece difícil pensar que en ese “imaginario” cupiera la existencia de liberados para servicios religiosos (sacerdotes/levitas), que recibirían una parte de la producción de otros (los diezmos), sin volverse por ello superiores.

‒ Pero de hecho gran parte de los agricultores se habían ido convirtiendo en campesinos sometidos, al servicio de una estructura político-monetaria, centrada en las ciudades (en Roma), en un proceso que estaba culminando en aquel tiempo en Galilea. En general, ellos quedaron “controlados” por los mercaderes (comerciantes), de manera que muchos agricultores se volvieron campesinos sin campo, perdiendo así su autonomía, bajo el control de unas ciudades y/o de unos comerciantes, que poseían/consumían gran parte de su producción .

3. De artesanos a excluidos. Jesús se ha ocupado de esos campesinos sin campo, renteros, braceros o artesanos al margen de la sociedad y de los pobres (mendigos, enfermos…), y también de los huérfanos, viudas y extranjeros de la ley fundamental del Pentateuco, cuya situación he precisado al ocuparme del Antiguo Testamento, (cf. Mt 25, 31-46) . Por eso es bueno precisar la situación que ellos tenían:

‒ Podía haber artesanos asentados e incluso ricos, clientes del sistema político, económico y/o religioso al que sostenían. Ellos actuaban en general como operarios al servicio de gobernantes, ciudades y/o templos, como el de Jerusalén, con miles de obreros privilegiados quienes, como es normal, no respaldarán a Jesús pues se encuentran bien con su trabajo.

‒ Pero la mayoría eran marginados, itinerantes sin estabilidad, eventuales al servicio de agricultores más ricos o de comerciantes. Entre éstos parece haberse hallado Jesús, que no ha sido (presumiblemente) obrero de la construcción del templo de Jerusalén, ni de las ciudades y cortes de los reyes galileos, dependiendo de un “mercado” de trabajo inestable o sin medios fijos de subsistencia.

En el último escalón había grupos y gentes que se hallaban fuera del esquema anterior, y no se podían llamar ni siquiera pobres, es decir, trabajadores con pocos recursos (penes, penetes), sino ptojoi estrictamente dichos (por-dioseros, mendigos sin propiedad, extranjeros, enfermos, encarcelados). Entre ellos podemos distinguir tres grupos.

− Esclavos. Eran muchos en el Imperio de Roma, pero en el contexto rural de Galilea tenían menos importancia (casi ni existían). De manera consecuente, Jesús no ha iniciado una “rebelión de esclavos” (como Espartaco, el 71 a. C.), sino un movimiento de Reino, con campesinos, artesanos y mendigos.

− Impuros, degradados… No parece que en Galilea formaran una clase especial (como en la India), pero los hallamos con frecuencia en el evangelio, como enfermos (leprosos) y en especial como posesos o endemoniados, y quizá también como publicanos y prostitutas, que formaban el corazón del evangelio (mensaje) de Jesús

− Prescindibles. Son los que carecen de todo valor para el sistema, pues no tienen influjo ninguno, ni en un plano laboral, ni en un plano afectivo o simbólico (prostitutas envejecidas, enfermos abandonados, locos). Entre estos pobres en sentido estricto ha iniciado Jesús su movimiento de trasformación, es decir, de Reino 

sábado, agosto 24, 2024

EL JESÚS PICAPEDRERO

Conviene recordar que los manuscritos originales de los evangelios fueron escritos en griego. Y la palabra griega que utilizan para referirse al oficio de Jesús y de su padre José, es "tektón" que se usaba para designar a quien se ganaba la vida construyendo algo con sus manos. La traducción literal de " tektón" sería la de artesano u obrero de construcción, que lo mismo podía trabajar la piedra, el barro, la madera o los metales...

Sin embargo, analizando el contexto y la geografía donde vivió y trabajó Jesús, la madera no constituía parte principal de ninguna construcción. Las casas estaban hechas principalmente de piedra, especialmente en Nazaret, conocida por su rudimentaria arquitectura, su escasa población y sus limitados recursos.  Además la madera no era nada abundante en aquella región... y ser carpintero en Nazaret sonaría tan raro como ser esquiador en África.

Y si esto es así ¿cómo se explica entonces, que el término griego "tektón" se haya traducido por carpintero? Parece que este término apareció por primera vez en la traducción de la Biblia al idioma inglés hecha por William Tyndale en 1526 y así se siguió haciendo, a través de los años, en otras traducciones en los distintos idiomas europeos.

Para que esto ocurriera influyeron, sin duda, miles de años de pinturas medievales representando a Jesús como un carpintero europeo, usando herramientas europeas para hacer muebles de estilo europeo en un taller europeo. Pero no podemos ignorar la evidencia de los datos que nos proporciona la arqueología y la etnografía.
En una tierra como Galilea, donde hay piedras por todas partes y escasos arboles, un artesano trabajaba principalmente las piedras y no la madera.

Así se explica que mientras solo existen en el evangelio dos parábolas que se refieren al trabajo en madera, se hace referencia más de 40 veces, a las labores de construcción relacionadas con la piedra.
Lo cual me afirma en la convicción de que Jesús era picapedrero y que trabajaba en todas las estructuras que él mismo menciona en sus parábolas: casas bien asentadas sobre roca, prensas de vino, piedras de molino, lápidas, atalayas, cercas de viñedos, torres de vigilancia, cisternas, graneros...

Además, ahora sabemos que Nazaret estaba a cinco kilómetros de la ciudad de Seforis donde se hicieron grandes obras de remodelación que requirieron la participación de numerosos albañiles y picapedreros del área circundante... y tambien sabemos, que a medio camino entre Nazaret y Seforis aún existen los vestigios de la enorme cantera de roca que hacía posible estas obras (2° foto: canteras de piedra a mitad de camino entre Nazaret y Seforis). Y a todo esto, hay que añadir las multiples referencias a las piedras que hay en toda la peripecia vital de Jesús y a lo largo de todo el Nuevo Testamento: Jesús, piedra rechazada por los arquitectos de este mundo injusto y piedra angular que sostiene la vida de muchos otros. 

Esto es algo que me llena de emoción... y por eso, un día tuve el atrevimiento de plasmarlo en un poema:

Rompiste las aguas
del cálido vientre,
en piedra ahuecada
de frío pesebre.

Tomaste el camino
de viajar sin nada,
con piedra rugosa
por dura almohada.

Entraste en la noche
envuelto en sudario,
sobre piedra herida
de duro calvario.

En tumba sellada,
lienzos de mortaja,
del amor más grande,
piedra que no encaja.

Del sepulcro nuevo
se abrió una rendija,
removió la piedra
y estalló la vida.

Tú, el canto rodado
y la piedra ahuecada;
Tú, el guijarro humilde
y la roca afilada.

Tú, el currante nazareno,
Dios y pobre verdadero
y el artesano eficiente
del ladrillo y el mortero.

Tu, Jesús, Hijo del Hombre
y mi Dios picapedrero.

Tú, vivirás para siempre
en este gran laberinto
de eterna luz y de sombra
que compone el empedrado,
que hoy habita en mi memoria.

Manuel Velázquez Martín.

jueves, agosto 15, 2024

Jesús y las mujeres


Eduardo Sanz de Miguel


El cuadro del artista valenciano Joan Costa se titula "Sacra limpieza. El día después". Representa a las mujeres después de la Última Cena. Los varones han desaparecido y las mujeres limpian. No es muy correcto históricamente, ya que en el grupo de Jesús los hombres y las mujeres realizaban las mismas tareas y el Viernes Santo las mujeres estaban junto a la cruz, pero nos sirve para reflexionar sobre las mujeres en los orígenes del cristianismo.

Comencemos recordando que, fuera del ámbito doméstico, como señora de su casa y madre, la mujer no merecía consideración en la sociedad judía del tiempo de Jesús. De hecho, era una propiedad de los varones. El decálogo, por ejemplo, presenta las «posesiones» del prójimo que el buen israelita no debe robar ni desear. Entre ellas está incluida la esposa (que no ocupa el primer lugar): «No desearás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa suya» (Éx 20,17).

Y los judíos piadosos rezan cada mañana: «Te doy gracias, Señor, porque no me has hecho gentil, ni esclavo, ni mujer». La tradición judía afirma: «Maldito el hombre que enseñe a una mujer» y «Mejor entregar la Ley a las llamas a permitir que la toque una mujer».

La situación no era muy diferente de la que hoy se puede ver en algunos países: sin poder decidir por sí misma ni aun salir de casa, si no es en compañía de un varón; sin permiso para hacer transacciones económicas ni para hablar con desconocidos.

Jesús, sin embargo, las trató como a seres humanos, respetándolas, acogiéndolas entre sus discípulos, enseñándoles, liberándolas. Hizo con ellas lo mismo que con los leprosos, los pecadores, los niños... en definitiva, con todos los débiles, los que no cuentan. En el evangelio no se idealiza a las mujeres, pero tampoco se las subordina a los varones. No hay distinción de personas a causa del sexo.

Jesús cura y enseña a las mujeres igual que a los varones y, al hacerlo, las presenta como símbolo de fe en el mundo judío (Mc 5,21-43) y en el pagano (Mc 7,24-30). Las mujeres son verdaderas discípulas. Sirven (Mc 1,29-31) y al hacerlo ofrecen lo que tienen, hasta su propia vida (Mc 12,41-44), ungiendo a Jesús para su entrega (Mc 14,3-9), formando parte de su evangelio.

Hermanos y hermanas integran por igual la nueva familia de Jesús (Mc 3,31-35; 10,28-30), con prioridad –si debiera haberla– para las mujeres, pues en ambos casos se incluye en la Iglesia a los hermanos y hermanas y a las madres, pero no la figura de los padres (ya que solo Dios es Padre).

Esposo y esposa son iguales y tienen los mismos derechos en el matrimonio (Mc 10,1-12; 12,18-27). No es la mujer la tentadora, culpable de los pecados del varón, es él el que peca si se deja llevar de la lujuria: «El que mira con lascivia a una mujer, ya ha cometido adulterio en su corazón» (Mt 5,28-29).

Ellas siguen de cerca a Jesús, están junto a la cruz y en el entierro y son las que descubren el sepulcro vacío, como culminación histórica del discipulado. Llegan donde nadie ha llegado, se mantienen donde todos han caído. A pesar de que su testimonio no tenía validez en un juicio (se puede recordar el caso de Susana en el libro de Daniel, acusada sin posibilidad de defenderse), o precisamente por ello, Jesús las eligió como primeras anunciadoras de su resurrección.

Por eso, aunque no sea capaz de sacar todas las consecuencias prácticas, san Pablo llega a afirmar que, entre los cristianos, «…ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús» (Gál 3,28).

sábado, junio 15, 2024

¿Qué ocurre con la Cruz el Sábado Santo? - Ratzinger

Cuando intentamos sintetizar las oraciones litúrgicas del sábado santo nos impresiona, ante todo, la profunda paz que respiran. Cristo se ha ocultado, pero a través de estas tinieblas impenetrables se ha convertido también en nuestra salvación; ahora se realizan las escuetas palabras del salmista: «aunque bajase hasta los infiernos, allí estás tú». En esta liturgia ocurre que, cuanto más avanza, comienzan a lucir en ella, como en la alborada, las primeras luces de la mañana de pascua.  Si el viernes santo nos ponía ante los ojos la imagen desfigurada del traspasado, la liturgia del sábado santo nos recuerda, más bien, a los crucifijos de la antigua Iglesia: la cruz rodeada de rayos luminosos, que es una señal tanto de la muerte como de la resurrección. 

De este modo, el sábado santo puede mostrarnos un aspecto de la piedad cristiana que, al correr de los siglos, quizás haya ido perdiendo fuerza. 

Cuando oramos mirando al crucifijo, vemos en él la mayoría de las veces una referencia a la pasión histórica del Señor sobre el Gólgota. Pero el origen de la devoción a la cruz es distinto: los cristianos oraban vueltos hacia oriente, indicando su esperanza de que Cristo, sol verdadero, aparecería sobre la historia; es decir: expresando su fe en la vuelta del Señor. La cruz está estrechamente ligada, al principio, con esta orientación de la oración, representa la insignia que será entregada al rey cuando llegue; en la cruz alcanza su punto culminante la oración. Así pues, para la cristiandad primitiva la cruz era, ante todo, signo de la esperanza, no tanto vuelta al pasado cuanto proyección hacia el Señor que viene. Con la evolución posterior se hizo bastante necesario volver la mirada, cada vez con más fuerza, hacia el hecho; ante todas las volatilizaciones de lo espiritual, ante el camino extraño de la encarnación de Dios, había que defender la prodigalidad impresionante de su amor, que por el bien de unas pobres criaturas se había hecho hombre, y qué hombre. Había que defender la santa locura del amor de Dios, que no pronunció una palabra poderosa, sino que eligió el camino de la debilidad, a fin de confundir nuestros sueños de grandeza y aniquilarlos desde dentro.


¿Pero no hemos olvidado quizás demasiado la relación entre cruz y esperanza, la unidad entre la orientación de la cruz y el oriente, entre el pasado y el futuro? El espíritu de esperanza que respiran las oraciones del sábado santo debería penetrar de nuevo todo nuestro cristianismo. El cristianismo no es una mera religión del pasado, sino también del futuro; su fe es, al mismo tiempo, esperanza, porque Cristo no es solamente el muerto y resucitado, sino también el que ha de venir.

Señor, haz que este misterio de esperanza brille en nuestros corazones, haznos conocer la luz que brota de tu cruz, haz que como cristianos marchemos hacia el futuro, al encuentro del día en que aparezcas.

+info:
Este texto es casi completa la tercera de tres meditaciones sobre sábado santo que pueden verse completas:

viernes, junio 07, 2024

La psicología de Jesús. Sagrado Corazón (Antonio Vázquez y X. Pikaza)

Xabier Pikaza/Facebook/7.6.24. 
Hoy, fiesta católica del Sagrado Corazón de Jesús es una buena ocasión para estudiar su psicología. Tuve el honor de trabajar durante muchos años con el Prof. Antonio Vázquez (1926-2020) que fue durante muchos años Catedrático de Psicología religiosa de la Universidad Pontificia de Salamanca. 

Juntos preparamos las reflexiones que siguen, publicadas en F. Fernández Ramos, "Diccionario de Jesús", Monte Carmelo, Burgos. Con admiración y cariño le recuerdo. Su visión de la Psicología de Jesús me ayudó siempre a plantear mejor los temas de la vida y presencia de Jesús, como hombre conforme al corazón de Dios.

PERSONALIDAD RELIGIOSA SINGULAR

Lo primero que comunica la lectura de los evangelios, con una irresistible fuerza de evidencia, es, en primer lugar, la personalidad religiosa de Jesús. No es un sabio filósofo, a pesar de la sabiduría que irradian sus palabras, y que anda rodeado de discípulos que le llaman Maestro; ni un político revolucionario, a pesar de la fuerza transformadora de sus doctrinas para la sociedad y las polis, ni un curandero, chaman o brujo con poderes mágicos, a pesar de que enfermos y lisiados acuden confiadamente a él; ni siquiera un exorcista de oficio, aunque es diestro en expulsar demonios, a la vez que cura los cuerpos y proclama perdonados los pecados…No.

Jesús es un testigo de Dios, y se mueve en el ámbito de la verdad de testimonio, con su propio valor y epistemología peculiar, según la cual no depende tanto del método cuanto de la calidad de la persona en ella implicada y que necesita, en fin, alguien que le crea, para que pueda ser transmitida: lo cual conlleva libertad de asentimiento. Incluso más, al leer varios pasajes evangélicos tenemos la impresión de que Jesús, se alegra y se sorprende, a veces, de la fe que muestra un sujeto determinado, pero sufre porque no le creen, como si tuviese la convicción de que tenía derecho a que le creyesen, por lo que hacía y decía y cómo lo decía y hacía.

Jesús muestra poseer una actitud personal religiosa: piensa, siente, habla y actúa religiosamente, con esa naturalidad o espontaneidad segunda que la psicología demuestra ser fruto de un proceso de madurez y el mejor signo de verdadera autenticidad. Pero, como insistiremos en ello, al no tener datos sobre dicho proceso, encontramos en él manifestaciones que desconciertan al psicológo porque parecen desbordar las propias leyes psicológicas, haciendo de su personalidad religiosa un caso único, estrictamente singular.

Se puede afirmar, desde luego, que cumple, en forma eminente, ideal y desbordante el tipo religioso de Spranger, como forma de vida (Spranger, 1961, 239 s). En lenguaje de Maslow sus experiencias-cumbre serían eminentemente religiosas, y, sin embargo, no se le puede llamar propiamente un “místico”, pues aparecería como un místico sin deseo místico (cf. Vergote, A., 1990). Ni es tampoco un “profesional” de la religión, oficialmente reconocido, como el sacerdote y levita, viviendo al servicio del templo, si bien puede aparecer como profeta, pero muy singular y paradójico (cf. Pikaza, X., 1997, 33-35).

UTILIZACIÓN DE LA PARADOJA PARA CARACTERIZAR LA FIGURA DE JESÚS

En realidad, la religiosidad de Jesús tiene un estilo peculiar, único y, en cierto modo, desconcertante, para dar cuenta de la cual sólo esa figura retórica, llamada paradoja, utilizada a múltiples niveles, es capaz de balbucear. Estoy de acuerdo con la afirmación de Carlos Gustavo Jung: “Por modo extraño, la paradoja es uno de los supremos bienes espirituales; el carácter unívoco, empero, es un signo de debilidad. Por eso, una religión se empobrece interiormente cuando pierde o disminuye sus paradojas; el aumento de las cuales, en cambio, la enriquece; pues sólo la paradoja es capaz de abrazar aproximadamente la plenitud de la vida, en tanto que lo unívoco y lo falto de contradicción son cosas unilaterales y, por lo tanto, inadecuadas para expresar lo inasible” (Jung, 1957, 26).

Más actualmente Edgard Morin, en una línea epistemológica semejante, que el llama “pensamiento complejo”, preconiza un cambio de paradigma cognoscitivo en las ciencias que vengan a superar las alternativas clásicas, no solucionadas ni solucionables con un pensamiento cuantitativo linealmente monista, sino haciendo que “los términos alternativos se vuelvan términos antagonistas, contradictorios y, al mismo tiempo, complementarios”. Dicho de una forma mucho más poética: “Efectivamente, de la parte a la vez grávida y pesada, etérea y onírica de la realidad humana –y tal vez de la realidad del mundo- se ha hecho cargo lo irracional, parte maldita y bendita donde la poesía se atiborra y se descarga de sus esencias, las cuales, filtradas y destiladas, podrían y deberían un día llamarse ciencia” (Morin, 1996, 81-83).

Vamos, pues, a utilizar la paradoja para presentar los trazos más gruesos de este esbozado dibujo psicológico de la figura de Jesús. He aquí algunos de esos polos aparentemente contrarios en cuyo entre salta el rayo de luz que nos hace entrever algo así como un destello de su personalidad, a la vez que nos permite, asomarnos a la hondura abismal de sus más sencillas palabras o acciones.

Entre los cristólogos actuales, pensamos que es el Prof. Pikaza quien mejor ha puesto de relieve este carácter paradójico de la figura del propio Jesús histórico poniendo con los diez rasgos de su biografía fundante, ya expuestos, fenomenológicas y psicohistóricas para unas reflexiones psicológicas sobre su personalidad. No es posible hacerlas aquí, siguiendo uno a uno los rasgos de este decálogo; sólo podemos permitirnos hacer algunas alusiones al exponer estas paradojas del estilo personal de Jesús y de su religiosidad.

Increíblemente cercano –misteriosamente lejano.

En el polo de la cercanía humana de Jesús, con niños, enfermos, pecadores, marginados de todo tipo y con sus propios discípulos y discípulas que le acompañaban, sobreabundan los textos. Pero, aquí y allá, afloran otros que nos muestran el polo contrario de una lejanía, entre enigmática y misteriosa, que hace pasar a sus oyentes desde una franca “simpatía” hacia su persona a un estado de “extrañeza” o “perplejidad”, en el mejor de los casos, como si de repente se abriese una abismal distancia entre la imagen perceptiva de Jesús y de sus palabras y la presencia-en-la ausencia de otra enigmática o misteriosa “realidad” de carácter inconmensurable, que atraía-aterrorizaba, produciendo en ciertos sujetos una extraña reacción de defensa, que podía ir desde el asombro, a la huida o incluso al ataque, más o menos agresivo. En este último caso, se trataba siempre de situaciones en que alguien intentaba utilizar a Dios o al propio Jesús, mensajero de su Reino. Recuérdese el episodio en que Jesús increpa a Pedro (cf Mc 8, 33; Mt 16, 22-23).

Paradigmático nos parece el relato de Lucas cuando Jesús, encontrándose entre los suyos de Nazaret, primero “se maravillan de sus palabras llenas de gracia” para pasar luego a intentar “despeñarlo” (Lc 4, 14-30). A pesar de que esta reacción así de violenta, no aparece, es cierto, en los otros dos sinópticos, si bien hay indicios de decepción y conflicto por parte de sus paisanos, y es muy compatible, creemos que Lucas quiera anticipar, con su relato, como una especie de síntesis de lo que va a ser el destino de Jesús en la relación con su pueblo, simbolizado por Nazaret; algo así como la presentación del Jesús-Logos, en la alta teología joánica: “vino a su casa y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11). Pensamos que este es un rasgo propio de la personalidad y estilo religioso de Jesús, que de tal manera lo habría percibido Lucas, en las fuentes que haya utilizado, que nos lo dejó retrospectivamente en forma de oráculo prefigurador del destino de Jesús, en boca del viejo Simeón, como signo de contradicción, ante el cual se pondrían de manifiesto las ocultas intenciones del corazón (Lc 2, 34-35), que sólo Dios conoce. Rasgo todavía presente, en la figura de Jesús, que perdura a través de dos mil años, lo cual no ocurre con Buda, ni con Moisés, ni con otras personalidades religiosas de la humanidad.

¿No se muestra en el propio Padrenuestro, “nacido de la oración de Jesús, norma de toda oración, y que posee una plenitud admirable”, la vivencia de esta cercanía-lejanía, en cuanto “nos invita a saludar a Dios como a nuestro Padre, reconociendo al mismo tiempo su trascendencia: el más próximo y el más lejano”, tal como aparece en la formulación de Lucas? Y es que, hay aquí una significativa paradoja o “exquisita antítesis: “Padre” evoca la proximidad, la confianza, la ternura, el “papá-abba” que Jesús nos ha enseñado, y por otro lado, “del cielo” expresa la trascendencia, el misterio inaccesible: Dios está fuera de nuestro alcance”(George, A., 2000, 50, 52), no pertenece a la cadena causal-fenoménica del mundo.
Posiblemente esta paradoja exprese mejor que ninguna este secreto, enigma…misterio de la personalidad de Jesús. En el polo de cercanía, aparece, en efecto, enormemente atrayente para quienes le “escuchan” y “se abren” a su mensaje “creyéndole” como a un auténtico testigo de Dios que tiene, por sí mismo, “derecho a ser creído” (cf. Zahrnt, H., 1971, 88s) y amado. Esto último nos extrañó encontrarlo ya en el testimonio extra-evangélico de Flavio Josefo: “los que le habían dado su afecto al principio no dejaron de amarlo” (Cf. Peláez, J., 1999, 63). Y Pablo dice lo que nunca hemos leído en ningún lugar de la literatura religiosa de todos los tiempos, refiriéndose a Jesús: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20).

¿En dónde podríamos psicológicamente situar el lugar de esa que llamo lejanía de Jesús, incluso para los que creemos en él como enviado e hijo de Dios? En un conjunto de manifestaciones, expresadas en su conducta, tal como su noticia ha llegado a nosotros, que sencillamente ¡no se encuentran en ningún otro hombre!, y que seguramente ya asoman en ciertas expresiones de la gente que lo veía y escuchaba: hace cosas que nadie otro ha hecho, dice cosas que nadie ha dicho… sintetizado, en esta expresión: ¿Qué es esto? ¿Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!” (Mc 1, 27).

Quienes se quedan en la doctrina “separada” de Jesús, que se identifica con ella, se enredan en el imposible intento de “someterla” al reduccionismo de unos esquemas mentales incapaces de soportarla, en lugar de darle a él un pleno voto de confianza. Es decir, en lugar de vaciarse de su autosuficiencia racional y acoger la lejanía-misterio de Jesús, convirtiéndola en una paradójica lejanía cercana, son lanzados a una especie de agujero negro del espíritu que irremediablemente los ciega y engulle. A esto parece referirse Juan, cuando, en medio de esa teológica composición del discurso eucarístico en Cafarnaún sobre el pan de vida, introduce el “escándalo de los propios discípulos” ante aquellas palabras de “comer su carne y beber su sangre”, hasta llegar a abandonarlo muchos (cf. Jn 6, 60-66). Y es que ese discurso “presenta, como en una especie de resumen, todas las piedras de tropiezo en la persona de Jesús” (Jaubert, A., 2000, 50).

Todo ello hace exclamar a un conocido psicólogo de la religión que, en el caso de Jesús, se encuentra uno con un enigma que la psicología es incapaz de resolver: “Habiéndonos acercado a Jesús de Nazaret con ayuda de la psicología religiosa –dice-, hemos debido trazar, por honestidad, una diferencia esencial entre él y el hombre religioso. No se trata solamente de una diferencia de grado, sino de una ruptura con el orden humano” (Vergote, A. 1930, 30). Estando básicamente de acuerdo, más que hablar de ruptura nosotros preferimos ver esta impresión de lejanía, por exceso o desbordamiento de lo “ordinariamente” humano, en el contexto de bipolaridad tensional, expresada por la paradoja, explícitamente reconocida, juntamente con el otro polo de estrecha cercanía. De esta forma, se respeta más la identidad-en- la-distinción.

Tradicional-innovador.

Jesús de Nazaret aparece perfectamente identificado con su pueblo de Israel, sus antepasados y sus tradiciones; pero a la vez se manifiesta como un radical innovador en sus acciones y en sus palabras, que le hacen entrar en conflicto con quienes confundían la fidelidad religiosa a Dios con la observancia y defensa de tradiciones humanas más bien vacías de significado actual. “Jesús habría sido dependiente del Bautista. Pero después se ha independizado, iniciando un camino profético distinto que definirá su vida y obra dentro del contexto israelita. A partir de aquí han de entenderse los signos proféticos de Jesús, aquellos que definen su figura y lo distinguen de los restantes personajes religiosos y sociales de su tiempo: como mesías y/o Hijo de Dios ha seguido siendo un profeta especial y paradójico” (Pikaza, X., 1997, 34).

Los estudios sobre Jesús llevados a cabo por investigadores judíos como el bien conocido Geza Vermes, muestran que “es correcto afirmar que Jesús nació, vivió y murió como judío” (Garzón, B., 1999, 147). Pero también se podría afirmar, probablemente sin mentir, todo lo contrario: fue un judío tan original y creativo que las autoridades religiosas, representantes del judaísmo ortodoxo lo consideraron como un heterodoxo innovador.

En las propias enseñanzas de Jesús, se admiten como principales temas representativos, que indican psicológicamente una gran originalidad y creatividad: el ofrecimiento divino de una salvación universal que abre las fronteras del pueblo de Israel a todos los que estén dispuestos a creer y aceptar las exigencias del Reino de Dios; una nueva imagen de Dios como Padre, que articula perfectamente la misteriosa lejanía de su trascendencia con la providente y paternal/maternal cercanía de su inmanencia en todos los detalles de la vida y existencia humana; y dos temas más íntimamente entrelazados y que traspasan a los anteriores: la propia implicación de Jesús, al menos implícitamente, como agente del Padre en la nueva forma de salvación divina; y la insistencia en la vinculación del amor al prójimo con el amor a Dios, de hecho, se originó con Jesús un nuevo tipo de amor-agape, que tomó en las comunidades cristianas como referente el modo de amar de Jesús (cf. Fitzmyer, J.A., 1997, 46-49).

Pacífico – revolucionario.

Nada más alejado del pensamiento, palabra y acción de Jesús que la violencia, el echar mano de la fuerza o el dominio; irradia, por el contrario, paz, ternura, misericordia, perdón, respeto y amor a los más pobres y necesitados; y, sin embargo, su doctrina y muchas de sus acciones van cargadas de una fuerza explosiva capaz de revolucionar, en forma más o menos “retardada”, no sólo la sociedad de su tiempo, sino también a actuar dinámicamente en cualquier lugar y momento de la historia de la humanidad, poniendo en crisis los deseos y proyectos del hombre tanto a nivel personal como colectivo y sociocultural, cuando este hombre o mujer, pequeño grupo o comunidad de naciones está dispuesto a darle un voto de confianza y ponerse seriamente a escuchar su mensaje.

“Ciertamente fue innovador, pero siguiendo la tradición judía: los judíos reunían discípulos, los celotas soldados de liberación, los profetas seguidores escatológicos… todos ellos perseguidos por los procuradores de Roma o sus reyes vasallos a causa del riesgo social que suponían esos grupos… Pero Jesús tuvo algo personal e intransferible, y por eso lo mataron a él sólo (como a Juan), en vez de perseguir y aniquilar a todo el grupo y movimiento. Es como si los demás dependieran de él, por eso le mataron como a líder de grupo, creador, al menos potencial, de un movimiento subversivo” (Pikaza, X., 44-45).

El que una de las bienaventuranzas se refiera a “los que trabajan por la paz”(Mt 5, 9) puede ser un indicador de una básica actitud de la personalidad de Jesús. Marcos no nos ofrece las bienaventuranzas, pero en cambio, es el único que en el contexto de que los seguidores de Jesús han de ser sal de la tierra, nos transmite este dicho: “Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros” (Mc 9, 50). Ahora bien, para los exégetas actuales estos artífices de la paz, en Mateo, hay que entenderlos como aquellos hombres y mujeres que ejercen una gran obra de misericordia, la cual según los doctores judíos sería “el mejor servicio que se puede prestar al prójimo: ayudar a reconciliarse con los demás, buscar la paz con todos”.

Más todavía: “intentar situar estas dos bienaventuranzas –ser misericordioso y reconciliador-, tomadas juntamente en el evangelio de Mateo, equivale a estudiar el amor al prójimo en este evangelio”(Dupont, J., 1990, 50). Es el mismo Mateo, en efecto, quien pone en boca de Jesús una sentencia, según la cual reconciliarse con el hermano es condición imprescindible para que una ofrenda a Dios sea aceptable (Mt 5, 23-24). Por otra parte, en la extensa narración de la parábola del hijo pródigo, se muestra lo que cuesta, a veces en la comunidad cristiana, reconciliarse el hermano que se cree “bueno” con el hermano “pecador” ya arrepentido, en contraste con la gratuidad del amor misericordioso del padre, que goza perdonando, acogiendo y regalando al hijo que derrochó su herencia (cf Lc 15, 11-32).

Esta paz que irradia la personalidad de Jesús quiere que sea también más que un simple saludo, en sus discípulos-apóstoles cuando se hospeden en una casa, algo así como la sustancia de su vida compartida en comunión de espíritu, así, al menos lo interpretó uno de los evangelistas (cf Mt 10, 12-13). Pero justamente otro evangelista parece desconcertarnos poniendo en labios de Jesús estas palabras: “¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división” (Lc 12, 51); y Mateo, en lugar de división pone espada, siguiendo también la cita de Miqueas: “Sí he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre; a la nuera con su suegra…” (Mt 10, 14-15). Desde una exégesis bíblica puede decirse que esta paz mesiánica de Jesús lleva como contrapunto una especie de guerra escatológica, puesto que el texto evangélico aparece tomado de Miq 7,6. Pero desde una perspectiva psicológica, opinamos que al rasgo del Jesús de las exigencias del Reino que él proclama y personaliza: no se trata de “represiones defensivas”, sino de renuncias personales libres por amor al Reino.

Quizás lo más exigente de estas renuncias personales sea la auto-renuncia, que parece implicar una muerte simbólica seguida un renacimiento, proceso capaz de transformar tan profundamente la personalidad que ya los bienes temporales pierden su valor alienante –se vende todo lo que se tiene, se lo da a los pobres y entonces aparece el único “tesoro” (cf Mc 10,21)-; y es en este total despojo de los deseos pulsionales, cuando el sujeto está psicológicamente preparado para poder comprender y vivir, a nivel de la fe; la paradoja evangélica, que tiene todas las garantías de pertenecer al propio discurso de Jesús, puesto que aparece en los cuatro evangelistas: quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc 8,35;cf Mt 10,39;16,25;Lc 14,27;17,33; Jn 12,25).

Máxima sencillez – máxima autoridad.

Ha quedado en la tradición multisecular, el calificativo de sencillez evangélica como prototipo del mensaje de Jesús; no se conocía que él mismo hubiese estudiado con algún famoso rabino, sino que más bien lo que expresaba, en sus predicaciones itinerantes, parecía que brotaba de un enigmático fondo interior que le confería una grandiosa autoridad a lo que decía y hacía; de lo cual se maravillaban los que le escuchaban, y así lo reflejan claramente los textos evangélicos. ¡Y es que Jesús se situaba, a veces, incluso sobre Moisés: a vosotros se os dijo…pero yo os digo! Y la profunda sabiduría de la maravillosa sencillez de sus parábolas, queda convertida, en realidad en paradoja viva, que se abre simbólicamente a la universidad de lo arquetípicamente humano, más allá del tiempo y el espacio, desde la aparente concreción literal de lo anecdótico. Si como han dicho ciertos exégetas, Jesús aparece como un sabio “diestro en paradojas y experiencias contraculturales”, y a semejanza de Sócrates o Buda, puede aparecer, en efecto, “como representante de la sabiduría universal, más allá de las normas que imponía el judaísmo. Pero en la raíz de su mensaje está latiendo el aliento poderoso de la profecía de Israel y la búsqueda mesiánica del reino” (Pikaza, X. 1997, 37).

Esta sencillez como rasgo característico de la personalidad de Jesús estaría, tal vez, muy relacionada con lo que hemos llamado la “cercanía”, y expresada en una serie de gestos, conductas, lenguaje y, en general, en todo su estilo de ser y de relacionarse con la gente y con los discípulos. No aparece como un sujeto “complicado”, oscuro o interiormente atormentado de dudas filosófico-científicas o incluso religiosas. Por lo contrario, nos aparece de una transparente nitidez de espíritu, perfectamente coherente consigo mismo, Jesús aparece ofreciendo su mensaje, su amor, sus servicios y hace sus invitaciones a seguirle, pero sin pedir nada en cambio y sin obligar, sino que se dirige al corazón de las personas, respetando su libertad de adopción para la escucha y la respuesta personal. Lo hace, pues, con la máxima sencillez, no empañada por trastienda alguna de intereses egoístas, no confesados. Se dirige, en primer lugar a las gentes sencillas del pueblo y se rodea de discípulos que forman parte de ese pueblo llano.

De ahí que puede dirigir al Padre este impresionante himno de júbilo, que Lucas dice explícitamente que lo hizo “lleno de gozo en el Espíritu Santo”: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños (Mt 11, 25; Lc 10, 21). Dice, con acierto Simón Legasse, que con los sabios y prudentes, Jesús designa un grupo que sería el opuesto al de los sencillos: “los sencillos, mejor que los “pequeños”; esta última versión no vale en este lugar, ya que la noción opuesta no es la del adulto, sino la del sabio. La palabra griega (nepios) significa en primer lugar “niño”, pero acepta también el sentido figurado de hombre poco inteligente, y experimentado. Así es como la entienden los Setenta cuando traducen por nepios la palabra hebrea peti, “simple”, “sencillo” (Poittevin – Charpentier, 1999, 42). Mientras el contexto de Lucas es la alegría de los setenta y dos discípulos, que había enviado Jesús, por el éxito de su misión; en Mateo aparece más claro el contraste entre la incredulidad de los que se creen sabios y la fe de los sencillos que se abren a la sabiduría del Reino que proclama Jesús, como si este himno-oración fuera un desahogo a causa de su tristeza por la falta de conversión de los más evangelizados. ¿No se hace Pablo eco de esto, en cierto modo, cuando recuerde los corintios que no hay muchos sabios según la carne en la comunidad de los creyentes (cf 1 Cor 1, 17-31).

Madurez y cercanía a los niños

Finalmente, el propio comportamiento de Jesús con los niños formaría parte también de este aspecto que calificamos de sencillez, corrigiendo incluso a los discípulos que intentaban impedir a las madres que se los traían para que los bendijese y acariciase; poniéndolos él, al mismo tiempo, como modelos de disposición interior para recibir el Reino (Mc 10, 13-16; 19, 13-15; Lc 18, 15-17). Este ser como niño nos parece un rasgo típico de la personalidad de Jesús, en el polo de sencillez, que es lo más alejado de un infantilismo psicológicamente, y, por el contrario el fruto y mejor signo de una auténtica madurez personal, cuando alguien se ha encontrado con el arquetipo del Espíritu en su “proceso de individuación” o de encuentro consigo mismo integrador (Jung), y establece su existencia a nivel de los valores espirituales, en gratuidad, que algunos autores han calificado de infancia espiritual (cf. Vázquez, A. 1981, 299-308).

¿No se veía una dimensión básica de la personalidad de Jesús reflejada en los niños; tal vez esa su inocencia transparente que contrastaba tanto con el turbio mundo de intrigas de poder, legalismos externistas e hipócritas –representados, en ocasiones, por los letrados, escribas y fariseos-, que ocultaban injusticias y marginaciones a los pobres y desheredados, enfermos y posesos que venían a él en busca de consuelo?

Ahora bien, esto supuesto debemos ir en busca del otro polo de la sencillez. ¿No les dijo el propio Jesús a los doce que además de ser sencillos como palomas, fuesen también prudentes como serpientes (Cf Mt 10)? Nosotros hemos elegido como polo contrapuesto, tomado sólo en su significación psicológica, la autoridad con que hablaba y actuaba Jesús. Según dos tipos de personas que reciben dicha impresión de autoridad, se dan dos reacciones de signo contrario, a pesar de que en ambos grupos, se expresa una admiración y desconcierto, que provoca interrogantes; pero mientras entre los sencillos, estos sentimientos tienen un carácter positivo que refuerzan la fe en él y el asentimiento a su mensaje; en los autosuficientes, se convierten en un obstáculo; interrogando agresivamente a Jesús con qué autoridad hace lo que hace y dice lo que dice (cf. Mc 11, 27-33; Mt 9, 32-34; 12, 22-24; 21, 23-27; Lc 20, 1-8).

Entre impuros y pecadores – poder sobre el pecado.

Psicológicamente esta autoridad que muestra Jesús cuando expulsa a los mercaderes del templo o cuando habla del Reino de Dios, en primera persona es también, como lo fue para los que vivieron en su tiempo, un gran enigma sin posible solución desde la limitada competencia de la psicología como ciencia positiva: Jesús actúa y habla con autoridad divina y, sin embargo, se comporta con la sencillez de un hombre de lo más equilibrado, pleno de ternura y con una gran capacidad de acogida a enfermos, afligidos y marginados, sin mostrar en su conducta patología alguna de tipo paranoico, ni siquiera obsesivo, histérico o infantil.

Muchos hombres religiosos, incluso fundadores de religiones han pasado por una época de “pecado” pasando luego por una conversión generalmente seguida de una fase penitencial, alejada del trato con los pecadores, “huyendo” de la tentación. Jesús, en cambio, aparece con frecuencia rodeado de “impuros” y, dejándose invitar de publicanos y pecadores, sin importarle siquiera las críticas a que esto daba lugar; pero, por otro lado, no aparecen jamás atisbos de que haya tenido nunca la más mínima experiencia de sentimiento ni de conciencia de culpa que le llevase a pedir perdón a Dios. He aquí un caso único diferencial entre los grandes hombres religiosos de la humanidad, lo cual parece demostrar que Jesús no era un hombre simplemente religioso, sino que su estilo de ser religioso tenía un carácter “nuevo” e inédito lo mismo que su mensaje. “Que Jesús se presente como un hombre que no experimenta la conciencia de pecado constituye un misterio psicológico”(Vergote, A., 1900, 20).

No faltaron quienes intentaron hacer de Jesús un poseso de las fuerzas del Mal, Jesús no sólo se defendió de lo absurdo que sería expulsar los demonios en nombre de Belzebú (Mt 12, 25s; Mc 3, 23s; Lc 11, 17s), sino que además dirige a sus calumniadores un reto definitivo: ¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? (Jn 8, 46). Podemos afirmar que la difícil paradoja que Juan pone en boca de Jesús en la cena de despedida antes de su pasión, dirigida a sus amigos: Estáis en el mundo, pero no sois del mundo, expresaría la actitud existencial de Jesús en su trato con los impuros y pecadores y, en general, con los poderes de dominio o violencia mundanos. En una perspectiva de tradición apocalíptica, como quiere Kee, “la actividad pública de Jesús se inaugura –al cabo de cuarenta días de combate con Satán (Mc 1, 12-13)- con el anuncio de la inminencia del reinado de Dios. Que ello implica la derrota de los poderes del mal queda claro con la pregunta retórica que formulan los demonios con ocasión del primer milagro de Jesús (Mc 1, 23-26): “¿quién te mete a ti en esto, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos?” Eso precisamente viene a realizar” en su función de exorcista” con el dedo de Dios” (Lc 11, 20; Mt 12, 28)” (Kee, H. C., 1992, 110-111).

Como psicólogo de la religión, una vez más estamos de acuerdo con Vergote cuando afirma que “frente al mal, la actitud de Jesús es la más opuesta a la paranoica”, luchando justamente contra la hipocresía religiosa, esa sí “análoga a la estructura paranoica”, -en cuanto transfiere proyectivamente a los otros; el mal propio no reconocido, diríamos nosotros-. Por el contrario, “lo más asombroso, desde el punto de vista psicológico, es que, sin que él mismo se reconozca pecador, Jesús adopta a la perfección, la misma actitud que él exige del hombre: no disculpa, reconoce el mal, pero lo excusa, lo perdona y pide a su Padre que lo perdone”. Y ¿cuál es la motivación que origina dinámicamente esta actitud personal de Jesús, sino la perfecta identificación con el Padre, el cual si, por un lado, revela su pecado al hombre, por otro le invita al perdón? En resumen, concluye Vergote: “De ningún modo he dilucidado el misterio de la personalidad de Jesús. Puedo afirmar solamente que manifiesta actitudes que se contradicen según las leyes de la psicología humana. El sentido moral y religioso más cabal coexiste, en él, con la ausencia de la conciencia de pecado. Y la ausencia de culpabilidad no se convierte en acusación. Adopta naturalmente la disposición de Dios sin ninguna idea de grandeza y sin jamás dejar una huella de autodivinización” (Vergote, 1990, 21-22).

Entre pecadores, sin pecado

Junto a la autoridad dicha que Jesús muestra, en todo lo que se refiere a su mensaje, esta característica única, en la historia de las religiones, de un hombre de exquisita sensibilidad religiosa, pero sin sombra de conciencia de pecado, debe convertirse necesariamente en un factor dinámico en la personalidad de Jesús, capaz de reflejarse, de algún modo, en sus vivencias, actitudes y conducta. El estar psicológicamente libre Jesús de toda proyección inconsciente del mal, tuvo que facilitarle el conocimiento objetivo de este mal en los otros sin dejarse engañar por las apariencias externas. Multitud de textos evangélicos muestran este especial conocimiento de Jesús como una característica suya, y casi siempre se trata en relación con el pecado: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? (Mt 9, 4). Y es que Jesús conocía los pensamientos de sus enemigos (Cf. Mt 12, 25; Lc 5, 22; 11, 17) o como dice Marcos: conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior (Mc 2) podía poner al descubierto la maldad de su corazón, invitándolos así a una sincera conversión, que implicaba la misericordia y el perdón respecto a los demás, como aparece muy claro en el episodio de la mujer adúltera: aquel de vosotros que esté sin pecado que le arroje la primera piedra (Jn 8, 7), dijo Jesús, provocando a los acusadores, con una estrategia como la utilizada hoy por ciertos psicoterapeutas, sin preocuparnos ahora si se trata o no de un hecho rigurosamente histórico, pero que guarda indudablemente una verdad psicológica en referencia a la personalidad de Jesús y su estilo de actuar en situaciones semejantes.

En perfecta coherencia con esto, estarían otros episodios evangélicos. Es el caso de la mujer pecadora que viene a ungirle los pies a Jesús, invitado por un fariseo, según nos narra Lucas (Lc 7, 36-50). El anfitrión pensaba para sí que Jesús no podía ser un verdadero profeta, de lo contrario, sabría que aquella mujer era una pecadora pública y no le hubiera permitido que le ungiese con el perfume y le enjugase luego los pies con sus cabellos. Pero justamente Jesús no sólo sabía eso sino que conocía también lo que estaba pensando el fariseo, y se lo manifestó mediante una bella parábola que él mismo aplicó a la mujer, después de recabar hábilmente el asentimiento de aquél al principio desprendido de la parábola: a quien más se le ha perdonado debe amar más; la mujer, por tanto, ya no es una pecadora, sino una perdonada o convertida: su gesto no puede ser sino la expresión de un humilde gran amor, fruto de un gran perdón divino, del que Jesús da fe, con su acostumbrada fórmula, plena de sencilla autoridad: tus pecados quedan perdonados (cf. George, A., 2000, 59-61).

Tanto en la narración del caso de la adúltera, como en el de la pecadora, asoma otra característica de la personalidad de Jesús la defensa de la mujer, con una actitud de exquisito respeto a su persona. Para un profundo y fino análisis de otras dos narraciones evangélicas sobre la unción de Jesús, protagonizadas por mujeres, criticadas por hombres del entorno de Jesús y defendidas por éste (Mc 14, 3-9; Jn 12, 1-8), remitimos al lector a la reciente obra Ungido para la vida (Navarro, M., 1999).

Tentaciones y fidelidad

Finalmente, en este apartado no podemos olvidar las narraciones evangélicas sobre el tema de las tentaciones de Jesús (Mc 1, 12-13; Mt 4, 1-10; Lc 4, 1-12), cuyo significado de prueba aparece también en Heb 2, 18; 4, 15). Los estudios críticos parecen dar como sentado que se trata más bien de relatos parabólicos, originados en el mismo Jesús, como dramatización de las resistencias que ha encontrado en sus contemporáneos al rechazar su mensaje. (Fitzmyer, J. A., 1997, 46). Psicológicamente la simple posibilidad de ser tentado nos ofrece, según nuestra opinión, un componente esencial de la capacidad más típicamente humana: su libertad. Jesús tuvo, como nosotros, que tomar, en ocasiones de capital importancia, una libre opción, que él siempre lo hacía con lo que veía como voluntad del Padre. En este sentido, podríamos, quizás, afirmar que sus mayores tentaciones-pruebas hay que situarlas, la primera en la oración del huerto, ante el horror de las torturas y muerte que le esperan, pero que la venció decididamente: ¿Abbá!, Padre… no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú (Mc 14, 36; cf. Mt 26, 39; Lc 22, 42); la segunda, ante las burlas de sus enemigos y el silencio del Padre, por la experiencia de desamparo en la cruz, a la que reaccionó, echándose confiadamente en sus brazos, en un último “grito” que Lucas explicitó, acudiendo al Salmo 31, repitiendo después esta técnica narrativa al dar cuenta de la muerte de Esteban, el primer discípulo mártir: Padre, en tus manos pongo mi espíritu (Lc 23, 46; cf, Hech 7, 59).

Podíamos preguntarnos, ¿pasó Jesús un proceso de maduración de los juicios éticos en el sentido de Piaget y Kolberg?. Realmente no poseemos datos como tampoco de otros aspectos psicológicos, durante su infancia y adolescencia. Lo que sí podemos afirmar es que los datos fiables que nos han llegado de su conducta ético-religiosa de adulto muestra un grado máximo de madurez: actúa por principios universales, regidos por el amor, el humilde servicio, con preferencia a los más necesitados,en el respeto al otro por un verdadero encuentro interpersonal, y la donación hasta la entrega de la propia vida. Este tipo de “encuentro” pasaría a la tradición cristiana con el nombre de comunión-el-Espíritu de Jesús, una íntima unión no fusional , sino unidad-en-la-diferenciación, vida inter-personal libremente compartida por amor a Jesús, que se cree presente en medio de los reunidos en su nombre y en cada uno de ellos.

Plenitud de la Ley – gratuidad del Amor.

Jesús afirma que no ha venido a abolir la Ley y los profetas, sino a darle cumplimiento (Mt 5, 17), pero, a la vez, su afinamiento de los viejos preceptos –se os dijo…pero yo os digo-va sustituyendo la ley del deber por la ley del amor, hasta terminar su vida dando a los suyos un solo mandato: amaos como yo os he amado (Jn 15, 12). 

Psicológicamente constituye esto una gran novedad en la historia de las religiones: obligó a los cristianos a inventar una palabra, en su utilización semántica, agape, para expresar este nuevo tipo de amor “que tiende a la ofrenda de sí mismo al servicio del amado y no a la captación y al goce, presidiendo las relaciones cristianas con Dios y las de los cristianos entre sí, según el mandamiento de “Cristo”; empleada también, como signo de comunión fraterna, “para las comidas en comunidad”, según aparece ya en 2 Ped 2, 13; Jud 12. (Gerard, A.M., 1995, 47). Jesús habría ofrecido el amor misericordioso de Dios en toda gratuidad incluso a los impuros y pecadores según la ley, tal como los judíos la entendían. “Esta es la paradoja, la novedad mesiánica de Jesús que la iglesia posterior ha logrado mantener a duras penas… Esta es la novedad cristiana, aquella que sitúa la gracia de Dios (la nueva humanidad) por encima de una ley de pacto y juicio, propia del buen judaísmo “misericordioso” de aquel tiempo Cf. Mt 7, 1-2 (Pikaza, X., 1997, 53).

Con Poittevin y Charpentier, que citan a su vez a otros autores, podríamos, en una perspectiva más psicológica, afirmar que el discurso de Jesús no sólo interioriza la ley, haciéndola pasar de un cumplimiento más bien externista que no configura propiamente el deseo pulsional, ni transforma interiormente al hombre en las raíces profundas y motivacionales de su pensar y de su obrar, al centro mismo del sujeto, simbolizado por el corazón, como fuente viva de la intencionalidad religiosa, de amor y de lo absoluto (Leon-Dufour); sino que, además la personaliza, al “invitarnos a vivir bajo la mirada del Padre porque él mismo es el Hijo. De esta forma, ser discípulo es entrar en esa relación que Jesús conoce con Dios”. (Poittevin – Charpentier, 1999, 34). Ya hemos visto que este libre sometimiento del deseo de Jesús, como Hijo obediente a la voluntad del Padre, tuvo un momento extremadamente doloroso de aprendizaje –a pesar de ser hijo aprendió, sufriendo, a obedecer, (Cf Heb 4, 8-9)-, en la agonía de Getsemaní antes de su pasión.

Lo que más impresiona de esta personalidad religiosa de Jesús es, sin duda, esa íntima y serena relación personal de plena confianza filial establecida con Dios, a quien llama Abba. De ella parece proceder su relación asimismo singular con los demás. ¿No les enseña a decir también, cuando oren: Padre nuestro…? Todo ello le hace exclamar al psicólogo de la religión, Antoine Vergote: “Si uno retorna al Jesús histórico, tal que lo presentan los miles de trabajos sobre los textos evangélicos, después de decenios, uno concluye que hay un misterio en su personalidad. Para el racionalismo era un enigma que pensaban poder esclarecer racionalmente. Cuando yo concluyo que existe un misterio en la personalidad de Jesús es porque, siendo radicalmente humano, él no es, con evidencia, simplemente humano, como tampoco es simplemente humano lo que él anuncia” (Vergote, 1999, 179).

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lunes, diciembre 12, 2022

viernes, enero 11, 2019

lunes, mayo 14, 2018

Melendi: «He recuperado la fe cristiana»


La Razón
Ya le conocen todos. Se ha arrepentido públicamente de haber sido malo y será por eso que la gente abarrota sus conciertos. Presentará su nuevo disco, «Ahora», en una tremenda gira que pasa por Marbella (25 de agosto), Bilbao (6 de octubre), La Coruña (13), Valencia (19), Murcia (26), Sevilla (27), Barcelona (20 de diciembre) y Madrid (28).
–¿Por qué se ha vuelto un poco latino?
–Creo que es más moderno, pero yo no busco serlo, me vale con ser actual. Me encanta el «rumbatrón» y creo que puede llegar a una audiencia más global.
–¿Le gustan a más gente?
–Sí, hay canciones que arrasan. Choca un poco ver a un asturiano como yo haciendo esto, pero... (risas)
–Es uno de los artistas que más entradas vende en España, ¿por qué?
–Bueno, me quieren y me odian. Creo que es porque han visto la honestidad, de cuando he tenido juventud rebelde lo he cantado y cuando me he ido dando cuenta de las cosas, también.
–Es como si la gente le conociera.
–Sí, sabéis todo por lo que he pasado. Muchas personas se identifican con el proceso.
–Las viejas canciones no le gustan.
–No, muchas se me escapan de las manos. Ya no pienso de esa manera y cuando hablaba con vehemencia. No las respeto.
–Y no las canta.
–No, y se lo he dicho a mis seguidores. No me identifico con ellas. Forman parte de mi pero no.
–Me ha llamado la atención que hay mucho desamor y por lo que he podido buscar en Google... no es el caso.
–Es verdad. Hay varios temas de ello. Pero en eso estoy pasando mi mejor momento. El otro día me di cuenta... no sé qué me ha hecho el subconsciente. Pero bueno, las canciones de amor son de despecho.
–Se llama «Ahora» y no tienen que ver con el presente, ¿por qué se lo puso?
–Es una oda al presente. Después de tantos años de inconsciencia, disfrutar de las pequeñas cosas. Y ese es el mensaje.
–¿El arrepentido es usted?
–Sí, pero por no darme cuenta de que hay que mirar dentro para desbloquear cosas y poder vivir en el presente en el ahora. En mi inconsciente tenía una serie de velos. Un día de pronto dejé de fumar y no sé por qué. El inconsciente «es lo que sabes que no sabes que lo sabes». No es haberme comportado mal. Es vivir en la culpa o vivir en el futuro, estar huyendo del presente. Y te engañas a ti mismo. Cuando desaparece es un alivio.
–Ha aprendido.
–Claro, he dejado de culpar a todo el mundo menos a mí.
–Canta que «sufre sin por qué».
–Lo hacemos todos. Durante tantos años de mi vida pospuse mi felicidad a cuando pasara esto o lo otro. A cuando llegue no sé qué... y hay que ser feliz ahora, porque si no, es la zanahoria que nunca alcanzas.
–Sus pasos no eran suyos del todo.
–Claro. Las cosas son como son. Hay que verlas... y yo he recuperado la fe. La cristiana. Y eso me ha llevado a analizar mi vida en retrospectiva. Momentos de mi vida que me han dirigido hacia donde estoy. Y creo que cada uno debe coger lo mejor que hay. Una persona me ha ayudado mucho a ver las cosas. Le dedico el disco a Joaquina. Una mujer increíble, una asturiana que conocí.
–¿Una consejera?
–Sí. En una mala época en la que estaba perdido me sucedían cosas que no entendía y busqué explicaciones y esta persona me dio herramientas para comprender al ser humano. Fue una suerte conocerla
–¿Ella le ayudó a recuperar la fe?
–Sí.
–¿Fue educado en la religión?
–Sí, en un falso catolicismo. Veía incoherencias como salir de misa con el discurso del pobre y no hacer nada en la calle. Lo bueno es que con los años nos vamos rediseñando.
–¿Por qué el cristianismo?
–Es creer en una persona y no como lo vende una religión sino como lo que era, alguien que veía más allá en los seres humanos. Jesucristo te decía «no juzgues» y eso mismo lo afirmaban Buda o Platón. Lo que pasa es que está todo muy enturbiado. Lo que no soporto es vivir con miedo.
–Usted es asturiano. ¿Comprende el nacionalismo?
–Yo comprendo a todo el mundo porque sé que el inconsciente funciona así. Pero en «Tiempos de revolución» digo mi postura: yo no soy un discurso político ni tampoco 90 minutos. Ese es el problema del mundo. Nos ponemos etiquetas para no reconocer nuestra ignorancia. Si me quitas que me llamo Ramón o que soy de aquí o que apoyo a este equipo y voto a este partido, hay gente a la que no le queda nada. Y en parte hay que aceptarlo. Está muy bien tener creencias, pero ¿matar por ellas? Nunca. Somos todos hermanos y tendrá que llegar un momento de revertir esto.

viernes, enero 26, 2018

Novak Djokovic: “Antes que deportista, soy cristiano”

Louis du Bosnet | Ene 18, 2018 ANDREJ ISAKOVIC / POOL / AFP Si tuviéramos que elaborar una lista de los mejores deportistas de alto nivel cuya generosidad estuviera fuera de toda duda, el nombre de Novak Djokovic no podría faltar en ella El tenista serbio Novak Djokovic, que llevaba seis meses ausente de las pistas de tenis debido a un dolor persistente en el codo, regresó por todo lo alto el martes al circuito ATP contra el estadounidense Donald Young, en la primera ronda del Open de Australia. Un encuentro en el que ha demostrado su poderío (6-1,6-2,6-4). Y es seguro decir que este tenista, que dominó magistralmente la élite mundial del tenis desde agosto de 2014 hasta noviembre de 2016, ha sabido encontrar la energía para volver a la al primer plano gracias a sus lecturas regulares de la Biblia. Antes que deportista, soy cristiano ortodoxo En efecto, el antiguo número 1 mundial del tenis es cristiano ortodoxo. Y el serbio no duda en decirlo públicamente. No es extraño observar a Novak Djokovic invocando a Cristo durante un encuentro o llevando una cruz alrededor de su cuello para atestiguar su afecto hacia Cristo. Para él, sus convicciones religiosas están en primer plano, mucho antes que sus 68 títulos, incluyendo 12 torneos de Grand Slam, ganados en individual desde el principio de su carrera. “Este es el título más importante de mi vida porque, antes que deportista, soy cristiano ortodoxo”, enfatizó en abril de 2011 tras recibir de manos de Ireneo, patriarca de la Iglesia ortodoxa serbia, la Orden de San Sava de clase I, la más alta distinción de la Iglesia ortodoxa serbia, por haber contribuido financieramente a la renovación de edificios religiosos en su país natal. Financia un restaurante gratuito destinado a los más pobres Como multimillonario que es gracias a las ganancias que cosecha con los torneos y sus numerosos contratos publicitarios, Novak Djokovic pone de buen grado su fortuna al servicio de los más pobres o para ayudar a causas importantes para él. Que el lector juzgue por sí mismo. El pasado mes de diciembre, la Novak Djokovic Foundation, de la que es uno de los principales benefactores, financió la renovación de una escuela en Požega (Serbia) con 94.000 euros. El pasado mes de octubre, el tenista anunció la apertura de un restaurante en Serbia que ofrece comida gratis a personas sin hogar y necesitadas de Serbia. En definitiva, restaurantes con corazón al estilo “Djoko”. “El dinero no es un problema para mí. He ganado suficiente para alimentar a toda Serbia. Creo que se lo merecen después del apoyo que recibí por su parte”, indicó sobriamente en un comunicado de prensa emitido por entonces. La suerte de los niños de su país (donde el salario mínimo está establecido en menos de 200 euros al mes) ocupa particularmente la naturaleza benévola de Novak Djokovic. Por ello, en 2015, su fundación se comprometió con el Banco Mundial a promover el acceso de los jóvenes serbios a la educación y la atención sanitaria. Celebrando su generosidad, UNICEF no equivocó al designar a Djokovic en agosto de 2015 Embajador de Buena Voluntad en Serbia. “Novak Djokovic es un auténtico defensor de los niños en todo el mundo. Ha demostrado que una voz potente, junto a acciones potentes, pueden marcar una gran diferencia para los niños, especialmente cuando son muy pequeños”, afirmó Yoka Brandt, directora adjunta de UNICEF. Un ejemplo para los niños del mundo entero… y para los suyos propios Novak Djokovic, fiel cristiano criado durante su infancia en un país presa de un conflicto violento [ndlr: guerra de Bosnia-Herzegovina, entre 1992 y 1995], jamás ha perdido de vista sus raíces. Algo que no desagrada a su esposa Jelena, con quien comenzó a salir en 2005, tiempo en el que incluso iban al mismo instituto en Belgrado. Ambos se unieron ante Dios en julio de 2014. Sus dos hijos se llaman Stefan (3 años) y Tara (4 meses). Papá Novak no solo consigue hacer soñar a los aficionados al tenis del mundo entero, sino que también es una apuesta segura para aprender generosidad.

jueves, septiembre 07, 2017

MECANO: JESUCRISTO



Pasabas por alli, no sé bien
que vibró dentro de mi
y sin pensar me fui detras de ti
La luna en tu melena me ayudó
a seguir tus pasos por la acera
pero al doblar la esquina del bazar
no sé como te perdi
En plena confusión escuché
dentro de mi corazón
como una voz marcando la señal
iba diciendo...

Tu,
tu y yo
tu y yo
tu y yo


Como un radar en el mar
que el barco a puerto quiere anclar,
aquella voz subia de intención
o bajaba si iba mal, o iba un poco mejor
En miles de movidas me metí
por seguir detras de ti
pero al final encontré el lugar
y en medio de la luz estabas esperando...

Colgado de dos palos
y amarrado por los pies y por las manos
me pregunté quién lo pudo hacer
Trepé por la madera
y aparté de tu cara la melena
y te besé
tres palabras rotas escaparon de tus labios

lunes, junio 05, 2017

LO QUE NO PUEDE DIOS...

Bono, de U2: “El único problema que Dios no puede solucionar es el que tratas de esconder”

 

sábado, febrero 04, 2017

EL TRI : SOLAMENTE DIOS


 No debemos juzgar a nuestros semejantes
No debemos permitir que la envidia y el odio
nos ensucien la mente
este mundo esta lleno de enemigos y amantes
que rien, lloran
aman y odian
igual que tu y yo
Si sales a dar un roll
donde quiera que vayas,
va a haber gente buena onda y va ver gente gandalla
que te hacen sentirte gacho y amargan la vida
como si ellos tuvieran la conciencia tranquila

**Solamente Dios nos podria juzgar,
solo el sabe que onda
Solamente Dios,
nos podria decir que esta bien y que esta mal

No debemos juzgar a nuestros semejantes
No debemos permitir que la envidia y el odio
nos ensucien la mente
este mundo esta lleno de enemigos y amantes
que rien, lloran
aman y odian
igual que tu y yo.



viernes, agosto 19, 2016

Usain Bolt: “Me siento bendecido,nada hubiera sido posible sin Dios”

Usain Bolt es el primer atleta en ganar tres medallas de oro consecutivas en los 100 metros en los Juegos Olímpicos. Aún puede repetir la hazaña en los 200 metros y el relevo 4×100 metros. Fuera de las pistas tiene una historia de superación, de haber nacido en una familia pobre de la zona rural de Jamaica.
Pero en un mundo donde el multiculturalismo parece tratar de imponer las manifestaciones de fe del atleta que fueron ignoradas – incluso ocultadas – para la mayoría de los medios de comunicación.
Poco después de ganar su primera final el lunes (2), agradeció a Dios. En sus cuentas en redes sociales, celebró diciendo sentirse “bendecido”. Según CBN, durante las entrevistas para los medios de comunicación de habla inglés, después de la competición, conmemoró diciendo: “Nada hubiera sido posible sin Él”, una referencia a su fe en Dios. La declaración fue ignorada por los programas de deportes, especialmente el canal BBC. Lo mismo ocurre con otros atletas que hablaron de su fe.
Personas vinculadas al atleta dijo que se sentía incómodo, pues procura rezar oraciones antes y después de cada carrera. Sabiendo de su popularidad, siempre espera que las cámaras se acerquen hacia él para dar un testimonio público de la fe en Cristo. Hace esto de rodillas sobre la pista, haciendo la señal de la cruz y que apunta hacia arriba.
Las relaciones públicas del equipo de Jamaica dijeron: “Usain Bolt es un cristiano que cree en la Biblia, que honra a Dios y adora a Jesús”. El atleta es un cristiano dedicado, que ha hablado de la libertad religiosa en conferencias, incluyendo la invitación del Vaticano.

lunes, marzo 14, 2016

sábado, septiembre 12, 2015

Mateo Kovacic, el futuro del fútbol europeo: «Cuando uno cree en Cristo, no tiene miedo del diablo»

Mateo Kovacic pasa por ser uno de los grandes talentos del fútbol europeo que está por venir. Con sólo 18 años se ha convertido en uno de los fichajes más caros de la temporada. El Inter de Milán pagó nada menos que 15 millones por hacerse con el futbolista croata, después de que despuntara en el Dinamo de Zagreb, uno de los mejores equipos del país balcánico.
Dentro de sus múltiples cualidades brilla sobre todo por una visión de juego espléndida, un gran talento en la media punta, un útlimo pase demoledor, mucho olfato de gol, y una fe sólida, inquebrantable. "Mi fe en Dios me hace más fuerte a la hora de afrontar los partidos".
Una infancia peculiar
Kovacic nació un 6 de mayo de 1994 en Linz, Austria. Hasta ahí se habían mudado sus padres en 1991, huyendo de la guerra de los balcanes, procedentes de Kotor Varos, una ciudad eminentemente poblada por ortodoxos y que fue devastada por los serbios.
En tierras austriacas dio sus primeros pasos como futbolista, creciendo en el seno de una educación católica. "Era un niño tranquilo, valiente y muy religioso. Iba todos los domingos a misa". Así le definían sus padres, que en 2007 decidieron volver a casa.
No fue sencillo, pues Kovacic ya estaba llamando la atención de diversos clubes europeos. La Juventus, el Ajax o el Stuttgart, que incluso llegó a ofrecer un trabajo a sus padres, quisieron hacerse con sus servicios. Pero todos decidieron que lo mejor era regresar a Croacia.
Un grave traspiés
Nada más llegar, Kovacic se enroló en las filas del Dinamo de Zagreb, el gigante croata futbolísticamente hablando. Aunque sólo contaba con 13 años, pronto despertó el interés de técnicos y aficionados. Fue ascendido a un equipo dos categorías más alto del que le correspondía por su edad.
Pero en 2009, con quince años, sufrió un duro revés. Una doble fractura de tibia y peroné, con una complicada operación, le mantuvieron diez meses sin poder jugar a fútbol. "Me apoyé en la fuerza de Jesús para pasar ese mal momento. Definitivamente, volví aún más fuerte gracias a Él. Son experiencias que hacen que tu cabeza se vuelva más fuerte".
Estrella precoz
Y sin duda, así fue. Sólo un año después ya debutaba en el primer equipo del Dinamo, convirtiéndose en el futbolista más joven que llegaba a la Primera División de Croacia. Por si fuera poco, en el mismo día de su debut, el 20 de noviembre, con 16 años y 198 días, marcaba su primer gol, lo que le convertía en el goleador más joven de toda la historia en el fútbol croata.
A pesar de ello, y de la lógica fama que alcanzó en su país, Mateo Kovacic continuaba mostrando día a día su fe. No en vano, pese a ser la nueva estrella en Croacia, continuaba no sólo acudiendo a misa todos los domingos, sino que seguía oficiando de monaguillo.
En la iglesia encontró el amor
Aquello le valió algunas burlas de sus amigos y compañeros de equipo, pero como el mismo Kovacic afirma, "no me importaba, nunca me molesté, y nunca dejé de hacerlo. Ahora lo veo con cierto humor...".
Entre otras cosas, porque fue precisamente en la iglesia donde conoció a su novia. Isabel era corista del coro de la parroquia. Una vida tan reservada la suya que no fue hasta cuando llegó al Inter este enero que dio a conocer su nombre, para disgusto de la prensa croata, que durante más de dos años estuvo tratando de investigar de quién se trataba.
Fichaje sonado
Después de explotar en el Dinamo de Zagreb, Mateo Kovacic fue relacionado con varios de los mejores equipos de Europa. Entre ellos, el Real Madrid. Sin duda, el hecho de ser escogido como el mejor futbolista joven de Europa por el diario alemán Bild ha ayudado a ello.
Fue el Inter, el pasado 31 de enero, quien finalmente se llevó el gato al agua. Tuvo que pagar 15 millones por un jugador que ya ha sido comparado con Messi. Aunque él, modesto, rehúye tal analogía. "No tengo ni un 10% del talento de Messi", afirma. "Pero con mucho trabajo y la ayuda de Dios me puedo convertir en un gran futbolista".
No es raro oír esas palabras provenientes del futbolista croata. Desde el primer momento de llegar a Italia no ha tenido ningún problema en de hablar de su fe. "No tengo problemas en decir que creer me da fuerza, me ayuda a jugar mejor" ni en reconocer que "normalmente, debajo de la camiseta del equipo, me pongo una camiseta con una imagen de Jesús".
Por eso, a nadie extrañó cuando, el día previo al derbi de la Madonnina (partido entre el Milan y el Inter, y que recibe ese nombre por la estatua de la Virgen María situada en la cima del Duomo), Kovacic declaró que "cuando uno cree en Jesús, no tiene miedo del diablo", sobrenombre con el que se conoce al Milan.
Habitual de Medjugorje
Cómo el mismo ha reconocido en más de una ocasión, cuando puede acude en peregrinación al Santuario de la Virgen en Medjugorje. De hecho, se encontraba en Herzogovina cuando recibió la llamada del Inter. "Es algo realmente maravilloso para mí. Aquí puedes ir a Misa todos los días. Es realmente bello poder estar aquí, y me enorgullece ver que siempre somos bien recibidos en Herzegovina", afirma Kovacic.
Un futbolista que sueña en convertirse en una de las estrellas de Europa, pero que tiene claro que debe ir poco a poco, y bien acompañado. "Rezo antes de todos los partidos. Me da la fuerza y la inspiración para jugar, y el poder saber que todo va a estar bien. Como cualquer persona normal, tengo mis heridas y debilidades, y la oración y la fe me ayudan a superarlo".