Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
martes, enero 20, 2026
Interpretación del icono de Rublev
P. Evdokimov
En el icono se pueden distinguir los tres planos superpuestos. En primer lugar la reminiscencia de la narración bíblica de la visita de los tres peregrinos a Abraham (Gen 18, 1-15). El comentario bíblico lo descifra: Bienaventurado Abraham, tú los viste y recibiste a la divinidad una y trina. Y la supresión de los rostros de las figuras de Abraham y de Sara invita a penetrar más profundamente y a pasar al segundo plano: el de la economía divina. Los tres peregrinos forman el Consejo eterno y el paisaje cambia de significado: la tienda de Abraham se convierte en palacio-templo; la encina de Mambré, el árbol de la vida; el cosmos, una copa esquemática de la naturaleza, signo ligero de su presencia. El ternero sobre una bandeja cede el lugar a la copa eucarística.
Los tres ángeles, ligeros y esbeltos, nos muestran los cuerpos muy estilizados (catorce veces la cabeza, contra siete para la dimensión normal). Las alas de los ángeles, al igual que la manera esquemática de tratar el paisaje, dan la impresión inmediata de algo inmaterial, de la ausencia de toda pesadez terrena. Al no haber perspectiva, desaparece la distancia, la profundidad en la que todo se sumerge en la lejanía y, por el efecto contrario, acerca las figuras, muestra que Dios está allí, y que está en todas partes. La levedad alegre del conjunto, secreto del genio de Rublev, constituye una visión alada.
Los tres personajes mantienen una conversación. Su tema debería ser el texto de Juan: De tal modo amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único. Luego la Palabra de Dios está siempre en el acto: toma la figura de la copa.
El tercer plano intra-divino se sugiere solamente. Es trascendente e inaccesible. Sin embargo, está presente, en cuanto que la economía de la salvación fluye de la vida interior de Dios.
En su esencia trina Dios es amor en sí, y su amor para con el mundo es el reflejo de su amor trinitario. La copa figura el don de sí, que no es merma, sino la expresión de la sobreabundancia del amor; los ángeles se agrupan alrededor del alimento divino. Los últimos trabajos han descubierto el contenido de la copa. La capa posterior, que representaba un racimo, ocultaba el dibujo inicial: el Cordero. Esto remite la comida celeste a la palabra del Apocalipsis: el Cordero de Dios ha sido inmolado antes de la creación del mundo. El amor, el sacrificio y la inmolación preceden al acto de la creación del mundo, están en su fuente.
Los tres ángeles están en reposo. Es la paz suprema del ser en sí. Pero ese reposo es inebriante, es un auténtico éxtasis, salida de sí mismo. Y ya toda la paradoja está en este éxtasis que continúa en su propia profundidad. San Gregorio de Nisa realza bien su misterio: La mayor paradoja de todas es que la estabilidad y el movimiento sean la misma cosa.
El movimiento parte del pie izquierdo del ángel de la derecha, continúa en la inclinación de su cabeza, pasa al ángel del medio, arrastra irresistiblemente el cosmos, la roca y el árbol, y se resuelve en la posición vertical del ángel de la izquierda, en el que entra en reposo, como en un receptáculo. Junto a este movimiento circular, cuyo acabamiento dirige todo el resto como la eternidad dirige al tiempo, la vertical del templo y de los cetros muestra la aspiración de lo terrestre hacia lo celeste, donde el empuje encuentra su término.
Esta visión de Dios irradia de la verdad trascendente del dogma. De la concepción de los ángeles de Rublev se desprende la unidad y la igualdad. La diferencia proviene de la actitud personal de cada uno para con los otros y sin embargo no hay ni repetición ni confusión. El oro rutilante de los iconos designa siempre la divinidad, su sobreabundancia; las alas de los ángeles lo envuelven y lo cubren todo con su amplitud y los contornos interiores de las alas de un azul muy tierno colocan en relieve la unidad y el carecer celeste de la única naturaleza. Los cetros idénticos, signos del poder real de que está dotado cada ángel, expresan un solo Dios y tres Personas perfectamente iguales. La forma divinidad de la unidad trina nos mira, trasciende nuestras divisiones y nuestras rupturas. Es un llamamiento imperioso que actúa por su sola realidad y por su simple existencia.
Las formas geométricas de la composición son: rectángulo, la cruz, el triángulo y el círculo. Estructuran la imagen desde dentro y hay que descubrirlas. En las concepciones de la época la tierra era octogonal, y el rectángulo es el jeroglífico de la tierra, que vemos en la parte inferior de la mesa. La parte superior de la mesa es igualmente rectangular volvemos a encontrar en ello la significación de los cuatro lados del mundo, de los cuatro puntos cardinales que, para los Padres de la Iglesia, eran la cifra simbólica de los cuatro Evangelios en su plenitud a la que no se le puede añadir o quitar nada. Es el signo de la universalidad de la Palabra. Esta parte superior de la mesa-altar representa la Biblia ofreciendo la copa, fruto de la Palabra. Si se prolonga la línea del árbol de la vida (situado detrás del ángel del centro), lo vemos descender, atravesar la mesa y hundir sus raíces en el rectángulo de la tierra; es anunciado por la Palabra y alimentado por el contenido de la copa. Encontramos ahí la explicación del misterio: porque el árbol llevaba los frutos de la vida eterna, porque era el árbol de la vida.
Las manos de los ángeles convergen hacia el signo de la tierra; ésta es el punto de aplicación del Amor divino. El mundo está más allá de Dios como un ser de naturaleza diferente, pero incluido en el círculo sagrado de la comunión del Padre, sigue el movimiento circular, se encuentra en la parte de arriba, en lo celeste, bajo la forma de la roca, y este movimiento circular se resuelve para el mundo en el palacio-templo. Este templo es como la extensión del Ángel-Cristo, de su encarnación. Es su cuerpo cósmico, la Iglesia, esposa del Cordero unida a él sin separación y sin confusión. El templo continúa en la inmovilidad del descanso del gran sábado -término del movimiento trinitario-. El ciclo de la liturgia cósmica está cerrado. Es la visión escatológica de la nueva Jerusalén. La parte dorada del templo, que avanza como un poder protector, simboliza la protección maternal de la Théotokos y del sacerdocio de los santos.
Según la tradición, la madera de la cruz se sacó del árbol de la vida. Su figura es la base invisible, pero la más real, de la composición. La aureola, el círculo luminoso del Padre, la copa y el signo de la tierra se encuentran en la misma línea vertical. Ésta divide el icono en dos y se cruza con la línea horizontal que une los círculos luminosos de los ángeles del lado, y forma la cruz. La cruz queda inscrita así en el círculo sagrado de la vida divina; es el eje vivo del amor trinitario. El Padre es el amor que crucifica, el Hijo es el amor crucificado, el Espíritu Santo es la cruz del amor, su poder invencible. El movimiento recorre las ramas de la cruz y éstas, como los brazos extendidos de Cristo, envuelven el universo: Cuando sea levantado de la tierra, atraeré todos los hombres a mí (Jn 12, 32). El Hijo y el Espíritu son las dos manos del Padre. Si unimos las extremidades de la mesa en el punto que se encuentra exactamente encima de la cabeza del ángel del medio, veremos que los ángeles se colocan justamente en un triángulo equilateral. Significa la unidad e igualdad de la Trinidad, cuya cima es la pegaía Theótes, el Padre. Y finalmente, la línea trazada siguiendo los contornos exteriores de los tres ángeles, forma un círculo perfecto, signo de la eternidad divina. El centro de este círculo está en la mano del Padre, el Pantocrator.
La actitud del Padre tiene algo de monumental; emana la paz hierática y la inmovilidad, el acto puro, perfecto, principio estático de la eternidad, pero al mismo tiempo, por uno de los más asombrosos contrastes, la creciente ola de movimiento del brazo derecho, su curva potente que concuerda con el mismo poder de la inclinación del cuello y e la cabeza, expresan el principio dinámico. Lo inefable del misterio de Dios se halla en esta síntesis de la inmovilidad y del movimiento: el Absoluto de los filósofos, el Acto puro de los teólogos, y el Dios vivo de la Biblia, nuestro Padre que estás en los cielos.
El poder divino, como lo confiesa nuestro Credo, Creo en el Padre, todopoderoso, es el poder paterno del amor del Padre, reflejado en la mirada del ángel del medio. Es Amor, y justamente por eso, no puede revelarse más que en la comunión y solamente puede conocerse como comunión. Nadie viene al Padre sino por mí (Jn 14, 6); y por otra parte: Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae (Jn 6, 44). No es estrechez o exclusivismo evangélico, sino la más revolucionaria revelación de la naturaleza misma del amor. No se puede tener ningún conocimiento de Dios fuera de la comunicación entre el hombre y Dios; y ésta es siempre trinitaria e inicia en la comunión entre el Padre y el Hijo. Ahora se comprende por qué el Padre no se revela nunca directamente. Es la Fuente, y precisamente por ello, el Silencio. Se revela eternamente, pero es la diunidad del Hijo y del Espíritu Santo quien lo revela. El icono muestra esta comunión cuyo hogar vivo es la copa.
Las líneas del lado derecho del ángel central se amplían a medida que se acercan al ángel de la izquierda. En el lenguaje simbólico de las líneas, las curvas convexas designan siempre la expresión, el habla, la mudanza, la revelación; y al contrario, las curvas cóncavas significan la obediencia, la atención, la abnegación, la receptivi-dad. El Padre está vuelto hacia su Hijo; habla. El movimiento que recorre su ser es el éxtasis. Se manifiesta completamente en el Hijo: El Padre está en mí. Todo lo que tiene el Padre, me pertenece.
El Hijo escucha: las parábolas de su vestido expresan la atención suprema, el abandono de sí. También él se renuncia, para ser el Verbo de su Padre: Las palabras que yo os digo, no las digo por mí mismo; el Padre que está en mí realiza sus propias obras. Su mano derecha reproduce el gesto del Padre: la bendición. Los dos dedos, que se destacan sobre la blancura de la mesa-Biblia, anuncian el camino de la salvación-unión en Cristo de las dos naturalezas, la introducción del mundo, de lo humano, en la comunión del Padre.
La mano inclinada del ángel de la derecha indica la dirección de la bendición: el mundo; parece que cubra, proteja. Por encima del rectángulo del mundo, esta mano es como las alas extendidas de la pura paloma.
La dulzura de líneas del ángel de la derecha tiene algo de maternal. El Consolador, pero también el Espíritu: el Espíritu de la Vida. Es el que da la vida y en quien toda vida se organiza. Es el tercer término del Amor divino, el Espíritu del Amor. Su posición es ligeramente diferente de la posición de los dos otros ángeles. Por su inclinación y el ímpetu de todo su ser está en medio del Padre y del Hijo: él es el espíritu de la comunión y de la circunminsesión. Esto lo prueba claramente el hecho tan remarcable del movimiento que parte de él. En su soplo, en su respiración, el Padre se desplaza hacia su Hijo, el Hijo recibe al Padre y resuena la Palabra. Como dice san Juan Damasceno: Por el Espíritu Santo reconocemos a Cristo, Hijo de Dios, y por el Hijo contemplamos al Padre. En el momento de la Epifanía, el Padre se dirige hacia el Hijo en el movimiento de la Paloma.
Los colores de la iconografía poseen su propio lenguaje. En Rublev alcanzan una riqueza inigualable, un acorde musical total con toda la gama de los más finos matices que repercuten en todos los detalles de la composición. La densidad de los colores de la figura central queda realzada por el contraste con la blancura de la mesa y se refleja en el reverbero sedoso de los ángeles de los lados. La púrpura oscura (el amor divino) y el azul denso (la verdad celeste) con el oro rutilante de las alas (la abundancia divina) forman el acorde perfecto que se perpetúa y se vuelve a encontrar con una tonalidad mitigada como una revelación matizada, la iniciación por grados: rosa pálido y lila a la izquierda, azul más dulce y verde plateado a la derecha. El oro de los tronos, asiento divino, habla de la sobreabundancia de su vida.
De este modo el Padre, inaccesible en la densidad de sus colores, en las tinieblas de su luz, se revela mitigado, accesible en la nube luminosa del Hijo y del Espíritu Santo. De lejos, esta composición da la impresión de una llama azul y roja. Todo llamea en el aire fulgente del mediodía: Quien está cerca de mí, está cerca del fuego.
La mano del Padre detiene el principio y el fin, está extendida por encima de la copa. El Cordero inmolado antes de la creación del mundo y el Cordero-Templo de la nueva Jerusalén, la santa cena de Cristo y su promesa de beber el fruto de la vid en el Reino del Padre, incluyen el tiempo en la eternidad. La copa irradia en la blancura brillante de la Palabra que envía de nuevo todos los colores de la Verdad. Es la irradiación del corazón divino, el don recíproco de las tres Personas divinas
Del icono se desprende un potente llamamiento: Sed uno como el Padre y yo somos uno. El hombre es a imagen de Dios Trino; en su naturaleza la Iglesia-Comunión está inscrita como su última verdad. Todos los hombres están llamados a reunirse alrededor de la misma y única copa, a elevarse al nivel del corazón divino y tomar parte en la Comida mesiánica, a convertirse en un solo Templo-Cordero. Por la vida eterna (el Espíritu) te conocen a ti, el único Dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo.
La visión se acaba con esta nota escatológica: es la anticipación del Reino de los cielos, impregnada de la luz que no es de este mundo, bañada en fin con una alegría pura, desinteresada, de una alegría divina, por el simple hecho de que la Trinidad existe y que somos amados y que todo es gracia. El asombro brota del alma, que se calla. Los místicos nunca hablan de la cumbre, sólo el silencio la descubre.
martes, septiembre 23, 2025
EL BEBÉ MUERTO DEL ÁNGELUS DE MILLET
Decía Salvador Dalí, obsesionado con este cuadro, que esta era la “obra pictórica más íntimamente turbadora, la más densa”.
El realista Millet pinta otra de sus escenas campestres con gente humilde y trabajadora, convenciéndonos casi de que va a ser verdad eso de que el trabajo dignifica.
En un páramo casi desierto, dos campesinos interrumpen sus labores en el campo para rezar el Ángelus (una oración diaria del catolicismo). Sus caras no se ven, pero sólo con sus gestos (cabeza agachada, sombrero en mano, manos al pecho…) expresan más información y matices poéticos que ningún otro cuadro de la historia del arte.
El contraste lumínico desde luego ayuda a palpitar el corazón del espectador.
Más aún si sabemos cual era la intención inicial del pintor: Gracias a un análisis con rayos X, sabemos que Millet situó en un principio donde está el cesto del suelo un ataúd infantil con el bebé fallecido de la pareja protagonista.
Al parecer, Millet se dio cuenta de que con bebés muertos quizás la burguesía no compraría tan bien el cuadro, así que transformó el entierro del hijo de la pareja de campesinos en un momento de oración e intimidad. Aún así, la tristeza en el ambiente sigue intacta.
Millet deja atrás con cuadros como este el individualismo y la superficialidad del romanticismo y crea una de las obras maestras indiscutibles del arte universal.
Créditos: HA Historia Arte
Título original: L'Angélus (El Ángelus)
Artista: Jean Francois Millet
Museo: Museo d’Orsay, París (Francia)
Técnica: Óleo (55,5 x 66 cm.)
Escrito por: Miguel Calvo Santos
MÁS DEL ARTE
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jueves, agosto 15, 2024
Jesús y las mujeres
Eduardo Sanz de Miguel
miércoles, enero 31, 2024
POLÉMICO CARTEL DE SEMANA SANTA
José Luis Barrera Calahorro.
De nuevo, una polémica religiosa, que hace preguntarme si en lo religioso hay que seguir siempre lo establecido. Si es primero -lo preguntó ya el Señor- lo canónico, lo establecido o la ruptura con la tradición y lo que es nuevo.
La polémica está servida y además es conocida por todos, puesto que los medios de comunicación en estos días nos la han servido en bandeja. Se trata del cartel que se ha confeccionado este año para anunciar la Semana Santa en Sevilla. En él aparece pintado con un gran realismo, el cuerpo casi desnudo de un joven, sin apenas restos de las heridas, llagas y hematomas de la pasión. Se trata de representar a Cristo resucitado. Hasta aquí yo no veo nada nuevo, puesto que en nuestro arte pictórico y escultórico de la Pasión de Jesús, hay muchas esculturas que prácticamente representan lo mismo: el cuerpo de un hombre muy joven. Como el artista se imagina a Jesús, en el supremo acto de la redención.
Contemplemos, por ejemplo, dos muestras que no difieren gran cosa con el ya famoso cartel sevillano: el Cristo de Velázquez y la escultura de un Jesús muerto, que recoge en su seno, una Madre jovencísima -la virgen María- en el magistral grupo escultórico de la Pietá de Miguel Angel. Ambos coinciden en lo que se acusa al artista creador de este cartel gráfico que anuncia la semana Santa de Sevilla. Que si es un Jesús demasiado joven, que si desprende un cierto erotismo gay, que si no representa la esencia del misterio cristiano que es el Cristo sufriente y padecedor de los cristos que se exhiben en los pasos de la Semana Santa de Sevilla.
Parece ser que el artista autor de dicho cartel tan rebatido se ha inspirado en la figura de su joven hijo. Y ha intentado mostrar un Cristo que no es el de la pasión, sino el Cristo de la resurrección. Saliéndose de la corriente tradicional de este tipo de arte pictórico, coincide con el imaginario popular (y teológico) sobre la Resurrección de Jesús: de la tumba emergería un cristo con un cuerpo juvenil y “fresco”, sin las trabas del sufrimiento anterior, que sintió terriblemente con su muerte en la cruz. Un Cristo con la carne glorificada (como dice San Pablo que serán nuestros cuerpos cuando resucitemos). ¡El hombre viejo, que da paso al hombre nuevo!
Pero no hay que olvidar la insalvable dificultad de la representación de la resurrección de Jesús porque ésta es irrepresentable, y sólo el arte -especialmente la pintura y la escultura- con sus recursos y licencias lo podría hacer. ¡La resurrección de Jesús no está dentro de la historia y nadie vió con sus ojos cómo fue ésta! Es decir, que Cristo ha resucitado es una profunda experiencia de fe de los primeros discípulos que sintieron fuertemente que la causa de Jesús no había acabado con su muerte. Esa experiencia fue tan radical y tan fuerte, pues entregaron su vida por testimoniar que Jesús seguía vivo y presente en medio de la comunidad y continuaba dándoles fuerza y coraje para seguir viviendo, pese a todas las persecuciones.
Pero volvamos a nuestro cartel y también a lo que de él opinan los sevillanos. El cartel adolece de un cierto hiperrealismo (es un estilo pictórico, que a mí no me va) que provoca que más bien sea, cuando se mira, una fotografía de un joven apuesto y… nada más, aunque lleve sobre la cabeza las tres ráfagas. Acostumbrados a las poderosas y expresivas imágenes tradicionales de los cristos que ellos veneran (“El del Gran Poder”, “El Cachorro”) con el rostro y el cuerpo magullado, aunque vaya “suntuosamente” vestidos, lo natural sería que se adoptaran posturas de rechazo. Pero la fuerza de la tradición, las costumbres, las devociones, han hecho que muchos sevillanos ya de niños contemplen estas imágenes tan torturadas. Es curioso como en la religiosidad popular, siempre hay unas fuerzas y tensiones que suelen rechazar lo novedoso, lo que es diferente.
Quieren ahora, tras denuncias, retirar el cartel. Están recogiendo firmas.
Pienso que no es para tanto, y aunque personalmente dicho cartel no me acaba de gustar, creo que esto debería ser una polémica más. Alguien me susurra al oído: ”¡Así es Sevilla y el mundo de las cofradías!”
domingo, agosto 23, 2020
“Bienaventurados los fracturados porque dejan pasar la luz”
¿Qué le ocurrió?
A mi madre la asesinó su amante. Yo tenía 7 años. Mi padre me sentó en sus rodillas y me dijo: “Tu madre se acabó”. Me comí un pañuelo y estuve un mes sin hablar.
El alma infantil es como plastilina, las cosas impactan como meteoritos, su razonamiento no es el del adulto. Obviamente, yo quería matar al asesino, pero se suicidó. Me quedé con esa carga de rabia y de desamparo dentro.
¿Sin refugio?
Tenía a mi abuela materna. Pero al cabo de cinco años encontró una granada de la Segunda Guerra Mundial que le explotó en las manos. Crecí con esos golpes que te hacen ver que lavida no es nada, es sólo ahora, y que tiene una dimensión violenta.
¿Qué fue de usted?
Viví sin rumbo. A mi padre apenas lo conocía y le temía. En el colegio me sentía distinto porque ellos tenían madre y yo no. Esa exclusión del club de los normales me dolía muchísimo.
¿Cómo transitó por la adolescencia?
Abandoné los estudios y me fugué a la montaña. Me hice pastor de ovejas. Durante diez años viví con mi pareja en una finca en ruinas, y allí tuvimos dos hijas que crecieron entre corderos, sin electricidad, sin agua caliente: una vida arcaica. Pero mi dolor y mi locura no cejaron. Yo era un tipo violento.
¿Y quiso ser payaso?
Era otro de mis sueños. Mi madre pintaba payasos. Viajé muchísimo por el mundo con Pa-yasos sin Fronteras y me di cuenta de que todos lloramos y reímos en el mismo idioma.
Y usted ¿aprendió a reír?
Por mi viejo contrato con Dios entendí muy pronto que la vida es algo muy serio y que hay un monstruo que si eres demasiado feliz se despertará porque duerme con un ojo abierto. Me costó más de diez años de actuaciones permitirme reírme de mí mismo.
¿Aconteció de repente?
Sí, en un momento del espectáculo me rendí a la felicidad del público y así me rendí a la mía propia, reí, solté el control, acepté... Fue revelador, y empecé a trabajar con Claudio Naranjo en los programas terapéuticos SAT que se imparten por medio mundo, creé Clown Esencial.
¿La terapia del payaso?
Sí, un espacio para celebrar juntos nuestra torpeza e inutilidad –este tragicómico intento de ser nosotros mismos–, para mirarnos sin culpas ni prejuicios protegidos por una nariz roja, y así desacralizar nuestra insignificante seriedad y transformar nuestro pasado en patrimonio.
Transformó su dolor en arte.
Sí, y ese arte me hacía tener un lugar en el mundo. Todos queremos pertenecer. Y tenemos derecho a ser inútiles. Yo creo que estamos muy enfermos de una santa seriedad, un altar en el que sacrificamos mucha espontaneidad y dulzura. Somos mucho más amorosos de lo que nos mostramos.
Forma parte de nuestra torpeza.
Sufrimos mucho más por no poder amar lo suficiente que por no ser amados lo suficiente. En realidad, todo se reduce a amor y dolores de amor. Castramos nuestra sensualidad, amorosidad, nuestra capacidad de gozo..., y lo hacemos con sumo esfuerzo.
Un sinsentido.
Es legítimo que queramos ser grandes, pero es muy cansado. Cuando celebramos nuestra pequeñez nos hacemos grandes de una forma más espléndida y más relajada, y no hacemos pagar al mundo nuestro esfuerzo. Mi trabajo es celebrar la condición tragicómica de la vida.
Es necesario reparar el amor a uno mismo.
Confundimos amarnos con ser orgullosos,cuando querernos a nosotros mismos es un acto de profunda humildad: ver lo que hay dentro y reconsiderarse. Pero anida en nosotros un cansancio íntimo, casi vergonzoso, que aflora cuando nos quitamos el maquillaje del personaje de la vida social, profesional o familiar.
...
Hay un anhelo de ser nosotros mismos, sin tanto esfuerzo ni requisito, ser sin aparentar, existir sin tener que pagar nada a cambio, pero no alcanzamos ni para querernos a nosotros mismos y nos pasamos la vida pidiendo a otros que nos quieran. Vivimos llenos de autoexigencia.
Agotador.
El público ríe o llora con el clown porque se reconoce. Nos igualan nuestras imperfecciones, no nuestras grandezas. Yo soy consciente de que tengo un perro feroz dentro y otro bondadoso que despierta cada mañana dispuesto, y hay que ayudarle.
¿Cómo?
Reconociéndolo. Yo soy un torpe patético que tiene derecho a una vida buena... Hay una frase hermosa de Yvan Audouard: “Bienaventurados los fracturados porque dejan pasar la luz”.
¿Reivindica el derecho a la torpeza?
Sí, a la inutilidad, a no servir para nada y no ser condenado por ello. Colocarse la nariz es justamente brillar desde la propia inadecuación social, física o intelectual. Comunicar nuestro desamparo frente a la complejidad del mundo es más constructivo que maquillarlo.
domingo, enero 13, 2019
ESTAMOS CAMBIANDO EL MUNDO
Hemos puesto la catequesis "patas arriba".
Se acabó el ir pasando el tiempo, el aburrimiento que deja las cosas como están...
Dice el Papa: "Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa..." ¡¡¡Nos está diciendo que ya tenemos algo de santos!!!
En los niños alegres, en nuestros hijos, ya vemos los jóvenes que van a cambiar el mundo.
El próximo 6 de febrero tenemos una oportunidad única de dialogar sobre esos jóvenes. Los niñios que van a ser jóvenes. Y esos hermanos mayores o amigos.
Tenderemos una "conferencia performática", una actividad teatral tremendamente atráctiva y sugerente, cómica y dramática al tiempo que nos puede hacer pensar.
Está pensada para mayores de catorce años. Reserva ese día aunque nos salimos de nuestros horarios habituales, es un miércoles porque Moisés viene de Madrid y no puede otro día.
Esperamos a los padres de los niños de catequesis.
Esperamos también a los padres de otros años y que hace tiempo no vemos.
Esperamos también con ilusión a los que hace años hicieron la comunión y hoy son jóvenes.
Esperamos que la casa se nos quede pequeña.
Esperamos que toque nuestros corazones, nuestra cabeza, nuestras manos.
Esperamos...
miércoles, marzo 29, 2017
ORACIÓN CON LA TRINIDAD
![]() |
| Sor Caritas Müller. Trinidad misericordiosa |
Al PADRE: ¿Quién es el Padre?
Antes de nada, recordemos las palabras de Jesús: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar”
¡Pedir al Hijo que nos lo revele!. Nosotros no podemos conocerle, sino es por revelación del Hijo.
Es el “Padre de la misericordia”. Así le llama S. Pablo y así aparece repetidas veces sobre todo en el Evangelio. Así se nos muestra en el icono, a la derecha de la imagen. ¿No nos evoca la figura del Padre de hijo pródigo?
Es el Padre-Amor, “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo...” y “El Padre mismo os quiere”- nos dice Jesús.
Es el Padre-Providente: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, El os lo dará...” “El Padre sabe lo que necesitáis...” “El Padre trabaja siempre”
Es el Abba (papaíto) como lo llama Jesús.(Cf. Lc. 22, 41)
Partamos ahora de nuestra experiencia:
Contemplemos al Padre en este Icono, qué gestos hace? Cómo acoge?... Me identifico y siento cómo me acoge, ¿qué me dice?
Reflexiono:
¿Quién es el Padre para mí? ¿Cómo lo experimento? ¿Qué Nombre doy a mi Padre?
¿He experimentado a Dios como Padre? Cuándo?. Revivo la experiencia.
EL HIJO: ¿Quién es el Hijo?
Es el Hijo AMADO del Padre. Así es presentado por el Padre: “Tú eres mi Hijo AMADO, en Ti me complazco”. “El Padre AMA al Hijo y todo lo ha puesto en sus manos...”.
Es el ENTREGADO: Enviado, el Misionero del Padre: “Tanto amó Dios al mundo que ENTREGÓ a su Hijo Único para salvarlo”. “El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo ENTREGÓ a la muerte por nosotros”.
Repetidas veces se llama Jesús así...y define su Misión como la encomendada por el Padre. Todo el Evangelio está impregnado de esta convicción: “Yo he bajado del Cielo para hacer la Voluntad de mi Padre”
Es El SERVIDOR, el OBEDIENTE: Es consecuencia de lo anterior: “No he venido a ser servido sino a SERVIR”.
Contemplemos así a Jesús en este Icono. Está de rodillas, SIRVIENDO (Cf Jn 13, 1-17); está besando los pies del hombre... El beso es el signo de amor. ¿No nos evoca la escena del lavatorio de los pies?
Podríamos detenernos en nuestra experiencia de Cristo:
¿Quien es Cristo para mí?
¿Me dejo servir por Cristo? ¿No tendrá que reprocharme como a Pedro?(Cf. Jn. 13,8) (Quizá el único pecado es no dejarse salvar por El)
EL ESPIRITU SANTO: Quién es el Espíritu Santo?
“El que procede del Padre y del Hijo”, decimos en el Credo. Es decir, el que crea la COMUNIÓN del Padre y el Hijo. Y el que nos hace entrar en COMUNIÓN con las Divinas Personas, entre nosotros y con el Cosmos. El es el que nos envía a la Misión. El que nos hace hijos en el Hijo. El que nos introduce en la COMUNIÓN cósmica, es decir, con toda la Creación.
La espiritualidad de comunión es vivir esta relación cósmica. Todos estamos relacionados. El Espíritu es quien nos hace personas espirituales y genera en nosotros vida espiritual.
“Lo que existía desde el principio, lo que hemos visto y oído, lo que contemplaron nuestro ojos (...) os lo anunciamos para que estéis en COMUNIÓN con nosotros y esta COMUNIÓN es con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (Cf. 1ª Jn.)
¿Quién realiza esta COMUNIÓN?: EL ESPÍRITU SANTO
Contemplemos al Espíritu en este icono, está en medio, cae directamente al centro de la escena, a la persona... y detengámonos en nuestra experiencia del Espíritu.
Al Espíritu Santo se le han dado muchos nombre: Abogado, Consolador, Paráclito,... (Cf. Secuencia de Pentecostés)
Reflexionemos
¿Quién es para mí el Espíritu Santo?
¿Qué Nombre le daría yo por la experiencia que tengo del Él?
¿Qué experiencia de espiritualidad tengo?
1.2 ¿QUE HACEN ESTAS TRES PERSONAS?
En el Icono vemos a la Trinidad-Amor que se vuelca en el hombre: El Padre le sostiene, el Hijo le besa - formando una línea inclinada- y el Espíritu se derrama sobre él. La Trinidad se mete hasta lo hondo, se SOLIDARIZA con el hombre, se COMPROMETE.
¡Esta es la verdadera solidaridad, la verdadera COMUNIÓN: Misterio de la Encarnación, que nunca acabaremos de comprenderlo!...
Tres son los Misterios centrales de nuestra fe: la Trinidad, La Encarnación y la Eucaristía. Y aquí los podemos encontrar representados....
La Trinidad es el Misterio de los Misterios: Está “inclinada” hacia el hombre... Dios “PIERDE” PODER para “GANAR” COMUNIÓN. Es el juego del gana-pierde del Evangelio.
Contemplemos la “mirada” de Dios-Trinidad al mundo(según la intuición de S. Ignacio): Es mirada SALVADORA, se implica. “El Señor no se olvida del grito de los pobres” Nos ve “como ovejas sin pastor... “ y el HIJO SE HACE HOMBRE!.
La Trinidad es Familia. Están unidas en el AMOR. Pero no es un amor que se quede en ellos, sino que se hace solidario: Es el Misterio de la Encarnación.
Repasamos la Palabra de Dios como: “Se hizo uno de tantos...” “Tomó la condición de siervo...” “Se hizo carne” “Cargó con nuestros pecados” “ No se avergüenza de llamarnos hermanos...”. “He aquí que vengo, Padre, a cumplir tu Voluntad”. “Se hizo pecado”.
Es con este hombre, esencialmente llamado a la relación con otros hombres, con el Cosmos, con Dios... pero también capaz de decir ¡No! y de generar injusticias y opresión entre sus semejantes. Está, por tanto, caído en su dignidad. Es con este hombre con quien Dios Trinidad se compromete estableciendo una relación de liberación.
¡ Reflexionemos sobre nuestro proceso de encarnación...!
Contemplemos el “Icono” Y después echemos la mirada al interior.
Pecado es vivir como si el “otro” no existiera:
¿Cómo veo yo al mundo? ¿Y al hombre?
¿Cómo me comprometo yo con el hombre concreto de hoy, con el mundo al que estoy llamado a liberar?
Y todo esto se supedita a la aceptación de una Mujer: MARIA Inmaculada. María entra ya en el Misterio desde la “raíz”, por su FIAT.
MIRADA AL SER HUMANO ¿Quién es?
Son los millones de seres humanos en la miseria... Los injustamente tratados por la vida: personas degradadas, ultrajadas,...
Y las personas “heridas” de mi familia, cercanas a mí... que están maltratadas por la vida y no han curado las heridas: las más sensibles, débiles, distintas, jóvenes o mayores, los enfermos física o psíquicamente. Pongamos rostro a ese hombre caído. ¡Es mi hermano!.
Es Cristo en cualquiera de mis hermanos que me dice: “Lo que hagáis con uno de estos, a mí me lo hacéis”
Es María: la primera redimida.
Y soy yo: con mi historia, mis heridas, mi realidad.
¡Este es el Misterio!. La Trinidad nos envuelve y nos mete en su vida, para compartir su misma Vida y Amor.
Detengámonos y dejémonos penetrar del Misterio donde estoy metido/a. Situarme dentro: soy el centro de las miradas y atenciones de Dios. El Padre me acoge, me sostiene...el Hijo me besa...el E.S. me comunica Fuerza, Vida.
Esta es la visión antropológica. Afirmar la grandeza de la criatura humana no significa ignorar su fragilidad.
lunes, octubre 20, 2014
EL NACIONALISMO TAMBIÉN CONTAMINA EL DEPORTE
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| IGNASI VIDAL ES JAVERT |
sábado, mayo 04, 2013
lunes, noviembre 26, 2012
jueves, noviembre 10, 2011
TEATRO PARA NIÑOS, PADRES Y ABUELOS
EL 9 de noviembre tuvimos teatro. Otra forma de catequesis. Y vaya si lo fue. Entre risas, gritos y silencios pudimos aprender algo sobre la amistad, los juguetes, el compartir. Hubo juego y reflexión. Agradecemos su colaboración al grupo Zeroalaizquierda. El viernes este mismo grupo escenificará "Cabaret precario" en la Calle Triana (zona antiguo Cardona) a las 19,01.







