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jueves, agosto 27, 2026

Santa María, Madre Amable

Don Damián en la Casa Emaús de
Torremocha de Jarama

Don Damián Iguacen

Contemplamos a la Virgen María abrazada a su hijo y acariciada por él. Es la ‘madre amable’, madre de Dios y madre nuestra; la que ha hallado gracia delante de Dios; la que ama a Dios más que ninguna criatura; la que más nos ama, después de Dios; la que después de Dios merece ser más amada; la que mejor refleja la imagen de Dios Amor y de Jesús amable. Con toda razón es la ‘madre amable’.

Tres cosas hacen que nos resulte amable una persona: su hermosura, su bondad, el amor que nos manifiesta. Las tres se hallan en la Virgen María de modo admirable. Es toda bella, toda santa, toda ‘amor hermoso’. Más grande que ella, solo Dios.

Invocar a la Virgen María como madre amable nos compromete a ser nosotros amables.

El amable, tenga las cualidades que tenga, por el modo con que las vive, por su manera de ser, resulta una persona encantadora, ‘un encanto de persona’. Cuando decimos ‘un encanto de persona’, no queremos decir que es rica, que es joven, que es hermosa, que es lista, decimos que nos encanta su modo de ser, descubrimos un no sé qué que nos cautiva, nos admira, nos convence.

No es fácil definir la amabilidad, porque no es una virtud aislada, sino una reunión de virtudes. Amabilidad es, desde luego, caridad, que se da; humildad que se abaja; mortificación que se priva de cosas menos convenientes; paciencia que sabe esperar; fortaleza que no se cansa ni se hecha atrás ante las dificultades; bondad que todo mira bien; benignidad que hace todo el bien que sabe y puede. Todo eso, junto, es amabilidad, fruto riquísimo del Espíritu Santo.

Sería muy triste que alguien que se acercó a nosotros, por lo que sea, se fuera igual que vino, o peor, porque nosotros hemos sido incapaces de darle algo de lo nuestro.

La amabilidad nos asemeja a Jesucristo, ‘manso y humilde de corazón’.

El amable sabe tener detalles con todos. Que lástima que, a veces, nos haya faltado ese ‘detalle’, ese pequeño detalle que lo hubiera arreglado todo. No hagamos las cosas de cualquier manera, con dejadez. Todo lo precioso y delicado se trata con cuidado, con delicadeza. Nada tan precioso como la persona humana; a la que Dios ‘ha hecho poco inferior a los ángeles’ y ‘ha coronado de gloria y dignidad’. La delicadeza en los detalles es signo de perfección espiritual y humana; la grosería es signo de vileza. La amabilidad se traduce siempre en delicadeza y elegancia espiritual.

El amable es indulgente. Indulgente no quiere decir débil o poco justo.

Ser bueno no quiere decir ser débil. Ser bueno quiere decir querer el bien y hacer el bien siempre, a todos, sin excepción. Y esto no es fácil. ‘La bondad -dice Santo Tomás- es hija de la fortaleza, no se encuentra sino en almas habituadas a vencer. El amable sabe disimular las ofensas que le hacen; sabe disculpar, dispensar, perdonar, sabe interpretar bien las cosas.

No saber dispensar a los demás, es una prueba evidente de que uno se dispensa demasiado a sí mismo.

El amable es valiente. Sabe decir ‘no’ sin enfadarse, nunca devuelve mal por mal, insulto por insulto; nunca pierde la Paz cuando dice lo que tiene que decir.

El amable es servicial. Amabilidad y servicialidad son inseparables. Amar es servir. Uno de los mejores servicios que podemos ofrecer hoy es el de la animación; hay que animar a muchos. La desilusión, la atonía, el desencanto, el desánimo, están haciendo estragos. Pero para animar hay que estar animados.

Todos podemos convertirnos a la amabilidad.

El aceite no mana en ninguna fuente como el agua, hay que hacerlo y se hace estrujando, triturando, moliendo las olivas, las aceitunas, en el molino. ¿Entenderemos la lección? Nadie diga: soy así y así me tenéis que aguantar. ¿Eres áspero, de temperamento fuerte? ¡Al molino aceitero!

No seamos zarzas a la vera del camino. No es un modelo de virtud el tipo de persona que describe el adagio: ‘cara de beato y uñas de gato’.

La mayor parte de personas que encontramos por la vida tienen necesidad de cariño, sienten hambre de simpatía.

Hay que ser no sólo buenos, sino muy buenos, dice San Francisco de Asís.

Santa María, madre amable, ruega por nosotros

Citas extraídas del citado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 246 a 255, Editorial EDICE, Madrid 2016). Por La Asociación Misericordia



jueves, abril 09, 2026

El joven pastor de gafas redondas debería haber estado a salvo


La casa del saber/Facebook

Dietrich Bonhoeffer venía del privilegio. Dinero. Educación. Una familia que podía haberlo protegido de la tormenta que se formaba sobre Alemania en los años treinta.

Podría haber agachado la cabeza. Predicar sermones tranquilos los domingos. Guardar silencio mientras el mundo ardía a su alrededor.

Pero Bonhoeffer vio lo que se venía antes que la mayoría.

Vio iglesias doblarse ante la voluntad de Hitler. Vio vecinos desaparecer en la noche. Oyó el golpe de las botas sobre los adoquines y entendió que el silencio se había convertido en una forma de pecado.

Así que habló.

Primero con cuidado. Luego con firmeza. Luego con todo lo que tenía.

El joven teólogo brillante empezó a enseñar en un seminario clandestino. Ayudó a sacar judíos hacia lugares más seguros. Y terminó vinculado a círculos de resistencia que buscaban derribar al régimen, incluso a Hitler.

Por eso, la Gestapo fue a por él.

Lo arrestaron el 5 de abril de 1943. Lo arrancaron de su casa familiar y lo llevaron a la prisión de Tegel, en Berlín.

Los guardias esperaban que se quebrara. A los intelectuales les pasaba a menudo. Hombres de manos suaves que se desmoronaban bajo presión.

Pero en esa prisión fría y gris ocurrió algo extraño.

Cada noche, otros presos escuchaban sus pasos. No las botas pesadas de los oficiales de las SS —esas traían terror—, sino el andar constante y sereno de Bonhoeffer.

Se movía por los pasillos como una sombra de esperanza.

Recitaba las Escrituras de memoria a hombres que habían olvidado cómo rezar. Compartía su comida escasa con los que se morían de hambre. Consolaba por igual a criminales y a disidentes.

Un preso escribió después: “Cuando Bonhoeffer hablaba, las paredes parecían desaparecer. Por unos minutos, recordábamos lo que se sentía ser humanos”.

Los guardias no sabían qué hacer con él.

Ahí estaba un hombre frente a una muerte casi segura y, aun así, parecía más libre que quienes tenían las llaves.

En 1944, la Gestapo encontró documentos que lo vinculaban a la resistencia contra Hitler. Lo trasladaron al campo de concentración de Buchenwald. Y luego a Flossenbürg.

Un lugar donde la esperanza iba a morir.

Pero incluso allí, rodeado de alambre de púas y del olor de la muerte, Bonhoeffer siguió haciendo lo que siempre había hecho.

Rezaba con los enfermos. Acompañaba a hombres al borde de perder la razón. Compartía su manta con presos que temblaban de frío.

Cuando alguien le preguntó por qué se molestaba —si él mismo estaba marcado para la ejecución—, su respuesta fue simple:

“Porque todavía estoy vivo”.

El domingo 8 de abril de 1945, Bonhoeffer celebró un último servicio. Leyó de Isaías: “Por sus heridas hemos sido sanados”.

Los presos lloraron mientras hablaba. Ellos lo sabían. Él lo sabía.

El final se acercaba.

Esa noche, guardias de las SS entraron en su celda. Le dijeron que los acompañara.

No preguntó a dónde. Ya lo sabía.

Bonhoeffer dobló su manta con cuidado. Susurró una oración. Y le dejó un mensaje a un compañero de cautiverio, el oficial británico Payne Best.

“Dile a mi amigo el obispo Bell que, para mí, esto no es el fin, sino el comienzo de la vida”.

Y caminó.

El sol aún no había salido. El patio estaba vacío, salvo por la horca esperando en la luz gris del amanecer.

Un testigo contó después que Bonhoeffer no dejó de orar. Su voz firme. Sus manos tranquilas. Su rostro en una paz que inquietaba incluso a los verdugos.

No era fanfarronería. No era negación.

Era la certeza silenciosa de un hombre que ya lo había entregado todo, salvo su alma.

Tal vez era porque Bonhoeffer creía que la muerte no era un final, sino una puerta. Tal vez porque sabía que sus palabras sobrevivirían al régimen que lo estaba matando.

O tal vez porque había decidido, mucho antes, que hay cosas que valen más que respirar.

Lo ahorcaron al amanecer del 9 de abril de 1945.

Sin ceremonia. Sin últimas palabras registradas. Sin una tumba con su nombre.

Solo un pastor de 39 años que eligió el coraje por encima de la comodidad, la verdad por encima de la seguridad, el amor por encima de la vida.

Dos semanas después, las fuerzas aliadas liberaron Flossenbürg.

Hitler estaba muerto en menos de un mes.

El supuesto “Reich de mil años” duró doce.

Pero las cartas y los escritos de Bonhoeffer siguieron vivos. Su mensaje final llegó al obispo Bell. Y su historia se extendió por un mundo roto, hambriento de ejemplos de una fe que no se quiebra.

Hoy, millones leen sus palabras y descubren algo extraordinario:

El valor real no siempre ruge. A veces susurra oraciones en una celda. A veces camina sereno hacia la muerte, cantando bajito sobre la vida.

Y a veces, solo a veces, ese coraje silencioso resuena más que todos los gritos juntos.

Fuente: Encyclopaedia Britannica ("Dietrich Bonhoeffer", s. f.)

martes, febrero 24, 2026

Crisis de los 40-60 (El demonio meridiano o acedia)

Fernando Rivas Rebaque

Dentro de las diversas enfermedades, hay una a la que los monjes del desierto conceden una especial atención por la gravedad de sus consecuencias y la importancia que tiene en el proceso de maduración personal: la denominan “acedia” (o “demonio meridiano”) y tiene una clara conexión con lo que hoy llamamos “crisis de los cuarenta”.

El nombre de “acedia” procede del griego ἀκηδία (no-actividad), y en castellano aparece como “negligencia, tristeza o amargura”. Se trata de una enfermedad situada en la mitad de la vida. De aquí el que se hable del demonio meridiano, en referencia al Salmo 91,5-6: “No temerás… el azote que devasta a mediodía”, sin duda el período de mayor calor en el desierto.

Evagrio Póntico, monje del siglo IV y el mejor analista de esta pasión, describe algunos de los síntomas por el que podemos descubrir la enfermedad: cansancio, desánimo, pérdida de las ilusiones, una insatisfacción vaga y generalizada que va apoderándose poco a poco de nuestra existencia… Aparece de improviso, sin que hayamos hecho nada para ello. Comienza por lo afectivo, se traslada a lo psíquico y acaba por instalarse en lo más profundo de nuestro interior.

Algunas de las causas que han podido provocar la acedia se encuentran en un excesivo activismo en las etapas anteriores, que aunque puede habernos ayudado a llenar este tiempo, en el fondo nos impidió afrontar seriamente nuestros problemas interiores; la frustración por proyectos personales o sociales en los que hemos puesto excesivamente nuestra confianza, que así se vuelven contra nosotros; y la rutinización de nuestra existencia, como una manera de afrontar nuestras carencias sin excesivo coste.

Los efectos negativos de esta enfermedad se expresan de manera más evidente en el ámbito corporal. Ante las primeras “goteras” podemos reaccionar por el descuido o abandono de todo lo relacionado con nuestro cuerpo (cuidado, porque en ocasiones se puede encubrir por una obsesiva preocupación por todo lo relacionado con el body).

Pero es una enfermedad que afecta en gran medida al campo psíquico. Y así lo vemos en la búsqueda de lo cómodo y fácil, la incapacidad para hacer o pensar en proyectos que exijan continuidad, el centramiento del deseo sobre mi ego, y una desazón o desánimo con respecto a las posibilidades de mejora de nosotros mismos y de la sociedad, que en ocasiones se justifica con una mayor sabiduría o experiencia. Evagrio Póntico lo expresa de esta contundente manera hablando del monje:

“Al principio, [la acedia] hace que el sol parezca avanzar lento e incluso inmóvil y que el día aparente tener cincuenta horas. A continuación, le apremia a dirigir la vista una y otra vez hacia la ventana y a saltar fuera de su celda… Además, le despierta aversión hacia el lugar donde mora, hacia su misma vida y hacia el trabajo manual; le inculca la idea de que la caridad ha desaparecido entre sus hermanos y no hay quien le consuele… Este demonio le induce entonces al deseo de otros lugares y ejercer un oficio más fácil de realizar y más rentable. Añade a estas cosas también el recuerdo de su familia y del modo de vida anterior y le representa la larga duración de la vida, poniendo ante sus ojos las fatigas de la ascesis; y, como suele decir, pone todo su ingenio para que el monje abandone su celda y huya del estadio”, Tratado práctico 11.

Es una enfermedad que cuestiona de manera inmisericorde nuestras realizaciones anteriores, tanto personales como sociales, produce una cierta nostalgia o añoranza insana de los “años perdidos”, culpabiliza sistemáticamente a los demás, externalizando ingenuamente las culpas (el sistema, la sociedad de consumo, la política…), considera que los objetivos en los que creemos son irrealizables, olvida el espesor de la realidad y propone a cambio mundos ideales y fantasías adolescentes (con mayor capacidad de atracción en un mundo juvenilizado en todos los sectores), y plantea el cambio continuo de actividades, relaciones y situaciones para escapar de la realidad y lo presente que no nos agrada.

Un gran conocedor actual de esta enfermedad, Gabriel Bunge, la define así: “La acedia… estimula simultánea y permanentemente los dos poderes irracionales del alma: la concupiscencia y la violencia. Por eso es una mezcla de concupiscencia frustrada y agresividad… Descontenta del hoy, desea el mañana; se orienta hacia atrás y hacia delante… A causa de su duración, adopta una forma de depresión espiritual que, en los peores casos, aboca al suicidio, último y desesperado intento de evasión”, Akedia (1997). Indudablemente hay grados, y aquí se centra en el más agudo.

No se trata solo de una enfermedad individual, sino que tiene su vertiente social, que viene a reforzar lo personal. Y si alguien piensa que no la tiene quizá sea porque está tan asumida en el propio interior que es incapaz de descubrirla, o que, habiéndola descubierto, no se encuentra con ganas o fuerzas de oponerse a ella, considerándola una batalla perdida ante la que ha tirado la toalla definitivamente.

Pero los monjes del yermo no se centran solo en el diagnóstico, por muy lúcido que sea en este caso, sino que proponen una serie de terapias para esta enfermedad. El primer paso según ellos consiste en reconocer en qué medida estamos colonizados por esta pasión, porque produce tal oscuridad en nuestra tramas personales y sociales que no somos conscientes de su presencia, pues nos hemos habituado a vivir por este parásito que nos va debilitando poco a poco, e incluso podemos llegar a considerarlo como algo natural, un paso necesario hacia la madurez.

En segundo lugar, nos dicen que no debemos hacer caso a las numerosas excusas que nos propone esta enfermedad para vivir “en paz”, como el merecido descanso por todas las luchas anteriores, que es mejor disfrutar de lo que nos queda de vida con los pequeños placeres cotidianos que empeñarnos en objetivos irrealizables (o utópicos), que hay que recuperar los “años perdidos”, que no volverán… Y muchas otras excusas sutiles que nos va ofreciendo esta enfermedad tan invisible.

En tercer lugar, como la acedia es una enfermedad interior, no se puede buscar el remedio en los demás (que nos solucionen el problema), en el cambio de lugar o de estado, sino en nuestra conciencia y en nuestro yo más profundo. Esto no quita la necesidad de escuchar a las personas mas cercanas o la conveniencia de acudir a personas experimentadas en esas lides, que nos ayuden a discernir sobre los medios o modos de enfrentarnos a esta enfermedad, pero siempre será la propia persona la que debe enfrentarse consigo misma.

En cuarto lugar, la lucha contra esta enfermedad es laboriosa y puede durar mucho tiempo (años incluso), por lo que debemos pertrecharnos de paciencia y perseverancia, hasta tal punto que podemos decir que la cura de la acedia tiene como uno de los principales remedios el “ajo y agua” (apócope de a jod…. y aguant…). Pero de una forma muy particular, porque ni se pueden aceptar órdenes de la acedia ni oponerse radicalmente a ella, pues el voluntarismo engorda esta pasión y el propio sujeto no está en las mejores condiciones para esta lucha, ya que está muy debilitado.

En el fondo se trata de una resistencia pacífica, de ocupación de posiciones, no de grandes batallas. De perseverar en los proyectos personales y sociales, pulir nuestras opciones de vida con las dificultades que vamos a encontrarnos, iniciar trabajos que nos inviten a la asiduidad, la presencia y la acción, y dejarnos llevar por lo mejor que vamos descubriendo en nuestras vidas. Y eso, como decía el frailecico abulense: “Aunque es de noche”.

Una lucha que expresa perfectamente este apotegma: “Un monje fue preso de la acedia. Pero encontró unas pequeñas palmas, las cortó y al día siguiente se puso a hacer con ellas una estera. Al sentir hambre se dijo: ‘Ya quedan pocas palmas, las terminaré de tejer y entones comeré’. Al terminar dijo: ‘Leeré un poco y luego comeré’. Y cuando terminó la lectura pensó: ‘Recitaré algunos salmos y después comeré’. Así, poco a poco, con ayuda de Dios… adquirió seguridad para vencer los malos pensamientos”, Sentencias de los Padres del desierto VII,28.

En cualquier caso, la lucha contra la acedia supone un momento clave en nuestro recorrido personal porque marca un antes y un después, nos ayuda a descubrir nuestros propios límites y, si somos capaces de superar esta enfermedad, nos produce una profunda paz interior y un gozo duradero. O al menos eso es lo que cuentan los monjes del desierto, que, sobre esta cuestión, y muchas otras, sabían bastante

jueves, enero 29, 2026

CONOCERSE EN MOVIMIENTO


CONOCERSE está de moda y me parece muy acertado. Es por otra parte tema de siempre. Se alude al oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses”. Ha sido preocupación general de la humanidad.

La lista de personas interesantes que le dan dado importancia son un auténtico torrente desde Sócrates, Jesús, filósofos, revolucionarios. Conocerse es verse, medirse, compararse, analizarse, evaluarse.

En realidad incluye conocer el ambiente y las instituciones a las que pertenezco. ¿Cómo voy a conocerme si no sé que los españoles tenemos algo de quijotes, poco de alemanes, distintos según la geografía que nos nutrió y según las herramientas que utilizamos, Conocerse es magnífico.

¿Por qué nos engañamos? Porque se pone en marcha la vanidad. El ingeniero Rovirosa lo explicaba bien certeramente: La vanidad es una mentira que nos contamos a nosotros mismos. Y así llegamos a la importancia de la verdad. Nuevamente.

Pero el conocimiento desde san Agustin a Rusell y a todo el que trate el tema está ligado con el amor. Solo conocemos lo que amamos. Solo amamos lo que conocemos. Entre amor y conocimiento hay circularidad. Recuerdo una persona que tuvo que presentarse siete veces al examen teórico para conducir el cpche.

En la escucha, que tiene mucho de fuente del conocer, también tiene mucho que ver el amor. La misma cosa dicha por alguien a quien amamos la aceptamos mejor que si es de alguien a quien no amamos.¿Cómo voy a conocer si no amo? ¿Cómo voy a conocer si no escucho?

¿Puede servir una asignatura dedicada al conocerse? Sí y mucho. Pero la persona es dinamismo y no servirá de nada si esa dinámica no se cultiva y aumenta. Vuelvo a citar al original ingeniero Rovirosa. En la juventud no parece probable que Rovirosa pueda decir lo que dijo en su madurez: “No he escuchado verdaderamente nunca”. El conocimiento de uno mismo puede llegar a ese grado si se cultiva continuamente.

Para cultivarlo continuamente hace falta tener una buena base, un buen comienzo que, básicamente es buscar la verdad objetiva. Lo normal es que cada uno seamos poca cosa, todos estamos en deuda desde antes de nacer si cabe.

Ahora se habla de narcisismo. Se refiere a aquel que mirándose en el agua como en un espejo se quedó tan admirado de su belleza que se ahogó en el agua. Si partimos de lo sencillo, de nuestro ser físico o de nuestro ser moral, es fácil darse cuenta que somos poca cosa. Si nos comparamos con otros profesionales de nuestra profesión llegamos a la misma conclusión.

Otro asunto importante es si los colectivos a los que pertenezco se conocen a si mismos como colectivo. Observando los grupos que conozco me doy cuenta que normalmente caemos en el narcisismo colectivo. Mi grupo, mi partido, mi asociación. Valorar bien a mi grupo es necesario para poder trabajar en tal grupo. Nos comprometemos porque no nos parece uno cualquiera. Es bueno que me guste mi pueblo o mi equipo deportivo, o mi grupo profesional… Valorarlo sí, pero narcisismo no.

El absurdo más absurdo del narcisismo colectivo llega a las pertenencias a tal tribu o tal equipo de futbol, que nos permite sentirnos de los ganadores sin levantarnos del sillón. Los nacionalismos y otras realidades sociopolíticas tienen origen similar.

Si es necesario conocerse personalmente, conocerse colectivamente también lo es. La psiquiatra Maribel Rodríguez habla con razón de “pandilla narcisista”.

Conocerse como persona y los grupos a que pertenezco es importante. Seguramente nos hará menos ególatras, más humildes y solidarios.


jueves, noviembre 27, 2025

Antonio Paneque; ¿Qué es cuidar? (I) y (II)








Notas de Antonio Paneque sobre las charlas del profesor Agustín Domingo Moratalla

Hay tres figuras femeninas destacadas en el proceso de recuperación de la ética del cuidado: Carol Gilligan, María Ángeles Durán y Catherine Ellison.

Carol Gilligan 

Dice que la verdadera justicia consiste en tratar a todos de manera diferenciada: la organización de los servicios sociales, de la educación, de los derechos no es igual, porque hay que tener en cuenta la categoría ética de la preocupación por la diferencia. Porque, en realidad, la humanidad depende del cuidado. Hasta ahora la economía y el derecho laboral se han planteado olvidándose del cuidado, y hay que recuperarlo, hacer que las ciencias sociales estén alimentadas por el cuidado. Éstas no se hacen cargo del cuidado invisible de las madres, abuelas, esposas en casa. A nivel de la contabilidad, de la economía y del derecho público cuando nace un niño se empobrece un pueblo; cuando nace un cordero crece el producto interior bruto. La economía, la política funciona diciendo: si hay más criaturas nos empobrecemos. Y se defienden políticas antinatalistas: la economía capitalista penaliza el número de personas que han de compartir los bienes.

María Ángeles Durán

De ahí que les interese que haya corderos, no que haya niños. Hay que invertir eso, afirma María Ángeles Durán, autora de “La riqueza invisible del cuidado”, introduciendo en la contabilidad el cuidado no visible, porque la justicia depende del cuidado. No solo es una cuestión de derechos sociales, sino de estructura. Dice que la revolución del siglo XXI va a ser la revolución del Cuidatoriado. En el siglo XIX los proletarios se unieron, tomaron conciencia y surgió la clase social del proletariado. Durán dice: si todos aquellos que cuidamos de alguien nos uniéramos, el mundo cambiaría. Necesitamos promover la revolución de los cuidados. Y hay una nueva expresión social que es el Cuidatoriado, como apreciamos en nuestros entornos. El día que los cuidadores tengan conciencia de clase, el mundo será distinto. Nuestra tarea en la pastoral sanitaria, pastoral social, consiste en decir: no nos olvidemos de los cuidadores, para no desatender esta dimensión personal de atender y cuidar

Catherine Ellison

Catherine Ellison plantea un concepto importante y revolucionario: inteligencia maternal como clave de vida social, cómo la maternidad nos hace más inteligentes. En esta época en que se habla de inteligencia emocional, social, matemática, las así llamadas inteligencias múltiples, ella afirma que hay una inteligencia nueva, la maternal. Parte del rechazo a la maternidad en el contexto laboral, pensando que sería un obstáculo y que el cerebro se empequeñece a medida que se tienen hijos, de modo que perdería su capacidad profesional. Pero ella afirma lo contrario: gracias a que tengo hijos soy más creativa, despliego recursos, porque hay un tipo de inteligencia muy importante vinculada a la maternidad. En psicología y filosofía se habla del papel del corazón, y desde aquí se plantea la inteligencia cordial. Con la recuperación de la inteligencia maternal se da carta de naturaleza a toda esta tradición, donde el corazón no es algo emocional, emotivo, sino estructural y constitutivo de la humanidad

Así pues, hablamos de una persona que genera un bien, un valor, en una determinada actividad, en unas circunstancias, allí donde están los otros. En el esquema fenomenológico para analizar el cuidado hay un cuidador, una persona que es objeto de cuidados en determinadas circunstancias, y hay un encuentro, una relación que generan una serie de prácticas. La ética del cuidado no se alimenta solo de una relación entre el yo y el tú, porque las circunstancias históricas, como el contexto concreto del que se trate, cuentan mucho.

¿Qué es cuidar?

Veamos ahora qué es cuidar, qué son los cuidados. Igual que se define al ser humano como homo ludens, como homo sapiens, como homo homini lupus, hoy tenemos que hablar del homo curans, pues somos animales que curan. La humanidad ha llegado donde está porque unos hemos cuidado de otros, sin el cuidado tendemos a embrutecernos, a deshumanizarnos.

Pero el campo semántico del cuidado es muy amplio. Hemos de ver dónde nos encontramos con precisión:

- cuidar remite en primer lugar a la cura, la crianza, la atención a los hijos en los primeros momentos de la vida respondiendo a sus necesidades. Es lo que en la historia de la moral, desde Platón hasta Santo Tomás, se conoce como la cura. También la filosofía del siglo XX con Heidegger retoma la cura como concepto central. La fenomenología, el existencialismo, el personalismo se alimentan de esta reflexión sobre la crianza.

- en segundo lugar, cuidar es devolver la salud, restaurar el equilibrio, el orden. El cuidado tiene que ver con la terapia, consiste en recuperar la salud perdida. Visto así, el cuidado es una actividad terapéutica, generativa, vinculada con la salud en todos sus sentidos: individual, colectiva, etc.

- el cuidado tiene también que ver con lo que en griego se conoce por Merimnao, es decir, la solicitud por el otro, la preocupación, atención hacia las necesidades del otro. Así, cuidar es hacer que nuestra ética no nazca de nosotros, sino que sea la respuesta que damos al otro, que se nos hace presente y nos reclama. Es el otro el que nos mueve a actuar, incluso sin haber dialogado ni haber reflexionado. Su rostro nos reclama. Por eso Levinas afirma que la clave de la ética no puede ser la autonomía moral: la clave de la ética es la heteronomía, la vicariedad respecto al otro. Mientras tenga alguien que cuidar, estoy haciendo ética. Quien no ha cuidado, no sabe de qué va la bioética.

¿Y desde el punto de vista cristiano?

- los primeros cristianos entendían el cuidado como eskeptomai, como vigilancia: el Señor se ha ido pero no nos ha dejado solos, nos sigue cuidando. Se trata de no descuidarse, de echar un ojo. Por eso, cuidar es no perder de vista. En otras palabras, cultivar la atención, que es un problema estructural serio en la era digital, y cada vez hay más alumnos con dificultades de atención. Cuidar, pues, es vigilar. No perder de vista al otro, su salud, las relaciones. Atender, evitar las distracciones. En la ética del cuidado hay una pregunta bíblica a la base de todo: ¿dónde está tu hermano? Es importante recuperar la idea de Merimnao, de solicitud, porque nos conduce a categorías importantes como la vulnerabilidad, la finitud, la fragilidad, que no tienen buena fama.

¿Y la pregunta filosófica?

¿y cómo cuidar bien? Aquí se propone el cuidado generativo, como el modo de llevar a cabo un cuidado responsable. Porque el cuidado, la profesionalización del cuidado y su práctica no consiste solo en dar de mí, dedicar tiempo a la persona objeto del cuidado, ver lo que necesita sin perderla de vista. A veces pensamos que el cuidado es la entrega, la donación (acción de donarse). Es cierto, porque el cuidador da su tiempo, sus conocimientos. Así es, sin donación no hay bioética del cuidado. Pero el don se puede plantear de dos formas: como un juego de suma-cero, de equilibrio, dando de lo propio. Pero esto es erróneo: a nosotros nos interesa que el dar sea un dar generativo. El voluntario cuando da su tiempo, no da horas, sino que crece, aprende, porque cuidar no es solo dar conocimiento, tiempo, entrega, sino que en realidad es dar-se, estar dispuesto a crecer con el otro. Quienes cuidan crecen, dan de sí. No es dar de mí, sino dar de sí. La clave de las relaciones humanas no es el tiempo que uno da al otro, sino el hecho de que estar dando tiempo al otro supone crecer juntos, el nivel de encuentro, de relación, de felicidad se ensancha, se esponja, da gusto. El verdadero profesional no es aquel que da su tiempo o conocimientos, sino aquel que está dispuesto a aprender del otro, por lo que la clave está en ese dar de sí.

Condiciones para que nuestras prácticas de cuidado sean dignas

El buen cuidado requiere que nos planteemos varias condiciones. Hay un cuidado inmediato, que no es necesario estudiar para aprender, pero si queremos cuidar bien hemos de aprender fisioterapia, medicina, etc. La investigación, el conocimiento son importantes. Veamos las condiciones para que nuestras prácticas de cuidado sean dignas:

1. En primer lugar, lo que llamamos la competencia, la pericia, que es un bien muy importante. Hay que saber hacer las cosas para proporcionar el cuidado requerido. Significa especialización y no ingenuidad

2. La confidencia: quien cuida del otro ya no lo olvida nunca, pasa a formar parte de su historia, porque se han vivido momentos confidenciales, únicos. El buen cuidado significa gestionar la confidencia, los secretos. La discreción es importante en el cuidado

3. La compasión: los cuidados atañen a personas con sensibilidad; hay personas que gestionan muy bien las cosas, pero son poco idóneas para el trato con las personas al carecer de compasión, de capacidad de sentir y padecer con el otro.

4. La confianza: las prácticas de cuidado han de generar confianza, de modo que el cuidado desee el encuentro con el cuidador, porque puede confiar en él. En la digitalización no hay confianza, hay sospecha y mera comprobación de datos.

5. Conciencia: cuidar es tener conciencia, es lo que nos distingue de los animales. Es la posibilidad de reflexionar sobre lo que se hace, cuestionarse ante los dilemas, y tener las ideas claras sobre aquello que se debe y no se debe hacer, siendo capaces de llevar la contraria al sistema. Se trata de no ser parte del engranaje digital del sistema sanitario.

6. Consuelo: es muy difícil saber consolar, tenemos que entrenarnos para ello: compartir historias, recursos musicales, artísticos, literarios que tengan que ver con la ternura. Cuando no hay ya nada que hacer, siempre se puede narrar un poema, contar una historia, cantar una canción. Cuando la curación no es posible, el consuelo y el cuidado sí lo son. No es lo mismo morir sin un poema, un canto, una oración familiar

Segunda entrevista

El personalismo

En la tradición cristiana del personalismo comunitario, la preocupación por el cuidado va siempre asociada a la preocupación por la justicia, por llevar a cabo un cuidado justo (Emmanuel Mounier, Jacques Maritain). Maritain habla de humanismo integral, porque las ciencias han hecho que el ser humano se convierta en un objeto, y hay que recuperar la condición de sujeto. Desde su trabajo en la UNESCO tendrá una responsabilidad directa en la redacción de la declaración universal de los derechos humanos, basado en la doctrina social de la iglesia. El humanismo perseguido no es anti teológico, sino un humanismo en que el ser humano es un centro descentrado. En nuestra antropología el ser humano desempeña un papel central, pero en el conjunto de la creación nuestra autonomía es teónoma, se mide por la relación con Dios. A la base del Vaticano II se halla este tipo de filosofía. La Populorum Progressio habla de desarrollo integral, tema que retoma Francisco con el cuidado integral de la creación, y se pone en continuidad con este humanismo teocéntrico .

Así pues, promover el cuidado integral supone cuidar físicamente, psicológicamente, en todas las dimensiones, y también en la esfera espiritual, pues la apertura a la transcendencia, la presencia de Dios en nuestros discursos y en nuestras prácticas no puede ser obviada.

La pregunta por el cuidado y las dimensiones del cuidado tiene tres aspectos importantes:

- macro cuidado (cuidado de la casa común, medio ambiente, impacto de la tecnología, impacto del progreso, e incluso el tema de las generaciones, sus derechos, porque el cuidado tiene una dimensión no solo intra generacional, sino que la dimensión generativa del cuidado se traduce en las nuevas generaciones y en sus derechos, ya que somos herederos de algo que se nos ha dado y lo hemos de legar);

- micro cuidado: limpieza, higiene, apoyo espiritual, la ayuda del otro: hoy se habla del cuidado del cuerpo, del cuidado holístico, integral; es una dimensión vinculada con el yo, el cultivo del yo, a veces estamos algo enmimismados pues el sistema social queda encerrado en el yo. De ahí un tipo de cultura y de prácticas individualistas, atomistas, vivimos en sociedades atomizadas, donde cada átomo cuida de sí, de su propio cuerpo.

- Pero se olvida o se deja a un lado el cuidado institucional, una dimensión clave ya que las instituciones han de tener rostro, estar al servicio de las personas: los bancos, las instituciones de justicia, las administraciones, los colegios no son fines en sí mismos sino han de estar al servicio y son una forma de cuidado.

La dimensión dialógica

Entramos en la hermenéutica o fenomenología del cuidado. La vida humana es encuentro, es cuidado. Por tanto se da la recuperación de una dimensión dialógica de la vida donde el encuentro es fundamental. Se recupera la persona, la conciencia, el sentido de comunidad: no hay persona sin comunidad. No estamos cerrados, nos vamos haciendo. La clave del propio currículo vitae no está en los cursos que hemos hecho, la clave de la construcción de la persona es el tipo de relaciones que ha mantenido, porque el otro es constitutivo del yo, de ahí la importancia de la alteridad. Yo soy por un tú que me ha constituido. De hecho, es decisivo ser llamado por el propio nombre, porque hasta que no se dice el nombre, uno no sabe quién es. La identidad de la persona es día-lógica, per-sonal. Uno no se reconoce si nadie ha dicho su nombre: la alteridad es constitutiva, el otro no es solo el diferente, sino alguien con quien tratar. Pasamos de la persona como átomo a la persona como abierta.

Carácter intencional del cuidado

Y aquí hay un elemento fundamental, que es el carácter intencional del cuidado, de modo que este no es un dato que se pueda recoger en una tabla de Excel, en un registro de datos. Los datos no recogen la intencionalidad, el carácter personal del cuidado. Cuando nos referimos al cuidado no pensamos solo en la objetividad sino en el significado, y esto es clave en la sociedad de la información y de la comunicación en la que vivimos. Debemos repensar el cuidado desde esa clave de la comunicación. Decía Laín Entralgo que la gran herramienta de la medicina es la silla, porque el médico tiene que saber escuchar para hacer un buen diagnóstico. Por eso es tan importante entrenarse en la escucha y en la gestión de la palabra.

La bioética se preocupa por los problemas que tienen que ver con el principio de la vida, eugenesia, y por el final de la misma, eutanasia. Sin olvidar lo que hay en el medio de ambas: la eudaimonia, o sea, la ilusión, el sentido. A veces la sanación es recuperar el sentido: una palabra sanadora, consoladora, que tiene mucho que ver con la palabra, el saludo. El saludo es clave para personalizar el trato, por lo que el agente de pastoral de la salud tiene la misión de introducir ilusión, calidad, en los profesionales sanitarios para que estos lleven un saludo cordial. Son prácticas de comunicación que hay que cuidar para percatarnos de la transcendencia de la escucha y de la palabra. Y hemos de entrenarnos, igual que entrenamos el cuerpo en el gimnasio.

Las bases éticas para el cuidado son la atención, el diálogo, la capacidad de respuesta y la personalización. O sea, acoger al otro, el uso de la palabra, la relación y, sobre todo, hacer que el mundo no sea de objetos atomizados sino de personas. El otro a menudo es visto como un cliente, un usuario, un paciente, un ciudadano, un consumidor. Son muchos roles, y pueden olvidar que se trata de una persona que tiene derecho a la atención, al cuidado. La personalización es la clave.

Veamos algunos personajes relevantes en la bioética del cuidado. En primer lugar, Levinas.

Él habla del cuidado como solicitud, y tiene una reflexión de gran hondura sobre la maternidad, la mujer. Plantea el hecho de que el tú es el que nos mueve. El origen de la ética no está en el yo (Descartes, Kant), hay ética cuando tú me movilizas: el tú es el origen de la ética. Y dice que tenemos que entender el diálogo en clave de asimetría. En la bioética principialista, cuando se habla del principio de autonomía se habla del consentimiento informado. No se trata de un papel que se firma, es una práctica comunicativa que busca recuperar la confianza entre el médico y el paciente. En cualquier caso se piensa en clave de relaciones simétricas. Levinas dice que en el cuidado no hay simetría; hay asimetría entre alguien que cuida y alguien que necesita cuidado. El que cuida acude a la demanda del rostro del otro, y se en-carga de él. Se hace cargo de él, porque el otro va a ser una carga, un peso. Más allá de la simetría del consentimiento informado, el cuidado genuino recupera la asimetría estructural de la relación de cuidados. En el modelo de la bioética principialista hay una cláusula de contrato, ese es el documento principal, pero la responsabilidad es carga; cuidar es asumir que la vida es una tarea pesada. Rezamos porque creemos que la gracia nos ayuda a llevar el peso. Hay una dimensión teológica vinculada al peso: hacerse cargo del otro.

Lo más fácil es que del cuidado se haga cargo el estado, que organiza los servicios de atención a los mayores, a los dependientes en condiciones de simetría (régimen liberal contractual), racionalizando, institucionalizando el sistema de cuidados. Pero en la pastoral de la salud recuperamos una dimensión asimétrica de la responsabilidad que a veces se olvida en el discurso social, político. La ética del cuidado tiene que ir más allá, hemos de cargar con el otro, asumir el cuidado . Levinas da más importancia al rostro que a la palabra, pues la comunicación no se termina en la palabra. Contamos con la caricia, la mirada, el consuelo. Así pues, el cuidado no puede ser solo apalabrado, expresado en un documento. El cuidado tiene que ver con la fuerza expresiva del rostro. El cuidador tiene que cuidar también su rostro, para que destelle ilusión, agrado, al margen del rostro del otro, que es el que nos mueve. El cuerpo recoge una sensibilidad que se nos va de las manos y nos interroga.

Levinas menciona tres figuras bíblicas: la viuda, el huérfano y el extranjero, para comprobar el ejercicio de la justicia. Son tres símbolos que funcionan como indicadores de un cuidado ético. Y habla del diálogo como apelación, reclamación, exigencia de responsabilidad, que el otro me reclama antes de que yo tenga propiamente conciencia de ello. El otro es el tú que reclama mi cuidado.

La segunda figura es Hans Jonas

otro pensador judío, que habla de la responsabilidad y afirma que la responsabilidad es el cuidado, que debe tener un carácter proléptico pues debemos pensar en nuestros hijos y en las futuras generaciones. No puede ser solo un cuidado cortoplacista, y el primer mandamiento es que la humanidad en el futuro siga existiendo, porque el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico nos está conduciendo a la catástrofe. El imperativo kantiano (haz siempre lo que debes) es insuficiente. A partir de ahora tiene que haber un nuevo imperativo, el de la responsabilidad, que guíe la investigación científico-técnica. Porque el hecho de que podamos coger los genes (técnica de los Crispys), cortarlos, repararlos, ponerlos, para decidir el color del pelo, la altura, etc, de los seres humanos hacen ver que las posibilidades de manipulación genética son tan grandes, tenemos tanto poder en el laboratorio, que estamos consiguiendo que nuestra civilización sea eugenésica, no nacen personas imperfectas, porque buscamos la perfección, y porque la política liberal capitalista en que nos movemos, nuestro sistema sociosanitario va hacia la eugenesia liberal: queremos la perfección de la especie y no nos preocupa la curación y el crecimiento, sino el mejoramiento. Pero ¿qué es mejorar la especie? La investigación se centra en perfeccionar en el sentido de mejorar, pero se olvida de otras cosas. La bioética trabaja hacia la perfección, pero nadie da gracias por lo que se tiene. Nadie recuerda que la vida es un don, solo se piensa que es una masa que hay que experimentar y manipular. Jonas advierte de que las estrategias de mejoramiento plantean la distinción entre crear, crecer, curar. A su juicio, el coche de la investigación científico-técnica va demasiado acelerado, y nadie le puede poner freno. La ética de la responsabilidad consiste precisamente en poner el semáforo en rojo, detenerse, gestionar el cambio de marcha. No hay que ser ingenuos respecto a la investigación científica, es preciso reforzar los controles y la ética para asumir la responsabilidad. Para ello, la ética ha de dejarse ayudar de la metafísica.

lunes, julio 07, 2025

Dios en la poesía de Gloria Fuertes

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Fue mi hijo quien me presentó a Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998), poeta que le alegraba las mañanas de sus primeros años, desde que un día de agosto el poeta salmantino Raúl Vacas le regalara una cinta con los versos de Gloria; versos para niños pero con un claro mensaje que calaría profundamente en todos. Sí, de ella, Gloria, tan transparente por su sencillez: "Yo soy así como me estáis viendo ... / con nariz pinochil, / flequillo y entrecejo/ acusado ... / Vestida de soltera,/ mi moda es no ir a la moda,/ mi guerra es no ir a la guerra./ Soy más pacifista que artista/ más humanista que feminista,/ más alta que baja ... // Soy tímida y no lo parece,/ soy poeta y sí lo parece,/ soy gorda y sí lo parece ... /soy una niña y no lo parece. // Soy así.https://salamancartvaldia.es/ Como me estáis leyendo".


Su decantamiento por los niños me sorprendió, tenía el don de 'engancharlos' a su palabra cargada de humor, de sencillez, pero al mismo tiempo con esa posibilidad de tener encantamiento para llegar al corazón, y transmitir un mensaje; no uno cualquiera sino ese que ella había recibido mucho antes del inicio de los tiempos. Me atrevería a afirmar que su intención era la de emular a Jesús, el que dijo: "Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis...". Aquel que lo trastocaba todo, poniéndolo al revés, deshaciendo los moldes humanos. Pero siempre con un sentido de haber acertado, de alcanzar lo justo y bueno, como es su poema Al revés pero derecho: "Unas veces disfrazando / mi cordura de locura / otras veces al revés. / Unas veces mi cordero de lobezno / otras veces al revés. / Fui amada y yo pasiva / otras veces al revés... ". Por eso la carga de humor, de amor, y otra vez de humor en sus versos, y luego viene la fe que la ayuda a mover montañas. Quizá todo ese bagaje hace que su poesía sea retadora, comprometida.





Y mientras escribo sobre lo que siento a Dios en la poesía de Gloria Fuertes, me imagino que inicialmente saldrán voces incrédulas, extrañadas de que hubiera un ser así en medio de una poesía que algunos consideraban estrafalaria, como escrita toda a lo loco, donde solo resaltaba el humor y la ingenuidad. Pero la clave la encontré yo misma en su Diccionario estrafalario (que habíamos comprado para mi hijo, después que con canciones le enseñara a sentir pasión desmedida por las tablas de multiplicar), donde pude desvelar que escribe "con 'boli', imaginación y poesía, y jugando"; "describiendo palabras, lo que le sugieren que indican". Allí nos dice que "La imaginación y el humor son parte de la cultura". Insiste en que el título estrafalario es porque "como su nombre lo indica, es un libro desaliñado, despeinado, espontáneo, diferente, amesi, ameno y aburrido tampoco. Parece que está escrito a lo loco, pero lo he escrito a lo cuerdo. No sé qué dirán de este diccionario mis amigos los profesores y los catedráticos, pero si a vosotros, chicas y chicos, os parece 'guay' es bastante para ponerme contenta. Besos". Y así, se pone a escribir con una autoridad que no la tiene cualquiera, ni ayer ni hoy. Con lo cual confirmamos que su poesía no era para los sabios y entendidos, sino para aquellos que estuvieran abiertos a sentir el asombro delante de los versos que eran como un relámpago en medio del caos en que se ha tornado el universo.

Es más, sus poemas no tienen el ritmo de un maniquí, sino el de la musicalidad de todos los continentes que visitaba sin salir de Madrid. No era para los que solo piden poemas que crujen cuando los masticas y que no te dejan ningún sabor a emoción, a comunión, a desahogo.





Como lo dijo ella, "Mi pintura literaria no es abstracta. / Soy figurativa/ (aunque no me figuro nada)./ Solo lo que veo o siento, siento./ // Lo que me sucede/ es que veo el paisaje antes de mirarlo,/ siento el suceso antes de experimentarlo./ Y sobre todo/ sé lo que da de sí un no". Y escribía porque "La poesía es una manera de vida,/ una moneda de suerte,/ una formación del beso,/ una deformación de lo vulgar./ ¡Y a embellecer lo que veo!".





Y es que a ella le han dado una primicia, la de saber que el reino de Dios se ha acercado, lo puede ver en cada ser, en cada objeto que forma parte de la creación. Cada detalle cuenta la gloria del Creador. Él habita en todo; se preocupa hasta por lo más insignificante. Hasta de los poetas porque Él mismo es "el poeta que canta a los poetas desde su libro titulado 'Naturaleza". Pareciera que ella parafrasea el libro de Romanos, que dice que no hay excusa para no entender estas verdades: "Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos..." (Ro. 1.20-21). Por lo tanto, no se debe preguntar sobre lo evidente. He aquí su disertación sobre el tema:





UN HOMBRE PREGUNTA...

¿Dónde está Dios?... Se ve, o no se ve.

Si te tienen que decir dónde está Dios, Dios se marcha.

De nada vale que te diga, que vive en tu garganta.

Que Dios está en las flores y en los granos,

en los pájaros y en las llagas,

en lo feo, en lo triste, en el aire y en el agua;

Dios está en el mar y, a veces, en el templo;

Dios está en el dolor que queda y en el viejo que pasa,

en la madre que pare y en la garrapata,

en la mujer pública y en la torre de la mezquita blanca.

Dios está en la mina y en la plaza.

Es verdad que Dios está en todas partes,

pero hay que verle, sin preguntar

que dónde está,

como si fuera mineral o planta.

Quédate en silencio,

mírate la cara.

El misterio de que veas y sientas, ¿no basta?

Pasa un niño cantando,

tú le amas:

ahí está Dios.

Le tienes en la lengua cuando cantas,

en la voz cuando blasfemas,

y cuando preguntas que dónde está,

esa curiosidad es Dios, que camina por tu sangre amarga.

En los ojos le tienes cuando ríes,

en las venas cuando amas.

Ahí está Dios, en ti;

pero tienes que verle tú.

De nada vale quién te le señale,

quien te diga que está en la ermita,

de nada.

Has de sentirle tú,

trepando, arañando, limpiando,

las paredes de tu casa.

De nada vale que te diga

que está en las manos de todo el que trabaja;

que se va de las manos del guerrero,

aunque éste comulgue o practique cualquier religión,

dogma o rama.

Huye de las manos del que reza, y no ama;

del que va a misa, y no enciende a los pobres

una vela de esperanza.

Suele estar en el suburbio a altas horas de la madrugada,

en el Hospital, y en la casa enrejada.

Dios está en eso tan sin nombre que te sucede

cuando algo te encanta.

Pero, de nada vale que te diga

que Dios está en cada ser que pasa.

Si te angustia ese hombre que se compra alpargatas,

si te inquieta la vida del que sube y no baja,

si te olvidas de ti y de aquéllos, y te empeñas en nada,

si sin porqué una angustia se te enquista en la entraña,

si amaneces un día silbando a la mañana

y sonríes a todos y a todos das las gracias,

Dios está en ti, debajo mismo de tu corbata.

(de Antología, incluida en Obras completas, editorial Cátedra, 1984)





Hace tan fácil ver a Dios incluso a los que no lo ven o nunca podrán verlo. Insiste en revelar que Dios no se impone a fuerza de costumbre, a fuerza de monedas o discursos ambiguos. Dios es un tú a tú con el hombre, una comunión individual para luego ser comunitaria.

Y una y otra vez repite que Dios está aquí y ahora a pesar de que también está en el futuro. Y lo mezcla con la realidad a la que no puede renunciar porque Dios también es la realidad que la circunda, y ante la que no puede permanecer indiferente; una realidad a la que vive radiografiando; de ahí que se considere a sí misma vocero de los que tienen sed de justicia. ORACIÓN: Que estás en la tierra, Padre nuestro, / Que te siento en la púa del pino, /En el torso azul del obrero, / En la niña que borda curvada / La espalda, mezclando el hilo en el dedo. / Padre nuestro que estás en la tierra, / En el surco, / En el huerto, / En la mina, / En el puerto, / ... / Padre nuestro que estás en la tierra, / Donde tienes tu gloria y tu infierno / ... / Padre nuestro que estás en la tierra, / En la cigarra, en el beso, / En la espiga, en el pecho / De todos los que son buenos. / Padre que habitas en cualquier sitio, / Dios que penetras en cualquier hueco, / Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra, / Padre nuestro que sí que te vemos / Los que luego hemos de ver, / Donde sea, o ahí en el cielo". (De Carmen Conde: Poesía Femenina Española)





Vamos desgranando los poemas y verso a verso se desvela el misterio. Se nos revela que su palabra era y es para aquellos que son De la vida cotidiana: "De la vida cotidiana / de fuera a dentro / penetran por mi piel / cada momento, / penas alegrías sucesos / y salen a la vez / de dentro a fuera / convertidos en versos". Tenía la capacidad innata de transformar la realidad en versos que podían alimentar y sanar a los pobres de espíritu o de pan. Pero eso solo lo podemos descubrir si entramos con seriedad por los recovecos de la poética de Gloria Fuertes, donde, como ya hemos afirmado inicialmente, te encuentras con un hilo conductor que une toda su temática y ése es el Soberano, el creador de su Verbo que se hizo carne a través de sus versos. Ella admira a ese Dios que todo lo puede porque "Dios sabe idiomas. /Lo admiro. /Dios lee /y lee en los pergaminos de nuestra piel, /lee en los surcos de nuestros campos. / Dios es telépata y lee /en los laberintos de nuestro cerebro /en las líneas de nuestras manos, /en las líneas de nuestros caminos. /Él sabe dónde vamos /y de dónde venimos. /Dios, en cuatro palabras /es el único que /'se las sabe todas".

Contundente es su afirmación sobre Él para deshacer cualquier complot que desbarate su existencia: "Dios no es una paloma. / Dios no es un señor con barba. / Dios es una energía / es una benéfica corriente eléctrica. / Dios es un amor inmensurable... // Y me interrumpió / el frío intelectual de moda. // -Gloria, Dios es un supuesto. / -Mira, no sé si será un supuesto, / lo que sí sé es que está en su puesto". En pocos versos resume que Dios trasciende imágenes y rituales de todas las épocas. Que Dios es un amor que salta las vallas de nuestro entendimiento, que no se compra; solo es un regalo dado por pura gracia. La poeta entiende que Dios no es moda, nunca se pasa; permanece para siempre, sobre todos. Ella sabe que es el único que no abandona su puesto, el que no varía con el paso de las estaciones, de las lluvias torrenciales, de los gobiernos y reinados, de las bellezas compradas a golpe de talonario; es el misterio que solo entienden los que tienen oídos para oír. Pero no es a ella a quien le compete quién va a oír y quién no; por eso no se preocupa pues sabe quién tiene la última palabra en todo.

Sabe que no ha visto a Dios pero sí tiene el Verbo, y el Verbo habitaba en ella después de pasearse por el mundo y degustar de cada instante para retenerlo en la memoria, y no olvidarse nunca más, y así planificar un segundo encuentro apoteósico. Lo había sentido porque había visto al Hijo: "Poderoso quien seas: / Por tu Hijo Jesús Hermano nuestro / hágase lo que Tú quieras. // ¡Ojalá lo que Tú quieras / sea lo que yo quiero! / Amén". (Poema Oración). Y está dispuesta a no hacer su voluntad sino la del otro. De oír lo que otros no quieren oír, el escalofrío de las cadenas que sonaban en el silencio de la noche, "aunque sin un rasguño de metralla / la guerra civil española/ me dejó en carne viva. // Amanecí en la sección de quemados".





Lo supo el día que aspiró una nueva vida y se despojó de todos los lastres que la hacían languidecer. Y oyó el murmullo del viento que venía para habitar con ella como si fueran uno solo. Cuando después de morir al tercer día renació y quiso hablarles a las multitudes de que ahora ya no era ciega, podía ver. Vio "que el mundo es un barrio"; que "además de hermanos / todos somos vecinos, /a nadie debe llamársele extranjero ... Y que "se ha inventado/ la radio/la televisión/los periódicos/los aviones ... Pero "queda por inventar el amor". Es ahí donde supo por qué escribe el poeta; de dónde viene y a dónde va; quién lo mantiene; y hasta cuándo. Supo cuál era su misión en este globo terráqueo. No se cree un Mesías, pero lo emula.

No se siente salvadora del mundo pero sí llegó a la conclusión, a mi entender, que su poesía podía ir más allá de ella misma, dejar de ser un proyecto suyo para servir a la humanidad. Podía ser un medio de respuesta a las preguntas que se plantea la cultura. Por ello, necesitaba el silencio, con ella, con Dios, su proveedor de palabras; estar a solas con él para entrar en éxtasis teresiano y salir de allí llena del espíritu, que es el que hace aflorar los frutos necesarios para entrar en diálogo con esos seres que esperan ansiosos y expectantes. Lo dicen estos versos: "Para escribir me escondo, como una mujer primitiva se escondía/ para parir. / Como un animal herido se esconde/ para lamerse a gusto la sangre,/ así nadie sabe de mí / cuando me pierdo para escribiros esto". O estos otros: "También se puede encontrar la libertad/ en solitario,/ en-cerrado/ en-tre cuatro papeles,/ es decir ¡libre!...". Necesitaba meditar, repensar, como un místico pero de esos que todavía no se han convertido en profesionales del misticismo. Como dice un poeta: "El poeta es un místico imperfecto porque lo que le caracteriza es la locuacidad. Un buen místico está encantado con el silencio, no tiene motivos para escribir. Los poetas son absolutamente imperfectos, necesitan publicar su obra". Hacer el bien con su escritura.

Sobre este hacer el bien con su obra, la Fuertes nos lo explica muy bien en su Poética: "Poesía debe ser/ comunicación/ penetración/ emoción/ hacer pensar/ pellizcar/ y crecer en la espontaneidad".

Esa comunión con ellos, el Padre y el Hijo, aflora en su piel; la hace exudar amor, porque Dios es Amor. Lo expresa claramente en un poema: "Dios es humor / y sobre todo Dios (y nunca mejor dicho) / es Amor. // Dios nos llena la despensa / Dios nos sonríe sin esperar recompensa. / Quiere que hagamos el bien. // Si en vez de un tiro en la sien / damos un beso en la sien / Dios nos guiña un ojo, / lo mismo a un azul que a un rojo. // Dios ama todos los colores: / Blanco, negro, amarillo... / porque Dios fue monaguillo". Y escudriñando más y más se va apropiando de ese ágape, perfeccionándolo para otorgarlo con más pureza. Pero en verso sonriente te dice que ése no es un amor cualquiera, tal como lo diría Pablo, el de Tarso, allá en Corinto, y a través de una carta en papel. Dice Gloria: "El amor todo lo soporta. / El amor siempre va con el perdón a cuestas, / con el corazón en la mano, / con la verdad en la boca, / con el beso en los ojos, / con la ternura en el llanto. / El amor tiene vocación de santo, / pero no pasa de mártir".

Ya lo dice en una entrevista que le hizo la periodista Laura Gómez Recas en 1984: "El amor está en todo. Yo creo que en todos mis cientos o miles de poemas está, latiendo, el amor".

Y vuelve a recalcarnos que "La realidad es mi trampolín / la realidad es lo que me eleva ... la realidad nunca miente, /la realidad es la fuente, / de mi inspiración". Para que no haya malas interpretaciones y digamos que lo suyo son las metáforas; no, lo suyo es la cotidianidad, el día a día de los mendigos de Madrid, o los niños descalzos que pretendemos esconder entre las cajas de cartón de los comercios abarrotados; es el amor entre dos, el mar que le gusta y le asusta, los que ligan para pagar las trampas; los de las chabolas, los que no tienen calor en invierno... Esa realidad es su combustible para coger la pluma y escribir. "Y ¡Que ellos inventen! / Yo cuento el cuento". Y cuenta: La gente dice:/ 'Pobres tiene que haber siempre'/ y se quedan tan anchos/ tan estrechos de miras,/ tan vacíos de espíritu,/ tan llenos de comodidad.// Yo aseguro/ con emoción/ que en un próximo futuro/ solo habrá pobres de vocación".

Gloria Fuertes no exportaba balas, sino amor. Amor en forma de verso que se disemina por todas partes del planeta donde vivo yo, o tú. O un globo que es la luna donde ahora vive Gloria Fuertes, y hasta allá dirigen su mirada los niños para seguir imaginándose sus versos en un globo, dos globos, tres globos...

Es el amor el que le hace percibir la realidad social, ser vocero de los que no tienen voz en el panorama actual. Le atañe todo lo que sucede en las distintas esferas de la sociedad, sea en lo económico, lo político, lo social, lo espiritual. Al margen de los lamentos... aunque estos planes no sean rentables. Por eso dice: "Sé que con poesía no se come / no se come no, pero se ama, / no es necesario no, irse a la cama, / aquí no pintan oros pintan manos...". El relámpago le ha permitido leer en su fulgor que el poeta no admite falsedades sino que las verdades son su baza. Porque ella vio al relámpago como lo hizo Rojas, de niño, en su Lebu natal; recibió en lo centelleante del fenómeno la iluminación del Todo y, desde ahí, del instante, y se le dio para siempre la revelación de la palabra... Quizá Gloria cayó de rodillas un día cuando la sorprendió otro relámpago en Madrid. Y a partir de ahí no se instaló en negocio alguno en cuanto a ortodoxia, más bien ha sido testigo activo de su tiempo.

El amor por el prójimo va más allá y se hace extensivo a la tierra que gime con gemidos indecibles. Reconoce que el hombre tiene una interdependencia con la naturaleza; ha tomado conciencia de que éste tiene el deber de administrarla con sabiduría, pues como ella dice en su poema Medio ambiente: "La naturaleza nos alegra o nos entristece, / mientras ella ni siente ni padece. / Bueno, /ahora sí parece que padece. / Ved las playas y los ríos / -muertos peces. / Ved los árboles sin brillo ni simiente. / Ese aire que los ojos enrojece, / que al pulmón ennegrece / y al pálido niño de la ciudad / envejece ... Quién ha sido el salvaje / que puso el árbol gris / y sucio el aire? ...". (Fragmento). No obstante, en su poema Ecología esencial le da por priorizar al hombre, hecho a imagen y semejanza del mismísimo Dios: "La tierra no es un regalo de nuestros padres,/ es un préstamo de nuestros hijos./ Curar la tierra sí -está enferma-/ pero antes, curar la pobreza/ curar al hombre.// Ecología sí/ pero antes el niño que el árbol,/ el niño antes que el río,/ el hombre antes que el mar./ Cometemos falta,/ si muere un árbol sin agua./ Cometemos crimen,/ si muere un niño sin pan ... ". Y continúa interpelando a una sociedad que parece que duerme...





Gloria no se dejó vencer por las burlas de aquellos que sin leerla, como algunos hicieran con la Mistral, la llamaron cómica, o la censuraron por volverse como un niño, sin saber que ella era la ganadora, porque hizo "lo que hace un poeta: perder en vez de buscar el aplauso".

No obstante, la poeta sabe que el desierto no es fácil, hay sombras. Por eso "Ella pide una oportunidad. Como una maletilla, ella. / (Ella es la Paz). / Va destrozada, / mal vestida, / delgada, / acerico de balas, / rasguño de metrallas. /Iba hecha polvo entre el polvo / de las sucias trincheras, / cojeando / con su melena blanca desplegada /se tiró al ruedo de la guerra, / -la Paz-. / Pedía una oportunidad. // Unos hombres con uniforme / la cazaron y a empujones / la esposaron en la barrera. / (Todavía la tienen detenida). / La Paz, / como una maletilla / sólo pedía una oportunidad".

Cada verso de amor de Gloria que hemos rumiado nos deja el sabor de la Paz, esa que tanto pregonó su Hermano mayor Jesús. Y ella lo tiene escrito en su corazón de carne. Y entre esos a los que Él llamó bienaventurados, a los que desprecian las riquezas y a su hija la soberbia, a los que son despojados de sus bienes... pues saben que su patria está en los cielos. "Mi partido es la paz / Mi partido es la Paz. / Yo soy su líder. /No pido votos, /pido botas para los descalzos /-que todavía hay muchos-". Pareciera que Gloria Fuertes estuviera intuyendo nuevos conflictos y quisiera prevenirlos pidiendo paz a voz en cuello, desesperada para que no se den nuevos éxodos ni llantos. Porque el poeta puede escuchar el gemido del hombre...





¿Por qué tantas arengas por la paz? Porque Gloria sabía de guerras, y mucho. Sabía que "las bombas no tienen ojos /y caen en la guardería". Que "En Madrid llovía metralla / llovían muertos". Que "Por tierras de Teruel /se quedaron helados. /El Ebro sabe mucho /de muchachos ahogados". Que "Todas las banderas huelen a proyectiles, /a heridas. /Todas las banderas huelen a sangre /de hombre joven...". Que "Una atómica /por reacción de odio en cadena /surgió en 1942 /y aún continúa...". Pero, paradojas del amor, a los jóvenes les lanza un mensaje: "Y no odiar al amigo /y menos al enemigo".

La poeta intuye que es profeta en medio del pueblo. Tiene el deber de exhortar y denunciar y anunciar restauraciones. Porque el poeta tiene la palabra, la mejor arma para cambiar los tiempos, y traer luz donde solo hay oscuridad. Hace reverdecer el tronco seco, crecer el ciprés en el lugar del espino. Por lo tanto, no puede ser esclavo; ya lo dice Gloria: "Mi espíritu revolucionario rebelde / no puede pertenecer a ningún 'partido', / pertenece a un entero / a la entera humanidad presente y futura". Le importan los mayores, los menores, de Madrid o de Colombia. O los del Cuarto Mundo. Porque no era una poeta localista sino universal.





Y no puede quedarse callada de versos, cuando tiene tatuada en la frente una Observación Universal: "La sordera de los santos me desboca, / el misterio de los malos me alucina, / la parsimonia indiferente de los médicos/ me llena de cólera salubre...". Y sigue escribiendo: "No quedaros con los brazos cruzados, / siempre podemos hacer algo. / Con los brazos cruzados / ya quietos en la caja / no podremos hacer nada".

Y es ese hilo conductor que descubrimos al inicio de estas impresiones, el que sigue guiando a la poeta para que no se desvíe ni a izquierda ni a derecha, sino que prosiga a la meta que perdura. Y continúe tejiendo palabras para ella, pero con la intención de llegar al otro, al que está próximo, prójimo. Y así, tejiendo y destejiendo mitiga la espera como una Penélope reforzada por una fe insobornable que mulle su lecho mientras llega El día en que se implante la paz:

El día que se implante la Paz,

sobre la Tierra

caerá una nevada tenaz

y duradera.

Todo será blanco

de miradas en fiesta,

los copos serán grandes

como sábanas cameras.

En aquella nevada,

Dios soltará sus banderas

y Cristo,

será feliz por vez primera.

Su poética no solo quiere mostrar las realidades del presente, sino que indica que tenemos esperanza de llegar un día a buen puerto, y esto para consuelo de los que se dignan a leer sus versos, pues seguro que ella ya había oído palabras milenarias que decían que esa esperanza es segura y firme ancla del alma. De ahí esa seguridad de un nuevo regreso de ese Cristo que volverá feliz para acabar con la espera que a veces se hace larga con el paso de los días.

La poeta no se cansa de hacer el bien pues sabía que a su tiempo cosecharía; sabía que su trabajo no sería en vano. Intentaba que su obra creciera y creciera sin desmayar, dando las primicias de todo lo que iba percibiendo mientras usufructuaba su parte a su paso por este mundo, donde iba como peregrina que ansía llegar a la meta del descanso.

Cuando "caerá una nevada tenaz y duradera", dice. Toda blanca, sin mancha, garantizada su pureza y su verdad. Ya no habrá llanto ni crujir de dientes. Sólo un coro de distintos colores que a una entonarán la canción de la unidad. Y volarán las palomas en son de paz. Y todos serán miembros del mismo Cuerpo, que es el lugar donde se produce la reconciliación y por ende la paz... para la nueva humanidad.

Como dijo otro poeta que fue mártir allá en la Alemania en 1937: "... El seguidor de Jesús está llamado a la paz... Con esto renuncia a la fuerza y a la rebelión ... Su Reino es un reino de paz ... Los discípulos de Cristo mantienen la paz, prefiriendo sufrir a ocasionar dolor a otro, conservan la comunidad cuando otro la rompe, renuncian a imponerse y soportan en silencio el odio y la injusticia...".

Pero sabe que si calla el mal continuará, y no debe dejar de recitar su "Receta de cocina para los días de hambre: Se lavan bien los pies, las mondas de patatas, / se añade media cebolla / se pone a cocer en la olla / y se sirve con una rodaja de limón. / Se cena con miedo a que caiga un obús / y así tres años".

Y así segura lo dijo de una vez por siempre: "Aunque no nos movamos / nos vamos acercando / vertiginosamente al Desconocido / o bien el Desconocido / se acerca constantemente a nuestro aliento".

Esta poeta universal tendrá su nombre escrito en las estrellas a pesar de que alguno por equivocación, que no por ignorancia, quisiera encasillarla en el rubro dedicado a poetas para el entretenimiento, y así minimizarla. No, Gloria era como un grano de mostaza que se extendió a su paso por el cosmos, el mundo. Formando parte de ese Reino que se había acercado, donde los importantes son los niños, modelo de lo que hay que ser para poder entrar en él.

Porque tiene a alguien poderoso detrás, o delante, a Dios. Y lo dijo con un portazo en la entrevista arriba citada: "Dios no es una esperanza, es una realidad para las personas que tenemos la gran suerte de tener fe. Yo lo siento. A lo mejor no lo comprendo del todo, pero lo siento y eso ya es mucho".

Sirvan estas pinceladas sobre la espiritualidad en la poesía de Gloria Fuertes para que otros se adentren con mayor profundidad en su obra.

Nota: Salvo los poemas Un hombre pregunta... y Oración, todos los textos han sido tomados del libro Mujer de verso en pecho (Cátedra, 1996. Con prólogo de Francisco Nieva).





Jacqueline Alencar

lunes, junio 02, 2025

BAJA UNA IMAGEN. ATENTOS A TODA LA REALIDAD:



Juan María Mena/La Provincia 28.5.25

Una vez más la imagen de la Virgen del Pino pondrá en camino a miles de grancanarios. Ojalá sea un camino sobre todo interior para una salida cualificada por el compromiso social-solidario y evangelizador.

Muchos observadores externos (con cierta distancia de la Iglesia) coincidirán con no pocos observadores internos que buscan una lectura más profunda del acontecimiento: todo parece algo excesivo. Excesivo incluso desde la sencillez y humildad que los creyentes vemos en María de Nazaret, ni reina ni señora, más bien esclava y servidora. Indudablemente suscitará reafirmación entre los cristianos no católicos por su fuerte resonancia poco ecuménica, más motivos para sus argumentos. Tal vez procedía hacer algo más discreto que generara menos molestias a los ciudadanos, incluso más respetuoso con la aconfesionalidad del estado: no se justifica tanta recepción de la imagen por las autoridades, más lucimiento de ambas partes que otra cosa.

Sin duda, habrá mucha emoción, incluso demasiada y hasta frutos positivos, solo Dios los puede contar. Ello no impide afirmar que cuando no hay raíces cristianas profundas, la religiosidad popular se emparenta más con el paganismo y el folclorismo que con una auténtica religiosidad. Cuando las hay, casi sobran muchos de los excesos y pompas: el creyente no los precisa, incluso le estorban, atufan a mundanidad espiritual y a populismo pastoral: dando al pueblo no lo que necesita, sino lo que le agrada, entreteniéndolo con expresiones que no favorecen su madurez cristiana, en seguida bautizadas y compensadas con otros elementos más aparentes.

Si se requiere esa compensación, se reconoce indirectamente esa descompensación que también en el fondo se potencia. La tentación del éxito mundano reaparece en distintas formas, desde que el mismo Nazareno fue tentado en el desierto. Aparece más deslumbrante que la fidelidad y la lucidez profética, siempre psicológicamente más dulce y gratificante.

Dado el fuerte cultivo, la irrestricta apuesta tantas veces por estas formas de religiosidad popular que producen tan pírricos frutos, extraña tanta perseverancia. Otros proyectos evangelizadores se habrían abandonado con mucha facilidad vista su nula eficacia. En este caso, se valora bastante el aplauso de los números, de la muchedumbre, que parecen reavivar ciertos rescoldos de mentalidad de cristiandad. La cristiandad ya fue felizmente enterrada por muchas evoluciones sociales y sensatas reflexiones teológicas y pastorales, pero sigue atrayendo a los nostálgicos que huyen de la intemperie de la sociedad materialista y secularizada, inmersa en un ateísmo práctico mayoritario.

El jubileo bíblico nos provoca estar más atentos a toda la realidad social y política que vivimos, más rico en posibilidades y significados: devolución de la tierra a los pobres, liberación de las esclavitudes, perdón de las deudas, cuidado de la tierra, un año de gracia que mira sobre todo a los excluidos y castigados por la sociedad del descarte. Al fin y al cabo, María lo cantó y vivió en primera persona reconociendo al Dios que enaltece a los humildes y derriba a los poderosos de sus tronos. Que la bajada de la imagen de la Virgen del Pino -no de la Virgen, como tristemente se dice demasiado, con una expresión más imprudente que inocente, porque el lenguaje crea mentalidades- nos acerque a estos frutos.