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sábado, noviembre 02, 2024

MEDITACIÓN DE PABLO VI ANTE LA MUERTE

Tempus resolutionis meae instat: Es ya inminente el tiempo de mi partida» (2 Tim 4, 6).

«Certus quod velox est depositio tabernaculi mei: Sabiendo que pronto será removida mi tienda» (2 Pe 1, 14). «Finis venit, venit finis: Es el fin... viene el fin» (Ez 7, 2).

Se impone esta consideración obvia sobre la caducidad de la vida temporal y sobre el acercamiento inevitable y cada vez más próximo de su fin. No es sabia la ceguera ante este destino indefectible. ante la desastrosa ruina que comporta, ante la misteriosa metamorfosis que está para realizarse en mi ser, ante lo que se avecina.

Veo que la consideración predominante se hace sumamente personal: yo, ¿quién soy?. ¿qué queda de mí?, ¿adónde voy?, y por eso sumamente moral: ¿qué debo hacer?, ¿cuáles son mis responsabilidades?: y veo también que respecto a la vida presente es vano tener esperanzas; respecto a ella se tienen deberes y expectativas funcionales y momentáneas; las esperanzas son para el más allá.

Y veo que esta consideración suprema no puede desarrollarse en un monólogo subjetivo, en el acostumbrado drama humano que, al aumentar la luz, hace crecer la oscuridad del destino humano; debe desarrollarse en diálogo con la Realidad divina, de donde vengo y adonde ciertamente voy: conforme a la lámpara que Cristo nos pone en la mano para el gran paso. Creo, Señor.

Llega la hora. Desde hace algún tiempo tengo el presentimiento de ello. Más aún que el agotamiento físico, pronto a ceder en cualquier momento, el drama de mis responsabilidades parece sugerir como solución providencial mi éxodo de este mundo, a fin de que la Providencia pueda manifestarse y llevar a la Iglesia a mejores destinos. Sí, la Providencia tiene muchos modos de intervenir en el juego formidable de las circunstancias. que cercan mi pequeñez; pero el de mi llamada a la otra vida parece obvio, para que me sustituya otro más fuerte y no vinculado a las presentes dificultades. «Servus inutilis sum: Soy un siervo inútil». «Ambulate dum lucem habetis: Caminad mientras tenéis luz» (Jn 12. 55).

Ciertamente, me gustaría, al acabar, encontrarme en la luz. De ordinario el fin de la vida temporal, si no está oscurecido por la enfermedad, tiene una peculiar claridad oscura: la de los recuerdos tan bellos, tan atrayentes, tan nostálgicos y tan claros ahora ya para denunciar su pasado irrecuperable y para burlarse de su llamada desesperada. Allí está la luz que descubre la desilusión de una vida fundada sobre bienes efímeros y sobre esperanzas falaces. Allí está la luz de los oscuros y ahora ya ineficaces remordimientos. Allí está la luz de la sabiduría que por fin vislumbra la vanidad de las cosas y el valor de las virtudes que debían caracterizar el curso de la vida: «vanitas vanitatum: vanidad de vanidades». En cuanto a mí, querría tener finalmente una noción compendiosa y sabia del mundo y de la vida: pienso que esta noción debería expresarse en reconocimiento: todo era don, todo era gracia: y qué hermoso era el panorama a través del cual ha pasado; demasiado bello, tanto que nos hemos dejado atraer y encantar. mientras debía aparecer como signo e invitación. Pero, de todos modos, parece que la despedida deba expresarse en un acto grande y sencillo de reconocimiento, más aún de gratitud: esta vida mortal es, a pesar de sus vicisitudes y sus oscuros misterios, sus sufrimientos, su fatal caducidad, un hecho bellísimo, un prodigio siempre original y conmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado con gozo y con gloria: ¡la vida, la vida del hombre! Ni menos digno de exaltación y de estupor feliz es el cuadro que circunda la vida del hombre: este mundo inmenso, misterioso, magnífico, este universo de tantas fuerzas, de tantas leyes, de tantas bellezas, de tantas profundidades. Es un panorama encantador. Parece prodigalidad sin medida. Asalta, en esta mirada como retrospectiva, el dolor de no haber admirado bastante este cuadro, de no haber observado cuanto merecían las maravillas de la naturaleza, las riquezas sorprendentes del macrocosmos y del microcosmos.

¿Por qué no he estudiado bastante, explorado, admirado la morada en la que se desarrolla la vida? ¡Qué distracción imperdonable, qué superficialidad reprobable! Sin embargo, al menos in extremis, se debe reconocer que ese mundo «qui per Ipsum factus est: que fue hecho por medio de El», es estupendo. Te saludo y te celebro en el último instante, sí, con inmensa admiración; y, como decía, con gratitud: todo es don: detrás de la vida. detrás de la naturaleza, del universo, está la Sabiduría; y después, lo diré en esta despedida luminosa (Tú nos lo has revelado, Cristo Señor) ¡está el Amor! ¡La escena del mundo es un diseño. todavía hoy incomprensible en su mayor parte, de un Dios Creador, que se llama nuestro Padre que está en los cielos! ¡Gracias, oh Dios, gracias y gloria a ti, oh Padre! En esta última mirada me doy cuenta de que esta escena fascinante y misteriosa es un reverbero: es un reflejo de la primera y única Luz; es una revelación natural de extraordinaria riqueza y belleza. que debía ser una iniciación, un preludio, un anticipo, una invitación a la visión del Sol invisible, «quem nemo vidit unquam: a quien nadie vio jamás» (cf. Jn 1, 18): «Unigenitus Filius, qui est in sinu Patris, Ipse enarravit: el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer». Así sea, así sea.

Pero ahora, en este ocaso revelador, otro pensamiento, más allá de la última luz vespertina, presagio de la aurora eterna, ocupa mi espíritu: y es el ansia de aprovechar la hora undécima, la prisa de hacer algo importante antes de que sea demasiado tarde. ¿Cómo reparar las acciones mal hechas, cómo recuperar el tiempo perdido, cómo aferrar en esta última posibilidad de opción «el unum necesarium: la única cosa necesaria»?

A la gratitud sucede el arrepentimiento. Al grito de gloria hacia Dios Creador y Padre sucede el grito que invoca misericordia y perdón. Que al menos sepa yo hacer esto: invocar tu bondad y confesar con mi culpa tu infinita capacidad de salvar. «Kyrie eleison; Christe eleison; Kyrie eleison: Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad; Señor, ten piedad».

Aquí aflora a la memoria la pobre historia de mi vida, entretejida, por un lado con la urdimbre de singulares e inmerecidos beneficios, provenientes de una bondad inefable (es la que espero podré ver un día y «cantar eternamente»); y, por otro, cruzada por una trama de míseras acciones, que sería preferible no recordar, son tan defectuosas, imperfectas, equivocadas, tontas, ridículas. «Tu scis insipientiam meam: Dios mío, tú conoces mi ignorancia» (Sal 68, 6). Pobre vida débil, enclenque, mezquina, tan necesitada de paciencia, de reparación, de infinita misericordia. Siempre me parece suprema la síntesis de San Agustín: miseria y misericordia. Miseria mía, misericordia de Dios. Que al menos pueda honrar a Quien Tú eres, el Dios de infinita bondad, invocando, aceptando, celebrando tu dulcísima misericordia.

Y luego, finalmente, un acto de buena voluntad: no mirar más hacia atrás, sino cumplir con gusto, sencillamente, humildemente, con fortaleza, como voluntad tuya, el deber que deriva de las circunstancias en que me encuentro.

Hacer pronto. Hacer todo. Hacer bien. Hacer gozosamente: lo que ahora Tú quieres de mí, aun cuando supere inmensamente mis fuerzas y me exija la vida. Finalmente, en esta última hora.

Inclino la cabeza y levanto el espíritu. Me humillo a mí mismo y te exalto a ti, Dios, «cuya naturaleza es bondad» (San León). Deja que en esta última vigilia te rinda homenaje, Dios vivo y verdadero, que mañana serás mi juez, y que te dé la alabanza que más deseas, el nombre que prefieres: eres Padre.

Después yo pienso aquí ante la muerte, maestra de la filosofía de la vida, que el acontecimiento más grande entre todos para mí fue, como lo es para cuantos tienen igual suerte, el encuentro con Cristo, la Vida. Ahora habría que volver a meditar todo con la claridad reveladora que la lámpara de la muerte da a este encuentro. «Nihil enim nobis nasci profuit, nisi redimi profuisset: En efecto, de nada nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados». Este es el descubrimiento del pregón pascual, y este es el criterio de valoración de cada cosa que mira a la existencia humana y a su verdadero y único destino, que sólo se determina en relación a Cristo: «O mira circa nos tuae pietatis dignatio: ¡Oh piedad maravillosa de tu amor para con nosotros!». Maravilla de las maravillas, el misterio de nuestra vida en Cristo. Aquí la fe, la esperanza, el amor cantan el nacimiento y celebran las exequias del hombre. Yo creo, yo espero, yo amo, en tu nombre, Señor.

Y después, todavía me pregunto: ¿por qué me has llamado, por qué me has elegido?, ¿tan inepto, tan reacio, tan pobre de mente y de corazón? Lo sé: «quae stulta sunt mundi elegit Deus... ut non glorietur omnis caro in conspectu eius: Eligió Dios la necedad del mundo... para que nadie pueda gloriarse ante Dios» (1 Cor 1, 27-28). Mi elección indica dos cosas: mi pequeñez; tu libertad misericordiosa y potente, que no se ha detenido ni ante mis infidelidades, mi miseria, mi capacidad de traicionarte: «Deus meus, Deus meus, audebo dicere... in quodam aestasis tripudio de Te praesumendo dicam: nisi quia Deus es, iniustus esses, quia peccavimus graviter... et Tu placatus es. Nos Te provocamus ad iram, Tu autem conducis nos ad misericordiam: Dios mío, Dios mío, me atreveré a decir en un regocijo extático de Ti con presunción: si no fueses Dios, serías injusto, porque hemos pecado gravemente... y Tú Te has aplacado. Nosotros Te provocamos a la ira, y Tú en cambio nos conduces a la misericordia» (PL 40, 1150).

Y heme aquí a tu servicio, heme aquí en tu amor. Heme aquí en un estado de sublimación que no me permite volver a caer en mi sicología instintiva de pobre hombre, sino para recordarme la realidad de mi ser, y para reaccionar en la más ilimitada confianza con la respuesta que debo: «Amen; fiat; Tu scis quia amo Te: Así sea, así sea. Tú sabes que te amo». Sobreviene un estado de tensión y fija mi voluntad de servicio por amor en un acto permanente de absoluta fidelidad: «in finem dilexit: amó hasta el fin». «Ne permitas me separari a Te: No permitas que me separe de Ti». El ocaso de la vida presente, que había soñado reposado y sereno, debe ser, en cambio, un esfuerzo creciente de vela, de dedicación, de espera. Es difícil; pero la muerte sella así la meta de la peregrinación terrena y ayuda para el gran encuentro con Cristo en la vida eterna. Recojo las últimas fuerzas y no me aparto del don total cumplido, pensando en tu «consumatum est: todo está acabado».

Recuerdo el anuncio que el Señor hizo a Pedro sobre la muerte del Apóstol: «amen, amen dico tibi... cum... senueris, extendes manus tuas, et alius te cinget, et ducet quo tu non vis. Hoc autem (Jesus) dixit significans qua morte (Petrus) clarificaturus esset Deum. Et, cum hoc dixisset, dicit ei: sequere me: En verdad, en verdad te digo:... cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras. Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después añadió: Sígueme» (Jn 21, 18-19).

Te sigo; y advierto que yo no puedo salir ocultamente de la escena de este mundo; tantos hilos me unen a la familia humana, tantos a la comunidad que es la Iglesia. Estos hilos se romperán por sí mismos; pero yo no puedo olvidar que exigen de mí un deber supremo. «Discessus pius: muerte piadosa». Tendré ante el espíritu la memoria de cómo Jesús se despidió de la escena temporal de este mundo. Recordaré cómo El hizo previsión continua y anuncio frecuente de su pasión, cómo midió el tiempo en espera de «su hora», cómo la conciencia de los destinos escatológicos llenó su espíritu y su enseñanza y cómo habló a los discípulos en los discursos de la última Cena sobre su muerte inminente; y finalmente cómo quiso que su muerte fuese perennemente conmemorada mediante la institución del sacrificio eucarístico: «mortem Domini annuntiabitis donec veniat: Anunciaréis la muerte del Señor hasta que El venga».

Un aspecto principal sobre todos los otros: «tradidit semetipsum: se entregó a sí mismo por mí»; su muerte fue sacrificio; murió por los otros, murió por nosotros. La soledad de la muerte estuvo llena de nuestra presencia, estuvo penetrada de amor: «dilexit Ecclesiam: amó a la Iglesia» (recordar «le mystére de Jésus» de Pascal). Su muerte fue revelación de su amor por los suyos: «in finem dilexit: amó hasta el fin». Y al término de la vida temporal dio ejemplo impresionante del amor humilde e ilimitado (cf. el lavatorio de los pies) y de su amor hizo término de comparación y precepto final. Su muerte fue testamento de amor. Es preciso recordarlo.

Por tanto ruego al Señor que me dé la gracia de hacer de mi muerte próxima don de amor para la Iglesia. Puedo decir que siempre la he amado; fue su amor quien me sacó de mi mezquino y selvático egoísmo y me encaminó a su servicio; y para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese; y que yo tuviese la fuerza de decírselo, como una confidencia del corazón que sólo en el último momento de la vida se tiene el coraje de hacer. Quisiera finalmente abarcarla toda en su historia, en su designio divino, en su destino final, en su compleja, total y unitaria composición, en su consistencia humana e imperfecta, en sus desdichas y sufrimientos, en las debilidades y en las miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos menos simpáticos y en su esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfección y de caridad. Cuerpo místico de Cristo. Querría abrazarla, saludarla, amarla, en cada uno de los seres que la componen, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla. También porque no la dejo, no salgo de ella, sino que me uno y me confundo más y mejor con ella: la muerte es un progreso en la comunión de los Santos.

Ahora hay que recordar la oración final de Jesús (Jn 17). El Padre y los míos; éstos son todos uno; en la confrontación con el mal que hay en la tierra y en la posibilidad de su salvación; en la conciencia suprema que era mi misión llamarlos, revelarles la verdad, hacerlos hijos de Dios y hermanos entre sí; amarlos con el Amor que hay en Dios y que de Dios, mediante Cristo, ha venido a la humanidad y por el ministerio de la Iglesia, a mí confiado, se comunica a ella.

Hombres, comprendedme; a todos os amo en la efusión del Espíritu Santo, del que yo, ministro, debía haceros partícipes. Así os miro, así os saludo, así os bendigo. A todos. Y a vosotros, más cercanos a mí, más cordialmente. La paz sea con vosotros. Y, ¿qué diré a la Iglesia a la que debo todo y que fue mía? Las bendiciones de Dios vengan sobre ti; ten conciencia de tu naturaleza y de tu misión; ten sentido de las necesidades verdaderas y profundas de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa hacia Cristo.

Amén. El Señor viene. Amén.

* L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, año XI - N. 32, 12 de agosto, 1979, págs 1 y 12. Según don Pasquale Macchi, su secretario particular, el Papa escribió estas páginas en Castelgandolfo, «quizás después de la redacción del testamento, al concluir un retiro espiritual» (cf. ib. pág 12).



El 13 de noviembre de 1964, el papa Pablo VI, rompiendo con la tradición, donó su triple tiara de oro, plata y joyas a los pobres en una ceremonia en la basílica de San Pedro, convirtiéndolo en el último Papa en llevar la corona ceremonial.

Después de una misa a la que asistieron 2.000 obispos, el Papa se levantó de su silla y colocó solemnemente su tiara sobre el altar.

En las noticias de la época se dijo que el papa Pablo VI se sintió impulsado a hacer el gesto debido a las discusiones sobre la pobreza mundial durante las reuniones del Concilio Ecuménico Vaticano II.

jueves, abril 11, 2024

Pedro Gajete, in memoriam

Palabras pequeñas para la memoria.
Porque no queremos olvidar Porque queremos  amar.
Porque nos da la gana 
Porque sí 
Porque belleza no es cosmética sino el esplendor de la verdad.
Palabras de Eugenio A. Rodríguez e Israel Gajete 

A MI HIJO

Nunca podré agradecerte
la huella de tú paso 
por mi vida,

como un reguero suave 
de armonía, de alegría, 
de paz y de dulzura.

Nunca mi mente inteligente, 
imaginó que, en esa deficiencia, 
están ocultos los dones transcendentes, 
que pueden dar sentido a mi existencia. 

Gracias por la riqueza de tu vida, 
encerrada en la pobreza de tu cuerpo,
y perdona que en mi vida prepotente, 
hayan triunfado siempre mis tendencias.

Chari Domínguez.
(Autogestión, mar 93, 36)

lunes, enero 22, 2024

"No Quería" Dante - Ambkor

Veo como el tiempo dicta y el tic-tac no se detiene

Veo que todo toca fondo y en lo más hondo se muere

Veo que todo se evapora y ahora ya no hay quien lo frene

No le temo a ser sincero, así que no quiero que llegue

No quería despertarme una mañana y que mi abuela

Se olvidase de mi cara, de mis besos y mi voz

miércoles, septiembre 27, 2023

"Mamá, te amo" - Hoy hace un año

Miriam Martínez Ureña

Ayer, justo ayer, un año de ese último viaje a Gran Canaria. Revisiones semanales llenas de esperanza... ayer hace un año de aquel último día, donde los valores eran raros aunque parecía remisión... aquel último viaje que se volvió gris y comenzó a llorar en silencio presagiando lo inevitable...el cielo lloró y yo no entendí. Un día después, un inolvidable día como hoy su cuerpo reaccionó, fiebre y urgencias. La enfermedad comenzaba a asomar nuevamente y con agonía y ese incontrolable sexto sentido de madre que me decía que algo no iba bien.... Me quiebro de dolor luchando con la aceptación y abrazando la resignación.... Y es que como olvidar su felicidad al volver a casa después de nueve meses, como olvidar su risa haciendo eco en cada esquina.....como olvidar sus abrazos, la textura de sus pequeñas manos, su susurro al decir "MAMÁ TE AMO".... Como olvidar la tristeza en sus ojos al volver a un frio hospital, como olvidar no saber como explicar lo que ni siquiera yo era capaz de entender y razonar. Como olvidar la extraña sensación de pisar la sombra de la pérdida de uno de mis seres más amados, mi pequeño hijo...

Hablando con una persona acerca del dolor de duelo me decía, a quien pierde un padre se le llama huérfano, a quien pierde la pareja se le llama viudo, pero a quien pierde un hijo no tiene denominación y el incoparable dolor tremendamente difícil de sanar....
Me abrazo a mi fe que es lo que mantiene en pie. La gracia de María madre y entender su dolor para aforntar el mío propio...

El Cáncer Infantil es una realidad, como cualquier cáncer es una moneda al aire más allá de las estadísticas. Se dice que cada año 70000 niños menores de 15 años alrededor del mundo fallecen debido a esta enfermedad....No basta con la sensibilización, se necesita investigación y llegar lo antes posible a tratamientos que puedan conseguir sanar, sea en España, en Reino Unido, EEUU, Alemania, etc... mejorar protocolos.... Ojalá llegue el día que se consiga la fórmula para acabar con esta enfermedad

Mientras tanto seguiremos apoyados por Mauri y por todos los pequeños que están atravesando o atravesarán esta enfermedad.

Con el corazón en la mano y mirando al cielo


viernes, septiembre 08, 2023

"La fe no es un pararrayos" - Arnaldo Pangrazzi cuenta sus propios duelos. Un viaje en los duelos de la vida


ANTONIO PANEQUE señala:

El momento de la muerte no es tanto un momento de verter lágrimas, sino de reavivar los recuerdos compartidos en la vida. Es el viaje desde el tiempo hacia la eternidad. Y para preparar este viaje, los heridos se transforman en sanadores. Son sanadores heridos, para quienes la herida no se queda en pus, se transforma en recurso, en ayuda, en apertura. Puesto que, siendo portadores de la herida, pueden tener credibilidad. No hablan de oídas, sino desde su vivencia. Nuestra tarea consiste en acompañar en el ocaso de la vida, poniendo humanidad.

Hay algunos aspectos problemáticos de la elaboración del duelo de un ser querido. Ante todo, hay un duelo anticipado cuando los familiares se percatan de que la vela se está apagando poco a poco. El problema son las expectativas irreales que manejamos. Deseamos que nuestros deseos se hagan realidad (que se cumplan milagros), pues de no ser así lo consideramos como una injusticia: ¿por qué Dios nos ha castigado? "Si te portas bien, Dios te va a recompensar", se ha dicho siempre. Pero en realidad, en el centro de nuestra fe está la muerte ignominiosa de Jesús, por eso hay que tomar la propia cruz.

Y la fe no nos protege de las adversidades, tragedias, sufrimientos. La fe nos ayuda a afrontar todas estas situaciones, y a comprender que no son injusticias. En la base hay falsas creencias o mitos que nos debilitan frente al dolor: pensábamos que la vida era así, que nunca nos acecharía el dolor; pero aunque hemos rezado sin parar, Dios no nos ha escuchado. Estas falsas creencias nos producen más dolor. Por eso, hay que limpiar esas creencias: la fe no es un pararrayos. Está ahí para ayudarnos a aguantar las dificultades que tenemos.

En realidad, la única certeza que tenemos en la vida es que todo puede cambiar de repente, que no podemos tener control de todo en la vida. El caso es que desconocemos los procesos de las cosas, por lo que no podemos ejercer control, ni tampoco lo necesitamos. No somos dueños de la naturaleza, más bien somos hijos de ella. Pensándolo bien, todo lo que tenemos es un regalo, antes que un derecho, y por eso tenemos el deber de valorarlo, custodiarlo. Todo es provisorio, nadie juega con todas las cartas sabidas, nada está garantizado. La vida es un misterio, y está repleta de situaciones límite, en las que no es posible tener el control de todo.

La vida es una peregrinación, un viaje que nos da la ocasión de saborear frutos, olores, sabores, pero antes o después, en una situación u otra, llegará el momento de la última respiración, y ¿quién sabe dónde nos encontrará? Es todo un misterio, y cada uno llega a ese momento con lo que ha construido en la vida: rencor, gratitud...

Y sabemos que Dios no envió a su hijo al mundo para eliminar el dolor, ni tampoco para explicar el significado del dolor. Jesús en la cruz asumió el dolor para transformarlo en medio de salvación: lo que a nuestros ojos aparece como una desgracia se puede transformar en una escuela de vida, en una gracia. La vida y el dolor se sanan amando, aliviando la tristeza de los demás desde el propio dolor y sabiduría. Se trata de poner nuestra herida al servicio del amor, de la solidaridad.

Hay también una serie de actitudes positivas a tener en cuenta a la hora de elaborar duelos. Ante todo, hemos de aceptar las inseguridades con respecto al futuro, y hemos de aprender la oración de agradecimiento por lo que tenemos. Aunque estemos encamados, podemos ver, podemos escuchar, podemos comunicarnos, podemos recordar, cosas que muchas personas no pueden hacer. Así, en lugar de subrayar lo que falta, podemos centrar la mirada en el archivo de bendiciones que nos acompañan en la vida. Y esto ayuda a mirar las cosas con equilibrio y a valorar lo recibido. Obviamente nuestros comportamientos también son importantes y nos ayudan, por lo que hemos de cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente, que al final es decisiva, es el piloto.

La clave es comprender cómo pensamos, cuál es nuestra filosofía de vida (¿miramos solo la sombra, o también somos capaces de ver el sol?). Porque la mirada cambia el enfoque: tratar a la gente con dignidad, hacerles experimentar aire puro, nos hace bien a nosotros. Son quizás pequeños detalles, un gesto, una mirada, una oración al oído del enfermo, en los que se esconde la riqueza de la vida. El morir no es un drama en el que hay que llorar. No, es tener la suerte de estar cerca. La vida merece ser vivida, a pesar del final duro en ocasiones. Se vive una sola vez, no hay posibilidad de hacer pruebas: lo que haces, se queda. Y no hay tiempo para reparar el tiempo perdido. Se trata de amar la vida con esa fuerza, esa energía que es el amor, capaz de cambiar todos los escenarios
  Para más info recomendamos el canal: https://www.youtube.com/@ElCaminodelduelo

Eugenio Rodríguez destaca:

La fe no es un pararrayos dice Arnaldo en esta entrevista, entre otras muchas cosas. Explica que cuando se tiene esa perspectiva tenemos un problema importante porque tener esas expectativas  da más dolor todavía 

Pangrazzi cree que hay que purificar y aceptar que hay incertidumbre. La gran certidumbre es que hay incertidumbre. Hay creencias que contrastar. No somos dueños de la naturaleza, somos hijos, antes que un derecho es un regalo la vida. La vida es una peregrinación. 

También manifiesta que Jesús no ha traído el dolor, no lo explica, no lo suprime... ha venido a asumirlo. Una desgracia puede hacerse gracia si ponemos nuestra vida al servicio del amor. 

Entre las experiencias que cuenta incluye un enfoque para la muerte en que se hace presente la canción y la acción de gracias.

lunes, septiembre 12, 2022

LA MUERTE, ANTONIO GALA


Algunas ideas:

Hay que ensanchar la vida, darle intensidad

El miedo es a lo desconocido

También el Juicio, pero si tenemos la idea católica Dios no es un remunerador cruel, es un Padre. El la primera noche silenciosa, el final de una aventura extraña. 

Es la terminación de los miedos. Es simple. una mano apaga la luz, y nos quedamos en la oscuridad maternal, el el olvido de nosotros mismos.

"Para descansar morir" decía Manolo Machado.

Los cementerios me dan paz y esperanza.

"Murió vivo" es lo mejor que se puede desear. A los medio muertos ni la muerte los quiere.

Esta es la vida y Aquella es la Vida, la fusión con las fuentes anteriores.. La naturaleza es demasiado buen economista como para malgastar. La Iglesia dice la vida no se quita se cambia. Es aquello de "la energía no se crea ni se destruye, se transforma". 

En ese momento final Dios, si existe, y la criatura serán la misma cosa.

[Jesús Quintero: Un enfermo terminal me dijo "Se muere como se vive]

La muerte es una aliada. 

Hay dolores útiles, dolores de la vida, pero no un barco con velas negras. El Estado es hipócrita, deja morir de hambre, se desentiende de enfermos... y ante la eutanasia vuelve la cara. 

La vida no es un pasillo hacia la muerte

La madurez es empezar a comprender la muerte

No se nace solo, se muere solo.

La muerte no quiere las guerras, no quiere hacer horas extraordinarias.

No se puede legalmente matar ni por ejemplaridad, ni por nada... La pena de muerte es un crimen de Estado.

Los muertos vivientes, los que viven de trabajos que no los realizan, de eso debía ocuparse la sociedad, de favorecer las circunstancias de la vida. Hay gente que solo sobrevive, detesto el verbo "sobrevivir".

Se es Dios por haberse fundido con la Vida. A eso aspiro

"La vida es sueño" tuvo fortuna como expresión pero Calderón tenía una cierta empanada mental. Lo absoluto es la vida. Toda esa parafernalia que la rodea es sueño.

Somos novios de la muerte. En la vida importa el camino, y la llegada también es el camino.

La muerte es socialista, por las edades y por las clases.

[Jesús Q: ¡Tememos la muerte quizá por soberbia!]

Con que naturalidad mueren los animales arrinconándose tranquilos.

El cuerpo se va poco a poco retirando y llega un momento en que entiende que no está mal morir, que no es un mal momento.

Lo que más sentiré perder es la esperanza si es que ella no me lleva de la mano hasta más allá de la muerte.

martes, septiembre 06, 2022

GRACIAS TÍA GLORIA, HOY 87 AÑOS


Allá donde te encuentres, tu estrella sigue brillando porque en mí sigues estando.
FELICIDADES van a ese lugar desconocido para una persona muy especial en mi vida.

Con 27 años y embarazada de 7 meses de tu primer hijo, la enfermedad apareció para quedarse hasta el último día de tu vida por las secuelas del aneurisma cerebral y a pesar de tener en contra a los médicos, la medicina e incluso a la familia, demostraste coraje y valor y tuviste 2 hijos más.

Saliste del hospital con la parte izquierda de tu cuerpo paralizada y con dificultades del habla y un débil corazón, que con el paso de los años, te tuvieron que volver a operar para ponerte un marcapasos y a pesar de las dificultades,
enfrentaste la vida con mucho amor y valor.

No fue para nada fácil, pero fuiste la alegría para muchos enfermos de la Asociación.

Hacías la peregrinación a Lourdes como voluntaria y cojeando, pero eras capaz de empujar las sillas de ruedas e incluso las camillas de otras personas enfermas.

Gracias tía Gloria, mi madrina y felicidades al cielo, porque hoy cumplirías 87 años de amor y sabiduría.
( Gloria Martin Diez GZ00772)

viernes, octubre 25, 2019

Ha fallecido una madre cristiana pobre: Mari Trini Gómez del Castillo Segurado

Mari Trini, segunda por la derecha,
en un acto en DERSA, Casa de Cultura y Solidaridad del MCC
Eugenio A. Rodríguez
Esta madrugada ha fallecido Mari Trini Gómez del Castillo Segurado. Una más de la legión de madres cristianas pobres. Esas que no ocupan páginas en los libros de historia y que sin embargo son las que han parido la solidaridad.
Mari Trini merece el elogio de los sencillos porque siendo femenina y feminista de verdad no cayó en la trampa de este feminismo mandón del que se aprovechan las listillas que no han aportado nada a la solidaridad pero saben sacarle provecho. Su padre decía frecuentemente: Los hijos de la revolución quieren vivir de la revolución. Mari Trini y Jose, su esposo, no son de los que han vivido de la revolución sino de los que han dado vida.
Mari Trini vivió con alegría la pobreza. A los curas nos advirtió siempre con fuerza respecto del clericalismo histórico y siempre nos invitó a dejarnos seducir por la dama pobreza. Frecuentemente hablaba de Eduardo. Con palabras. Y con gestos como llevar puestas las usadas sandalias que heredó de ese gran sacerdote alicantino a quien los curas de Madrid terminaron por impedirle predicar quedando para él como sencilla "cátedra" una buena cantidad de iglesias domésticas.
Las madres cristianas tendrán en Mari Trini un referente incuestionable de la belleza de la pobreza. Para acabar con la miseria (decía su admirado Benedicto XVI) hay que cultivar la pobreza. Mari Trini llevaba con orgullo ropa usada porque libremente lo quería así."Esta chaqueta era de tu madre" me decía. Hasta tal punto creía en la pobreza que cualquier cosa para sí misma le parecía riqueza, en la estela de Carlos de Foucauld que ante el pesebre decía que ya no se podía ser rico.
Los escritos de Mari Trini era para valorar la fuerza de los pobres: los enfermos, los minusválidos, los aplastados del Tercer Mundo. Su capacidad de trabajo fue para los últimos. La cantidad de traiciones políticas y sindicales del siglo XX le hacía temer entrar en esas áreas como lugares en que se terminaba olvidando sus amores: Cristo, la Iglesia y los pobres.
Muchas veces tuve la sensación de que su trabajo de educadora infantil lo había ejercido ejemplarmente y que le había dejado un poso por el cual a veces nos trataba como si no hubiera dejado ese trabajo y sin embargo siempre teníamos la sensación de que le movía el amor, equivocado quizá a veces, pero amor a fondo perdido: gratuito y sacrificado.
En cierta ocasión intenté distinguir entre austeridad honrada y pobreza evangélica. El valor humano de la austeridad sensata que se puede vivir en la familia sería algo distinto de la pobreza evangélica que se ha de abrazar libremente por amor. Mari Trini me dijo casi a gritos que en casa de sus padres lo que se vivía era la pobreza evangélica. Supongo que la teoría permite distinguir pero la vida me ha ido diciendo que Mari Trini en eso tenía razón. No sé si los curas dejaremos de ser clericales ni si las madres abrazaran la pobreza pero creo que sí, que antes o después lo haremos; mientras tanto sufriremos tontamente y lo pagaremos con tristeza.
Ella se fió de Jesucristo y por eso, en medio de no pocas dificultades, vivió la alegría cristiana. Mari Trini ha fallecido pero nos deja grandes motivos de diálogo, de amor y revolución.

domingo, septiembre 29, 2019

DOS NIÑOS EN EL ÚTERO EN DIÁLOGO

En el vientre de una madre había dos niños.
-¿crees en una vida después del parto?
-Está claro. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que viene más tarde. 
-Tonterías, no hay vida después del parto. ¿Qué clase de vida sería esa?
-Yo no sé, pero habrá más luz que aquí. Tal vez nosotros podamos caminar con nuestras piernas y comer con nuestras bocas. Tal vez tengamos otros sentidos que no podemos entender ahora.
-Esto es una locura. Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? ¡Ridículo! El cordón umbilical nos proporciona nutrición y todo lo que necesitamos. El cordón umbilical es muy corto. La vida después del parto está fuera de cuestión.
-Bueno, yo creo que hay algo y tal vez diferente a lo que está aquí. Tal vez la gente ya no necesite este tubo físico.
-Tonterías, y además, si realmente hay vida después del parto, entonces, ¿por qué nadie ha vuelto nunca de allí? El parto es el fin de la vida y en el post-parto no hay nada más que oscuridad, silencio y olvido. Él no nos llevará a ninguna parte .
-Bueno, yo no sé, pero seguro encontraremos a mamá y ella cuidará de nosotros.
-¿Mamá? ¿de verdad crees en mamá? Esto es ridículo. Si mamá está, ¿dónde está ahora?"
-Ella está a nuestro alrededor. Estamos rodeados de ella. Estamos en ella. Es por ella que vivimos. Sin ella este mundo no habría y no podría existir.
-Bueno, yo no puedo verla, por lo tanto, es lógico que ella no existe.
-A veces, cuando estás en silencio, si te enfocas en escuchar realmente, se puede notar su presencia y escuchar su voz desde allí arriba.

Así es como un escritor húngaro explicó la existencia de Dios.

viernes, febrero 09, 2018

CÓMO AFRONTAR EL DUELO

NURIA VEGA (I)

martes, octubre 03, 2017

Sacerdote, según el corazón de Dios


Miría Gómez

“Hermano mío”, era el modo de nombrarte. Si algo hubiese que añadir, sería el adjetivo de entrañable. La primera vez que te vi fue en el senderito por delante del monasterio. Yo no sabía quién eras, pero tú sí sabías quien era aquella jovencita que frecuentaba la liturgia conventual. Sólo me saludaste, pero recuerdo el cariño que brillaba en tu mirada y la sonrisa de tus ojos verdes.
Desde aquel 86 hasta este 17, surcamos días, saltamos un siglo y estrenamos un milenio en creciente amistad. Digo creciente, porque me faltaba mucho por madurar y porque ese vínculo amigo se fue estrechando, se ahondó hasta la raíz con el paso del tiempo.
La amistad se tejió entre nosotros con la naturalidad de lo que converge, sin necesidad de matices. Siempre fue transparente y veraz. Ambos creímos con intensa convicción en la bonanza de la complementariedad y la ejercimos con gusto y gozo.
Nunca agradeceré bastante tu voto de confianza para con aquella aspirante a mujer y monja, que acompañaste con una fidelidad respetuosa y cálida. Fuimos compartiendo nuestras sendas, vida adentro, al hilo de Evangelio y circunstancias,reforzando el discipulado de cada uno.
Necesitaría un libro para desgranar aspectos de ti como hombre apasionado de Reino, herido de Evangelio, entregado a cada uno de los servicios que fueron jalonando tu itinerario. Necesitaría demasiados adjetivos para cantar la abundante capacidad humana, la grandeza de espíritu y tu calidad intelectual. No me gustaría parecer exagerada, que sonase a falaz enaltecimiento, hacer justicia de lo brillante y humilde que ha sido tu entrega.
Te encuentro en miles de experiencias, en frases hechas que formaban parte del imaginario entre ambos, en anécdotas llenas de humor, en las músicas que cuidabas de compartirme, en infinidad de libros que llevan tu firma. Resuenas en el aliento incesante por la formación, por el cultivo de una adecuada competencia, que no siempre escuché debidamente, de la cual no desististe y a la que espero responder, porque será como un brindis secreto a tu cuidado.
Siempre pastor, siempre sencillo, siempre atento a la realidad, volcado en los pequeños, los pobres nunca se te caían del corazón. Generoso con todos, meticuloso y austero contigo. Resulta tan hermoso poder decir que has sido un sacerdote según el corazón de Dios. Un rostro de Iglesia creíble. No te idealizo, te quiero de un modo en el que lo completo no necesita esconder los humanos requiebros.
Me ha costado llamar hermana a la leucemia que nos separaba de ti y encarnaba tu definitiva eucaristía. Sé muy bien que cada jornada la iniciabas con las palabras de Foucauld: “Padre mío, me abandono a ti, haz de mi lo que quieras..." Sé que han sido las últimas,deletreadas por la paciencia que encajaba tu deterioro corporal, el hiriente desvalimiento que te invitaba a identificarte con el Ecce Homo. ¡Cómo nos costó ese descenso que nos arrastraba contigo!
Hemos estado arrodillados juntos al pie de la cruz a lo largo de los últimos meses, en una dulce hermandad llena de silencios y profunda comunión.
Me cuesta, me cuesta un mundo tu ausencia, pero bendeciré toda mi vida tu presencia amiga. ¡Gracias, Luis, hermano mío!

lunes, octubre 02, 2017

"Resistencia y sumisión". Lema del amigo que ha muerto: Luis D. Higarza


Acaba de fallecer en su querida Asturias un gran cura: Luis Díaz Higarza. Un hombre de origen pobre, muy comprometido en lo social, muy eclesial y muy dialogante. Asistía con ganas a diversos foros y espero que de ello escriban sus buenos compañeros.
Me escribió en cuanto supo de mi leucemia. Luego una leucemia que parecía menor que la mía y parecía bajo control se ha ido complicando y ha acabado con su vida.
Después de mi trasplante yo tenía muchas ganas de verle, de llevarle personalmente el comic de Rovirosa, de intecambiar -como otras veces- experiencias pastorales. Disfrutamos mucho del reencuentro, sobre todo del hermosísimo baptisterio de su última parroquia.
Era un "entusiasta" de los grandes testigos como Legido y Bonhoeffer . Un amigo cuenta que "al final, sus meditaciones en voz alta, le hacen pronunciar, una vez más, el lema que tiene puesto en su WhatsApp: "Resistencia y Sumisión", a modo de recordatorio y homenaje a D. Bonhoeffer quien, en en ese libro y en sus cartas desde la prisión nazi, mostró su convicción en la necesidad de ser sujetos confiados en la Gracia (verdadera interpretación de Resistencia) y en la obediencia de Dios (Sumisión)".

lunes, marzo 20, 2017

jueves, octubre 06, 2016

Martín Descalzo: "soy el dueño de mis esperanzas"



Nunca podrás, dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.

Podrás entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme.

Puedo amar en el potro de tortura.
Puedo reír cosido por tus lanzas.
Puedo ver en la oscura noche oscura.
Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.
Yo decido mi sangre y su espesura.
Yo soy el dueño de mis esperanzas.


José Luis Martín Descalzo. 
Soneto VII de «Primer presentimiento de la muerte». 
Del libro «Testamento del Pájaro Solitario».

domingo, septiembre 04, 2016

CARTA DESPEDIDA DE ANTOÑITO

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Chagall: Jesús y la Cruz
Sabemos que algún día la muerte llegará, pero nunca estamos preparados para vivir sin esa persona. Antes de nacer, Dios decide quienes serán nuestros padres, hermanos,… incluso quienes serán nuestros amigos. 
Porque somos familias de almas, nosotros, nos sentimos bendecidos por los padres que nos han tocado por sus esfuerzos, sacrificios y amor. El mejor regalo de Dios para con nosotros, pero no el único.
No sabemos cómo calmar nuestro espíritu cuando tras ese frío vidrio ves a la persona que tantas veces viste sonreír, no hay palabras ni consuelo que alcance a darnos luz en la oscuridad… Y llega aquella palabra que no quisiera que existiera… resignación. ¿A caso la resignación borra la tristeza? Son sentimientos encontrados, pero aunque no queramos  debemos empezar a resignarnos y a cargar con las responsabilidades que hicimos  o dejamos de hacer.
La muerte no es algo que se supere, es algo que se acepta, porque hay algo que ni la muerte rompe: El amor.
Aunque no sintamos tu voz, ni veamos tus ojos ni podamos abrazarte siempre podremos cerrar los ojos y recordarte para decirte que te amamos y que nos abraces.
Eres el mejor padre, único e inmejorable, pero también el mejor amigo para tus amigos. Recuerdos felices son muchos y nos aferramos a ellos para darnos fuerza y sentido a nuestras vidas, aunque es indescriptible nuestro dolor.
Viejito, sabemos que tu viaje era inevitable. Nuestros corazones se tranquilizan sabiendo que estás con los que partieron antes que tú y con el amor de tu vida: nuestra maravillosa madre. Que Dios los reúne nuevamente para compartir la Gloria del Señor y vivir en la eternidad.
No queremos llorarte porque sabemos que sólo se fue una parte de ti, la que podíamos tocar.
Queremos que te lleves esta carta hasta el cielo y cuando no tengas nada que hacer…léela y sonríe porque nuestros corazones ahora sufren, pero están en paz con el señor y sé que nos darás fuerzas para seguir adelante.
Somos mariposas de luz…Tú una especial porque tus alas es una tuya y otra de tu hermana melliza Carmen que, sin saberlo, se fueron juntos, sin sufrir uno por el otro… claro, si no no podrían volar. Vuelen hacia la luz de dónde vinieron; aquí quedamos los que nos quedan cosas que vivir y aprender como que el amor más grande, el segundo regalo de Dios, es el tiempo. No se compra pero sí se agota, por eso dediquemos tiempo a la familia, amigos a todo el que te pida aunque sólo sea un instante, eso es dar amor. Ahora que tenemos tiempo yo intentaré hacerlo.
Yo tuve una tía muy especial que, cuando era pequeña, nos llevaba a mis primas y a mí a visitar a algún enfermo. Nunca entendí por qué ella, que era tan sensible al dolor, iba a visitar a esas personas. Ahora con el tiempo comprendí que lo que hacía era regalar amor; la única riqueza que tenía para compartir con los demás.
Espéranos en la luz, hasta que lleguemos los demás, cuando Dios lo decida.
Queremos agradecer a todos los amigos y vecinos de mi padre que siempre estuvieron ahí, en especial a Águeda que fue nuestros ojos y nuestras manos en la atención a mi padre, era como ella dice: su niño chico; y a Matías que fue como su ángel de la guarda y que en el tiempo que estuvo en el hospital lo visitaba varias veces a la semana regalándole tiempo y compañía, a lo que mi padre le respondía con los ojos brillantes.
Gracias a todos por regalarnos amor con este tiempo que nos han dedicado para honrar a mi padre.
Hasta siempre viejito.