Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
sábado, abril 29, 2023
CIENTÍFICO Juan Erviti SOBRE VACUNAS HOY
miércoles, febrero 23, 2022
lunes, febrero 07, 2022
sábado, enero 29, 2022
lunes, diciembre 20, 2021
CGT VALENCIA DIALOGA SOBRE PANDEMIA: JUAN GÉRVAS, RAFAEL CID Y PÚBLICO ASISTENTE
jueves, diciembre 02, 2021
COVID, CONCIENCIA Y CIENCIA
Eugenio A. Rodríguez
En las flores nos lo jugamos todo. En las celebraciones manifestamos lo que somos y lo que somos hace nuestra forma de celebrar, especialmente en las flores. En las flores ponemos el amor, ponemos la belleza, ponemos la vida. Mi madre preguntó una vez a un gran luchador por la justicia:
-¿Y qué podemos hacer contra el hambre?.
-Gloria ¿usted sabe plantar flores?, -dijo el luchador.
-Sí, claro, contestó ella.
-Entonces, plante flores.
No imaginábamos esa respuesta los que creíamos conocer al vehemente mitinero, al perseguido por el franquismo, al infatigable luchador; pero el que quiere ser persona resulta una caja de hermosas sorpresas.
Recientemente en la Universidad de Zaragoza nos hemos reunido personas sin conocimientos sanitarios, estudiantes y sanitarios de altísimo nivel que hasta colaboran en destacadas revistas y congresos, para echar una mirada al Covid desde la Solidaridad. En realidad llevamos más de año y medio viéndonos online y debatiendo mediante miles de correos electrónicos que aluden a miles de artículos en varios idiomas, sin dejar de conocer los problemas a pie calle, tratando sobre esta sindemia con análisis rigurosos cualitativos y cuantitativos.
¿Qué somos en esta batalla en que a todos se nos obliga a pronunciarnos? ¿Negacionistas? ¿afirmacionistas? Algunos, intentando decirlo en pocas palabras, decimos que “no somos negacionistas, ni tragacionistas”. Sendero quizá no fácil de transitar porque es como el filo de una navaja. Pero triste es dejarse caer en el abismo de negar un problema más que evidente, y no menos triste es caer en la mentira sistemática de una farmamafia que no sirve al paciente sino que se sirve de él. ¿Por qué sorprenderse si la cosa no es nueva? Solo es el negocio. Negocio a veces es curar, pero también -o más- cronificar. Como negocio es alimentar, pero también -o más- hacer pasar hambre. Como negocio es educar, pero también -o más- mantener en la ignorancia.
Los del Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) hemos manifestado dudas. Hemos pedido que se recojan datos. Que se haga con trasparencia. Que se comparen los posibles beneficios con los posibles riesgos. ¿Hay que aceptar que no se oiga ni a los gobiernos que pedían formas que atenuaran la propiedad de las patentes? ¿Hay que aceptar mejor trato a mascotas que a niños? ¿Hay que aceptar muertes masivas de ancianos asilados? ¿Hay que aceptar que los niños con problemas de tipo psíquico lleven un pañuelo azul? ¿Hay que aceptar lo que nos echen?
Nos han acusado de antivacunas pero no lo somos. Yo mismo iré estos días a por la tercera dosis. No somos antivacunas. Hemos manifestado, avalados por muchas horas de estudio y publicaciones científicas, dudas científicas sobre las vacunas, algunas de las cuales reconocen los propios fabricantes. No somos antimedicación, hemos manifestado dudas sobre algunos medicamentos. No somos anticonfinamiento, hemos manifestado dudas respecto de confinamientos desproporcionados, universales, que generaban nuevos problemas de salud como se ha podido demostrar. Y así un montón de cuestiones más. Las consecuencias sobre el estado de salud físico y mental están siendo devastadoras.
En Zaragoza nos hemos reunido sin patrocinadores, “sin humos” de creernos mejores, “sin humos” de una industria que financia y así suavemente compra silencios. Cada uno se pagó el viaje, también lo hicieron los excelentes ponentes. Cuando en la “comida final” íbamos pagando nuestro bocata de cafetería de universidad (ya se sabe el nivel) se respiraba libertad, alegría, compañerismo, verdad, búsqueda, imaginación del amor, “perdedores de largo recorrido” gustamos decir. El lector interesado puede leer aquí con más detalle las conclusiones: (pinchar aquí).
En la mesa de los “ponentes” había unas flores. No eran de floristería. Las trajo una de las organizadoras, médica jubilada, cultivadas por ella misma. Eran todo un símbolo. Para transformar el mundo, para hacer la revolución, hay que plantar o encontrar flores, cuidarlas, regalarlas
lunes, noviembre 01, 2021
MÚSICA EN PANDEMIA COVID 19
lunes, julio 05, 2021
El Covid no debe matar la escuela
Esto no es de la parroquia pero es muy interesante. parece que algunas normativas han hecgo ir a los niños a casa con poco fundamento. esta plataforma pide que intervengan sanitarios a la hora de tomar decisiones. La encuesta es informativa.
Atencion!! 📣
Se lanza una encuesta para conocer la opinión y experiencia de madres y padres respecto a la infección por covid en niños/as y jóvenes y los protocolos de centros escolares.
Nos gustaría que la respondieras y daras a conocer a otros. Esa acción puede colaborar a mejorar los protocolos escolares del próximo curso.
Si eres madre o padre con hijos/as que hayan cursado en el 2020-21 estudios de infantil, primaria o ESO puedes rellenar la encuesta en el siguiente enlace
Muchas gracias!!!
domingo, junio 20, 2021
Infancia y pandemia
La charla es en Pamplona y el médico que interviene presentó hace poco tiempo un libro al respecto de más de 400 páginas.
No olviden que la hora del cartel es hora peninsular. Será a las 17,30 de Canarias
Dudas de sanitarios muy competentes sobre el trato a la infancia durante la pandemia, pinchando en estos enlaces:
NO QUIERO QUE MI HIJO SEA UN HÉROE
LA MALA EDUCACIÓN DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN
EL DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN DE NAVARRA VULNERA EL DERECHO DE EDUCACIÓN
Y especialmente: https://escuelaycovid.es/
jueves, marzo 18, 2021
La OMS no recomienda la mascarilla a menores de 12 años. Dra Teresa Escudero escribe a la Ministra
Carta abierta a la Ministra de Sanidad: Sobre mascarillas en menores de 12 años
A la atención de la Excma. Sra. Ministra de Sanidad:
Soy Teresa Escudero Ozores, con DNI XXXXXXXXX, mayor de edad, residente en Velilla de San Antonio (Madrid) y madre de un niño de cinco años.
Me pongo en contacto con su excelencia con motivo de haber estudiado intensamente las recomendaciones de uso de mascarilla en menores, tanto por parte de la OMS, como del UNICEF, y de la mayoría de los países europeos. Sé que en España en general y en la CAM en particular, es obligatorio el uso de la mascarilla en todo espacio público, incluso aunque se pueda guardar la distancia de seguridad recomendada para prevención del COVID-19 (distancia que varía dependiendo de qué autoridad competente lo anuncie). En todo caso, a partir de seis años, con algunas excepciones individuales, todos los ciudadanos estamos obligados a llevarla, al igual que en el resto de Comunidades autónomas de España.
Quiero recordar que su excelencia es la máxima responsable y coordinadora de Salud Pública a nivel nacional.
Una vez estudiado el impacto de las mascarillas en general en la propagación del virus, comparando nuestro país con los países europeos en los que los menores de 12 años están exentos de llevar mascarilla, considero que se puede apreciar el NULO impacto que al parecer tiene la orden de llevar mascarilla en España de 6 a 12 años.
NO estando conforme en absoluto con tal medida y habiendo recurrido a las directrices que marca la OMS y el UNICEF podemos leer lo siguiente, en concreto sobre el uso de mascarillas de 6 a 12 años:
La OMS y el UNICEF recomiendan que la decisión de utilizar mascarillas en niños de entre 6 y 11 años se base en los siguientes factores:
la capacidad del niño para utilizar la mascarilla de forma segura y adecuada;
el acceso a las mascarillas, así como su lavado y cambio en determinados lugares (como las escuelas y las guarderías);
la supervisión adecuada de un adulto y las instrucciones para el niño sobre cómo ponerse, quitarse y llevar puesta la mascarilla de forma segura;
las posibles repercusiones de llevar puesta una mascarilla sobre el aprendizaje y el desarrollo psicosocial, en consulta con el personal docente, los padres o cuidadores y los proveedores de servicios médicos;
los entornos e interacciones específicos del niño con otras personas que corren un alto riesgo de sufrir una manifestación grave de la enfermedad, como las personas mayores y las que tienen otras afecciones de salud subyacentes.
(PINCHAR AQUÍ PARA EL TEXTO COMPLETO)
miércoles, julio 08, 2020
domingo, mayo 24, 2020
COVID19: Luis Gimeno
También pretende una mirada optimista a partir del esfuerzo de los profesionales, de la solidaridad vecinal y de las posibilidades de una auténtica ciencia usada desde la ética.
domingo, abril 05, 2020
¿Destaparemos con la crisis del coronavirus las vergüenzas del capitalismo?
Eugenio A. Rodríguez Martín

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que hace negocio con la vivienda. No quiere resolver el problema de la vivienda porque le viene muy bien. Alguien se beneficia de que casi 5 millones de viviendas en España están por debajo de los 60 metros. Aproximadamente el 80% de las viviendas en alquiler pertenecen a grandes propietarios, no a personas que necesiten esos ingresos. Cuando llega el coronavirus, se ve más claro que hay personas sin vivienda, viviendas insalubres, etc., mientras hay millones de viviendas vacías que no se atreve a tocar este Gobierno aunque mande quedarse en casa. Las políticas de vivienda, desde la regulación del suelo a la vivienda pública, pasando por la financiación, se quedan cortas y no las toca ni el estado de Alarma ¡son sagradas!. Con el confinamiento aumenta la violencia doméstica, la distancia educativa entre los que pueden salir adelante desde su casa y los que no. Aumentan las drogadicciones, incluidas las apuestas que el gobierno dice combatir; también el tabaco. Nos ha salido caro.
El coronavirus ha desenmascarado el capitalismo y su sagrada ley de la oferta y la demanda. Suben los precios en general. En una farmacia -por poner un ejemplo- se pagan 50 euros por dos mascarillas y dos botecitos de gel. La oferta y la demanda mandan al paro a legiones de trabajadores. Y a nivel mundial lo mismo; algún día se conocerán las facturas que han pagado obedientemente poderosos estados. Nos ha salido caro.
¿Qué dirán los forofos del mercado cuando ven que el precio de los respiradores se multiplican por respeto a las sagradas leyes del mercado tantas veces adoradas? ¿seguirán diciendo que es mejor dejarlo? ¿no queda otra opción que esperar a que otros ven ahí un nicho de negocio? ¿qué dicen los forofos del mercado cuando se confirma que, por contra, el salario de los que migrantes que recogen la fruta no sube? ¿ni en estas circunstancias son mejor pagados? ¿quedará alguien que no entienda que los migrantes más que huir del hambre son piezas de un mecanismo de contención de salarios de las tareas más tediosas?
El coronavirus ha desenmascarado la democracia formal. Y aunque había advertencias desde enero, la democracia española no es democracia-democracia sino democracia representativa, y en este tipo de democracia (sin duda mucho mejor que la dictadura) hay todavía camino por recorrer hacia formas más maduras de democracia, en la cual no se delegue todo el poder al Parlamento durante cuatro años, sino que se articulen otros mecanismos tendentes a la autogestión; que se haga más o menos rápidamente es otra cuestión. De forma que las decisiones caprichosas de un gobierno que miró hacia otro lado (y no se me acuse de partidismo antiSanchez, que tan lento como Sánchez lo fueron ante otras cuestiones Rajoy, Zapatero, Aznar…. ) son inamovibles, aunque ya se habla de que pueden llegar al Juzgado. Una democracia real nos habría permitido tomar decisiones más acertadas. Democracia real significa, entre otras cosas: referendums, diversas formas de articulación social, verdadera transparencia informativa, nuevas formas de organización política y, sobre todo, debate ciudadano sobre cómo caminar hacia una democracia auténtica: “poder del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”.jueves, abril 02, 2020
miércoles, abril 01, 2020
domingo, marzo 15, 2020
CREER EN TIEMPO DE CORONAVIRUS
¿Cómo creer cuando aparecen las desgracias? ¿con perplejidad? ¿pasándose a la incredulidad? ¿o son ocasión magnífica para crecer en la fe? Una fe del paleolítico es una fe mágica. Esa que entiende que Dios es un caprichoso a veces feliz, a veces sádico que reparte bienes y desgracias; eso se parece más a los dioses viejos que al Dios cristiano.
Una desgraciada lectura del “Pidan y se les dará” hace pensar a mucho creyentes que la realidad depende de la insistencia humana. Triste imagen de diosecillos ancestrales. No es ese el Dios de Jesús. (recomiendo la entrevista al teólogo Martín Gelabert: http://antigonahoy.blogspot.com/2019/09/como-actua-dios-en-el-mundo.html)
Dios no envía el coronavirus ni lo elimina. Dios es el Creador sí, y es omnipotente sí. Pero la omnipotencia no puede hacer círculos cuadrados, ni amores egoístas, ni asistencialismos promocionantes, ni liberaciones esclavizantes. Dios no se desentiende nunca de la humanidad, ni de cada uno, pero abrió un espacio a la libertad y la naturaleza; y él mismo (sobre todo en Jesucristo) padeció esas mismas condiciones.
Las beaterías de siempre han aprovechado para disparar contra los creyentes y obispos que respetan esta fe y han sugerido que sea de cobardes y sumisos aplicar a los actos litúrgicos las recomendaciones sanitarias para cualquier reunión. Hay quienes creen que por andar Dios por medio se dejan de lado las condicionantes de cualquier acto social. Un vino consagrado, si también contuviera veneno, no dejaría de contener ese veneno. Seamos normales. Las beaterías de siempre han relatado que solo los obispos polacos han propuesto que haya más Misas. Pero las Misas en que se junte tanta gente como en el 8M de Madrid tendrán las mismas consecuencias sanitarias que aquella reunión.
La presencia del coronavirus quizá haga dar un paso más en el convencimiento de que como dice Francisco en “Laudato si”, “todo está conectado”; el que vea la vida de manera individualista vive realmente en el Paleolítico y si su fe es individualista es una fe de aquella época. La suspensión de actos católicos y no de los actos del 8m quizá sea porque los católicos tenemos una relación con nuestra fe que incluye la razón. Es una relación integral, no fanática. Y lo es porque hemos avanzado. En otras épocas teníamos esa relación poco racional, semimágica. Hoy aquella forma vieja de relación es la que tienen en buena parte del feminismo (y lo mismo pasa con parte de nacionalismo y ecologismo).
Aceptando suspender actos religiosos no manifestamos que seamos sumisos, sino que creemos con la Iglesia que “la Gracia no anula la naturaleza” y si hay condiciones sociales de infección no va a dejar de haberla porque el acto sea piadoso. Creo más bien, aunque no lo diga así exactamente el Catecismo, que forma parte de la libertad de Dios, haber renunciado a ese poder. Es algo similar a muchos padres que no imponen algunas cosas a sus hijos porque un día encendieron con amor esa chispa de libertad en sus corazones. Porque, como dice Francisco, quieren seducir, no imponer. Dios, como los padres que conozco, trabajan por encender la chispa del amor, no la impone.
No es que seamos sumisos, es que distinguimos -como Francisco- la técnica de la tecnocracia. Nos oponemos a la tecnocracia, la técnica encastillada en su poder, el negocio de las multinacionales de la farmacia, la distinción entre clases dentro del sistema sanitario y tantas otras cosas. Sin embargo, con la misma fuerza con que nos oponemos a la tecnocracia manifestamos nuestro amor y reconocimiento por la técnica. Valoramos los esfuerzos de los profesionales, las investigaciones de los científicos, las propuestas consensuadas, el sinfín de tareas pequeñas que hacen avanzar. Es la vieja relación entre la razón y la fe. Una relación circular, convergente, dialéctica, enriquecedora.
Creer en tiempos de coronavirus es aceptar las propuestas inteligentes, razonables, científicas y no imaginar que las cosas se arreglan amontonando rezos. Orar es imprescindible para seguir trabajando en medio del cansancio, para encajar las dificultades, para aceptar que nos equivocamos a veces, para cuidarse y cuidar de los otros. La oración es muy importante pero no a medida de mi capricho sino la oración cristiana. Creer en tiempos de coronavirus es saber aprender. Se ha puesto de manifiesto que de esta no puede salir cada uno por su cuenta. Ni solo por la acción de las instituciones. Hace falta la persona en su íntima decisión y hacen falta las instituciones. Es tiempo de aprender que no sirve ni el pánico ni la superficialidad. Es tiempo de aprender que cada profesión debe ser una vocación ejercida por amor y no por dinero. Es tiempo de aprender a compartir, de poner en juego las cualidades. Es tiempo de practicar “de cada cual según sus posibilidades, a cada cual según sus necesidades”; por eso los jóvenes se ofrecen a hacer la compra a los mayores, los niños aprenden a jugar a otras cosas, las profesiones todas se preguntan cómo amar más y mejor.
Creer en tiempos de coronavirus es ver todo el dolor económico que conlleva esta pandemia. Ya hay quien ha dicho que la crisis económica generará más muertes que el virus. El paro mata y el paro ha aumentado. Es razonable que los funcionarios se planteen la solidaridad con los autónomos; o mejor dicho los altos funcionarios con los bajos autónomos, porque de todo hay. Qué pasa con los que se quedan en paro en cosa de todos. Los filósofos del libre mercado esperamos que mejoren sus ideas a la vista de la realidad. Está claro ya que tanto el mercado como el estado resultan insuficientes por si mismos.
También habrá que darse cuenta de que una sociedad avanzada necesita que no haya personas que no llegan a fin de mes trabajando. Es necesario incluso tener un patrimonio solidario que permite afrontar estos imprevistos. La Iglesia defiende esto, con cierta timidez desde León XIII y con más fuerza desde Pablo VI. Hay que promover una economía que no haga solo limosna con quien cae en una emergencia; es necesaria una economía que cambie el corazón mismo del sistema.
La industria farmaceútica segun
una importante revista sanitaria
Habrá que preguntarse si la investigación está enfocada a las grandes necesidades de la humanidad o hay cualidades investigadoras dedicadas a caprichos de élites minoritarias. Habrá que preguntarse también por la gestión política. No para exigir que no se cometiera ningún error pero sí para preguntarse si algunos con cualidades políticas prefirieron la comodidad de no bajar a esa arriesgada arena, sí para preguntarse si en vez de servir algunos fueron a la política a servirse.
Creer en tiempos de coronavirus exige plantearse que en cuanto pase la pandemia habrá que preguntarse por cómo construir una sociedad realmente justa. Porque la justicia social hará que los virus se encuentren una población más sana, más preparada, más prevenida. Si hay justicia no habrá personas para quienes lo de “quedarse” en casa no sea un auténtico calvario porque la casa misma es incómoda o insalubre; parecen olvidar algunos que a veces la casa no es tal; los “sin techo” siguen existiendo, los campamentos de refugiados y los CIEs siguen existiendo.
Creer en tiempos de coronavirus es dedicar tiempo y reflexión a una perspectiva crítica. Es bueno preguntarse por nuestra falta de prevención, es necesario criticar la frecuente dedicación de la capacidad investigadora a lo que es negocio en vez de al bien común.
Creer en tiempos de coronavirus es experimentar que ya nunca más es posible una vivencia egoísta. Que todos somos solidarios. Queramos o no caminamos hacia la solidaridad. Eso sí, creo, Dios lo quiso así. La humanidad tiene ante sí una gran oportunidad.









