Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
Mostrando entradas con la etiqueta CUENTO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CUENTO. Mostrar todas las entradas
jueves, mayo 12, 2022
martes, agosto 03, 2021
Las aventuras de Kafka
José Luis Navarro
A los 40 años, #FranzKafka (1883-1924), que nunca se casó y no tuvo hijos, paseó por el parque de Berlín cuando conoció a una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Ella y Kafka buscaron la muñeca sin éxito. Kafka le dijo que se reuniera con él allí al día siguiente y que volverían a buscarla. Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta "escrita" por la muñeca que decía "por favor no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras".
Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka. Durante sus reuniones, Kafka leyó las letras de la muñeca escritas cuidadosamente con aventuras y conversaciones que la niña encontró adorables. Finalmente, Kafka trajo la muñeca (compró una) que había regresado a Berlín. "No se parece en nada a mi muñeca", dijo la niña. Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribió: "Mis viajes me han cambiado". La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa. Un año después murió Kafka. Muchos años después, la niña ahora adulta encontró una carta dentro de la muñeca.
En la minúscula carta firmada por Kafka estaba escrito: "Todo lo que amas probablemente se perderá, pero al final, el amor volverá de otra manera".
sábado, septiembre 05, 2020
miércoles, octubre 30, 2019
viernes, noviembre 06, 2015
viernes, enero 23, 2015
miércoles, abril 23, 2014
¿POR QUÉ LOS NIÑOS SUELEN PEDIR QUE SE LES LEA EL MISMO CUENTO?
Por Gianni Rodari
Los niños son bastantes conservadores en lo que se refiere a los cuentos. Los quieren escuchar siempre en la misma versión de la primera vez, por el placer de reconocerlos, de aprendérselos de memoria en su secuencia tradicional, de volver a sentir las emociones de la primera vez, en el mismo orden: Sorpresa, miedo, recompensa.
Los niños tienen necesidad de orden y seguridad: el mundo no debe alejarse demasiado bruscamente del camino que, con tanta fatiga, van siguiendo.
El cuento es también para el niño un instrumento ideal para que el adulto permanezca junto a él. Es raro que el adulto disponga del tiempo que desearía para poder jugar con el niño y como él querría, con dedicación, participación y sin distracciones. Pero con un cuento todo es distinto, mientras dura la mamá está con él, toda para el niño, como una presencia consoladora que le ofrece protección y seguridad.
A veces el niño se permite el lujo de no prestar atención , especialmente si ya conoce el cuento (y tal vez por eso él mismo ha pedido su repetición), y por eso solo necesita controlar que su narración se desarrolle por vías ya familiares para poder dedicarse al “estudio” de su madre o del adulto, que raramente puede realizar cuando quiere. Su voz, sus tonos, sus gestos no le hablan sólo de Caperucita o Pulgarcito, le hablan de sí mismo.
Los niños son bastantes conservadores en lo que se refiere a los cuentos. Los quieren escuchar siempre en la misma versión de la primera vez, por el placer de reconocerlos, de aprendérselos de memoria en su secuencia tradicional, de volver a sentir las emociones de la primera vez, en el mismo orden: Sorpresa, miedo, recompensa.
Los niños tienen necesidad de orden y seguridad: el mundo no debe alejarse demasiado bruscamente del camino que, con tanta fatiga, van siguiendo.
El cuento es también para el niño un instrumento ideal para que el adulto permanezca junto a él. Es raro que el adulto disponga del tiempo que desearía para poder jugar con el niño y como él querría, con dedicación, participación y sin distracciones. Pero con un cuento todo es distinto, mientras dura la mamá está con él, toda para el niño, como una presencia consoladora que le ofrece protección y seguridad.
A veces el niño se permite el lujo de no prestar atención , especialmente si ya conoce el cuento (y tal vez por eso él mismo ha pedido su repetición), y por eso solo necesita controlar que su narración se desarrolle por vías ya familiares para poder dedicarse al “estudio” de su madre o del adulto, que raramente puede realizar cuando quiere. Su voz, sus tonos, sus gestos no le hablan sólo de Caperucita o Pulgarcito, le hablan de sí mismo.
viernes, agosto 09, 2013
sábado, febrero 23, 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






