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miércoles, agosto 19, 2026

Tragedia de la gente honesta ante Ceuta

https://www.facebook.com

La foto de un niño migrante ayudando a una anciana ceutí, me hace pensar -cómo tantas veces- en qué más allá de los actos individuales hay un problema de desidia respecto del propio compromiso en la vida institucional. No soy de los que afirman que todo el mundo es bueno, más bien creo que las personas somos un ramillete de actitudes que nos hacen ser una mezcla de bondad y maldad de sentimientos, acciones y pensamientos en los que lo bueno y lo malo vive completamente entremezclado. Es famosa una idea de L King que dice que teme más el silencio de los buenos que la maldad de los agresores. A mí me parece que, hoy por hoy, los hechos de Ceuta y tantos otros, más bien nos muestran lo trágico de la desidia institucional de las personas honestas. Es decir, hay muchísimos actos buenos, pequeños actos buenos, y hay pocos actos institucionales buenos.

Por ejemplo, cualquiera es capaz de dar una pequeña ayuda, de juntar ropa en Ceuta para esos jóvenes, de hacer un gesto solidario, pero no cualquiera es capaz de implicarse en poner en marcha nuevas políticas migratorias.

Hay personas que pueden cobrar un alquiler más barato, siendo propietarios y hay personas que pueden ir a poner su cuerpo ante un desahucio, pero hay serias dificultades para hacer una política de vivienda realmente solidaria.

Para mí la tragedia de nuestro tiempo, incluido de las personas que se quieren comprometer, es que preferimos la acción inmediata a corto plazo a la acción institucional. Esta desidia es a mi juicio la tragedia de nuestro tiempo.

Me encanta hablar con las personas que se comprometen en política, cargados de defectos como yo o cualquier otro, pero que deciden intentar meter su bondad en la vida a las instituciones. Que se perdonan hacer elecciones que pueden ser erróneas. Con algunos procuro conversar alguna vez. Porque es bueno escuchar. Porque informan de su visión, pero sobre todo porque me transmiten ese sentimiento, ese deseo suyo de solidaridad desde la vida institucional. Pienso en Carmelo Ramírez, Eligio Hernández, Marcial Morales, Ignacio Guerra, Javier Doreste, Juan Francisco Artiles, Juan Pablo Rodríguez, Gema Martínez, Froilán Rodríguez y otros que ahora no recuerdo… Ni siquiera pienso que sean los mejores, digo que con ellos dialogo con más frecuencia y me nutren.


A veces releo parte de la biografía que escribí con Javier Marijuán sobre el alcalde Camilo Sánchez y la que hice con Nayra Hernández y Loli Hernández sobre Remigio Vélez. Me hace bien. No entiendo esta espiritualidad actual tan sentimental tan poco preñada de sacrificio, tan poco preñada de política. Pienso que esta gente que "se mete en política" con sus ambigüedades y sus problemas está mucho más cerca de San Juan de la Cruz: «¡Oh, si supiesen los espirituales cuánto bien pierden y abundancia de espíritu, por no querer ellos acabar de levantar el apetito de niñerías; y cómo hallarían en este sencillo manjar del espíritu el gusto de todas las cosas, si ellos no quisiesen gustarlas! Mas, porque no quieren hacerlo, no le gustan» (1S 5, 4). Hoy el amor pasa por la política.


jueves, julio 30, 2026

EVANGELIO ES POLÍTICO


«Decir "política" hace que la mayoría de la gente piense en políticos: campañas, urnas, la maquinaria de los partidos. Sin embargo, en su nivel más básico, la política se refiere a la distribución y el uso de la autoridad y la influencia: ¿Quién tiene el poder? ¿Quién está sujeto a él? ¿A quién sirve su florecimiento? Con esa definición, decir que el único evangelio verdadero es político no es introducir de contrabando una agenda partidista en el santuario. Es notar lo que el Nuevo Testamento anuncia en sus propios términos.

Comencemos por la palabra misma: euangelion, "evangelio", "buenas nuevas". Para la mayoría de las personas en el mundo romano, este era un término imperial: el grito del heraldo anunciando que un nuevo emperador había ascendido al trono, el anuncio de un desfile celebrando que se había ganado una gran victoria. Aunque los primeros seguidores de Cristo retomaron la palabra de la promesa de Isaías sobre la era de la salvación, al vincular la palabra "evangelio" a un galileo crucificado, estaban haciendo una afirmación contraimperial.

De la misma manera, al nombrar a Jesús como kyrios, "Señor", retomaban un lenguaje bíblico mientras usaban al mismo tiempo las palabras del César. Después de todo, confesar que "Jesús es Señor" es decir, en el mismo aliento, que algún otro no lo es.

Esa única afirmación —un solo Señor, que relativiza a todo rival que reclame la autoridad última— es central para la política del evangelio. También es la razón por la que este evangelio rechaza precisamente las distorsiones que más tememos.

Rechaza el nacionalismo cristiano. Un evangelio que reconoce a Jesús en el trono no puede ser reclutado para una bandera, porque la nación es precisamente uno de los poderes que su señorío relativiza. Bautizar el dominio de cualquier país es devolverle el trono al César bajo un nombre cristiano.

Rechaza la captura partidista. La confesión de que Jesús es Señor implica una lealtad que ningún partido puede reclamar después. Quienes sirven al Señor resucitado no pueden convertirse en capellanes de ninguna plataforma.

Rechaza el corazón privatizado; es decir, la idea de que la fe es un asunto interior, suficientemente real los domingos, pero sin incidencia en cómo se organiza y se usa el poder de lunes a sábado. Nótese bien: un enfoque estrecho en la interioridad es una innovación moderna, no la religión de antaño. Es más, sorprendentemente (¡y lamentablemente!), es en sí mismo un arreglo político.
Entre los muchos testigos que podríamos convocar, consideremos tres.

María canta: El Magníficat (Lucas 1:46–55) anuncia a un Dios que ha "derribado a los poderosos de sus tronos y ha exaltado a los humildes", que "colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías" (traducción aproximada). Eso es una reordenación: de la autoridad y del pan, del estatus y del sustento. Lucas coloca este canto en el umbral de su Evangelio como su clave interpretativa. Cuando Dios viene a enderezar las cosas, lo hace de maneras concretas y terrenales que toman en serio el mundo del poder y del sustento.

Jesús es crucificado. Roma no crucificaba a la gente por sus opiniones religiosas privadas, ni porque oraran demasiado. La crucifixión era un acto profundamente político, reservado principalmente para los enemigos del estado y los esclavos. Y el cargo fijado sobre la cabeza de Jesús —"Rey de los judíos"— nombra su delito como una pretensión de autoridad que el imperio no podía tolerar. Por eso, cuando la misión de los seguidores de Jesús llega a Tesalónica, la acusación que enfrentan da justo en el blanco: "Todos ellos actúan en contra de los decretos del César, afirmando que hay otro rey, uno llamado Jesús" (Hechos 17:7, traducción aproximada). Se les escuchó, con razón, proclamando una soberanía rival. Aquel a quien el imperio condenó, Dios lo reivindicó. El tribunal del César fue anulado por un tribunal superior.

Juan tiene una visión. A menudo confundido con un calendario cifrado del fin de los tiempos, el Apocalipsis se lee mejor como teología política bajo presión: una visión que pregunta, incansablemente, quién recibe adoración. En el Apocalipsis, la adoración es el acto político decisivo, porque adorar es declarar dónde reside la lealtad última. Y Juan no deja que esta pregunta quede en abstracto: Babilonia cae, y Juan detalla su caída como una economía (Apocalipsis 18), un tráfico de lujos que llega hasta "esclavos, es decir, vidas humanas" (traducción aproximada). El poder de la bestia funciona a base de comercio y coerción; el del Cordero, a base de resistencia valiente, fidelidad hasta la muerte. Entre esos dos, las iglesias deben elegir, y elegir es una declaración política.

Wesleyano como soy, debo añadir una aclaración, no sea que mi énfasis en lo "político" se escuche como una retirada del corazón. No lo es en absoluto. El corazón renovado está entrelazado con una vida en común reordenada. No hay, insistía Wesley, "santidad que no sea santidad social" —y él llevó su santidad, por así decirlo, a la calle, en sus escritos sobre la esclavitud, por ejemplo, así como sobre la pobreza y la reforma penitenciaria. El evangelio no pasa por alto lo interior en favor de lo público (la polis). Renueva a la persona entera, por dentro y por fuera, con el resultado de que la polis misma queda rehecha. El corazón privatizado no es, ni ha sido nunca, nuestra herencia como seguidores de Cristo. Es una mutilación de ella.

Tome nota: confinar la fe a la vida interior no es la ausencia de política. Es, en realidad, una especie de política: un arreglo silencioso que mantiene al evangelio fuera de las salas de juntas, los tribunales y los pasillos donde se distribuyen la autoridad y la influencia, mientras bendice esa exclusión llamándola "espiritual". Es un arreglo notablemente conveniente para los poderes. Un evangelio que se queda en el corazón nunca incomodará a un trono.

Por lo tanto, cuando digo que el único evangelio verdadero es político, no estoy politizando algo que era propiamente espiritual. Estoy rechazando un mal trato. Me niego a aceptar, en los propios términos de los poderes, que el señorío de Cristo se detenga en la puerta de la iglesia o en el pecho. María lo sabía bien. El gobernador romano lo sabía bien. Juan de Patmos lo sabía bien. El evangelio que cada uno de ellos proclamó tenía un público, y ese público era el ordenamiento entero de la vida humana bajo una sola palabra: kyrios. 
Y esa fue, y sigue siendo, una palabra disputada: ¿Quién es Señor?
He aquí la respuesta: No el César. No la nación. No el partido. Ni siquiera el yo interior soberano y autogestionado. Jesús es Señor —y esa confesión es la afirmación más política que podemos hacer».

- Joel B. Green, "The One True Gospel is Political".

jueves, febrero 12, 2026

10 INTELECTUALES ARGENTINOS HUMANISTAS, CATÓLICOS Y DE IZQUIERDA (IA)



Ricardo Rambaudi/facebook

Esta es una búsqueda fascinante. Encontrar el punto de intersección entre el humanismo cristiano, la doctrina social de la Iglesia y la militancia de izquierda (especialmente el peronismo de izquierda o el socialismo cristiano) es adentrarse en el núcleo del pensamiento político argentino del siglo XX.

Aquí tienes 10 intelectuales que han transitado esa síntesis, junto con un concepto clave de su obra:

1. Carlos Mugica: La opción preferencial por los pobres. El sacerdote mártir que entendía que el Evangelio exigía un compromiso político concreto con la liberación social.

2. Hernán Benítez: La justicia social como mandato divino. Confesor de Evita y puente entre el catolicismo y la justicia social del primer peronismo.

3. Juan García Elorrio: El cristianismo revolucionario. Director de la revista Cristianismo y Revolución, propuso que la fe era incompatible con el sistema capitalista.

4. Arturo Sampay: La función social de la propiedad. El constitucionalista detrás de la Constitución de 1949, que subordinaba el capital al bienestar general basándose en principios escolásticos.

5. Lucio Gera: Teología del Pueblo. A diferencia de la Teología de la Liberación marxista, centraba el sujeto histórico en el "pueblo fiel" y su cultura.

6. Rafael Tello: La evangelización de la cultura. Pensador clave para entender que la fe no debe imponerse, sino encarnarse en las luchas y el sentir popular.

7. Alicia Eguren: El socialismo nacional. Aunque venía del nacionalismo católico, su giro hacia la izquierda revolucionaria planteaba una ética cristiana de entrega absoluta a la causa del pueblo.

8. Alberto Methol Ferré: La Cuenca del Plata y el Continentalismo. (Uruguayo de nacimiento, pero de enorme impacto en la intelectualidad argentina). Planteaba la unidad latinoamericana como un bloque "católico y popular" frente al imperialismo.

9. Jorge Casaretto: Humanismo social. Centrado en el diálogo entre la Iglesia y los problemas estructurales de exclusión en la Argentina contemporánea.

10. Ricardo Rambaudi : El Humanismo de la Cercanía
Rambaudi representa una evolución del pensamiento humanista cristiano hacia el campo del Counseling (Consultoría Psicológica) y la Educación Superior, siempre con una mirada crítica hacia el individualismo neoliberal.

Trayectoria: Ha sido una figura institucional central en Rosario, desempeñándose como Rector del ISET Nº 18 y en roles directivos en la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU). Su carrera docente es extensísima, abarcando desde la Universidad Nacional de Rosario (UNR) hasta la UTN.

Vínculo con la Izquierda/Justicia Social: Su posición no es la de una izquierda partidaria dogmática, sino la de una izquierda humanista. Es un defensor acérrimo del rol social del Estado en la educación y un crítico de las políticas que mercantilizan el conocimiento.

Su Concepto Clave: La Transformación a través de la Otredad. En su obra reciente (como en su libro sobre Counseling y desarrollo personal), Rambaudi plantea que el crecimiento individual es inseparable del compromiso colectivo. Inspirado en autores como Carl Rogers pero filtrado por una ética social latinoamericana, sostiene que la política y la educación deben servir para "sanar" el tejido social, poniendo a la persona humana por encima de las estructuras de poder.

Completando tu lista de 10 con este perfil:
Si sumamos a Rambaudi a la lista anterior de pensadores que vinculan la fe/humanismo con la sensibilidad social de izquierda, él aportaría la dimensión del "Humanismo Pedagógico": la idea de que la liberación del hombre empieza en un sistema educativo que sea empático, gratuito y profundamente democrático

sábado, diciembre 27, 2025

Realismo teológico o la razón con faldas

Jorge Freire
https://ethic.es/realismo-teologico


Convento de San Esteban. Figúrense un silencio abacial solo interrumpido por el eco del claustro, el tintineo de los rosarios, el crujido de bancos, el roce áspero de los hábitos y quién sabe si el sorbeteo ocasional del caldo aguachirlado por parte de algún sacristán. Añadan un aire helado que corta las pelotas con la aceración de un silogismo. Allí, a la chita callando, unos frailones cocinaban a fuego lento un guisote de teología, política, metafísica y economía servido en cuenco de lo divino. Y qué vigor les infundió aquel brebaje…

¡Cinco siglos, señores! Quinientos años desde que el dominico Francisco de Vitoria tomara posesión de su cátedra y, sin darse importancia, prendiese fuego al pensamiento europeo con la tea del Espíritu Santo. El año que viene se cumple, en efecto, el quinto centenario de la Escuela de Salamanca y, salvo milagro o repentina iluminancia ministerial, nadie parece dispuesto a encender ni una mísera candela.

Lo que nació como lectura teológica acabó siendo arquitectura del mundo. Por eso no cabe conmemorar el aniversario de un profesor concreto, sino el parto glorioso de una conciencia europea. La Escuela de Salamanca inventó una criatura híbrida que los medievales habrían mirado con el ceño fruncido y los modernos con un tic de suficiencia. Una ontología que no se contentaba con flotar en las alturas y que bajaba a la liza de lo mundano. Tomó a Dios por principio y a la persona por método, entendiendo que la teología debía ser también episteme. De ahí la novedad: el ser no era mera categoría, sino sustancia operativa; el bien no era arquetipo platónico, sino cálculo prudencial.

Llamémoslo, a falta de una expresión mejor, realismo teológico: la voluntad de comprender el mundo como un texto divino legible. Salamanca no reformó la fe, como Lutero, ni la trocó por la política, como Maquiavelo, sino que la depuró con la paciencia de un destilador. A falta de cisma, los frailes de Salamanca inventaron un método. Decían que el hombre es imagen de Dios no por la santidad, que a menudo se desluce, sino por la capacidad de razonar. La razón no era por tanto enemiga de la fe, sino su dialecto más fino, poco menos que la lengua en que Dios podía explicarse sin necesidad de milagros.

En aquellas aulas se discutía el precio justo, la propiedad, la soberanía y la dignidad, dos siglos antes de Adam Smith y tres antes de Rousseau, cuando Europa aún rumiaba concilios con la paciencia con que una vaca mastica el heno. El realismo teológico de Salamanca bajó la fe del púlpito y la sentó a la mesa del cambista. Fue la primera globalización ética. En pleno tiempo de conquista, los dominicos, conscientes de que el poder sin ley es dentadura de lobo, se atrevieron a inquirir si el Nuevo Mundo era botín o prójimo. Y fue Vitoria quien lanzó una pedrada teológica que aún resuena: los indios eran señores de sus bienes y de sus vidas. De esos debates nació algo más que una doctrina: nació toda una civilización con conciencia de sí.

Habrá quien se fotografíe bajo la rana plateresca sin sospechar que esa fachada fue mascarón de una singladura irrepetible. El dieciséis salmantino fue mocedad de la inteligencia europea y aurora del pensamiento hispánico. Ya se sabe que en este país es costumbre lucir el jardín y dejar secar la raíz. Pero fue allí, y no en Oxford ni en la Sorbona, donde aprendimos a pensar. Como si el Tormes, además de truchas, arrastrara ideas, de aquellos claustros surgió una manera nueva de entender el mundo; un realismo teológico que obligaba a pensar el mundo dos veces, a buscar en cada fenómeno el reflejo de una ley más alta.

Realismo teológico. No el viejo realismo de los universales, aquel que enfrentó a tomistas y nominalistas en las aulas medievales, sino otro más encarnado. Uno que no discutía la existencia de las esencias, sino la justicia de los hechos. Lo que los salmantinos fundaron no fue una teoría del ser, sino una teología que aprendió a estar con los pies en la tierra. Allí se cruzaban teología, derecho, astronomía, metafísica y economía, como si los diferentes saberes fueran parte de una misma tela inconsútil. Los teólogos de Salamanca no pretendían huir al éter, como los místicos, ni arrojar a Dios de la mente, como los modernos, sino descifrar la realidad entera como una maquinaria de causas y fines dentro del gran reloj divino. La fe, para ellos, no era una siesta del espíritu ni una coartada para no pensar, sino una arquitectura de sentido.

El hábito no hace al monje, pero ayuda. En manos de Vitoria, Soto o Azpilcueta, la teología se volvió brújula para andar por lo visible: la justicia de la guerra, la libertad humana, el precio del pan. Frente a la teología medieval, que descendía de las estrellas al hombre con paso de ángel, ellos ascendían del hombre a lo eterno con paso de fraile. No secularizaron el mundo, sino que, antes bien, lo obligaron a rendir cuentas. Pensar era rezar con los ojos abiertos. En vez de rendir el juicio a la autoridad, Salamanca enseñó a inteligir dentro de la obediencia; en vez de ahogar la razón en el dogma, la convirtió en su método. En un tiempo de certezas e incendios, inventaron una lucidez con misericordia y una caridad que razonaba. La suya fue la última tentativa de armonizar lo invisible y lo contable, el ser y el salario, la oración y el argumento, con la paciencia de un físico deslumbrado.

Domingo de Soto era teólogo, jurista y, sin saberlo, físico de vocación. Habló del movimiento de los cuerpos cuando Galileo aún estaba amorrado a la teta de su reverenda madre. Fue uno de los primeros que entendió que pensar era hacer justicia. En su Relectio de dominio escribió que los indios no podían ser despojados de sus bienes ni por infieles ni por capricho de ningún rey majadero. Lo largó con la calma de quien lanza un rayo y se queda mirando cómo arde el bosque. Soto no era beato de refectorio, sino fraile con seso y con redaños. Decía que la persona yerra y el necio renuncia a pensar. Algunos doctos se santiguaban como si vieran al diablo recitando en latín.

No lejos de él, Melchor Cano, dominico de Cuenca, decidió que la fe necesitaba método o acabaría devorándose a sí misma. En su De locis theologicis trazó el mapa de las fuentes del saber divino y humano. Cuando la Iglesia se jugó el alma en Trento, Cano alzó la voz para proclamar que la obediencia sin razón era servidumbre. Obstinado en hacer de la teología una ciencia, Cano enfrentaba al Papa con la razón como quien encierra dos tigres en el mismo cubil. Algunos percibieron el inminente beef, diríamos hoy, y levantaron la oreja como conejillos ávidos de moviola; el problema es que, después de escucharlo, lo olvidaron. Si hubiera nacido alemán, lo habrían llamado reformador; por ser castellano, lo llamaron impertinente y pasaron a otra cosa.

Y luego estaba el jesuita Francisco Suárez, que pasó media vida devanándose la sesera sobre qué significa exactamente «ser». En 1597, publicó sus Disputationes Metaphysicae. Suárez no quiso reformar el mundo, sino entenderlo desde los cimientos: si Dios es ser absoluto y el hombre ser contingente, ¿en qué punto se tocan? Su respuesta, sutil hasta la extenuación, inspiró a Leibniz y abrumó a media Europa. Suárez era fraile, no volatinero, y por eso no se quedó levitando entre querubines. Bajó del éter a la entraña y fundó una teología tan carnal que hasta las ideas tenían callos. En su De legibus ac Deo legislatore soltó la bomba:toda autoridad viene de Dios, pero hace escala en el pueblo, que la presta por pacto y no por milagro. ¡Toma ya, y que tiemble el trono! Si la soberanía reside en la comunidad, no en la corona, los príncipes son administradores, no dueños; mayordomos del Altísimo con nómina de los hombres. Lo que hoy llamamos constitucionalismo nació allí, en una celda sin brasero y con olor a cera.

Por los mismos claustros pasaba el Doctor Navarrus, un cura de Barásoain llamado Martín de Azpilcueta que sabía más de dinero que muchos cambistas. Se sentó a contar monedas como quien cuenta avemarías y descubrió que la abundancia las abate, que el precio baila al son de la escasez y que hasta la justicia pesa en balanza. Lo dejó escrito en su Comentario resolutorio de cambios, una suerte de manual de economía moral para tiempos en que el alma y la bolsa aún se saludaban. Comprendió que el mercado es criatura humana, no divina, y que el precio justo no se fija por decreto ni capricho real, sino por la necesidad.

Quien bien cuenta, poco yerra. Azpilcueta atisbó la ley de la oferta y la demanda cuando el capitalismo era aún un ruido de lonja y de galeón —rumor distante, clamor de mercaderes de muelles de Levante, diría Machado— y los banqueros rezaban antes de abrir la caja. Su economía era la del realismo teológico: no adoraba la moneda, ídolo de oro sucio, pero tampoco la demonizaba; la entendía como criatura de Dios sujeta a examen. Fue, sin saberlo, el abuelo de la economía moderna, aunque jamás saliera en los billetes. Azpilcueta comprendió que la riqueza sin corazón siempre se corrompe. ¿Dinero fácil? Nada que no se pueda pesar con justicia —dejó dicho a los cryptobros hace medio milenio— merece llamarse riqueza.

Por no hablar de Bartolomé de Medina, que postuló el concepto de la «opinión probable», filigrana teológica de prudencia moral y, bien mirado, realismo teológico hecho cordura castellana: admitir que el mundo no está hecho de dogmas pétreos sino de proporciones divinamente razonables, como una balanza celestial en manos de un notario un poco temblón. Vino a decir que entre el dogma y el delirio existe una zona habitable y acogedora. Medina, que enseñó en Salamanca y luego en Alcalá, entendió que uno raras veces posee certezas y que, cuando dos opiniones son razonables, cabe seguirse la más probable.

¿Relativismo? Nada más lejos… Lo de Medina era ética con cogulla y sentido común. Cinco siglos después, su «opinión probable» resucita en versión bufa: los sondeos pontifican y los opinadores repican. Lo que Medina ideó como antídoto del fanatismo degenera en jarabe de idiotas y bebistrajo de estadistas. Antes la prudencia era virtud de sabios y hoy parece coartada de pusilánimes. Será por haber trocado la filosofía por la encuesta y el latín por el inglés de aeropuerto que hoy muchos no sabrían distinguir a Suárez de un aeropuerto ni a Soto de un cantante melódico. Todavía peores son los libertarios a la americana, que dibujan a los teólogos de Salamanca con motosierra y confunden a Francisco de Vitoria con Ayn Rand, con Rand Paul y hasta con RuPaul.

Cinco siglos, velay que sí, y nadie o casi nadie que celebre la onomástica. ¿Será que, como sostiene Carlos Madrid, nuestra filosofía no se venera porque no la fundaron pelucas, sino faldas? La modernidad, reconozcámoslo, pensaba en español y escribía en latín. ¡Qué le vamos a hacer si la Escuela de Salamanca fue cosa de frailes! Sea como fuere, el aniversario se acerca y lo más probable es que lo despache un simposio de cartón piedra a cargo de varios cátedros alcanforados, cuando no con el más solemne de los silencios. No faltará quien frunza el ceño ante la idea de recordar a tipos con sayal y faldumenta, como si la inteligencia estuviera reñida con llevar escapulario. ¿No es momento de encender otra vez la candela, aunque sea pequeña, aunque sea sola, y mantenerla viva contra la incuria y la desmemoria? Porque mucho me temo que, o encendemos la llama, o nos quedaremos a oscuras.

lunes, mayo 22, 2023

SONREÍR Y ALGO MÁS

Jesús Vega Mesa/Facebook

Ayer subí caminando la larga y empinada calle de mi pueblo. Me sorprendió que todas las personas, absolutamente todas, me sonreían. Bueno, aclaro. Las personas a las que me refiero estaban en los carteles de las farolas. Y todas, absolutamente todas, además de sonreír, me pedían el voto. No está mal. Son buena gente porque las conozco y sé que tienen buenos deseos para mi pueblo y para mi isla. Otra cosa es que la sonrisa sea sincera y otra cosa es que estén capacitadas para gobernar justamente sin privilegiar a su gente en detrimento de los que no tienen su amistad o su misma forma de pensar.

Me gusta que me sonrían pero no sólo ahora que necesitan de mí. Cuando alguien está pasando una mala situación económica o necesita un permiso determinado, no busca ni quiere la sonrisa del político. Quiere la solución a su problema, quiere ser escuchado y atendido responsablemente.

Supongo de verdad que todos estos hombres y mujeres de mi pueblo y de mi isla que aspiran a ser elegidos para gobernar están llenos de buenas intenciones. No me gusta esa frase que a veces escuchamos o decimos: Total, todos los políticos son iguales. No. Los hay malos, muy malos, buenos y mejores. Los hay trabajadores y los hay interesados y egoístas. No son todos iguales.

Tampoco estoy de acuerdo con los que opinan que no van a votar porque eso no sirve para nada. Yo sí quiero tomar parte con mis otros vecinos en la mejora de mi tierra. Y es responsabilidad mía, muy seria, la de poner un granito de arena proponiendo los nombres de las personas que considero mejor preparadas o más justas. Aunque me equivoque. Aunque no gane la candidatura que propongo. Pero creo que hay que votar. Y si voto, tengo todo el derecho del mundo a exigir, a quejarme si lo veo necesario. Si no voto parece como si no me interesara este pueblo ni esta isla. Y nada peor que ser indiferente a lo que se haga o no se haga. Que no es lo mismo que haya o no haya centros para atender a los mayores o que la playa esté mejor equipada o que haya o no haya ayudas eficaces para los más pobres. O que se atienda a los jóvenes o que se cuiden o no los espacios públicos. Por eso iré a votar.

Yo sé que una sonrisa ayuda. Pro no quiero pedir sonrisas ni abrazos a los políticos. Quiero pedir que quieran al pueblo y se preocupen por él. Y que no engañen. Sólo le pido a Dios que nada me sea indiferente. Ni el dolor de los demás, ni las injusticias, ni el engaño. Y como sé que no son todos iguales, el día 28 pondré mi voto en la urna. 

miércoles, mayo 04, 2022

FRANCISCO, FE Y POLÍTICA. DISCURSO A LAS AUTORIDADES EN ATENAS

ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES, LA SOCIEDAD CIVIL Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Palacio Presidencial de Atenas
Sábado, 4 de diciembre de 2021

Señora Presidenta de la República,
miembros del gobierno y del Cuerpo diplomático,
distinguidas Autoridades religiosas y civiles,
insignes Representantes de la sociedad y del mundo de la cultura,
señoras y señores:

Los saludo cordialmente y agradezco a la señora Presidenta las palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de ustedes y de todos los ciudadanos griegos. Es un honor estar en esta gloriosa ciudad. Hago mías las palabras de san Gregorio Nacianceno: «Atenas áurea y dispensadora de bien… cuando buscaba la elocuencia, encontré la felicidad» (Oratio 43,14). Vengo como peregrino a estos lugares que sobreabundan de espiritualidad, cultura y civilización, para percibir la misma felicidad que entusiasmó al gran Padre de la Iglesia. Era la alegría de cultivar la sabiduría y de compartir su belleza. Una felicidad, por tanto, que no es individual ni está aislada, sino que, naciendo del asombro, tiende al infinito y se abre a la comunidad; una sabia felicidad, que desde estos lugares se ha difundido en todas partes. Sin Atenas y sin Grecia, Europa y el mundo no serían lo que son: serían menos sabios y menos felices.

lunes, agosto 31, 2020

La falsa frontera que separa el “dentro” y “fuera” de la familia

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano
Lo que pasa en el mundo nos afecta como familia. Hoy lo vemos claramente. Un virus, que comienza en China hace unos pocos meses, y la respuestas que dan los gobiernos de los distintos niveles de la administración,
hacen que tengamos que permanecer en nuestras casas confinados, sin poder acudir a nuestros trabajos, ni, en muchos casos, acompañar a nuestros familiares en su muerte y en su entierro. Se cierran empresas, se pierden empleos… Parece claro que el mundo influye sobre la familia.
Pero también sucede al revés. Lo que hacemos como familia afecta al mundo que nos rodea. Si decidimos saltarnos el confinamiento y salir a dar un paseo, o incumplir las medidas de higiene recomendadas para evitar la propagación del virus, eso, afecta al resto del mundo.
No hay una frontera tan nítida, como a veces pensamos, entre lo que pasa de puertas para fuera del hogar y lo que pasa de puertas para dentro. No hay un “fuera” y un “dentro” tan claro como muchos proclaman. Hay interrelación.
Cuando ignoramos esta interrelación y pretendemos reafirmar esa falsa frontera entre “dentro” y “fuera” de la familia, caemos en una especie de privatización de la familia. Muchas veces esto se hace con la intención de
“blindar” la familia de lo que pasa fuera. Esperamos que la familia sea un remanso de paz, de autenticidad.
Queremos convertir la familia en una especie de oasis en el que sus miembros viven protegidos del peligroso desierto de la sociedad. En la sociedad estaría la competitividad, el conflicto, la tensión…
Esperamos que la corrupción y la falsedad del mundo no pasen al interior de la familia. Vemos la política como el más claro ejemplo
de corrupción y falsedad. Y tratamos de mantenernos alejados de la política.
Cuando vivimos así la familia, de repente descubrimos que, lo que creíamos que era un oasis, está afectado por ese “desierto” del mundo y la política del que hemos intentado mantenernos alejados. Lo que sucede con nuestros empleos, la forma de enterrar a nuestros seres queridos, dónde pasamos nuestros días... viene decidido por aquello de lo que hemos decidido “protegernos”: la política.
Nos equivocamos al alejarnos de la política. Porque el ser humano es un ser político. Hay quien dice que es un ser social. Las abejas son seres sociales. Las abejas conviven y se organizan, en esencia, de la misma manera que lo hacían hace 500 años. No tienen conciencia de su historia ni de su forma de organizarse. El instinto rige su comportamiento.
La organización de los seres humanos es muy distinta a lo que era hace, no ya 500 años, sino 50. El ser humano evoluciona en su organización social y es capaz de reflexionar sobre esa misma organización y transformar las leyes que rigen las relaciones sociales. Eso le convierte en un ser político. Sólo el hombre es una animal político por estas dos razones: porque tiene conciencia de su historia y del derecho.
Dos realidades son necesarias para el crecimiento del ser humano: la familia y la comunidad política. Nacemos en el seno de una familia, que nos influye y a la que necesitamos para recibir el cuidado y el amor que precisamos. Y nacemos en medio de una organización política determinada, que nos influye y a la que necesitamos para crecer y recibir la educación, la sanidad, las infraestructuras… que precisamos. Renunciar a una de ellas nos deja cojos.
Trabajar desde la política para hacer del mundo un lugar mejor es trabajar por la familia. Por la propia y por todas las demás. También por aquellas a las que no conozco. Hacer de la familia un lugar mejor, es hacer del mundo un lugar mejor, pero de eso hablamos más habitualmente en estas páginas.

lunes, febrero 24, 2020

Gol en propia puerta en el Congreso de laicos. La Comisión organizadora prefiere el compromiso de Carlos G. de Andoin en el PSOE


El Congreso de laicos "Pueblo de Dios en salida" celebrado recientemente en Madrid ha sido un importante acontecimiento eclesial que valoramos positivamente. Los participantes, la comunidad cristiana e incluso la sociedad española harán su valoración. Muchas serán las luces y algunas serán las sombras.




Un reciente estudio con 25 testimonios
de cristianosde izquierda en Canarias.
No es un caso excepcional
Desde aquí queremos señalar sólo un aspecto pequeño del Congreso que nos ha parecido un gol en propia puerta. Esperamos que no se interprete que hacemos una crítica a la totalidad y ni siquiera al tono general. 

El reciente Congreso de laicos parece que ha sido una buena ocasión para la comunión y la misión eclesiales. Pero todo es mejorable. Y pensando en aportaciones históricas tan importantes como la realizada por el apostolado militante y las reflexiones de personas tan necesarias como D. Tomás Malagón, queremos llamar la atención, pensando en el futuro y en la presencia política de los creyentes en el mundo, sobre un aspecto que nos preocupa. Una cuestión pequeña dentro del conjunto del Congreso pero que nos parece significativa

Nos referimos solo a un aspecto que consideramos importante. La Comisión de contenidos ha metido en la vigilia solo un testimonio de compromiso político, el testimonio de un militante del PSOE, hoy el partido en el poder. Creemos que es tiempo de pluralismo e igual que nadie imagina meter un testimonio de VOX tampoco debe meterse del PSOE; ya fue un error meter en cierto momento solo a un militante del PP. La Iglesia no debe estar sometida a estos bandazos. Hay la opción de meter a todos. Si por razón de tiempo se mete solo un testimonio este ha de ser mucho más matizado. El autor del testimonio no hizo ninguna autocrítica y sí fue duro con el resto de la comunidad cristiana.

Esperamos poder ofrecer las palabras del propio autor del "testimonio" en nuestro programa de radio.

No solo ha habido un gran pluralismo político entre los creyentes españoles; además, la presencia de creyentes en la izquierda es una presencia rica y llena de matices.

Eugenio Rodríguez comenta algunos párrafos de este testimonio

domingo, julio 15, 2018

sábado, junio 02, 2018

Tres ladrones y el público

Eugenio Rodríguez
En el ombligo el PNV. Lejos de ser un signo de fortaleza no deja de ser un signo de derrota a medio plazo la chulería peneuvista. Vieja, muy vieja. Propia de una secta bajo la fórmula jurídica de partido político cuyo fundador dijo que los bizcaitarras habían nacido para señores y los españoles para siervos. Hagan la prueba de intentar comprar las obras completas de Sabino Arana, el fundador del PNV y se llevarán la sorpresa de que los editores prefieren no venderlas ¡hasta tal punto se avergüenzan del racismo inicial hoy algo maquillado! Estaban hasta tal punto preocupados que han precipitado la victoria del PSOE con tal de no ver subir a Ciudadanos, único partido hasta la fecha que se ha comprometido contra el cupo vasco. El racismo vasco ha cosechado otra victoria que quizá sea el canto del cisne- También Rajoy se sentía seguro y miren como ha acabado.
Hace no tanto que el PSOE -ganando las elecciones- le entregó al PNV la presidencia del gobierno vasco y hoy el PNV ha dado al PSOE  el gobierno de España, al menos de momento. Y lo ha hecho con el 1,2 por ciento de los votos de los españoles aprovechando una ley electoral que le da cinco diputados por los mismo votos que un partido de ámbito nacional no le dan ninguno, poco más de doscientos mil. Para colmo siguen alardeando los tertulianos "del sistema que nos hemos dado todos los españoles" cuando se refieren a un sistema que permite que una reunión peneuvista en Vitoria decida lo que sus embajadores votan en Madrid: partidocracia. Los "mamandurrias" nacionalistas se quejan de los miembros de otros partidos obedecen a Madrid pero ellos pueden obedecer a Vitoria. De ahí les debe venir el "federalismo asímétrico".
Su argumento más potente es que así "colaboran a la gobernabilidad". Palabras muy sonoras que podrían equipararse a un violador que alardeara de colaborar al mantenimiento de la especie. O a un incendiario que alardeara de querer subir el PIB. Son medias verdades que realmente son mentira. Como miente el nacionalismo que solo quiere mantener sus privilegios y que solo deja de alentar los asesinatos cuando tiene otras formas más limpias de matar. Porque el cupo vasco mata aunque las universidades raramente estudien estos temas. Algunos estudios hablan de que en los últimos cinco años han muerto de frío más de cien mil personas en Gran Bretaña. Y no es información metereológica; es información económica y política. Algún día alguien pondrá números a las consecuencias mortales del cupo vasco. Y sin embargo esta borrachera peneuvista quizá no sea más que una señal de lo poco que le queda realmente.

A la izquierda el PSOE. Y se hace con la Moncloa el que hace no tanto temblaba porque Podemos podía adelantarle. El chalet ha empezado a pasarle factura al engreído Pablo Iglesias. Critican por doquier a quienes dicen que esto ha sido un golpe de Estado. A mí me parece una descripción bastante acertada. Así lo llamó en el 11 M un socialista de verdad (no falso como Zapatero o González). Si entonces el PSOE no dudó en llegar al poder con malas artes no hay razón para no esperar que vuelva a las andadas si sigue estando el mismo tipo de gente en el aparato del partido. Las bases se negaron a las contubernios del aparato devolviendo el poder a Pedro Sánchez pero éste, lejos de cambiar de perspectiva, se hizo más sectario aún y reduce su combatividad a quitar el crucifijo de la toma de posesión. Más de un socialista había dicho cuando le quisieron quitar al Crucificado que "a mí no me molesta el Justo", pero a éste le molesta porque debe ser injusto.
A la derecha donVagancio. Rajoy creyéndose que sabe manejar los tiempos cree como buen conservador que manejar los tiempos es que los demás esperen pero manejar bien los tiempos a veces exige apresurarse. En este caso, si desde que compareció en los Tribunales hubiera trabajado por ser sustituido por alguien más joven, lo mismo el PP no había perdido el poder que hoy lamenta haber perdido. Si hubiera tenido una política más social y menos mordaza lo mismo contaba con más apoyos populares. Si se hubiera enfrentado de verdad con los caprichos capitalistas del catalanismo lo mismo hoy seguía en Moncloa.
Los solidarios ausentes. Mientras esas minorias negocian sus banquetes, millones de trabajadores siguen metiendo el hombro y haciendo actos realmente solidarios. Mientras esas minorías se pelean más cuatro  millones de españoles hacen tareas de voluntariado. Pero muchas gentes normales y esforzadas en cientos de miles de pequeños actos, están casi ausentes de la vida política.
Esta tragicomedia puede ser un paso más en el camino hacia la solidaridad. Puede que hoy se dé un paso en la conciencia de los españoles sobre la perversidad del nacionalismo. Puede que hoy se dé un paso en que las bases socialistas de  nuestro país decidan no dejarse manejar por el aparato. Puede que la clásica derecha se le quite algo de su engreimiento técnico y miré a los pobres con algo más de respeto. Puede -sobre todo- que la mayoría solidaria en miles de gestos dé algún paso en la conciencia de que esos gestos admirables también deben bajar a la arena política. Los errores sirven y mucho. En medio de los errores podemos tomar decisiones  y estas pueden notarse pronto en la vida política.

domingo, abril 08, 2018

lunes, septiembre 25, 2017

MONTSERRAT Y EL INDEPENDENTISMO. Otro episodio de cesarismo

Eugenio A. Rodríguez
Montserrat es una de las realidades más falsas que se puede encontrar. Algún bien hace, atiende personas, proclama la Palabra, celebra los Sacramentos, consuela a las personas...
Ahora bien, en su dimensión sociopolítica es perverso.
Enseguida se ve que es un negocio.
Y en cuanto se rasca un poquito se ve que ha dado casi todo al César y poco a Dios.
Allí se celebraron Cortes de la II República, Franco entró bajo palio, después fue nacionalista y ahora independentista... ¡lo que haga falta! Todo con tal de servir al César... Violación de la vocación en la que esa institución lleva enfangada decenas de años. Y el clero secular, una parte perplejo, y otra aplaudiendo tontamente...

viernes, agosto 18, 2017

Palabras finales de El gran dictador sin quitar las palabras a Hanna

No entiendo por qué en los "cortes" que he visto del discurso final de El gran dictador no incluyen las palabras a Hanna. ¿no son la clave?
¿Y LA PALABRA FINAL? ¡¡¡NADIE LA RECORDAMOS!!! visualizado millones de veces pero nadie recuerda la palabra final. Una.



lunes, noviembre 14, 2016

Valor político del catecismo según Pilar Rahola


El catecismo, sin duda, es el programa político más sólido y fiable que podamos imaginar

sábado, octubre 01, 2016

PEDRO SÁNCHEZ: LA OBSESIÓN ANTI-CARNE

Pedro Sánchez está de moda. También Mariano Rajoy. Y nosotros, aunque menos. Pero lo mismo todos tenemos el mismo problema. Estamos obsesionados por no meter la carne en esas hermosísimas frases que nos decimos unos a otros. Son experiencias que vienen de la vida y cuando las oímos nos emocionan pero a veces nos cerramos a ponerles carne. No queremos poner nuestro cuerpo.

Un gran teólogo, hijo de familia numerosa, cuenta que todos los hermanos estuvieron de acuerdo en el epitafio de la tumba de papá; decidieron poner la mejor frase de su padre: ”El que no vive para servir, no sirve para vivir”. ¿Emocionante verdad? Seguro que también “le gusta” a los líderes poliíticos. Y a nosotros. Pero Pedro Sánchez y nosotros hemos preferido no encarnar la frase. Es hermosa. Es una experiencia inmensa pero…

También se dice ahora que “Ningún mar en calma hizo experto marinero”. ¿Emocionante verdad? Seguro que también “le gusta” a los líderes poliíticos. Y a nosotros. ¡Qué belleza! ¡Qué fecundidad! ¿Y si la pusiéramos en práctica? Todo sería distinto, pero…

Dice J. F. Six (wikipedia dice que le consultan el episcopado francés, la Unesco, la Red Europea de mediación y muy diferentes revistas) que “sin pobreza de corazón no hay pluralismo”. ¡Qué verdad! ¿Quién le pondrá cuerpo?

Algunos amigos que han perdido hijos antes de nacer o en las primeras semanas dicen: “En la experiencia del dolor surge algo diferente. El hueco de nuestro vientre puede ser la caja de resonancia de una guitarra, o un refugio en el que acoger a otros”. La carne parió la frase.

La gente corriente sabe bien que las frases sin carne no valen nada. Mi madre, que no podía correr, ni subirse a la silla, ni llevar los niños al cole decía a veces con humor: “¡Vaya problemón!”. Mi padre, menos valiente ante los problemas, resolvió su pánico con 3 cosas: trabajar, trabajar ¡¡¡y!!! trabajar. 3 recetas.

El genial Sartre dijo “El infierno son los otros”;  y el humilde Ratzinger decidió poner su carne en la senda del Crucificado y descubrió que “los otros son el cielo”. La verdad se hizo carne y la carne se hizo verdad.

En la élite de la batalla política actual me temo que nadie querrá hacer la experiencia de poner toda la carne en el asador… pero el político pueblo sí; el pueblo lo viene haciendo y lo hará: ahora más que nunca.

miércoles, mayo 14, 2014

"Hay que luchar se quiera o no". PONER EN JUEGO LA FE (III)

Ayer continuamos con los encuentros "Poner en juego la fe". Estuvo con nosotros Carmelo Ramírez (Nueva Canarias) quien analizó el mundo actual y la necesidad de una respuesta de justicia.
Explicó el origen cristiano de su compromiso y la importancia de que los cristianos nos comprometamos

viernes, abril 25, 2014

COMIENZAN LOS ENCUENTROS "PONER EN JUEGO LA FE"

En la catequesis familiar del viernes tuvimos una interesante reunión.
Estuvieron con nosotros Brígida Mendoza, Consejera de Sanidad del Gobierno de Canarias y Araceli, Jefa de su Gabinete. Pertenecen a Coalición Canaria.
Brígida venía a compartir su experiencia de fe. Nos contó algo de su vida, de su familia de origen, de sus convicciones y de su fe.
Destacó que su hija la "devolvió" a la fe. Que esa experiencia le había hecho plantearse de nuevo la fe.
El diálogo fue muy rico. Ella destacó la importancia de la verdad, del compromiso por los demás, del trabajo...
Destacó que la fe nos lleva a la solidaridad con los crucificados de hoy, "creemos en una cruz con esperanza" dijo.
Cómo es lógico también salieron distintas opiniones sobre la sanidad canaria. Varios asistentes señalaron sus preocupaciones y vivencias. La consejera reconoció que hay errores e insuficiencias y que se debe seguir mejorando.
Antonio Melián moderó el diálogo e intervino finalmente para recalcar el sentido que tienen estos coloquios y la relación entre la fe y la vida.

Bajo el título "Poner en juego la fe" vamos a plantearnos nuestra fe a partir de una serie de testimonios. 
Durante la reunión los niños estuvieron haciendo juegos.



miércoles, septiembre 19, 2012

“Cuando me duelen las heridas, rezo”



Kim Phuc saluda adelantando la mano y replegando ligeramente el cuerpo, protegiéndolo por instinto. Cuarenta años después de ser víctima del napalm, la enorme cicatriz aún le abrasa, pero la vietnamita compensa este distanciamiento con una gran sonrisa en su rostro de luna.
El 8 de junio de 1972, Kim y sus vecinos del poblado de Trang Bang fueron víctimas de un ataque estadounidense que el joven fotógrafo Nick Ut inmortalizó en una instantánea que dio la vuelta al mundo. Oírla revivir aquel momento cierra el estómago. “Llevábamos tres días refugiados en un templo y de pronto oímos venir los aviones y echamos a correr. Vi caer cuatro bombas. Oí burum burum, un sonido más suave de lo que me esperaba, y de pronto había fuego por todas partes, también en mi piel”.
Su ropa veraniega ardió por completo dejando su cuerpecillo escurrido expuesto a la agresión de la cabeza a los pies. Dos de sus primos, de seis meses y tres años, murieron abrasados. Ella sufrió quemaduras en el 65% de la piel y necesitó injertos en el 35%.
Phuc ve a menudo a “tío Ut”, como llama al autor de la foto. Sin ir más lejos, anteayer estuvo con él en Colonia (Alemania) recogiendo un premio patrocinado por una marca de cámaras fotográficas. Después, ella ha viajado a Madrid a recoger el premio que Save The Children le entrega por la labor de su ONG —The Kim Foundation—, que ayuda a niños víctimas de conflictos bélicos.
Phuc (49 años) tarda en encontrar en el menú algo apto a su dieta. No toma azúcar ni arroz. “El napalm sigue presente en mi cuerpo y tengo mucho cuidado con mi alimentación”. Insiste en que la ensalada venga sin aliño ni queso y de segundo elige bacalao como podía haber elegido cualquier otra “proteína”. Del cuello le cuelgan dos cadenas: una hoja de arce y un crucifijo. La primera es el símbolo de su país de adopción, Canadá, al que huyó durante una escala volviendo de Moscú en la época en que estudió en Cuba —la conversación discurre en inglés pero a menudo salta al español—. Le acompañaba su novio, también vietnamita, que ignoraba sus planes hasta horas antes de aterrizar. “Necesitaba ser libre”, dice Phuc, que siendo un símbolo como era fue sometida durante años al férreo control del régimen comunista.
Preguntar por el segundo colgante destapa la caja de Pandora. Descubrir el Nuevo Testamento supuso para ella un punto de inflexión. “Yo vivía sufriendo. Odiaba mi vida, odiaba a la gente normal, odiaba a quienes me habían hecho daño, las cicatrices... Leer la palabra de Jesús me cambió. No soy una persona religiosa, pero tengo una relación muy íntima con Dios. Rezo mucho. Cuando me duelen las heridas, rezo. Y cuanto más lo hago, más paz encuentro. Me ha ayudado a amar y perdonar”. No se cansa de repetirlo. “Mi misión es ayudar a otros en mi situación a perdonar, a ser más fuertes por fuera y por dentro”.
En Canadá Phuc y su marido viven con los padres de ella y sus dos hijos que bautizaron por doble partida —Thomas Hoang y Stephen Binh— aunque ella les cita por su nombre anglosajón. Desde 1986 solo ha regresado una vez a Vietnam, en 2004, tras la muerte de uno de sus hermanos, que también aparece en la foto. Va desencajado, delante de su hermanita desnuda. “Él corría más que yo”.