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sábado, enero 10, 2026

León XIV, como Francisco, a diferencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI usa "USTEDES" en vez de "vosotros" en la Consagración

Juan  Pablo II
 
Benedicto XVI
12 dic 2019 
Preside Francisco [en la homilía destaca que María es discípula, no corredentora]
12 dic de 2020
Preside Francisco
12 dic de 2024
Preside Francisco pero es cardenal Prevost quien celebra
12 dic 2025
Papa León XIV

sábado, noviembre 22, 2025

Síndrome del pavo real

Samuel Elanius/
Facebook

Menos telas y encaje, menos palacios de terciopelo y frases de efecto ensayadas. Lo que falta no es brillo en las paradas, sino brillo en los ojos de quienes realmente caminan con la gente. La fe no necesita ventanas doradas, necesita pies en el camino, manos sucias sirvientes y oídos abiertos a los dolores que hacen eco a través de las calles y en corazones cansados.

Menos sombreros y decoraciones, menos preocupación por el centro de atención y más conciencia de que el Reino no se basa en las apariencias, sino en el compromiso. No es la estética lo que sustenta la verdad del Evangelio, sino la sincera devoción y el amor encarnados en la vida cotidiana.

Menos "círculos", menos teatro de piedad, menos predicación que pone a Dios en un trono inalcanzable, distante e inalcanzables. Bajó, caminó con nosotros, lloró nuestras lágrimas, sintió el peso del hambre y la soledad, y en eso nos enseñó que la santidad comienza en el suelo.

Es triste ver a una generación de sacerdotes más preocupados por ser vistos que por ver; más interesados en ser celebrados que en celebrar la vida de Cristo entre pequeños. La misión no es convertirse en una celebridad de la fe, sino en testimonio del siervo de Cristo, el que se inclina para lavarse los pies, que abraza el sufrimiento humano para transformarlo en esperanza.

Volvamos a lo básico: menos espectáculo, más gospel. Menos posar, más presencia. Menos gloria humana, más cruz compartida. Porque el Reino nace cuando uno elige amar sin necesidad de aplausos.

sábado, febrero 08, 2025

Cómo vive el pueblo la Eucaristía

La vida de cada día no deja de depararnos sorpresas, no deja de abrirnos a la realidad, no deja de hacernos preguntas, no deja de dejarnos perplejos, no deja de llamarnos a crecer.


Me gusta conversar con personas que se desviven por sus hijos, que llevan una vida normal de barrio, los veo en el barrio, en actividades vecinales pero tenemos una ocasión más serena de diálogo en una "catequesis" que no les atrae mucho. Lo que les atrae es la felicidad de sus hijos y por eso les apuntan a la "primera comunión" y eso está muy bien. No son mucho de ir al templo, lo ven como cosa de otra etapa de la vida, sí que tienen referencias religiosas, especialmente santa Clara. A veces tienen sus diálogos con Dios pero con la Iglesia tienen una relación desigual. 


No parece que les vayan mucho algunos asuntos más densos, quizá un poco teóricos, quizá les falte tiempo ¿crecemos como personas? ¿Qué debemos hacer en política? ¿por qué hay emigración? ¿por qué algunos niños pasan hambre? ¿por qué hay droga por aquí? ¿por qué los hijos de papá hacen carrera?


Me gusta hablar con ellos porque veo que cuidan de sus padres con cariño, tienen hijos, tienen vida de pareja, se preocupan por los otros, a veces cuidan de esa tía que no tiene hijos pero no la quieren dejar tirada. Me gusta hablar con ellos porque estiran el tiempo, porque hablan de la realidad, porque salen adelante entre mil dificultades.

 

En la última reunión me dieron una nueva sorpresa. Yo creía que iba a ofrecerles una lectura muy interesante de la Eucaristía partiendo de un magnífico cuadro del siglo XX, una obra poco conocida y que me parece sugerente. Leímos el comentario de un sacerdote paul (de san Vicente de Paul) que había sido catedrático de estética en la Universidad de Salamanca. Hablaba de algo que a mí y a otros produce honda emoción. Cristo, según el pintor Nolde, en la Última Cena sentía angustia por lo que iba a ocurrir y por como estaba la realidad. 


A mí me parecía que podían sentir cercano a ese Jesús unas personas que viven en un barrio a veces complicado, que llevan una vida laboral dura, que intentan atender a sus padres y a sus hijos, y en general una vida no exenta dificultades. 


Sin embargo se quedaron perplejos porque la Eucaristía para ellos era otra cosa. La Eucaristía para ellos es “la primera comunión”. Decían que  “todavía si hubiera sido en semana Santa pero para hablar de primera comunión este sufrimiento no pega”. También me dijeron que “casi habría preferido permanecer en la ignorancia y seguir con mi visión tranquila de la Misa”. En definitiva, que para ellos la Eucaristía es otra cosa.


Los curas con frecuencia vivimos bastante al margen hasta de los sentimientos religiosos de las personas de la calle. Puede resultar sorprendente pero es así. Cuando escucho me sorprenden.


¿Y qué podemos hacer? Quizá convenga una mayor cercanía de nuestras eucaristías a la vida real de la gente. Sobra un ritualismo exagerado tan desafortunado como el capricho y la falta de respeto a la profunda verdad que contiene la liturgia auténtica. O sea, respetar que la celebración es de la Iglesia y no nuestra, pero también nosotros somos un pedacito de Iglesia que necesita vivir realmente la Eucaristía conectada con "las angustias y tristezas, las alegrías y esperanzas" de todos. Nosotros también formamos parte de ese "todos" 


Hay muchas prácticas pastorales que vienen a complicar esta distancia de la gente. Por ejemplo, el gusto actual por una comprensión súper emocional de la adoración y por una vivencia de la Eucaristía poco encarnada, el gusto por los lujos, la apariencia, la sobrecarga de telas  y cierta parafernalia creo que perjudican a una adecuada pastoral de la Eucaristía. El pueblo necesita una verdadera vivencia de la Eucaristía por parte de quienes la celebramos habitualmente.


Como la experiencia me dice que la gente actual es más abierta que las de otras épocas no temí seguir el diálogo intentando aclarar que la eucaristía tiene una dimensión festiva y que desde luego la tendría la “primera comunión”, del mismo modo que un funeral es un momento más contenido y reflexivo, más íntimo.

 

Proseguimos el dialogo con estas personas proponiendo para ellos, más que para los niños, un acercamiento a la Eucaristía, que conecte con la justicia, con la solidaridad, la fraternidad, los problemas del mundo, y con sus propias vivencias que llevan toda la carga de adultez y responsabilidad que a nadie sensato se le ocurre exigir a los niños. Para nosotros los adultos puede que la Eucaristía responda a la necesidad de un alimento, un consuelo, y fuerza para un combate de amor. Para la vida de uno, para perdonar, para no devolver mal por mal, para tantas cosas que sabemos por la vida.


Quizá el diálogo fuera una primera aproximación porque percibí que había apertura a la verdad a preguntarse cual fue la vivencia de Jesús y cual puede ser la nuestra.


Este es texto aludido:
El arte religioso de Emil Nolde llega a la cumbre con la Última Cena de 1909. Cuadro sobrecogedor, riquísimo de materia y de matices de color, con dominio de rojos, a los que notas verdes hacen contrapunto. 
Cristo está en el centro, sentado a la mesa, rodeado estrechamente por los Apóstoles, que apenas caben, que ahogan el espacio. El Maestro aprieta la Copa con sus manos. Aprieta como si tratara de exprimir un racimo o, acaso, su propio corazón. 
El rostro se contrae de dolor, los ojos se cierran, la boca se entreabre con un gemido de angina agudísima. Y al estallar el corazón, la Sangre inunda todo. La cabellera de Jesús chorrea sangre. Apenas queda el blanco de la túnica bajo el vestido impregnado de sangre. Sangre en las ropas y en los rostros. Hay sombras negras y miradas atónitas.

Enrique R. Panyagua



Los niños prepararon un mural sobre las bondades del plátano y el error de que se tiren a la basura.

También se hicieron un pequeño trabajo manual de madera

viernes, abril 26, 2024

HELDER CÁMARA , POR QUÉ REGALAR UN MAPAMUNDI A LOS NIÑOS

 Seguimos haciendo pequeñas experiencias que nos ayuden a desaburrir la Eucaristía; ¡Ojo! no por la vía de hacerla divertida o entretenida, sino por la vía de meter la vida, algo así como "vitalizarla" sabiendo ya que la palabra es excesiva porque vida ya tiene pero nosotros puede que la hayamos ido encorsetando.

Los pasados domingos hemos ofrecido a las familias (y a todos) el mapa del mundo (en la edición Peters [aquí]) recordando aquellas palabras de Helder Cámara:




viernes, febrero 02, 2024

La adoración eucarística invita a “consentir a Dios”, no a “sentir a Dios”. (Beaterías a reciclaje)


Sorprendente imagen que está circulando por las Redes sociales



Marcos Torres Fernández
https://omnesmag.com/recursos/la-adoracion-eucaristica/

La adoración eucarística se emplea a veces como medio para fines de promoción de la pastoral juvenil, de respuesta a necesidades intimistas, o buscando efectos milagrosos, etc. Este artículo propone algunas coordenadas para evaluar prácticas pastorales que, bajo apariencia de un bien espiritual, pueden resultar poco convenientes para la experiencia fructuosa de la fe en nuestras comunidades.

En la Misa matutina del lunes 5 de febrero de 2018, el Papa Francisco exhortaba a un pequeño grupo de sacerdotes recién nombrados párrocos. ¿Qué consejo les dio el Romano Pontífice al inicio de su oficio pastoral? El Papa se expresó así: “Enseñad al pueblo a adorar en silencio”, para que “así aprendan desde ahora qué haremos todos allí, cuando por la gracia de Dios lleguemos al cielo”. Un camino, el de la adoración, duro y fatigoso como el del pueblo de Israel por el desierto. “Tantas veces pienso que nosotros no enseñamos a nuestro pueblo a adorar. Sí, les enseñamos a rezar, a cantar, a alabar a Dios, pero a adorar…”. La oración de adoración, dijo el Papa, “nos aniquila sin aniquilarnos: en el aniquilamiento de la adoración nos da nobleza y grandeza”.

Sin duda alguna, los que somos pastores del pueblo de Dios llevamos muy dentro del corazón el deseo de que nuestros fieles amen cada vez más a Jesucristo en la Eucaristía, haciendo de ella el centro de la vida parroquial y de nuestras comunidades de fe. La adoración es, además, condición para comulgar adecuadamente, como enseñaba san Agustín, y que es continuación natural del misterio y de la presencia real de Cristo en el sacramento.

En este sentido, los pastores del rebaño de Cristo debemos procurar una celebración no sólo bella y significativa, sino también respetuosa y acorde con la verdad de la fe y la disciplina de la Iglesia, que busca cuidarla adecuadamente.

En los últimos decenios, gracias al magisterio de los últimos Papas y a la labor incansable de innumerables sacerdotes anónimos, la adoración eucarística no sólo ha experimentado una recuperación justa, sino una popularidad beneficiosa para la vida espiritual de los cristianos.

Igualmente, este deseo y fervor eucarístico no siempre ha ido acompañado del discernimiento necesario, observándose en no pocas ocasiones errores, omisiones o incluso abusos litúrgicos, que muchas veces no se deben a una mala intención sino a una deficiente formación teológico-litúrgica de algunos agentes de pastoral.

Este artículo querría proponer algunas coordenadas para evaluar posibles prácticas pastorales que, bajo apariencia de un bien espiritual, pueden resultar poco convenientes para una verdadera y fructuosa experiencia de la fe en nuestras comunidades.
La exposición del Santísimo

En primer lugar, es bueno recordar que gracias a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la adoración eucarística ha dejado de ser una simple práctica de devoción eucarística, para convertirse en una celebración litúrgica de pleno derecho.

Como celebración litúrgica, implica un ritual, una asamblea litúrgicamente constituida, una normativa litúrgica y unas orientaciones pastorales propias. Por ello, el marco imprescindible de referencia es el “Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto fuera a la Eucaristía fuera de la Misa”.

Los ministros deben celebrar la exposición del Santísimo según la ritualidad establecida, tal y como hacen cuando celebran cualquiera de los otros sacramentos o sacramentales. Bien es cierto que el actual ritual es bastante flexible a la hora de celebrar la exposición, siempre y cuando se respete el mínimo indicado. Ahora nos referiremos a algunas prácticas que se han extendido, pero que en su ritualidad y significado no concuerdan con lo que la Iglesia enseña en su liturgia y en la historia del dogma eucarístico.

Por un lado, es importante no romper el estrecho vínculo litúrgico-teológico existente entre la exposición de la Eucaristía y su celebración. La primera nace y se entiende desde la segunda. De hecho, la Iglesia entiende la adoración eucarística como prolongación de la Comunión sacramental, o como medio para una preparación adecuada a ella.

Afirma el Ritual: “Permaneciendo ante Cristo […] fomentan las disposiciones debidas que les permiten celebrar con la devoción conveniente el memorial del Señor y recibir frecuentemente el pan que nos ha dado el Padre”. Por eso es importante educar a los fieles para que la adoración eucarística no llegue a comprenderse como un sustitutivo de la Comunión sacramental, o como una forma de “comunión” fácil o más sensitiva que la sacramental.

También debido a este vínculo entre exposición y sacrificio, la Iglesia no permite exponer el Santísimo Sacramento fuera del altar, y menos aún, en un lugar que no sea una iglesia. Solo en el caso de que la exposición sea prolongada puede colocarse la custodia en un expositorio elevado, siempre y cuando esté cerca del altar.

Ni la montaña, ni la playa, ni una casa particular, ni un jardín, ni un autocar, ni una barca en el mar de Galilea son lugares donde dar culto digno a Dios sacramentado, tal y como la Iglesia nos recuerda constantemente en sus documentos magisteriales, litúrgicos y canónicos tras la reforma del Concilio Vaticano II. En este sentido, tampoco está permitido que el Santísimo esté expuesto a solas, sin una asamblea litúrgica presente que esté rezando en adoración.

Por otro lado, la Iglesia ha enseñado durante siglos que la exposición del Santísimo tiene como finalidad única y primordial tributar adoración pública a Cristo en la Eucaristía, confesando rectamente la fe en la presencia real y desagraviando las ofensas que Dios pueda recibir, especialmente contra las mismas especies eucarísticas.

En este sentido, se hace cada vez más necesario un profundo discernimiento de la autoridad eclesiástica para velar por este fin cultual (latréutico) de la celebración de la exposición. De manera cada vez más frecuente se observa el uso de esta celebración (la exposición y adoración) como método de evangelización, como medio de aglutinar y promocionar la pastoral juvenil, como recurso para responder a las necesidades intimistas y emotivas de algunos perfiles espirituales o incluso como instrumentalización casi supersticiosa, pretendiendo del sacramento poderes o efectos milagrosos. En la adoración, la Iglesia nos enseña a confesar la verdad de la fe eucarística, el abandono en la voluntad de Dios, el silencio y la alabanza sencilla. En la adoración, la tradición litúrgica nos invita a “consentir a Dios”, no a “sentir a Dios”.

La consideración y el reconocimiento de la exposición del Santísimo como una verdadera celebración litúrgica, cuyo centro es Cristo que preside la asamblea eclesial, debe ayudarnos también a evitar manifestaciones rituales o espirituales que reducen este carácter de “cuerpo eclesial”.

Actualmente, nuestras comunidades no viven fuera de la cultura individualista y emotivista occidental, ni de la cada vez más fuerte influencia de la espiritualidad y ritualidad propia de grupos y comunidades evangélicas y pentecostales que no entienden las realidades sacramentales.

Tal y como nos enseña la Iglesia, la presencia de Cristo en la Eucaristía es sacramental y sustancial. Esto implica por un lado, que su presencia real no se da sin el signo sensible, que en este caso son las especies de pan y vino. Todo debilitarse el signo de pan y vino implica un ocultar la verdad del sacramento que es el mismo Cristo.

Ciertas celebraciones que se asemejan a “performances litúrgico-festivas” porque iluminan, encuadran, decoran o transforman las especies de pan y vino para generar un impacto sensible, desvirtúan el modo de presencia de Cristo en el sacramento. Igualmente, presentar la presencia de Cristo como si fuera algo más que sustancial hace difícil que nuestra relación eucarística con Él sea verdadera y fructuosa. Su presencia no es corporal, pues Cristo está en el cielo, sino sacramental. Pongamos algunos ejemplos.

La presencia sacramental y sustancial del Señor implica que no podemos entenderla en términos fisicistas, como parece que empieza a vivirse en algunos ambientes eclesiales.

En este sentido, un fiel no comulga más a Dios porque consuma más cantidad de pan consagrado (accidente cantidad), ni tampoco porque consuma de la forma del sacerdote (accidente cualidad). Igualmente, Dios no está más cerca de mí porque me acerquen el copón o la custodia, ni Dios me bendice más porque el sacerdote me bendiga a mí solo con la custodia (accidente lugar).

La fe de la Iglesia nos enseña que el único efecto que puede provocar esta práctica (reprobable) es la de excitar la sensibilidad subjetiva.

Son costumbres que no reflejan la fe verdadera de la Iglesia. En efecto, Cristo en las especies eucarísticas ni se mueve, ni se pasea físicamente, ni está físicamente delante o cerca de mí. Su presencia es solamente sustancial y no está sometida a ese tipo de cambios.

La fe nos enseña que los accidentes (locativo, cuantitativo, cualitativo) de Cristo están en el cielo. Por lo tanto, como decimos, Cristo no “me bendice” más y mejor, o más cerca o más lejos por desplazar la custodia, bendecir individualmente o exponer al Señor en cualquier lugar, como para simular que está fisicamente presente como en las escenas del Evangelio. La bendición es del ministro sagrado, y la bendición es sobre la asamblea litúrgica en su conjunto, como cuerpo de Cristo que es. Otra práctica insinuaría una comunión más plena con Cristo que la sacramental al comulgar en gracia de Dios. La preocupación de la Iglesia por una adecuada compresión de la presencia real lleva a que estas prácticas estén expresamente prohibidas, por contradecir las rúbricas establecidas en el ritual.
Celebraciones a través de la televisión

Igualmente, tampoco Cristo está presente ante mí, o me bendicen con Él, si veo una retransmisión por televisión o por internet. Lo que el fiel tiene delante no es el Señor, sino solo una pantalla, ante la que no corresponde arrodillarse ni pensar que nos bendice.

No hay sacramento ni celebración sacramental en el televidente, y solo hay una unión espiritual con la celebración que se visualiza si es en directo. Por otra parte, la única bendición a distancia que existe, y no necesita de YouTube, es la bendición “Urbi et Orbi”, que es un sacramental de la Iglesia referido solo al oficio del Romano Pontífice. Cualquier otro tipo de bendición retransmitida, más aún si pretende ser eucarística, no es en realidad bendición alguna. Es encomiable en este sentido, el esfuerzo de todos los pastores de la Iglesia para explicar bien a los fieles que una retransmisión litúrgica en directo no es participación en ella, sino solo un medio de carácter devocional para paliar la imposibilidad de asistir a ella, y para unirse con ella mentalmente. Otro modo de plantearlo supondría debilitar en sus fundamentos la misma realidad sacramental, y debilitar la importancia y necesidad de la Comunión a los enfermos y personas mayores.
Las procesiones con el Santísimo Sacramento

Por último, hemos de recordar que el culto eucarístico en la historia de la Iglesia se ha hecho solemne y público para confesar pública y solemnemente la presencia real de Cristo: bien porque se pone en duda, o bien porque sacrílegamente se ha atentado contra las mismas especies sagradas.

Tal como enseña el ritual, las procesiones con el Santísimo Sacramento, especialmente las del Corpus Christi, y las bendiciones en ellas previstas, tienen como finalidad respetar este carácter de confesión publica y culto de adoración.

Por ello, no se debe instrumentalizar el Santísimo Sacramento expuesto para otras finalidades que la de manifestar la fe de la Iglesia en la presencia real.

El Santísimo en la custodia, por ejemplo, no puede ser utilizado para hacer cordones sanitarios antivirus pandémicos, para hacer pensar a los fieles desde los campanarios o incluso helicópteros que Dios no se olvida de ellos, para bendecir los campos o pedir la lluvia, para realizar oraciones teatralizadas como si Dios hablara desde la custodia, para realizar curaciones físicas o para expulsar demonios y desinfestar un domicilio de la presencia maligna.

Cualquier abuso en este sentido, además de no confesar rectamente la fe de la doctrina eucarística, supondría una instrumentalización del Santísimo Sacramento como talismán y como remedio supersticioso, y una falta de fe y confianza en los sacramentales que la Iglesia ha instituido para esos fines concretos.

domingo, enero 14, 2024

¡Hoy vamos a celebrar la VIDA!

Miriam, ¡hoy vamos a celebrar la VIDA! fue lo primero que me dijo D. Alejandro al verme.

Poco a poco fue llegando gente querida, y pensé en lo bonito que era ver tantos lazos unidos en un solo motivo. Que agradecidos estamos mi marido, mis hijos y yo por ese acompañamiento tan especial. Sabemos que muchos no pudieron asistir por causas de fuerza mayor pero les llevamos en mente y corazón y a todos los que estáis fuera de la Isla que también de alguna manera estuvisteis presentes

Mañana será un año del nacimiento de Mauri a la Vida Eterna. Confieso que aún me duele en el alma su ausencia pero hoy nuevamente fui testigo de los frutos de esas semillas que Mauri sembró. Cuando nació tenía miedo por culpa del prejuicio social y mi ignorancia, ¿Qué será de él si faltamos? Me decía, ahora digo, ¿Qué será de mí ahora que él no está? Porque cuesta tanto respirar, porque ese cromosoma extra ya no está, porque a veces me culpo por llorar sin parar a pesar de que se donde está…Y es que él está en los brazos de Dios y hoy estaba ahí en brazos de Jesús presente en la misa decía el sacerdote y entonces dejó de doler y la lagrimas eran de emoción, de amor, de esperanza.

Que tuve a Jesús paseando por casa 9 años (me dijo una bella persona que acabo de conocer)

Gracias Dios por este día maravilloso impregnado de Amor. Gracias por ese bello intercesor que me prestaste 9 años para aprender a Amar mejor. Gracias por bendecirme con personas maravillosas, Gracias por abrazarnos. Gracias María de Guadalupe por avisarme un día que algo iba a pasar y no soltarme.

Una Eucaristía llena de amor y bellos matices. D. Alejandro me regaló dos bellos momentos, el padre nuestro cantado como lo cantamos en México y que me encanta, y al finalizar la misa cantamos a la Guadalupana, menuda sorpresa os lo digo con el corazón en la mano.

No puedo estar más feliz del amor de Dios y de mi Ángel que brilla en el cielo

…mi alma en mí nada reclama (salmo 131)
#MAURIETERNO

domingo, febrero 05, 2023

¿Llevamos a los niños pequeños a Misa?

Joaquín Mª García de Dios 
(Revista Catequista)
(sobre al autor)

A veces para que se vayan acostumbrando, otras porque no tenemos con quiénes dejarlos y otras porque daño no les va a hacer, solemos llevarlos con nosotros a la misa de cada domingo. ¿Está bien? ¿Qué es lo que deberíamos hacer? ¿Conoces sitios en donde hayan solucionado este problema?

Una vez más: la eucaristía no es una celebración para niños. Incluso las eucaristías para niños muchas veces no son más que sucedáneo que satisface, pretendidamente, algunos tópicos, pero suscita interrogantes muy inquietantes.

Habría que evitar que asistan a la eucaristía sin participar en ella. Y, por cierto, esto no sólo los niños sino los mayores que sólo oyen los altavoces, no la palabra de Dios. Porque también fue mala idea eso de formular un mandamiento como oír misa entera todos los domingos como sin se mandase oír y se hiciesen acomodaciones para puntualizar el sentido de entera haciendo rebajas para justificar los mínimos.

Cuando existe una comunidad de creyentes que celebra su fe en la eucaristía, la presencia de los niños va siendo progresiva, cuando ya se están preparando para participar en la misma el día de la Primera Comunión.

Cuando lo que se quiere resolver es el problema de atender a los niños para que sus padres puedan vivir sin agobios la eucaristía, y todos los fieles concentrados en una iglesia no tengan que estar aguantando (por generosamente que lo hagan) que los niños procedan como niños durante una misa, entonces se encuentran múltiples soluciones: desde un rincón suficientemente retirado y acondicionado en la iglesia para que los niños jueguen, hasta la organización de actividades paralelas y tuteladas por monitores adecuados para esta tarea en locales cercanos a la iglesia.

La asistencia precoz a la eucaristía no va a mejorar su manera de comprenderla ni de vivirla. Más bien al contrario. La expresión de una fe comprometida y compartida no puede hacerse en falso, y justificar así, de una manera bienintencionada pero equivocada, el que se siga viviendo el resto de la vida en falso.

Ni rezar sin rezar. Ni ir a misa sin vivir la misa. Ni el soportar unos ritos, unas oraciones, unas predicaciones que no se pueden entender, y que dejan como poso que ir a misa es un rollo y, en cuanto podamos, ya no iremos.

El respeto a los niños y el respeto a la eucaristía son las dos coordenadas que pueden orientar a los que andan buscando soluciones. Y la existencia de una comunidad de fe que celebra la eucaristía de verdad será la que encuentre las soluciones concretas para los niños nacidos, bautizados y catequizados por esa misma comunidad.
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Puede interesarte de este mismo blog:



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OTRAS APORTACIONES DE LECTORES
Nos llega este interesante diálogo de Benedicto XVI con niños:(aquí)


sábado, noviembre 12, 2022

Manolo Medina, las 3 erres y el Basuratorio

Hemos echado al basuratorio las 3 erres: rabia, 
rencor, 
resentimiento, 
que hay que dejar a un lado para adquirir la mirada fraternal.
Sobre el Basuratorio (pincha aquí).

Publicamos hoy su homilía con motivo de Santa Clara:

lunes, septiembre 19, 2022

DESABURRIR LA EUCARISTÍA

Eugenio A. Rodríguez
(este artículo publicado originalmente el 23/6/22 ha sido reelaborado con aportaciones de otros)

“Consejos vendo y para mí no tengo” es algo que muchos practicamos y quizá sea una versión correcta de “sácate primero la viga de tu ojo”. Algunos teólogos expertos, no pocas veces, dan consejos pastorales, pero no hacen pastoral alguna. Sería preferible que callaran pero incluso entre los activos hay quien les da incienso. Seguramente sea más útil que los que estamos intentando algo pongamos en común nuestras experiencias y las revisiones que hemos hecho con las personas que las hicimos juntos. Es importante, creo, que las pongamos en la mesa común para que todos podamos hacer nuestra colaboración. Criticar también puede ser colaborar. Precisamente es así como ha avanzado la ciencia de renombre y esa ciencia más cotidiana que brota del uso continuo de herramientas.

1. Aclaraciones imprescindibles de contexto

En este sentido comparto bastante vida pastoral con un grupo de educadores que aspiramos a “(co)educarnos mediatizados por el mundo”. Somos un grupo de ámbito nacional con campamentos, Pascua juvenil y algunas otras convivencias. Este grupo (SAL!: solidaridad, amistad y libertad) tiene poca vida local y está en pocas localidades de España. Desde niños a jóvenes mayores pueden ser unos cien. Muchos de ellos son hijos de familias con un compromiso cristiano con alto grado de convencimiento que denominamos “militancia” en la asociación “Encuentro y Solidaridad”.

Somos uno más de los grupos que experimentamos (más o menos) que los hijos normalmente siguen un camino cristiano menos comprometido e incluso se alejan del cristianismo, aunque mantienen algunos convencimientos más o menos fuertes, en lo social y/o lo religioso. Ello a todos estos grupos les lleva a ir haciendo diferentes experiencias de las que se habla poco en público básicamente -creo- para no airear los propios fracasos o dudas.

Hasta el momento ningún sociólogo ha estudiado esta cuestión que yo sepa. He preguntado al respecto a seis sociólogos de buen nivel y aunque se extrañan no me dicen que se pongan manos a la obra. Parece que los sociólogos empiezan a “mejorar” el célebre dicho dedicado a los economistas: "un economista es un experto que sabrá mañana por qué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy”. Los sociólogos parece que les han superado. 

En las diferentes reuniones con estos jóvenes hemos ido variando la presencia de los actos específicamente religiosos. Me voy a limitar a uno de ellos. No dedico espacio a otros temas generales que básicamente podrían ser:
-Toda la vida es religiosa. Queremos transformar toda la vida.
-La familia es la verdadera “transmisora” de la fe, una fe que más que transmitirse se contagia.
-El proceso de fe es dinámico, progresivo y personal.

En este momento estas celebraciones religiosas las hacemos con edades muy plurales de niños y jóvenes, generalmente desde que han hecho la primera comunión a jóvenes de veinte-veinticinco años aproximadamente. Un arco de edad tan amplio puede tener sus pros y sus contras. Nos decantamos porque en algunos momentos estén juntos en un arco tan amplio porque da sentimiento de pertenencia a una asociación y transmite que la fe es para todos.

Buscamos “desaburrir” la Eucaristía. Sobre esta experiencia eucarística sí creo que sería necesario leer ahora, antes de seguir adelante una reflexión que hemos compartido: https://antigonahoy.blogspot.com/2020/04/blog-post_18.html. Más adelante explicaremos que la idea central no es desaburrirla a base de divertirla (idea frecuente y estéril) sino de vitalizarla.

Seguramente algún amable lector esté pensando en leer en otro momento ese artículo. Permítanme sugerir que no lo salten. Léanlo y entenderán mejor nuestra concreción pequeña y real. Vamos, por tanto, a comentar solo una celebración y no un programa o plan. Una sola celebración concreta que desvela parte de nuestra experiencia.

jueves, junio 30, 2022

Qué es y qué no es la misa

Porque hace falta un cambio de perspectiva, 
veamos algunas afirmaciones para reflexionar juntos.



→ Sin fe y juzgada desde otra perspectiva no se puede entender ni vivir realmente la misa. Sin fe en la Eucaristía se asiste a un acto social pero no se participa de la misa.

→ La misa depende más de ti que del sacerdote que la preside. Sí, lo fundamental no es lo bien que la celebra el cura, sino la actitud con la que tú participas en ella.

→ Lo importante de la misa no es la homilía, sino el evangelio.

→ Lo importante de la misa no es la participación externa, sino la comunión con Cristo en el misterio de la entrega de su vida.

→ A misa vamos no para que “nos llene” y sentirnos bien nosotros, sino para dar gracias a Dios Padre, bendecirlo y ofrecernos a Él, unidos a su Hijo.

→ La misa empieza antes de salir de casa para ir a la iglesia y sigue durante toda la semana.

→ Toda celebración de la misa es una concelebración. Y no confundamos participación con “actuación”.

→ La mejor forma de ayudar a los niños a vivir la Eucaristía es vivirla nosotros.

Antonio Murcia, sacerdote, doctor en Teología



sábado, abril 18, 2020

¿Por qué nos aburrimos en Misa? EUCARISTÍA CON UN OBISPO EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN

Eugenio A. Rodríguez

La mayoría de los creyentes que conozco alguna vez hemos hablado del aburrimiento en Misa. Los padres de catequesis sacan este tema cada año varias veces. A mí me encanta ese diálogo. Los padres apuntan a catequesis a sus hijos con la misma buena intención que les llevan al colegio o a las actividades extraescolares. En alguna cosa quizá no acierten del todo y entonces los expertos les ponen motes ("padres helicópteros", "padres obedientes"...) y otras tantas etiquetas que suelen olvidar la cantidad de amor. ¡Qué fácil es pensar en Dios al ver a los padres! Amor gratuito, a fondo perdido, desmedido, arracional, sacrifícadamente alegre...

En las reuniones solemos sugerir que -sobre todo al principio de la catequesis, cuando los niños tienen 8 años- los padres vengan a la Eucaristía sin los niños. Qué hagan la experiencia de ver si tiene sentido para ellos. Muy pocos lo intentan, algunos sí. Cuando los padres llevan a los niños a Misa y ellos mismos no están convencidos es algo tan absurdo como si los padres que recomiendan comer verduras se atiborran de hamburguesas, o cono si exigieran poner la ropa sucia en el cesto mientras ellos dejan la suya tirada. O como mandar a los niños al colegio desde la cama.

Estas cosas absurdas no ocurren en la realidad pero sí ocurren en la educación religiosa de niños y jóvenes. En las cosas normales los padres son más exigentes consigo mismo que con sus hijos. El doble o más, en el hacer bien la cama, lavar la ropa, tenderla, hacer la compra, leer, tirar la basura, ir al trabajo, participar en reuniones de todo tipo, etc. Eso es lo normal. Lo que no es normal es que cuando "toca" llevar al niño a catequesis le llevo a Misa y él ve que a mí me aburre.

Para el aburrimiento en Misa usamos diferentes tácticas. Los más "regres" se reconcentran en la ascética, en el esfuerzo por "no distraerse", en el miedo a tener que arrepentirse, en soñar en un premio futuro o hasta en que le toque la lotería o salud. Básicamente se torturan. Los más "progres" le meten entretenimiento, diversión y hasta rosquillas. Fracaso estrepitoso. Siguen aburridos durante otros momentos de la celebración o hacen algo que ellos mismos dudan de que termine de ser una suma de caprichos. Entre ambos extremos el pluralismo de situaciones es enorme.

¿Siempre pasa así? No. A veces no pasa así. Basta que tengas algo significativo en tu vida (que  sea TRISTE O ALEGRE ES IRRELEVANTE para la cuestión que planteamos) para que el aburrimiento dé paso al gozo sin necesidad alguna de reflexión. Pasa y ya está. La pena es que NO REFLEXIONEMOS sobre el asunto y entonces no lo solucionemos para siempre.

Con la Eucaristía pasa en parte lo que ocurre con algo tan antinatural como no querer comer. Las mismas cosas absurdas que hacemos con el que dice que no quiere comer las hacemos con los que dicen no querer experimentar la celebración religiosa. Trampas, engaños, chantajes... Lo mismo. Si observamos el ejemplo de la alimentación observamos que con la vida normal de los padres, el ejemplo, la naturalidad, el ejercicio físico, etc, y los niños se incorporan a la alimentación con toda normalidad. Pero: ¿Es igual de normal para nosotros la vida cristiana? ¿O también somos inapetentes espirituales nosotros y luego nos extrañamos de la inapetencia espiritual de los niños?

Francisco ha dado una clave cuando ha recordado un verdad viejísima con un lenguaje un poco nuevo: "La Eucaristía no es una medalla para justos sino un alimento para necesitados". Esa es la clave. Cuando tenemos vida-vida la Eucaristía es una necesidad. Y las necesidades no aburren ni divierten. Con las necesidades el aburrimiento no es tema, no se plantea, no existe. Si hay sed se bebe con ganas.

 Una experiencia iluminadora, extrema quizá pero clarificadora es la de este obispo en el campo de concentración. Cuando los padres de catequesis dialogamos sobre ella, enseguida llegamos al acuerdo de que esta Eucaristía:
-en un sentido es la misma que la nuestra...
-pero hay algo que la hace diferente...
 Dios es amor y por eso es la misma Eucaristía. Pero Dios viene a nuestro encuentro EN MEDIO de nuestra vida. Y nuestras vidas, con sus alegría y tristezas, a veces las dejamos pasar sin pena ni gloria, sin querer beberlas a tope.







miércoles, noviembre 21, 2018

PROFUNDIZANDO EN LA EUCARISTÍA

Un aspecto fundamental de la Primera Comunión es que la Primera Comunión se refiera a eso: a la Comunión. ¿De qué? ¿De quién?
En una de las reuniones vamos a regalar e introducir este cuaderno que tiene un resumen de un Documento magnífico de Benedicto XVI: El Sacramento de la Caridad.
Ustedes verán como lo tratan con los niños. Esta historia puede ser el punto de partida...
pero no olviden que -una vez más- los niños más que explicaciones necesidad testimonio: el de ustedes. ¿Y los padres comulgan?
Por cierto, el testimonio de los abuelos no es suficiente, aunque sea bueno.
¡Por favor! si no asisten ese día de la reunión pídannos este cuaderno.
Y si algo no entienden lo dialogamos después de cualquiera de las Eucaristías que celebramos en la parroquia, tanto de manera personal como entre varios