Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
sábado, agosto 15, 2026
Jean Ziegler es despedido en una catedral suiza, con honores de su Pueblo. El economista que llamó asesinato al hambre
El material más resistente del universo no sirve absolutamente para nada.
viernes, agosto 14, 2026
«¡Perdón!» - León Felipe
Soy ya tan viejo,
y se ha muerto tanta gente a la que yo he ofendido
y ya no puedo encontrarla
para pedirle perdón.
Ya no puedo hacer otra cosa
que arrodillarme ante el primer mendigo
y besarle la mano.
Yo no he sido bueno…
quisiera haber sido mejor.
Estoy hecho de un barro
que no está bien cocido todavía.
¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!…
Pero todos se han muerto.
¿A quién le pido perdón ya?
¿A ese mendigo?
¿No hay nadie más en España…
en el mundo,
a quien yo deba pedirle perdón?…
Voy perdiendo la memoria
y olvidando las palabras…
Ya no recuerdo bien…
Voy olvidando… olvidando… olvidando…
pero quiero que la última palabra,
la última palabra, pegadiza y terca,
que recuerde al morir
sea esta: PERDÓN.
Casi todas estas piedras llegaron en días
de angustia,
de terror,
de desespero y desamparo.
Algunas en días de «Gracia».
Ahora las veo serenamente
desde la fría altura de mis años,
desde mi vejez apaciguada.
Todos son juguetes:
las heridas, las lágrimas,
el veneno del áspid, la baba del tirano,
el hacha del verdugo…
Una pelota es esa cabeza cercenada.
Jugamos al nacimiento y a la muerte,
al soplo y a la llama,
al que me ves y no me ves…
al enciende y apaga la lámpara.
Pero a veces pienso que no son todo juguetes y que yo que
no he servido para ser
ni piedra de una lonja
ni piedra de una audiencia
ni piedra de un palacio
ni piedra de una iglesia…
Yo que en este mundo no he servido después de ochenta
años para nada… acaso sirva ahora todavía, como David,
para lanzar con la honda una de estas piedras, pequeñas y
ligeras, de mi zurrón —la más dura, la más pedernal… Tú,
piedra aventurera,
y dar justo, justo con ella
en la frente misma de Goliat.
León Felipe
De: ¡Oh este viejo y roto violín! – Libro Noveno: El zurrón de las piedras – 1965
Recogido en: León Felipe – Poesías completas
Ed. Visor Libros 2004©
ISBN: 978-84-9895-766-2
Felipe Camino Galicia de la Rosa nació el 11 de abril, de 1884, en Tábara, Zamora.
Poeta de la Generación del 27′, escribió además algunas obras de teatro, y es conocido a nivel mundial por haber sido traductor de la obra de Walt Withman.
Tras permanecer varios años residiendo y trabajando en México y Estados Unidos, volvió a España poco antes de iniciarse la guerra civil, en la que vivió como militante republicano hasta 1938, año en que se exilió definitivamente a México, pasando a ser agregado cultural de la embajada de la República española en el exilio, única reconocida entonces por el Gobierno de Cárdenas.
De su estancia en el país hispano, diría. Llegué a México (por primera vez) montado en la cola de la revolución. Corría el año de 1923. Después, aquí he vivido por muchos años: Aquí he gritado, he sufrido, he protestado, he blasfemado, me he llenado de asombro…
Son muchos lo que creen que León Felipe debe ser reivindicado como un poeta mayor, superando las dificultades que en vida le acarrearon su independencia de todas las corrientes literarias de su tiempo y su condición de exiliado.
Murió en Ciudad de México, el 18 de septiembre de 1968
martes, agosto 11, 2026
Tres palabras que resumen a santa Clara
viernes, agosto 07, 2026
León XIV en Asís:Jesús nos llama a dialogar con su historia, para escribir nuevas páginas de la historia
El Papa León XIV celebró la Santa Misa en Asís este jueves donde se reunió con más de 2.000 jóvenes en el GO! Franciscan Youth Meeting. Lea la homilía completa que pronunció el Pontífice.
Queridísimos jóvenes: La fiesta de la Transfiguración, que estamos celebrando, es un misterio de luz que nos ayuda a profundizar nuestro encuentro, tan gozoso, pero también cargado de interrogantes sobre el presente y el futuro. En el relato evangélico encontramos el contraste entre luz y sombra, silencio y palabras, estupor e incomprensión. Estamos en Asís, una ciudad a la que vienen, desde hace siglos, muchos peregrinos —hoy también nosotros— porque aquí todo nos susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo.
Aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes: acogieron el Evangelio sin glosa —nosotros diríamos: sin descuentos— y la vida de Jesús ha recomenzado en ellos.
Hemos llegado aquí para comprender hacia dónde va la historia y hacia dónde estamos yendo nosotros. En el Evangelio vemos que se puede encontrar un sentido, se puede entrever un camino. Como Pedro, Santiago y Juan somos llevados un poco aparte y Jesús está con nosotros. Esto es lo que cuenta: su presencia.
En la montaña, los apóstoles contemplan a Jesús que se orienta hacia su propio futuro. Sobre este punto había habido incomprensión entre ellos. Seis días antes, Pedro había reprochado al Maestro que hubiese hablado abiertamente de la cruz (cf. Mt 16, 21-26): él se esperaba la gloria para el Mesías, tal vez incluso para sí mismo, sin tomar en cuenta las resistencias y los riesgos, pero sobre todo sin preguntarse qué es la gloria.
Ahora, en la transfiguración de Jesús, es Dios mismo quien se revela en su gloria, que tiene la apariencia de una nube que protege y envuelve. Señala al Hijo, invita a escucharlo. El camino de la vida se descubre siguiéndolo juntos.
Su belleza tiene un nuevo aspecto, una intensidad sin precedentes, tanto que Pedro quisiera detener el tiempo y prolongar esa visión.
Generosamente, se ofrece para construir tres tiendas, como si quisiera ver continuar la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Sin embargo, hace falta entrar en esa conversación. No se puede permanecer sólo como espectadores.
Estamos llamados a leer las Escrituras con el Maestro, a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones siguiendo su camino.
Estamos aquí para vencer la resignación y el miedo, para disipar las dudas que también nos frenan a nosotros, como frenaron a los apóstoles. Jesús nos llama a dialogar con su historia, para escribir nuevas páginas de la historia.
Al escuchar que «su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz» (Mt 17,2) pensamos en la mañana de Pascua, cuando un ángel del Señor rodó la piedra que cerraba el sepulcro y trajo el anuncio de la resurrección.
«Su aspecto era como el de un relámpago y su vestidura tan blanca como la nieve» (Mt 28,3). Es la luz de un nuevo día, hacia el que estamos orientados, mientras que en torno a nosotros, y a veces dentro de nosotros, hay todavía oscuridad. Vemos su aurora en los santos canonizados, como san Francisco y santa Clara, y en una miríada de hermanos y hermanas que responden al mal con el bien. ¡No estamos solos!
En estos días lo han experimentado: se han encontrado y escuchado, pasando del ruido de voces que contrastan y se sobreponen al arte de la conversación. Hoy contemplamos a Jesús que se transfigura precisamente en la conversación con el Padre, con quienes le precedieron, Moisés y Elías, y con sus contemporáneos, los discípulos.
La Iglesia existe para introducirnos en este dinamismo de escucha y de decisión, en el cual comprendemos para quién vivir y cómo vivir. Es en la comunidad en donde aprendemos a distinguir la voz de Dios, que no coincide simplemente con nuestras opiniones, y a ser obedientes al Espíritu Santo, que hace audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús: nosotros nos desfiguramos separándonos de Él y de los demás; nos transfiguramos, en cambio, en las relaciones que robustecen y llaman a la vida.
La espiritualidad franciscana, en la que ustedes se han formado, está muy atenta a reparar las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas: una armonía que hay que custodiar y cultivar, hoy más que nunca.
En este sentido, al comienzo de mi primera Encíclica, he sugerido que: «cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto.
Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud» (Magnifica humanitas, 1).
Queridos amigos, la razón por la que san Francisco nos sigue atrayendo, ochocientos años después de su muerte, radica en la magnífica humanidad que lo llevó a abandonar los caminos ya trazados, para abrir uno nuevo, más coherente con el camino de Jesús.
Incluso en una ciudad cristiana desde hacía siglos, como Asís, esto es algo revolucionario. «La elección de Clara resultó aún más impresionante: ¡una joven que quería ser como Francisco, que quería vivir, como mujer, libre como aquellos hermanos!» (Audiencia jubilar, 4 de octubre de 2025).
Es la energía del cristianismo, la propia de sus comienzos y de sus múltiples reinicios. Y bien, queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza!
El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. Go! ¡Vayan! Mejor todavía: ¡vayamos! Let’s go! A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios.
El Papa Francisco, inspirándose en el pobrecillo de Asís, nos ha puesto en guardia frente a la «tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor.
Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana» (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 270).
Podemos incluso no ser comprendidos por los de nuestra propia casa, como le sucedió a san Francisco. Sin embargo, sustraerse a la cultura de la fuerza y abatir los muros que separan a los seres humanos entre sí, nunca es traicionar a la familia, a la ciudad, a la tradición, sino liberarlas de sus fantasmas, de enemigos inventados por miedo e ignorancia, de la violencia con la que se querría imponer el propio orden minúsculo sobre una realidad que nos desborda por completo.
Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar.
Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor, de la cual han encontrado los brotes en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables artífices de paz también hoy comprometidos con el servicio a la vida en los más trágicos escenarios de muerte.
Unan las mejores energías de su magnífica humanidad —los estudios, las competencias, el trabajo, las amistades, el amor, la oración— actualizando de diversos modos la visión de Francisco. Imagino que conocen esta oración frecuentemente atribuida a él, un texto del pasado siglo: ¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! Que allí donde haya odio, ponga yo el amor; donde haya ofensa, ponga yo el perdón; donde haya discordia, ponga yo la unión; donde haya error, ponga yo la verdad; donde haya duda, ponga yo la fe; donde haya desesperación, ponga yo la esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo la luz; donde haya tristeza, ponga yo la alegría.
¡Aquí tenemos “hacia dónde” andar! Go! Pero también especialmente “cómo” andar: ¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto ser consolado como consolar; ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar. Porque dando es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado; muriendo, como se resucita a la vida eterna.
Queridos amigos: que estos días en Asís se impriman en su memoria y el retorno a casa, a diversos países de Europa a los que viajarán, sea como el descenso de Pedro, Santiago y Juan, del monte alto de la transfiguración. Un retorno reflexivo, abierto al futuro, comprometido con Jesucristo. Él se fía de ustedes, cuenta con ustedes, permanece con ustedes
jueves, agosto 06, 2026
Estudios tras la bomba de Hiroshima
La traumatóloga Geek/facebook
El problema es que necesitaban ese equipo entero multiplicado por 60.000. Simplemente no existía. De los 298 médicos, 270 murieron o quedaron heridos. De las 1740 enfermeras, 1654. De 45 hospitales civiles, solo quedaban tres. En el de la Cruz Roja sólo 6 médicos de 30.
Uno de ellos, el doctor Terufumi Sasaki, había perdido sus gafas. Se las quitó a una enfermera. No era su graduación, pero podía ver lo justo. Las llevó puestas más de un mes, vendiendo a la gente sin piel, atendiendo simplemente al que tenía más cerca.
Desde 1950, unas 120.000 personas de Hiroshima y Nagasaki fueron estudiadas una a una durante décadas. Se llama Life Span Study y es la cohorte más larga de la historia de la medicina.
De ahí salieron los límites de la radiación que protegen tu tiroides cuando te hacemos una radiografía. De ahí salen mis delantales de plomo. Alguien pagó esa factura antes que nosotros.
martes, agosto 04, 2026
Desde la fe ante la muerte de Fabiola. Homilía de Ambrosio (29/7/2026)
Lo recuerdo: En julio de 1943, atrapado bajo una lluvia de bombas, presencié la destrucción de Hamburgo, mi ciudad natal. En esta tormenta de fuego murieron 80.000 personas. Como por obra de milagro, sobreviví, pero hasta hoy no he sabido por qué no fallecí como mis compañeros. Mi pregunta ante este infierno no fue: ¿Por qué permite Dios que esto ocurra?, sino: Dios mío, ¿dónde estás? ¿Dónde está Dios? ¿Estás lejos de nosotros, ausente, guarnecido en su cielo? ¿O es un sufriente entre los sufrientes? ¿Participa en nuestro sufrimiento? ¿Le parten el corazón nuestros dolores?
Quienes sufren infundadamente piensan siempre primeramente que han sido abandonados por Dios y todo lo bueno. Quienes claman a Dios pueden descubrir que comparten el grito mortal de Cristo. Descubren en el Cristo sufriente al Dios compasivo que sufre con ellos y los entiende. Cuando percibimos esto, nos damos cuenta de que Dios no es la fuerza fría y distante del destino a que acusamos, sino que en Cristo llegó a ser el Dios humano que clama con nosotros y en nosotros y que aboga por nosotros cuando la pena nos deja mudos. El Dios hecho ser humano ha hecho de nuestra vida una parte de su vida y de nuestros sufrimientos los suyos propios. Por eso en nuestros dolores participamos de sus dolores y en nuestra aflicción compartimos la suya.
Quien cree en el Dios que sufre con nosotros reconoce su sufrimiento en Dios y a Dios en su sufrimiento, y encuentra en la comunión con él la fuerza que le permite permanecer en el amor a pesar del dolor y la tristeza, sin amargarse. No sabemos por qué Dios permite estas cosas. Y aunque lo supiéramos, no nos ayudaría a vivir. Pero cuando descubrimos dónde está Dios y percibimos su presencia en nuestros sufrimientos, entonces hemos hallado la fuente de la cual renace la vida. En el recuerdo doloroso se conserva la esperanza. Recordar acelera la salvación.
Y culmina su reflexión en el capítulo que titula “Pasión de Cristo y el dolor de Dios” diciendo: Mientras escribo estas líneas, veo la foto del hermano Juan Ramón Moreno, uno de los seis jesuitas asesinados en El Salvador el 16 de noviembre de 1989. Yace en un charco de su propia sangre en la habitación de Jon Sobrino, y en la sangre ha caído mi libro El Dios Crucificado. Este capítulo está dedicado a su memoria.
Porque recordar acelera la salvación, por eso quiero terminar esta homilía recordando e invitando a recordar: La alegría de Fabiola cuando fue convocada para la Selección, la ilusión que tenía para ir a dar en esta concentración lo mejor de ella misma, las esperanzas de un futuro abierto para ella y para los demás. Son alegrías y esperanzas que tenemos que mantener abiertas para todos los niños del mundo. Es la Alegría del Resucitado, una alegría que no esconde las cicatrices y las señales de la Cruz “dicho esto, les enseñó las manos y el constado, y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Quiero que sepamos y tengamos presente que Cristo Crucificado y Resucitado sigue caminando con nosotros como con los discípulos de Emaús y lleva de la mano a la eternidad del Padre a Fabiola.
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| Fabiola el día de Primera Comunión, mayo 2025 |
lunes, agosto 03, 2026
Gregorio Ramón Cebrián: "Científico no es quien plantea preguntas, sino quien resuelve problemas"
Los sabios oficiales dicen que Gregorio Ramón Cebrián, catedrático de Física y Química de instituto que está a punto de cumplir 79 años, es un alquimista. Algunos le han llamado incluso en tono despectivo "rata de laboratorio" porque ha pasado y pasa las mejores horas de su vida entre los tubos de ensayo intentando arrancar a la materia los secretos de la vida. Ramón Cebrián, nada amigo de las "apariciones en sociedad" admite con un cierto escepticismo que se le pueda calificar como uno de los últimos heterodoxos españoles. Humanista y ácrata, situado siempre fuera de los circuitos administrativos, unas veces de forma obligada y otras por propia voluntad, dice que el científico no es el que plantea interrogantes, sino quien resuelve los problemas.
Los últimos problemas que Ramón Cebrián está en vías de resolver se sitúan en el campo de la subsistencia de los cosmonautas en el espacio. Para ello Inagrosa-LBE (Laboratorios Químicos Españoles), grupo empresarial y científico dirigido por Otilio Fernández, para el que trabaja el investigador desde 1975, suscribió un trascendental acuerdo con el Gobierno soviético.Por el citado acuerdo los laboratorios suministrarán diversos productos conseguidos por el equipo de Ramón Cebrián para combatir la insuficiente, metabolización del calcio en situaciones de ingravidez o para estudiar los efectos en el espacio de los bioestimulantes de la nutrición vegetal (huertos del espacio).
Pero desde que acabara su licenciatura en Farmacia y Químicas en 1932, Ramón Cebrián consiguió, en lucha sostenida en distintos laboratorios, descubrir y crear diferentes fármacos que han tenido y siguen teniendo múltiples usos en tratamiento del cáncer, síndrome tóxico, oftalmología, drogadicción y productos fitosanitarios.
Algunos de estos fármacos se han comercializado y otros se distribuyen en circuitos prácticamente marginales, o no se distribuyen, o lo hacen en el extranjero pero no en España.
Innovación
Ramón Cebrián, hijo de un agricultor y a la vez comerciante, dice que esta afición por la innovación le viene probablemente de su abuelo, a quien él veía en su pueblo natal, Paniza (Zaragoza), hacer diversas mezclas y combinaciones con el vino.
De Paniza, pueblo fecundo en hombres célebres, como Julio Palacios, Mosén Domingo Agudo, Conde Andreu o María Moliner, salió para hacerse científico y trabajar en distintos laboratorios. Su primer conflicto con lo que él considera la ciencia oficial lo tuvo cuando estalló la guerra civil porque esto no le permitió terminar su último ejercicio de una oposición a catedrático de la universidad de Madrid. Aun así, le dieron por válida la oposición, ya que había obtenido un 10 en los ejercicios anteriores. En segundo lugar, con un 7, quedó un discípulo de Ortega que después tuvo que exiliarse.
En 1978, cuando le pretendieron restituir en la cátedra, Ramón Cebrián renunció a la plaza de la universidad y pidió a cambio, ante el asombro de las autoridades académicas, que le transformaran su cátedra de universidad en la de instituto de bachillerato, "porque él no tenía méritos de enseñanza, sino únicamente de investigación y laboratorio". Se jubiló cobrando como catedrático del instituto de Aranda del Duero (Burgos), cuando él había ganado una cátedra de la universidad de Madrid.
Desde el final de la guerra civil se le cerraron las puertas de los circuitos científicos oficiales, quizá porque había intervenido en manifestaciones con la FAI -"cosas de estudiantes, que solíamos ser adictos a los follones", dice-, o quizá porque él mismo no era muy amigo "de la seudociencia, que entonces (1939) tenía su exponente máximo en el Consejo de Investigaciones".
No es que esté dolido Ramón Cebrián con lo que él llama la ciencia oficial o seudociencia, sino que considera que es bastante inútil. Al hablar de sabios señala que le han deformado los sabios oficiales, mientras que admite como sus maestros a Guillermo Rovirosa, "el gran apóstol de los años cincuenta"; Antonio Madinaveitia, químico exiliado. en México, y José Ranedo, farmacéutico emigrante.
Sabios oficiales
"¿Pregunta usted cómo se ha podido mantener en España un científico fuera de los circuitos oficiales? A base de trabajo y haciendo cosas para el extranjero. Yo he sido y soy mal visto por los sabios oficiales; los que trabajan en mi equipo son también mal vistos por la Universidad. En España no hacen ningún caso a lo que no es investigación oficial. Te dicen que eres un chalado y si pueden te meten en la cárcel. Esto ha sido así en España y parece que cuesta cambiarlo".
Hay otros aspectos relevantes de la personalidad de este científico, de honradez quijotesca, según algunos de sus amigos, que se ayuda de un bastón para caminar, "porque ya tengo mucha edad". En la memoria para el acceso al cuerpo de catedráticos decía que el genio no existe, "como tampoco existe el milagro en estas áreas". "Ya lo dijo Goethe: el genio está formado por una parte de talento y nueve décimas partes de laboriosidad".
publicado el sábado, 23 de julio de 1988
Síntesis de aminoácidos
"Llevo muchos años en el laboratorio y sé cómo se van a comportar los cuerpos", dice Gregorio Ramón Cebrián, "aunque siempre me mueve el ansia por descubrir algo nuevo que pueda ayudar a resolver las enfermedades. He trabajado en química orgánica e inorgánica, análisis, preparados antiglucosos, antivirales. Busco todo lo que pueda aliviar un cuerpo enfermo". Durante muchos años trató de conseguir en el laboratorio la síntesis de los aminoácidos tal como lo hacen los seres vivos y por fin la obtuvo a finales de los años setenta. Unos años más tarde se pudo comenzar el proceso industrial.
Este científico es autor de numerosos métodos de análisis y ha trabajado en farmacia y perfumería, en impermeabilizaciones, pinturas de exteriores y tratamiento de fachadas afectadas por el mal de piedra.
Pero de lo que más se siente complacido es probablemente de haber conseguido la síntesis del éster diisopropílico del ácido paranitrofenil fosfórico, que se ha aplicado, entre otras cosas, para tratamientos de glaucoma.
Ramón Cebrián podía haberse integrado en la ciencia oficial por la vía de las multinacionales del medicamento, "que son las que mandan y dominan los gobiernos", según él; pero "no he querido ceder a las múltiples tentaciones que he tenido de grandes empresas americanas y europeas ni tampoco he querido patentar mis descubrimientos porque suponía abrirles el camino para apoderarse de las fórmulas"
jueves, julio 30, 2026
EVANGELIO ES POLÍTICO
«Decir "política" hace que la mayoría de la gente piense en políticos: campañas, urnas, la maquinaria de los partidos. Sin embargo, en su nivel más básico, la política se refiere a la distribución y el uso de la autoridad y la influencia: ¿Quién tiene el poder? ¿Quién está sujeto a él? ¿A quién sirve su florecimiento? Con esa definición, decir que el único evangelio verdadero es político no es introducir de contrabando una agenda partidista en el santuario. Es notar lo que el Nuevo Testamento anuncia en sus propios términos.
Entre los muchos testigos que podríamos convocar, consideremos tres.
He aquí la respuesta: No el César. No la nación. No el partido. Ni siquiera el yo interior soberano y autogestionado. Jesús es Señor —y esa confesión es la afirmación más política que podemos hacer».
miércoles, julio 29, 2026
5 prácticas para vivir la fe con responsabilidad

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Dorothy Day aprendió a unir la oración, la hospitalidad y la lucha por la justicia entre periódicos, huelgas, comedores comunitarios y personas empobrecidas. Dietrich Bonhoeffer recorrió un camino cercano desde otro contexto: una Alemania en la que el nazismo conquistaba el Estado, seducía a buena parte de la Iglesia y convertía la obediencia a la autoridad en una excusa para abandonar al prójimo.
Bonhoeffer fue uno de los primeros teólogos protestantes alemanes en criticar públicamente al régimen nazi. Participó en la Iglesia Confesante, dirigió un seminario para la formación de pastores fuera de las instituciones eclesiásticas controladas por el Estado y terminó vinculado a la resistencia alemana. Fue arrestado en abril de 1943 y ejecutado en el campo de concentración de Flossenbürg el 9 de abril de 1945.
Reducirlo a la figura del mártir o del héroe político, sin embargo, deja fuera una parte central de su legado. Bonhoeffer fue un pastor y teólogo preocupado por una cuestión profundamente espiritual: cómo seguir a Jesucristo dentro de la historia real, especialmente cuando las instituciones religiosas han aprendido a convivir con la injusticia.
Su respuesta fue tomando forma en escritos como El precio de la gracia. El seguimiento, publicado originalmente en 1937; Vida en comunidad, redactado a partir de la experiencia del seminario de Finkenwalde; los manuscritos reunidos después de su muerte bajo el título Ética; y las cartas y reflexiones de prisión publicadas como Resistencia y sumisión.
Estas obras muestran el desarrollo de una espiritualidad marcada por el discipulado, la comunidad, el discernimiento ético y la responsabilidad por el mundo. Para Bonhoeffer, vivir responsablemente no consiste en poseer respuestas para todos los problemas ni en conservar una imagen moral intachable. La responsabilidad aparece cuando una persona escucha el llamado de Dios, reconoce a quienes tiene delante y decide responder con su propia vida.
Estas cinco prácticas pueden ayudarnos a pensar lo que significa vivir una fe responsable en nuestro tiempo.
1. Convierte tus convicciones en obediencia concreta
Bonhoeffer comienza El precio de la gracia. El seguimiento denunciando aquello que llama «gracia barata»: una manera de hablar del perdón, la fe y la salvación sin permitir que el llamado de Jesús transforme realmente la vida.
La gracia se vuelve barata cuando sirve para tranquilizar la conciencia, pero no cambia nuestra forma de tratar a las personas. Aparece cuando defendemos el amor cristiano mientras alimentamos resentimientos; cuando hablamos de reconciliación, pero nunca damos el primer paso; cuando confesamos que Jesús es Señor, aunque nuestras decisiones continúen gobernadas por el miedo, la comodidad o el deseo de reconocimiento.
Frente a ella, Bonhoeffer habla de la gracia costosa. Su costo no significa que debamos comprar el amor de Dios mediante nuestras obras. Significa que la gracia nos alcanza y, al mismo tiempo, nos llama a seguir a Cristo. El perdón recibido nos introduce en una vida nueva y comienza a formar el carácter a la manera de Jesús; no funciona como permiso para continuar igual.
En el centro de El seguimiento se encuentra el Sermón del Monte. Bonhoeffer entiende sus palabras como una invitación concreta a la obediencia: amar al enemigo, decir la verdad, renunciar a la venganza, reconciliarnos, compartir los bienes y confiar en Dios.
La obra fue publicada en 1937, cuando la Iglesia alemana enfrentaba la presión del nacionalismo, el racismo y la ideología nazi. En ese escenario, Bonhoeffer insistía en que la fe cristiana no podía reducirse a identidad religiosa, pertenencia institucional o adhesión doctrinal. Confesar a Cristo implicaba obedecerlo.
La espiritualidad responsable comienza cuando dejamos de utilizar la teología para aplazar la obediencia.
Podemos conocer las palabras de Jesús y convertirlas en ideas admirables. Podemos debatir su significado, estudiar su contexto y relacionarlas con otras doctrinas. Llega, sin embargo, un momento en que debemos decidir qué haremos con ellas.
Escoge una enseñanza de Jesús que hayas admirado durante mucho tiempo, pero que todavía te cueste practicar.
Podría ser buscar la reconciliación con alguien, dejar de hablar de una persona a sus espaldas, compartir tus recursos, recibir a quien suele quedar fuera, cumplir una promesa, reconocer una mentira o renunciar a una forma de poder que perjudica a otros.
Formula una acción concreta y realizable. La responsabilidad cristiana suele comenzar con un paso que nadie más puede dar en nuestro lugar.
Muchas decisiones equivocadas se toman en nombre de principios correctos.
Podemos defender la verdad de una manera que destruya a una persona. Podemos exigir obediencia dentro de una institución mientras ignoramos el abuso. Podemos proteger una tradición mientras abandonamos a quienes están siendo heridos. Podemos hablar de unidad para silenciar el conflicto o utilizar el perdón para impedir que alguien responda por el daño causado.
En Ética, Bonhoeffer cuestiona la idea de que la vida moral pueda resolverse aplicando mecánicamente una serie de principios abstractos. Su reflexión comienza con una preocupación distinta: cómo puede hacerse presente, en medio de la vida concreta, la realidad de Dios revelada en Jesucristo.
De allí surge una ética de la realidad y de la responsabilidad.
Esta perspectiva no relativiza la verdad ni entrega las decisiones a la conveniencia. Reconoce, más bien, que las personas, las relaciones y los acontecimientos no son problemas teóricos. Una norma correcta puede utilizarse de manera irresponsable cuando se ignoran el contexto, la desigualdad de poder o las consecuencias que recaerán sobre otros.
La fidelidad exige mirar con atención lo que verdaderamente está ocurriendo.
Para Bonhoeffer, Cristo no es una idea religiosa añadida a la realidad. En Jesucristo, Dios se ha vinculado con la humanidad y ha entrado en el mundo concreto. Por eso, discernir cristianamente implica mirar la vida desde aquel que se acercó a las personas heridas, cuestionó a quienes utilizaban la ley para oprimir y puso en el centro a quienes permanecían en los márgenes.
Una espiritualidad que se niega a conocer los hechos termina protegiendo sus propias ilusiones.
Antes de opinar sobre la pobreza, necesitamos escuchar a quienes viven con ella. Antes de hablar sobre migración, conviene conocer las historias de las personas migrantes. Antes de intervenir en un conflicto comunitario, debemos escuchar las distintas voces. Antes de defender una institución, necesitamos preguntarnos quién está pagando el costo de conservarla tal como está.
Para llevarlo a la vida
Cuando enfrentes una decisión importante, detente ante cuatro asuntos:
¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Quiénes cargarán con las consecuencias? ¿Qué voces todavía no he escuchado? ¿Qué decisión protege mejor la vida y la dignidad del prójimo?
La oración no reemplaza este proceso. Debería liberarnos de la prisa, los prejuicios y la necesidad de tener razón para ayudarnos a mirar la realidad con mayor honestidad.
La responsabilidad cristiana rara vez se aprende en aislamiento.
Entre 1935 y 1937, Bonhoeffer dirigió un seminario de la Iglesia Confesante en Finkenwalde. Allí formaba a jóvenes pastores para ejercer el ministerio bajo la vigilancia y la presión del régimen nazi. Su propuesta combinaba estudio bíblico, oración, confesión, vida compartida, disciplina espiritual y servicio cotidiano. De aquella experiencia nació Vida en comunidad.
Bonhoeffer sabía que una comunidad cristiana podía convertirse en un espacio de competencia, control y frustración. Las personas pueden amar más su idea de comunidad que a la gente concreta con la que comparten la vida. Cuando eso ocurre, cualquier persona que no se ajuste al ideal termina siendo percibida como un problema.
La comunidad cristiana no existe para confirmar todos nuestros deseos ni para rodearnos únicamente de quienes piensan como nosotros. Cultivar la comunidad y la hospitalidad también implica recibir a quienes cuestionan nuestras certezas y exponen nuestros límites. También confronta nuestro ego, muestra nuestros límites y nos enseña a recibir al otro como alguien que pertenece a Cristo.
En Vida en comunidad, Bonhoeffer describe varios servicios que cualquier creyente puede ofrecer: escuchar, colaborar en las tareas más pequeñas, soportar las cargas ajenas, interceder y confesar los pecados. Consideraba la escucha como una de las primeras formas del servicio cristiano. Quien no sabe escuchar al prójimo difícilmente aprenderá a escuchar a Dios.
También sostenía que la fortaleza de una comunidad se revela en el lugar que concede a sus integrantes más débiles. Cuando una comunidad percibe la fragilidad como una molestia, termina organizándose alrededor de la utilidad, el rendimiento y el poder.
Nuestra época ofrece muchas posibilidades para expresarnos y pocas oportunidades para ser corregidos. Construimos espacios digitales donde escuchamos versiones amplificadas de nuestras propias ideas. Podemos confundir el número de personas que nos siguen con la calidad de nuestras convicciones.
Una fe responsable necesita relaciones donde podamos hablar sin máscaras y escuchar palabras que no controlamos.
Eso incluye permitir que alguien nos diga que hemos sido duros, que estamos justificando una conducta, que nuestra versión de los hechos es incompleta o que nuestras decisiones están perjudicando a otra persona.
La corrección cristiana no equivale a la humillación ni a la vigilancia espiritual. Surge dentro de relaciones sostenidas por la gracia, la verdad y el compromiso mutuo.
Busca a una persona madura y confiable y pregúntale con claridad: «¿Existe algo en mi manera de actuar que debería revisar?».
Escucha sin defenderte inmediatamente.
También puedes practicar alguno de los servicios cotidianos mencionados por Bonhoeffer: dedicar tiempo a escuchar sin ofrecer soluciones apresuradas, realizar una tarea poco visible, acompañar a alguien que atraviesa una carga o reconocer directamente el daño que has causado.
La comunidad comienza a formarnos cuando deja de ser una audiencia y se convierte en un lugar de verdad.
Una espiritualidad madura y comprometida no puede limitarse al cuidado de la vida interior. También debe preguntarse qué responsabilidad tiene ante las víctimas de decisiones políticas, sociales e institucionales.
En abril de 1933, pocos meses después de la llegada de Hitler al poder, Bonhoeffer escribió el ensayo «La Iglesia ante la cuestión judía».
Allí planteó tres formas de responsabilidad eclesial frente a la injusticia del Estado. La Iglesia debía preguntar si el Estado estaba actuando legítimamente, ayudar a las víctimas —fueran o no cristianas— y, en determinadas circunstancias, intervenir para detener la maquinaria que las estaba destruyendo. Esta tercera posibilidad sería recordada mediante la imagen de colocar un obstáculo entre los radios de una rueda.
El planteamiento fue notablemente temprano, pero el ensayo debe leerse con sentido crítico. El texto conserva presupuestos antijudíos heredados de la tradición cristiana europea, incluida la expectativa de la conversión de los judíos. Bonhoeffer nunca abandonó explícitamente esta perspectiva en sus escritos.
Reconocer esta limitación evita convertirlo en una figura perfecta. También muestra que quienes se enfrentan a una injusticia pueden conservar cegueras propias de su tradición y de su tiempo.
La responsabilidad cristiana exige algo más que buenas intenciones.
Atender a las víctimas de la rueda es indispensable. Dar alimento, ofrecer refugio, acompañar emocionalmente, proteger a la niñez y sostener a quienes sufren forman parte del evangelio.
También debemos preguntar quién construyó la rueda, qué la mantiene girando, quién se beneficia de ella y qué decisiones podrían detenerla.
Una comunidad cristiana puede repartir alimentos sin preguntarse por qué tantas familias pasan hambre. Puede acompañar a personas migrantes mientras repite discursos que las deshumanizan. Puede orar por una persona abusada y, al mismo tiempo, proteger la reputación de quien abusó. Puede ofrecer ayuda después de un desastre, pero ignorar las desigualdades que hacen que ciertos sectores sufran mucho más que otros.
Bonhoeffer no separa la espiritualidad de la responsabilidad pública. En sus cartas desde la prisión, su reflexión se orienta hacia Cristo como aquel que existe para los demás. De esa visión se desprende una Iglesia que no busca ante todo preservarse, sino que permanece abierta al mundo y solidaria con quienes sufren.
Su vida interna se sostiene mediante la oración, la adoración y los sacramentos. Su presencia pública se reconoce por el servicio, la justicia y la paz.
Identifica una situación de sufrimiento cercana y obsérvala desde tres niveles.
Primero, la persona: ¿quién necesita acompañamiento inmediato?
Segundo, la comunidad: ¿qué redes de cuidado pueden activarse?
Tercero, la estructura: ¿qué prácticas, decisiones o relaciones de poder están produciendo o agravando este daño?
Después, elige una acción en cada nivel. La caridad atiende las heridas; la responsabilidad también procura que dejen de producirse.
Algunas personas no actúan por indiferencia. Otras permanecen inmóviles porque quieren estar completamente seguras de no equivocarse.
Esperan una decisión sin riesgos, sin consecuencias imprevistas, sin ambigüedad y sin posibilidad de culpa. Mientras esperan, otras personas continúan soportando el daño.
Bonhoeffer escribió los manuscritos que formarían Ética durante la Segunda Guerra Mundial, mientras se encontraba vinculado a la resistencia alemana. La obra quedó inconclusa debido a su arresto.
En uno de sus apartados centrales, dedicado a la estructura de la vida responsable, desarrolla varias dimensiones de la responsabilidad: actuar en representación de otros, responder de acuerdo con la realidad, aceptar la posibilidad de culpa y ejercer una libertad vinculada a Dios y al prójimo.
La disposición a cargar con culpa es uno de los aspectos más difíciles de su pensamiento.
Esta idea no concede permiso para justificar cualquier acción en nombre de una causa superior ni ofrece una defensa general de la violencia. Bonhoeffer reflexiona desde circunstancias extremas, cuando las instituciones, las leyes y los deberes habían sido utilizados para sostener un régimen criminal.
En semejantes situaciones, cumplir órdenes podía convertirse en complicidad. Proteger la propia reputación moral podía significar cerrar los ojos ante el sufrimiento. La persona responsable debía decidir sin esconderse detrás de la autoridad, la costumbre, el deber o la necesidad de considerarse inocente.
Su crítica alcanza a quienes protegen su virtud privada retirándose de toda controversia pública. Cerrar los ojos ante la injusticia no conserva la inocencia; solamente evita reconocer la propia responsabilidad.
La persona responsable actúa delante de Dios y en relación con el prójimo. Asume que sus decisiones podrán ser examinadas, cuestionadas y corregidas. También reconoce que la gracia no elimina la rendición de cuentas.
En la vida cotidiana enfrentamos decisiones en las que ninguna alternativa está libre de pérdidas. La propia decisión de Bonhoeffer de regresar a Alemania en 1939 muestra hasta qué punto entendía la responsabilidad como la disposición a compartir el destino de su pueblo.
Un liderazgo puede tener que reconocer públicamente una crisis que afectará la imagen de una organización. Una familia puede verse obligada a establecer límites dolorosos para proteger a uno de sus miembros. Una comunidad puede tener que denunciar a una persona apreciada. Alguien puede decidir abandonar un espacio que ama porque permanecer allí implicaría colaborar con prácticas dañinas.
La responsabilidad no promete que saldremos intactos de cada decisión.
Nos pide orar, escuchar, examinar los hechos, considerar a quienes tienen menos poder y actuar. Después debemos aceptar la evaluación de otros, reconocer nuestros errores, reparar los daños que hayamos causado y confiar en la gracia de Dios.
Para llevarlo a la vida
Ante una decisión compleja, evita dos extremos: actuar impulsivamente o esperar una certeza absoluta que nunca llegará.
Busca consejo. Examina tus motivaciones. Considera las consecuencias para las personas con menor poder. Decide dentro de un plazo razonable. Comunica tu decisión con honestidad. Mantente dispuesto a corregir el rumbo y a pedir perdón.
Rendir cuentas también forma parte de la decisión.
na fe que responde
Vivir responsablemente no significa asumir que podemos resolver todos los problemas ni convertirnos en salvadores de quienes nos rodean.
Significa reconocer que nuestra vida es una respuesta.
Respondemos a Dios mediante la forma en que usamos nuestra libertad. Respondemos al prójimo mediante nuestras decisiones, silencios y compromisos. Respondemos a la historia al decidir si nos adaptaremos a sus injusticias o participaremos en su transformación.
Bonhoeffer no propone una espiritualidad construida alrededor del heroísmo individual. La oración, la Escritura, la comunidad, la confesión y el servicio sostienen la acción responsable. Sin estas prácticas, la responsabilidad puede degradarse en arrogancia, agotamiento o fanatismo. Cuando la vida espiritual se utiliza para escapar del mundo, pierde también su vínculo con Jesucristo.
La fe responsable puede comenzar de maneras discretas: cumplir una promesa, escuchar a quien ha sido ignorado, proteger a una persona vulnerable, interrumpir una mentira, reconocer una falta, abrir la mesa o cuestionar una práctica institucional.
En otros momentos exigirá tomar posición, asumir costos y caminar sin garantías.
Seguir a Cristo significa permanecer delante de Dios, junto a los demás y dentro de la historia. Allí, en medio de decisiones reales, la espiritualidad deja de funcionar como refugio y se convierte en una manera de responder con toda la vida.
Referencias
Bonhoeffer, Dietrich. El precio de la gracia.
Bonhoeffer, Dietrich. Vida en comunidad.
Bonhoeffer, Dietrich. Ética.
Bonhoeffer, Dietrich. Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio.
Bonhoeffer, Dietrich. «The Church and the Jewish Question» (1932-1933).
martes, julio 28, 2026
Música para la Solidaridad II
1/ Alejandro Abrante recomienda Locos
BIENAVENTURANZAS DE LA VIDA
Miguel Angel Mesa.
Felices quienes no han vendido su conciencia, ni su solidaridad de clase, ni su intima creencia en la igualdad y la justicia.
Felices quienes no son dogmáticos y se dejan interpelar por la nueva situación económica y social de los demás trabajadores en el mundo.
Felices quienes luchan por mejorar las condiciones económicas y sociales de sus compañeros de trabajo.
Felices quienes se muestran creativos a la hora de denunciar las injusticias y conseguir así las mejores soluciones a los conflictos laborales.
Felices quienes se implican con lealtad para que los sindicatos cumplan con su deber de ser auténticos portavoces y defensores de los trabajadores.
Felices quienes se enfrentan con deferencia, pero sin sumisión y con dignidad ante las directivas de las empresas que intenten aprovecharse de sus trabajadores.
Felices quienes dedican su tiempo, sus energías, sus capacidades para asesorar a los trabajadores, para crear conciencia y unión entre ellos.
Felices quienes están siempre cerca con el corazón, con la vida y con los hechos, a los trabajadores más vulnerables, y en contra de quienes los opriman, porque también Dios está de su parte, ya que “derriba de su trono a los poderosos y enaltece a los humillados”.
domingo, julio 26, 2026
Radiografía de más de 10.000 eutanasias en Países Bajos: las carencias del sistema sanitario pueden aumentar las peticiones
Los problemas asistenciales en casos complejos de salud mental, la falta de personal y los recortes salen por primera vez como factores indirectos que facilitarán el incremento de esta práctica en el país pionero
Países Bajos, pionero en el mundo en la regulación de la eutanasia en 2002, apunta por primera vez un factor que puede contribuir a su aumento: las carencias del sistema sanitario. En particular, los problemas en la atención a casos complejos de salud mental y la falta de personal en la asistencia a domicilio a mayores y enfermos terminales. En los 24 años de vigencia de la ley, se ha pasado de 2.000 casos en 2003 a 10.000 en 2025, cuando supuso cerca del 6% del total de fallecimientos a escala nacional.
El cáncer ha ido bajando en los últimos años entre las razones para solicitarla. En los últimos 24 años, este ha pasado de suponer cerca del 90% de los casos a sumar un 54%, según este trabajo. Es más de la mitad de todas las llevadas a cabo, pero han ganado terreno otros motivos. Entre ellos, una combinación de patologías, la demencia, la acumulación de dolencias propias de una edad avanzada y los trastornos mentales.
Gert van Dijk, especialista en ética de la Real Asociación Médica Neerlandesa (KNMG), reconoce que el informe aborda “los problemas psíquicos, un tema muy delicado”. Y que los autores muestran “la preocupación de que la falta de cuidados adecuados en este campo pueda ser una de las causas por las que se pide la eutanasia”. Subraya, de todos modos, que se trata de “una advertencia, porque también sabemos que existe cierta inquietud entre la ciudadanía respecto a la asistencia que recibirán en la ancianidad”. Y asegura que los cuidados paliativos “son buenos en Países Bajos y el nivel de conocimientos en este campo es alto”.
Van Dijk atiende a EL PAÍS por videoconferencia junto a la médico de atención a personas mayores, Mieke Draijer, miembro de la junta directiva de KNMG. Ella confirma “los altos estándares de atención sanitaria nacional, si bien prevemos escasez de profesionales en el futuro”. Debido a ello, hay cuidados que se realizan a domicilio, “y la falta de personal le preocupa a la gente, aunque el aumento general de la eutanasia responde a un conjunto de factores, además de esa inquietud”, recalca.
sábado, julio 18, 2026
Las creencias del entrenador de España
Las palabras sobre la oración del entrenador de fútbol de España me vienen al pelo para hablar de algo, sobre lo que dialogo con muchas personas y que es uno de mis más profundos centros de interés.
Llama muchísimo la atención a todo el que lo haya oído contar aquello de Francisco de Asís que decía: Hay que salir a predicar, a veces incluso con las palabras. Y nos llama la atención. Porque a cualquiera nos parece que la forma habitual de predicar es hablar, expresarse, decir. Incluso, a veces tengo la sensación de que confundimos conversar con dialogar. Y dialogar es mucho más que conversar. Hay una forma magistral de diálogo que es el diálogo vital.
Y en este sentido, valoramos que un personaje público como un triunfante entrenador de fútbol diga que él reza. Y valoramos más aún que señale que no reza para pedir ganar sino que reza porque vive. Y que reza más por la salud que por la victoria
Sin embargo, deberíamos de preguntarnos también si la misma lógica por la cual el cree que no puede pedir la victoria no nos llevaría de hecho a no pedir la salud. Este miércoles me pasó algo que me ha pasado muchas veces. Una persona que, además de creer comulga, me decía: "Yo le digo a Dios ¿cuánto me queda por pasar? Porque llevo un año".
Lógicamente, en ese momento, apenas dije nada, poco más que un gesto de compresión. Pero sí diré a V., en otro momento, que la salud no es signo de la presencia de Dios. Quizá porque he tenido la enfermedad bien cerca. O por lo que sea. Dios es hermano, compañero, amigo, fuerza, salvación, pero no un agente de salud en el sentido estricto del término.
Yo me alegro de que haya personajes públicos confesantes de su fe. Pero no me alegro de que una oración acompañara la salida del Enola gay antes de tirar la bomba atómica. Ni de ver la cruz del miércoles de ceniza sobre la frente del confesante secretario de estado de Trump. No me gustan palabras confesantes que se quedan a medias. Palabras confesantes exigen vidas confesantes. Nada mejor que el amor desvela nuestra fe.
viernes, julio 17, 2026
Aitor Esteban a Reciclaje de Beaterías
Para beatería la del nacionalismo.
Hoy envíamos al reciclaje de Beaterías una opinión de Aitor Esteban
Ofrecemos una reflexión de Julián Gómez del Castillo en facebook:
TENDERETE, CHARANGA Y PANDERETA ... CON CORRUPCIÓN
LOS PROFESIONALES DE LA DIVISIÓN Y LA SEPARACIÓN SIGUEN MOSTRÁNDOSE COMO ADOLESCENTES CON PROBLEMAS DE AUTOESTIMA.
RESULTADO: FRASES ESTÚPIDAS Y SIN SENTIDO DEMOSTRANDO SU INCAPACIDAD PARA LA EMPATÍA.
ESO SI, AÑOS Y AÑOS Y AÑOS COBRANDO SUELDO ASTRONÓMICO PAGADO POR LOS ESPAÑOLES TODOS, LOS DE LAS VASCONGADAS Y LOS DEL RESTO DE ESPAÑA.
SEGUIMOS ESPERANDO QUE EL SEÑOR ESTEBAN PIDA AL MINISTERIO DE LA S.S. QUE LOS ESPAÑOLES DE FUERA DE LAS VASCONGADAS DEJEMOS DE PAGAR LAS PENSIONES DE LOS JUBILADOS VASCOS, QUE PARA ESO TIENEN EL CUPONAZO VASCO.
¡¡¡ÁNIMO ESTEBAN!!!
jueves, julio 16, 2026
miércoles, julio 15, 2026
Khan Abdul Ghaffar Khan
Khan Abdul Ghaffar Khan es un hombre injustamente olvidado. Este hermano, que confesaba a Dios con humildad desde su fe islámica, fue pro-tagonista de un verdadero milagro de la gracia.
Conoció el amor de Dios a cada persona, sin excepción, y, conducido por el Espíritu, se dirigió con este mensaje a su pueblo, el pueblo pastún, cuya cultura se había ido mode-lando en el tribalismo cerrado, el culto a la guerra y un código de honor que impulsaba a la venganza.
Ghaffar Khan consiguió con la ayuda de lo Alto que de ese pueblo se movilizaran miles y miles de personas organizadas en un ejército no violento llamado Khudai Khidmatgar (los Siervos de Dios), cuyas armas eran la oración, la desobediencia civil y la acción directa no violenta.
Abrían escuelas, reconciliaban enemigos, espetaban la verdad al dominio colonial y al despotismo en su propio pueblo.
Encarcelados, torturados, asesinados, dieron testimonio del amor conocido. En el Mensaje para la celebración de la 50 Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2017), titulado por el papa Francisco «La no violencia: Un estilo de política para la paz», junto a dos hermanos ampliamente reconocidos al respecto -que no seguidos-, Gandhi y Luther King, el Papa quiso incluir el nombre de Khan Abdul Ghaffar Khan.
Vázquez Borau nos ofrece una breve biografía y unas reflexiones sobre este hombre: quienes se acerquen a él por primera vez quedarán asombrados y agradecidos.


















