sábado, mayo 09, 2026

El humorismo de Dios

Gian Paolo Salvini LACIVILTACATTOLICA.ES

El tema del humor en la literatura religiosa no es nuevo, tampoco en nuestra revista[1]. Pero creemos que una breve nota puede ayudar a los lectores a mantener viva una dimensión fundamental de la existencia humana que, entre otras cosas, nos parece en peligro, en particular en nuestra sociedad occidental, en la que los conflictos y las tensiones cotidianas amenazan siempre con radicalizarse y exasperarse, perdiendo de vista la moderación que ofrece el humor o, como podría decirse con un término casi equivalente, la ironía[2].

Esperamos que el tema sea del agrado de los lectores, teniendo presente que todos necesitamos humorismo, también los cultores de las ciencias laicas, como los economistas. La prestigiosa revista inglesa The Economist, por ejemplo, escribió que la tarea de la economía es dedicarse a estudiar cómo no se cumplen sus previsiones.

En el título se hace referencia al humorismo de Dios. En realidad, para hablar de Dios partimos siempre de nuestra experiencia humana, en la que se refleja también la acción de Dios. Es indudable que el humorismo es un medio regio para establecernos en la serenidad. Forma parte de la sabiduría, que es un don del Espíritu Santo; más aún: es la sal de la vida —y de la vida de los creyentes en particular—, que la preserva de todo daño.

La historia de muchas herejías es en buena medida la historia de la pérdida del sentido del humor. Se podría agregar que también la pérdida de muchas vocaciones relata una historia de extravío del sentido del humor. Quien carece de ese sentido se toma todo en serio y, por eso mismo, hace que cada cosa se vuelva muy dramática, o bien, sin desembocar en el drama, por lo menos se complica la vida. Saliendo del ámbito de las experiencias religiosas, un psicólogo relata que dos colegas suyos que carecían de humor se encuentran por la calle y, tras un embarazoso silencio, finalmente se saludan; pero después, ambos se preguntan angustiados durante el resto del día: «¿Qué habrá querido decirme?».

Algunos elementos del humorismo

Evidentemente, hay muchos tipos de humor, que florece en todo tipo de campo. Podemos decir que elementos propios del humorismo —o del sentido del humor— son la capacidad de captar los costados cómicos y contradictorios de la vida, riéndose de ellos con benévola comprensión; una mirada superior, que permite ver mejor y «más allá»; una inteligencia nueva, que relativiza y redimensiona todo aquello que se querría tomar por absoluto y excelso.

En la base del mecanismo del humor parece haber una relación entre trasfondo y primer plano que se invierte de improviso. Así pues, se tiene una manera diferente de ver la misma realidad. Lo que era secundario se hace visible y se pone en evidencia algo no dicho que, aunque velado, transgrede la lógica y constituye un elemento de sorpresa.

Muchos motivos de este tipo pueden encontrarse en el Evangelio de Lucas, típico en la inversión de situaciones en las que el lector espera, por ejemplo, que una parábola termine de cierta manera, mientras que Jesús concluye de un modo sorprendentemente distinto. Desde luego, mucho depende también del estado de ánimo en el que uno se encuentra, y que no siempre es el evangélico. Un ejemplo al respecto son los dos discípulos de Emaús que, en el desaliento debido al fracaso de sus sueños, frente a la ignorancia que parece tener el viandante desconocido respecto de los últimos acontecimientos ocurridos en la ciudad, le citan con exactitud el kerigma, es decir, el mensaje de la salvación, pero, con involuntario humorismo, lo hacen para demostrar que todo salió mal, y no para obtener de ese mensaje un consuelo.

Esta capacidad de ver algo que otros no ven tiene otra cualidad que es propia de lo divino: la cualidad del artista. Por eso, el humorismo tiene una fuerte relación con la creatividad, el arte y la genialidad: es decir, cuando en pocas palabras se elabora una migaja de sabiduría.

Ahora bien, abordando el aspecto más espiritual, digamos que el humor esconde un juicio implícito fundado en una concepción del hombre y de la existencia humana[3]. Kierkegaard considera el humor como la máxima aproximación del ser humano a aquello que es propiamente religioso-cristiano, y ello a pesar de que, aparentemente, es todo lo contrario: ¿cómo es posible conciliar lo absoluto de Dios con el sentido del humor?

Hugo Rahner, retomando una idea del célebre historiador holandés Johan Huizinga, quiere demostrar que la perfección de la ética humana es una misteriosa reproducción de aquella sabiduría eterna que juega desde el principio en la presencia de Dios. A la pregunta de si Dios es humorista, la respuesta proviene ante todo del misterio de la encarnación: que Dios, eterno e infinito, cuyo rostro nadie puede ver y permanecer vivo (cfr Éx 33,20), que este Dios asuma la naturaleza humana y se haga hombre como nosotros, y que como nosotros sufra el hambre y la sed, el frío y el calor, la pasión y la muerte, todo ello conmociona la mente.

Pero si el hombre se extravía, Dios «se divierte» con una diversión que es expresión de amor infinito y que escapa a toda comprensión. Detrás del escándalo de la encarnación se encuentra el abismo inexplicable de la riqueza del amor y de la sabiduría con la que Dios ha dispuesto la trama secreta de los hechos de los que está entretejida la historia humana.

Si la base del humor ha de buscarse en la ley del contraste y en la aproximación de los contrarios, hay que concluir que, en cuanto al humor, Dios es el maestro insuperable. «Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso» (1 Cor 1,27). Toda la historia de la Iglesia es una sucesión de elecciones —de personas, de acontecimientos, de instrumentos— que Dios hace con un constante sentido del humor y que le confieren un inconfundible sabor de optimismo y de gozosa sorpresa.

Es verdad que Jesús en el evangelio no ríe nunca abiertamente, aunque el evangelio está lleno de sonrisas benévolas; pero, probablemente —y como sostenía un excelente profesor de religión que pudo haber leído al respecto el pensamiento de san Francisco de Sales, que ya hablaba del tema—, Jesús no ríe porque lo que importa en un chiste es la sorpresa y la frase final, que invierten la situación, y Jesús no podía reírse de ello porque sabía ya desde siempre… cómo iba a terminar.

El humorismo cristiano

Ladislaus Boros, jesuita húngaro profesor en Innsbruck, escribió que el último núcleo del humor cristiano reside en la fuerza de lo religioso. El humor ve lo terreno y lo humano en su inadecuación delante de Dios; ve cómo todo lo que es terreno es imperfecto. Aun así, esta misma resignación es a su vez elevada a la certeza de que todo lo finito está circundado por la gracia de Dios. El hombre dotado de humor ama el mundo a pesar de su imperfección: más aún, lo ama justamente en esa imperfección, como lo hace Dios[4]. Sabe ser agradecido con Dios por poder vivir en este mundo imperfecto.

Entre los efectos más importantes del humor cristiano está el hecho de desmitificarnos a nosotros mismos y a los demás. Hay momentos en los que estamos tentados de vernos en perspectivas heroicas, en que nos sentimos dueños del mundo, capaces de desafiar y de superar todas las debilidades. En tal caso, el choque con la realidad de nuestra miseria podría ser dramático, y la válvula de seguridad es precisamente el humor, que no esconde nuestras debilidades, sino que hace que las veamos con la mirada del Señor. En general, para hacerlo él se sirve de las criaturas o de otros. Como sucedió con el canto del gallo para san Pedro.

Sobre estas perspectivas heroicas derrumbadas germinan la humildad y la confianza. La primera, como decía Juan XXIII, les recuerda a los ancianos que el mundo no se ha terminado con ellos, y a los jóvenes, que el mundo no ha comenzado con ellos. La segunda nos proyecta hacia delante y nos pone de nuevo en nuestro lugar en el pedacito de historia que debemos recorrer, envolviéndonos en una mirada de ternura y de indulgencia.

El cardenal Henri de Lubac refería el consejo de un anónimo cenobita que decía: «Si tu alma está turbada, vete a la iglesia, póstrate y ora. Si tu alma sigue turbada, ve al lado del padre espiritual, siéntate a sus pies y ábrele tu alma. Y si tu alma aún sigue turbada, retírate a tu celda y tiéndete en la esterilla a dormir».

Podemos recordar lo que nos dice el Salmo 2: «El que habita en el cielo sonríe» (vers. 4), aunque, como señala Karl Rahner, Dios ríe con calma, como si todo esto no lo tocara, y riendo afirma que también una simple risa pura que brota de un corazón recto frente a cualquier idiotez de este mundo refleja una imagen y un rayo de Dios, de ese Dios cuya risa demuestra que, en el fondo, todo es bueno y todo es gracia.

Si el sano humor puede definirse como la capacidad de reírse de las cosas que se aman (incluidos nosotros mismos y lo que tiene que ver con nosotros), el camino del humor en la vida espiritual va a la par del humilde amor a la cruz y al Crucificado, y, en particular, en el diálogo del creyente consigo mismo y con Dios. La conversión, fruto del humor bíblico, es «recordar» (es decir, etimológicamente, «retener en el corazón») que el hombre no es el educador de Dios, sino, acaso a la inversa, porque es de esta presunción de donde nacen los inconvenientes y los problemas.

El humor constituye un elemento valioso para una vida sana y equilibrada también desde el punto de vista espiritual, porque, como se decía, tiene mucho que ver con lo gratuito, con la creatividad, la inteligencia, elementos todos indispensables para la relación con Dios.

No en vano, la Biblia tiene muchos nexos con el humor. Basta pensar en los libros sapienciales, en muchos relatos, en los proverbios y en la curiosidad por saber, que revela el modo de observar el mundo con actitud divertida. La capacidad de estar al mismo tiempo distantes de las propias representaciones de la realidad, y plena y apasionadamente implicados en las cosas de Dios, no es solo la expresión de un profundo y sano humor cristiano, sino también un sentimiento de la relatividad de todo lo que no es Dios.

En los santos —que son los enamorados de Dios— se nota que esta profunda libertad de espíritu se combina con un sentido del humor igualmente profundo. No es solo una cuestión de carácter, de simpatía humana y de facilidad para el chiste ingenioso, sino también conformidad con la experiencia de lo tremendamente relativo que es todo fuera del Único inefable y frente al cual todo resulta pequeño y limitado.

El humor como antídoto contra el miedo

Por último, el humor es también un fuerte antídoto contra el miedo. Hay que preguntarse si una de nuestras tareas fundamentales en la vida no será la de superar los miedos, a veces incontrolables, que nos asaltan. El humor es un modo de exorcizar el mal. Basta pensar en todas las representaciones sagradas que, del siglo XII en adelante —es decir, en una Edad Media marcada por calamidades, pestes, guerras y enfermedades—, ponían en ridículo al diablo y lo que él representa, y cuya sugestión desaparecía cuando el hombre de Dios se reía de todo ello. Este es un modo de exorcizar el miedo.

Muchos santos exorcizaron con el humor la muerte restituyéndole, a la luz de Dios, su sentido humano. Nuestro mundo actual no es más capaz de hacerlo como no sea de manera deformada y carente de humanidad, fingiendo que la muerte no existe. Se cuenta que dos ermitaños de la Tebaida envejecían como buenos vecinos en dos grutas poco distantes entre ellas. Entonces, uno le dijo al otro: «Querido hermano, estamos envejeciendo. Cuando uno de los dos esté muerto, yo regresaré a la ciudad».

Pero hasta frente a lo fascinans et tremendum de Dios, que puede hacerse presente en nuestra vida, el humor puede prestar ayuda, también a los hombres de Iglesia. Sin volver a los tiempos antiguos, recuerdo a un obispo de una gran ciudad de Italia del Norte que le respondió a un periodista, que le preguntaba si creía en los milagros o en las apariciones de la Virgen en nuestra época, lo siguiente: «Sin duda, Dios puede abrir una página sobrenatural también en un mundo secularizado como el nuestro, por ejemplo, obrando milagros o enviando a la Virgen para que lleve un mensaje de esperanza y de alegría a los hombres o a una Iglesia particular. Pero, por favor, no a mi diócesis. Yo ya tengo suficientes problemas».

Si esto nos sucediese también a nosotros tendremos que acordarnos de las páginas del Evangelio en las que la irrupción de Dios asusta, como en el caso de María en la anunciación o de los pastores en la noche de Navidad, pero en las que el ángel dice siempre a los protagonistas —y esperamos que lo haga también con nosotros—: «No temáis, os anuncio una gran alegría» (cfr Lc 2,10).

1.- Véanse, por mencionar solo algunos ejemplos, «Umorismo e vita cristiana» (editorial), en La Civiltà Cattolica, 1986, III, pp. 3-14; L. Larivera, «Natura e necessità dell’umorismo», ibid. 2004, III, pp. 130-142; H. Zollner, «Considerazioni psicologiche sull’umorismo e il riso», ibid. 2010, II, pp. 533-545; G. Cucci, «Umorismo e qualità della vita», ibid. 2013, I, pp. 246-257; Id., «Umorismo e vita spirituale», ibid. 2013, I, pp. 463-474; F. Castelli, All’uscita del tunnel. Panoramiche religiose dell’odierna letteratura, Ciudad del Vaticano, Libr. Ed. Vaticana, 2009, de los cuales tomamos algunos conceptos y expresiones.

2.- La ocasión de las presentes notas fue la intervención del autor (reproducida aquí en gran parte) con ocasión del otorgamiento de la condición de emérito como miembro de la Pontificia Academia de Teología, condición dada al mismo tiempo a otros dos académicos (el prof. Romano Penna, biblista, y la profesora Ysabel de Andia, patróloga) durante una ceremonia celebrada el 8 de mayo de 2017 en la Pontificia Universidad Lateranense.

3.- Cfr Dictionnaire de Spiritualité, VII/1, París, Beauchesne, 1969, p. 1189.

4.- Cfr L. Boros, Experimentar a Dios en la vida, Barcelona, Herder, 1982, p. 40.

jueves, abril 30, 2026

LA IGLESIA COMO OBSTACULO Y CAMINO* - J. LOEW


Dios no ha venido a suprimir el sufrimiento,
Tampoco ha venido a explicarlo;
Ha venido a llenarlo con su presencia
(Paul Claudel)


Jesús dijo: “Mi reino se parece una pequeña semilla plantada en el suelo… Para que crezca, ha de aceptar morir en tierra, pero pronto se convierte en el árbol muy grande en cuyas ramas hacen sus nidos las aves del cielo”.

La semilla es el mismo Jesús y su muerte en la cruz ha sido el nacimiento de la Iglesia. Desde entonces, la vida toda de Dios pasa a la Iglesia como la semilla hace pasar toda su vitalidad al árbol inmenso que nace de ella y se hace una sola cosa con ella.

Árbol y semilla no son dos cosas, sino sólo una. De la misma forma, los cristianos son uno con Jesús. La semilla contiene ya en germen todo el árbol: Jesús se desarrolla en los cristianos.

Pero ha habido transeúntes estúpidos que han dejado sobre ese tronco sus huellas nada hermosas. Han grabado en él, con sus navajas, frases tontas, y no ha faltado quien diese algún hachazo. El polvo y la basura han manchado y, a veces, han deshonrado al árbol y a sus inmediaciones. Está lleno de líquenes y de parásitos. Sin embargo, bajo la corteza estropeada, la savia asciende todavía pujante y fuerte.

También el gran árbol de la Iglesia está, a veces, desfigurado. Cada época deja en él su huella, su mentalidad, sus alegrías, su fealdad, sus miserias y sus dramas.

Un siglo de intolerancia generalizada y nos encontramos en la Inquisición. Una época de fanatismo y nacen las guerras religiosas. El interés político se disfraza y tenemos las matanzas de san Bartolomé, mientras suenan las campanas de san Germán de Auxerre.

Pero la Iglesia es más fuerte que el mal y los poderes de la muerte no podrán con ella. Su vida es indestructible porque es la vida del mismo Cristo.

Es un misterio el punto de unión de las dos verdades, un misterio que no alcanzamos, aunque comprendamos separadamente esas verdades.

En el encuentro de Dios y el hombre hay siempre un misterio: este Dios al que comprendemos tan inmenso y por encima de todo; y el hombre que, al mirarnos a nosotros mismos, sabemos que mediocre y ordinario es. ¿Cómo puede realizarse tal unión?

El punto que Dios ha escogido para unirse a nuestra humanidad a lo largo de toda la historia, es la Iglesia. Sólo la dimensión del infinito amor de Dios puede hacer creíble un designio semejante.

Es un misterio esta Iglesia que se mezcla con el pecado de sus hijos, pero como quien se mezcla con el enemigo con el que lucha hasta el fin de los tiempos.

Misterio, esta Iglesia santa que no es una Iglesia ideal, pero que es, sencillamente, la Iglesia de la historia, el cuerpo de Cristo que se prolonga en la humanidad.

Misterio, la Iglesia, que es extensión, comunión, supervivencia de Jesús de Nazaret, y que se continúa en la Iglesia de Pedro, en la Iglesia de Roma.

Misterio, una Iglesia cuyo tronco es solidario de la historia terrestre, pero cuya cima está ya en el cielo. Una Iglesia a la vez santa y compuesta de miembros pecadores.

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* Es un capítulo del libro que aparece en la foto

Trabajando aprendió Jesús a ser Cristo (1 de Mayo)


Xavier Pikaza/Facebook

Mc 6, 3 le llama tekton o artesano, obrero de la construcción (cantero, carpintero, albañil...), un galileo sin propiedad (herencia), que debe vender su trabajo, conforme a la oferta y demanda del mercado, en un mundo de dura carencia. No era simplemente tekton (un artesano), sino ho tekton, con artículo definido, el artesano de Nazaret, alguien que vive del trabajo y sueldo de otros. 

Antes de llamarse el Cristo ha sido el tekton, y su situación implicaba una fuerte disonancia, ya que no respondía a lo que Dios había “prometido” a su pueblo, pues no dependía de sí mismo (y de Dios), sino del trabajo que otros quisieran ofrecerle. De todas formas, su misma situación le permitió conocer cosas que ignoraban los sabios de escuela y los sacerdotes del templo. Antes que por vocación fue marginal por haber nacido en un mundo cada vez más controlado por escribas, sacerdotes y miembros de una aristocracia que había pactado con Roma) . 

1. Un proyecto económico desde la marginación. Era un campesino obligado a vender su trabajo para así vivir y/o mantener a su familia, y, de esa forma, cuando habla de “pobreza” y llama bienaventurados a los ptojoi (mendigos sin nada), Jesús está evocando su propia situación de marginado económico, que conoce y comparte la suma pobreza de las gentes de su entorno. No es un marginal alejado de la vida, sino un marginado que se enfrenta a los poderes causantes de la marginación y los rechaza, para superarlos, no para mejorar el sistema con pequeños retoques, sino para recrearlo totalmente, desde aquellos que, como él, carecen de tierra y estabilidad económica.

No fue pensador de tiempo libre, experto en pequeñas mejoras, sino profeta en un mundo de opresión, decidido a proclamar e iniciar el camino del Reino, como los hombres de un mercado de trabajo sin trabajo (cf. Mt 20, 1-16). Su mensaje no fue un “lujo espiritual” desconectado de la realidad, sino una propuesta de transformación para la vida en un contexto de muerte. Quizá trabajó en un tiempo al servcio del rey Antipas, en sus nuevas ciudades (en Séforis, junto a Nazaret; o en Tiberíades, a la vera del lago), o de otros propietarios. Ciertamente, pudo tener más movilidad y más conocimiento que un agricultor propietario (atado a su tierra), pero dependiendo de otros .

Los artesanos de Galilea se parecían a los hebreos de Egipto, no tenían seguridad material o social, pues habían perdido o estaban perdiendo la “herencia de Dios” (tierra). No tenían patrimonio (vinculado al patriarcado), ni tierras para herencia, pues carecían de herencia y de casa (estructura familiar). Desde ese fondo, planeó Jesús la revolución de Reino. Posiblemente, como heredero de una familia de Belén, Jesús se sentía portador no sólo de la promesa de Abrahán (familia, tierra), sino también de la esperanza de David, que incluye la posesión de una tierra, de la que todos han de ser propietarios, compartiendo el don del Reino. Pero, al mismo tiempo, era de la gran masa de hombres y mujeres que habían perdido la tierra y parecían expulsados de la herencia de Abrahán y David, teniendo que reinterpretar su experiencia israelita. En ese contexto es bueno precisar el sentido de “clase” social, su lugar en la economía del mundo .

2. Comerciantes y campesinos, una sociedad de clases. Los campesinos y pastores del principio de Israel habían desarrollado una agricultura de subsistencia, con intercambio directo de bienes; pero, en un momento dado, con el despliegue de la monarquía y el auge de poder económico-social del templo, surgió una clase especial de burócratas mercantiles, al servicio de las élites político/religiosas, que controlaban la riqueza:

‒ Los mercaderes como “clase” dependen del trabajo productor de agricultores, pastores y obreros, pero de tal forma lo controlan que acaban haciéndose dueños de sus beneficios. Frente al trabajo que produce bienes, surge y se desarrolla el dinero del mercado, de manera que el valor primario no es ya la persona, ni el trabajo o la familia, ni las relaciones directas, sino el Capital Mammón, dios objetivado, diablo verdadero (cf. Mt 6, 24).

‒ Los mercaderes con dinero, con los “reyes” y funcionarios superiores y los sacerdotes (que sacralizan de algún modo ese dinero), se hacen árbitros de la sociedad y dirigen el proceso real de la producción y distribución de bienes. Así se relacionan con un dinero que, por un lado “pertenece al César” (cf. Mc 12, 16-17), pero que, por otro (¿al mismo tiempo?), tiende a convertirse en Mammón sobre el mismo César (Mt 6, 24).

No parece que Jesús haya sido un purista antimonetario, ni un reformador económico sin más, pues no ha condenado directamente a los comerciantes (como supone EvTom 67), pero ha querido poner el comercio y dinero al servicio de la vida (de los pobres), de un modo gratuito (por comunicación directa), iniciando un cambio intenso, no una pequeña reforma en el pueblo .

‒ El símbolo ideal de Jesús era una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), de agricultores, pastores (y pescadores), compartiendo bienes y trabajos. Parece difícil pensar que en ese “imaginario” cupiera la existencia de liberados para servicios religiosos (sacerdotes/levitas), que recibirían una parte de la producción de otros (los diezmos), sin volverse por ello superiores.

‒ Pero de hecho gran parte de los agricultores se habían ido convirtiendo en campesinos sometidos, al servicio de una estructura político-monetaria, centrada en las ciudades (en Roma), en un proceso que estaba culminando en aquel tiempo en Galilea. En general, ellos quedaron “controlados” por los mercaderes (comerciantes), de manera que muchos agricultores se volvieron campesinos sin campo, perdiendo así su autonomía, bajo el control de unas ciudades y/o de unos comerciantes, que poseían/consumían gran parte de su producción .

3. De artesanos a excluidos. Jesús se ha ocupado de esos campesinos sin campo, renteros, braceros o artesanos al margen de la sociedad y de los pobres (mendigos, enfermos…), y también de los huérfanos, viudas y extranjeros de la ley fundamental del Pentateuco, cuya situación he precisado al ocuparme del Antiguo Testamento, (cf. Mt 25, 31-46) . Por eso es bueno precisar la situación que ellos tenían:

‒ Podía haber artesanos asentados e incluso ricos, clientes del sistema político, económico y/o religioso al que sostenían. Ellos actuaban en general como operarios al servicio de gobernantes, ciudades y/o templos, como el de Jerusalén, con miles de obreros privilegiados quienes, como es normal, no respaldarán a Jesús pues se encuentran bien con su trabajo.

‒ Pero la mayoría eran marginados, itinerantes sin estabilidad, eventuales al servicio de agricultores más ricos o de comerciantes. Entre éstos parece haberse hallado Jesús, que no ha sido (presumiblemente) obrero de la construcción del templo de Jerusalén, ni de las ciudades y cortes de los reyes galileos, dependiendo de un “mercado” de trabajo inestable o sin medios fijos de subsistencia.

En el último escalón había grupos y gentes que se hallaban fuera del esquema anterior, y no se podían llamar ni siquiera pobres, es decir, trabajadores con pocos recursos (penes, penetes), sino ptojoi estrictamente dichos (por-dioseros, mendigos sin propiedad, extranjeros, enfermos, encarcelados). Entre ellos podemos distinguir tres grupos.

− Esclavos. Eran muchos en el Imperio de Roma, pero en el contexto rural de Galilea tenían menos importancia (casi ni existían). De manera consecuente, Jesús no ha iniciado una “rebelión de esclavos” (como Espartaco, el 71 a. C.), sino un movimiento de Reino, con campesinos, artesanos y mendigos.

− Impuros, degradados… No parece que en Galilea formaran una clase especial (como en la India), pero los hallamos con frecuencia en el evangelio, como enfermos (leprosos) y en especial como posesos o endemoniados, y quizá también como publicanos y prostitutas, que formaban el corazón del evangelio (mensaje) de Jesús

− Prescindibles. Son los que carecen de todo valor para el sistema, pues no tienen influjo ninguno, ni en un plano laboral, ni en un plano afectivo o simbólico (prostitutas envejecidas, enfermos abandonados, locos). Entre estos pobres en sentido estricto ha iniciado Jesús su movimiento de trasformación, es decir, de Reino 

Rafa Pascual: Jesús es la puerta (A, PASCUA IV)



martes, abril 28, 2026

Reflexionar para vivir 2

4/ Celeste Caeiro: La mujer que puso en marcha la Revolución de los claveles
3/ Moisés Mato: Al que lucha

2/ Facundo Cabral: Ahora

1/ Traumatóloga Geek: ¿Por qué se usa el verde en los quirófanos?

domingo, abril 26, 2026

¿Y hasta cuándo le vas a dar pecho?


Entre Mamás/FACEBOOK
🤱💬 “¿Y hasta cuándo le vas a dar pecho?”
La pregunta que nadie pidió…
pero todos hacen.
Y la verdad…
la respuesta es simple:
hasta cuando yo quiera…
y mi bebé también.
💭 Porque la lactancia no es tema público.
Es algo íntimo.
De dos.
No es solo alimento.
Es contacto.
Es calma.
Es vínculo.
Es refugio.
💛 Para muchos bebés…
el pecho no es costumbre…
es seguridad.
Pero aún así…
siempre aparecen las opiniones:
“ya está muy grande”
“lo vas a malacostumbrar”
“ya quítaselo”
😔 Como si criar tuviera reglas universales.
🔬 La realidad:
cada bebé es distinto.
cada mamá es distinta.
y no hay una sola forma correcta.
Algunos dejan el pecho pronto…
otros necesitan más tiempo.
✨ Y ambas están bien.
💭 El problema no es la lactancia…
es la presión.
Porque mientras una mamá intenta hacerlo lo mejor posible…
también tiene que cargar
con opiniones que nadie le pidió.
💛 Lo que una mamá necesita no es juicio…
es apoyo.
Respeto.
Información.
Acompañamiento.
Porque ya es bastante difícil…
como para estar dando explicaciones.
✨ A veces el mejor consejo es este:
si no es tu bebé…
no es tu decisión.
💬 Dime…
¿cuántas veces ya te preguntaron eso?