domingo, julio 12, 2026

¿Será clericalismo poner la lupa sobre Argüello?

Eugenio A. Rodríguez

Poner la lupa sobre Argüello no deja de ser una forma de clericalismo. Se puede estar en desacuerdo con él y no caer en las exigencias en que se está cayendo desde el podium. ¿Qué no puede expresar su opinión por ser obispo? ¿Y eso de donde viene?

Las expresiones de Argüello no son vinculantes. Sánchez puede cambiar de opinión sobre Marruecos-Sahara e ir contra su programa electoral y eso tiene consecuencias políticas. Conde Pumpido lo mismo. Feijoó puede aliarse con el empresariado e insultar a los trabajadores, etc etc pero Argüello no puede opinar.

Puedo estar en desacuerdo con algunas ideas de Argüello pero poner la lupa sobre sus palabras, seleccionarlas, diseccionarlas y decirle lo que puede y lo que no puede decir no es más que una forma de clericalismo aunque aparente lo contrario. Unos disparan desde "la caverna" y otros desde su propio "podium". Da igual.

A mi me parece brillante que se atreva a decir que le parece exagerado usar la palabra "colapso". Eso sí que es interesante. Un tipo capaz de llevarle la contraria al título del curso que le convoca es un tipo con un alto grado de libertad. Tiene razón, hay problemas serios pero un colapso en otra cosa. Como bien dice él la palabra colapso le recuerda un derrumbe total.

Es digno de alabanza que camine con la Fundación Pablo VI, que a mi juicio tiene mucho de Fundación y poco de Pablo VI.  Puedo estar en desacuerdo con Argüello en los extremos a que lleva la teología del cuerpo, desde luego pero de ahí a no dejarle opinar hay un abismo.

A mí me preocupa mucho más el Foessa-Caritas. No sé cuanto ha costado el último, el anterior varios cientos de miles de euros pero ya dijo uno de sus autores brillantemente: ¿y ahora quien le pone el cascabel al gato?  Hace meses intenté explicarlo (aquí). Argüello, sin embargo, que no nos cuesta un euro, sí que le pone más de un cascabel al gato.

¿Estamos en un censura ahora progresista pero tan censura como la franquista? En tiempos de Franco el nuncio llamó al obispo Pildain porque no podía escribir contra el sindicato franquista. Al cardenal Vidal i Barraquer (sí un cardenal) Franco no le dejó volver del exilio (sí, del exilio). ¿Ahora se va a tener que ser sanchista como antes hubo que ser franquista? ¿Qué ahora por haber elecciones libres se pierde la libertad de expresión? ¡Vaya paradoja pretenden algunos!

Que el obispo tenga que decir lo que le diga el gobierno, o periódicos digitales influyentes, los empresarios, los sindicatos o quien sea es volver a un clericalismo que no debería formar parte de los valores de nuestra tiempo.



jueves, julio 09, 2026

REFLEXIONAR PARA VIVIR 2

18/ ¿Dónde está Dios en Venezuela?
17/ José Martín Aguado: 5 mitos sobre Personas con Down
16/ Tu abogada laboralista: Las cosas de Garamendi
15/ Enrique Dussel: Política, importancia para jóvenes
14/ Facundo Cabral: Mi madre, Francisco de Asís y la pobreza
13/ Francisco: Corazón, cerebro, manos. Tres lenguajes
12/ James C. Scott: Gimnasia de la desobediencia
11/ Alice Ball: Mujer, opresión y ciencia
10/ León XIV sobre migraciones
9/ Pilar Gómez-Ulla: Gloria Labay, "Ser sin ser madre"
8/ León XIV: El despilfarro de alimentos
7/ Gata Cattana: Cómo aman los pobres
6/ Margaret Mead: Cuándo comenzó la humanidad
5/ Teresa de Jesús y Juan de la Cruz: Diálogo y decisión
Una reflexión al respecto de la peculiaridad de estos dos santos: (aquí)
4/ Celeste Caeiro: La mujer que puso en marcha la Revolución de los claveles
3/ Moisés Mato: Al que lucha

2/ Facundo Cabral: Ahora

1/ Traumatóloga Geek: ¿Por qué se usa el verde en los quirófanos?

Rafa Pascual: La alegría de Jesús (ORD A IV)

viernes, julio 03, 2026

Ventiladores: Esclavos para el calor

Antes de los ventiladores eléctricos, el descanso de algunas familias adineradas y funcionarios británicos en la India dependía de una persona que tiraba de una cuerda durante horas.

Eran los llamados punkah-wallahs.

El punkah era un gran panel de tela o madera suspendido del techo. Mediante un sistema de cuerdas y poleas, se movía de un lado a otro y producía una corriente de aire sobre camas, mesas y escritorios.

El mecanismo parecía sencillo.

El esfuerzo recaía completamente sobre quien lo accionaba.

Los punkah-wallahs podían trabajar durante largas jornadas, sentados o acostados fuera de la habitación, repitiendo el mismo movimiento mientras los ocupantes comían, trabajaban o dormían. En edificios grandes, varias piezas podían conectarse para funcionar al mismo tiempo.

Estos ventiladores fueron frecuentes en viviendas, cuarteles, tribunales, iglesias y oficinas de la India colonial. También mostraban una profunda desigualdad: la comodidad de unos dependía del trabajo invisible y agotador de otros.

Con la expansión de la electricidad durante el siglo XX, los ventiladores mecánicos comenzaron a reemplazarlos.

La tecnología eliminó aquella ocupación, pero las fotografías conservaron una escena reveladora de la época: mientras unas personas descansaban bajo la brisa, otras debían producirla con sus propias manos.

“El tesoro”


¿Quién de nosotros se encargará de alimentar a los hambrientos? -preguntó el señor Buddha a sus discípulos, cuando el hambre se abatía sobre Shravasti.

Ratnakar, el banquero, inclinando la cabeza, dijo:
-Una fortuna mucho más grande que la mía sería necesaria para alimentar a los hambrientos.

Jaysen, jefe de los ejércitos del rey, dijo:
-Gustoso daría mi sangre y mi vida, pero no hay alimento suficiente en mi casa.

Dharmapal, que poseía grandes dehesas, musitó:
-El dios de los vientos arrasó mis campos y ni siquiera sé cómo podré pagar los impuestos del rey.

Entonces Supriya, la hija del mendigo, se levantó, y humildemente se inclinó ante la asamblea, diciendo:
-Yo alimentaré a todos esos miserables.

-¿Y cómo? -exclamaron todos sorprendidos. ¿Cómo esperas cumplir tu promesa?

-Soy entre todos la más pobre -dijo Supriya-, y ésa es mi fuerza. Mi tesoro y mi abundancia los buscaré a vuestras puertas. Como nada tengo que abandonar, allí clamaré que se os ablanden las entrañas.

Rabindranath Tagore