jueves, julio 30, 2026

EVANGELIO ES POLÍTICO


«Decir "política" hace que la mayoría de la gente piense en políticos: campañas, urnas, la maquinaria de los partidos. Sin embargo, en su nivel más básico, la política se refiere a la distribución y el uso de la autoridad y la influencia: ¿Quién tiene el poder? ¿Quién está sujeto a él? ¿A quién sirve su florecimiento? Con esa definición, decir que el único evangelio verdadero es político no es introducir de contrabando una agenda partidista en el santuario. Es notar lo que el Nuevo Testamento anuncia en sus propios términos.

Comencemos por la palabra misma: euangelion, "evangelio", "buenas nuevas". Para la mayoría de las personas en el mundo romano, este era un término imperial: el grito del heraldo anunciando que un nuevo emperador había ascendido al trono, el anuncio de un desfile celebrando que se había ganado una gran victoria. Aunque los primeros seguidores de Cristo retomaron la palabra de la promesa de Isaías sobre la era de la salvación, al vincular la palabra "evangelio" a un galileo crucificado, estaban haciendo una afirmación contraimperial.

De la misma manera, al nombrar a Jesús como kyrios, "Señor", retomaban un lenguaje bíblico mientras usaban al mismo tiempo las palabras del César. Después de todo, confesar que "Jesús es Señor" es decir, en el mismo aliento, que algún otro no lo es.

Esa única afirmación —un solo Señor, que relativiza a todo rival que reclame la autoridad última— es central para la política del evangelio. También es la razón por la que este evangelio rechaza precisamente las distorsiones que más tememos.

Rechaza el nacionalismo cristiano. Un evangelio que reconoce a Jesús en el trono no puede ser reclutado para una bandera, porque la nación es precisamente uno de los poderes que su señorío relativiza. Bautizar el dominio de cualquier país es devolverle el trono al César bajo un nombre cristiano.

Rechaza la captura partidista. La confesión de que Jesús es Señor implica una lealtad que ningún partido puede reclamar después. Quienes sirven al Señor resucitado no pueden convertirse en capellanes de ninguna plataforma.

Rechaza el corazón privatizado; es decir, la idea de que la fe es un asunto interior, suficientemente real los domingos, pero sin incidencia en cómo se organiza y se usa el poder de lunes a sábado. Nótese bien: un enfoque estrecho en la interioridad es una innovación moderna, no la religión de antaño. Es más, sorprendentemente (¡y lamentablemente!), es en sí mismo un arreglo político.
Entre los muchos testigos que podríamos convocar, consideremos tres.

María canta: El Magníficat (Lucas 1:46–55) anuncia a un Dios que ha "derribado a los poderosos de sus tronos y ha exaltado a los humildes", que "colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías" (traducción aproximada). Eso es una reordenación: de la autoridad y del pan, del estatus y del sustento. Lucas coloca este canto en el umbral de su Evangelio como su clave interpretativa. Cuando Dios viene a enderezar las cosas, lo hace de maneras concretas y terrenales que toman en serio el mundo del poder y del sustento.

Jesús es crucificado. Roma no crucificaba a la gente por sus opiniones religiosas privadas, ni porque oraran demasiado. La crucifixión era un acto profundamente político, reservado principalmente para los enemigos del estado y los esclavos. Y el cargo fijado sobre la cabeza de Jesús —"Rey de los judíos"— nombra su delito como una pretensión de autoridad que el imperio no podía tolerar. Por eso, cuando la misión de los seguidores de Jesús llega a Tesalónica, la acusación que enfrentan da justo en el blanco: "Todos ellos actúan en contra de los decretos del César, afirmando que hay otro rey, uno llamado Jesús" (Hechos 17:7, traducción aproximada). Se les escuchó, con razón, proclamando una soberanía rival. Aquel a quien el imperio condenó, Dios lo reivindicó. El tribunal del César fue anulado por un tribunal superior.

Juan tiene una visión. A menudo confundido con un calendario cifrado del fin de los tiempos, el Apocalipsis se lee mejor como teología política bajo presión: una visión que pregunta, incansablemente, quién recibe adoración. En el Apocalipsis, la adoración es el acto político decisivo, porque adorar es declarar dónde reside la lealtad última. Y Juan no deja que esta pregunta quede en abstracto: Babilonia cae, y Juan detalla su caída como una economía (Apocalipsis 18), un tráfico de lujos que llega hasta "esclavos, es decir, vidas humanas" (traducción aproximada). El poder de la bestia funciona a base de comercio y coerción; el del Cordero, a base de resistencia valiente, fidelidad hasta la muerte. Entre esos dos, las iglesias deben elegir, y elegir es una declaración política.

Wesleyano como soy, debo añadir una aclaración, no sea que mi énfasis en lo "político" se escuche como una retirada del corazón. No lo es en absoluto. El corazón renovado está entrelazado con una vida en común reordenada. No hay, insistía Wesley, "santidad que no sea santidad social" —y él llevó su santidad, por así decirlo, a la calle, en sus escritos sobre la esclavitud, por ejemplo, así como sobre la pobreza y la reforma penitenciaria. El evangelio no pasa por alto lo interior en favor de lo público (la polis). Renueva a la persona entera, por dentro y por fuera, con el resultado de que la polis misma queda rehecha. El corazón privatizado no es, ni ha sido nunca, nuestra herencia como seguidores de Cristo. Es una mutilación de ella.

Tome nota: confinar la fe a la vida interior no es la ausencia de política. Es, en realidad, una especie de política: un arreglo silencioso que mantiene al evangelio fuera de las salas de juntas, los tribunales y los pasillos donde se distribuyen la autoridad y la influencia, mientras bendice esa exclusión llamándola "espiritual". Es un arreglo notablemente conveniente para los poderes. Un evangelio que se queda en el corazón nunca incomodará a un trono.

Por lo tanto, cuando digo que el único evangelio verdadero es político, no estoy politizando algo que era propiamente espiritual. Estoy rechazando un mal trato. Me niego a aceptar, en los propios términos de los poderes, que el señorío de Cristo se detenga en la puerta de la iglesia o en el pecho. María lo sabía bien. El gobernador romano lo sabía bien. Juan de Patmos lo sabía bien. El evangelio que cada uno de ellos proclamó tenía un público, y ese público era el ordenamiento entero de la vida humana bajo una sola palabra: kyrios. 
Y esa fue, y sigue siendo, una palabra disputada: ¿Quién es Señor?
He aquí la respuesta: No el César. No la nación. No el partido. Ni siquiera el yo interior soberano y autogestionado. Jesús es Señor —y esa confesión es la afirmación más política que podemos hacer».

- Joel B. Green, "The One True Gospel is Political".

miércoles, julio 29, 2026

5 prácticas para vivir la fe con responsabilidad



 https://www.elblogdebernabe.com/


Dorothy Day aprendió a unir la oración, la hospitalidad y la lucha por la justicia entre periódicos, huelgas, comedores comunitarios y personas empobrecidas. Dietrich Bonhoeffer recorrió un camino cercano desde otro contexto: una Alemania en la que el nazismo conquistaba el Estado, seducía a buena parte de la Iglesia y convertía la obediencia a la autoridad en una excusa para abandonar al prójimo.

Bonhoeffer fue uno de los primeros teólogos protestantes alemanes en criticar públicamente al régimen nazi. Participó en la Iglesia Confesante, dirigió un seminario para la formación de pastores fuera de las instituciones eclesiásticas controladas por el Estado y terminó vinculado a la resistencia alemana. Fue arrestado en abril de 1943 y ejecutado en el campo de concentración de Flossenbürg el 9 de abril de 1945.

Reducirlo a la figura del mártir o del héroe político, sin embargo, deja fuera una parte central de su legado. Bonhoeffer fue un pastor y teólogo preocupado por una cuestión profundamente espiritual: cómo seguir a Jesucristo dentro de la historia real, especialmente cuando las instituciones religiosas han aprendido a convivir con la injusticia.

Su respuesta fue tomando forma en escritos como El precio de la gracia. El seguimiento, publicado originalmente en 1937; Vida en comunidad, redactado a partir de la experiencia del seminario de Finkenwalde; los manuscritos reunidos después de su muerte bajo el título Ética; y las cartas y reflexiones de prisión publicadas como Resistencia y sumisión.

Estas obras muestran el desarrollo de una espiritualidad marcada por el discipulado, la comunidad, el discernimiento ético y la responsabilidad por el mundo. Para Bonhoeffer, vivir responsablemente no consiste en poseer respuestas para todos los problemas ni en conservar una imagen moral intachable. La responsabilidad aparece cuando una persona escucha el llamado de Dios, reconoce a quienes tiene delante y decide responder con su propia vida.

Estas cinco prácticas pueden ayudarnos a pensar lo que significa vivir una fe responsable en nuestro tiempo.


1. Convierte tus convicciones en obediencia concreta

Bonhoeffer comienza El precio de la gracia. El seguimiento denunciando aquello que llama «gracia barata»: una manera de hablar del perdón, la fe y la salvación sin permitir que el llamado de Jesús transforme realmente la vida.

La gracia se vuelve barata cuando sirve para tranquilizar la conciencia, pero no cambia nuestra forma de tratar a las personas. Aparece cuando defendemos el amor cristiano mientras alimentamos resentimientos; cuando hablamos de reconciliación, pero nunca damos el primer paso; cuando confesamos que Jesús es Señor, aunque nuestras decisiones continúen gobernadas por el miedo, la comodidad o el deseo de reconocimiento.

Frente a ella, Bonhoeffer habla de la gracia costosa. Su costo no significa que debamos comprar el amor de Dios mediante nuestras obras. Significa que la gracia nos alcanza y, al mismo tiempo, nos llama a seguir a Cristo. El perdón recibido nos introduce en una vida nueva y comienza a formar el carácter a la manera de Jesús; no funciona como permiso para continuar igual.

En el centro de El seguimiento se encuentra el Sermón del Monte. Bonhoeffer entiende sus palabras como una invitación concreta a la obediencia: amar al enemigo, decir la verdad, renunciar a la venganza, reconciliarnos, compartir los bienes y confiar en Dios.

La obra fue publicada en 1937, cuando la Iglesia alemana enfrentaba la presión del nacionalismo, el racismo y la ideología nazi. En ese escenario, Bonhoeffer insistía en que la fe cristiana no podía reducirse a identidad religiosa, pertenencia institucional o adhesión doctrinal. Confesar a Cristo implicaba obedecerlo.

La espiritualidad responsable comienza cuando dejamos de utilizar la teología para aplazar la obediencia.

Podemos conocer las palabras de Jesús y convertirlas en ideas admirables. Podemos debatir su significado, estudiar su contexto y relacionarlas con otras doctrinas. Llega, sin embargo, un momento en que debemos decidir qué haremos con ellas.

Para llevarlo a la vida

Escoge una enseñanza de Jesús que hayas admirado durante mucho tiempo, pero que todavía te cueste practicar.

Podría ser buscar la reconciliación con alguien, dejar de hablar de una persona a sus espaldas, compartir tus recursos, recibir a quien suele quedar fuera, cumplir una promesa, reconocer una mentira o renunciar a una forma de poder que perjudica a otros.

Formula una acción concreta y realizable. La responsabilidad cristiana suele comenzar con un paso que nadie más puede dar en nuestro lugar.

2. Aprende a mirar la realidad antes de actuar

Muchas decisiones equivocadas se toman en nombre de principios correctos.

Podemos defender la verdad de una manera que destruya a una persona. Podemos exigir obediencia dentro de una institución mientras ignoramos el abuso. Podemos proteger una tradición mientras abandonamos a quienes están siendo heridos. Podemos hablar de unidad para silenciar el conflicto o utilizar el perdón para impedir que alguien responda por el daño causado.

En Ética, Bonhoeffer cuestiona la idea de que la vida moral pueda resolverse aplicando mecánicamente una serie de principios abstractos. Su reflexión comienza con una preocupación distinta: cómo puede hacerse presente, en medio de la vida concreta, la realidad de Dios revelada en Jesucristo.

De allí surge una ética de la realidad y de la responsabilidad.

Esta perspectiva no relativiza la verdad ni entrega las decisiones a la conveniencia. Reconoce, más bien, que las personas, las relaciones y los acontecimientos no son problemas teóricos. Una norma correcta puede utilizarse de manera irresponsable cuando se ignoran el contexto, la desigualdad de poder o las consecuencias que recaerán sobre otros.

La fidelidad exige mirar con atención lo que verdaderamente está ocurriendo.

Para Bonhoeffer, Cristo no es una idea religiosa añadida a la realidad. En Jesucristo, Dios se ha vinculado con la humanidad y ha entrado en el mundo concreto. Por eso, discernir cristianamente implica mirar la vida desde aquel que se acercó a las personas heridas, cuestionó a quienes utilizaban la ley para oprimir y puso en el centro a quienes permanecían en los márgenes.

Una espiritualidad que se niega a conocer los hechos termina protegiendo sus propias ilusiones.

Antes de opinar sobre la pobreza, necesitamos escuchar a quienes viven con ella. Antes de hablar sobre migración, conviene conocer las historias de las personas migrantes. Antes de intervenir en un conflicto comunitario, debemos escuchar las distintas voces. Antes de defender una institución, necesitamos preguntarnos quién está pagando el costo de conservarla tal como está.

Para llevarlo a la vida

Cuando enfrentes una decisión importante, detente ante cuatro asuntos:

¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Quiénes cargarán con las consecuencias? ¿Qué voces todavía no he escuchado? ¿Qué decisión protege mejor la vida y la dignidad del prójimo?

La oración no reemplaza este proceso. Debería liberarnos de la prisa, los prejuicios y la necesidad de tener razón para ayudarnos a mirar la realidad con mayor honestidad.

3. Permite que la comunidad corrija tu manera de creer

La responsabilidad cristiana rara vez se aprende en aislamiento.

Entre 1935 y 1937, Bonhoeffer dirigió un seminario de la Iglesia Confesante en Finkenwalde. Allí formaba a jóvenes pastores para ejercer el ministerio bajo la vigilancia y la presión del régimen nazi. Su propuesta combinaba estudio bíblico, oración, confesión, vida compartida, disciplina espiritual y servicio cotidiano. De aquella experiencia nació Vida en comunidad.

Bonhoeffer sabía que una comunidad cristiana podía convertirse en un espacio de competencia, control y frustración. Las personas pueden amar más su idea de comunidad que a la gente concreta con la que comparten la vida. Cuando eso ocurre, cualquier persona que no se ajuste al ideal termina siendo percibida como un problema.

La comunidad cristiana no existe para confirmar todos nuestros deseos ni para rodearnos únicamente de quienes piensan como nosotros. Cultivar la comunidad y la hospitalidad también implica recibir a quienes cuestionan nuestras certezas y exponen nuestros límites. También confronta nuestro ego, muestra nuestros límites y nos enseña a recibir al otro como alguien que pertenece a Cristo.

En Vida en comunidad, Bonhoeffer describe varios servicios que cualquier creyente puede ofrecer: escuchar, colaborar en las tareas más pequeñas, soportar las cargas ajenas, interceder y confesar los pecados. Consideraba la escucha como una de las primeras formas del servicio cristiano. Quien no sabe escuchar al prójimo difícilmente aprenderá a escuchar a Dios.

También sostenía que la fortaleza de una comunidad se revela en el lugar que concede a sus integrantes más débiles. Cuando una comunidad percibe la fragilidad como una molestia, termina organizándose alrededor de la utilidad, el rendimiento y el poder.

Nuestra época ofrece muchas posibilidades para expresarnos y pocas oportunidades para ser corregidos. Construimos espacios digitales donde escuchamos versiones amplificadas de nuestras propias ideas. Podemos confundir el número de personas que nos siguen con la calidad de nuestras convicciones.

Una fe responsable necesita relaciones donde podamos hablar sin máscaras y escuchar palabras que no controlamos.

Eso incluye permitir que alguien nos diga que hemos sido duros, que estamos justificando una conducta, que nuestra versión de los hechos es incompleta o que nuestras decisiones están perjudicando a otra persona.

La corrección cristiana no equivale a la humillación ni a la vigilancia espiritual. Surge dentro de relaciones sostenidas por la gracia, la verdad y el compromiso mutuo.

Para llevarlo a la vida

Busca a una persona madura y confiable y pregúntale con claridad: «¿Existe algo en mi manera de actuar que debería revisar?».

Escucha sin defenderte inmediatamente.

También puedes practicar alguno de los servicios cotidianos mencionados por Bonhoeffer: dedicar tiempo a escuchar sin ofrecer soluciones apresuradas, realizar una tarea poco visible, acompañar a alguien que atraviesa una carga o reconocer directamente el daño que has causado.

La comunidad comienza a formarnos cuando deja de ser una audiencia y se convierte en un lugar de verdad.

4. Hazte responsable de quienes quedan bajo la rueda

Una espiritualidad madura y comprometida no puede limitarse al cuidado de la vida interior. También debe preguntarse qué responsabilidad tiene ante las víctimas de decisiones políticas, sociales e institucionales.

En abril de 1933, pocos meses después de la llegada de Hitler al poder, Bonhoeffer escribió el ensayo «La Iglesia ante la cuestión judía».

Allí planteó tres formas de responsabilidad eclesial frente a la injusticia del Estado. La Iglesia debía preguntar si el Estado estaba actuando legítimamente, ayudar a las víctimas —fueran o no cristianas— y, en determinadas circunstancias, intervenir para detener la maquinaria que las estaba destruyendo. Esta tercera posibilidad sería recordada mediante la imagen de colocar un obstáculo entre los radios de una rueda.

El planteamiento fue notablemente temprano, pero el ensayo debe leerse con sentido crítico. El texto conserva presupuestos antijudíos heredados de la tradición cristiana europea, incluida la expectativa de la conversión de los judíos. Bonhoeffer nunca abandonó explícitamente esta perspectiva en sus escritos.

Reconocer esta limitación evita convertirlo en una figura perfecta. También muestra que quienes se enfrentan a una injusticia pueden conservar cegueras propias de su tradición y de su tiempo.

La responsabilidad cristiana exige algo más que buenas intenciones.

Atender a las víctimas de la rueda es indispensable. Dar alimento, ofrecer refugio, acompañar emocionalmente, proteger a la niñez y sostener a quienes sufren forman parte del evangelio.

También debemos preguntar quién construyó la rueda, qué la mantiene girando, quién se beneficia de ella y qué decisiones podrían detenerla.

Una comunidad cristiana puede repartir alimentos sin preguntarse por qué tantas familias pasan hambre. Puede acompañar a personas migrantes mientras repite discursos que las deshumanizan. Puede orar por una persona abusada y, al mismo tiempo, proteger la reputación de quien abusó. Puede ofrecer ayuda después de un desastre, pero ignorar las desigualdades que hacen que ciertos sectores sufran mucho más que otros.

Bonhoeffer no separa la espiritualidad de la responsabilidad pública. En sus cartas desde la prisión, su reflexión se orienta hacia Cristo como aquel que existe para los demás. De esa visión se desprende una Iglesia que no busca ante todo preservarse, sino que permanece abierta al mundo y solidaria con quienes sufren.

Su vida interna se sostiene mediante la oración, la adoración y los sacramentos. Su presencia pública se reconoce por el servicio, la justicia y la paz.

Para llevarlo a la vida

Identifica una situación de sufrimiento cercana y obsérvala desde tres niveles.

Primero, la persona: ¿quién necesita acompañamiento inmediato?

Segundo, la comunidad: ¿qué redes de cuidado pueden activarse?

Tercero, la estructura: ¿qué prácticas, decisiones o relaciones de poder están produciendo o agravando este daño?

Después, elige una acción en cada nivel. La caridad atiende las heridas; la responsabilidad también procura que dejen de producirse.

5. Actúa sin convertir tu pureza moral en un refugio

Algunas personas no actúan por indiferencia. Otras permanecen inmóviles porque quieren estar completamente seguras de no equivocarse.

Esperan una decisión sin riesgos, sin consecuencias imprevistas, sin ambigüedad y sin posibilidad de culpa. Mientras esperan, otras personas continúan soportando el daño.

Bonhoeffer escribió los manuscritos que formarían Ética durante la Segunda Guerra Mundial, mientras se encontraba vinculado a la resistencia alemana. La obra quedó inconclusa debido a su arresto.

En uno de sus apartados centrales, dedicado a la estructura de la vida responsable, desarrolla varias dimensiones de la responsabilidad: actuar en representación de otros, responder de acuerdo con la realidad, aceptar la posibilidad de culpa y ejercer una libertad vinculada a Dios y al prójimo.

La disposición a cargar con culpa es uno de los aspectos más difíciles de su pensamiento.

Esta idea no concede permiso para justificar cualquier acción en nombre de una causa superior ni ofrece una defensa general de la violencia. Bonhoeffer reflexiona desde circunstancias extremas, cuando las instituciones, las leyes y los deberes habían sido utilizados para sostener un régimen criminal.

En semejantes situaciones, cumplir órdenes podía convertirse en complicidad. Proteger la propia reputación moral podía significar cerrar los ojos ante el sufrimiento. La persona responsable debía decidir sin esconderse detrás de la autoridad, la costumbre, el deber o la necesidad de considerarse inocente.

Su crítica alcanza a quienes protegen su virtud privada retirándose de toda controversia pública. Cerrar los ojos ante la injusticia no conserva la inocencia; solamente evita reconocer la propia responsabilidad.

La persona responsable actúa delante de Dios y en relación con el prójimo. Asume que sus decisiones podrán ser examinadas, cuestionadas y corregidas. También reconoce que la gracia no elimina la rendición de cuentas.

En la vida cotidiana enfrentamos decisiones en las que ninguna alternativa está libre de pérdidas. La propia decisión de Bonhoeffer de regresar a Alemania en 1939 muestra hasta qué punto entendía la responsabilidad como la disposición a compartir el destino de su pueblo.

Un liderazgo puede tener que reconocer públicamente una crisis que afectará la imagen de una organización. Una familia puede verse obligada a establecer límites dolorosos para proteger a uno de sus miembros. Una comunidad puede tener que denunciar a una persona apreciada. Alguien puede decidir abandonar un espacio que ama porque permanecer allí implicaría colaborar con prácticas dañinas.

La responsabilidad no promete que saldremos intactos de cada decisión.

Nos pide orar, escuchar, examinar los hechos, considerar a quienes tienen menos poder y actuar. Después debemos aceptar la evaluación de otros, reconocer nuestros errores, reparar los daños que hayamos causado y confiar en la gracia de Dios.

Para llevarlo a la vida

Ante una decisión compleja, evita dos extremos: actuar impulsivamente o esperar una certeza absoluta que nunca llegará.

Busca consejo. Examina tus motivaciones. Considera las consecuencias para las personas con menor poder. Decide dentro de un plazo razonable. Comunica tu decisión con honestidad. Mantente dispuesto a corregir el rumbo y a pedir perdón.

Rendir cuentas también forma parte de la decisión.

na fe que responde

Vivir responsablemente no significa asumir que podemos resolver todos los problemas ni convertirnos en salvadores de quienes nos rodean.

Significa reconocer que nuestra vida es una respuesta.

Respondemos a Dios mediante la forma en que usamos nuestra libertad. Respondemos al prójimo mediante nuestras decisiones, silencios y compromisos. Respondemos a la historia al decidir si nos adaptaremos a sus injusticias o participaremos en su transformación.

Bonhoeffer no propone una espiritualidad construida alrededor del heroísmo individual. La oración, la Escritura, la comunidad, la confesión y el servicio sostienen la acción responsable. Sin estas prácticas, la responsabilidad puede degradarse en arrogancia, agotamiento o fanatismo. Cuando la vida espiritual se utiliza para escapar del mundo, pierde también su vínculo con Jesucristo.

La fe responsable puede comenzar de maneras discretas: cumplir una promesa, escuchar a quien ha sido ignorado, proteger a una persona vulnerable, interrumpir una mentira, reconocer una falta, abrir la mesa o cuestionar una práctica institucional.

En otros momentos exigirá tomar posición, asumir costos y caminar sin garantías.

Seguir a Cristo significa permanecer delante de Dios, junto a los demás y dentro de la historia. Allí, en medio de decisiones reales, la espiritualidad deja de funcionar como refugio y se convierte en una manera de responder con toda la vida.

Referencias

Bonhoeffer, Dietrich. El precio de la gracia.

Bonhoeffer, Dietrich. Vida en comunidad.

Bonhoeffer, Dietrich. Ética.

Bonhoeffer, Dietrich. Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio.

Bonhoeffer, Dietrich. «The Church and the Jewish Question» (1932-1933).








martes, julio 28, 2026

Música para la Solidaridad II

3/ Canción a Belén María
2/ Rodrigo del Pozo recomienda Nach: Cadenas

 1/ Alejandro Abrante recomienda Locos

Ernesto Brotons: Documento El corazón habla al corazón

Ernesto Brotons con el comic de Rovirosa (2015)
con amigos de Encuentro y Solidaridad

BIENAVENTURANZAS DE LA VIDA


Miguel Angel Mesa.

Felices quienes no han vendido su conciencia, ni su solidaridad de clase, ni su intima creencia en la igualdad y la justicia.

Felices quienes no son dogmáticos y se dejan interpelar por la nueva situación económica y social de los demás trabajadores en el mundo.

Felices quienes luchan por mejorar las condiciones económicas y sociales de sus compañeros de trabajo.

Felices quienes se muestran creativos a la hora de denunciar las injusticias y conseguir así las mejores soluciones a los conflictos laborales.

Felices quienes se implican con lealtad para que los sindicatos cumplan con su deber de ser auténticos portavoces y defensores de los trabajadores.

Felices quienes se enfrentan con deferencia, pero sin sumisión y con dignidad ante las directivas de las empresas que intenten aprovecharse de sus trabajadores.

Felices quienes dedican su tiempo, sus energías, sus capacidades para asesorar a los trabajadores, para crear conciencia y unión entre ellos.

Felices quienes están siempre cerca con el corazón, con la vida y con los hechos, a los trabajadores más vulnerables, y en contra de quienes los opriman, porque también Dios está de su parte, ya que “derriba de su trono a los poderosos y enaltece a los humillados”.

domingo, julio 26, 2026

Radiografía de más de 10.000 eutanasias en Países Bajos: las carencias del sistema sanitario pueden aumentar las peticiones




Los problemas asistenciales en casos complejos de salud mental, la falta de personal y los recortes salen por primera vez como factores indirectos que facilitarán el incremento de esta práctica en el país pionero

Isabel Ferrer/ELPAÍS

Países Bajos, pionero en el mundo en la regulación de la eutanasia en 2002, apunta por primera vez un factor que puede contribuir a su aumento: las carencias del sistema sanitario. En particular, los problemas en la atención a casos complejos de salud mental y la falta de personal en la asistencia a domicilio a mayores y enfermos terminales. En los 24 años de vigencia de la ley, se ha pasado de 2.000 casos en 2003 a 10.000 en 2025, cuando supuso cerca del 6% del total de fallecimientos a escala nacional.

La advertencia sobre el hecho de que la presión soportada por la Sanidad “puede favorecer o reforzar indirectamente los deseos de eutanasia” figura en un informe científico elaborado a petición del Gobierno para evaluar el incremento experimentado desde que se autorizó su aplicación, así como la del suicidio asistido a petición de un paciente. Hay otros elementos de mayor peso que los recortes en Salud, como el envejecimiento de la población y una mayor autonomía del paciente, que quiere ejercer mayor control sobre su vida y muerte. Pero aunque la eutanasia se evalúa cada cinco años, no se había analizado hasta ahora por qué estaba subiendo.

El estudio ha sido llevado a cabo por el Centro Médico Universitario Radboud, de la ciudad de Nimega, en colaboración con sus homólogos de Utrecht y Ámsterdam, y su directora, Els van Wijngaarden, dice que observa “una subida en las peticiones de eutanasia que podría estar ligada, en parte, a los retos afrontados en ciertas áreas del sistema sanitario”.

Hasta ahora, ese desafío había sido abordado en artículos académicos y debatido por parte de la opinión pública, según explica. Como especialista en significado del final de la vida y ética, señala, en conversación telefónica, que “estos resultados representan una oportunidad para seguir investigando cómo pueden paliarse los fallos potenciales del sistema de salud, sobre todo en lo relativo a las enfermedades psiquiátricas”.

La experta califica este factor como “una pequeña pieza de la explicación global”. Al mismo tiempo, advierte de que los servicios de salud “deben equilibrar la atención prestada a los padecimientos mentales para los que es difícil proporcionar un tratamiento adecuado, o esto se convertirá en un problema”. Cree que eso preocupa a todas las instancias implicadas en la sanidad: “Asegurarse de que seguimos invirtiendo en procedimientos especializados en los próximos años”.

En conjunto, el informe atribuye el ascenso de la eutanasia a una “consecuencia lógica de la adaptación de la práctica a los cambios en la población”, ya que esta envejece y hay mayor número de personas que viven más tiempo con enfermedades crónicas. La muerte asistida solo se puede aplicar cuando el sufrimiento es insoportable y sin posibilidad de cura, y con la petición lúcida y repetida del afectado.
El cáncer ha ido bajando en los últimos años entre las razones para solicitarla. En los últimos 24 años, este ha pasado de suponer cerca del 90% de los casos a sumar un 54%, según este trabajo. Es más de la mitad de todas las llevadas a cabo, pero han ganado terreno otros motivos. Entre ellos, una combinación de patologías, la demencia, la acumulación de dolencias propias de una edad avanzada y los trastornos mentales.

En 2025, la RTE recibió 10.341 notificaciones: un 3,8% más respecto a 2024. Los médicos que no deseen llevarla a cabo, tengan dudas sobre el caso en cuestión o consideren que no están preparados, pueden remitirlo a otro colega. También, al Centro de Expertos en Eutanasia (Expertisecentrum Euthanasie), que aborda los expedientes más difíciles. Ese mismo año, la eutanasia se practicó a 174 personas con uno o varios trastornos psíquicos; en 2024, estos casos fueron 219, según la Comisión que analiza la práctica de la eutanasia a escala nacional (RTE, en sus siglas neerlandesas). Si el practicante vulnera los criterios legales, en cualquiera de los supuestos, puede cometer un delito castigado hasta con 12 años de cárcel, pero no están obligados a practicarla.

“La eutanasia no es un derecho del paciente, y tampoco un deber del facultativo”, recuerda Van Wijngaarden. “Es una excepción legal. Una práctica médica extraordinaria, aunque el hecho de que la gente firme testamentos vitales donde lo deja escrito puede crear esa expectativa”. Por eso le parece muy importante que haya un debate público “sobre todo en casos de enfermedad mental, para asegurarnos de que las estructuras sanitarias están preparadas y que las personas cuenten con el mismo acceso a los recursos adecuados”.
Gert van Dijk, especialista en ética de la Real Asociación Médica Neerlandesa (KNMG), reconoce que el informe aborda “los problemas psíquicos, un tema muy delicado”. Y que los autores muestran “la preocupación de que la falta de cuidados adecuados en este campo pueda ser una de las causas por las que se pide la eutanasia”. Subraya, de todos modos, que se trata de “una advertencia, porque también sabemos que existe cierta inquietud entre la ciudadanía respecto a la asistencia que recibirán en la ancianidad”. Y asegura que los cuidados paliativos “son buenos en Países Bajos y el nivel de conocimientos en este campo es alto”.
Van Dijk atiende a EL PAÍS por videoconferencia junto a la médico de atención a personas mayores, Mieke Draijer, miembro de la junta directiva de KNMG. Ella confirma “los altos estándares de atención sanitaria nacional, si bien prevemos escasez de profesionales en el futuro”. Debido a ello, hay cuidados que se realizan a domicilio, “y la falta de personal le preocupa a la gente, aunque el aumento general de la eutanasia responde a un conjunto de factores, además de esa inquietud”, recalca.

Otro de los elementos marcado por el informe es el énfasis puesto por la población en la calidad de vida y de la muerte, y en el hecho de que quieran tener cada vez más control sobre ambas. “La percepción del sufrimiento está cambiando y la autonomía personal es un concepto muy importante en este país”, declara Van Dijk. Por su parte, Draijer dice haber practicado dos eutanasias a lo largo de más de treinta años de carrera, y apunta que “a un médico se le brinda la oportunidad de ofrecer una buena vida a las personas”. “No una vida larga, sino buena”, añade.

En todas las ocasiones, debe consultar con un colega independiente antes de tomar una decisión. En la salud mental, dos facultativos comprueban si todo está en orden, “y solo lo haces cuando crees que no hay otra forma de ofrecer remedio al dolor, a la agonía”. “Es el último recurso y es un procedimiento intenso y bastante complicado”, reconoce Draijer.

Van Dijk interviene en este punto para decir que, en pacientes psiquiátricos, el protocolo ha cambiado “y ahora es necesario que un comité multidisciplinar examine el caso para que se analice también el entorno en el que vive el afectado”. Los cambios sociales descritos por el informe alcanzan a la carrera de Medicina. “Hace 24 años, no les enseñábamos nada sobre la eutanasia. Ahora, si te conviertes en médico de cabecera [que practican el 80% de los casos] se lo explicamos todo”, asegura.

Ambos expertos consideran que el incremento de la eutanasia “no es un problema moral, sino un cambio social”. Les importa que el procedimiento “sea transparente y con cautela; que los médicos hagan lo correcto y se apoyen en sus colegas; y el paciente pueda elegir”. Els van Wijngaarden concluye diciendo que “solo se puede tener un buen sistema de eutanasia si la sanidad funciona correctamente en todas partes”.

sábado, julio 18, 2026

Las creencias del entrenador de España


Las palabras sobre la oración del entrenador de fútbol de España me vienen al pelo para hablar de algo, sobre lo que dialogo con muchas personas y que es uno de mis más profundos centros de interés.

Llama muchísimo la atención a todo el que lo haya oído contar aquello de Francisco de Asís que decía: Hay que salir a predicar, a veces incluso con las palabras. Y nos llama la atención. Porque a cualquiera nos parece que la forma habitual de predicar es hablar, expresarse, decir. Incluso, a veces tengo la sensación de que confundimos conversar con dialogar. Y dialogar es mucho más que conversar. Hay una forma magistral de diálogo que es el diálogo vital.

Y en este sentido, valoramos que un personaje público como un triunfante entrenador de fútbol diga que él reza. Y valoramos más aún que señale que no reza para pedir ganar sino que reza porque vive. Y que reza más por la salud que por la victoria

Sin embargo, deberíamos de preguntarnos también si la misma lógica por la cual el cree que no puede pedir la victoria no nos llevaría de hecho a no pedir la salud. Este miércoles me pasó algo que me ha pasado muchas veces. Una persona que, además de creer comulga, me decía: "Yo le digo a Dios ¿cuánto me queda por pasar? Porque llevo un año".

Lógicamente, en ese momento, apenas dije nada, poco más que un gesto de compresión. Pero sí diré a V., en otro momento, que la salud no es signo de la presencia de Dios. Quizá porque he tenido la enfermedad bien cerca. O por lo que sea. Dios es hermano, compañero, amigo, fuerza, salvación, pero no un agente de salud en el sentido estricto del término.

Yo me alegro de que haya personajes públicos confesantes de su fe. Pero no me alegro de que una oración acompañara la salida del Enola gay antes de tirar la bomba atómica. Ni de ver la cruz del miércoles de ceniza sobre la frente del confesante secretario de estado de Trump. No me gustan palabras confesantes que se quedan a medias. Palabras confesantes exigen vidas confesantes. Nada mejor que el amor desvela nuestra fe.