jueves, abril 30, 2026

LA IGLESIA COMO OBSTACULO Y CAMINO* - J. LOEW


Dios no ha venido a suprimir el sufrimiento,
Tampoco ha venido a explicarlo;
Ha venido a llenarlo con su presencia
(Paul Claudel)


Jesús dijo: “Mi reino se parece una pequeña semilla plantada en el suelo… Para que crezca, ha de aceptar morir en tierra, pero pronto se convierte en el árbol muy grande en cuyas ramas hacen sus nidos las aves del cielo”.

La semilla es el mismo Jesús y su muerte en la cruz ha sido el nacimiento de la Iglesia. Desde entonces, la vida toda de Dios pasa a la Iglesia como la semilla hace pasar toda su vitalidad al árbol inmenso que nace de ella y se hace una sola cosa con ella.

Árbol y semilla no son dos cosas, sino sólo una. De la misma forma, los cristianos son uno con Jesús. La semilla contiene ya en germen todo el árbol: Jesús se desarrolla en los cristianos.

Pero ha habido transeúntes estúpidos que han dejado sobre ese tronco sus huellas nada hermosas. Han grabado en él, con sus navajas, frases tontas, y no ha faltado quien diese algún hachazo. El polvo y la basura han manchado y, a veces, han deshonrado al árbol y a sus inmediaciones. Está lleno de líquenes y de parásitos. Sin embargo, bajo la corteza estropeada, la savia asciende todavía pujante y fuerte.

También el gran árbol de la Iglesia está, a veces, desfigurado. Cada época deja en él su huella, su mentalidad, sus alegrías, su fealdad, sus miserias y sus dramas.

Un siglo de intolerancia generalizada y nos encontramos en la Inquisición. Una época de fanatismo y nacen las guerras religiosas. El interés político se disfraza y tenemos las matanzas de san Bartolomé, mientras suenan las campanas de san Germán de Auxerre.

Pero la Iglesia es más fuerte que el mal y los poderes de la muerte no podrán con ella. Su vida es indestructible porque es la vida del mismo Cristo.

Es un misterio el punto de unión de las dos verdades, un misterio que no alcanzamos, aunque comprendamos separadamente esas verdades.

En el encuentro de Dios y el hombre hay siempre un misterio: este Dios al que comprendemos tan inmenso y por encima de todo; y el hombre que, al mirarnos a nosotros mismos, sabemos que mediocre y ordinario es. ¿Cómo puede realizarse tal unión?

El punto que Dios ha escogido para unirse a nuestra humanidad a lo largo de toda la historia, es la Iglesia. Sólo la dimensión del infinito amor de Dios puede hacer creíble un designio semejante.

Es un misterio esta Iglesia que se mezcla con el pecado de sus hijos, pero como quien se mezcla con el enemigo con el que lucha hasta el fin de los tiempos.

Misterio, esta Iglesia santa que no es una Iglesia ideal, pero que es, sencillamente, la Iglesia de la historia, el cuerpo de Cristo que se prolonga en la humanidad.

Misterio, la Iglesia, que es extensión, comunión, supervivencia de Jesús de Nazaret, y que se continúa en la Iglesia de Pedro, en la Iglesia de Roma.

Misterio, una Iglesia cuyo tronco es solidario de la historia terrestre, pero cuya cima está ya en el cielo. Una Iglesia a la vez santa y compuesta de miembros pecadores.

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* Es un capítulo del libro que aparece en la foto

Trabajando aprendió Jesús a ser Cristo (1 de Mayo)


Xavier Pikaza/Facebook

Mc 6, 3 le llama tekton o artesano, obrero de la construcción (cantero, carpintero, albañil...), un galileo sin propiedad (herencia), que debe vender su trabajo, conforme a la oferta y demanda del mercado, en un mundo de dura carencia. No era simplemente tekton (un artesano), sino ho tekton, con artículo definido, el artesano de Nazaret, alguien que vive del trabajo y sueldo de otros. 

Antes de llamarse el Cristo ha sido el tekton, y su situación implicaba una fuerte disonancia, ya que no respondía a lo que Dios había “prometido” a su pueblo, pues no dependía de sí mismo (y de Dios), sino del trabajo que otros quisieran ofrecerle. De todas formas, su misma situación le permitió conocer cosas que ignoraban los sabios de escuela y los sacerdotes del templo. Antes que por vocación fue marginal por haber nacido en un mundo cada vez más controlado por escribas, sacerdotes y miembros de una aristocracia que había pactado con Roma) . 

1. Un proyecto económico desde la marginación. Era un campesino obligado a vender su trabajo para así vivir y/o mantener a su familia, y, de esa forma, cuando habla de “pobreza” y llama bienaventurados a los ptojoi (mendigos sin nada), Jesús está evocando su propia situación de marginado económico, que conoce y comparte la suma pobreza de las gentes de su entorno. No es un marginal alejado de la vida, sino un marginado que se enfrenta a los poderes causantes de la marginación y los rechaza, para superarlos, no para mejorar el sistema con pequeños retoques, sino para recrearlo totalmente, desde aquellos que, como él, carecen de tierra y estabilidad económica.

No fue pensador de tiempo libre, experto en pequeñas mejoras, sino profeta en un mundo de opresión, decidido a proclamar e iniciar el camino del Reino, como los hombres de un mercado de trabajo sin trabajo (cf. Mt 20, 1-16). Su mensaje no fue un “lujo espiritual” desconectado de la realidad, sino una propuesta de transformación para la vida en un contexto de muerte. Quizá trabajó en un tiempo al servcio del rey Antipas, en sus nuevas ciudades (en Séforis, junto a Nazaret; o en Tiberíades, a la vera del lago), o de otros propietarios. Ciertamente, pudo tener más movilidad y más conocimiento que un agricultor propietario (atado a su tierra), pero dependiendo de otros .

Los artesanos de Galilea se parecían a los hebreos de Egipto, no tenían seguridad material o social, pues habían perdido o estaban perdiendo la “herencia de Dios” (tierra). No tenían patrimonio (vinculado al patriarcado), ni tierras para herencia, pues carecían de herencia y de casa (estructura familiar). Desde ese fondo, planeó Jesús la revolución de Reino. Posiblemente, como heredero de una familia de Belén, Jesús se sentía portador no sólo de la promesa de Abrahán (familia, tierra), sino también de la esperanza de David, que incluye la posesión de una tierra, de la que todos han de ser propietarios, compartiendo el don del Reino. Pero, al mismo tiempo, era de la gran masa de hombres y mujeres que habían perdido la tierra y parecían expulsados de la herencia de Abrahán y David, teniendo que reinterpretar su experiencia israelita. En ese contexto es bueno precisar el sentido de “clase” social, su lugar en la economía del mundo .

2. Comerciantes y campesinos, una sociedad de clases. Los campesinos y pastores del principio de Israel habían desarrollado una agricultura de subsistencia, con intercambio directo de bienes; pero, en un momento dado, con el despliegue de la monarquía y el auge de poder económico-social del templo, surgió una clase especial de burócratas mercantiles, al servicio de las élites político/religiosas, que controlaban la riqueza:

‒ Los mercaderes como “clase” dependen del trabajo productor de agricultores, pastores y obreros, pero de tal forma lo controlan que acaban haciéndose dueños de sus beneficios. Frente al trabajo que produce bienes, surge y se desarrolla el dinero del mercado, de manera que el valor primario no es ya la persona, ni el trabajo o la familia, ni las relaciones directas, sino el Capital Mammón, dios objetivado, diablo verdadero (cf. Mt 6, 24).

‒ Los mercaderes con dinero, con los “reyes” y funcionarios superiores y los sacerdotes (que sacralizan de algún modo ese dinero), se hacen árbitros de la sociedad y dirigen el proceso real de la producción y distribución de bienes. Así se relacionan con un dinero que, por un lado “pertenece al César” (cf. Mc 12, 16-17), pero que, por otro (¿al mismo tiempo?), tiende a convertirse en Mammón sobre el mismo César (Mt 6, 24).

No parece que Jesús haya sido un purista antimonetario, ni un reformador económico sin más, pues no ha condenado directamente a los comerciantes (como supone EvTom 67), pero ha querido poner el comercio y dinero al servicio de la vida (de los pobres), de un modo gratuito (por comunicación directa), iniciando un cambio intenso, no una pequeña reforma en el pueblo .

‒ El símbolo ideal de Jesús era una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), de agricultores, pastores (y pescadores), compartiendo bienes y trabajos. Parece difícil pensar que en ese “imaginario” cupiera la existencia de liberados para servicios religiosos (sacerdotes/levitas), que recibirían una parte de la producción de otros (los diezmos), sin volverse por ello superiores.

‒ Pero de hecho gran parte de los agricultores se habían ido convirtiendo en campesinos sometidos, al servicio de una estructura político-monetaria, centrada en las ciudades (en Roma), en un proceso que estaba culminando en aquel tiempo en Galilea. En general, ellos quedaron “controlados” por los mercaderes (comerciantes), de manera que muchos agricultores se volvieron campesinos sin campo, perdiendo así su autonomía, bajo el control de unas ciudades y/o de unos comerciantes, que poseían/consumían gran parte de su producción .

3. De artesanos a excluidos. Jesús se ha ocupado de esos campesinos sin campo, renteros, braceros o artesanos al margen de la sociedad y de los pobres (mendigos, enfermos…), y también de los huérfanos, viudas y extranjeros de la ley fundamental del Pentateuco, cuya situación he precisado al ocuparme del Antiguo Testamento, (cf. Mt 25, 31-46) . Por eso es bueno precisar la situación que ellos tenían:

‒ Podía haber artesanos asentados e incluso ricos, clientes del sistema político, económico y/o religioso al que sostenían. Ellos actuaban en general como operarios al servicio de gobernantes, ciudades y/o templos, como el de Jerusalén, con miles de obreros privilegiados quienes, como es normal, no respaldarán a Jesús pues se encuentran bien con su trabajo.

‒ Pero la mayoría eran marginados, itinerantes sin estabilidad, eventuales al servicio de agricultores más ricos o de comerciantes. Entre éstos parece haberse hallado Jesús, que no ha sido (presumiblemente) obrero de la construcción del templo de Jerusalén, ni de las ciudades y cortes de los reyes galileos, dependiendo de un “mercado” de trabajo inestable o sin medios fijos de subsistencia.

En el último escalón había grupos y gentes que se hallaban fuera del esquema anterior, y no se podían llamar ni siquiera pobres, es decir, trabajadores con pocos recursos (penes, penetes), sino ptojoi estrictamente dichos (por-dioseros, mendigos sin propiedad, extranjeros, enfermos, encarcelados). Entre ellos podemos distinguir tres grupos.

− Esclavos. Eran muchos en el Imperio de Roma, pero en el contexto rural de Galilea tenían menos importancia (casi ni existían). De manera consecuente, Jesús no ha iniciado una “rebelión de esclavos” (como Espartaco, el 71 a. C.), sino un movimiento de Reino, con campesinos, artesanos y mendigos.

− Impuros, degradados… No parece que en Galilea formaran una clase especial (como en la India), pero los hallamos con frecuencia en el evangelio, como enfermos (leprosos) y en especial como posesos o endemoniados, y quizá también como publicanos y prostitutas, que formaban el corazón del evangelio (mensaje) de Jesús

− Prescindibles. Son los que carecen de todo valor para el sistema, pues no tienen influjo ninguno, ni en un plano laboral, ni en un plano afectivo o simbólico (prostitutas envejecidas, enfermos abandonados, locos). Entre estos pobres en sentido estricto ha iniciado Jesús su movimiento de trasformación, es decir, de Reino 

Rafa Pascual: Jesús es la puerta (A, PASCUA IV)

martes, abril 28, 2026

Reflexionar para vivir 2

4/ Celeste Caeiro: La mujer que puso en marcha la Revolución de los claveles
3/ Moisés Mato: Al que lucha

2/ Facundo Cabral: Ahora

1/ Traumatóloga Geek: ¿Por qué se usa el verde en los quirófanos?

domingo, abril 26, 2026

¿Y hasta cuándo le vas a dar pecho?


Entre Mamás/FACEBOOK
🤱💬 “¿Y hasta cuándo le vas a dar pecho?”
La pregunta que nadie pidió…
pero todos hacen.
Y la verdad…
la respuesta es simple:
hasta cuando yo quiera…
y mi bebé también.
💭 Porque la lactancia no es tema público.
Es algo íntimo.
De dos.
No es solo alimento.
Es contacto.
Es calma.
Es vínculo.
Es refugio.
💛 Para muchos bebés…
el pecho no es costumbre…
es seguridad.
Pero aún así…
siempre aparecen las opiniones:
“ya está muy grande”
“lo vas a malacostumbrar”
“ya quítaselo”
😔 Como si criar tuviera reglas universales.
🔬 La realidad:
cada bebé es distinto.
cada mamá es distinta.
y no hay una sola forma correcta.
Algunos dejan el pecho pronto…
otros necesitan más tiempo.
✨ Y ambas están bien.
💭 El problema no es la lactancia…
es la presión.
Porque mientras una mamá intenta hacerlo lo mejor posible…
también tiene que cargar
con opiniones que nadie le pidió.
💛 Lo que una mamá necesita no es juicio…
es apoyo.
Respeto.
Información.
Acompañamiento.
Porque ya es bastante difícil…
como para estar dando explicaciones.
✨ A veces el mejor consejo es este:
si no es tu bebé…
no es tu decisión.
💬 Dime…
¿cuántas veces ya te preguntaron eso?

sábado, abril 25, 2026

María Montessori: eliminar premios y castigos


Ricardo Rambaudi/facebook

Para comprender por qué la propuesta de María Montessori de eliminar premios y castigos causó tal conmoción, debemos trasladarnos a la Italia de 1907, un mundo donde la infancia se consideraba una "imperfección" que debía corregirse mediante la fuerza. En aquel entonces, las aulas eran extensiones del cuartel, los niños permanecían anclados a bancos de madera pesados, obligados a la inmovilidad total bajo la amenaza de la palmeta, el rincón de la vergüenza o el escarnio público. El aprendizaje era un acto de sumisión, y el maestro, un dictador de verdades absolutas.
Cuando Montessori abrió la primera Casa dei Bambini en el degradado barrio de San Lorenzo, en Roma, rompió el contrato social de la educación de un solo golpe. Al observar a los hijos de obreros analfabetos, se dio cuenta de algo que escandalizó a los académicos de la época, el niño no es un ser caótico que necesita ser domesticado, sino un individuo con una "mente absorbente" que busca el orden de forma natural. Montessori decidió que, si el ambiente era el adecuado y el material despertaba el interés, el castigo se volvía innecesario y el premio, un estorbo.
El escándalo estalló cuando los inspectores y pedagogos de la vieja guardia visitaron sus salones. Esperaban encontrar el desorden propio de la falta de disciplina, pero se toparon con una escena que les pareció casi sobrenatural, niños de cuatro y cinco años moviéndose en silencio, concentrados en tareas complejas sin que nadie les gritara o les prometiera una medalla a cambio. Para la sociedad de principios del siglo XX, esto era peligroso. Se argumentaba que Montessori estaba criando rebeldes, pues un niño que no teme al castigo es un ciudadano que no podrá ser controlado fácilmente por el Estado o la Iglesia.
Históricamente, su enfoque fue una afrenta directa a la psicología conductista naciente, que veía al ser humano como un animal que solo reacciona al "palo y la zanahoria". Montessori demostró con datos y resultados que los premios destruyen la motivación intrínseca; el niño que trabaja por una estrellita dorada deja de interesarse en el conocimiento para interesarse solo en el trofeo. Esta revelación fue vista como una amenaza al orden jerárquico, ya que eliminaba la dependencia del niño hacia la autoridad externa para validar su propio valor. Al final, el tiempo le dio la razón: mientras los regímenes totalitarios de la época intentaban prohibir sus escuelas por considerarlas "demasiado libres", sus alumnos demostraban una capacidad intelectual y una autodisciplina que el método tradicional, con toda su violencia, nunca pudo alcanzar.

jueves, abril 23, 2026

HUSSERL Y LA CAPTACIÓN DIRECTA


Imagina que despiertas con un fuerte dolor de espalda y tu primera reacción es calcular cuántos analgésicos necesitas para calmar la molestia y comenzar la jornada laboral del día. El cuerpo se ha convertido en una máquina que requiere ajustes químicos. Una visita el fin de semana al bosque termina siendo una colección de fotos para redes sociales sin que recuerdes cómo olía la tierra húmeda o el pasto recién cortado. Estas escenas cotidianas Edmund Husserl, el matemático y filósofo alemán que revolucionó el pensamiento europeo a inicios del siglo XX, las habría diagnosticado como síntomas de una misma enfermedad cultural.
Por Redacción Nota Antropológica
El texto que Husserl publicó en 1911 en la revista Logos con el título La filosofía, ciencia rigurosa contiene una advertencia que hoy adquiere actualidad. Él sostenía que la civilización occidental había caído bajo el hechizo del naturalismo. ¿Qué significa esa palabra que suena a tratado académico del siglo antepasado? Significa exactamente lo que haces cuando abres la aplicación del smartwatch para ver cuántas calorías has quemado sin preguntarte si disfrutaste la caminata. Significa mirar un río contaminado y pensar primero en el costo del tratamiento químico para limpiarlo antes que en la pérdida del lugar donde pasabas durante la infancia.
Miguel García-Baró, responsable de la traducción más reciente de esta obra al español, explica que Husserl no escribía contra la ciencia sino contra una manera empobrecedora de entenderla. El naturalista —y todos podemos comportarnos como uno en diferentes momentos del día— contempla el mundo como si solo existieran piezas de un enorme rompecabezas físico gobernado por leyes exactas. Tu ansiedad no sería una experiencia con significado sino un desequilibrio de neurotransmisores. El canto del cenzontle no sería una presencia viva en la madrugada sino una vibración acústica medible en decibeles.
El filósofo señalaba que esta postura resulta insostenible porque se contradice a sí misma en la práctica. El médico que prescribe el antidepresivo confía en que existe una verdad objetiva sobre su efectividad y que actuar conforme a ella es bueno para su paciente. Si todo fuera solo química cerebral y condicionamiento evolutivo —razonaba Husserl— esas mismas convicciones del médico serían también meros subproductos de reacciones físicas sin valor real. La mano que escribe la receta estaría negando lo que la mente que la guía afirma implícitamente.
Pero el asunto va más allá de una discusión entre especialistas. Cuando reduces tu espalda adolorida a un problema de alineación vertebral que corrige el quiropráctico, ¿qué espacio dejas para entender el cansancio acumulado por semanas de presiones laborales sin descanso? La naturaleza física y la naturaleza que somos —nuestro cuerpo vivido, nuestra biografía inscrita en los músculos— se vuelven una sola cosa regida por el mismo principio de reparación técnica. Así como mandas ajustar el motor del automóvil, agendas una cita para que te ajusten las cervicales.
Husserl distinguía con precisión dos reinos que el naturalismo confunde peligrosamente. La piedra que cae, la hoja que se mece con el viento, el agua que hierve a cien grados existen como unidades que aparecen de maneras distintas según quién y cómo las observe; pero detrás de esas apariencias hay algo idéntico que permanece. Tu percepción del atardecer, en cambio, es exactamente lo que aparece en ese instante único. No hay un atardecer verdadero escondido tras el atardecer que ves. El río de tu conciencia —esa imagen que el filósofo usaba para describir el flujo de vivencias— no se puede seccionar en componentes físicos como quien desarma un reloj. Pretender que sí equivale a preguntar cuánto pesa la nostalgia.
La intuición de esencias era para Husserl una capacidad humana tan básica como oír un sonido. Consiste en captar aquello que hace que algo sea lo que es y no otra cosa. El color rojo, antes de medirse en longitudes de onda, es una cualidad que reconoces inmediatamente. La generosidad, antes de estudiarse en experimentos de psicología social, es una forma de presencia humana que intuyes cuando alguien comparte su comida sin esperar retribución. El problema, advertía el autor, es que el imperio del pensamiento naturalista nos ha ido dejando ciegos para este tipo de captación directa. Hemos cambiado el ver por el medir; y al hacerlo, hemos ido perdiendo la capacidad de respetar lo que las cosas valen por sí mismas.
Un bosque talado para construir un complejo habitacional deja de ser el lugar donde alguna vez escuchaste el crujir de las ramas bajo tus pies para convertirse en metros cuadrados de terreno urbanizable. Un río entubado pierde su condición de ser vivo que albergaba libélulas y renacuajos para volverse un problema de ingeniería hidráulica. La pregunta que Husserl nos obliga a enfrentar no es si debemos dejar de usar la ciencia para curar enfermedades o gestionar recursos. Sería absurdo renunciar a la anestesia o al tratamiento de aguas residuales. La cuestión es si ese saber técnico agota todo lo que podemos y debemos saber sobre nuestro estar en el mundo.
La fenomenología —esa ciencia de la conciencia pura que Husserl proponía como base de toda filosofía auténticamente rigurosa— no pide que abandonemos las clínicas o el laboratorio. Pide que recordemos que antes de ser pacientes con niveles de colesterol somos personas que desayunan con prisa, discuten con la pareja y sienten el vacío en el estómago antes de una decisión importante. Pide que antes de administrar un área natural protegida como quien lleva la contabilidad de un almacén, recuperemos la memoria de lo que significa mojarse los pies en un arroyo sin otro propósito que sentir el agua fría.
Husserl creía que su época atravesaba una carencia vital y es que las ciencias proporcionaban montañas de datos sobre el universo pero ninguna orientación para habitarlo. Hoy que podemos conocer en tiempo real la calidad del aire que respiramos y el ritmo cardíaco con el que subimos escaleras, la pregunta resuena con más fuerza que hace cien años. ¿Sabemos aún qué significa estar vivos o solo estamos monitoreando nuestras constantes vitales?
¿Has notado que a veces revisas más la pantalla del teléfono durante una comida que el rostro de quien se sienta frente a ti? Si este texto te hizo pensar en algún hábito cotidiano que podrías mirar con otros ojos, compártela déjanos una reacción para saber que estuviste aquí y sigue la página para enterarte de la siguiente Nota Antropológica.
Fuente: Husserl, E. (2009). La filosofía, ciencia rigurosa (Trad. M. García-Baró). Ediciones Encuentro. (Trabajo original publicado en 1911 en Logos).