sábado, abril 11, 2026

¿Por qué nos mentimos creyendo tener razón?


El peor engaño no viene de otros, sino de ti mismo. Estudios en psicología muestran que más del 80% de las personas sobrestima sus capacidades (efecto Dunning-Kruger). Es decir, no solo nos mentimos… sino que creemos tener razón. Ahí comienza la pérdida de contacto con la realidad.

Fyodor Dostoevsky lo entendió antes que la ciencia moderna: cuando repites una mentira interna, tu cerebro la normaliza. Este fenómeno, llamado “autoengaño cognitivo”, reduce la disonancia mental, pero distorsiona tu percepción. Te sientes mejor… pero entiendes peor lo que pasa.

El punto crítico llega cuando ya no puedes distinguir verdad de conveniencia. Investigaciones muestran que las personas justifican hasta un 90% de sus decisiones después de tomarlas, incluso si fueron malas. Eso explica por qué alguien puede mantenerse años en una relación tóxica, un mal trabajo o decisiones erróneas sin reaccionar.

Líderes que fracasan por ego, personas que repiten patrones destructivos, decisiones financieras equivocadas. No es falta de inteligencia, es falta de honestidad interna. El autoengaño sostenido literalmente “reprograma” tu forma de ver el mundo.

La verdad duele, pero es funcional. Sin ella no puedes corregir. Cada vez que te justificas demasiado, hay una alta probabilidad de que estés defendiendo una mentira interna. Detectarla a tiempo puede cambiar completamente tu rumbo.

jueves, abril 09, 2026

LACTANCIA EN LAS CALLES

Lactapp_lactancia/instagram

Este tipo de arte urbano tiene esa capacidad de aparecer en medio de la ciudad y recordarnos que amamantar también forma parte de lo cotidiano, de lo visible y de lo compartido.

Hoy queremos enseñaros algunos de estos murales que celebran, normalizan y dan espacio a la lactancia en las paredes de diferentes lugares.

1. La asociación Amamanto de Miranda de Ebro es la promotora de un mural creado por Esteban Espinosa, reconocido artista de la localidad. Con esta acción la entidad quiere «naturalizar» y «proteger» la lactancia materna.


2. La asociación de familias “Llavors de Vincle” (Lleida) y la artista local reconocida internacionalmente Lily Brick llevaron a cabo un gran mural para reindinvicar la visibillización del amamantamiento.


3. “Hagamos posible la Lactancia, Empoderémonos”, el primer mural de la lactancia materna en la ciudad de León (Nicaragua). Este mural ejemplifica la diversidad de mujeres que se encuentran lactando, es la representación de las madres dando sus primeras muestras de amor a sus hijos.


4. Buenos Aires. En el marco de la Jornada Provincial de Lactancia Materna se pintaron diversos murales para promover y visibilizar la lactancia.


5. Bajo el lema “Proteger la lactancia materna: una responsabilidad de todos”, la artista Lara Rubín de Célix realizó este mural para la Asociación de Madres Lactantes de Ávila (Amalav). Quiso transmitir la “evolución” de la sociedad.

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6. Iniciativa de la Asociación De Nai a Nai ejecutado por la artista Patricia Fernández conocida como «Lapintiparada». El objetivo de esta obra es visibilizar y normalizar la lactancia materna desde la infancia

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¿Hacia dónde va la religión en España? Diálogo Rafael Díaz Salazar/Rafael Ruiz Andrés



“Una fantasía del nacionalpopulismo en países de mayorías cristianas es defender la ‘civilización cristiana’ de supuestos enemigos, ya sea el islam, los judíos, la Unión Europea o las Naciones Unidas […] Rechazar a un migrante en dificultades, sea este de la confesión religiosa que sea, por miedo a diluir nuestra cultura ‘cristiana’ es una grotesca falsificación tanto del cristianismo como de la cultura. La migración no es una amenaza para el cristianismo, salvo en la imaginación de aquellos que se benefician pretendiéndolo.

Promover el Evangelio y no acoger al extranjero necesitado ni afirmar su humanidad como hijo de Dios es querer fomentar una cultura cristiana solamente de nombre; vacía de toda su novedad”

Papa Francisco, Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor, o.c.,
pg.129-130.

El joven pastor de gafas redondas debería haber estado a salvo


La casa del saber/Facebook

Dietrich Bonhoeffer venía del privilegio. Dinero. Educación. Una familia que podía haberlo protegido de la tormenta que se formaba sobre Alemania en los años treinta.

Podría haber agachado la cabeza. Predicar sermones tranquilos los domingos. Guardar silencio mientras el mundo ardía a su alrededor.

Pero Bonhoeffer vio lo que se venía antes que la mayoría.

Vio iglesias doblarse ante la voluntad de Hitler. Vio vecinos desaparecer en la noche. Oyó el golpe de las botas sobre los adoquines y entendió que el silencio se había convertido en una forma de pecado.

Así que habló.

Primero con cuidado. Luego con firmeza. Luego con todo lo que tenía.

El joven teólogo brillante empezó a enseñar en un seminario clandestino. Ayudó a sacar judíos hacia lugares más seguros. Y terminó vinculado a círculos de resistencia que buscaban derribar al régimen, incluso a Hitler.

Por eso, la Gestapo fue a por él.

Lo arrestaron el 5 de abril de 1943. Lo arrancaron de su casa familiar y lo llevaron a la prisión de Tegel, en Berlín.

Los guardias esperaban que se quebrara. A los intelectuales les pasaba a menudo. Hombres de manos suaves que se desmoronaban bajo presión.

Pero en esa prisión fría y gris ocurrió algo extraño.

Cada noche, otros presos escuchaban sus pasos. No las botas pesadas de los oficiales de las SS —esas traían terror—, sino el andar constante y sereno de Bonhoeffer.

Se movía por los pasillos como una sombra de esperanza.

Recitaba las Escrituras de memoria a hombres que habían olvidado cómo rezar. Compartía su comida escasa con los que se morían de hambre. Consolaba por igual a criminales y a disidentes.

Un preso escribió después: “Cuando Bonhoeffer hablaba, las paredes parecían desaparecer. Por unos minutos, recordábamos lo que se sentía ser humanos”.

Los guardias no sabían qué hacer con él.

Ahí estaba un hombre frente a una muerte casi segura y, aun así, parecía más libre que quienes tenían las llaves.

En 1944, la Gestapo encontró documentos que lo vinculaban a la resistencia contra Hitler. Lo trasladaron al campo de concentración de Buchenwald. Y luego a Flossenbürg.

Un lugar donde la esperanza iba a morir.

Pero incluso allí, rodeado de alambre de púas y del olor de la muerte, Bonhoeffer siguió haciendo lo que siempre había hecho.

Rezaba con los enfermos. Acompañaba a hombres al borde de perder la razón. Compartía su manta con presos que temblaban de frío.

Cuando alguien le preguntó por qué se molestaba —si él mismo estaba marcado para la ejecución—, su respuesta fue simple:

“Porque todavía estoy vivo”.

El domingo 8 de abril de 1945, Bonhoeffer celebró un último servicio. Leyó de Isaías: “Por sus heridas hemos sido sanados”.

Los presos lloraron mientras hablaba. Ellos lo sabían. Él lo sabía.

El final se acercaba.

Esa noche, guardias de las SS entraron en su celda. Le dijeron que los acompañara.

No preguntó a dónde. Ya lo sabía.

Bonhoeffer dobló su manta con cuidado. Susurró una oración. Y le dejó un mensaje a un compañero de cautiverio, el oficial británico Payne Best.

“Dile a mi amigo el obispo Bell que, para mí, esto no es el fin, sino el comienzo de la vida”.

Y caminó.

El sol aún no había salido. El patio estaba vacío, salvo por la horca esperando en la luz gris del amanecer.

Un testigo contó después que Bonhoeffer no dejó de orar. Su voz firme. Sus manos tranquilas. Su rostro en una paz que inquietaba incluso a los verdugos.

No era fanfarronería. No era negación.

Era la certeza silenciosa de un hombre que ya lo había entregado todo, salvo su alma.

Tal vez era porque Bonhoeffer creía que la muerte no era un final, sino una puerta. Tal vez porque sabía que sus palabras sobrevivirían al régimen que lo estaba matando.

O tal vez porque había decidido, mucho antes, que hay cosas que valen más que respirar.

Lo ahorcaron al amanecer del 9 de abril de 1945.

Sin ceremonia. Sin últimas palabras registradas. Sin una tumba con su nombre.

Solo un pastor de 39 años que eligió el coraje por encima de la comodidad, la verdad por encima de la seguridad, el amor por encima de la vida.

Dos semanas después, las fuerzas aliadas liberaron Flossenbürg.

Hitler estaba muerto en menos de un mes.

El supuesto “Reich de mil años” duró doce.

Pero las cartas y los escritos de Bonhoeffer siguieron vivos. Su mensaje final llegó al obispo Bell. Y su historia se extendió por un mundo roto, hambriento de ejemplos de una fe que no se quiebra.

Hoy, millones leen sus palabras y descubren algo extraordinario:

El valor real no siempre ruge. A veces susurra oraciones en una celda. A veces camina sereno hacia la muerte, cantando bajito sobre la vida.

Y a veces, solo a veces, ese coraje silencioso resuena más que todos los gritos juntos.

Fuente: Encyclopaedia Britannica ("Dietrich Bonhoeffer", s. f.)

martes, abril 07, 2026

domingo, abril 05, 2026

SIAP Madrid, 22-23 mayo: DeepEnd (salud en áreas deprivadas) ¿Cómo mantener a flote la Atención Primaria?

 


https://seminariossiap.es/bsms/como-mantener-a-flote-la-atencion-primaria-en-territorios-deprivados-aprendiendo-con-los-deep-end/

Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP):

DeepEnd ¿Cómo mantener a flote la Atención Primaria?
Madrid, 22-23 Mayo 2026
"Esta es la convocatoria para el Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) sobre el Deep End.

Deep End es un término que se originó en Escocia para denominar el trabajo en Atención Primaria en áreas deprivadas/zonas desfavorecidas (población con más problemas socioeconómicos, más y precoz morbilidad y mortalidad que la media, peor salud dental, defectuosa rehabilitación en problemas agudos y crónicos, peor acceso a los servicios sociosanitarios necesarios, más absentismo y fracaso escolar, altas tasas de desempleo, etc). Por ejemplo, en Andalucía son zonas con "necesidades de transformación social".

Deep End hace referencia como metáfora a una piscina, en la que las áreas deprivadas estarían situadas en su extremo profundo, donde el agua cubre: llegar al fondo de los problemas de las personas que lo habitan es más complejo, teniendo que “bucear” mucho más, y además tanto pacientes como profesionales deben hacer un esfuerzo constante por mantenerse a flote. El trabajo en los Deep End exige adaptaciones importantes, pero además plantea cuestiones de gran relevancia para la Atención Primaria en general.


Las inscripciones son virtuales a través de este formulario, gratuitas, a partir del jueves 26 de marzo de 2026. El debate virtual, desde cualquier lugar del mundo (y asincrónico, sin hora definida) empezará el 22 de abril y el debate presencial se celebrará los días 22 y 23 de mayo en Madrid. El satélite se modifica en esta edición y el desarrollo de los casos se hace grupal, pudiendo apuntarse para participar a través del formulario de inscripción.

Como todos los SIAP, es gratuito y libre de patrocinios de industrias."

En nuestra web podréis encontrar el horario de cada una de las sesiones, relatos vitales de los organizadores, etc.

correo-e siapdeepend@gmail.com
Twitter @DeepEnd2026
Instagram https://www.instagram.com/siapdeepend2026?utm_source=qr&igsh=bzdlZWkxY2JjZWY5

Sobre los Deep End, en general, y el proyecto escocés (desde 2009), en la Universidad de Glasgow

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9680762/

https://bjgp.org/content/early/2024/08/20/BJGP.2024.0167?versioned=true

https://www.gla.ac.uk/schools/healthwellbeing/research/generalpractice/deepend/international/

General practitioners at the Deep End. International Bulletin, no 14. December 2025 https://www.gla.ac.uk/media/Media_1230365_smxx.pdf

El Cristo cósmico de Olga Blinder

 Un autor húngaro comparó la muerte-resurrección con el nacimiento.

Seguía una profunda espiritualidad que brota de la encarnación.

Solo era cuestión de tiempo y llegó el momento en que una mujer, Olga Blinder, metiera un resucitado-crucificado en el útero, donde morimos-vivimos, creemos, amamos y esperamos