viernes, febrero 06, 2026

La mística de Battiato

Pepe Ferrari

Me apasiona la música y sobre todo los mensajes que pueden estar en la letra que le acompaña.

Varias canciones de Battiato rozan el misticismo con su música ¡aunque la letra no le acompañe del todo!

Cuando estos dos elementos se unen música y una letra reflexiva me hacen volar

Todos somos nómadas de un Desierto buscando un oasis que a veces es un espejismo pero en esa búsqueda encontraremos la Paz en el Crepúsculo..! El punto Omega..!!

Arthur Brooks (61), experto en felicidad: «Los cuatro pilares son la fe, la familia, los amigos y un trabajo que te nutra»

María Palmero/theobjective.com

Hablar de felicidad es hacerlo también de Arthur Brooks, quien, hace una década, tras años de llevar una carrera exitosa —en aquel momento era CEO del American Enterprise Institute— empezó a hacerse una pregunta incómoda que lo cambió todo: ¿estaba dirigiendo su vida o simplemente dejándose llevar por ella? 

La idea le vino durante un vuelo nocturno. Mientras trabajaba, en el avión, escuchó a una mujer decirle a su acompañante, con una voz cargada de angustia: «No, no es cierto que nadie te recuerde. No es cierto que nadie conteste tus llamadas. No es cierto que ya nadie se preocupe por ti». 

Entonces, Brooks imaginó que hablaba con un hombre cualquiera, normal. Pero, para su sorpresa, al aterrizar descubrió lo contrario: aquel pasajero tan apesadumbrado era una figura histórica muy reconocida, a quien otros viajeros y hasta el capitán saludaron con admiración: «Señor, quiero que sepa que ha sido un héroe para mí desde que era pequeño», contó el propio Arthur Brooks en una conferencia en el IESE. 

El impacto de aquello fue inmediato para Brooks, pues pensó: si alguien tan admirado podía sentirse olvidado y vacío, entonces el éxito no es garantía de una vida feliz y plena. Esa revelación llevó al experto a replantearse su propio rumbo y a dedicar su carrera a estudiar cómo construir una felicidad auténtica y con sentido.

Arthur Brooks desvela los cuatro pilares para cultivar la felicidad

La experiencia mencionada hizo que Arthur Brooks, de 61 años, diera un giro a su vida, dejara su importante trabajo y se centrara en dedicar su carrera a estudiar la felicidad. En la actualidad, el autor, académico y divulgador estadounidense es considerado una de las voces más influyentes en la ciencia contemporánea de la felicidad, el propósito de viday el bienestar humano. 

Es profesor en la Harvard Kennedy School y en la Harvard Business School, donde imparte cursos sobre liderazgo, felicidad y gestión con sentido, y dirige programas que combinan investigación académica. Además de su labor docente, Brooks es autor de más de una docena de libros, varios de ellos best­sellers del New York Times. Entre sus obras más conocidas se encuentran Construye la vida que anhelas y La madurez inteligente.

Su labor docente, sus conferencias y sus libros han convertido a Arthur Brooks en una eminencia en lo que se refiere a felicidad, que para él se sustenta en cuatro pilares: «La fe, la familia, los amigos y un trabajo que nutra»:

  • Fe: sentirse pequeño en algo grande: Arthur Brooks ve la fe —no necesariamente religiosa— como una forma de tomar perspectiva, reconociendo que nuestra vida es solo una pequeña parte de algo mucho mayor.
  • Familia. Desde su experiencia personal, uno de sus arrepentimientos más profundos ha sido perder la conexión con sus padres demasiado pronto. Por eso siempre recomienda dedicar tiempo a la familia, «porque la vida es corta».
  • Amistades reales. Para el experto en felicidad, los verdaderos amigos no son utilitarios. Según él, muchas personas exitosas terminan solas porque cultivan relaciones basadas en interés. La verdadera amistad, en cambio, no depende de estatus ni beneficio.
  • Trabajo que nutra: Arthur Brooks ha señalado en diversas ocasiones que la satisfacción no viene de títulos, dinero o prestigio, sino de hacer un trabajo arduo que tenga impacto y de servir a los demás. Esto conecta con otra de sus enseñanzas: «Puedes construir la vida que quieres empezando desde tus emociones internas y luego proyectándolas hacia tu familia, amistades, trabajo y vida espiritual».

Para ser más felices debemos cultivar tres cosas: disfrute, satisfacción y significado

El autor de bestsellers y conferenciante habitual en instituciones de prestigio también ha compartido más ideas acerca de la felicidad, como que esta «no es un destino, sino una dirección». En su opinión, para ser más feliz debemos cultivar tres grandes componentes: disfrute, satisfacción y significado.

  • Disfrute. Brooks distingue con claridad entre placer y disfrute. El placer es inmediato y sensorial; el disfrute verdadero surge cuando las partes más sofisticadas de nuestro cerebro trabajan en armonía para tomar decisiones conscientes. Como el autor ha explicado: «La felicidad es algo que diseñas en el presente; no es algo que pospones para el futuro. (…) El placer es un punto intermedio, pero nunca debería ser el objetivo final», asegura, añadiendo que si solo nos moviera la búsqueda del placer «nuestras vidas se volverían ingobernables». Desde su perspectiva, el disfrute combina placer, personas y memoria: no solo sentir algo agradable, sino compartirlo y recordarlo.
  • Satisfacción: lograr más con menos. Los seres humanos somos únicos en algo: disfrutamos la sensación de logro. Brooks sintetiza esta idea con otra de sus frases: «La clave de la felicidad no es ser rico; es hacer algo arduo, crear algo de valor y luego poder reflexionar sobre los frutos de tu trabajo». El experto asimismo señala que el cerebro humano se adapta rápidamente a lo que tiene, por lo que la satisfacción se desvanece si perseguimos solo metas externas. La clave está en gestionar nuestras ambiciones y deseos en lugar de ampliarlos sin parar.
  • Significado: simplificar para comprender. Según Brooks, la pregunta adecuada no es «¿cuál es el significado de la vida?», sino «¿cuál es el significado del significado?». Para él, el significado surge de tres elementos: coherencia, propósito e importancia. En un mundo saturado de estímulos, propone prácticas como la atención plena y la desconexión digital para permitir que la mente vague y emerja la creatividad.
Como reflexiona Arthur Brooks, «nadie es totalmente feliz. La felicidad no es un destino; es una dirección». Un camino que podemos tomar como un desafío para diseñar la vida que queremos, en vez de dejar que la vida nos dirija a nosotros.

"De tanto querer ser el primero" - Julio Iglesias

Si se entrega estas ideas en un papel en una reunión de "liderazgo" o en unos ejercicios espirituales nadie se extrañaría. 
Hay predicaciones cuaresmales mucho menos críticas. Si se pone atención quizá saquemos consecuencias interesantes

jueves, febrero 05, 2026

La Prostitución Espiritual


Lo Que Dice La Palabra De Dios/facebook

Ezequiel 23 no solo es simbólicamente incómodo, sino que es intencionalmente gráfico, sexual y perturbador. Y no fue casualidad, exageración ni rareza cultural.

Dios eligió ese lenguaje a propósito.

En el capítulo, se describe a Ahola y Aholiba con impactantes imágenes sexuales: referencias explícitas a la lujuria, la prostitución, el deseo físico y la obsesión con amantes extranjeros.
Las metáforas no son sutiles. Su propósito es provocar repulsión en el lector. ¿Por qué?

Porque Dios está exponiendo cómo ve realmente el adulterio espiritual ante Él.

Israel y Judá no estaban simplemente "tomando malas decisiones" ni "desviándose espiritualmente". Eran socios de pacto que buscaban repetidamente seguridad, identidad, placer y poder en otras naciones y dioses. Dios enmarca esta traición en términos sexuales porque el pacto con Él no es contractual, sino relacional.

Las imágenes son intencionalmente humillantes.

Aholá y Aholiba son descritas como amantes anhelantes, recordando hazañas pasadas y consumidas por sus deseos. Esto pretende despojarlos de la respetabilidad religiosa. Dios elimina toda excusa y expone la cruda verdad: la idolatría no es neutral, es una traición íntima.

Esta es también la razón por la que a los lectores modernos les cuesta entender este capítulo.

Preferimos el pecado desinfectado.

Dios lo revela al desnudo.

Ezequiel 23 obliga al público a sentir repugnancia, no hacia la sexualidad en sí, sino hacia la infidelidad disfrazada de sofisticación, política y compromiso religioso. El pueblo confió en los imperios en lugar de en Dios. Mezclaron la adoración con el poder. Mantuvieron rituales mientras abandonaban la lealtad. ¿Te suena familiar?

Y Dios responde diciendo, en efecto: “Si insistes en actuar como si esto fuera inofensivo, te mostraré exactamente lo que es.”

El capítulo es gráfico porque la traición lo es. Es severo porque el pacto es sagrado.

Esto no es pornografía. Es una exposición profética.
Y su mensaje sigue vigente:
A Dios no le ofende el arrepentimiento sincero;
le provoca la infidelidad espiritual disfrazada de sabiduría, progreso o pragmatismo.

martes, febrero 03, 2026

REFLEXIONAR PARA VIVIR



David Jiménez: En la trinchera en Afganistan se pasa mal, pero en despacho de director de periódico si quieres contar la verdad tampoco se pasa bien.
Cristina López Schlichting: El párroco de Adamuz

 Rafa Pascual, Bombillas y obsolescencia programada
Traumatóloga GEEK, El científico que rompió el cheque
Jesús Quintero: "Con el tiempo..."
Candela Antón: "Cerebro maternal"
Revolución Crianza

sábado, enero 31, 2026

El piloto de Hirosima


Por María Sánchez Arias

nuevarevolucion.es

Claude Eatherly (1919-1978) fue el piloto encargado del reconocimiento climático y de escoger el objetivo para el Enola Gay que acabaría impactando sobre la ciudad japonesa de Hiroshima (1946). Se trataba de la primera bomba atómica que dejaría más de 160 000 muertos. Dos años después el joven Claude dejó las fuerzas armadas y comenzaría a trabajar en una fábrica de chocolate. A los pocos años empezó a enviar cartas con dinero a los ciudadanos de Hiroshima, así como misivas en las que se afirmaba como culpable y pedía perdón. En 1950 se intentó suicidar, pero fue hallado con vida e ingresado en el hospital militar de Waco. Al mes y medio fue dado de alta y cambió su trabajo por uno más físico en una compañía petrolífera. En 1953 falsificó un cheque por una pequeña cantidad, el veredicto fue «libertad con revisión de pena por buena conducta». Meses después atracó un banco en Dallas, pero no se llevó nada. La condena fue cuatro meses más en el hospital de Waco, pues el abogado alegó problemas mentales. Asimismo, durante todo el periodo de postguerra, se negó a recibir honores o ser laureado por sus logros militares1. Günter Anders, filósofo austriaco, se enteró de su caso, de su reclusión en un hospital psiquiátrico y de sus «problemas mentales» y decidió entablar una correspondencia con Eatherly. Esta correspondencia fue agrupada y publicada en El piloto de Hiroshima. Más allá de los límites de la conciencia.

Eatherly no estaba loco, si es que acaso se puede emplear dicho término, y mucho menos sufría una enfermedad mental. Se sentía culpable, sí, de haber matado a miles de inocentes, aunque en aquel momento, cuando seleccionaba el objetivo, no fuese consciente de lo que iba a suceder. De hecho, se podría decir que el saberse culpable revelaba una espléndida salud mental, que EEUU en pos de su campaña nuclear y de su american way of life intentaba silenciar. De esta manera, el verdadero culpable salía airoso de un genocidio e incluso era digno de alabanzas y vítores: Harry S. Truman. Truman ni siquiera se arrepintió de haber asesinado a miles de personas. Este era y es el problema. Ya nadie recuerda Hiroshima, no hay películas cada seis meses rememorando el horror y el dolor de las familias que sufrieron el impacto de la primera bomba atómica. A Truman no se le juzgó porque, como decía W. Benjamin, la historia la escriben los vencedores y no los vencidos. (...)

Tumba de Eatherly en Houston.

El caso de Eatherly demostró aquellas tesis foucaltianas: el que molesta, es incómodo al sistema acaba en una institución psiquiátrica. Instituciones que, si bien en ocasiones necesarias, velan por la salvaguarda del Estado, de los poderes y de las personas que lo representan independientemente de que estos sean responsables del asesinato o del genocidio de personas que no tenían nada que ver con un conflicto entre potencias mundiales. No obstante, nuestro silencio, nuestro negarnos a recordar, a sacar a la luz las tragedias de la historia, los asesinatos, muertes, violaciones y atentados contra la libertad de las personas nos hace, también, culpables-inocentes. Culpables porque justificándonos en nuestra incapacidad de imaginar semejantes tragedias y, en consecuencia, inocentes dejamos hacer, permitimos de manera silenciosa los mayores crímenes contra la humanidad.