jueves, agosto 27, 2026

Santa María, Madre Amable

Don Damián en la Casa Emaús de
Torremocha de Jarama

Don Damián Iguacen

Contemplamos a la Virgen María abrazada a su hijo y acariciada por él. Es la ‘madre amable’, madre de Dios y madre nuestra; la que ha hallado gracia delante de Dios; la que ama a Dios más que ninguna criatura; la que más nos ama, después de Dios; la que después de Dios merece ser más amada; la que mejor refleja la imagen de Dios Amor y de Jesús amable. Con toda razón es la ‘madre amable’.

Tres cosas hacen que nos resulte amable una persona: su hermosura, su bondad, el amor que nos manifiesta. Las tres se hallan en la Virgen María de modo admirable. Es toda bella, toda santa, toda ‘amor hermoso’. Más grande que ella, solo Dios.

Invocar a la Virgen María como madre amable nos compromete a ser nosotros amables.

El amable, tenga las cualidades que tenga, por el modo con que las vive, por su manera de ser, resulta una persona encantadora, ‘un encanto de persona’. Cuando decimos ‘un encanto de persona’, no queremos decir que es rica, que es joven, que es hermosa, que es lista, decimos que nos encanta su modo de ser, descubrimos un no sé qué que nos cautiva, nos admira, nos convence.

No es fácil definir la amabilidad, porque no es una virtud aislada, sino una reunión de virtudes. Amabilidad es, desde luego, caridad, que se da; humildad que se abaja; mortificación que se priva de cosas menos convenientes; paciencia que sabe esperar; fortaleza que no se cansa ni se hecha atrás ante las dificultades; bondad que todo mira bien; benignidad que hace todo el bien que sabe y puede. Todo eso, junto, es amabilidad, fruto riquísimo del Espíritu Santo.

Sería muy triste que alguien que se acercó a nosotros, por lo que sea, se fuera igual que vino, o peor, porque nosotros hemos sido incapaces de darle algo de lo nuestro.

La amabilidad nos asemeja a Jesucristo, ‘manso y humilde de corazón’.

El amable sabe tener detalles con todos. Que lástima que, a veces, nos haya faltado ese ‘detalle’, ese pequeño detalle que lo hubiera arreglado todo. No hagamos las cosas de cualquier manera, con dejadez. Todo lo precioso y delicado se trata con cuidado, con delicadeza. Nada tan precioso como la persona humana; a la que Dios ‘ha hecho poco inferior a los ángeles’ y ‘ha coronado de gloria y dignidad’. La delicadeza en los detalles es signo de perfección espiritual y humana; la grosería es signo de vileza. La amabilidad se traduce siempre en delicadeza y elegancia espiritual.

El amable es indulgente. Indulgente no quiere decir débil o poco justo.

Ser bueno no quiere decir ser débil. Ser bueno quiere decir querer el bien y hacer el bien siempre, a todos, sin excepción. Y esto no es fácil. ‘La bondad -dice Santo Tomás- es hija de la fortaleza, no se encuentra sino en almas habituadas a vencer. El amable sabe disimular las ofensas que le hacen; sabe disculpar, dispensar, perdonar, sabe interpretar bien las cosas.

No saber dispensar a los demás, es una prueba evidente de que uno se dispensa demasiado a sí mismo.

El amable es valiente. Sabe decir ‘no’ sin enfadarse, nunca devuelve mal por mal, insulto por insulto; nunca pierde la Paz cuando dice lo que tiene que decir.

El amable es servicial. Amabilidad y servicialidad son inseparables. Amar es servir. Uno de los mejores servicios que podemos ofrecer hoy es el de la animación; hay que animar a muchos. La desilusión, la atonía, el desencanto, el desánimo, están haciendo estragos. Pero para animar hay que estar animados.

Todos podemos convertirnos a la amabilidad.

El aceite no mana en ninguna fuente como el agua, hay que hacerlo y se hace estrujando, triturando, moliendo las olivas, las aceitunas, en el molino. ¿Entenderemos la lección? Nadie diga: soy así y así me tenéis que aguantar. ¿Eres áspero, de temperamento fuerte? ¡Al molino aceitero!

No seamos zarzas a la vera del camino. No es un modelo de virtud el tipo de persona que describe el adagio: ‘cara de beato y uñas de gato’.

La mayor parte de personas que encontramos por la vida tienen necesidad de cariño, sienten hambre de simpatía.

Hay que ser no sólo buenos, sino muy buenos, dice San Francisco de Asís.

Santa María, madre amable, ruega por nosotros

Citas extraídas del citado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 246 a 255, Editorial EDICE, Madrid 2016). Por La Asociación Misericordia



miércoles, agosto 19, 2026

Tragedia de la gente honesta ante Ceuta

https://www.facebook.com

La foto de un niño migrante ayudando a una anciana ceutí, me hace pensar -cómo tantas veces- en qué más allá de los actos individuales hay un problema de desidia respecto del propio compromiso en la vida institucional. No soy de los que afirman que todo el mundo es bueno, más bien creo que las personas somos un ramillete de actitudes que nos hacen ser una mezcla de bondad y maldad de sentimientos, acciones y pensamientos en los que lo bueno y lo malo vive completamente entremezclado. Es famosa una idea de L King que dice que teme más el silencio de los buenos que la maldad de los agresores. A mí me parece que, hoy por hoy, los hechos de Ceuta y tantos otros, más bien nos muestran lo trágico de la desidia institucional de las personas honestas. Es decir, hay muchísimos actos buenos, pequeños actos buenos, y hay pocos actos institucionales buenos.

Por ejemplo, cualquiera es capaz de dar una pequeña ayuda, de juntar ropa en Ceuta para esos jóvenes, de hacer un gesto solidario, pero no cualquiera es capaz de implicarse en poner en marcha nuevas políticas migratorias.

Hay personas que pueden cobrar un alquiler más barato, siendo propietarios y hay personas que pueden ir a poner su cuerpo ante un desahucio, pero hay serias dificultades para hacer una política de vivienda realmente solidaria.

Para mí la tragedia de nuestro tiempo, incluido de las personas que se quieren comprometer, es que preferimos la acción inmediata a corto plazo a la acción institucional. Esta desidia es a mi juicio la tragedia de nuestro tiempo.

Me encanta hablar con las personas que se comprometen en política, cargados de defectos como yo o cualquier otro, pero que deciden intentar meter su bondad en la vida a las instituciones. Que se perdonan hacer elecciones que pueden ser erróneas. Con algunos procuro conversar alguna vez. Porque es bueno escuchar. Porque informan de su visión, pero sobre todo porque me transmiten ese sentimiento, ese deseo suyo de solidaridad desde la vida institucional. Pienso en Carmelo Ramírez, Eligio Hernández, Marcial Morales, Ignacio Guerra, Javier Doreste, Juan Francisco Artiles, Juan Pablo Rodríguez, Gema Martínez, Froilán Rodríguez y otros que ahora no recuerdo… Ni siquiera pienso que sean los mejores, digo que con ellos dialogo con más frecuencia y me nutren.


A veces releo parte de la biografía que escribí con Javier Marijuán sobre el alcalde Camilo Sánchez y la que hice con Nayra Hernández y Loli Hernández sobre Remigio Vélez. Me hace bien. No entiendo esta espiritualidad actual tan sentimental tan poco preñada de sacrificio, tan poco preñada de política. Pienso que esta gente que "se mete en política" con sus ambigüedades y sus problemas está mucho más cerca de San Juan de la Cruz: «¡Oh, si supiesen los espirituales cuánto bien pierden y abundancia de espíritu, por no querer ellos acabar de levantar el apetito de niñerías; y cómo hallarían en este sencillo manjar del espíritu el gusto de todas las cosas, si ellos no quisiesen gustarlas! Mas, porque no quieren hacerlo, no le gustan» (1S 5, 4). Hoy el amor pasa por la política.


sábado, agosto 15, 2026

Jean Ziegler es despedido en una catedral suiza, con honores de su Pueblo. El economista que llamó asesinato al hambre


El economista que llamó asesinato al hambre


PERSECUCIÓN AL CARDENAL VICTOR MANUEL FERNÁNDEZ

El material más resistente del universo no sirve absolutamente para nada.


Traumatóloga Geek/facebook

Como traumatóloga, pero también como ingeniera me encanta la ingeniería de materiales.
En 2018 tres físicos se sentaron frente a un superordenador. Dos millones de horas de cálculo. Resultado: encuentran el material más duro del universo, 10 millones de veces más resistente que el acero. Las formas que encontraron las bautizaron como ñoquis, espagueti y lasaña… Me recuerdan a mí cuando estoy de guardia.
En nuestro quirófano el material más duro nunca gana. 1961, Wrightington, norte de Inglaterra. John Charnley publica en el Lancet la prótesis total de cadera.
No habían pasado ni dos años, cuando sus pacientes empezaron a volver destrozados. Hubo que reparar casi todas las caderas. El teflón soltaba partículas y el cuerpo empezó a comerse el hueso alrededor.
Charnley estuvo a punto de mandarlo todo a la porra. Entonces un comercial le enseñó un polietileno. Lo apretó con el pulgar y dejó marca. Se negó a utilizarlo.
Pero su técnico lo probó igual, a escondidas. En tres semanas se desgastó menos que el teflón en 24 horas.
¿Se te ocurre lo que hizo Charnley? Nada menos que meterse trozos de ese plástico nuevo bajo la piel del muslo. Seis meses esperando a ver qué pasaba. Y no pasó nada.
Desde 1962. Ese plástico blando lleva sesenta años sosteniendo caderas.
¿Moraleja? No gana el más duro, gana el que aguanta día tras día.