lunes, septiembre 28, 2026

MARIANNE DURANO, LA VIDA O LA NADA



No todos los días se encuentra uno con libros de autores provida y de izquierdas. Eso pasa. Si la autora además maneja filósofos de todas las épocas con libertad y lucidez la lectura es además un placer.

Durano sabe ver las paradojas de la realidad. Refiriendose a Francia se ha dado cuenta de que el 30% de las mujeres en edad fértil afirman no querer tener hijos, mientras que el 30% de los padres y madres se arrepienten de no haber tenido más.

Sorprende su perspectiva libre y original que más que combatir todas las ideologías parece más bien aceptarlas todas, pero analizándolas bien y tomando lo mejor de ellas.

Empieza por Marx. Frente a la dogmática maltusiana, tan presente hoy, se explica que la riqueza viene de la población mientras. Mientras que el mito de la sobrepoblación es la mejor coartada del capitalismo. En un libro titulado La situación de la clase obrera en Inglaterra en 1844, Engels ya mostraba cómo el tema de la «sobrepoblación» permitía a la clase dominante justificar la pobreza de las clases populares, al tiempo que formaba un «ejército de reserva de trabajadores desempleados»

La autora dice: "Los organizadores del banquete no dejan pasar a mi hijo, mientras los invitados se entregan a un despilfarro vergonzoso" aludiendo entre otras a las carreras de Fórmula 1 y los yates.

Pudiera estar escuchando las más actuales reclamaciones sobre el protagonismo del bebé pero lo hace conectando con Aristóteles explica "que la generación no es una producción, engendrar no es una decisión, sino un consentimiento".

En el capítulo en que cita a Hegel y Arendt señala que desde la obra de la socióloga feminista israelí Orna Donath, Madres arrepentidas, hasta la de la francesa Astrid Hurault de Ligny, Le Regret maternel (‘El arrepentimiento materno’), la procreación es un compromiso moral objetivo, un acto político. La natalidad es, por lo tanto, la categoría política por excelencia.

A escala planetaria, son precisamente los países con el nivel de vida más alto los que tienen la tasa de natalidad más baja. En Francia, las mujeres más humildes son también las que tienen más hijos: el 10% más pobre tiene una media de 2,3 hijos, y el 19% de ellas tiene cuatro o más hijos, frente al 4% del 10% más acomodado.

¿Por qué el bienestar, la seguridad y la comodidad, que sin embargo constituyen las mejores condiciones para ser padres, parecen, por el contrario, frenar la procreación? Hay varias explicaciones para este fenómeno. La primera, bien conocida por los demógrafos, se basa en la «paradoja demográficoeconómica», que muestra cómo la curva del consumo per cápita es inversamente proporcional al número de hijos por mujer. En otras palabras: cuantos menos hijos tiene una familia, más consume.

Existe, en Occidente, un nuevo fenómeno social que ilustra esta
paradoja. Se trata de los DINK (Duel Income No Kids, ‘doble salario, sin hijos’), un acrónimo que curiosamente rima con los GINK (Green Inclination No Kids)

Dedica un capítulo a “Mantenerse optimistas con Hans Jonas” y lo conecta con clásicos como “El banquete”, Platón incluso presenta el parto como un acto divino, que eleva al hombre y a la mujer por encima de su naturaleza mortal. Destaca de Jonas en El fenómeno de la vida, lo que caracteriza a lo vivo, en oposición a lo inerte, es ante todo su fragilidad.

Acude a Epicuro y su idea de felicidad y lo pone en relacion con el índice de fecundidad más alto del mundo: los 7,7 en Gaza , a pesar de que las mujeres palestinas tienen un nivel educativo particularmente alto.

Uno de los testimonios más conmovedores e inesperados que se
pueden leer a este respecto es el de las deportadas de Ravensbrück,
que llevaron a término su embarazo en un campo de exterminio, la mayoría eran asesinados en el acto, pero algunos lograron sobrevivir. Sus madres dan testimonio, además del horror, de los excepcionales gestos de solidaridad de los que se beneficiaron: algunas detenidas arriesgaron su vida para prolongar unos días la vida de un recién nacido, ya fuera robando un trozo de cuerda para remendar una canastilla agujereada, escondiendo al pequeño en un falso techo o amamantando al hijo de otra poniendo en peligro su propia vida.

Una de estas madres heroicas, Madeleine Aylmer-Roubenne, en
su autobiografía J’ai donné la vie dans un camp de la mort (‘Di la
vida en un campo de exterminio’), relata la felicidad y la fuerza que
le dio su embarazo, en lo más profundo del infierno nazi: Mi niño estaba caliente. Sentía que estaba bien y estaba feliz de servirle de refugio. Me esforzaba por pensar en él, solo en relación con la felicidad que me daba su presencia. Podría haberme angustiado, pero me tranquilizaba.

Durano es una enamorada de lo real, de lo concreto. Y al hablar de Rousseau nos dice que le parece deseable que se prohíba el turismo aéreo antes de que sus hijas alcancen la mayoría de edad.

¿A partir de cuándo, y por qué, la fertilidad — y, por extensión, la sexualidad — se ha convertido en un asunto político? Esta es la pregunta que se planteó Michel Foucault al comienzo de su extensa Historia de la sexualidad. Señala que la burguesía no tardó en dar en su intento de controlar la sexualidad de las clases inferiores — los proletarios, los colonizados, los alienados —: la triste historia de las esterilizaciones forzadas lo atestigua, por desgracia, en un pasado reciente.

Ya en el siglo XVII se inicia un debate entre los economistas sobre la relación entre la riqueza de una nación y la densidad de su población . Para unos (como Temple o Tucker), el crecimiento de la población es la causa del aumento de la riqueza nacional; para otros (Mirabeau padre o Quesnay), solo es su síntoma. Para Foucault al anteponer el dinero a las personas, la modernidad se ha construido sobre el control de la población y no sobre el de la acumulación.

La autora ha buceado también en documentos católicos. Cita a la Conferencia episcopal francesa: “Demasiado a menudo, se ha querido eliminar a los pobres en lugar de eliminar la pobreza”. Y la de Zaire: “No es normal que en un país como el nuestro las farmacias estén repletas de anticonceptivos, mientras que es difícil encontrar medicamentos de primera necesidad.

En “Las confesiones de la carne”, Foucault destaca la originalidad de los autores cristianos con respecto a la sabiduría pagana. restaurar la dignidad de la materia — y, por tanto, del matrimonio y la procreación — frente a las herejías neoplatónicas y encratistas que la descalificaban. existir.

En su conclusión la autora señala: “Tanta comodidad, acumulada a costa de tanta destrucción, lejos de hacernos confiar en nuestra especie, nos ha vuelto dependientes y débiles, hasta el punto de que nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

Un libro para leer, debatir y aplicar en política.