martes, febrero 27, 2024

domingo, febrero 25, 2024

¿Qué vela es mejor?

José Delicado Baeza(+), arzobispo de Valladolid

Esta es la pregunta que me hicieron en el coloquio de una de las visitas pastorales a una parroquia rural. Como no la entendiese, se me explicó que la duda  estaba entre la vela de la Candelaria o la del Jueves Santo. No obstante, tuve que insistir: ¿La mejor, para qué? Para los nublados, se me respondió.

Entones entendí hasta qué punto la sencilla devoción popular está a veces vinculada a cosas muy  prácticas y concretas. ¡Se trataba de conjurar los nublados de la manera más eficaz y segura! Como  el coloquio se desarrollaba en un clima de efusiva confianza, me permití insinuar que si uno se  encuentra en la calle bajo un nublado que puede descargar, es preferible, si no quiere mojarse,  llevar un paraguas y no una vela encendida. En seguida caí en la cuenta de que en esta pregunta  entraba en juego el valor de la oración y de que la confianza mueve montañas, según se suele decir,  expresión que también aparece en el Evangelio.

Es verdad que el poder de Dios lleva a estas cosas en su providencia ordinaria, por lo cual la  Iglesia, sin que piense en intervenciones milagrosas necesariamente, ruega por la lluvia o por el  alejamiento de la peste, entre otros males. Pero me pareció mejor, en esas circunstancias, aclarar  que las prácticas religiosas deben servir primariamente para la transformación del corazón del  hombre como medio de comunicación filial con Dios, puesto que para manipular la naturaleza ya están  la ciencia y técnica. Y terminé diciendo que los ritos y las bendiciones no suplen nuestras  responsabilidades humanas en la transformación del mundo. 

Hay en el proceso de purificación de la fe un riesgo en el diálogo con los conocimientos y técnicas  a que va accediendo el hombre. «La técnica hace tales progresos que está a punto de transformar la  faz de la tierra», dice el Concilio. Un sentido ingenuamente providencialista de la vida y del  cosmos queda desplazado por una interpretación científica del Universo. Cuando un hombre pasa de  una sociedad en la que domina la civilización pretécnica (el mundo agrario tradicional) a otra  más tecnificada e industrializada, corre el riesgo de ver hundirse su cosmovisión como un teatro de  guiñol de cartón bajo la lluvia, si creía que Dios manejaba di- rectamente las cuerdas de los  muñecos ahorrando a los hombres su responsabilidad y la acción de las fuerzas o leyes de la  naturaleza; por este motivo, muchos sustituyen el rito y la oración por el medio técnico. Tienen la impresión de que  en esta perspectiva los santos están de más. 

La técnica moderna ha desmitificado una religión demasiado próxima a la naturaleza y a la  agricultura, «la purifica de la concepción mágica del mundo y de las pervivencias supersticiosas, y  exige cada día más adhesión verdaderamente personal y activa de la fe», enseña el Vaticano II. El  hombre, por eso, necesita una recta interpretación de los sucesos, una nueva mirada sobre el  mundo y una nueva conciencia de sí y de Dios en la que su acción providencia! integre todo el  despliegue científico y técnico de las causas segundas. Esto reclama una asimilación religiosa de la  técnica y de las esperanzas temporales del hombre. En este marco ha de descubrir el hombre el  significado de su fe y el puesto que él mismo ocupa 

Toda verdadera catequesis, como servicio a la fe, ha de tener en cuenta estas cosas; ha de apuntar  a nuevas formas de fe más objetivas y personales, con las que se inmunizará al creyente en la  interpretación del mundo y se le ofrecerá una visión consoladora del progreso, haciéndole  comprender que éste, no sólo entra en los planes de Dios, sino que el mundo, al perfeccionarse,  responde cada vez mejor al diseño de la mente divina. Tanto el progreso técnico como el social nos  exigen que vivamos la fe con plena madurez y responsabilidad. De lo contrario parecería que la  ciencia sustituye a la fe, la técnica al rito, el compromiso político a la misma vida cristiana,  cuando la fe auténtica, por apoyarse en la palabra y en la fuerza de Dios, puede mantenerse firme en  medio de todos los progresos imaginables, es una energía capaz de dinamizar el Reino de Dios y  hacerlo presente entre los hombres, en valores de convivencia in- superables, y ayuda al hombre, no  sólo para entrar en comunión con Dios, sino para convivir fraternalmente, de modo que todos los  posibles adelantos lo sean de verdad y no se vuelvan contra él mismo. Por eso es menester que  la fe, purificada de adherencias menos auténticas, progrese en madurez.



viernes, febrero 23, 2024

Benedicto XVI, El bautismo

Queridos padres, padrinos y madrinas;
queridos hermanos y hermanas:

¿Qué sucede en el bautismo? ¿Qué esperamos del bautismo? Vosotros habéis dado una respuesta en el umbral de esta capilla: esperamos para nuestros niños la vida eterna. Esta es la finalidad del bautismo. Pero, ¿cómo se puede realizar esto? ¿Cómo puede el bautismo dar la vida eterna? ¿Qué es la vida eterna?

Se podría decir, con palabras más sencillas: esperamos para estos niños nuestros una vida buena; la verdadera vida; la felicidad también en un futuro aún desconocido. Nosotros no podemos asegurar este don para todo el arco del futuro desconocido y, por ello, nos dirigimos al Señor para obtener de él este don.

A la pregunta: "¿Cómo sucederá esto?" podemos dar dos respuestas. La primera: en el bautismo cada niño es insertado en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca ni en la vida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que lleva en sí la promesa de eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, en la que ahora el niño es insertado, lo acompañará siempre, incluso en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de la vida; le brindará consuelo, fortaleza y luz.

Esta compañía, esta familia, le dará palabras de vida eterna, palabras de luz que responden a los grandes desafíos de la vida y dan una indicación exacta sobre el camino que conviene tomar. Esta compañía brinda al niño consuelo y fortaleza, el amor de Dios incluso en el umbral de la muerte, en el valle oscuro de la muerte. Le dará amistad, le dará vida. Y esta compañía, siempre fiable, no desaparecerá nunca. Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá en el mundo, en Europa, en los próximos cincuenta, sesenta o setenta años. Pero de una cosa estamos seguros: la familia de Dios siempre estará presente y los que pertenecen a esta familia nunca estarán solos, tendrán siempre la amistad segura de Aquel que es la vida.

Así hemos llegado a la segunda respuesta. Esta familia de Dios, esta compañía de amigos es eterna, porque es comunión con Aquel que ha vencido la muerte, que tiene en sus manos las llaves de la vida. Estar en la compañía, en la familia de Dios, significa estar en comunión con Cristo, que es vida y da amor eterno más allá de la muerte. Y si podemos decir que amor y verdad son fuente de vida, son la vida —y una vida sin amor no es vida—, podemos decir que esta compañía con Aquel que es vida realmente, con Aquel que es el Sacramento de la vida, responderá a vuestras expectativas, a vuestra esperanza.

Sí, el bautismo inserta en la comunión con Cristo y así da vida, la vida. Así hemos interpretado el primer diálogo que hemos tenido aquí, en el umbral de la capilla Sixtina. Ahora, después de la bendición del agua, seguirá un segundo diálogo, de gran importancia. El contenido es este: el bautismo —como hemos visto— es un don, el don de la vida. Pero un don debe ser acogido, debe ser vivido. Un don de amistad implica un "sí" al amigo e implica un "no" a lo que no es compatible con esta amistad, a lo que es incompatible con la vida de la familia de Dios, con la vida verdadera en Cristo.

Así, en este segundo diálogo, se pronuncian tres "no" y tres "sí". Se dice "no", renunciando a las tentaciones, al pecado, al diablo. Esto lo conocemos bien, pero, tal vez precisamente porque hemos escuchado demasiadas veces estas palabras, ya no nos dicen mucho. Entonces debemos profundizar un poco en los contenidos de estos "no". ¿A qué decimos "no"? Sólo así podemos comprender a qué queremos decir "sí".

En la Iglesia antigua estos "no" se resumían en una palabra que para los hombres de aquel tiempo era muy comprensible: se renuncia —así decían— a la "pompa diaboli", es decir, a la promesa de vida en abundancia, de aquella apariencia de vida que parecía venir del mundo pagano, de sus libertades, de su modo de vivir sólo según lo que agradaba. Por tanto, era un "no" a una cultura de aparente abundancia de vida, pero que en realidad era una "anticultura" de la muerte. Era el "no" a los espectáculos donde la muerte, la crueldad, la violencia se habían transformado en diversión. Pensemos en lo que se realizaba en el Coliseo o aquí, en los jardines de Nerón, donde se quemaba a los hombres como antorchas vivas. La crueldad y la violencia se habían transformado en motivo de diversión, una verdadera perversión de la alegría, del verdadero sentido de la vida. Esta "pompa diaboli", esta "anticultura" de la muerte era una perversión de la alegría; era amor a la mentira, al fraude; era abuso del cuerpo como mercancía y como comercio.

Y ahora, si reflexionamos, podemos decir que también en nuestro tiempo es necesario decir un "no" a la cultura de la muerte, ampliamente dominante. Una "anticultura" que se manifiesta, por ejemplo, en la droga, en la huida de lo real hacia lo ilusorio, hacia una felicidad falsa que se expresa en la mentira, en el fraude, en la injusticia, en el desprecio del otro, de la solidaridad, de la responsabilidad con respecto a los pobres y los que sufren; que se expresa en una sexualidad que se convierte en pura diversión sin responsabilidad, que se transforma en "cosificación" —por decirlo así— del hombre, al que ya no se considera persona, digno de un amor personal que exige fidelidad, sino que se convierte en mercancía, en un mero objeto. A esta promesa de aparente felicidad, a esta "pompa" de una vida aparente, que en realidad sólo es instrumento de muerte, a esta "anticultura" le decimos "no", para cultivar la cultura de la vida. Por eso, el "sí" cristiano, desde los tiempos antiguos hasta hoy, es un gran "sí" a la vida. Este es nuestro "sí" a Cristo, el "sí" al vencedor de la muerte y el "sí" a la vida en el tiempo y en la eternidad.

Del mismo modo que en este diálogo bautismal el "no" se articula en tres renuncias, también el "sí" se articula en tres adhesiones: "sí" al Dios vivo, es decir, a un Dios creador, a una razón creadora que da sentido al cosmos y a nuestra vida; "sí" a Cristo, es decir, a un Dios que no permaneció oculto, sino que tiene un nombre, tiene palabras, tiene cuerpo y sangre; a un Dios concreto que nos da la vida y nos muestra el camino de la vida; "sí" a la comunión de la Iglesia, en la que Cristo es el Dios vivo, que entra en nuestro tiempo, en nuestra profesión, en la vida de cada día.
Podríamos decir también que el rostro de Dios, el contenido de esta cultura de la vida, el contenido de nuestro gran "sí", se expresa en los diez Mandamientos, que no son un paquete de prohibiciones, de "no", sino que presentan en realidad una gran visión de vida. Son un "sí" a un Dios que da sentido al vivir (los tres primeros mandamientos); un "sí" a la familia (cuarto mandamiento); un "sí" a la vida (quinto mandamiento); un "sí" al amor responsable (sexto mandamiento); un "sí" a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la justicia (séptimo mandamiento); un "sí" a la verdad (octavo mandamiento); un "sí" al respeto del otro y de lo que le pertenece (noveno y décimo mandamientos).

Esta es la filosofía de la vida, es la cultura de la vida, que se hace concreta, practicable y hermosa en la comunión con Cristo, el Dios vivo, que camina con nosotros en compañía de sus amigos, en la gran familia de la Iglesia. El bautismo es don de vida. Es un "sí" al desafío de vivir verdaderamente la vida, diciendo "no" al ataque de la muerte, que se presenta con la máscara de la vida; y es un "sí" al gran don de la verdadera vida, que se hizo presente en el rostro de Cristo, el cual se nos dona en el bautismo y luego en la Eucaristía.

Esto lo he dicho como breve comentario a las palabras que en el diálogo bautismal interpretan lo que se realiza en este sacramento. Además de las palabras, tenemos los gestos y los símbolos; los indicaré muy brevemente. El primer gesto ya lo hemos realizado: es el signo de la cruz, que se nos da como escudo que debe proteger a este niño en su vida; es como una "señalización" en el camino de la vida, porque la cruz es el resumen de la vida de Jesús.

Luego están los elementos: el agua, la unción con el óleo, el vestido blanco y la llama de la vela. El agua es símbolo de la vida: el bautismo es vida nueva en Cristo. El óleo es símbolo de la fuerza, de la salud, de la belleza, porque realmente es bello vivir en comunión con Cristo. El vestido blanco es expresión de la cultura de la belleza, de la cultura de la vida. Y, por último, la llama de la vela es expresión de la verdad que resplandece en las oscuridades de la historia y nos indica quiénes somos, de dónde venimos y a dónde debemos ir.

Queridos padrinos y madrinas, queridos padres, queridos hermanos, demos gracias hoy al Señor porque Dios no se esconde detrás de las nubes del misterio impenetrable, sino que, como decía el evangelio de hoy, ha abierto los cielos, se nos ha mostrado, habla con nosotros y está con nosotros; vive con nosotros y nos guía en nuestra vida. Demos gracias al Señor por este don y pidamos por nuestros niños, para que tengan realmente la vida, la verdadera vida, la vida eterna.
Amén


miércoles, febrero 21, 2024

Cuentos de Jesús para la vida: La amistad (1)



 
PARA UN DIÁLOGO FAMILIAR QUE SEA "CATEQUESIS"
1/ Los mayores de nuestra familia ¿tenemos amigos?
2/ ¿Y los pequeños?
3/ En que se nota que somos amigos
4/ Si te interesa el tema, busca en internet definiciones de amistad, obras de arte dedicadas a la amistad, películas, series...
5/ Este cuento de Jesús ¿nos dice algo interesante?

martes, febrero 20, 2024

LA HERIDA. Letra: J. M. R. Olaizola. Música: C. Fones

  
 Al final de la vida llegaremos
Con la herida convertida en cicatriz
El amor pasará varias facturasEl camino nos dejará mil huellasCon la misma pared tropezaremosAlguna decepción nos hará mella
Mas somos hijos de un Dios enamoradoSedientos buscadores de respuestasSomos pura ambición que tú sembrastePara que así tu reino floreciera
Al final de la vida llegaremoscon la herida convertida en cicatriz
Lucharemos a muerte con el egoSentiremos que el tiempo nos aprietaGuardaremos derrotas en la entrañaPerderemos la música y la fiesta
Y, con todo, seguiremos bailandoPorque así somos, humanos en tu estelaPortadores de un fuego inextinguibleCreyentes en un mundo sin fronteras
Al final de la vida llegaremosCon la herida convertida en cicatriz
Somos fragilidad entusiasmadaSoñadores que no se desesperanNunca renunciaremos al mañanaAunque en el hoy nos toque la tormenta
Y si acaso se agrietan los motivosPor los que un día elegimos tu banderaAgrietados seguiremos caminandoQue tu Evangelio es ahora nuestra tierra
Al final de la vida llegaremosCon la herida convertida en cicatriz

¿Qué me dice? ¿Que me aporta? 
Testimonios 
Envíanos tu testimonio al mail antigonahoy@gmail.com para compartirlo aquí.
Puede ser destacar una frase, exponer un hecho una duda, una preocupación espiritual, un sueño, un signo de los tiempos...

"Es la vida misma, me emocioné escuchando"
TG, Las Palmas de GC

Al final de la vida llegaremos con la Herida convertida en cicatriz, o Herida abierta, o cangrenada,... pero Agradecidos por el Perdon y la Esperanza en la Misericordia del Señor.
JB, Valencia

La canción me encantó. Lo que me dice es que nuestra vida está compuesta de momentos dulces pero también de muchos agrios y donde las heridas están y hay que saberlas afrontar sabiendo dos cosas: Que de los momentos difíciles y fracasos podemos salir fortalecidos y que hay un Dios Padre que en su Hijo nos ha mostrado su cercanía y compasión infinita que nos abre a la esperanza. La frase que me quedo es el estribillo" Al final de la vida llegaremos con la herida convertida en cicatriz" Voy a proponerlo a los dos coros parroquiales para este tiempo.
VD, Las Palmas de GC

Las heridas de la vida que se agudizan en la vejez, solo tenemos la fuerza del Señor para sobrellevar todo.
CT, Telde

Una herida convertida en cicatriz ... Casualmente hoy desayuné con un amigo después meses sin vernos y una de sus preguntas era si aún me quedaba piel para otra herida y que las que más duelen son las recibidas sobre una cicatriz...
GR, Las Palmas de GC

Preciosa canción.... Al final de la vida llegaremos con la herida convertida en cicatriz... Sería lo ideal, no llegar con las heridas abiertas, sangrantes, aún doloridas.... Necesario creer q realmente somos amados, creernos portadores de una luz inextinguible, creer, como Él, en un mundo sin fronteras... Conocer quienes somos realmente, irnos despojando de ese otro yo que no soy yo..., teniendo el Evangelio por tierra, por casa, por techo, por horizonte... Teniendo experiencia de Él.... Y llegar al final con las heridas convertidas en cicatriz...
TF, Las Palmas de GC

Sedientos buscadores de respuestas
DV, Valladclid

Es la experiencia de Ignacio de Loyola, como parábola para la propia vida. Buena canción
JR, Las Palmas de GC

Hermosa canción.
Lo que he sentido es mucha angustia, sufrimiento, impotencia...
Imaginar cómo será el final del camino de aquellos que queremos con toda el alma y sabemos que no se sienten hijos de Dios, que no tienen fe. (¿Cómo entender...?)
¿Cómo se encontrarán al final de la vida? ¿Cómo viven los años que pasan? ¿Cómo curan sus heridas?
No me desespero, no, no. Mi deseo es que se abran al Espíritu que Dios vuelca en ellos, en todos.
Que encuentren el sentido de su vida. Que vean que esa luz, ese amor, les espera
Que no están solos... ¿Cómo curan sus heridas? ¿Cómo es una vida sin Dios? ¡Qué vacío!
Me preocupa, me angustia, me hace sufrir mucho, mucho... y si la vida se lleva así... ¿cómo será el final de sus vidas?
No pierdo la esperanza, pero así la vivo.
TdV, Compostela

Me parece preciosa la idea de que Somos portadores de un fuego inextinguible y simultáneamente de una fragilidad entusiasmada. O sea, sanadores heridos, que podemos aportar sanación desde nuestras propias heridas.
AP, Las Palmas de GC

Creo que es preciosa. La canción y el vídeo.
Nunca renunciaremos al mañana aunque en el hoy nos toque la tormenta.
Esperanza, en Jesús por siempre
EC, Murcia

Un poco blanda de tono. No tiene lo que en Aragón llamamos rasmia, algo así como fuerza que sale de dentro.
JA, Madrid

Me ha parecido preciosa la canción, las canciones de este Jesuita llegan directamente a la esencia tierna de mi humano. Toca, como el Señor, desde su divinidad nuestra humanidad o más bien al revés. Es como florecer con dolor desde la fragilidad un fruto de amor con cicatrices.
Me llega, me enternece, me recompone y centra con cariño como si Cristo mismo me hablara.
MB, Arrecife

Me ha encantado la letra y la melodía de esta bellísima canción que nos hace reflexionar y aproximar nuestra alma del Criador de todos los Cielos, nuestro Padre Eterno. La música muestra nuestra fragilidad al cometer pecados y pasar por las adversidades que enfrentamos diariamente como piedras de tropiezo en nuestro camino para que no logremos el regreso a nuestra morada eterna, no obstante, nos da esperanza de que sí podemos convertir la herida en cicatriz y con la cabeza erguida regresar a nuestro Padre porque tenemos un Dios que nos a fortaleza y grandiosidad porque somos Sus hijos. Pues somos hijos de un Dios enamorado y buscadores de respuestas....qué preciosidad, muchas gracias al compositor por esta grandiosa alabanza al eterno Rey y gracias por la bellísima voz que nos transporta hacia los cielos.
DA, Las Palmas de GC