jueves, abril 09, 2026

¿Hacia dónde va la religión en España? Diálogo Rafael Díaz Salazar/Rafael Ruiz Andrés - y otros autores




Texto citado por Díaz Salazar:
“Una fantasía del nacionalpopulismo en países de mayorías cristianas es defender la ‘civilización cristiana’ de supuestos enemigos, ya sea el islam, los judíos, la Unión Europea o las Naciones Unidas […] Rechazar a un migrante en dificultades, sea este de la confesión religiosa que sea, por miedo a diluir nuestra cultura ‘cristiana’ es una grotesca falsificación tanto del cristianismo como de la cultura. La migración no es una amenaza para el cristianismo, salvo en la imaginación de aquellos que se benefician pretendiéndolo.

Promover el Evangelio y no acoger al extranjero necesitado ni afirmar su humanidad como hijo de Dios es querer fomentar una cultura cristiana solamente de nombre; vacía de toda su novedad”

Papa Francisco, Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor, o.c.,
pg.129-130.

Enlace al artículo de 28 páginas sobre

De qué hablamos cuando hablamos de Hakunaclaves para entender el catolicismo cool en España

  • Resumen: Con más de sesenta grupos en cuatro continentes, un notable despliegue del ‘apostolado digital’, y una importante visibilización más allá de los círculos religiosos gracias a los multitudinarios conciertos de su grupo de pop cristiano, el movimiento católico juvenil Hakuna es una rara avis en el contexto secularizado español. El presente artículo propone un diálogo entre la literatura sociológica sobre la secularización y un estudio de caso de Hakuna. Para ello, ofrece un triple análisis del movimiento en las dimensiones macro, meso y micro estructurado, respectivamente, en torno al estudio de las respuestas de los actores religiosos frente a la secularización y el impacto cultural de dicho proceso, la categoría de ‘comunidad electiva’ y el concepto de ‘religión vivida’. Basada en un enfoque cualitativo multimétodo, nuestra investigación rastrea las claves de una aparente paradoja: el surgimiento de un exitoso ‘catolicismo cool’ en un creciente contexto de indiferencia religiosa y exculturación.
Algunas aportaciones que permiten reflexionar




El joven pastor de gafas redondas debería haber estado a salvo


La casa del saber/Facebook

Dietrich Bonhoeffer venía del privilegio. Dinero. Educación. Una familia que podía haberlo protegido de la tormenta que se formaba sobre Alemania en los años treinta.

Podría haber agachado la cabeza. Predicar sermones tranquilos los domingos. Guardar silencio mientras el mundo ardía a su alrededor.

Pero Bonhoeffer vio lo que se venía antes que la mayoría.

Vio iglesias doblarse ante la voluntad de Hitler. Vio vecinos desaparecer en la noche. Oyó el golpe de las botas sobre los adoquines y entendió que el silencio se había convertido en una forma de pecado.

Así que habló.

Primero con cuidado. Luego con firmeza. Luego con todo lo que tenía.

El joven teólogo brillante empezó a enseñar en un seminario clandestino. Ayudó a sacar judíos hacia lugares más seguros. Y terminó vinculado a círculos de resistencia que buscaban derribar al régimen, incluso a Hitler.

Por eso, la Gestapo fue a por él.

Lo arrestaron el 5 de abril de 1943. Lo arrancaron de su casa familiar y lo llevaron a la prisión de Tegel, en Berlín.

Los guardias esperaban que se quebrara. A los intelectuales les pasaba a menudo. Hombres de manos suaves que se desmoronaban bajo presión.

Pero en esa prisión fría y gris ocurrió algo extraño.

Cada noche, otros presos escuchaban sus pasos. No las botas pesadas de los oficiales de las SS —esas traían terror—, sino el andar constante y sereno de Bonhoeffer.

Se movía por los pasillos como una sombra de esperanza.

Recitaba las Escrituras de memoria a hombres que habían olvidado cómo rezar. Compartía su comida escasa con los que se morían de hambre. Consolaba por igual a criminales y a disidentes.

Un preso escribió después: “Cuando Bonhoeffer hablaba, las paredes parecían desaparecer. Por unos minutos, recordábamos lo que se sentía ser humanos”.

Los guardias no sabían qué hacer con él.

Ahí estaba un hombre frente a una muerte casi segura y, aun así, parecía más libre que quienes tenían las llaves.

En 1944, la Gestapo encontró documentos que lo vinculaban a la resistencia contra Hitler. Lo trasladaron al campo de concentración de Buchenwald. Y luego a Flossenbürg.

Un lugar donde la esperanza iba a morir.

Pero incluso allí, rodeado de alambre de púas y del olor de la muerte, Bonhoeffer siguió haciendo lo que siempre había hecho.

Rezaba con los enfermos. Acompañaba a hombres al borde de perder la razón. Compartía su manta con presos que temblaban de frío.

Cuando alguien le preguntó por qué se molestaba —si él mismo estaba marcado para la ejecución—, su respuesta fue simple:

“Porque todavía estoy vivo”.

El domingo 8 de abril de 1945, Bonhoeffer celebró un último servicio. Leyó de Isaías: “Por sus heridas hemos sido sanados”.

Los presos lloraron mientras hablaba. Ellos lo sabían. Él lo sabía.

El final se acercaba.

Esa noche, guardias de las SS entraron en su celda. Le dijeron que los acompañara.

No preguntó a dónde. Ya lo sabía.

Bonhoeffer dobló su manta con cuidado. Susurró una oración. Y le dejó un mensaje a un compañero de cautiverio, el oficial británico Payne Best.

“Dile a mi amigo el obispo Bell que, para mí, esto no es el fin, sino el comienzo de la vida”.

Y caminó.

El sol aún no había salido. El patio estaba vacío, salvo por la horca esperando en la luz gris del amanecer.

Un testigo contó después que Bonhoeffer no dejó de orar. Su voz firme. Sus manos tranquilas. Su rostro en una paz que inquietaba incluso a los verdugos.

No era fanfarronería. No era negación.

Era la certeza silenciosa de un hombre que ya lo había entregado todo, salvo su alma.

Tal vez era porque Bonhoeffer creía que la muerte no era un final, sino una puerta. Tal vez porque sabía que sus palabras sobrevivirían al régimen que lo estaba matando.

O tal vez porque había decidido, mucho antes, que hay cosas que valen más que respirar.

Lo ahorcaron al amanecer del 9 de abril de 1945.

Sin ceremonia. Sin últimas palabras registradas. Sin una tumba con su nombre.

Solo un pastor de 39 años que eligió el coraje por encima de la comodidad, la verdad por encima de la seguridad, el amor por encima de la vida.

Dos semanas después, las fuerzas aliadas liberaron Flossenbürg.

Hitler estaba muerto en menos de un mes.

El supuesto “Reich de mil años” duró doce.

Pero las cartas y los escritos de Bonhoeffer siguieron vivos. Su mensaje final llegó al obispo Bell. Y su historia se extendió por un mundo roto, hambriento de ejemplos de una fe que no se quiebra.

Hoy, millones leen sus palabras y descubren algo extraordinario:

El valor real no siempre ruge. A veces susurra oraciones en una celda. A veces camina sereno hacia la muerte, cantando bajito sobre la vida.

Y a veces, solo a veces, ese coraje silencioso resuena más que todos los gritos juntos.

Fuente: Encyclopaedia Britannica ("Dietrich Bonhoeffer", s. f.)

miércoles, abril 08, 2026

CARDENAL DE BOGOTÁ LAVA LOS PIES A PROSTITUTAS


El Cardenal Luis José Rueda Aparicio, máxima autoridad católica en Colombia, protagonizó un acto de profunda carga simbólica este Jueves Santo al trasladarse al barrio Santa Fe, una de las zonas de tolerancia más complejas de Bogotá. En un gesto que evoca el mandato de humildad del Evangelio, el purpurado se arrodilló para lavar los pies de mujeres trabajadoras s*x*al* y mujeres trans, enviando un mensaje contundente contra la discriminación y lo que él denomina el "sistema de castas" que fractura a la sociedad actual. Este es el segundo año consecutivo que el Cardenal elige este entorno para el rito, reafirmando una pastoral de cercanía con las comunidades más estigmatizadas.
Fuente: Noticias Uno / Arquidiócesis de Bogotá.

martes, abril 07, 2026

domingo, abril 05, 2026

SIAP Madrid, 22-23 mayo: DeepEnd (salud en áreas deprivadas) ¿Cómo mantener a flote la Atención Primaria?

 


https://seminariossiap.es/bsms/como-mantener-a-flote-la-atencion-primaria-en-territorios-deprivados-aprendiendo-con-los-deep-end/

Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP):

DeepEnd ¿Cómo mantener a flote la Atención Primaria?
Madrid, 22-23 Mayo 2026
"Esta es la convocatoria para el Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) sobre el Deep End.

Deep End es un término que se originó en Escocia para denominar el trabajo en Atención Primaria en áreas deprivadas/zonas desfavorecidas (población con más problemas socioeconómicos, más y precoz morbilidad y mortalidad que la media, peor salud dental, defectuosa rehabilitación en problemas agudos y crónicos, peor acceso a los servicios sociosanitarios necesarios, más absentismo y fracaso escolar, altas tasas de desempleo, etc). Por ejemplo, en Andalucía son zonas con "necesidades de transformación social".

Deep End hace referencia como metáfora a una piscina, en la que las áreas deprivadas estarían situadas en su extremo profundo, donde el agua cubre: llegar al fondo de los problemas de las personas que lo habitan es más complejo, teniendo que “bucear” mucho más, y además tanto pacientes como profesionales deben hacer un esfuerzo constante por mantenerse a flote. El trabajo en los Deep End exige adaptaciones importantes, pero además plantea cuestiones de gran relevancia para la Atención Primaria en general.


Las inscripciones son virtuales a través de este formulario, gratuitas, a partir del jueves 26 de marzo de 2026. El debate virtual, desde cualquier lugar del mundo (y asincrónico, sin hora definida) empezará el 22 de abril y el debate presencial se celebrará los días 22 y 23 de mayo en Madrid. El satélite se modifica en esta edición y el desarrollo de los casos se hace grupal, pudiendo apuntarse para participar a través del formulario de inscripción.

Como todos los SIAP, es gratuito y libre de patrocinios de industrias."

En nuestra web podréis encontrar el horario de cada una de las sesiones, relatos vitales de los organizadores, etc.

correo-e siapdeepend@gmail.com
Twitter @DeepEnd2026
Instagram https://www.instagram.com/siapdeepend2026?utm_source=qr&igsh=bzdlZWkxY2JjZWY5

Sobre los Deep End, en general, y el proyecto escocés (desde 2009), en la Universidad de Glasgow

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9680762/

https://bjgp.org/content/early/2024/08/20/BJGP.2024.0167?versioned=true

https://www.gla.ac.uk/schools/healthwellbeing/research/generalpractice/deepend/international/

General practitioners at the Deep End. International Bulletin, no 14. December 2025 https://www.gla.ac.uk/media/Media_1230365_smxx.pdf

El Cristo cósmico de Olga Blinder

 Un autor húngaro comparó la muerte-resurrección con el nacimiento.

Seguía una profunda espiritualidad que brota de la encarnación.

Solo era cuestión de tiempo y llegó el momento en que una mujer, Olga Blinder, metiera un resucitado-crucificado en el útero, donde morimos-vivimos, creemos, amamos y esperamos



jueves, abril 02, 2026

Estar en la cruz no es lo mismo que mirarla


EN TIEMPOS DE JESÚS, la cruz no era un símbolo religioso ni un objeto de devoción. Era el instrumento de ejecución más cruel del Imperio romano. Crucificar a alguien significaba humillarlo públicamente, despojarlo de toda dignidad y convertir su muerte en espectáculo para infundir miedo. La cruz era castigo político: se reservaba para quienes eran considerados peligrosos para el orden establecido. Era una advertencia dirigida al pueblo entero: así termina quien desafía al poder.

Jesús es clavado en la cruz porque su anuncio del Reino literalmente incomodaba. No muere solo por una idea abstracta, sino por haber puesto en el centro a los pobres, por haber denunciado la hipocresía religiosa y por haber proclamado un Dios que es Padre y que libera en vez de someter.

El teólogo José Antonio Pagola nos dice: «Hemos logrado adorar al Crucificado de tal manera que nos oculta a los crucificados de hoy». Es decir, hemos aprendido a venerar la cruz en los templos mientras evitamos reconocerla en la historia concreta de la sociedad. Rezamos ante la imagen de Jesús sufriente y, sin embargo, muchas veces apartamos la mirada de las víctimas del pecado estructural. La fe se vuelve cómoda cuando contempla el dolor pasado y que no se deja interpelar por el dolor presente.

Existe el gran problema de que muchas veces espiritualizamos el sufrimiento, como si a Dios le complaciera vernos sufrir. Y nadamás lejos que eso. Seguir a Jesús implica trabajar para que quienes viven oprimidos puedan recuperar vida, dignidad y esperanza...y sean felices. Es necesario seguir combatiendo todo aquello que sigue produciendo crucifixiones en nuestro mundo y no hace felices a los demás. El gran teólogo Ignacio Ellacuría lo expresó con claridad: «Hay que bajar de la cruz a los pueblos crucificados».

Hoy contemplamos pueblos enteros clavados en la cruz. En estos momentos Oriente Medio vuelve a sangrar bajo las bombas que están destruyendo ciudades, arrancando familias y sembrando miedo y odio. El dolor que allí se vive no es una tragedia lejana: sus consecuencias alcanzarán al mundo entero: crisis humanitarias, desplazamientos masivos, violencia globalizada, economías desestabilizadas y una humanidad cada vez más acostumbrada e indiferente al sufrimiento ajeno.

Pero no hay que olvidar también que crucificar a los pueblos puede tomar muchas formas y una de las formas más crueles es crucificar en nombre de Dios. Matar y quitar la dignidad usando el santo nombre de Dios. Cuando la religión se usa para justificar violencias, supremacías o destrucción del otro, la cruz deja de ser signo de salvación y se convierte nuevamente en instrumento de muerte. Es paradójico ver una religión que por un lado presenta a un Dios que murió en la Cruz por amor y al mismo tiempo lo utilizamos para encubrir y apoyar proyectos políticos de muerte.

También resulta profundamente contradictorio que, como creyentes, defendamos la vida únicamente cuando se gesta en el vientre materno y, al mismo tiempo, permanezcamos indiferentes ante el dolor y las muertes injustas de miles de personas provocadas por la guerra, la violencia, el hambre o la exclusión. No puede llamarse defensa de la vida una postura selectiva que guarda silencio frente al sufrimiento humano cuando este ya tiene rostro, nombre e historia. Tristemente, muchos cristianos apoyan políticas que legitiman la guerra, como si destruir al enemigo garantizara la paz o agradara a Dios. Nada más contrario al Evangelio que pensar que el bienestar de los pueblos puede construirse sobre la muerte de otros. Esa lógica revela una contradicción profunda: cuando la fe justifica la violencia, la religión deja de ser camino de vida y termina volviéndose cómplice de la injusticia, integrada incluso en el engranaje del pecado estructural que sigue crucificando a los pueblos.

Jesús clavado nos revela hasta dónde puede llegar la violencia humana, pero también hasta dónde llega la fidelidad de Dios a las víctimas. Por eso, el cristiano no está llamado a acostumbrarse al sufrimiento del mundo, sino a impedir que continúe. Cada vez que una vida es destruida por el odio, Jesús vuelve a ser clavado. Y cada vez que alguien trabaja por la justicia, comienza lentamente el acto de desclavar a los pueblos.


Hna Adry, OSC

Teología desde abajo