domingo, agosto 30, 2026

TOMAR LA CRUZ Y NEGARSE (ORD XXII A)

Rafa Pascual

El domingo pasado Pedro reconocía Jesús como El Salvador. Pues muy bien, creer en Dios, está muy bien. Pero creer solo en Dios no basta. Es preciso además concebir a Dios como realmente es y descubrir el modo como salva. 

A partir de este domingo y hasta finales de noviembre, que comencemos el tiempo de preparación a Navidad, los evangelios se van a dedicar precisamente a eso, primero a explicarnos los métodos salvadores de Dios, que no coinciden para nada con los métodos que este mundo considera salvadores. Y a describir casos concretos de la vida, casos muy prácticos y la resolución de los mismos que como iremos viendo a lo largo de los trece domingos siguientes tampoco suelen coincidir con la mentalidad mundana que tenemos, propia de este mundo en que vivimos. En definitiva, que una cosa es creer en Dios y decir como Pedro el domingo pasado "Tú eres el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios vivo" y otra cosa es ajustar tu vida y tu mente a la de Dios, superando los criterios del mundo en el que vives. Así, en el evangelio de este domingo vemos cómo el mismo Pedro que el domingo pasado había reconocido a Jesús como el Salvador y había sido piropeado por Jesús "dichoso tu  Simón", ahora, en el evangelio de este domingo, no está de acuerdo con la forma de salvar que Jesús tiene y por eso Jesús lo llama satanás y le dice que su pensamiento es mundano, no es de Dios. Piensas como los hombres y no como Dios. Es decir, puedes llamarte y considerarte creyente y cristiano, pero parecerte muy poco a Dios y a su mentalidad en la vida práctica y concreta, ya que tú vives de acuerdo con la mentalidad del mundo en el que estás. 

Este mundo entiende cómo camino triunfador y salvador imponerse. Triunfa el que es más fuerte. Prevalecer tú, ganar, triunfar, tener. Por eso este mundo está organizado en torno a la competición, las oposiciones, los campeonatos, las medallas, los títulos. Y los héroes y semidioses son los que ganan, los que tienen más, en consecuencia los que más mandan, una ínfima minoría, triunfa. Según los criterios mundanos, por lo tanto, si esto fuera la meta y lo correcto y lo que da felicidad y salva, habríamos fracasado como humanidad, pues solo una ínfima minoría triunfa, según lo que este mundo considera triunfar y salvarse. 

El evangelio de hoy viene a recordarnos que todo es  exactamente al revés. El triunfo de verdad es exactamente lo contrario: el triunfador de esta vida es el que se da, el que se entrega. No el que compite con el semejante para situarse un escalón más arriba de él y luego vivir en alerta permanente porque sabe que puede venir otro como el a desbancarlo. El triunfador de esta vida no es el que más tiene y está centrado en su ego, en su yo-yo, sino el que tiene lo que necesita realmente -que por cierto no necesitamos tanto- y saliendo de su yo, sabe mirar a los demás y ponerse en su pellejo. El auténtico triunfo solo lo da el amor y solo triunfa realmente el que ama. No el que más fuerza tiene porque las fuerzas al final se acaban, ni tampoco el que más cosas posee porque no te vas a llevar ni una de las cosas que amontonas. Por eso en realidad la mentalidad mundana es una mentalidad de perdedores que ensalzan triunfos que en realidad solo son humo y paja. 

No cabe duda, ¿Eh? Jesús comienza duro. Y dando caña y dando en el centro de la diana este domingo en el principio de su enseñanza, de cual es el camino salvador según la mentalidad de Dios tan alejada de la mentalidad mundana. A este mundo con su filosofía de vida no se le ve especialmente feliz que digamos. Ni siquiera se ve felices a los triunfadores. Metidos en una loca carrera sin fin en la que nunca tienen bastantes títulos ni parece satisfacerles nada. 

Y yo no creo que sea una "crisis de valores" como todo el mundo anda diciendo por ahí, no. Sencillamente es que se ha puesto como valor lo que realmente no vale nada. 

Jesús comenzaba el evangelio de hoy diciendo que era preciso e ineludible para él subir a Jerusalén. Que traducido a nuestra vida es: es preciso e ineludible para todos hacer el camino de la vida en la sociedad y en el mundo que te toca. Y añadía: "Y tener muchas diferencias con los senadores, los sumo sacerdote y los letrados". Tres tipos de gente que representan las tres vertientes del poder mundano. Los senadores representan el poder económico, el dinero. Que necesario es pero según la filosofía insaciable por la que actualmente se rigen, resulta ser nefasto. Los sumos sacerdotes representan el poder de la religión, que a veces es una religión mal entendida que se dedica a someter por el miedo lo más íntimo de las personas, tu conciencia, a poco que te descuidas. Y los letrados, que representan el poder intelectual, con su verborrea ideológica, que con sus flautas de Hamelín, repitiendo sin pausa sus consignas pretenden llevarte a su cueva a poco que te despistas. 

El evangelio recuerda que es ineludible hacer el camino de la vida. Y a poco que seas coherente también es ineludible tener tus grandes y graves diferencias con los poderes de este mundo. El económico, el religioso y el intelectual. Porque absolutamente todo lo que huela a poder es detestable y por tanto rechazable. Da igual que sea el poder económico, el religioso o el intelectual. Todo lo que huele a poder es radicalmente malo porque poder implica fuerza, imposición. Y la fuerza no es camino salvador, ni de felicidad, ni de dicha, ni de triunfo. Solo la entrega y el amor no engañan. Solo la entrega y el amor son el único camino Salvador. En el ser humano que veas -sea economista, religioso o intelectual- que mira por el entorno para mejorarlo, que no guía su vida en torno a su yo-yo y mío mío... Donde veas un economista un religioso, un intelectual... que como considera que tiene suficiente hace cantidad de cosas gratis y sencillamente porque sí, en este mundo donde todo cuesta un montón de euros, ahí tienes unos seres humanos cuerdos, triunfadores que han encontrado el filón de la felicidad. A esos imítalos y síguelos. Y pasa olímpicamente de los principios triunfadores y de poder que rigen  este mundo y de los que se los creen y de los que los siguen. Todo lo que huela a poder y a ego es rechazable. No es camino salvador, Dios ni es ni actúa ni salva de ese modo. 

Y eso es lo que significa la frase "negarse a sí mismo y cargar con la cruz". Que no es una frase que indique renuncia, penitencia... ¡Que no, hombre, que no! exactamente lo contrario. Esa frase es la máxima afirmación y la máxima liberación. No hay mayor afirmación en este mundo que la total negación del poder y su rechazo. Y la cruz para nosotros no significa suplicio y atadura. Es el símbolo de la liberación y de la entrega total. La filosofía triunfadora de este mundo es un auténtico y total engaño. Y siguiendola, dice el evangelio de hoy, te perderás. Y haciendo exactamente lo contrario, te encontrarás y te salvarás.

Cómo nos decía san Pablo en la lectura que hemos leído previa al evangelio: no os ajustéis a este mundo, transformaos por la renovación de la mente. Y haríamos muy bien haciéndole caso. Aunque por desgracia, lo que iempre está de moda en este mundo, es la aceptación de los cánones del poder y el seguidismo bobo. No os ajustéis a este mundo, transformaos por la renovación de la mente.