miércoles, junio 10, 2026

León XIV, peregrino,no turista










La Iglesia, con sus luces y sombras, como todo lo concreto, como todo lo real, vista en conjunto es colosal. No hay nada igual. Milani -mejor y más que yo- decía que la amaba con locura aunque entre infinitos litigios decía “como todo buen esposo”. Y es que todo bautizado tiene la vocación de una relación esponsal con Cristo, la Iglesia y los pobres. Los tres. Hace no mucho me descubrieron que Juan de la Cruz decía que el buen pastor, Jesús, estaba enamorado de cada de nosotros (él decía “alma” según su época) como de la pastorcica. O sea, que no somos ovejas sino la pastorcica. Colosal. Pues lo mismo con la Iglesia. 
Y lo mismo con los pobres.

Esta Iglesia con su sabiduría tiene como primer servidor (una pirámide pero al revés decía Francisco) al obispo de Roma que hoy peregrina a Gran Canaria. Y digo peregrina, porque aunque hay mucho lío organizativo, es importante darnos cuenta que no viene como un turista. Supongo que se va sin bañarse en las Canteras, la Laja o Maspalomas. Supongo que no verá el Jardín Canario. Y no paseará por Garajonay ni Anaga. Es un peregrino. Bajo la cáscara de las alfombras hay un pobre que no va a poder tumbarse en la arena.

Viene, visto humanamente, el hombre mejor informado del mundo. Le llega todo. Cuando los periodistas europeos viajan por países pobres saben que los misioneros son los mejor informados. Además todas las ordenes religiosas y todos los obispados le hacen llegar sus angustias y alegrías. Solo por eso merece ser escuchado. ¿Quién puede mejor que él decir una palabra justa y verdadera? No me extraña que se haya llevado la ovación más larga de la historia del Congreso, más de siete minutos, el doble que la joven Leonor al jurar la Constitución. Demuestra que el ser humano sabe distinguir y aunque no esté dispuesto a todos los sacrificios, sabe que la vida la hace más humana el que sirve.

En su sabiduría la Iglesia sabe hacer equilibrios sobre el alambre. Lo viene haciendo desde siempre. Y después del huracán Francisco convenía el ritmo pausado y eficaz de este León que es manso como piden las Bienaventuranzas. En sus textos se ve claramente que sigue la sempiterna línea de la Iglesia: fidelidad y creatividad, volver a las fuentes mirando el futuro, paciencia, perseverancia, verdad, fe, esperanza y caridad.

Me da la impresión que Francisco-León XIV, en cierto modo reproducen el tándem Juan XXIII-Pablo VI. Recomiendo, por cierto, para conocerlos, las películas de la RAI: Un hombre en la tempestad (Pablo VI), El santo padre (Juan XXIIII). Ni sé las veces que las he visto. Ahí puede percibirse el huracán Juan XXIII, el viento fresco en un religioso bastante tradicional. Y el Pablo VI, tranquilo organizador, en tenso equilibrio en un religioso abierto al futuro. Francisco cada día se me parece más a Juan XXIII, León XIV a Pablo VI. Esta Iglesia que ES DIÁLOGO VITAL, esta Iglesia que amamos y nos ama es colosal.