jueves, junio 04, 2026

Aproximación a la oración de Jesús, de Marcelino Legido, un libro para hoy

Planteamiento para un diálogo por Eugenio A. Rodríguez en una Ultreya (trascripción, hemos mantenido el estilo oral)

Voy a empezar por algo que creo y que no creo que aquí pasemos de cuatro a cinco, que estén de acuerdo conmigo. Creo que más bien ustedes van a estar en desacuerdo. Luego, digo, en dónde se fundamenta eso que yo creo que ustedes van a estar en desacuerdo, en qué teología y en qué magisterio se fundamenta una afirmación polémica.

El 10 de mayo pasado yo fui a una manifestación por la vivienda, por la zona de Guanarteme. En Guanarteme el asunto ha llegado a que se edifica sobre el barranco, se hace un túnel para el barranco, y ya en aquellas casas se han generado humedades. En Guanarteme, la gente de toda la vida de Guanarteme se está yendo y ahora puedes comprar un pisito, por 250.000 euros una vivienda de un dormitorio.

Pero en un sitio muy chulo, muy cerquita de las Canteras, ¿no? Entonces, el domingo 10 de mayo yo fui a una manifestación, que pienso yo que la mayoría eran agnósticos, había algún ateo, pero no había ninguno que yo conociera de mi vida habitual de parroquias, ni una sola persona.

Otras veces, en cosas de Palestina, a veces estamos cuatro, cinco, seis del mundillo eclesial habitual. Y el día que aquí -es esta sala- tuvimos un acto por Palestina, aquí en San Isabel de Hungría, que muchos de ustedes estaban y tuvimos primero un acto aquí aquí en esta misma sala y luego un Círculo de silencio en la plaza de la Iglesia -aquí al lado- y todo estuvo muy bien. Al final del acto conversábamos varios y también estaba el cura de la parroquia y yo le decía al cura que en muchas de estas cosas antes solíamos ser varios curas y ya no es así. "¡Es que tenía misa!" dicen. La realidad es que uno se fue a misiones, se murió el otro, el otro se secularizó… y también -a veces- dejó de ir a esas cosas.

Pues ese mismo 10 de mayo hubo un acto, dicen que evangelizador, a base de canciones en la misma plaza del Pilar.

Yo creo que lo cristiano es ir a lo de la mañana, a lo de la vivienda, y no tanto a lo otro. Si puedo ir a las dos cosas, no tengo ningún inconveniente en ir a las dos cosas. Pero si la vida me obliga a elegir, la primera es la genuinamente cristiana, estar en la manifestación por la vivienda. Ustedes lo saben si tienen hijos buscando una vivienda, hoy están en una situación completamente desastrosa.

En esta sala, en esta misma sala, tuvimos una vez un debate, de si el 1 de mayo se podía hacer una excursión interparroquial, pues durante algunos años, el 1 de mayo se hacía una excursión interparroquial. Cuando se planteó que el 1 de mayo, lo mismo no debíamos hacer una excursión interparroquial sino respetar que algunos querían ir a la manifestación del 1 de mayo, no hubo ni un minuto de debate, estuvo todo el mundo de acuerdo. No todos iban al 1 de mayo, pero parecía lógico, parecía lógico a la coordinadora interparroquial que lo trató, respetar que algunos iban al 1 de mayo.

Entonces, la cuestión política es esencial para el Papa, para todos los Papas, desde Pío XI, que dijo que la forma más alta de caridad es la caridad política. Desde Pío XI hasta hoy, un Papa tras otro se queja de que muchos creyentes pasan de la política.

Y hay documentos escritos, por ejemplo, de nuestra diócesis, Policarpo -siendo delegado de Apostolado Seglar- tiene documentos largos sobre ese asunto, y en el sínodo diocesano hay unas palabras dedicadas el 1 de mayo también, ¿no? Entonces, este es un tema que convendría a todos los seres humanos reflexionar, y ayer ha vuelto a publicar el Papa una nueva encíclica que vuelve a insistir en que hay que comprometerse en los temas sociales y políticos.

Entonces, ¿cual es el problema? ¿dónde está el asunto? El asunto creo que es de espiritualidad, yo creo que es de fondo, de espiritualidad, por eso me vengo a vender un libro y les voy a regalar la Subida al monte de perfección de Juan de la Cruz. El asunto es profundo, no es menor, a mi juicio es de espiritualidad.

Para entenderlo hay que darle muchas vueltas y hoy les traigo dos pistas:
-San Juan de la Cruz en general y la Subida al monte.
-Este libro de Marcelino Legido: Aproximación a la oración de Jesús. Marcelino fue un cura natural de Ávila, que influyó mucho en toda España, muchísimo; en algunos curas de aquí también ha influido mucho. Este es un cura que pastoralmente trabajó en Salamanca que afirma que el problema está en la espiritualidad.

Los Papas también señalan que en el fondo de muchos asuntos está la espiritualidad. Ahora también Dilexi Te, que es un documento de León XIV (complementario del Dilexit nos de Francisco) que dice Te amé. Es un documento en el que ese Te amé es dicho a una comunidad. Y en el documento que salió ayer, el Papa León al hablar de la Eucaristía, se concentra en el Amén. Una cosa bastante original. Si le pregunto a ustedes que destacan de Eucaristía pienso que ninguno de nosotros diríamos que es muy importante el “amén”. Los más versados hablaríamos del Evangelio, la mayoría de ustedes pensarían en la consagración, algunos quizá en la comunión, pues el Papa actual, en este documento, se concentra en el amén.

Y cuando escogen una oración los papas últimos, cuando escogen una oración de la Virgen, les da por escoger el Magníficat, insisten en María, en el “destronó a los potentados y exaltó a los humildes”. Entonces, los últimos pontífices, sobre todo desde Juan Pablo II para acá (sería largo explicar por qué antes es distinto) en los documentos sociales ponen mucho énfasis en que la entraña del asunto está en la espiritualidad.

De forma que en Dilexi te, cuando se plantea problemas terminológicos que tenemos que tratar, antes de hablar de todo lo que quiere hablar en Dilexi Te, dice que hay uno muy importante: los pobres no son un asunto de asistencia social, los pobres forman parte de la revelación. No sé si ahora ustedes calibran la importancia de esta afirmación que le doy vueltas desde que me impactó. Los pobres son un asunto que está en la revelación. En la zarza ardiente de Moisés, en los mandamientos, en Cristo en la cruz, en el credo, en Calcedonia, los pobres forman parte de la revelación. Y dice, León XIV citando al concilio: el paradigma de la espiritualidad cristiana está en el buen samaritano. Podría haber dicho que el paradigma de la espiritualidad cristiana está en la transfiguración y eso implica que socialmente nos comprometamos. No, no dice eso. Dilexi Te recoge del concilio que el paradigma de la espiritualidad es el buen samaritano. No sólo el paradigma de la acción sino el paradigma de la espiritualidad.

Este asunto tiene su choque, porque nosotros, como acaban de decir los obispos españoles, a veces entendemos por la espiritualidad una cosa como del corazón que luego tiene sus compromisos, pero no es así el enfoque de la espiritualidad cristiana.

Dilexi te después recoge algunas pequeñas cosas de todo el historial de la Doctrina social de Iglesia (DSI) y resulta que sólo cita como persona concreta de todo el concilio un discurso, el del cardenal Lercaro, el 6 de diciembre del 62, cuando nos dijo que había un misterio que era Cristo, la Iglesia y los pobres. No que Cristo es muy importante, luego también es importante la Iglesia y luego -el que quiera- que atiendan los pobres.

“Yo me dedico a la liturgia, con los pobres ya tenemos a un grupo de Cáritas”. Eso es así ¿no? O sea, lo que la Iglesia está intentando decir es que nosotros, todos, tenemos un trabajo, todos votamos, y el documento Dilexi Te, es uno de los documentos más críticos con el asistencialismo, con la ayuda puntual, el bocadillo, el banco de alimentos, esto, lo otro, ¿no? El asunto está en que nosotros somos empleados de banca, limpiadores, músicos, poetas, políticos, economistas, diputados, todo, amas de casa, amas de casa que compramos y compramos esto o compramos lo otro, podemos comprar estas fresas o las otras, podemos comprar esta manzana o la otra. Yo he comido una vez en Valencia naranjas de Sudáfrica.

El mensaje social más importante es, no que tengamos una espiritualidad y luego el que quiera que se comprometa, sino que forma parte de la espiritualidad el compromiso. Es más: nuestro compromiso es siempre acorde a nuestra forma de entender la espiritualidad, siempre.

Dime tu concepto de pecado, decía Mounier, y yo te diré tu concepto de política. Es siempre,. La persona somos una, no podemos ser de una manera en un asunto y de otra manera en otro y que no pase nada, no es normal, la persona es una. Entonces, en Dilexi te, el Papa dice que Dios opta por los pobres, no que algunos cristianos optan por los pobres, no, Dios opta por los pobres. Es más, Jesús trabajó, Jesús fue teknon, un tipo que sabía manejar herramientas, que sabía poner puertas, eso configura la espiritualidad.

Entonces, ¿por qué es interesante leer a Marcelino Legido? ¿Por qué hemos hecho el pequeño esfuerzo de publicar un libro que estaba en folletos de hace tiempo? Fueron unas conferencias que él daba a las monjas de Arévalo, de un monasterio, como aquí tenemos los benedictinos, unas cistercienses de Arévalo, Él les daba unas charlas, las grabaron en las cintas de antes, las teclearon, las publicamos en unos folletos como los que se hacían en los años 90, y ahora le hemos puesto en un libro, porque es esencial para el que quiera entender el cristianismo de hoy, entender que hay una espiritualidad que tiene que ver con la carne.

Hoy mismo en la radio he entrevistado al profesor de DSI de Zaragoza, Luis Mi, un hombre que en Roma entuvo haciendo un estudio sobre qué dice la Iglesia de la vivienda. ¿Qué dice la Iglesia de la vivienda? Entonces, hace una tesis y hablábamos en la radio de esto: ¿No estamos en una época un poco intimista? ¿nada más que insistiendo en el corazón? ¿No estamos hoy en un “yo rezo, tú rezas, él reza” y nos olvidamos del compromiso? Y él estaba también con esta idea. El papa, los papas, están insistiendo una y otra vez en que eso es lo cristiano. Complicarse la vida de lo social no es una cosa de cuatro locos. Eso es lo que explica, no solo el papa, sino que hay una teología que explica eso, por ejemplo, este libro.

Quiero destacar que, en el fondo, es la mística de todos los tiempos. Por eso hoy les traigo, se lo regalamos fotocopiado, el Monte de Juan de la Cruz. Lo estoy intentando aprender de memoria. Entonces dice Juan de la Cruz, tú si quieres ascender al Monte de perfección, si decides ir por los bienes de la tierra, gusto, honra, ciencia, vas por un camino equivocado, que se va afuera.

Pero ¡ojo!, dice Juan de la Cruz, si vas por el camino de los bienes del cielo, saber, consuelo, seguridad o gloria el camino de los bienes del cielo, te deja a medio camino. Si quieres llegar tienes que ir por el camino de la nada. Esto es la espiritualidad.


La mejor espiritualidad es esta. Dice el texto, para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas. Para ir a donde no conoces, has de ir por donde no conoces…. Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada. Para venir a tenerlo todo, no quieras tener algo en nada. Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada… Y así va diciendo San Juan de la Cruz. El camino al monte de la perfección es Nada.

Es una espiritualidad diferente de la espiritualidad en la que estamos muchas veces metidos, que es mucho más de carácter consumista. Mi consuelo, mi gusto, mi gloria. Y eso, en el dibujo, lo pueden ver, no lleva afuera, pero se queda medio camino. Y esto es lo que ha defendido el mejor cristianismo siempre. Una espiritualidad de la nada. Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.

El camino equivocado es el camino que en lo social lleva a la acción puramente asistencial, hacer una ayuda, hacer algo. El camino que proponen los documentos importantes de los papas, es un camino de compromiso. Y de compromiso que implica toda la vida.

Entonces, lo que va explicando Marcelino Legido es el Padre Nuestro aplicado a esta forma de entender la relación con el mundo. ¿Qué es decir Padre? Decir que es padre es que todos somos hermanos. Y si decimos que todos somos hermanos, el otro no es un competidor, el otro es un hermano. Y si decimos Padre nuestro, no es padre mío, es padre nuestro.

Marcelino propone, para la oración, usar cinco verbos. Todo eso está bien explicado.

En primer lugar, para la oración hay que estar decididos. Tomar una decisión. Voy a hacer oración todos los días -por ejemplo- a las once de la noche. Voy a los domingos por la mañana a tener media hora de oración en silencio. Hace falta primero una decisión. Hay un chiste muy simpático, que es, ustedes todos han dicho a sus hijos que estudien, ¿verdad? ¿Sí o no? Pues hay un chiste muy simpático, que es un muchacho sentado, mirando hacia una mosca, y dice: “Habiendo cosas tan interesantes ¿cómo me voy a poner a estudiar?” Hay cosas en el mundo tan interesantes como una mosca. Entonces, primero hay que decidirse. Yo digo que ese verbo es 0, esencial, antes de empezar.

Dice Marcelino que el primer paso es mirar. Hace falta abrir los ojos al mundo. A una cruz, a imagen de la Virgen, a una imagen de la humanidad actual, una madre de Palestina, un sanitario, un empobrecido, un hambriento. Hace falta mirar. A un Cristo, a un pobre, al esposo, a la esposa, a los nietos, mirar.


Luego segundo, contar. qué llevo yo en el corazón, ¿no? ¿Qué me tiene a mí triturado? Ver a Jesús. 

Tercero, escuchar. Y la forma de estar seguros de que es su palabra es ir a la palabra de Dios. Pero una palabra de Dios encarnada. Porque la carne es el quicio de la salvación. La carne, la salvación pasa por la carne. Escucharla palabra y lo que nos dicen los demás, también. Y lo que puede que quizá nos diga Jesús en el corazón.

Y contemplar. Un silencio, una donación.

En la espiritualidad de encarnación creemos en una vivencia de la espiritualidad en medio de la vida. Pero una espiritualidad del buen samaritano realmente comprometida, también necesita unos espacios de oración auténticos.) No tanto unos espacios de oración cargados de, por así decirlo, sentimientos. Sí de sensibilidad, sí de sentidos, con tacto, con vista, con olfato, con escucha. Sí de sensibilidad, pero no tanto de sentimientos.

¿Qué nos hace saber si nuestra oración (ese ratito que estamos más largo o más corto de relación personal con Jesús) es verdadero o es una falacia? Si ustedes se encuentran con un muchacho por ahí que les dice, yo soy Cristo, Él se me ha aparecido… ¿Ustedes qué piensan? Qué tiene un malestar, un malestar como cualquier otro. No pasa nada pero nadie cree esas palabras. No lo vamos a matar, ni insultar ni nada. pero nos damos cuenta de que no es lo que dice. La forma de saber que una oración es auténticamente cristiana es que se parece al Padre Nuestro.

Si dices, “Señor, para que saque las oposiciones mi nieta” y buscas en el Padre Nuestro… pues en eso no sale. Esos que son poco creyentes y en exámenes piden a la abuela que rece. La forma de saber si una oración es realmente un trato íntimo con Jesús es que se parece al Padre Nuestro.

Si se parece al Padre Nuestro nos puede pasar como a san Juan de la cruz, que vamos por el camino ese de nada, nada. Donde no queremos nada, ¿qué queremos? Nada.

Al no querer nada, al no ambicionar nada, es como entramos en la dinámica de hace de toda la vida un compromiso. Para que toda la vida sea un compromiso) hace falta que la espiritualidad esté metida en la carne, en la vida. (Y eso es algo a lo que puede ayudar este libro que nos hemos esforzado en poner a disposición.

Ahora supongo que ustedes tienen algunas “pegas” o no pegas y podemos hablar.