viernes, marzo 27, 2026

SE ALQUILAN SILLAS, PALCOS Y BALCONES Semana Santa.

 



Para Jesús nazareno ha llegado: "Su Hora" ...

La hora en que se cruzan, en su corazón, las más profundas resonancias:
- de luces y de sombras,
- de amores y traiciones,
- de propuestas de vida y
- de zarpazos de muerte...

Y para la promocion turística de nuestras ciudades, ha llegado:

La oportunidad para el negocio...

Pero, desde la fe cristiana, los creyentes en Jesús, hemos de tener muy claro que no podemos evocar ni celebrar este misterio desde los mismos parámetros...

Los cristianos no podemos contemplar esta historia, desde fuera, como quien ve un espectáculo, a pie de calle, desde la tribuna oficial o desde un balcón alquilado.

No podemos quedarnos

- en la superficie de los ritos, - en las emociones ni - en las admiraciones...

¿Para cuando dejaremos entonces las

- com-pasiones y las - con-resurrecciones?

Cuando vemos la memoria de Jesús y su muerte convertida en espectáculo... y su imagen rodeada de fuertes alaridos de cornetas y tambores destemplados...

Cuando le vemos avanzando en nuestras calles, entre flores de adorno y ruidos de fondo para marcar el paso...

Sentimos un fuerte nudo que nos aprieta la garganta y ciertos redobles de dolor que nos congelan el alma...

Porque lo de Jesús merece un gran respeto y no puede convertirse nunca en espectáculo.

Jesús desde la cruz, le está gritando al mundo que Dios no es un trilero ni la encarnación es un truco... y que en su cuerpo roto y machacado, se nos está mostrando la densidad más honda del misterio de un Dios impotente y débil que nos ama hasta el extremo de identificarse y solidarizarse con todas las víctimas de la injusticia humana.

Por eso, la cruz de Jesús nos convoca siempre ante el dolor del mundo y nos invita a mirar honestamente el rostro de todos los que sufren:

- los cristos encorvados que deambulan por el mundo, bajo el insoportable peso de su cruz...

- los cristos de la calle, con su cansado rostro pegado a la tierra o el asfalto de la ciudad adormecida...

- los cristos del rostro ensangrentado, el alma rota y el corazón partido... testigos mudos de los mayores horrores...

No podemos olvidar que Jesús no se murió, sino que "lo arrancaron de la tierra de los vivos" (Is. 53,8).

Jesús fue ejecutado... se burlaron de él, le juzgaron injustamente y lo llevaron a la cruz, como un criminal... aplicandole así, la condena a muerte más cruel que el Imperio había inventado.

Su muerte no fue casual, ni accidental, ni colateral... como son clasificadas muchas muertes de personas inocentes que siguen muriendo hoy, crucificadas por la injusticia, la guerra, el hambre, el olvido o la miseria...

Por eso, nuestra fe en el Dios de Jesús nos impide caer en una espiritualidad evasiva.

La fe en Jesús, en vez de sacarnos de la Historia, nos implica profundamente en ella, asumiendo el compromiso de bajar de la cruz a tantas víctimas inocentes que hoy siguen siendo crucificadas.

Ojalá que en las ciudades, donde esta Semana Santa se alquilan balcones, para ver pasar la imagen del Cristo en procesión, llegue el día, en que no haya:

- ningún dolor por acompañar,

- ningún derecho sin exigir,

- ningún sufrimiento sin aliviar,

- ningun daño sin reparar,

- ninguna muerte sin llorar...

Manuel Velazquez Martín.