Mi pequeña contribución al homenaje a José Andrés-Gallego por su 80 cumpleaños. Él y sus amigos han querido que sea una especie de homenaje a los protagonistas de los temas que ha estudiado. A mí me tocó en suerte escribir sobre su relación con Rovirosa
Eugenio A. Rodríguez**
La lectura de la entrevista de Fernando Fernández a José Andrés-Gallego no permite a uno más que ir de perplejidad en perplejidad. ¿De dónde ha sacado tiempo este amigo para recorrer tal diversidad de variopintos caminos? Y a la vez ser un asiduo de montes ¡y hasta barrancos canarios! Me vino a la mente aquella anécdota sobre Juan Pablo II a quien preguntaron qué hacía en su tiempo libre y éste contestó con gesto de sorpresa: “Todo mi tiempo es libre”. Algo de esto le ha debido pasar a nuestro historiador. En este sentido quiero destacar que es un gran profesional. Alguien a quien la vida ha permitido meter horas y horas en algo que hacía con placer, con trabajo, sí, pero también con placer. Más adelante explicaré que precisamente este puede ser un gigantesco punto de comunión con la persona que centra nuestro artículo: Guillermo Rovirosa.
Al leer esta entrevista, también tuve la sensación que había tenido hace muchos años cuando se despidió un sacerdote salmantino como Rector del Seminario y no precisamente para ascender sino para irse a un conjunto de pueblos pequeños y lejanos de la capital. Tenía por honor lo mismo que por honor tenía nuestro Rovirosa tal y como explicita en un capitulito titulado “Honor se escribe con H”. Rovirosa consideraba el Honor escrito con H mayúscula como lo contrario a los honores. El Honor para Rovirosa tenía que ver con la filiación, con ser del Hijo. Desde el punto de vista más humano, tenía que ver con la Honradez, la gran virtud humana, la coherencia entre los que se dice, lo que se piensa y lo que se hace. Esta cuestión ocupaba un gran espacio en sus reflexiones. Eso hizo que Rovirosa despreciara todos los títulos, todos los honores en plural. Sabemos, gracias creo a José Andrés-Gallego, que Rovirosa como estudiante se apuntó a un novedoso centro de estudios que no daba títulos oficiales, pero se planteaba responder realmente al problema de la industria de su tiempo. Se trataba de que los alumnos supieran todo y solo lo necesario para dirigir una empresa electromecánica: desde cómo llevar la electricidad de los saltos del Pirineo a las máquinas hasta como poner un enchufe en la pared.
Rovirosa no se hacía tarjeta, dejó el traje en el baúl y decidió no presentarse a los exámenes -ya mayor- del Instituto de Cultura Religiosa, al que se apuntó hacia 1942 para conocer más a fondo el cristianismo que había abrazado.
Buscador de tesoros
Nos hemos metido casi sin querer a hablar de Guillermo porque él ha sido quien ha hecho que nos conozcamos -José Andrés y yo- y que recorramos desde entonces caminos en los que nos encontramos.
Pero volvamos a ese Rector de Seminario que no quería ser canónigo y se iba de cura de pueblo. ¿Por qué me recuerda la entrevista a José Andrés-Gallego a este sacerdote? Sencillamente porque aquel buen hombre nos entregó a aquellos adolescentes, tratándonos con la alegría y seriedad con que nos trataba, una carta en que aprovechaba para hablarnos del Hijo desde su propia experiencia. Nos decía que, como san Pablo, había corrido hasta la meta, por qué había corrido y para qué seguía haciéndolo. Ese fragmento de la experiencia paulina me ha recordado la entrevista porque también nuestro querido historiador ha corrido y de qué manera y, sin embargo, como Pablo, no mira hacia atrás sino hacia la meta. Este elogio creo que merece Pepe, como le dicen los amigos. No puede uno menos de preguntarse cómo ha podido correr tanto, tocar tantos palos, hacerlo con tal entusiasmo y entrega.
Mis lecturas de Rovirosa me llevan a ver a José Andrés-Gallego como un buscador de tesoros. Intentaré explicarlo. Me parece que nuestro historiador llegó a disfrutar tanto con las investigaciones sobre Rovirosa porque percibió unas líneas profundas de comunión con Guillermo. Rovirosa disfrutaba investigando, fuera electricidad, vinos o nuevos métodos apostólicos. Esta capacidad científica de Rovirosa la ha documentado muy bien José Andrés-Gallego.
Una conexión más fuerte de José Andrés-Gallego con Guillermo Rovirosa es un gran amor por la verdad. En ambos casos muy seria, aunque en el caso de Rovirosa más radical porque la radicalidad es una característica peculiar de Guillermo que da un tono diferente a muchas de sus cosas.
Hemos de decir que, cómo historiador, José Andrés-Gallego no parte de una premisa a defender sino que es un honesto buscador. Una y otra vez aparece en sus libros la primacía de los hechos, le den la razón o no.
Digo “buscador de tesoros” porque Rovirosa concluye en uno de sus mejores ensayos, El primer santo: Dimas el ladrón, desde una mezcla entre experiencia e imaginación que seguramente Dimas, el crucificado con Cristo, había sido, más que ladrón, buscador de tesoros”. A mí la paciencia de José Andrés-Gallego, su constancia, su imaginación, su alegría con lo encontrado, me recuerda ese buscador de tesoros ¿Y cuál es el tesoro? La verdad.
Cuando, desde las autoridades eclesiásticas, llaman a nuestro historiador para realizar la parte histórica para la posible canonización de Rovirosa, le hacen una sugerencia intrigante. Le dicen que le han llamado a él precisamente porque no se trata de vestir a un santo desvistiendo a otros. Encuentro a José Andrés Gallego como un gran amante de la verdad porque no hizo caso. Lo que ha descubierto lo ha puesto de manifiesto con toda sinceridad.
No sé si, a diferencia de Rovirosa, José Andrés-Gallego fue más moderado y simplemente se calló cuando le hicieron esa indicación y, luego, hizo lo que le pareció honesto. Quizá al callar no cayó en la trampa y quizá dejó pasar la ocasión de decir una verdad inoportuna que pudiera ser una mano y un corazón tendidos al enemigo. Tampoco sé si Rovirosa habría sido más radical en un caso así. Es muy probable que sí. Cuando a Rovirosa le hicieron propuestas deshonestas, normalmente decía un “no” muy claro y que quizá podía aparecer agresivo.
Para entender esto puede que venga bien recordar que Rovirosa entendía (y su colaborador más cercano y amigo -Tomás Malagón- desde luego y hasta santo Tomás bien leído) que la prudencia es la armonizadora de las virtudes, pero normalmente se emplea para armonizar los vicios. Sorprende la lucidez de semejante perspectiva ¿No es verdad que, bajo el nombre de prudencia, solemos armonizar vicios? Las reflexiones a lo largo del cristianismo sobre lo que llamaban “prudencia humana” son interesantísimas, aunque hoy posiblemente llegaríamos a la conclusión de que no solo no es divina sino que tampoco es auténticamente humana.
En la cuestión que nos ocupa, es muy probable que nuestro historiador no llegara a plantear las cosas como Rovirosa pero tampoco creo que se comportara como un diplomático. Quizá buscador de tesoros sea una buena definición.
Disfrutar en todos los terrenos
Nuestro buscador de tesoros no le teme a ningún clima. Hay tesoros en el desierto, en la estepa y hasta en el polo Norte. El mismo José Andrés-Gallego confiesa que a veces los temas le van llegando. Parece no tener ruta decidida. Los temas le van llegando de manera muy variopinta. Y así le ha pasado habitualmente y no solo con Rovirosa.
Mis lecturas de la obra de José Andrés-Gallego son muy limitadas. La entrevista realizada por Fernando ha sido para mí todo un descubrimiento. Yo no conocía apenas otra cosa que su colaboración para dar a conocer la presencia de la Iglesia en la España contemporánea. No puedo hablar de toda su obra pero sí puedo decir que, antes de conocerle, cuando era para mí un autor más, me pareció el mejor en materia de historia de la Iglesia española, cuestión muy importante para mí de la que no sabía mucho.
Cierto que las cuestiones de Iglesia contemporánea las ha frecuentado más que otras. De hecho, en su afrontamiento a Rovirosa, echa mano de todo su bagaje anterior. Antes de que él entrase en contacto directo con los papeles de Guillermo, yo había terminado una de las dos tesis doctorales que se estaban haciendo sobre el personaje. Antes se había hecho una sobre la HOAC, referida más bien a Cataluña, y algunas más sobre los católicos en ese tiempo. Ahora, y puestos de acuerdo, Carlos Ruiz de Cascos la realizaría sobre la teología y yo haría una investigación más bien histórica y moral.
Antes de conocer personalmente a José Andrés-Gallego, para mí era un autor muy considerable. En mi tesis lo cito treinta seis veces, en ocasiones con otros autores. Me refiero a dos libros y un artículo:
Andrés-Gallego J./Pazos A. M., La Iglesia en la España contemporánea. Madrid 1999, Encuentro; J. Andrés-Gallego/A. M. Pazos./L. Llera, Los españoles entre la religión y la política. Madrid 1996, Unión Editorial. J. Andrés-Gallego, “El catolicismo social español”: XX Siglos. 7 (1991) 51-61.
El tomo II de su historia de La Iglesia de la España contemporánea me resultaba muy sugerente dado que, sin ser yo historiador, había visto cómo los asuntos referidos a la corriente de apostolado obrero que empezaba yo a conocer, estaban mucho mejor tratados en sus libros que en los de otros autores de mucho prestigio social pero que silenciaban la presencia de los militantes obreros en la historia. Me refiero no a mis preferencias subjetivas sino a datos tan relevantes como -por poner un ejemplo- la presencia de militantes cristianos en la organización de las huelgas obreras de primeros de los cincuenta. Esas huelgas se publicaban en el periódico oficial de los obreros de Acción Católica, (el ¡Tú!), el periódico contaba con autorización por parte de la Jerarquía y la cuestión llegó tal cual a la mesa del Consejo de ministros y a Roma a la Secretaría de Estado, de modo que Montini pudo enseñarle un ejemplar al embajador que alardeaba del catolicismo del régimen afirmando que sin embargo aquel papel no podía salir a la calle. Es solo una anécdota quizá pero resulta clarificadora. Del lado franquista no creamos que estaba solo la Falange, sino que también estaba un buen número de católicos, algunos de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, entre los cuales no todos eran iguales, cuestión muy interesante que excede este artículo.
Los historiadores de más aceptación social, como se explicó en una Sesión de Aedos, tenían una visión muy reducida y, durante años, la universidad pretendidamente franquista estuvo más bien en manos de marxistas. Con lo cual, llegada la Transición, los libros más leídos de historia daban mucho peso a algunos grupos de oposición, pero apenas se mencionaba a los trabajadores pobres y luchadores que eran claramente cristianos. Yo conocía personalmente a algunos de aquellos militantes y me leía con avidez sus folletos.
Pues bien, en lo que yo percibía como un auténtico erial intelectual, José Andrés-Gallego era una fuente de primera. Recogía los datos que le había dado Julián Gómez del Castillo, a quien yo conocía personalmente. Julián había escrito poco sobre la crisis de los setenta, que comentaremos más adelante y José Andrés era el primer autor, historiador en sentido intelectual. que recogía aquellas ideas en un momento muy complejo.
Guillermo Rovirosa en su contexto eclesial
¿Quién era ese Rovirosa? ¿Quién era ese desconocido? En los libros de historia de la Iglesia española se hablaba muy poco de él y en las Memorias de algunos personajes se le mencionaba esporádicamente con cierta distancia aunque admiración. Durante años he mirado en muchos libros qué se decía de Rovirosa. El hombre admirado por los arzobispos Pont i Gol y Cirarda y por varios presidentes de la Conferencia episcopal apenas era citado en los libros de historia y en otros libros como las Memorias de Tarancón o en La Iglesia en España 1950-2000 dirigido por Olegario González Hernández (más conocido por una decisión tan propia como extraña como “de Cardedal”). con un buen elenco de colaboradores. ¿Cuál era su importancia real?
En la Iglesia anterior al Vaticano II se pensaba en general que lo propio de los seglares era ser “el brazo largo de la jerarquía”. Fue un gran debate. En Europa empezaba a haber creyentes que no le veían así. Quizá el más importante sea Cardijn, el gran promotor de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) que se desplegó de manera amplia por todo el mundo durante el siglo XX. A partir de la experiencia de los jocistas empezarían algunos teólogos a ver las cosas de otra manera. No poca importancia tuvo el hecho de la Primera Guerra Mundial y la convulsión de conciencia que supuso, sin excluir en ello los campos de concentración. Al tiempo se da una nueva lectura de los santos padres por parte de no pocos estudiosos, siendo clave en ello un desconocido cura de pueblo que fue publicando la enorme colección que seguimos utilizando y conocemos como Migne.
Así se va abriendo pasó una trama de conciencia sobre el papel propio de los seglares. Desde la jerarquía porque no les queda más remedio que pensar en que quizá sea esa la solución al acoso que se vive y que hoy nos es difícil de imaginar; baste recordar por poner un ejemplo que lo que algunos creen todopoderosa institución eclesiástica no pudo acabar cuando quiso el concilio Vaticano I.
La Iglesia en España y especialmente su parte más visible, y sobre todo las órdenes religiosas tras las desamortizaciones, vivía bastante entregada a las clases altas y a sus objetivos. Atendía sí a los pobres pero más que nada como cierta ayuda y consuelo. En ese contexto era frecuente el abandono de la práctica religiosa por parte de muchos o mantener alguna apariencia sin verdadera adhesión.
En este contexto se desarrolla este seglar, Guillermo Rovirosa, a quien José Andrés-Gallego ha dedicado parte de su vida con gran entusiasmo.
Rovirosa, una personalidad que se despliega
Rovirosa había nacido en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) en 1897. Era el tercero de tres hermanos en una familia acomodada de propietarios del campo. Su padre había sido un hombre muy avanzado en cuanto al uso de las técnicas y su madre una mujer muy religiosa. Queda pronto huérfano y su hermano mayor hace de tutor. Desde la muerte de su madre se hace ateo combativo. Rovirosa es brillante como estudiante para la industria eléctrica pero poco antes de acabar contrae una grave enfermedad. En medio de ella conoce a Caterina con quien se casa al poco tiempo.
Guillermo Rovirosa llega a ser un especialista en mecánica eléctrica y muy joven escribe algunos libros de electricidad. Su esposa es extremadamente religiosa casi beata diríamos, y dedica sus esfuerzos a la conversión de Guillermo. Cuando llevan algunos años casados deciden ir a París y allí trabaja para ir sobreviviendo, pero casualmente escucha unas palabras del cardenal Verdier y empieza un proceso de conversión cargado de reflexión. Aplica sus capacidades técnicas a analizar cómo es su fe.
Deciden volver de París entre otras cosas por el clima y se dirigen a Madrid, donde comienza a reflexionar de manera sistemática y con la colaboración de los agustinos de El Escorial. Finalmente hace lo que él llama “mí segunda Primera Comunión” y pasa unos años de gran emoción y entusiasmo. En esos mementos estalla la Guerra Civil y sus compañeros de trabajo en la zona republicana le eligen para que dirija la empresa socializada. Durante esos años en los sótanos de la empresa se celebraba la Misa de manera clandestina. Da buena cuenta de la personalidad de Rovirosa que sea una persona con un cargo laboral en ese momento y al tiempo que se celebre Misa clandestinamente en esas instalaciones. Al acabar la Guerra le condenan a prisión por aquel cargo. Poco después fue liberado por el régimen, como tantos otros, para que aportara su fuerza de trabajo.
En esos años el Papa vive con preocupación qué pasará con la Iglesia si cae Franco como han caído otros regímenes autoritarios y Pío XII plantea a Pla i Deniel la necesidad de hacer un apostolado obrero. El Papa piensa en algo similar a las ACLI italianas, que colaboran con la Democracia Cristiana.
El año 46 Pla i Deniel plantea eso a los Hombres de Acción Católica y estos hablan con un seglar del Consejo diocesano de Madrid que parece bastante capaz y generoso: Guillermo Rovirosa. Éste acepta y es el alma del equipo que decide convocar para septiembre la I Semana de la HOAC en Madrid pidiendo a los consejos diocesanos que entreguen unas hojas quincenales que él envía para animar sobre todo a obreros. Nadie sabía qué pasaría pero no sabemos muy bien por qué, quizá por el tono novedoso de las Hojas pasan de doscientos asistentes en septiembre del 46 en los Paules de Madrid.
El grupo inicial no está definido. Siendo todos de Acción Católica, hay algunos que son realmente franquistas de corazón, hay otros que podríamos llamar “democristianos” más o menos influidos por don Ángel Herrera y hay otros que son católicas activos pero vienen de las corrientes de izquierdas que el régimen persigue. La corriente de don Ángel quiere dominar esta “rama” obrera pero el propio don Ángel rechazo ser consiliario de Santander, seguramente porque quería eso precisamente, una rama de un árbol más amplio.
Con el tiempo los determinantes en la HOAC serán Rovirosa y los conversos, procedentes de aplastados grupos de izquierda. Desde mi punto de vista es cuestión relevante para la historia social de España que Rovirosa optara por el modelo Cardijn y desechara el modelo ACLI.
En pocos años Rovirosa y este núcleo logra lanzar un periódico combativo, el ¡Tú!, que cerraría el franquismo, una organización, la HOAC con fuerte implantación en toda España, una presencia importante dentro del sindicato vertical para influir en la vida de los obreros, una puesta en marcha de acciones con otros de carácter revolucionario y muchas otras iniciativas.
La combatividad de esta corriente hace que desde el régimen, desde Falange, desde posturas conservadoras se les intente limitar una y otra vez. Así las cosas hacia el 57 se piensa que la solución es quitar a Rovirosa, prácticamente se le expulsa, pero la asociación no depende de Rovirosa y sigue siendo combativa.
A comienzos de los sesenta algunos militantes empiezan a pensar en tener una asociación que no depende directamente de la jerarquía. La cosa se concreta en una Editorial, ZYX, que será la editorial obrera más importante contra el franquismo y que realmente es una asociación de seglares comprometidos. Rovirosa sería su primer presidente. Muere poco después de haberse presentado su primer libro, precisamente de él mismo: ¿De quién es la empresa? Posiblemente el último escrito de Rovirosa sea publicado en un pequeño libro colectivo de la misma editorial sobre El pueblo y su promoción.
Julián Gómez del Castillo
Hablemos ahora de la persona concreta que más ha hecho por difundir las propuestas de Guillermo Rovirosa. Dejemos claro que no podemos ser objetivos. Quizá sea la persona que más me ha influido en la vida. Lo conocí hacia los dieciocho años y, de manera muy paulatina pero firme, he ido conviviendo mucho con él hasta su muerte en 2006. Aprendí de él -junto con otros- lo relativo a la profundidad de la vida asociada, del Bautismo, del apostolado laico, de la caridad política. Pasé muchas horas de cursos y de viajes y hasta firmamos juntos la parte referida a historia del apostolado obrero en un libro titulado Historia de Iglesia en la España contemporánea, que incluía artículos de otros autores, como número 409 de Ediciones Voz de los sin voz.
Julián era quien me había animado a dedicar a la usura mi tesina de licenciatura y pasados los años me parecía lógico dedicar a Rovirosa la tesis doctoral. Ya metido en ella Julián iba leyendo los capítulos y hacía muchas y más aportaciones que el director oficial. La tesis era oficialmente un trabajo de síntesis sobre Rovirosa y cómo su planteamiento moral era una trasparencia de su espiritualidad. Luego descubrí que la palabra “espiritualidad” no hacía ninguna gracia a Guillermo pero el título ya estaba puesto. Quiero referirme al cuidado que ponía Julián en sus aportaciones. Por ejemplo no decía nada de algunas críticas que aludían a sus actuaciones, realmente escasas pero que molestaron mucho a algunos de sus allegados. Sin embargo sus informaciones eran muy sugerentes tanto respecto de la verdadera colaboración de cada quien, como de la línea de fondo que animaba a Rovirosa, a Malagón y a los demás protagonistas de aquella experiencia.
Un dato significativo es que por una de las experiencias de Rovirosa, la experiencia Copin, teníamos el listado de las personas que recibían los escritos de Rovirosa, unos folletos y una serie de noticias multicopiadas. En realidad teníamos dos listas de suscriptores, de diferentes momentos de la experiencia, con lo cual además sabíamos quienes estaban en las dos listas, normalmente, más “fieles” lectores. Pues resulta que Julián conocía no solo los nombres de muchas más personas que otros sino que además sabía algo de su periplo, entre otras cosas porque les había intentado incorporar, con más o menos éxito, a ZYX. Por aquellos años tuve bastante relación con quien estaba editando las Obras Completas, Ángel Ruiz Camps, bellísima persona, periodista que había trabajado en la obra intensamente, y como director del Boletín había sido procesado. Ángel era de familia de Acción Católica pero tenía un conocimiento mucho menor tanto de Rovirosa como de las personas que recibían las Noticias de Rovirosa.
Por aquel tiempo se hacía otra tesis sobre Rovirosa por parte del sacerdote burgalés Carlos Ruiz de Cascos. Estábamos juntos en las tareas apostólicas del grupo alentado por Julián. Llegamos a hablar los tres y otros, muchas veces de las cuestiones del apostolado e incluso de las peculiaridades de la espiritualidad de Rovirosa. Da cuenta de la profundidad de aquellas conversaciones que no eludían los matices que podían diferenciar por ejemplo a Rovirosa y Malagón.
Carlos utilizó los materiales de historia que yo le pasé porque mi tesis tenía un fuerte componente histórico y yo asumí las ideas claves de su investigación teológica. Ambas tesis fueron las primeras publicaciones a imprenta de Voz de los sin voz, editorial en que teníamos a gala tener un amplio elenco de autores con precios asequibles gracias al formato básico de cuadernos hechos con multicopista y mucho trabajo, que vendíamos fuera de los habituales circuitos de mercado para combatir las nueve formas de censura que habíamos analizado. Las tesis serían la excepción para intentar llegar mejor a las bibliotecas.
Esta experiencia subjetiva mía no hace que sea exagerada la afirmación de que Julián era, desde la muerte de Guillermo, la persona que recordaba una vez y otra a Rovirosa como un hombre entregado a la causa de los pobres y con fama de santidad. Y eso lo hacia en unos años en que, aunque hoy parezca inverosímil, en la censura del Régimen, se hacía lo imposible para que no se pronunciara siquiera el nombre de Guillermo. Muerto este y en plena actividad la editorial ZYX, Julián Gómez del Castillo fue su gran divulgador, mediante charlas y conversaciones, con ediciones de los propios escritos de Guillermo y con textos propios o encargados a otros antiguos militantes de la HOAC. Hablo de los años setenta y vivían aun muchas personas que habían conocido a Rovirosa y lo admiraban.
Julián Gómez del Castillo había nacido el 10 de octubre de 1924 en la España del hambre. Nació en una familia obrera entregada al ideal de la justicia. Su abuelo había sido militante del PSOE y lo era también su padre, ya en los años de la República, antes de que estallara la guerra. Puede decirse que la infancia de Julián le fue robada por el capitalismo. Tuvo que trabajar muy pronto y muy pronto también se sumó a las luchas sociales. Con sus hermanos y otros niños, pedía dinero por las calles para sostener a los obreros en huelga. Frecuentemente recordaba cómo, de niño, cuando su padre estaba encarcelado, se las arreglaba para eludir la vigilancia carcelaria y llevarle periódicos.
No estaba bautizado y uno de sus entretenimientos, con su cuadrilla, era poner una moñiga en la pila del agua bendita, a la entrada de la iglesia.
En su juventud, se convirtió al cristianismo y recibió el bautismo. A partir de ese momento, lucha por la justicia y vida cristiana formaron para él una sola realidad. En esos años cuando conoció a algunos de los seguidores de Ángel Herrera Oria, que había presidido la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, se había ordenado luego sacerdote y atendía una parroquia en Santander. Quiso hacer de Julián un “propagandista” obrero que pudiera contribuir a difundir la doctrina social de la iglesia tal como ellos la entendían. Le ofrecieron los medios económicos necesarios para que pudiera cursar los estudios que deseara. Sí cuido aquella amistad con aquellos jóvenes creyentes que llegaron a lo más alto de la Judicatura y uno de ellos incluso a Vicepresidente del gobierno en la Transición. Éste ofreció un cargo de asesor a Julián y éste le contestó, contaba él mismo, que aceptaba ir una vez al mes a criticarle. Alfonso Osorio no aceptó esta propuesta pero sí escribió que para él una tarde con Julián era como hacer Ejercicios espirituales.
Julián se casó con Trini, una joven obrera con quien contrajo matrimonio cristiano del que nacieron cuatro hijos, y eso sin contar los abortos involuntarios que ella sufrió. Él mismo contaba con humor que fue Rovirosa quien le presentó a Trini. La entrega de Julián al ideal cristiano de justicia, respaldado siempre por Trini, se hacia vida por aquellos años en las múltiples maneras que venimos exponiendo.
Aquellos militantes devolvieron la esperanza a una clase obrera completamente hundida y humillada: bufetes laboralistas, cursillos, hojas informativas, penetración en el sindicato vertical, creación de comisiones de empresa… todo servía para retomar la antorcha de la Solidaridad histórica de los pobres, mientras el PSOE iniciaba sus plácidas vacaciones en el exilio y abandonaba la promoción militante en España.
El franquismo le persiguió llegando a padecer detenciones y todo tipo de controles. Su vida apostólica se caracterizó por no aceptar las instrumentalizaciones de la democracia cristiana ni de la socialdemocracia. En la crisis profranquista del apostolado laico de los años sesenta, junto a Rovirosa, fue el primer impulsor de la editorial ZYX, la editorial obrera más importante de la oposición franquista. Y en la crisis apostólica promarxista de los años setenta defendió, incluso desde el compromiso sindical, la solidaridad, la autogestión, la primacía de la persona humana… frente a los manejos politiqueros ahora de la izquierda. Julián no había seguido los dictados de la derecha en los sesenta, ni los de la izquierda en los setenta. No era el único pero sí que era especialmente significativo.
Para muchos lectores resultará extraño eso de “crisis profranquista” y “crisis promarxista”. Hagamos una pequeña aclaración. El concepto quizá sea del propio Julián aunque él lo compartió con otros y tuve la sensación de que algunas personas compartían ese análisis, quizá don Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo y presidente de la CEE en su momento. Cito precisamente a don Gabino porque se montó un gran revuelo en el mundillo apostólico cuando Julián decidió dar una mayor publicidad a una reflexión del propio don Gabino. Este mismo se molestó ante los problemas que le generó la publicación dado que se defendía esto que estamos comentando y en aquella época era un asunto muy reciente y delicado.
¿Qué es crisis del apostolado laico? Primero tenemos que entender qué es lo que entraba en crisis: el apostolado laico. Como es evidente la acción de los seglares en el mundo puede ir “viento en popa” o entrar en crisis. Pues bien, según Gómez del Castillo, y creo que avalan los hechos, en esos años se dieron dos crisis sucesivas. Una primera crisis es llamada “profranquista” porque es la devoción por Franco de algunos seglares lo que la genera. El apostolado obrero se enfrenta con el franquismo y otros creyentes les atacan. Esa es la crisis de los sesenta, bastante bien estudiada y de manera muy variada; particularmente recomiendo a Antonio Murcia, “Obreros y obispos durante el franquismo”. ¿Cuál es la otra crisis? En los setenta se da una crisis de signo contrario que Julián denominaba “promarxista”. De esta le costaba escribir porque las heridas estaban todavía abiertas, pero sí hablaba frecuentemente de ella y algo escribió y algo recogió José Andrés-Gallego. En esta segunda crisis un número importante (mayoritario quizá) se entrega al marxismo. Es el momento en que se considera mejor al Partido que a la Iglesia y se hace campaña por disolver las organizaciones apostólicas y meterse en las plataformas sociopolíticas marxistas. Las dos crisis tienen que ver con lo político, con la postura política concreta. Algunos pretendieron resolver el problema no entrando en política. Pero eso no es solucionar el problema a no ser que se entienda que no responder al problema es una forma de solucionarlo. Realmente no lo es, simplemente no das la respuesta equivocada, pero tampoco la acertada.
Sobre esta misma cuestión podemos señalar otro punto de la lucidez de Gómez del Castillo: su comprensión de las grandes órdenes religiosas. Desde su perspectiva fueron grandes cómplices de ambas crisis. Tiene su lógica. El apostolado laico pone en crisis realmente el papel de las órdenes religiosas. Estas por su parte, creyéndose una especie de “elite” apostólica quieren pilotar el apostolado seglar. No es cuestión de intenciones. En realidad fueron activas protagonistas en ambas crisis. Tanto en el “profranquismo” como en el “promarxismo” encontramos a grandes personajes de las grandes órdenes.
Por otra parte, crisis profranquista y crisis promarxista ¿No es esto mismo -en el fondo- a lo que se refiere Francisco cuando habla gnosticismo y pelagianismo?
A comienzos de los ochenta, cuando el capitalismo se había hecho neocapitalismo, Julián llegó a la conclusión de que los obreros españoles -especialmente sus representantes- se habían aburguesado y la preocupación por los pobres había que desbordar las fronteras de España y centrarse en el hecho de que el colonialismo se hubiera transformado en robo Norte-Sur a nivel planetario. Con estas miras, colaboró de forma muy destacada en la creación y lanzamiento del Movimiento Cultural Cristiano. A él aportará Julián, hasta su muerte en 2006, sus cualidades y su entrega. Sus pilares, como en otras asociaciones anteriores, fueron la fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a los pobres. Con el Movimiento Cultural Cristiano nace la editorial “Voz de los sin voz”, que heredera de la experiencia en ZYX, convierten a Julián en el primer editor de la lucha social de la España contemporánea.
A comienzos de este tercer milenio, teniendo ante sus ojos el drama de los pobres y las ganas de ser fieles de los militantes en cuya forja había colaborado, impulsó la creación del primer partido político plenamente autogestionario: Solidaridad y Autogestión Internacionalista (SAIn). Insistía en la inspiración cristiana de esta plataforma que nacía para servir a los empobrecidos
Julián fue un militante cristiano de la Iglesia Católica. Miles de personas se han beneficiado de los cientos de miles de kilómetros que hizo por España e Iberoamérica alentando la vida solidaria, especialmente en los cursillos apostólicos y sociopolíticos dedicados a plantear la vida cristiana en toda su amplitud: conversión y revolución. Cientos de personas hemos sido amados por él como sus hijos, y a él y a Trini los queremos como a nuestros propios padres. Por su sabiduría y experiencia vital, su consejo ha sido buscado por intelectuales de alto rango, obispos… y personalidades históricas le han admirado. Pero sobre todo, los sencillos, los obreros, los empobrecidos del Tercer Mundo han vivenciado que Julián les ha devuelto la esperanza, las ganas de luchar. Fue perseguido de mil maneras y conoció la alegría del amor de Dios en medio del sufrimiento.
Grupos que se sienten discípulos de Rovirosa
José Andrés-Gallego, que ya conocía a Julián, supo mucho más de esto al encargarse de la Comisión histórica de la causa de canonización de Rovirosa. Quiso, además, conocer a sus seguidores para saber cómo se encarnaba en la realidad su mensaje y se encontró con la existencia de cuatro grupos.
El mayor es la HOAC. Cuando murió Rovirosa la adhesión de la HOAC a Guillermo era entusiasta. Sin embargo, en los años de la crisis de los setenta aparecieron algunos militantes que lo consideraban anticuado. Se referían a cosas como la equidistancia entre capitalismo y comunismo (porque renegaba de ambos y, además, culpaba al capitalismo de la fuerza del comunismo). En esa época no pocos sectores del catolicismo simpatizaban con las propuestas comunistas frente al Régimen y en sintonía con parte de la teología de la liberación. Durante esos años, en la HOAC era frecuente decir que Rovirosa era uno más y, por eso y por los gastos que ocasionaría, en muchas diócesis se votó que no se iniciara el proceso de canonización. El paso del tiempo y las tareas de algunos militantes ha ido poniendo a Rovirosa en el lugar que merece.
De los demás grupos, el más significativo es el Movimiento Cultural Cristiano (MCC), puesto en marcha por Tomás Malagón (sin dejar de ser de la HOAC) Luis Capilla y Julián Gómez del Castillo junto con otros amigos en los ochenta. Desde el comienzo afirma su adhesión a Rovirosa y se convierte en el principal difusor de su pensamiento a través de las Ediciones Voz de los sin voz. José Andrés-Gallego pasaba horas en la sede de la HOAC, en su archivo y en relación con los responsables de la Causa de Canonización, pero él mismo confesaba que el “aliento” de Rovirosa se percibía especialmente en el MCC.
Con los avatares propios de la vida asociada, años antes, en un momento dado se había desligado un grupo importante del MCC fundando Acción Cultural Cristiana (ACC), con Luis Capilla a la cabeza. Era un grupo casi mayor que el que quedó en el MCC, aunque tiene menos presencia social y pone especial énfasis en la vida comunitaria. Desde el principio ACC afirma inspirarse también en Rovirosa y publica libros y la revista Cultura para la esperanza.
Hace pocos años, de una nueva ruptura del MCC, nace Encuentro y Solidaridad (EYS), que también afirma su inspiración rovirosiana.
Las personas no asociadas, fácilmente caen en la crítica de estas rupturas y olvidan que, junto ese “mal”, se siguen dando frutos de todo tipo a los cuales hay que añadir dar a conocer a Rovirosa. En este caso concreto, podemos afirmar que fuera de estas vidas asociadas, Rovirosa es casi un desconocido.
José Andrés-Gallego ha tenido el enorme mérito y la capacidad de haber tratado muy bien con los cuatro grupos mencionados.
Xavier Garcia
Sin embargo, para mi sorpresa en cierto modo, con quien José Andrés-Gallego se entusiasma es con la biografía que había realizado un hoacista menos destacado que los anteriores, Xavier García. Nacido en la misma ciudad de Rovirosa: Vilanova i la Geltru y yo mismo le he considerado en mi tesis doctoral como “el biógrafo” de Rovirosa.
Xavier ciertamente había sido hoacista y amigo de Guillermo; pero, en mi perspectiva, he explicado reiteradamente que no captó el nervio rovirosiano como otros. Yo mismo quedé admirado cuando, acogido por su viuda, pude ver el despacho tal y como lo tenía Xavier perfectamente ordenado. Allí pude trabajar y conservo el cuadernillo de notas en que me hice hasta un esquema de cómo tenía ordenado todo el material. Xavier García escribía bien en catalán, y, poco a poco, se hizo un nombre en las letras catalanas, hasta el punto de que Jordi Pujol le impondría la cruz de Sant Jordi, cosa que a. mí más bien me distanciaba de este autor.
¿Cómo se convirtió Xavier en biógrafo? Al poco de morir Guillermo, un consiliario catalán de la HOAC, mosén Canamasas se puso a recoger testimonios sobre Guillermo. Los militantes de ZYX le alentaron en esta tarea. Más tarde se unió a ello Xavier García y él y Domingo Canamasas informaron a la Comisión nacional de la HOAC de que pretendían realizar una amplia biografía. Solicitaron datos y opiniones desde el propio Boletín de la HOAC. También se dirigieron personalmente a quienes más convivieron con Guillermo dentro y fuera de España. Lograron testimonios de la importancia del que les envió Yves M. Congar, entre otros.
La historia de esta biografía es realmente accidentada. Después del enorme trabajo de búsqueda, la primera redacción “definitiva” fue rechazada por la censura en 1971.
En 1970 se había intentado la publicación en la editorial Estela con la condición de que el autor y unos pocos amigos se hicieran cargo del coste de más de la mitad de la edición (800 de los 1.500 ejemplares a publicar). En la censura llegaron a decirle que lo primero que tenía que hacer es no poner el nombre de “Rovirosa” en el título. Así estaban las cosas.
La censura no se superó hasta 1977, cuando Xavier García había aceptado una parte de las enmiendas que le exigían. El retraso, con todo, tuvo su parte buena, y es que, durante aquellos seis años de pelea administrativa, Xavier siguió pidiendo y recibiendo testimonios y pudo enriquecer y ampliar enormemente el libro. Si en 1971 no llegaba a trescientas páginas, en 1977 ocupó 703. Se tituló Comunitarisme integral: la revolució cristiana dintre el poble.
Desde el principio, Canamasas y Xavier tuvieron la impresión de que, en la Comisión nacional, no ponían el interés necesario en que saliera adelante la obra. Donde encontraron la mejor disposición fue en ZYX, con Julián Gómez de Castillo y Malagón. Pero el obstáculo de la censura y el hecho de que estuviera en catalán y hubiera que agotar esa primera y única edición no permitieron que saliera adelante. Hubo algunos intentos de traducirla; se iban a encargar de ello Ángel Ruiz Camps y Víctor Manuel Arbeloa. Al final, no se tradujo, sino que se hizo una edición nueva escrita por el propio Xavier Garcia, Tomás Malagón y Jacinto Martín. Malagón convenció a Xavier porque la versiòn castellana que hizo este tenía giros catalanes que Jacinto podía corregir. Al menos, eso es lo que le dijo. Esa otra biografía resumida ya no tuvo problemas para publicarse en 1984.
Pero no fue tanto cosa de los dirigentes en ese momento de la HOAC, cuanto de Julián y los tres mencionados. En 1981 una carta del propio Xavier García dice que la respuesta de los dirigentes de la HOAC a su libro -el escrito en catalán- fue de silencio y menosprecio.
Nuestra opinión sobre la biografía escrita solo por Xavier García es que tiene un importante volumen de contenidos. La relación personal del autor y la importancia de los colaboradores hacen de ella una gran obra. Desde nuestro punto de vista, coincidimos con quienes han criticado la importancia desmedida que Xavier da a la catalanidad de Rovirosa. Para García, tres son los aspectos fundamentales de Rovirosa: humanidad, catolicidad y catalanidad. Podemos afirmar que la catalanidad no ocupa tal lugar en nuestro autor.
José Andrés-Gallego se embarcó en una edición en castellano de la obra de Xavier que tiene dos características importantes y, en parte, explican que optara por hacer esa obra. Primero y principal, encontró la primera redacción rechazada por la censura en 1971 y, por tanto, en la edición crítica que comenzó a elaborar con Donato Barba incluyó todos los textos suprimidos por la censura al mismo tiempo en que respetaban las ampliaciones del volumen publicado en 1977. De ahí que le devolvieran el primer título, el de 1971, claro que en castellano: Rovirosa, hombre y pueblo. Además, como corresponde a una edición crítica, añadieron una gran cantidad de comentarios, exhaustivos hasta la saciedad. Hay que tener en cuenta que la biografía publicada en 1977 no llevaba notas a pie de página; de modo que hubo que buscar el original de cada texto citado para comprobar que la traducción catalana de Xavier García era fiel. Hubo que hacerlo porque enseguida comprobaron que Xavier adaptaba libremente los testimonios que reproducía de manera que se ajustaran a su estilo literario. En algunos casos, además, suprimía párrafos por aligerar la cita o por lo que fuere. Y todo esto hubo que reconstruirlo.
En suma, tenemos publicado un tomo con los primeros capítulos del original en catalán que abarca una tercera parte de la vida de Rovirosa, hasta su conversión en 1934. Y no sabemos si llegaremos a tener el resto, que según José Andrés-Gallego está casi acabado, pero requiere una revisión muy cuidada y, además, sabe de la existencia de documentos en archivos que no pudo consultar y que podrían ser importantes para entender dos problemas que no están plenamente resueltos: el cese de Rovirosa y la desaparición de Caterina, su esposa. Con la ayuda de miembros MCC, escribieron a más de mil registros civiles de España para ver si daban con el acta de defunción. Han hecho gestiones hasta en Rusia, en Israel y en el Líbano, guiados por las distintas hipótesis que se han barajado desde la muerte de Guillermo.
Ahora brota casi sola una pregunta: ¿Por qué se entusiasma José Andrés Gallego con este autor?
La dificultad de José Andrés Gallego con Rovirosa
Vamos con una cuestión que aclarará un aspecto importante de nuestro querido historiador. ¿En qué detalle o realidad choca con Rovirosa? Digamos antes que un historiador al uso puede pretender ser absolutamente ecuánime y no empatizar con los personajes que estudia. Pero no es el caso. El trabajo de José Andrés puede tener que ver mucho con sus capacidades intelectuales, pero es innegable que su capacidad de trabajo también tiene que ver con su empatía con los personajes. Al menos en el caso de Rovirosa, es evidente el cariño que le suscita a Pepe Andrés-Gallego.
En nuestro historiador, es evidente el tono (o más que tono) cristiano de su persona. A mí me parece que no le hace perder objetividad. Pepe no es un apologista. La radicalidad del converso Rovirosa le atrae. Al tiempo, creo, que esa radicalidad se le atraganta algo. Entra aquí quizá la radicalidad por ejemplo de la pobreza, o de vivir Rovirosa completamente polarizado por la misión.
No es José Andrés-Gallego el más extrañado por la vida matrimonial de Guillermo y Caterina. Pero también le choca. Creo que quienes mejor hemos aceptado esa oblación por la misión somos los discípulos de Julián. Estamos convencidos de que Caterina se escondió donde fuere a fin de que Guillermo pudiera llevar a cabo su labor apostólica. Las cartas suyas que ha encontrado José Andrés muestran una mujer que ha perdido el equilibrio mental, seguramente por lo sufrido entre 1936 y 1940, y eso debió llevarla a tomar la decisiòn de desaparecer completamente. El problema que ve en ello José Andrés no está en que dude de su oblación. De lo que duda es de que los monseñores romanos encargados de las Causas de los Santos se conformen con nuestros razonamientos.
La cuestión fundamental es la de la mentalidad. A esta cuestión le he dedicado numerosas lecturas y observaciones y sin embargo he llegado a una serie de reflexiones pero no a una conclusión. La cuestión era tan importante que se le dedicaban un buen número de horas del Cursillo apostólico de Segundo Grado en la HOAC. Julián siguió dando ese curso llamándolo de “Contemplación y Lucha” e introdujo como colaborador al hoy conocido presidente de la Conferencia episcopal, Luis Argüello, por entonces sacerdote de Valladolid, en quien la influencia de Julián es más que evidente. Era y es un curso para plantear la comunión de bienes, vida y acción a los militantes que ya estaban bastante metidos en la vida asociada. En la presentación de un reciente libro sobre Julián Gómez del Castillo se dice que para él “la mentalidad es el conjunto de creencias, evidencias, valores y costumbres… que actúan, tomando a diario, en cada instante, decisiones que no nos paramos a pensar y valorar”. Esta cuestión es crucial. En mi opinión, la afinidad de José Andrés-Gallego con Xavier Garcia procede de compartir mentalidad en mayor medida que con Julián. Y él mismo reconoce que hay algo de eso, aunque no todo. Ve en Xavier un luchador que se vale de la pluma y, en Julián, una personalidad que domina por su firmeza hasta el punto de llevarle a decir cosas muy duras en sus intervenciones públicas. Lo querría más moderado a la hora de acusar a los que hacen las cosas mal. Aunque, al tiempo, le impresionó el comentario que hizo cuando un monseñor romano habló de un disidente de la Iglesia recordando el caso de Judas, y Julián, contrario como era a esa disidencia, le dijo al monseñor que todos somos Judas.
La cuestión que se nos plantea entonces es: si el autor de este artículo sintoniza más con una versión de Rovirosa que no es la preferida por el historiador ¿hay algo que objetive la cuestión?
En mi opinión, a pesar de mi vínculo personal con Julián, creo que se puede afirmar objetivamente que el conocimiento interno de Rovirosa está mucho más cercano a Julián. Los estudios filosóficos de la corriente fenomenológica quizá lo puedan explicar: el conocimiento está mediado por nuestra perspectiva. Hay una forma de conocer “desde dentro” que te da una información nada desdeñable.
Por otra parte, ¿a quién identifica la gente como seguidor de Rovirosa? Indiscutiblemente a Julián. Luis Argüello es el tercer presidente de Conferencia episcopal española que así lo cuenta; ya don Gabino Díaz Merchán y don Elías Yanes tuvieron esa experiencia. Igualmente en el mundo laico. El economista Juan Velarde Fuertes o José María García Escudero afirmaron algo similar. Éste último en sus Conversaciones nada menos que sobre Ángel Herrera, dice que, si tuviera que salvar una sola anécdota de las conocidas por las entrevistas que recogió en ese tomo, se quedaría con la de Julián.
No se entienda que menospreciamos a los demás difusores del pensamiento de Rovirosa; simplemente afirmamos que -por desgracia- no hay nadie parangonable con Julián. Y, desde luego, nadie considera a Xavier García como el continuador de Rovirosa, aunque fuera, sí, un buen amigo y un biógrafo entregado.
Prueba gráfica de que lo venimos diciendo es una portada de la revista XX Siglos dedicada a la Justicia social. En ella se toma una Ultima Cena del siglo XVII y se le añaden las caras de eminentes “apóstoles” (sustituyendo las caras de los apóstoles de Jesús) de la justicia social del siglo XX. Aparecen entre los doce (y con un interrogante para Judas) Pestaña, Durruti, Pablo Iglesias… Rovirosa aparece al lado de Jesús y, como uno más, Julián Gómez del Castillo. A nadie se le ocurriría meter en ese cuadro a Xavier García. La portada resultaba tan polémica que se explicaba al comienzo de la revista justificando la presencia de auténticos ateos, admirables humanamente por otra parte como Ángel Pestaña. Años después, supe y me resultó graciosísimo que el “temible” Durruti tuviera durante años como secretario a un cura.
Esta portada seguramente fue posible gracias a que por entonces trabajaba en la editorial el hijo de un gran amigo de Rovirosa y aquel entorno: Norberto Moreno. Éste había dado infinidad de cursos con mosén Domingo Canamasas con gran éxito por la eficacia en la forma de transmitir el Ideal especialmente emocional.
Una prueba más de la peculiar posición que Julián ocupaba es que Canamasas, que fue un gran colaborador de Xavier García, entregó algunos originales del mismo Rovirosa a Julián y no los envió a la Comisión general de la HOAC. Esto puede estudiarse si se ven algunas publicaciones del MCC anteriores a las Obras Completas, que, por otra parte, no han sido incorporadas a las Obras Completassiendo publicaciones sencillas pero tan reales como las convencionales. Siendo todas importantes, algunas son tan significativas como “Elogio de la pandilla” o los textos de Rovirosa en la publicación colectiva “Promoción y pueblo”, así como no pocas Cartas. La revista “Id y evangelizad” también ha publicado algunos escritos inéditos. En mi tesis aporto alguna información al respecto.
Una curiosa anécdota personal sobre esta portada me ocurrió cuando realicé el guión para el único cómic que existe sobre Rovirosa, quizá la publicación sobre Rovirosa que más le ha dado a conocer, gracias a una edición de 25.000 ejemplares por parte de la diócesis de Málaga (esto, oficialmente; realmente, un acuerdo entre la diócesis (10.000 ejemplares) y un grupo de amigos que nos hicimos cargo de los otros 15.000, entre los cuales ocupó un lugar especial una empresa de detergentes de inspiración rovirosiana a través, precisamente de Julián. En este cómic yo pensaba poner en portada una versión dibujada de aquella portada de XX siglos: Jesús con Rovirosa y otros destacados apóstoles de la Justicia social, aunque algunos fueran ateos y todos más bien de izquierdas. No pudo ser porque no lo veían los interlocutores de la diócesis de Málaga que eran los responsables oficiales de la edición ¿Por qué? Por mentalidad.
Fuentes orales
Un aspecto técnico que pudo condicionar a José Andrés-Gallego fue la validez -lógica- que como historiador da a los archivos. No soy yo historiador, pero durante mi investigación sobre Rovirosa pude comprobar la importancia de las fuentes orales. Importantes y tremendamente subjetivas. Lo cual no las hace inválidas.
La cuestión de las fuentes orales afecta nada menos que al Evangelio. Durante siglos autores interesantísimos se esforzaron en hacer “concordar” los evangelios. Finalmente se aceptó que el evangelio nos llegaba por vías bien humanas y, por poner un ejemplo, parece que cuando Mateo y Lucas leyeron que según Marcos la familia consideraba que Jesús estaba fuera de sus cabales… prefirieron saltarse ese detalle.
A José Andrés-Gallego lo he visto tan afable y abierto a la verdad que le he insistido en este punto con muy poca fortuna. Pongo un ejemplo. Según un libro muy académico publicado con toda apariencia de cientificidad por el Centro de Investigaciones sociológicas había en Cantabria siete hoacistas en los años cincuenta y yo había oído a Julián hablar de actos multitudinarios. Los que estudiábamos estas cosas a veces nos reuníamos de manera más o menos formal y en cierta ocasión acordamos una reunión con Julián y le preguntábamos algunas cuestiones. Julián nos explicó: “Como Castañón quería montar la estructura de la HOAC a base de burocracia, dijimos, pues bueno, búscate las perras. Cotización mínima para que se nos reconozca el derecho a votar, ¿siete?, pues siete, ni uno más”. ¿Había que hacer caso al archivo o a las fuentes orales? Parece evidente que había que contrastar la cosa. No era difícil porque militantes y sacerdotes de Cantabria vivos quedaban unos cuantos. Algún documento escrito confirmaba la afirmación de Julián, así como el número de boletines que se repartían.
Sin ser historiador, he podido confirmar el prestigio actual de la Historia oral en todo el mundo, destacando en España la revista Historia, antropología y fuentes orales. Hoy fuentes orales es una forma de verdadera ciencia
Un tesoro particularmente importante
Creo que no sólo para mí es importante el documento que con más insistencia yo mismo pedí a Pepe que encontrara. Es muy especial. Las fuentes orales nos decían que de presidente en presidente de la HOAC había ido pasando una carpeta que don Tomás Malagón entregó personalmente a uno de ellos con un encargo sencillo: “Si Tarancón habla mal de Rovirosa saca esto, sácalo solo si habla mal”.
La carpeta no apareció. Eso al menos me dijeron a mí. Yo publiqué en mi tesis la absoluta convicción de que nada menos que Tarancón estaba seriamente implicado en el apartamiento de Rovirosa. La información venía sobre todo de fuentes orales, pero era coherente con la evolución de muchos hechos. Coincidía también en esa hipótesis la carta de Malagón a Xavier García en que le decía que “el cap” de la Iglesia española en el momento de la carta era alguien que no quedaba demasiado bien en la biografía de Rovirosa y que posiblemente algunas cosas habría que modificarlas. Lo escuetas de las referencias a Rovirosa, y más aún a Malagón, de Tarancón en sus Memorias, era un elemento que más bien avalaba esta hipótesis.
Pues nuestro buscador de tesoros lo encontró ¡y vaya si era un tesoro! si por tesoro consideramos encontrar la verdad. ¿Y dónde apareció? En un archivador de documentos sin clasificar, dentro de una bolsa de plástico. Esto también dice algo de los “custodiadores” de la carpeta o al menos de su conciencia histórica.
José Andrés-Gallego incorporó todo el material sin excluir esa “peligrosa” carpeta en los tomos del proceso que fueron enviados a Roma. Todo el material es público y puede verse en la Universidad Pontificia de Salamanca, que es adonde ha ido a parar el archivo de la Comisión nacional de la HOAC. El amor a la verdad debe agradecer a José Andrés-Gallego una investigación en que no parece que hiciera caso de las sugerencia eclesiásticas que le convocaron.
Otras lecturas de José Andrés Gallego
Además de los libros de historia de la Iglesia que me sirvieron para entender en buena medida el contexto eclesial de Rovirosa, como lector aficionado me he acercado a otros escritos de nuestro historiador que me han resultado muy interesantes, aunque mi opinión al respecto carezca de importancia.
Disfruté mucho con su Historia de la gente. En ella nuestro autor muestra un gran respeto por los de abajo. Entra en alguna medida en la cuestión del pueblo. Se sale de los transitados aconteceres de la gente importante. En este libro no parece que Rovirosa le haya marcado decisivamente en el amor al pueblo. Rovirosa, y sobre todo Malagón nos resultan más radicales que José Andrés-Gallego. No podemos ahora más que recordar que, sobre el pueblo, en Fratelli Tutti algo hemos señalado ya en el comentario que en Aedos dedicamos a esa encíclica. Desde luego agradecemos que José Andrés-Gallego se haya distanciado de las lecturas elitistas de la historia.
Especialmente sugerente nos parece el libro que nuestro autor ha dedicado a explicar algunas cuestiones de La Doctrina Social de la Iglesia. Ciertamente, en algunos momentos, parece evadirse en digresiones sin fin, según su estilo, pero el libro resulta muy interesante porque se mete de tal manera en el trasfondo histórico de los documentos que quizá sea el mejor libro que yo he leído sobre los errores históricos, tremendamente comprensibles, de los Papas que se han pronunciado en materia social.
Conclusión
José Andrés-Gallego encontró un tesoro en Rovirosa. Un tesoro y un amigo. Le ha ayudado a vivir su fe, esperanza y caridad y a vivirla en la Iglesia y en el mundo. Los seguidores de Rovirosa hemos encontrado en Pepe un tesoro. Un tesoro y un amigo. Nos ha ayudado a vivir la fe, la esperanza y la caridad en la Iglesia y en el mundo.
** Sacerdote secular, capellán de hospital, párroco en Las Palmas de GC, miembro de Encuentro y Solidaridad, máster en doctrina Social de la Iglesia y doctor en Teología. Autor de “Espiritualidad y ética del pensamiento social Cristiano”, tesis doctoral referida a Guillermo Rovirosa.
Libro en el que está incluido este artículo:

