jueves, diciembre 15, 2011

LOS PADRES HOOLIGAN

El padre como ejemplo de hooligan, a veces por su condición de tal en todos los órdenes de la vida, a veces en transformaciones de fin de semana que acaban sorprendiendo al propio hijo. "Este es un tema que conviene singularizar", afirma Fernando Gimeno, psicólogo de la Facultad de Ciencias de la Salud y el Deporte de la Universidad de Zaragoza. "En algunos casos que hemos trabajado se da la circunstancia de padres que no se reconocen a sí mismos en el momento del partido", asegura. "Un padre reconoció: 'La primera vez que fui a un partido de mi hijo, me dijo que me callara, que ya estaba bien'. A veces se trata de personas correctas pero que sucumben a la implicación emocional de ver allí a su hijo, que les envuelve el entorno, que es muy propicio a este tipo de actitudes".
(...)Celino Gracia Redondo, exárbitro internacional, reconoce que "en estos partidos escolares, de niños, he escuchado insultos muchos más graves que los que he oído en los campos de Primera División (...). Un chico de 10 años no tiene maldad en el campo y que tranquilamente podrían jugar sin árbitros. Es el entorno, mayoritariamente el familiar, el que pudre esa situación. Eso está claro".
No está tan claro ni que el fútbol, por mayoritario y por deporte de contacto, sea el más peligroso, ni que el niño no aporte maldad alguna al ejercicio del deporte. "Es curioso que en un deporte como el tenis se produzca un grado de antideportividad, y a veces de agresividad, inesperado", dice Fernando Gimeno. "Hay que tener en cuenta que en ese deporte, por ejemplo, a nivel escolar no hay árbitros. Hay uno general que se pasea por las distintas pistas y son los propios jugadores los que se autoarbitran. Pues bien, la antideportividad es generalizada en el análisis de cada jugada. Y la intervención del entorno [léase padres o entrenadores] no suele resultar aleccionadora, según hemos podido estudiar, y alcanza en ocasiones a la agresividad o la ley del más fuerte".
"Todos hemos sido testigos de la violencia de los padres en este tipo de situaciones", afirma Victor Urrutia, director del estudio del Gobierno Vasco "y está claro que mediante la extensión del deporte se están filtrando elementos que alteran el deporte formativo, el deporte como compendio de valores". "Un concepto de tanto valor en la vida como es la competitividad, en el deporte se pervierte y se convierte en una causa de generación de violencia", señala. "¿Y por qué no la cooperación, como valor deportivo?", se pregunta Víctor Urrutia, "¿por qué la competitividad trufa ese posible sentimiento en un deporte colectivo, y por tanto solidario, especialmente el mayoritario fútbol?
¿Todos llevamos un hooligan dentro cuando el vástago se pone ante nuestros ojos? Mayoritariamente, sí. Es cierto que el nivel de agresividad o de violencia verbal no se ha medido en los campos del deporte profesional, donde el ruido ahoga las expresiones. Seguramente muy pocas personas podrían levantar la mano si se preguntase quién no ha proferido un insulto en un campo de juego, desde el violento fútbol hasta el señorial tenis (contra el árbitro, contra el rival, el presidente, el portero...). El insulto al árbitro es un ritual ya concebido como rutinario y que al parecer se antoja un asunto más anecdótico que importante. "Por principio nunca critico a los árbitros y no voy a cambiar mis principios por ese hijo de puta", dijo un entrenador inglés al término de un partido.