domingo, diciembre 14, 2008

SANTIAGO RAMON Y CAJAL: La voluntad de saber


Su padre le forzó a ser médico. Ingresó en la sanidad militar y fue destinado a Cuba, donde contrajo el paludismo. En el extranjero hubo intentos de desprestigiar sus descubrimientos sobre células nerviosas. Sólo cuando ganó el Nobel, España descubrió que tenía un sabio.

Sin su padre, Cajal habría sido cualquier otra cosa, sin duda importante, pero no el investigador, el científico que llegó a ser. Porque si el talento puede ser natural, la voluntad se forja y el espíritu se templa contra los obstáculos.
Su adolescencia fue un contínuo tira y afloja entre la voluntad paterna y sus ensoñaciones líricas o épicas, según le diera por ser general o pintor.
Se le negaban las oposiciones mientras empezaba a vivir con el microscopio. Por fin consiguió un sueldo en Zaragoza y se casó con doña Silveria Fañanás, que llevó con humildad y paciencia la desbocada ambición de saber de su marido. A su primera hija la llamó Fe.
Mientras se creaba la primera cátedra de Histología en España, Cajal, que había aprendido un rudimentario alemán y un inglés elemental para completar su pobre francés, veía cómo sus primeras investigaciones sobre el sistema nervioso se publicaban en las revistas científicas germanas. Mientras va publicando sus descubrimientos comienza a recibir invitaciones del extranjero. Lo esencial de su trabajo, equivalente a la investigación mundial de 50 años, según algunos científicos, es el descubrimiento de la neurona y la clarificación de su estructura y funciones en el sistema nervioso. Cajal padeció hasta el final de su vida intentos de acabar con su teoría y de desprestigiar su tarea.
Murió el 17 de octubre de 1934, tras publicar El mundo visto a los 80 años y sin ver la guerra Civil.