sábado, febrero 28, 2026

El inmoral “carril rápido” de la medicina pública

 

Hay médicos y médicos. Hay médicas y médicas. Hay limpios, sucios y turbios. Limpias, sucias y turbias. Como siempre, decir "todos son iguales" no es más que una mentira. Una generalización, una mentira.

Se comenta entre los pacientes que sigue habiendo médicos (y médicas) especialistas que te atienden en su consulta privada y luego te hacen pruebas e intervenciones en la pública. No he oído hablar de ello a la ministra de sanidad ni a la consejera de mi comunidad.

El ser humano suele tener ante sí la pregunta por lo moral, lo correcto, lo ético, lo honrado, lo justo, lo que tiene futuro. Lo solidario o lo egoísta.

El problema no es público o privado, como a veces se dice, sino solidario o insolidario. Privado es San Juan de Dios o las Hermanas de Tafira, y nadie les pone pega. El problema no es público o privado, sino solidario o insolidario.

Si en la pública se derrocha, no por ser pública está bien, si en la pública se da mal de comer, no por ser pública está bien.

Volvamos a los médicos El gobierno González dijo que quería acabar con esa anomalía de doble consulta (privada y pública), pero realmente no lo hizo.

Ahora que los medios de comunicación destapan escándalos con las mascarillas, o con la compra de tal o cual maquinaria o medicamentos, estaría bien que la universidad, o la prensa, o las asociaciones de pacientes, o los sindicatos... ¡alguien! destapara que hay médicos que atienden en su consulta privada y a esos pacientes le aceleran el proceso en la pública.

Hay administrativos que lo saben. Quizá hace falta un buzón confidencial.

Los grupos sociales solemos ser corporativos. ¿Qué dice el colegio de médicos? ¿Esto no va contra el juramento hipocrático?

Vivimos un momento histórico en el que se ha puesto en el punto de mira, con acierto, el machismo, y van cayendo los que se creían en el olimpo. 

¿No es hora de hacer caer también este negocio privado a costa de lo público?

martes, febrero 24, 2026

Crisis de los 40-60 (El demonio meridiano o acedia)

Fernando Rivas Rebaque

Dentro de las diversas enfermedades, hay una a la que los monjes del desierto conceden una especial atención por la gravedad de sus consecuencias y la importancia que tiene en el proceso de maduración personal: la denominan “acedia” (o “demonio meridiano”) y tiene una clara conexión con lo que hoy llamamos “crisis de los cuarenta”.

El nombre de “acedia” procede del griego ἀκηδία (no-actividad), y en castellano aparece como “negligencia, tristeza o amargura”. Se trata de una enfermedad situada en la mitad de la vida. De aquí el que se hable del demonio meridiano, en referencia al Salmo 91,5-6: “No temerás… el azote que devasta a mediodía”, sin duda el período de mayor calor en el desierto.

Evagrio Póntico, monje del siglo IV y el mejor analista de esta pasión, describe algunos de los síntomas por el que podemos descubrir la enfermedad: cansancio, desánimo, pérdida de las ilusiones, una insatisfacción vaga y generalizada que va apoderándose poco a poco de nuestra existencia… Aparece de improviso, sin que hayamos hecho nada para ello. Comienza por lo afectivo, se traslada a lo psíquico y acaba por instalarse en lo más profundo de nuestro interior.

Algunas de las causas que han podido provocar la acedia se encuentran en un excesivo activismo en las etapas anteriores, que aunque puede habernos ayudado a llenar este tiempo, en el fondo nos impidió afrontar seriamente nuestros problemas interiores; la frustración por proyectos personales o sociales en los que hemos puesto excesivamente nuestra confianza, que así se vuelven contra nosotros; y la rutinización de nuestra existencia, como una manera de afrontar nuestras carencias sin excesivo coste.

Los efectos negativos de esta enfermedad se expresan de manera más evidente en el ámbito corporal. Ante las primeras “goteras” podemos reaccionar por el descuido o abandono de todo lo relacionado con nuestro cuerpo (cuidado, porque en ocasiones se puede encubrir por una obsesiva preocupación por todo lo relacionado con el body).

Pero es una enfermedad que afecta en gran medida al campo psíquico. Y así lo vemos en la búsqueda de lo cómodo y fácil, la incapacidad para hacer o pensar en proyectos que exijan continuidad, el centramiento del deseo sobre mi ego, y una desazón o desánimo con respecto a las posibilidades de mejora de nosotros mismos y de la sociedad, que en ocasiones se justifica con una mayor sabiduría o experiencia. Evagrio Póntico lo expresa de esta contundente manera hablando del monje:

“Al principio, [la acedia] hace que el sol parezca avanzar lento e incluso inmóvil y que el día aparente tener cincuenta horas. A continuación, le apremia a dirigir la vista una y otra vez hacia la ventana y a saltar fuera de su celda… Además, le despierta aversión hacia el lugar donde mora, hacia su misma vida y hacia el trabajo manual; le inculca la idea de que la caridad ha desaparecido entre sus hermanos y no hay quien le consuele… Este demonio le induce entonces al deseo de otros lugares y ejercer un oficio más fácil de realizar y más rentable. Añade a estas cosas también el recuerdo de su familia y del modo de vida anterior y le representa la larga duración de la vida, poniendo ante sus ojos las fatigas de la ascesis; y, como suele decir, pone todo su ingenio para que el monje abandone su celda y huya del estadio”, Tratado práctico 11.

Es una enfermedad que cuestiona de manera inmisericorde nuestras realizaciones anteriores, tanto personales como sociales, produce una cierta nostalgia o añoranza insana de los “años perdidos”, culpabiliza sistemáticamente a los demás, externalizando ingenuamente las culpas (el sistema, la sociedad de consumo, la política…), considera que los objetivos en los que creemos son irrealizables, olvida el espesor de la realidad y propone a cambio mundos ideales y fantasías adolescentes (con mayor capacidad de atracción en un mundo juvenilizado en todos los sectores), y plantea el cambio continuo de actividades, relaciones y situaciones para escapar de la realidad y lo presente que no nos agrada.

Un gran conocedor actual de esta enfermedad, Gabriel Bunge, la define así: “La acedia… estimula simultánea y permanentemente los dos poderes irracionales del alma: la concupiscencia y la violencia. Por eso es una mezcla de concupiscencia frustrada y agresividad… Descontenta del hoy, desea el mañana; se orienta hacia atrás y hacia delante… A causa de su duración, adopta una forma de depresión espiritual que, en los peores casos, aboca al suicidio, último y desesperado intento de evasión”, Akedia (1997). Indudablemente hay grados, y aquí se centra en el más agudo.

No se trata solo de una enfermedad individual, sino que tiene su vertiente social, que viene a reforzar lo personal. Y si alguien piensa que no la tiene quizá sea porque está tan asumida en el propio interior que es incapaz de descubrirla, o que, habiéndola descubierto, no se encuentra con ganas o fuerzas de oponerse a ella, considerándola una batalla perdida ante la que ha tirado la toalla definitivamente.

Pero los monjes del yermo no se centran solo en el diagnóstico, por muy lúcido que sea en este caso, sino que proponen una serie de terapias para esta enfermedad. El primer paso según ellos consiste en reconocer en qué medida estamos colonizados por esta pasión, porque produce tal oscuridad en nuestra tramas personales y sociales que no somos conscientes de su presencia, pues nos hemos habituado a vivir por este parásito que nos va debilitando poco a poco, e incluso podemos llegar a considerarlo como algo natural, un paso necesario hacia la madurez.

En segundo lugar, nos dicen que no debemos hacer caso a las numerosas excusas que nos propone esta enfermedad para vivir “en paz”, como el merecido descanso por todas las luchas anteriores, que es mejor disfrutar de lo que nos queda de vida con los pequeños placeres cotidianos que empeñarnos en objetivos irrealizables (o utópicos), que hay que recuperar los “años perdidos”, que no volverán… Y muchas otras excusas sutiles que nos va ofreciendo esta enfermedad tan invisible.

En tercer lugar, como la acedia es una enfermedad interior, no se puede buscar el remedio en los demás (que nos solucionen el problema), en el cambio de lugar o de estado, sino en nuestra conciencia y en nuestro yo más profundo. Esto no quita la necesidad de escuchar a las personas mas cercanas o la conveniencia de acudir a personas experimentadas en esas lides, que nos ayuden a discernir sobre los medios o modos de enfrentarnos a esta enfermedad, pero siempre será la propia persona la que debe enfrentarse consigo misma.

En cuarto lugar, la lucha contra esta enfermedad es laboriosa y puede durar mucho tiempo (años incluso), por lo que debemos pertrecharnos de paciencia y perseverancia, hasta tal punto que podemos decir que la cura de la acedia tiene como uno de los principales remedios el “ajo y agua” (apócope de a jod…. y aguant…). Pero de una forma muy particular, porque ni se pueden aceptar órdenes de la acedia ni oponerse radicalmente a ella, pues el voluntarismo engorda esta pasión y el propio sujeto no está en las mejores condiciones para esta lucha, ya que está muy debilitado.

En el fondo se trata de una resistencia pacífica, de ocupación de posiciones, no de grandes batallas. De perseverar en los proyectos personales y sociales, pulir nuestras opciones de vida con las dificultades que vamos a encontrarnos, iniciar trabajos que nos inviten a la asiduidad, la presencia y la acción, y dejarnos llevar por lo mejor que vamos descubriendo en nuestras vidas. Y eso, como decía el frailecico abulense: “Aunque es de noche”.

Una lucha que expresa perfectamente este apotegma: “Un monje fue preso de la acedia. Pero encontró unas pequeñas palmas, las cortó y al día siguiente se puso a hacer con ellas una estera. Al sentir hambre se dijo: ‘Ya quedan pocas palmas, las terminaré de tejer y entones comeré’. Al terminar dijo: ‘Leeré un poco y luego comeré’. Y cuando terminó la lectura pensó: ‘Recitaré algunos salmos y después comeré’. Así, poco a poco, con ayuda de Dios… adquirió seguridad para vencer los malos pensamientos”, Sentencias de los Padres del desierto VII,28.

En cualquier caso, la lucha contra la acedia supone un momento clave en nuestro recorrido personal porque marca un antes y un después, nos ayuda a descubrir nuestros propios límites y, si somos capaces de superar esta enfermedad, nos produce una profunda paz interior y un gozo duradero. O al menos eso es lo que cuentan los monjes del desierto, que, sobre esta cuestión, y muchas otras, sabían bastante

martes, febrero 17, 2026

jueves, febrero 12, 2026

10 INTELECTUALES ARGENTINOS HUMANISTAS, CATÓLICOS Y DE IZQUIERDA (IA)



Ricardo Rambaudi/facebook

Esta es una búsqueda fascinante. Encontrar el punto de intersección entre el humanismo cristiano, la doctrina social de la Iglesia y la militancia de izquierda (especialmente el peronismo de izquierda o el socialismo cristiano) es adentrarse en el núcleo del pensamiento político argentino del siglo XX.

Aquí tienes 10 intelectuales que han transitado esa síntesis, junto con un concepto clave de su obra:

1. Carlos Mugica: La opción preferencial por los pobres. El sacerdote mártir que entendía que el Evangelio exigía un compromiso político concreto con la liberación social.

2. Hernán Benítez: La justicia social como mandato divino. Confesor de Evita y puente entre el catolicismo y la justicia social del primer peronismo.

3. Juan García Elorrio: El cristianismo revolucionario. Director de la revista Cristianismo y Revolución, propuso que la fe era incompatible con el sistema capitalista.

4. Arturo Sampay: La función social de la propiedad. El constitucionalista detrás de la Constitución de 1949, que subordinaba el capital al bienestar general basándose en principios escolásticos.

5. Lucio Gera: Teología del Pueblo. A diferencia de la Teología de la Liberación marxista, centraba el sujeto histórico en el "pueblo fiel" y su cultura.

6. Rafael Tello: La evangelización de la cultura. Pensador clave para entender que la fe no debe imponerse, sino encarnarse en las luchas y el sentir popular.

7. Alicia Eguren: El socialismo nacional. Aunque venía del nacionalismo católico, su giro hacia la izquierda revolucionaria planteaba una ética cristiana de entrega absoluta a la causa del pueblo.

8. Alberto Methol Ferré: La Cuenca del Plata y el Continentalismo. (Uruguayo de nacimiento, pero de enorme impacto en la intelectualidad argentina). Planteaba la unidad latinoamericana como un bloque "católico y popular" frente al imperialismo.

9. Jorge Casaretto: Humanismo social. Centrado en el diálogo entre la Iglesia y los problemas estructurales de exclusión en la Argentina contemporánea.

10. Ricardo Rambaudi : El Humanismo de la Cercanía
Rambaudi representa una evolución del pensamiento humanista cristiano hacia el campo del Counseling (Consultoría Psicológica) y la Educación Superior, siempre con una mirada crítica hacia el individualismo neoliberal.

Trayectoria: Ha sido una figura institucional central en Rosario, desempeñándose como Rector del ISET Nº 18 y en roles directivos en la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU). Su carrera docente es extensísima, abarcando desde la Universidad Nacional de Rosario (UNR) hasta la UTN.

Vínculo con la Izquierda/Justicia Social: Su posición no es la de una izquierda partidaria dogmática, sino la de una izquierda humanista. Es un defensor acérrimo del rol social del Estado en la educación y un crítico de las políticas que mercantilizan el conocimiento.

Su Concepto Clave: La Transformación a través de la Otredad. En su obra reciente (como en su libro sobre Counseling y desarrollo personal), Rambaudi plantea que el crecimiento individual es inseparable del compromiso colectivo. Inspirado en autores como Carl Rogers pero filtrado por una ética social latinoamericana, sostiene que la política y la educación deben servir para "sanar" el tejido social, poniendo a la persona humana por encima de las estructuras de poder.

Completando tu lista de 10 con este perfil:
Si sumamos a Rambaudi a la lista anterior de pensadores que vinculan la fe/humanismo con la sensibilidad social de izquierda, él aportaría la dimensión del "Humanismo Pedagógico": la idea de que la liberación del hombre empieza en un sistema educativo que sea empático, gratuito y profundamente democrático

viernes, febrero 06, 2026

La mística de Battiato

Pepe Ferrari

Me apasiona la música y sobre todo los mensajes que pueden estar en la letra que le acompaña.

Varias canciones de Battiato rozan el misticismo con su música ¡aunque la letra no le acompañe del todo!

Cuando estos dos elementos se unen música y una letra reflexiva me hacen volar

Todos somos nómadas de un Desierto buscando un oasis que a veces es un espejismo pero en esa búsqueda encontraremos la Paz en el Crepúsculo..! El punto Omega..!!


Arthur Brooks (61), experto en felicidad: «Los cuatro pilares son la fe, la familia, los amigos y un trabajo que te nutra»

María Palmero/theobjective.com

Hablar de felicidad es hacerlo también de Arthur Brooks, quien, hace una década, tras años de llevar una carrera exitosa —en aquel momento era CEO del American Enterprise Institute— empezó a hacerse una pregunta incómoda que lo cambió todo: ¿estaba dirigiendo su vida o simplemente dejándose llevar por ella? 

La idea le vino durante un vuelo nocturno. Mientras trabajaba, en el avión, escuchó a una mujer decirle a su acompañante, con una voz cargada de angustia: «No, no es cierto que nadie te recuerde. No es cierto que nadie conteste tus llamadas. No es cierto que ya nadie se preocupe por ti». 

Entonces, Brooks imaginó que hablaba con un hombre cualquiera, normal. Pero, para su sorpresa, al aterrizar descubrió lo contrario: aquel pasajero tan apesadumbrado era una figura histórica muy reconocida, a quien otros viajeros y hasta el capitán saludaron con admiración: «Señor, quiero que sepa que ha sido un héroe para mí desde que era pequeño», contó el propio Arthur Brooks en una conferencia en el IESE. 

El impacto de aquello fue inmediato para Brooks, pues pensó: si alguien tan admirado podía sentirse olvidado y vacío, entonces el éxito no es garantía de una vida feliz y plena. Esa revelación llevó al experto a replantearse su propio rumbo y a dedicar su carrera a estudiar cómo construir una felicidad auténtica y con sentido.

Arthur Brooks desvela los cuatro pilares para cultivar la felicidad

La experiencia mencionada hizo que Arthur Brooks, de 61 años, diera un giro a su vida, dejara su importante trabajo y se centrara en dedicar su carrera a estudiar la felicidad. En la actualidad, el autor, académico y divulgador estadounidense es considerado una de las voces más influyentes en la ciencia contemporánea de la felicidad, el propósito de viday el bienestar humano. 

Es profesor en la Harvard Kennedy School y en la Harvard Business School, donde imparte cursos sobre liderazgo, felicidad y gestión con sentido, y dirige programas que combinan investigación académica. Además de su labor docente, Brooks es autor de más de una docena de libros, varios de ellos best­sellers del New York Times. Entre sus obras más conocidas se encuentran Construye la vida que anhelas y La madurez inteligente.

Su labor docente, sus conferencias y sus libros han convertido a Arthur Brooks en una eminencia en lo que se refiere a felicidad, que para él se sustenta en cuatro pilares: «La fe, la familia, los amigos y un trabajo que nutra»:

  • Fe: sentirse pequeño en algo grande: Arthur Brooks ve la fe —no necesariamente religiosa— como una forma de tomar perspectiva, reconociendo que nuestra vida es solo una pequeña parte de algo mucho mayor.
  • Familia. Desde su experiencia personal, uno de sus arrepentimientos más profundos ha sido perder la conexión con sus padres demasiado pronto. Por eso siempre recomienda dedicar tiempo a la familia, «porque la vida es corta».
  • Amistades reales. Para el experto en felicidad, los verdaderos amigos no son utilitarios. Según él, muchas personas exitosas terminan solas porque cultivan relaciones basadas en interés. La verdadera amistad, en cambio, no depende de estatus ni beneficio.
  • Trabajo que nutra: Arthur Brooks ha señalado en diversas ocasiones que la satisfacción no viene de títulos, dinero o prestigio, sino de hacer un trabajo arduo que tenga impacto y de servir a los demás. Esto conecta con otra de sus enseñanzas: «Puedes construir la vida que quieres empezando desde tus emociones internas y luego proyectándolas hacia tu familia, amistades, trabajo y vida espiritual».

Para ser más felices debemos cultivar tres cosas: disfrute, satisfacción y significado

El autor de bestsellers y conferenciante habitual en instituciones de prestigio también ha compartido más ideas acerca de la felicidad, como que esta «no es un destino, sino una dirección». En su opinión, para ser más feliz debemos cultivar tres grandes componentes: disfrute, satisfacción y significado.

  • Disfrute. Brooks distingue con claridad entre placer y disfrute. El placer es inmediato y sensorial; el disfrute verdadero surge cuando las partes más sofisticadas de nuestro cerebro trabajan en armonía para tomar decisiones conscientes. Como el autor ha explicado: «La felicidad es algo que diseñas en el presente; no es algo que pospones para el futuro. (…) El placer es un punto intermedio, pero nunca debería ser el objetivo final», asegura, añadiendo que si solo nos moviera la búsqueda del placer «nuestras vidas se volverían ingobernables». Desde su perspectiva, el disfrute combina placer, personas y memoria: no solo sentir algo agradable, sino compartirlo y recordarlo.
  • Satisfacción: lograr más con menos. Los seres humanos somos únicos en algo: disfrutamos la sensación de logro. Brooks sintetiza esta idea con otra de sus frases: «La clave de la felicidad no es ser rico; es hacer algo arduo, crear algo de valor y luego poder reflexionar sobre los frutos de tu trabajo». El experto asimismo señala que el cerebro humano se adapta rápidamente a lo que tiene, por lo que la satisfacción se desvanece si perseguimos solo metas externas. La clave está en gestionar nuestras ambiciones y deseos en lugar de ampliarlos sin parar.
  • Significado: simplificar para comprender. Según Brooks, la pregunta adecuada no es «¿cuál es el significado de la vida?», sino «¿cuál es el significado del significado?». Para él, el significado surge de tres elementos: coherencia, propósito e importancia. En un mundo saturado de estímulos, propone prácticas como la atención plena y la desconexión digital para permitir que la mente vague y emerja la creatividad.
Como reflexiona Arthur Brooks, «nadie es totalmente feliz. La felicidad no es un destino; es una dirección». Un camino que podemos tomar como un desafío para diseñar la vida que queremos, en vez de dejar que la vida nos dirija a nosotros.

"De tanto querer ser el primero" - Julio Iglesias

Si se entrega estas ideas en un papel en una reunión de "liderazgo" o en unos ejercicios espirituales nadie se extrañaría. 
Hay predicaciones cuaresmales mucho menos críticas. Si se pone atención quizá saquemos consecuencias interesantes

jueves, febrero 05, 2026

La Prostitución Espiritual


Lo Que Dice La Palabra De Dios/facebook

Ezequiel 23 no solo es simbólicamente incómodo, sino que es intencionalmente gráfico, sexual y perturbador. Y no fue casualidad, exageración ni rareza cultural.

Dios eligió ese lenguaje a propósito.

En el capítulo, se describe a Ahola y Aholiba con impactantes imágenes sexuales: referencias explícitas a la lujuria, la prostitución, el deseo físico y la obsesión con amantes extranjeros.
Las metáforas no son sutiles. Su propósito es provocar repulsión en el lector. ¿Por qué?

Porque Dios está exponiendo cómo ve realmente el adulterio espiritual ante Él.

Israel y Judá no estaban simplemente "tomando malas decisiones" ni "desviándose espiritualmente". Eran socios de pacto que buscaban repetidamente seguridad, identidad, placer y poder en otras naciones y dioses. Dios enmarca esta traición en términos sexuales porque el pacto con Él no es contractual, sino relacional.

Las imágenes son intencionalmente humillantes.

Aholá y Aholiba son descritas como amantes anhelantes, recordando hazañas pasadas y consumidas por sus deseos. Esto pretende despojarlos de la respetabilidad religiosa. Dios elimina toda excusa y expone la cruda verdad: la idolatría no es neutral, es una traición íntima.

Esta es también la razón por la que a los lectores modernos les cuesta entender este capítulo.

Preferimos el pecado desinfectado.

Dios lo revela al desnudo.

Ezequiel 23 obliga al público a sentir repugnancia, no hacia la sexualidad en sí, sino hacia la infidelidad disfrazada de sofisticación, política y compromiso religioso. El pueblo confió en los imperios en lugar de en Dios. Mezclaron la adoración con el poder. Mantuvieron rituales mientras abandonaban la lealtad. ¿Te suena familiar?

Y Dios responde diciendo, en efecto: “Si insistes en actuar como si esto fuera inofensivo, te mostraré exactamente lo que es.”

El capítulo es gráfico porque la traición lo es. Es severo porque el pacto es sagrado.

Esto no es pornografía. Es una exposición profética.
Y su mensaje sigue vigente:
A Dios no le ofende el arrepentimiento sincero;
le provoca la infidelidad espiritual disfrazada de sabiduría, progreso o pragmatismo.