domingo, agosto 01, 2021

El último baile: lo que Gasol enseñó a Jordan y Kobe (y Ramos no quiere aprender)


Carlos Prieto/El confidencial

Equipo de éxito, pero veterano y (aparentemente) rentabilizado, se da una oportunidad final... y vuelve a ganar el título. 'The Last Dance' (El último baile), sobre la última temporada de los Chicago Bulls de Michael Jordan, es uno de los grandes documentales deportivos de los últimos años.

El derecho a un último baile remueve también a la selección española de baloncesto en Tokio, batalla personificada en Pau Gasol, al que las lesiones dejaron en retirada técnica (y por cuya vuelta nadie daba un duro), pero que ha vuelto a los 41 años para mover el esqueleto de nuevo en suelo olímpico. España se estrena hoy en el torneo contra Japón. El último baile de un equipo por el que han pasado varias estrellas mundiales, pero cuya leyenda competitiva siempre fue más larga que la suma de sus egos.

Para entender el significado del concepto 'último baile', hay que leer a su creador, el entrenador Phil Jackson. “Apodé esa temporada ‘el último baile’ porque… pasara lo que pasase, la temporada siguiente la mayoría de los jugadores no vestiría el uniforme de los Bulls. La irrevocabilidad proporcionó a la temporada cierta resonancia que vinculó estrechamente al equipo. Parecía que habíamos emprendido una misión sagrada, impelidos por una fuerza que trascendía la fama, la gloria y el resto del botín de la victoria. Lo hacíamos por el puro gusto de jugar juntos una vez más. Fue mágico”, escribió Jackson en sus memorias, ‘Once anillos’.

Los narcisistas

Ideólogo de los Bulls de Michael Jordan y de los Lakers de Kobe Bryant, Jackson no es solo el entrenador más laureado de la NBA, sino el que sometió a dos de los egos deportivos más grandes de EEUU (Jordan y Bryant) en beneficio del colectivo... sin meter un grito de más, con más zen que látigo... y con Pau Gasol jugando un papel fundamental en el engranaje colectivo en la etapa Lakers.

Crecido al calor del espíritu inconformista y cooperativista de los sesenta, Jackson cree que lo más importante para ganar la NBA no es contar con Michael Jordan, sino con… EL AMOR. El amor, sí, han leído bien, Jackson lo argumenta profusamente en sus memorias: “Hacen falta varios factores críticos para ganar la NBA, incluida la combinación adecuada de talento, creatividad, inteligencia, resistencia y, desde luego, suerte. Ninguno de esos factores tiene la menor importancia si el equipo carece del ingrediente fundamental: el amor. Esa clase de conciencia no se construye de la noche a la mañana. Hacen falta años de preparación para conseguir que los atletas jóvenes tomen distancia de sus egos y se involucren de lleno en la experiencia grupal".

El amor (al colectivo) contra el ego individual, lucha titánica en un ecosistema que fomenta todo lo contrario:

1) "La NBA no es precisamente el entorno más adecuado para inculcar la generosidad. A pesar de que se trata de un deporte en el que participan cinco jugadores, la cultura que lo rodea fomenta los comportamientos egoístas y resalta los logros individuales más que los vínculos entre los integrantes del equipo. No era así cuando en 1967 empecé a jugar con los Knicks: los jugadores cobraban un salario modesto y en verano tenían trabajos a tiempo parcial para redondear sus ingresos. Los partidos se televisaban en contadas ocasiones y nadie había oído hablar de... Twitter. Esa situación cambió en la década de 1980, con la famosa rivalidad existente entre Magic Johnson y Larry Bird y a la aparición de Michel Jordan como fenómeno global. El baloncesto se ha convertido en una industria que produce miles de millones de dólares... Una de las consecuencias lamentables de esto es la obsesión por el estrellato en términos mercantiles, la cual infla los egos de un puñado de jugadores y causa estragos en aquello que hace que la gente se sienta atraída por el baloncesto: la belleza intrínseca de este deporte”, escribió Jackson.

2) “Los futuros jugadores de la NBA se ven inmersos en un universo que refuerza la conducta narcisista en el período en el que van al instituto. A medida que crecen y siguen teniendo éxito, acaban rodeados por legiones de representantes, promotores, seguidores y otros aduladores que repiten machaconamente que son el no va más. Tardan muy poco en empezar a creérselo. Además, Los Ángeles es un universo consagrado a celebrar la idea del yo glorificado. Fueran donde fuesen, los Lakers eran recibidos como héroes y se les ofrecían oportunidades infinitas y con frecuencia lucrativas de complacerse en lo maravillosos que eran. Mi intención consistió en proponerles un refugio seguro y solidario para que se resguardaran de toda esa locura”.

¿En qué manera distorsiona el juego el narcisismo? Hasta la llegada de Jackson como entrenador, los Bulls eran el equipo en el que Jordan se tiraba hasta las zapatillas. Jackson desarrolló un sistema (el triángulo ofensivo) en el que Jordan debía lanzar menos tiros... para que el equipo aumentara su potencial ofensivo. Tras unas reticencias iniciales, Jordan entró por el aro y los Bulls se convirtieron en un cohete.

“La fuerza o poder de un equipo se alcanza cuando cada uno de sus integrantes renuncia al interés personal a cambio del bien colectivo. Cuando no fuerza un tiro ni intenta imponer su personalidad al equipo, el jugador manifiesta de la manera más plena posible sus dotes como atleta”, escribió Jackson en su libro.

Jordan y Bryant, en definitiva, eran dos grandes chupones que si no se llegan a cruzar con Jackson, quizás hubieran acumulado más marcas de anotación que títulos de la NBA (además de un sinfín de compañeros de equipo achicharrados).

Según Jackson, el primer Kobe Bryant era “un joven impetuoso tan empeñado en ser el mejor jugador de la historia que arrebataba la alegría deportiva a los demás”, que es también el joven Jordan que vemos en los primeros capítulos de ‘The Last Dance’, antes de convertirse en una máquina letal... al servicio del sistema colectivo de Jackson.

Bryant hizo luego “un esfuerzo por conectar más estrechamente con el resto de los jugadores y por descubrir cómo podían convertirse en un equipo más cohesionado… A esa altura de su trayectoria, era consciente de la insensatez de tratar de anotar cada vez que cogía la pelota”, escribió Jakson. Tras la salida del equipo de Shaquille O'Neal (con el que Bryant ganó dos anillos), los Lakers entraron en crisis. En 2008, ficharon a Pau Gasol. El equipo ganó la NBA los dos siguientes años rompiendo una sequía de siete años.

Palabras de Jackson sobre la revolución interna subterránea provocada por Gasol en los Lakers:

1) “Pau era maduro, inteligente, poseedor de una profunda comprensión de nuestro deporte y con disposición a adoptar una función subalterna, si era necesario, con tal de mejorar las probabilidades que el equipo tenía de ganar. Fue la persona correcta en el momento adecuado... Estrella de la selección española, Pau se formó según el estilo de baloncesto europeo, más cooperativo, motivo por el cual no tuvo dificultades en adaptarse enseguida al triángulo ofensivo. La forma de jugar de Pau era ideal para el triángulo: no solo era un poste sólido, con una gran variedad de tiros en suspensión a media distancia, ganchos e intensas jugadas por arriba y por abajo, sino que también era un magnífico pasador, reboteador y un jugador veloz a la hora de iniciar contraataques”.

2) “Antes de que Pau entrase en escena, habíamos sufrido una pequeña racha perdedora y algunos de los jugadores más jóvenes comenzaron a comportarse de una manera que ejerció un efecto negativo en el estado de ánimo del equipo. Esos roces desaparecieron en cuanto Gasol hizo acto de presencia… El comportamiento amable de Pau modificó el clima emocional del equipo. Es difícil quejarse cuando uno de los mejores talentos de la liga juega a tu lado y hace lo que sea necesario para ganar. La llegada de Pau también permitió que varios jugadores mostraran facultades hasta entonces ocultas... La forma de jugar de Kobe también mejoró. Estaba encantado de tener en el equipo a un pívot ‘con un par de manos’, como solía decir, y no tardaron en desarrollar una de las mejores combinaciones un-dos de la liga. La presencia de Pau también dio a Kobe la oportunidad de dedicar más atención al juego y de permitir que otros jugadores lanzasen, lo que lo convirtió en un mejor jugador global de equipo y, por extensión, en mejor líder”.

Así baila España

Dicho lo cual: hay algo profundamente colectivo en el último baile de la España olímpica. Lo que Jackson llamó “el puro gusto de volver a jugar todos juntos otra vez”.

¿De dónde sacó Pau Gasol la fuerza de voluntad para llegar a Tokio tras una tortuosa recuperación de casi dos años? Gasol, a ‘El País’ sobre su lucha para volver: “La ilusión de seguir jugando, de retirarme jugando y gozando otra vez del baloncesto al más alto nivel me motivó y me empujó durante esos momentos difíciles... Ha sido una cuestión muy pasional, muy emocional. Lo más prudente e inteligente hubiera sido decir ‘hasta aquí hemos llegado". "Va a ser mi último campeonato con la selección y eso tiene un significado muy grande a nivel emocional por todo lo que he vivido con ella. Voy a disfrutar cada momento como si fuera el último, que en este caso lo será”, añadió.

La gasolina del lesionado Gasol ha sido más el volver a jugar juntos una última vez que el ansia de seguir batiendo récords

Es decir, la gasolina de Gasol ha sido más volver a jugar juntos otra vez que el ansia de seguir batiendo récords; ansia infantil que, por cierto, ha afectado este año a un futbolista español estrella, Sergio Ramos, tan obsesionado con engordar sus marcas que metió en un lío a la Selección antes de la Eurocopa (de sus increíblemente narcisistas documentales en Amazon presumiendo de títulos y haciendo abdominales, que sin duda horrorizarían a Phil Jackson, ya hablamos otro día).

La vuelta de Gasol, en definitiva, se parece mucho al amor a un deporte y a un equipo.

En realidad, la selección española ya vivió su momento último baile el pasado Mundial. Sin Pau Gasol, con un equipo calificado como el más flojo en dos décadas y con la prensa y la afición de uñas tras un inicio titubeante, España ganó el título contra todo pronóstico. ¿Cómo? Jugando más en equipo que nunca.

O el ciclo histórico eterno: medallas de plata y bronce en las tres últimas Olimpiadas, dobles campeones del Mundo en 2006 y 2019 y triples campeones de Europa en 2009, 2011 y 2015. La España de los Gasol es ese equipo al que han dado por muerto muchas veces, pero que sigue en pie… y se ha ganado el derecho a un último baile. En efecto, si lo del pasado Mundial ya fue homérico, lo de Tokio es el más difícil todavía, una de esas películas en las que un grupo de guerreros jubilados se enrola en una última misión suicida (¿tirarse en paracaídas sobre el Berlín de 1941 para secuestrar a Hitler armados de destornilladores?) por el mero gusto de volver a bailar todos juntos.

Puede que lo de Tokio acabe regular; hay selecciones mejores, más jóvenes y más fuertes, pero… que les quiten lo 'bailao'.

Ricky Rubio había decidido no ir a Tokio. Llevaba su decisión en silencio, pero malamente... y acabó echándose al monte otra vez. “Tuve muchas dudas hasta el final. En algún momento, tuve claro que no era el momento de venir. Se lo debía a mi familia. Porque había tenido a mi hijo y porque mentalmente fue una temporada muy dura. Durante un par de días había decidido ya que no y le dije a Scariolo que tirasen sin mí. Pero me costaba mucho incluso dormir. Mi mujer, que me conoce mejor que nadie, me convenció. Al fin y al cabo, es una situación especial, ¿no?, y puede que sea la última oportunidad en que estemos una serie de jugadores que hemos conseguido juntos muchas cosas. Y son unos Juegos Olímpicos. Por eso llamé otra vez a Scariolo y le pregunté si todavía podía entrar en sus planes”, contó Rubio a ‘El País’.

La llamada del equipo, el temblor del último baile, el puro gusto de jugar juntos una última vez. Palabras mayores. Máximo respeto