viernes, enero 10, 2020

LA PALABRA ILUMINA (A: NAVIDAD II)

Palabras que iluminan
El comienzo del Evangelio de Juan normalmente lo centramos (con razón) en eso de que "La Palabra se hizo Carne". Produce tal asombro que nos centramos (con razón) ahí. No por llevar la contraria sino para tomar otra perspectiva he dedicado algún ratillo a algo hermoso, muy hermoso, y práctico, muy práctico: La Palabra es Luz. Ilumina. También dice eso, y más cosas.

Nuestra vivencia de las palabras es muy plural. Hay palabras que hieren, es verdad, que lastiman, que molestan, que son como lapidaciones. A veces, con las palabras, parecemos matones. No matamos pero casi. Un gran orador a veces es quien maneja hábilmente el arte de aplastar. Hace pocos días unos muchachos de colegio se aplastaban unos a otros emulando las palabras de la Cámara Baja (y tan baaaaja, bajísima).
Leyendo la Palabra


También hay palabras que iluminan, que consuelan, que levantan, que promocionan, que entusiasman. Que hacen arder el corazón, brotar las agradecidas lágrimas. Palabras que permiten orientarse, que no sustituyen el protagonismo de uno. Palabras pequeñas, humildes, que coSostienen en miserias compartidas, en sueños ya vividos y que apuntan utopías.

Esas palabras, normalmente, no son discursos académicos sino que están entretejidas de tristezas y alegrías, de salud y enfermedad, de dolor y amor. Son palabras Encarnadas. No son siempre, como a veces se dice, "palabras avaladas por el propio testimonio" si por ello se entendiera coherencia y perfección ¡no! Son, sí, palabras de verdad, de vida, con su carga de realismo y de pequeñez. No es por coherentes que iluminamos y salvamos, como defiende el moralismo caduco. Recibimos luz e iluminamos por verdad y limpieza de corazón

Y entre todas las palabras: la Palabra. La palabra de Jesús. Esa tan necesaria. La vida ha demostrado que es muy superior si no está adulterada. Tan poco hecha de cursillos de información y tan cargada de gesto, de acción, de servicio pequeño, de aceptación de la realidad pequeña que somos. Lo que más me duele en los templos es que a veces no se escucha la Palabra. Benedicto XVI nos recordó que decía san Jerónimo que podíamos volar a buscar una pequeña partícula de pan caída al suelo pero no nos preocupaba que la Palabra entrara por un oído y saliera por el otro. Terrible.

Tiene razón el sacerdote salmantino que en la parroquia de san Julián y santa Basilisa (matrimonio por cierto, que uno no termina de entender que lo que Dios ha unido lo separen otros) dedicó un lugar destacado para la Palabra similar al que hay para el Sagrario. Toda la razón. Gracias.

La Palabra que consuela y orienta es una palabra que ILUMINA. Cuando estamos eufóricos o hundidos, triunfadores o fracasados. Sin rumbo o entusiasmados. Cada Palabra, Toda Palabra ILUMINA. El que se la pierde algo se Pierde.