martes, septiembre 25, 2018

POBREZA EN PALACIO

Eugenio A. Rodríguez

Aunque el día ha sido ajetreado no quiero cerrarlo sin escribir que hoy, 25.9.2018, hace cuarenta años entramos unos cuantos en el Seminario.

No sabíamos entonces que entrábamos en un palacio. Ni sabíamos que allí íbamos a paladear la pobreza del evangelio,  Años después leímos en la "Misericordia entrañable de Marcelino Legido que se podía ser rico en una chabola y pobre en un palacio. Lo pudimos entender porque lo habíamos vivido. En Calatrava (por fuera un palacio) habíamos vivido libertad, pobreza, aventura y de todo.

Los que entramos hoy hace cuarenta años por aquellas puertas hemos celebrado muchas veces haber conocido aquello y sobre todo el alma de aquello, dos curas hoy ya pasadas sus bodas de oro, Domingo Martín y Antonio Romo.

Alguien, queriendo desacreditarles, dijo de ellos que eran "un par de payasos". También es verdad que la definición no era mala. No solo a veces hacemos el mal con buenas intenciones; otras veces hacemos el bien con malas intenciones. Así pasa con esa definición la intención puede ser mala pero la definición es buena. 

Porque los payasos encienden la risa y el llanto, no se envanecen en la victoria ni se hunden en el fracaso. Saben perder y ganar. Son vocación y suscitan vocación. Son libertad y cultivan libertad. Son pasión y promueven pasión. Viven entusiasmo. No se arrastran tras normas. Saben amar.