el pasado 15 de noviembre el médico de urgencias no me dejó volver a casa. "Tienes una analítica muy mala, empezamos esta misma tarde con plaquetas". Con gran delicadeza me dijo que realmente había leucemia; y que tenía tratamiento.
Las ideas (ya saben) no pararon en la cafetera que es casi siempre mi cabeza. De todo. Lo primero que me sentí fui ASUSTADO, tremendamente. Dentro del susto, cierta racionalidad: si el deselance es el peor (cosa que no se sabe) no se arregla por angustiarse. Y si hay tratamiento...

Para colmo, pocos días antes, Teresa, la enfermera que se había salvado del ébola había hecho una preciosa rueda de prensa que resumí en las parroquias:
1/ Doy gracias a Dios (¿dónde quedaba el laicismo?)
2/ Y al apóstol Santiago (¿dónde el intelectualismo?)
3/ Mis compañeros han hecho el milagro (¿dónde quedaba el espiritualismo?)
4/ No los políticos (¿y el apoliticismo?)
5/ Arriesgar su vida por curar a otros HA VALIDO LA PENA (¿donde la cultura insolidaria dominante y el cada vez vamos peor y antes bla bla bla?)
6/ Si mi sangre puede ser util estoy dispuesta a quedarme seca (¿dónde quedaba la mezquindad del dar algo, por partes o a plazos? Habia dicho SECA). Teresa estuvo colosal.
O sea -resumiendo- susto y Verdad, esa palabra que debiera escribirse siempre con mayúsculas.
Luego viene la parte religiosa. No porque sea menos importante sino porque es así. Venía a mi mente aquello de "en la vida y en la muerte somos del Señor". Recordaba a aquel gran profesor, Ruiz de la Peña, ya con una enfermedad terminal cuando nos dijo: "Vamos a ver cómo vivo lo que tantas veces he explicado"... Y pensé: pues eso es...
Se refería -creo- a que la teología y espiritualidad actuales acentúan que Dios no manda sufrimientos sino que es compañero de camino de quien sufre. Claramente lo han dicho los limpios: "Dios está con el que padece y con el que compadece". En mi vida habia habido algunos compadecimientos y llegaba una nueva hora, la del padecer... O sea, una nueva aventura, ¡¡una ocasión de promoción!! Hora -nada menos- de nacer de nuevo, algo que considera imprescindible Jesús.
No pude menos de recordar haber coescrito una biografía del Alcalde Camilo Sánchez, que había muerto de cáncer y con quien tantas horas yo había hablado ¡incluso en este mismo hospital!


Los dias siguientes han sido de incertidumbre, algo de cansancio y buen ánimo. Algunos momentos más tediosos los he dedicado a la oración por las vocaciones. Todos saben que no soy muy rezón (más bien antirezonadores) pero venían a mi mente cientos de chiquillos, de la catequesis, de los campamentos... y una oración por su vocación; no para que tengan un mundo fácil (que es la mejor manera de corromperse) sino para que puedan construir un mundo sin paro y explotación, donde todo ser humano pueda amar desde su vocación.
No me ha faltado la preocupación por las cosas de la vida porque para mí son como respirar ¡no puedo no estar en ello! (y no puedo evitar otra autoridad, Milani: "Me importa todo"): La mezquindad del nacionalcaciquismo catalán y la cobardía de quienes siguen teniendo miedo a un monstruo con pies de barro. La necesaria reconstrucción de la vida política, las colas del paro, la mentira montada por los de Lara y Berlusconi con una careta llamada Podemos, los pobres del mundo asociándose para resolver los problemas...
2014 me ha jodido por dos veces (por febrero tuve desprendimiento de retina) y me ha alegrado también por partida doble. En julio tuvimos la Marcha 2014 y es precisamente el 50 aniversario de Rovirosa. Este dijo cuando le cortaron la pata: He cogido como lema "Ahora más que nunca". Pues eso: Ahora más que nunca.

Yo dormía
dormía y soñaba
que la vida noera más que alegría.
Me despertéy vi
que la vida no era más que servir...
Serví
y vi que servires alegría.
Dios no es un ladrón de alegrías
sino que es un forjador de esperanzas.
Servir es alegría. Ahora más que nunca.