lunes, febrero 08, 2016

El curioso efecto Dunning-Kruger: cuanto menos sabemos, más creemos saber

El caso del inepto delincuente "invisible"
En 1995, McArthur Wheeler, robusto hombre de 1,70 metros y 130 kilos, robó dos bancos a plena luz del día, sin máscara alguna que ocultara su rostro y fue arrestado una hora después que su imagen fuera mostrada en las noticias de ese mismo día. Wheeler, al parecer, confiaba en que aplicar jugo de limón sobre su rostro, le haría invisible a las cámaras. “Pero si usé el jugo”, dijo Wheeler al momento de ser arrestado.
La idea fue sugerida por dos amigos del ladrón, quien, precavido, primero probó su eficacia: se aplicó jugo de limón en toda la cara y luego se tomó una fotografía. Nada apareció, posiblemente porque la cámara terminó apuntando al techo. Por lo tanto, Wheeler asumió que permanecería invisible mientras no se acercase al calor, al igual que la “tinta invisible” hecha con jugo de limón.
Un año después, David Dunning, profesor de sicología social de Cornell, no daba crédito a sus ojos tras leer esa noticia. Intrigado ante esta muestra de credulidad, incompetencia o ambas, decidió investigar qué había detrás. ¿Sería posible –se preguntó– que mi propia incompetencia, me hiciera inconsciente de esa misma incompetencia?
Para averiguarlo, embarcó a su estudiante Justin Kruger en una investigación, con el fin de hallar una respuesta. Lo que encontraron, les dejó sorprendidos.
El experimento
Se realizaron cuatro estudios distintos, con estudiantes de psicología de Cornell. Específicamente, en las áreas de Humor (“habilidad para reconocer lo que es gracioso”), Gramática y Razonamiento Lógico.
El estudio consistió en lo siguiente: Se le preguntó a cada participante cómo estimaba su competencia en cada uno de los campos, y luego, se le sometió a un test, para poner a prueba su competencia real. Entonces, se compararon los resultados, para ver si había algún tipo de correlación. Y efectivamente, la había.
Se dieron cuenta que mientras más incompetente era la persona, menos notaba su incompetencia, y que mientras más competente era, más subvaloraba su competencia.
Dunning y Kruger publicaron en 1999 sus conclusiones, en el paper “Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments”(“Sin habilidades e ignorante al respecto: cómo las dificultades en reconocer la propia incompetencia conducen a una autoimagen exagerada”).
Las conclusiones básicas de dicho paper se resumen que, para cierta habilidad o área de conocimiento, los individuos incompetentes:
1 Son incapaces de reconocer su propia incompetencia.
2 Son incapaces de reconocer las genuinas habilidades del resto.
3 Son incapaces de reconocer hasta qué extremo son incompetentes en el tema.
4 Si se les entrena para mejorar sus habilidades, pueden reconocer y aceptar su falta de habilidades previa.
Por lo tanto, esa persona que alardea de sus capacidades vocales, mientras nos irrita los oídos, está obedeciendo a este fenómeno. O cuando los expertos entregan opiniones mesuradas sobre los problemas, mientras

la gente desinformada cree tener soluciones absolutas y rápidas al mismo (¿alguien dijo "Twitter"?). O cuando los clientes de especialistas en disciplinas como medicina, diseño o programación, les hacen perder la paciencia al intentar guiar su trabajo basados en incorrecta noción de que ellos también saben de lo que están hablando. (¿Te has auto medicado últimamente?)
¿A qué se debe esto?
Como los investigadores señalan en el estudio, esta percepción se debe a que las habilidades necesarias para hacer algo bien, son justamente las habilidades necesarias para poder evaluar correctamente cómo lo estoy haciendo .
Por ejemplo, si mi ortografía es pésima, el conocimiento necesario para reconocer que mi ortografía es pésima y corregirla es, justamente, saber de ortografía. Sólo me entero de mi incapacidad cuando alguien más me lo hace ver explícitamente, poniendo en evidencia el contraste entre mi escritura y la ortografía correcta. Y aún así, eso no la corregirá automáticamente, sólo me dará conciencia general de que mi conocimiento es insuficiente. Lo mismo en el resto de áreas del conocimiento.
Respecto a las personas que se subvaloran, esto se debe al efecto de falso consenso: creen que todo el mundo “lo hace igual”, por lo que asumen que sus capacidades son promedio, cuando en realidad, son superiores.
Entonces, ¿Cómo sé si soy incompetente?
En general, comparándose con medidas objetivas de conocimiento (en el caso de la ortografía, son las normas ortográficas directas, no “lo que dicen mis amigos y mi mamá").
Además, debo poner atención a la forma en que tomo decisiones sobre cierto tema. Si tomo mis decisiones u opiniones basándome en: lógica binaria (las cosas son buenas o malas, sin términos medios), primeras impresiones, ausencia de empatía, sin documentación o sin utilizar modelos rigurosos que fundamenten mis conclusiones, probablemente estoy sobrevalorando mi conocimiento.
También es posible evitar problemas derivados de una posible incompetencia, aplicando la sana autocrítica y fijándose en los errores: si algo sale mal, no necesariamente es culpa del resto, se puede deber a un error en los propios procedimientos o métodos.
Esto también tiene que ver con un sesgo cognitivo muy interesante en las personas que se especializan en una sola área: 


creen que por manejar bien un aspecto de las cosas, manejan bien todos los aspectos de muchas cosas distintas. Así que ojo, cuando estemos opinando fuera de nuestra área de especialidad, y todo el mundo pareciera estar en nuestra contra, es posible que nos estemos equivocando.
Y en ese sentido, la mejor forma de ahorrarse vergüenzas y prevenir errores que muchas veces salen caros (financiera y humanamente), es ser receptivo ante la crítica y las opiniones de los demás. Por lo tanto, es importante trabajar en equipo y escuchar al otro.
Y naturalmente, 


este síndrome se puede superar… ¡aprendiendo más del tema! Como dijo Will Durant: “La educación es el progresivo descubrimiento de nuestra propia ignorancia”. En la medida que aprendemos más de un tema, rápidamente vamos descubriendo un mundo de sutilezas de cosas que aún quedan por saber. Cualquiera que se haya lanzado a una aventura (sea estudiar una carrera, emprender, liderar un equipo o cargo público) sabe perfectamente que "otra cosa es con guitarra".
Conclusiones para la vida
En primer lugar, lo que podemos aprender de todo esto, es a tomar con pinzas la opinión de alguien que dice ser “bueno” en algo… puede ser malísimo o excelente, pero casi nunca es simplemente “bueno”, debido a este efecto psicológico. Esto es especialmente delicado cuando se trata de contratar a un experto en un área que no dominamos (por ejemplo, un abogado), pues no contamos con las herramientas para evaluar su competencia, por eso es recomendable consultar la opinión de sus colegas y anteriores clientes.
Lo interesante (y quizás algo peligroso), es que además, quienes son incompetentes, “no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de ello”, nos indican Dunning y Kruger. 
Por lo tanto, y como segundo corolario,


muchas veces la culpa de nuestras desgracias no es el resto ni la mala suerte, sino nosotros mismos y nuestras decisiones, y correspondería hacer un sano ejercicio de autoanálisis al momento de fracasar o experimentar dificultades en nuestras actividades o proyectos. Todos tenemos un grado de incompetencia, porque todos somos perfectibles y podemos mejorar siempre. El error consiste en olvidar ese hecho.
Es importante, entonces, cultivar la empatía y trabajar en el propio orgullo, de modo que no nos ciegue a las opiniones de otros, o nos haga reaccionar de manera exaltada o furiosa ante las críticas. También, en línea con eso, resulta importante no asignar a priori segundas intenciones a quienes nos dan su opinión, sino que evaluar lo que nos dicen de la manera más objetiva posible, y ver en sus reales méritos lo que nos están diciendo, dejando a un lado nuestra opinión sobre la persona que lo dice.
Además, es posible ver que quienes son abiertamente incompetentes y dicen ser mucho mejores de lo que son, no lo hacen por completo debido a una suerte de vanidad o egolatría, sino a que también son víctimas de este interesante fenómeno psicológico. Estas personas, muchas veces, permanecen sin evolucionar ni mejorar, pues ya consideran que están bien y que el resto se equivoca. Esto hay que evitarlo, cosa que tampoco nos puede llevar al otro extremo, que sería la falsa modestia. Debemos conocer nuestros méritos, pero observarlos siempre con una mirada crítica, pues todo siempre es perfectible.
En conclusión, lo importante es trabajar sobre nosotros mismos cada día y esforzarnos por aprender más, para ser mejores. Porque al final, no son más exitosos quienes se “duermen en sus laureles”, sino quienes se imponen a su propia desidia y van mejorando cada día.

Dunning y Kruger ganaron el Premio IgNobel del año 2000 por este descubrimiento.

domingo, febrero 07, 2016

miércoles, febrero 03, 2016

martes, febrero 02, 2016

VICTOR VALDÉS: NI SE ME PASA POR LA CABEZA PONER UN LOGRO PERSONAL POR ENCIMA DE UN LOGRO COLECTIVO



 Pocas veces se ha visto una entrevista tan sincera como la de Víctor Valdés en la cadena RCN. El todavía portero del Manchester United abre su mente y su corazón para describir cómo ha cambiado su vida desde la grave lesión de rodilla que sufrió en el Barcelona. El dolor que ha sufrido ha sido suficiente para afirmar y desvelar que si pudiera cambiar algo, "no volvería a ser portero". Estas son las mejores frases de una entrevista que dura 45 minutos.

 La lesión: "Cambiaría el día en que me lesioné, en casa contra el Celta. La maldita jugada empezó con que el árbitro pita penalti. Creo que era Ayza Gámez, que venía de haber pitado un penalti fuera del área. Yo como capitán presiono, él lo consulta con el linier y pita libre directo. Y en esa falta cambió mi vida, porque me lesiono. Si hubiese sido penalti seguramente no me hubiese lesionado. Cambiaría que ese día yo no hubiese sido el capitán, porque sin el brazalete seguramente no hubiera ido a pedir que lo sacara del área. Nunca lo olvidaré"

 Qué le ha enseñado la lesión: "Voy a explicar una cosa que, gracias a Dios, viví: la lesión me hizo volver a sentir lo que es la vida no siendo futbolista. Me fui a Alemania para recuperarme, era difícil, pero yo lo iba a conseguir sí o sí y pasara lo que pasara. Los futbolistas vivimos una vida irreal. Volvía la vida real, a pagar un café, a tocar monedas y esa cura de humildad me ha servido ahora que he vuelto a la actividad como futbolista profesional. Yo vengo de tres meses en Augsburgo, de comprar mi billete de tranvía, de ir con muletas, de estar solo. Eso no me lo quitará nadie" No será el de antes: "Yo nunca más seré una superestrella, porque yo he estado ahí lesionado. Y ya he dicho que el fútbol te aparta. ‘Te has lesionado la rodilla… que pase otro’. ‘Tú ya no vales’. Pero tú vas a valer, si quieres. Y es tu fuerza de voluntad la que te tiene que hacer llegar. Esa es la mayor enseñanza". 

Qué enseñará a sus hijos: "No me gusta la fama. Cuando se apague la luz, yo estaré con los niños, enseñándoles qué pasa cuando se enciende y deseando que se les encienda. Pero para mí ya no, y espero que cuando se acabe no me encuentren". Cambiaría su profesión: "Si volviera a nacer no sería portero de fútbol, me hicieron creer que tenía talento, que servía y por circunstancias de la vida fue subiendo hasta profesional pero no es un camino fácil y no me ha compensado todos los años de sufrimiento. He tenido muchos días en los que no quería estar ahí, juego porque me convencieron de jovencito, he aceptado el camino con disciplina, pero se me ocurren miles de momentos de sufrimiento. No es un camino fácil y seguramente no me ha compensado los años que has sufrido con lo que han ido bien".

 La salida del Barcelona: "Realmente la despedida que tuve del Barcelona no fue la deseada por culpa del tratamiento que tenía que seguir en Alemania y por culpa de mi carácter: me aparté y me fui. La gente seguramente esperaba mucho más de alguien como yo. Seguramente me recrimino ciertas actitudes de este tipo de mi persona".

 Lo que más valora de un entrenador: "La comunicación. Tuve la suerte de estar con Guardiola y aparte de las enseñanzas, él fue un catedrático. Se adaptaba si tenía que decirle algo a uno o a otro. Eso es lo más difícil para un técnico, que sepa adaptar su orgullo y su mensaje al futbolista. No es fácil manejar los egos".

 Cómo es en el vestuario: "Yo soy muy bromista. Me gusta hacer el payaso. Yo soy medio bufón, y siempre me he hecho más con los jugadores que aceptan mis bromas. Un ejemplo es Xavi. Se ha reído conmigo como nadie. Hemos vivido momentos irrepetibles dentro y fuera del vestuario. Y los que quedan, porque esa sí que es un amistad irrompible"

 Mejores delanteros: "Ha habido muchos. Raúl, que era una ‘mosca cojonera’. Era atípico, parecía que no estaba, pero era letal. Ronaldo Fenómeno, que definía de una forma precisa. Cristiano Ronaldo, al que me ha tocado sufrir muchas veces. Es letal, tienes que estar muy atento porque dispara desde cualquier sitio."

sábado, enero 30, 2016

APRENDEMOS JUGANDO

Una pequeña muestra de catequesis a través del juego ¿te apuntas?

lunes, enero 18, 2016

FRANCISCO: Decir "siempre se he hecho así es como ir a una adivina"

Los cristianos enquistados en el “siempre se ha hecho así”, tienen el corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y nunca llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes: es lo que ha dicho Papa Francisco en la Misa matutina celebrada en Santa Marta. En la primera lectura Saúl es rechazado por Dios como rey de Israel porque prefiere escuchar antes al pueblo que a la voluntad del Señor y desobedece. El pueblo, después de una victoria en la batalla, quería hacer un sacrificio a Dios con las mejores cabezas de ganado “porque siempre se ha hecho así”. Pero Dios, esta vez, no lo quería. El profeta Samuel reprende a Saúl: “¿El Señor agradece más los holocaustos y sacrificios antes que la obediencia a su voz?”. “Lo mismo, observa el Papa, nos enseña Jesús en el Evangelio”: los doctores de la ley denuncian que sus discípulos no ayunan como se había hecho hasta entonces. Y Jesús responde con este “principio de vida”: Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino reventaría los odres y se echaría a perder tanto el vino como los odres: sino que el vino nuevo, en odres nuevos”. “¿Qué significa? ¿qué la ley cambia? ¡No! Que la ley está al servicio del hombre que está al servicio de Dios y que, por este motivo, el hombre debe tener el corazón siempre abierto. El ‘siempre se ha hecho así’ es un corazón cerrado y Jesús nos ha dicho: ‘os enviaré el Espíritu Santo y Él os conducirá a la verdad plena’. Si tienes el corazón cerrado a la novedad del Espíritu Santo, ‘nunca llegarás a la verdad plena! Y tu vida será una vida mitad y mitad, una vida remendada, remendada de cosas nuevas pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor. Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres”. Cristianos obstinados y rebeldes “Este, destaca el Papa, fue el pecado del rey Saúl, por el que fue rechazado. Y es el pecado de muchos cristianos que se aferran a lo de siempre y no dejan que se cambien los odres. Terminan viviendo una vida a mitad, remendada, sin sentido”. El pecado “es un corazón cerrado” que “no escucha la voz del Señor, que no está abierto a la novedad del Señor, al Espíritu que siempre nos sorprende”. La rebelión, dice Samuel, es “el pecado de ir a un adivino”, la obstinación es “idolatría”. “Los cristianos obstinados en el ‘siempre se hizo así’, ‘este es el camino’, pecan: pecan de adivinación. Y es como si fueran a la adivina: ‘es más importante lo que se ha dicho y que no cambia, lo que yo escucho, yo solo con mi corazón cerrado, que la Palabra del Señor’. Y también es un pecado de idolatría la obstinación: ¡el cristiano que se obceca, peca! Peca de idolatría. ‘¿Cuál es el camino, padre?’: Abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios”. Costumbres que deben renovarse “Era costumbre en tiempos de Jesús, afirma de nuevo el Papa, que los buenos judíos ayunasen. Pero la realidad es otra: está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Y por esto, Él quiere corazones abiertos, corazones que no estén obstinados en el pecado de idolatría de sí mismos, porque es más importante lo que yo pienso que las sorpresas del Espíritu Santo”. “Este es el mensaje que hoy nos da la Iglesia. Esto es lo que Jesús nos dice con fuerte voz: ‘Vinos nuevos, odres nuevos”. A las novedades del Espíritu Santo, a las sorpresas de Dios también las costumbres deben renovarse. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, un corazón abierto a la voz del Espíritu Santo, que sepa discernir lo que no debe cambiar por que es un fundamento, de lo que sí lo debe hacer para poder recibir las novedades del Espíritu Santo”.