lunes, marzo 30, 2020

JUNTOS, UNIDOS Y ENTRE TODOS

Nuria Sánchez

Estamos recibiendo cientos de mensajes con ideas y propuestas para “pasar” lo mejor el tiempo. Yo llevo ya 6 días siguiendo los consejos recibidos: tener un horario, hacer ejercicio en casa, distribuir tareas, hablar con familiares y amigos… Pero al séptimo día esta mujer que escribe SE CANSÓ. Se cansó de mirar para dentro, a la propia casa y la propia vida.
SERVIR ES ALEGRÍA.
Para crecer como personas y como sociedad, encontrar un sentido, y salir de esta crisis fortalecidos, necesitamos escuchar el dolor de la familia de refugiados que llegó hace un mes, y vive encerrada en una habitación, sin comida ni dinero, con unos servicios sociales menguados que no dan respuesta. Necesitamos mirar a la trabajadora que en estos días ha visto reducido su sueldo a la mitad, en una subcontrata de empresa pública. Necesitamos tocar el dolor del hombre que se quedó en paro la semana antes del confinamiento, y no sabe cuándo podrá volver a encontrar trabajo. O el de aquel otro que va a trabajar con fiebre, con miedo de contagiar a sus compañeros, pero más miedo aún de no poder pagar el alquiler. Sintamos la angustia de la madre soltera, que si se queda en casa no paga el préstamo personal que pidió con unos intereses salvajes...
Y pongamos cabeza, corazón y manos en construir una SOCIEDAD MÁS FUERTE.  Pues además de batas y mascarillas, vamos a necesitar una sociedad entera que exija a la clase política que responda a las necesidades de los últimos.
Cuando los de arriba repiten las palabras de JUNTOS, UNIDOS y ENTRE TODOS, los de abajo saben que les va a tocar a ellos apretarse el cinturón. No dejemos que los eslóganes, escondan una vez más la verdad de que la factura de las crisis, de ésta y de las anteriores, las pagan los de siempre, los últimos, los pequeños, los más pobres.

viernes, marzo 27, 2020

¿Defraudados o desesperanzados?

Hoy, presuntamente llegamos al meridiano de nuestro responsable encierro, advertidos de que los científicos aseguran convencidos que es la forma más eficaz de parar la contaminación por el Coronas Virus.
Nuestra situación psicológica se resiente junto con la de los que nos rodean. Tiramos de teléfono, whatsapp, correo electrónico, o en el mejor de los casos, de videoconferencia, en busca de un apoyo, una señal de ánimo o desánimo que sume o reste evidencia a nuestro propio parecer. En su cara,  en su voz, en su tono, en frases certeras o dubitativas en las caras televisivas, gestos posturales, podemos apreciar si su estado de ánimo se asemeja al nuestro o nos intentan convencer de lo contrario. Y al volver a nosotros nos preguntamos. 
Todo nos vale, ya que no depende de nosotros la decisión de seguir o plantarnos. Es por saber si esto que pienso con mi familia es una majadería mía o un estado general de desánimo. 
Y da igual el resultado de mis pesquisas. El imperativo es el mismo “Hay que continuar con el aislamiento”. 
Pero, ante esta situación, sí me corresponde posicionarme y ayudar a mi familia a hacer lo mismo. Y comienzo, cual Hamlet, a deshojar dilemas en busca de posibilidades. Enfadarme, deprimirme, maldecir la situación, buscar culpables o calmar mi espíritu, buscar alternativa a mi deprimente estado de ánimo: leer, ver la tele, hablar con los que me rodean, seguir llamando a los amigos, buscando entre todos apaciguar el desánimo, contar algún chiste, a pesar del “malditas las ganas que tengo de…”
Nuestros políticos tampoco anoche fueron muy espléndidos, su asertividad saltaba por los aires, su empatía no nos llegaba. No lograron aplacar nuestro desánimo. Ante nuestro sufrimiento por la pérdida, en absoluta soledad, de nuestros seres queridos, indiferente sus rostros, expresión quizá de sus últimos pensamientos: la comedia no dio salida a su dolor de verse morir por falta de medios. Sus “pésames” sonaron fríos, protocolarios, poco sentidos. Nuestros políticos con el tan manido  “y tú más” se repartían las irresponsabilidades, las desidias y las culpas, mientras todos alardeaban de sus certeras profecías a toro pasado. Mientras, a nuestros mayores, ante tanta miseria humana, no les quedó otra que entregar su alma a Dios con la esperanza de encontrarse con otro cielo mejor.
Aquí quedamos nosotros con la cruz a cuesta, como siempre, sobre nuestros hombros, viendo como se bate el cobre y lo que trabajan, jugándoselas por salvar la situación. A todos les recordamos con nuestros aplausos que se me antoja oraciones. Nos parece bueno el slogan del gobierno frente a la campaña: “Lo que haga falta, como haga falta y donde haga falta”. “Nadie va a quedar atrás en esta crisis sanitaria” 
Mi vecina se asoma al balcón y  grita, cuando de esto se habla y dice:
-Lo que falta ahora es que sea verdad.
Cierro la ventana de mi balcón, rumiando responsabilidades. Me siento en el  sofá, sonriendo la frase de mi vecina que denota realismo y me devuelve toda la responsabilidad ¡No sé si a ustedes también! 
Junto a mí se sienta, un poco asustada mi mujer, ante la pregunta un tanto agitada y chillona de qué es lo que me pasa, toda mi familia sale de sus trincheras y se sientan junto a mí, los más pequeños en el suelo. Mi única preocupación  al verlos, es egocéntrica y pienso sonriente: “nunca más volveré a sentarme en el suelo como ellos, con las piernas cruzadas por debajo de sus nalgas.
Muevo la cabeza como quitándome de encima pensamientos, cargas inútiles, reflexiones baldías. Miro a mi mujer, Nos hacemos gestos de victoria y ¡arriba! Con el dedo. Ella pegando sus dedos a su boca, los aprieta contra sus labios y los devuelve por el aire en señal de beso apasionado. Mientras, un largo uhuhuhuhuhuh, suena de fondo mientras dura la escena llena de ternura, convertida en una expresión de un bello lenguaje no verbal.
 Todos reímos y comenzamos  conjuntamente nuestra recuperación. 
- Lo mejor es la alegría por estar juntos tanto tiempo, abuelos.
- La mejor ayuda es quedarnos en casa. –La abuela susurra por lo bajo
- Sí por aquello de que, bien ayuda quien no estorba. (risas)
- Aquí nos estamos descubriendo lo que es cada uno, lo que puede, lo que siente. Dijo algún adulto.
Jamás hemos disfrutado de nosotros mismos al estar juntos, tanto tiempo. (ojos húmedos) 
-“Jodíos” chiquillos, dijo una madre, una de mis hijas, limpiándose los ojos.
Ellos, me permiten contar mis “batallitas” de viejo y algo nuevo ven en mí que sonríen, se interesan por el tema y preguntan sobre ello.
 ¡Qué más queremos¡
Cierra el tema mi nieto de ocho años. Se levanta, se estira y mirándome fijamente me increpa:

Abuelo, ¿no deberíamos darles las gracias por todo esto al Coronas Virus?

"René" de Residente. Presenta Juan Pablo Marín. Comentario de SMDani


lunes, marzo 23, 2020

Convivencia en tiempos de crisis


Paco Javier P. Montes de Oca, psicólogo evolutivo y social
La adolescencia es una etapa crítica de la vida que merece una especial atención por parte de las Ciencias Humanas, Médicas, la Educación y las familias. De todos es sabido que los adolescentes muestran rasgos psicológicos típicos de la edad como rebeldía, cambios de humor, deseos de una mayor independencia, dudas sobre sí mismos, su cuerpo, la sexualidad etc. Conjunto de comportamientos que pueden desconcertar, a veces, alarmar a los padres que se ven impotentes a la hora de afrontar diferentes situaciones que se puedan dar en el hogar. Atendiendo a esta necesidad aporto algunos consejos que puedan servir a padres y familia en estos momentos críticos de confinamiento obligatorio:
Ayudarles a comprender la situación y normas impartidas por las autoridades políticas y sobre todo sanitarias.
Que colaboren en las tareas domésticas y entretenimiento con hermanos menores si los tienen.
Disponer, con régimen de rutinas diarias, de horas para el estudio de materias escolares con la ayuda que le puedan prestar los padres o uno de ellos si se encuentran en régimen de visitas por separación o divorcio.
Disfrutar, conjuntamente, padres e hijos en actividades de ocio: juegos, ver películas, música etc. Todo aquello que surja de la imaginación de cada uno, una y mutuo acuerdo.
Aprovechar para hablar, dialogar. Aclarar cuestiones que, en la vida cotidiana de trabajo o clases, no se pueden abordar con la profundidad y tiempo necesario.
Controlar el tiempo que adolescentes y niños dedican a los móviles, plasmas virtuales y ordenadores. Recordar que la OMS (Organización Mundial de la Saluda) ha informado que dedicar, en especial por adolescentes, jóvenes y menores, cuatro o más horas diarias a estar conectado a este tipo entretenimiento equivale a una adicción similar al alcohol o las drogas.
Usar las redes, móviles y teléfonos, de forma moderada, para conectar con amistades que sirvan de unión y fomento del afecto y ayuda mutua.

Con todo el afecto, a su disposición, junto con el equipo de orientación del grupo parroquial y comunitario: .

sábado, marzo 21, 2020

"Dios para niños" (R. Tschirch)


Resulta sorprendente que un libro editado en España en 1976 no haya influido más en la transmisión de la fe en nuestros ambientes. (Los números entre paréntesis se refieren a la página del libro en la edición de Sal Terrae)

(entre paréntesis va la página en que va la cita)
1.- Los padres ante la tarea de la educación religiosa
Engendramos a nuestros hijos, no para ser amados sino para amar; casi se podría decir que para sufrir de por vida de un amor no correspondido. (16)

Es una sospecha infamante presumir motivos de baja estofa en los padres que piden el Bautismo. (…) La nueva vida los impulsa a una mutación en su propia concepción de la vida. (…) Algo los impulsa a salir de sí. (19)

El niño depende de la atmósfera religiosa en la que crece. /La leyenda atribuye al emperador Barbarroja que mandó dejar a unos niños sin que nadie les hablara, para conocer así la lengua original, que él esperaba fuera el hebreo. Después de morir varios hubo de interrumpirse el experimiento/ (23)

Debemos preguntarnos si no se ha puesto hasta ahora en la educación religiosa demasiado énfasis en las palabras. (25)

Difícilmente conseguiremos explicar el sentido de la penitencia si antes no sabe ya qué es lo que uno experimenta cuando perdona o es perdonado. (…) Es el lenguaje de la palabra viva. (25)

Lo importante es que el niño haga las experiencias de esas realidades de la vida que son la esperanza, la confianza, el amor. (…) Eso es mucho más importante que el hacer que los niños conozcan muchos conceptos, ideas, relatos y usos “cristianos”. (26)

2.- Hablando de Dios con los niños
Cuando los padres hablan con los niños de Dios deberían recapacitar seriamente acerca de lo que pretenden significar con ello, si significan verdaderamente algo o si para ellos constituye una palabra vacía al servicio de otras finalidades. /No utilizar a Dios para echarle la culpa de no tener hermanito o la muerte de un amigo/ Cuando se responde a las preguntas infantiles con la respuesta “Dios”, un buen test de control consistiría en preguntarse: ¿Se hablaría en este caso de Dios entre adultos? Y si no se habla, tampoco se debería hacerlo ante los niños. (32-36)

Conocimiento sólo le será comunicado al niño desde dentro, y no a través de lo que nosotros le enseñamos sino a través de lo que nosotros somos. (37)

No debemos permitir que las preguntas y fantasías infantiles nos lleven a decir acerca de Dios más de lo que sabemos de Él por medio de Jesús. (39)

3.- La narración de relatos bíblicos
El punto de partida para narrar relatos bíblicos y sobre todo historias acerca de Jesús debería ser el que esas historias traten de seres humanos reales. (43)

Los padres deberían decirles a los niños “solo aquello que más adelante no hayan de desmentir. (56)

A los niños se les puede decir: “El hombre de la Navidad y Nikolaus son personajes de nuestras leyendas navideñas. Se cuentan muchas historias a su propósito y hay muchas poesías y cantos acerca de ellos. Pero nosotros no sólo vamos a contaros cosas acerca de ellos. Preferimos representar esas historias. (60)

4.- Las experiencias del niño con la muerte
Ante el hecho de la muerte ocultar y minimizar es una falsa táctica. (…) Cuanto más se difieran las conversaciones con los niños acerca de las realidades de nuestra vida, aún las más tristes y problemáticas, tanto más difícil se irá haciendo con el tiempo volver a hablar de ellas. Silenciar y evitar son dos actitudes que convierten estos temas en algo tenso y explosivo. (80-81)

Para que los padres puedan hablar sinceramente y con utilidad acerca de la muerte con sus hijos, tienen que haber pensado ellos mismos acerca de este condicionante de nuestra propia vida que la hace limitada, han de reconocer su propio miedo y tomar posición frente a él. (…) Tampoco es solución el trivializar. (…) La única respuesta  honrada y en consecuencia digna de crédito a la pregunta “¿Qué le pasa a uno cuando se muere?” sólo puede usar: “Eso no lo sabemos”. Porque la verdad es que no lo sabemos. (82)

No podemos impedir que los niños se creen sus ideas fantasiosas, ni debemos impedirlo. Sin embargo, no debemos confirmarselas (…) Ante ellos nosotros debemos representar a la realidad. (85)

5.- La educación de la conciencia
En un primer momento los niños pueden gozar de algo parecido a una “veda” moral. (…) Luego comienza un tiempo difícil para las dos partes. (95)

Un mapa de excursiones puramente “negativo”, que informase exclusivamente acerca de carreteras cerradas al tráfico y de terrenos prohibidos sería algo inútil. (…) Habrá que permitir que el niño descubra por si mismo si se ha metido en un callejón sin salida (98)

Nosotros pretendemos que un niño llegue algún día a respetar a los demás. Pero para esa finalidad la vía de los mandamientos y las prohibiciones no es más que un recurso provisional. (103)

Interés no sólo en que su hijo adquiera una serie de “reflejos morales” sino una conciencia madura. Objetiva, libre, regida por la inteligencia y la responsabilidad y movida por la sensibilización y el respeto al otro. (107)
  
¿Cuál es la actitud moral que va a surgir en el niño sometido a una educación semejante a base de un coco divino? (…) La experiencia propuesta por una educación a base de castigos de que “al niño le va bien cuando obedece y es bueno y le va mal cuando ha hecho una de las suyas” (Horts Wetterling) no vale nada (…porque…) corrompe las motivaciones. (111)

“El miedo no reside en el amor sino que el amor perfecto expulsa al miedo pues el miedo tiembla ante el castigo” se dice en la primera carta de Juan. (…) soy por principio totalmente contrario al castigo. El niño, después de sufrir el castigo, piensa que el “caso” queda clausurado y no crece a partir de él. (…) Esto es algo muy diverso del disculpar globalmente las tonterías y transgresiones: “No importa; tampoco es tan grave”. Naturalmente que importa y eso hay que hacérselo ver con cariño pero también con firmeza (112-15)

Pero entre tanto puede que se deje de lado de otra tarea: la de hacer caer en la cuenta a los niños de las consecuencias obvias y lógicas de su proceder. (…) Pues mientras esas consecuencias tienen un origen en la causa o acción misma y por consiguiente a fin de cuentas provienen del niño, el castigo tiene su origen en los adultos, es algo adicional y da la impresión de ser algo dispuesto a ciencia y conciencia hostilmente. (…) Al confrontarse con las consecuencias los padres no son enemigos sino que están de su parte. (117)

Los niños han de aprender a enjuiciar todas las decisiones y actuaciones en lo referente a sus consecuencias sociales, pero hay que defenderlos de una moralidad de conveniencias que frustraría el descubrimiento de su identidad. (121)

Cuando un adolescente es introducido en la responsabilización de sus actos, aprenderá posteriormente con más prontitud a compulsar las consecuencias de sus acciones, a sensibilizarse frente a los implicados en los efectos de su obrar. (122)

Hay ocasiones en las que no es posible herir de manera más grave a otra persona que diciéndole la verdad (en este caso tal vez fuese mejor hablar de “exactitud”). Y una autenticidad sin reservas puede llegar a ser inmisericorde y a atormentar a los demás. Podemos abrigar a otro en la verdad como en un manto acogedor o podemos golpearle con ella. (125)

El desarrollo de la conciencia de sus hijos en lo que se refiere a la atención y la sensibilización para con los demás, a la responsabilidad e intuición, a la reflexión razonable y a la decisión de aquello que en cada momento es lo más indicado para el bien del otro y para el propio bien, es decir, para el bien común. (127)

6.- Rezando con los niños
Orar con los niños presupone que los padres se hayan planteado la cuestión de qué es eso de la oración. (129)

Si lo que se nos transmite como última oración de Jesús es el “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”, eso quiere decir que nuestra experiencia de que a nuestra oración no parece descubrírsele un interlocutor y de que se pierde en el vacío, no es algo tan nuevo y desacostumbrado como pudiéramos pensar. (130)

Las oraciones infantiles resultan igualmente problemáticas si sólo parecen acomodarse al niño mientras que un adulto nunca podrá decirlas como cosa suya. (…) A una oración infantil hay que exigirle, en primer lugar, que sea veraz. (…) No es por tanto indiferente lo que se reza con los niños, pues “los niños crecerán con las palabras que aprendieron. Por consiguiente unos versitos con los que no puedan llegar a adultos, ya sea porque son cursis o infantiloides o porque dejan de ser verdaderos para una persona de cuarenta años, tampoco serán adecuados para el niño” (Jörg Zink) (134)

jueves, marzo 19, 2020

CLUB DEL RIO PRESENTA "EROSIÓN". Presenta Ángela Galán





El mundo gira
Rápido a mi alrededor
Y no sé si orbitar con él
O dejar que lo hagan los demás
Llévame vida llévame
Sin miedo sin tapujos ni mentiras
Porque esto se acabará
Ya sabéis que un día pronto acabará
Y sólo me queda disfrutar
Arder, quemar, reír y llorar
Porque esta es la verdad
Mantener la llama en la oscuridad
Porque esta es la verdad
Mantener la llama en la oscuridad
Pero no somos de piedra
Nacimos de la erosión
Que transforma el paisaje
Y mi alma también
Ya encontré la razón
Para amarte sin preguntarme
Y si vienen días grises
Ya vendrán días con los rayos del sol
Remaré y remaré
Por corrientes de electricidad…