lunes, septiembre 19, 2022

DESABURRIR LA EUCARISTÍA

Eugenio A. Rodríguez
(este artículo publicado originalmente el 23/6/22 ha sido reelaborado con aportaciones de otros)

“Consejos vendo y para mí no tengo” es algo que muchos practicamos y quizá sea una versión correcta de “sácate primero la viga de tu ojo”. Algunos teólogos expertos, no pocas veces, dan consejos pastorales, pero no hacen pastoral alguna. Sería preferible que callaran pero incluso entre los activos hay quien les da incienso. Seguramente sea más útil que los que estamos intentando algo pongamos en común nuestras experiencias y las revisiones que hemos hecho con las personas que las hicimos juntos. Es importante, creo, que las pongamos en la mesa común para que todos podamos hacer nuestra colaboración. Criticar también puede ser colaborar. Precisamente es así como ha avanzado la ciencia de renombre y esa ciencia más cotidiana que brota del uso continuo de herramientas.

1. Aclaraciones imprescindibles de contexto

En este sentido comparto bastante vida pastoral con un grupo de educadores que aspiramos a “(co)educarnos mediatizados por el mundo”. Somos un grupo de ámbito nacional con campamentos, Pascua juvenil y algunas otras convivencias. Este grupo (SAL!: solidaridad, amistad y libertad) tiene poca vida local y está en pocas localidades de España. Desde niños a jóvenes mayores pueden ser unos cien. Muchos de ellos son hijos de familias con un compromiso cristiano con alto grado de convencimiento que denominamos “militancia” en la asociación “Encuentro y Solidaridad”.

Somos uno más de los grupos que experimentamos (más o menos) que los hijos normalmente siguen un camino cristiano menos comprometido e incluso se alejan del cristianismo, aunque mantienen algunos convencimientos más o menos fuertes, en lo social y/o lo religioso. Ello a todos estos grupos les lleva a ir haciendo diferentes experiencias de las que se habla poco en público básicamente -creo- para no airear los propios fracasos o dudas.

Hasta el momento ningún sociólogo ha estudiado esta cuestión que yo sepa. He preguntado al respecto a seis sociólogos de buen nivel y aunque se extrañan no me dicen que se pongan manos a la obra. Parece que los sociólogos empiezan a “mejorar” el célebre dicho dedicado a los economistas: "un economista es un experto que sabrá mañana por qué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy”. Los sociólogos parece que les han superado. 

En las diferentes reuniones con estos jóvenes hemos ido variando la presencia de los actos específicamente religiosos. Me voy a limitar a uno de ellos. No dedico espacio a otros temas generales que básicamente podrían ser:
-Toda la vida es religiosa. Queremos transformar toda la vida.
-La familia es la verdadera “transmisora” de la fe, una fe que más que transmitirse se contagia.
-El proceso de fe es dinámico, progresivo y personal.

En este momento estas celebraciones religiosas las hacemos con edades muy plurales de niños y jóvenes, generalmente desde que han hecho la primera comunión a jóvenes de veinte-veinticinco años aproximadamente. Un arco de edad tan amplio puede tener sus pros y sus contras. Nos decantamos porque en algunos momentos estén juntos en un arco tan amplio porque da sentimiento de pertenencia a una asociación y transmite que la fe es para todos.

Buscamos “desaburrir” la Eucaristía. Sobre esta experiencia eucarística sí creo que sería necesario leer ahora, antes de seguir adelante una reflexión que hemos compartido: https://antigonahoy.blogspot.com/2020/04/blog-post_18.html. Más adelante explicaremos que la idea central no es desaburrirla a base de divertirla (idea frecuente y estéril) sino de vitalizarla.

Seguramente algún amable lector esté pensando en leer en otro momento ese artículo. Permítanme sugerir que no lo salten. Léanlo y entenderán mejor nuestra concreción pequeña y real. Vamos, por tanto, a comentar solo una celebración y no un programa o plan. Una sola celebración concreta que desvela parte de nuestra experiencia.

martes, septiembre 13, 2022

Conciliación canina: los trabajadores se han acostumbrado a volver a la oficina. Sus perros, no

 Enrique Alpañes/El Pais

La vuelta al trabajo presencial supuso para Nuria Alonso, administrativa madrileña de 36 años, la adopción de nuevas rutinas. En lugar de levantarse a las siete y media de la mañana, adelantó el despertador a las seis. Alargó el rápido paseo que daba a Sugus, un caniche aborregado y nervioso, y empezó a dar largas caminatas. Después normalizó una complicada coreografía destinada a engañar al perro: Alonso se encierra en su cuarto ante la atenta mirada del animal. Su madre se lo lleva entonces a otra habitación. Ella aprovecha su ausencia para escapar a hurtadillas de su dormitorio, con cuidado de volver a cerrar la puerta, y se marcha de casa sin hacer ruido. “Así cree que sigo en mi cuarto y se queda más tranquilo”, explica por teléfono. Es la única forma, si no, se pasa el día llorando y ladrando. “Tengo miedo de que un día me aparezca el Seprona en la puerta, que parece que lo estemos maltratando”, se lamenta Alonso. El de Sugus es un caso extremo, pero dista mucho de ser especial.

Se llama ansiedad por separación (APS) y es un trastorno que afecta a los perros que no saben lidiar con la ausencia de sus dueños. Cuando el animal se queda solo en casa empieza a llorar o a ladrar. Algunos rompen muebles, otros orinan en la alfombra. Este trastorno suele afectar más a los cachorros en sus primeros meses de vida, especialmente a aquellos de carácter inseguro. Es más común en determinadas razas como labrador, border collie o pastor alemán. Pero la pandemia ha disparado la aparición de episodios de APS en canes de todas las razas y edades.




Sugus es “un perro pandémico”, explica Alonso. Pasó sus primeros meses de vida en una casa en la que siempre había alguien. En España hay 2,3 millones de perros como él. El confinamiento disparó la población canina en un 38%, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía. Hay una jauría de dimensiones bíblicas que ha crecido en hogares siempre llenos de gente, normalizando lo que era excepcional.

En casa de los Alonso se cumplía a rajatabla el confinamiento. Solo se salía a la calle para pasear al perro o para hacer una compra una vez por semana. Sugus era feliz. Muchos perros lo fueron entonces. Según un estudio de Applied Animal Behavior Science, el 65% de los encuestados indicaron que sus perros redujeron la tensión durante la pandemia, que estaban contentos y jugaban más.

Pero la situación cambió, también para Sugus. Conforme sus dueñas empezaron a recuperar la normalidad, él se fue quedando solo más y más tiempo. En un primer momento, lo aceptó con resignación, pero cuando Alonso volvió a un trabajo semipresencial, explotó. Empezó a ladrar y a llorar cada vez que se quedaba solo. Su dueña intentó solucionarlo con un bozal, dejándolo en casas de familiares, con premios y golosinas… “No podía ni hacer la compra tranquila”, lamenta. Finalmente, acudió a una entrenadora de perros.

Se llama Carmen Martínez y cree que el caso de Sugus es paradigmático. “El teletrabajo ha sido un arma de doble filo”, explica en mensajes. “En nuestra sociedad muchos perros pasan demasiadas horas solos en casa. Esta es una especie social que tiende a vivir en grupos, pasar tantas horas solo no cumple sus patrones de conducta naturales”, concede Martínez. Pero el confinamiento y el teletrabajo hicieron que algunas personas se pasaran al extremo opuesto. “Estuvieron muchas horas acompañados y cuando los tutores han reiniciado sus actividades, las familias han empezado a tener problemas”.

No fue el caso de Arancha Naranjo. Esta extremeña de 38 años combina el teletrabajo con jornadas en la oficina. Lo hace siempre a la vera de Margot, una perrita mestiza de nueve años. En su trabajo, en la agencia de publicidad Bungalow25, permiten la entrada a perros. “Margot no ha tenido nunca APS”, explica en conversación telefónica, “pero al final trabajamos muchas horas y no me gusta que se quede tanto tiempo sola”.

Julio Gálvez, director creativo asociado de la empresa, también lo ve así. En parte porque él también tiene un perro, Yogui, que lleva muy mal quedarse en casa solo. Y en parte porque entiende que esto retiene a los trabajadores y les da mayor calidad de vida. “Los perros son parte de la familia y la conciliación también les afecta a ellos”, asegura. Por las mañanas, Yogui y Margot llegan a la oficina, se saludan, hacen una ronda de caricias y se tumban en sus camas. Mientras, a su alrededor, el cloquear de los teclados, el pitido de las notificaciones y las conversaciones a media voz crean un zumbido monocorde y familiar. Los perros aquí están tan tranquilos. “Ojalá más empresas fueran así”, señala Naranjo. “Mi perra es más feliz y yo también”, reconoce.


Algunas empresas tecnológicas, como Amazon, Google, Squarespace y Etsy, normalizaron la presencia de perros en las oficinas incluso antes de la pandemia. Otras han empezado a hacerlo en los últimos meses como forma de retener a sus trabajadores. Pero siguen siendo pocas. Naranjo sabe que su caso es una excepción, pero cree que debería ser la regla. Conciliar también es esto, señala: “Entiendo que un perro no es un bebé, pero me he encontrado con mucha incomprensión en otros trabajos en los que el horario era extenso y no podía llevarme a Margot”.

“Debería ser más habitual”, coincide Enric Rodríguez, etólogo y autor del libro Adiestra en positivo. “Los perros, como animales de compañía y en algunos casos incluso de asistencia, hacen una gran labor en nuestra sociedad. Ya va siendo hora de que la vayamos adaptando a la vida con ellos”.
Guarderías caninas

Otra opción, cada vez más extendida, es dejar a los perros en guarderías caninas o contratar a un paseador para que entretenga al perro en ausencia de sus dueños. Desde Animal Solución, una guardería de mascotas madrileña, confirman que ha habido un aumento de solicitudes desde la vuelta a la nueva normalidad. “Guarderías han existido siempre, pero en los últimos años el sector se ha profesionalizado”, señala su dueño, Luis Sousa, veterinario con más de 30 años de experiencia. En su recinto tienen sitio para poco más de una decena de perros y en los últimos meses han colgado varias veces el cartel de completo.

Nuria Alonso se ha comprado una cámara digital que graba al perro en su ausencia y transmite en directo la imagen a su móvil. “Lo miro dos o tres veces a la hora”, explica, angustiada. La suya es una solución común. Según un estudio de PreciseSecurity las ventas de este tipo de dispositivos se han disparado. Llevan años creciendo a un ritmo del 18,4% y se prevé que para 2023 se lleguen a unas ventas anuales que superen los 300 millones de unidades.

Paseadores de perros, cámaras, guarderías, ayuda familiar… Estas opciones son las más usadas para atajar una APS, pero todas han fallado en el caso de Sugus. Alonso se confiesa frustrada y espera que la ayuda de la entrenadora pueda atajar el problema. Cientos de personas se encuentran en su misma situación. El 26% de los hogares españoles cuenta con un perro, uno de los porcentajes más altos de Europa. La pandemia acercó más que nunca a todos estos dueños con sus canes, pero la rutina los ha vuelto a separar. Ahora los trabajadores reclaman medidas de conciliación. Muchos perros, como Sugus, también protestan, a su manera.

lunes, septiembre 12, 2022

LA MUERTE, ANTONIO GALA


Algunas ideas:

Hay que ensanchar la vida, darle intensidad

El miedo es a lo desconocido

También el Juicio, pero si tenemos la idea católica Dios no es un remunerador cruel, es un Padre. El la primera noche silenciosa, el final de una aventura extraña. 

Es la terminación de los miedos. Es simple. una mano apaga la luz, y nos quedamos en la oscuridad maternal, el el olvido de nosotros mismos.

"Para descansar morir" decía Manolo Machado.

Los cementerios me dan paz y esperanza.

"Murió vivo" es lo mejor que se puede desear. A los medio muertos ni la muerte los quiere.

Esta es la vida y Aquella es la Vida, la fusión con las fuentes anteriores.. La naturaleza es demasiado buen economista como para malgastar. La Iglesia dice la vida no se quita se cambia. Es aquello de "la energía no se crea ni se destruye, se transforma". 

En ese momento final Dios, si existe, y la criatura serán la misma cosa.

[Jesús Quintero: Un enfermo terminal me dijo "Se muere como se vive]

La muerte es una aliada. 

Hay dolores útiles, dolores de la vida, pero no un barco con velas negras. El Estado es hipócrita, deja morir de hambre, se desentiende de enfermos... y ante la eutanasia vuelve la cara. 

La vida no es un pasillo hacia la muerte

La madurez es empezar a comprender la muerte

No se nace solo, se muere solo.

La muerte no quiere las guerras, no quiere hacer horas extraordinarias.

No se puede legalmente matar ni por ejemplaridad, ni por nada... La pena de muerte es un crimen de Estado.

Los muertos vivientes, los que viven de trabajos que no los realizan, de eso debía ocuparse la sociedad, de favorecer las circunstancias de la vida. Hay gente que solo sobrevive, detesto el verbo "sobrevivir".

Se es Dios por haberse fundido con la Vida. A eso aspiro

"La vida es sueño" tuvo fortuna como expresión pero Calderón tenía una cierta empanada mental. Lo absoluto es la vida. Toda esa parafernalia que la rodea es sueño.

Somos novios de la muerte. En la vida importa el camino, y la llegada también es el camino.

La muerte es socialista, por las edades y por las clases.

[Jesús Q: ¡Tememos la muerte quizá por soberbia!]

Con que naturalidad mueren los animales arrinconándose tranquilos.

El cuerpo se va poco a poco retirando y llega un momento en que entiende que no está mal morir, que no es un mal momento.

Lo que más sentiré perder es la esperanza si es que ella no me lleva de la mano hasta más allá de la muerte.

domingo, septiembre 11, 2022

martes, septiembre 06, 2022

GRACIAS TÍA GLORIA, HOY 87 AÑOS


Allá donde te encuentres, tu estrella sigue brillando porque en mí sigues estando.
FELICIDADES van a ese lugar desconocido para una persona muy especial en mi vida.

Con 27 años y embarazada de 7 meses de tu primer hijo, la enfermedad apareció para quedarse hasta el último día de tu vida por las secuelas del aneurisma cerebral y a pesar de tener en contra a los médicos, la medicina e incluso a la familia, demostraste coraje y valor y tuviste 2 hijos más.

Saliste del hospital con la parte izquierda de tu cuerpo paralizada y con dificultades del habla y un débil corazón, que con el paso de los años, te tuvieron que volver a operar para ponerte un marcapasos y a pesar de las dificultades,
enfrentaste la vida con mucho amor y valor.

No fue para nada fácil, pero fuiste la alegría para muchos enfermos de la Asociación.

Hacías la peregrinación a Lourdes como voluntaria y cojeando, pero eras capaz de empujar las sillas de ruedas e incluso las camillas de otras personas enfermas.

Gracias tía Gloria, mi madrina y felicidades al cielo, porque hoy cumplirías 87 años de amor y sabiduría.
( Gloria Martin Diez GZ00772)