miércoles, agosto 30, 2023

JÓVENES A LA PUERTA De la Iglesia

Antonio Paneque

El pasado domingo por la mañana temprano me disponía a barrer la entrada de la iglesia, que suele quedar bastante sucia después de la diversión de los jóvenes por la tarde-noche. Me acerqué y para mi sorpresa vi que había cuatro jóvenes sentados, algo impropio a las ocho de la mañana. De los cuatro tres eran mujeres. Entonces una de ellas vino hacia mí con actitud resuelta y me dijo que no iba a consentir que yo barriera el suelo. Prácticamente me obligó a cederle la escoba, el recogedor y la bolsa de basura, y barrió la parte donde estaban ellos sentados, aclarando no obstante, que ellos acababan de llegar de pasar la noche de fiesta, y que los desperdicios no eran de ellos. Me pareció muy hermoso su gesto, y después yo terminé de limpiar el resto, recogí y me acerqué a saludarles antes de marchar. 

En ese momento se estableció entre todos una conversación muy interesante. La muchacha que se ofreció a barrer decía que se sentía una pecadora por sus tendencias sexuales, y que Dios no la podría perdonar. Yo la escuché con estupor y le dije que Dios no tiene tiempo ni interés en fiscalizar nuestras tendencias sexuales, ni se dedica a vigilar ni a condenar a nadie. Conversamos que quizá lo que desea de nosotros es que seamos solidarios, amemos con un amor generoso a todos, sobre todo a los más débiles. Me pareció un diálogo distendido, libre, sin prejuicios y que se le abría por delante un horizonte del todo nuevo y apasionante.

Mientras tanto, otra de las mujeres presentes dijo que tiene un par de hijos sin bautizar y que le gustaría que recibieran el sacramento. Yo la animé a a hacerlo y confesó que no se había decidido aún porque ella misma no está bautizada. “Será momento de pensarlo” le dije. Se quedó pensativa. 

Entre tanto, el muchacho del grupo mantenía atento, silencio. 

La otra mujer comentó una experiencia dolorosa que al parecer tuvo con motivo de la primera comunión de su hija pues sintió cierto rechazo.

¿No será importante mostrarse más abiertos y receptivos con estas personas que viven alejadas de la iglesia? Reflexioné tras esta vivencia inesperada surgida alrededor de y gracias a una escoba.

jueves, agosto 24, 2023

«Un dios caprichoso»


Joan Baptista Almela i Hijalva, sacerdote

revistacresol.com

Siendo como es el ser humano un ser eminentemente social, no podemos pensar en nadie que haya podido crear algo partiendo de cero. Tampoco en nuestra religión, porque ni Abraham, ni Moisés, ni ningún profeta, ni tan solo Jesús de Nazaret podían pensar partiendo de una tabula rasa. En la búsqueda de la verdad en la que la humanidad está naturalmente comprometida (esto quiere decir el primer mandamiento del Génesis: «dominad y desentrañad la tierra»), todo escalón cultural parte del anterior y lleva al posterior.

También la fe inspirada por Dios a las personas que han sido buscadoras del sentido de la vida es una fe que surge de lo que ya había y, lógicamente, estará siempre de alguna manera contaminada por los pensamientos anteriores, con la correspondiente dosis de antropomorfismos, de ritos, de hábitos, de visiones de lo que ya había. Los cristianos, por ejemplo, no podían inventar un culto de la nada, teniéndose que fijar en el templo de los hebreos los de ascendencia israelita, igual que en las basílicas y formas grecorromanas lo hicieron los de cultura griega. ¡Claro que querían hacerlo purificando lo anterior! Pero... si «natura non facit saltus», la cultura y la vida social tampoco.

Y en este proceso estamos, porque aunque dogmáticamente la Revelación está cerrada después de la muerte del último apóstol, la comprensión existencial del mensaje cristiano en cada generación no lo está, ya que no solamente se interpreta con los nuevos conocimientos, las nuevas visiones del mundo, la nueva ciencia, los nuevos derechos y las nuevas situaciones, sino que, además de interpretarse, ha de ser vivida como novedad en cada generación, pero novedad dentro de aquella manera diferente de vivir el mundo y la vida en la que cada generación inevitablemente ha de existir. La forma de vivir no condiciona y transforma la Buena Nueva de la época apostólica, que es inmutable, pero sí nuestra manera existencial de vivirla, comprenderla y transmitirla.

Ya me perdonaréis esta incursión en la teología pastoral, pero es que me preocupa mucho que la transmisión del Evangelio continúe unida a formas que ya no corresponden a la manera actual, a concepciones de Dios que ya no son comprensibles y a estilos de entender la creación que están fuera de juego. El resultado es la predicación de «un dios caprichoso», que ahora hace un milagro allí, y ahora provoca una aparición allá; ahora le da una gracia a uno y al de al lado no se la concede; un dios que nos ha hecho de una manera determinada y que, al final, quiere que lo ignoremos..., sí. Un dios tan caprichoso que a veces parece jugar maléficamente. Triste herencia del concepto del dios pagano que todavía subsiste.

Y aún me preocupa más el hecho de que muchos sacerdotes jóvenes y diversos grupos de cristianos se instalen en esa posición. ¿No ven que eso solo forma guetos donde se quiere vivir «una fe pura» sin relación exterior? ¿Olvidan que la oración del Señor es «Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal»? «Os envío como ovejas en medio de lobos...», esto no cambiará nunca, generación tras generación. Los consejos que Jesús da en Mt 5ss y Lc 6 no van dirigidos a todos, sino a los que han aceptado la Buena Nueva, «a vosotros que escucháis». Jesús dijo a sus discípulos, a aquellos que los querían seguir, que actuasen de una forma distinta a la mundana, pero sin separarse del mundo que nos toca vivir, en contacto con este permanentemente, porque la misión precisamente es la de ser su sal. Esas ovejas en medio de lobos manifiestan, viven y transmiten otra manera de vivir la creación, que finalmente se basa en la reconciliación con uno mismo, con los otros, con los enemigos y con la creación (solo así te puedes reconciliar con Dios, "cuando vayas a presentar tu ofrenda"...), tarea reconciliadora que no va dirigida solo al clero, sino a todos, como manifiesta el evangelio de Juan cuando se les aparece en el primer día de la semana: "Se puso en medio y les dijo: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Recibid el Espíritu Santo; a los que perdonéis los pecados, les serán perdonados..." Aquel día, según relata Lucas, estaban los once y sus compañeros cuando llegan los de Emaús, es decir, estaban también las mujeres que habían hecho el anuncio y quién sabe qué más, pero todos son enviados con aquella misión. Claro que el clero es el encargado de manifestarlo sacramentalmente en nombre de la comunidad, pero la misión de reconciliar es para todos los creyentes, porque todos reciben la paz y el Espíritu de reconciliación.

Hay que reflexionar desde la profundidad de la Buena Nueva, como la anterior, y basarse en ella para evangelizar; pero, con mucho desánimo por mi parte, veo que nos fijamos en los símbolos fantásticos que el texto evangélico tiene como toda literatura: plantar montañas en el mar, tomar el veneno sin sufrir sus efectos, aplastar leones y dragones, expulsar demonios reales, infiernos en llamas..., todo leído literalmente, todo escenas fantásticas y poéticas, pero que no han sucedido nunca ni sucederán.

Se presenta un Dios que, en vez de Padre, es caprichoso, y que, aunque la Sagrada Escritura dice claramente que el mundo, hecho por la palabra creadora era «muy bueno», de tanto en tanto ser divierte alternando el ritmo de la evolución creadora; a veces provoca visiones luminosas y apariciones misteriosas, no solo de Él, sino también de los santos; permite que un ser maléfico juegue con el don más preciado del ser humano, que es la libertad. Un Dios a quien no le importan los logros humanos y a quien le gusta el olor del incienso y que le dan culto fastuoso, cuando ya hace dos milenios que la Palabra encarnada dijo a la samaritana: «Llega la hora, mejor dicho, es ahora, que los auténticos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad» (Jo 4). Sí. Todavía no nos hemos sacudido de encima las visiones paganas de Dios. Por ejemplo, de la Acción de Gracias por haber recibido el Espíritu del que reconcilia a todos con su entrega, siempre preferimos destacar aquello que más se parece a los sacrificios paganos o del culto israelita.

¡No al Dios caprichoso! Expliquemos la historia sagrada con una interpretación existencial, histórica y humanista que pueda dar razón a las generaciones venideras y llene su constante ansiedad vital. Quedan muchas, muchas generaciones de homo sapiens, y si cada una de ellas ha de encarnar la lectura de la Buena Nueva en su condición, no pensemos nunca que ninguna de las interpretaciones, costumbres, rituales y concepciones históricas ha sido la definitiva.

Pero este trabajo solo lo podemos hacer los que hemos tenido la suerte de creer en Nuestro Señor y hemos estudiado y desentrañado el sentido de su Palabra en nuestra situación generacional. «Como el Padre me ha enviado a mí, también os envío yo a vosotros». Cada uno, dentro de su existencia generacional ha de dar un paso adelante en el camino liberador de la humanidad que lleva al Padre.

sábado, agosto 19, 2023

Poli, el cura, el amigo

Saldrá adelante. “Dios ama al que da con alegría” dice el apóstol Pablo. No le han faltado amigos a quien tanto ha sembrado. Estos días se ha hecho lamentablemente famoso por como maltrata estos temas la “prensa canalla” que decía Valle Inclán. Ya está en manos del chismerío que el sacerdote Policarpo Díaz sufrió abusos casi ya en la juventud, más que en la niñez como destila la podredumbre mediática.

Por ello, Poli escribió al periodista: Por un lado, agradezco la tarea investigadora y divulgativa de La Gaceta, que ha hecho reaccionar a la diócesis comunicando algo que debía haber comunicado hace mucho tiempo. Pero, por otro lado, muestro mi perplejidad hasta el asombro y hasta el enfado, por cómo se ha tratado el tema, informando de cosas que yo no he dicho y que están puestas en mi boca. ¿Quién ha dado permiso para poner mi foto en segunda página y mi nombre en letras grandes en portada, creando un volcán en mi familia, en mis paisanos, en mis feligreses, en mis amigos…? Sí, me he sentido atropellado. Si hubiera habido un diálogo, una consulta, una propuesta, un estudio de comunicación previo, pues a lo mejor entonces estaba legitimado mi nombre y mi foto, pero yo no he dado permiso para eso: es un ataque a mi intimidad, que me expone a sufrir ataques y, la verdad, ¡Creo que yo ya tengo demasiado!  (aquí)

¡Bendito sea Dios! Ocasión tenemos de conocer un gran cura. Cura y mil veces cura. Nos conocimos con 11 años el 25 de septiembre de 1978. Empezaba entonces en Calatrava una auténtica aventura de crecimiento, de amistad, de solidaridad, de entusiasmo, de entrega, de vocación, de cultivo de la interioridad, de compromiso, de visión crítica de la realidad, de alegría en el servicio. De un amor profundo por la Iglesia, de un estilo de ser cura marcado por la radicalidad, la humanidad y el seguimiento de Jesus de Nazaret, todo al tiempo. La miseria moral del mundo comunicativo actual ha dejado caer que fue víctima de abusos entonces. ¡De eso nada! Lo que era Calatrava lo describí hace años, y los que lo vivieron, incluido Poli, manifestaron su entusiasmo por aquel resumen (es el punto II de este artículo de lectura recomendable -aquí-). Saldrá claramente a la luz en su día. En ese Seminario no hubo abusos. Aquel ambiente de entusiasmo por la pobreza, por la libertad, por el servicio, por los últimos y casi diría yo, por la revolución, no hacia juego con hedonismo alguno.


No son los dolorosos hechos actuales los que me hacen decir que Poli encarnaba perfectamente aquel espíritu. Era y es: servicio, empatía, alegría, mandamiento nuevo, compañerismo, generosidad, perdón, apertura, escucha, amistad, ternura, compasión, oración, sacerdocio… Limitaciones todas, ganas todas, pequeñez toda, grandeza toda.

En ese articulo largo comparto que en el Seminario menor nos hicimos cargo junto con Rafa de la revistilla “Calatrava en marcha”. Desde entonces hemos caminado cerca. Hemos estudiado en el  Rodríguez Fabrés, en el Torres Villarroel, en la Pontificia. Hemos compartido vivienda en Calatrava, en Villamayor, en Puente Ladrillo. Cuando la vida pastoral nos ha tenido lejos no hemos dejado de comunicarnos inquietudes, proyectos, tareas. Hemos coincidido hasta en el hospital porque mi madre y su padre murieron por las mismas fechas. Cuando yo iba a pasar un largo rato con mi madre pasaba a ver su padre; y él hacia lo mismo con mi madre. Conocemos mutuamente las familias. Cuando mi hermano estuvo hospitalizado él fue uno de los que le ayudó. Hemos compartido bienes: cartera, libros, oraciones..; hemos compartido vida: tiempo, familia, preocupaciones..; hemos compartido acción: social, evangelizadora…

Poli es un hombre muy dinámico y expansivo. De joven fue más de una vez delegado de clase y solía ayudar a otros en los estudios y lo demás. También supo ayudar en el mundo de la discapacidad. Y así ha seguido. En el Torres Villarroel, el instituto público de peor fama en Salamanca, mixto por supuesto, sabía ser seminarista y ser verdadero testimonio de autenticidad y servicio. Así era y así ha seguido en cada destino pastoral.

En aquella “escuela” de Calatrava (Marcelino Legido al fondo, más cercanos Domingo Martín y Antonio Romo) nos fuimos haciendo también radicalmente eclesiales. En ambientes difíciles hemos defendido con sensatez este Cuerpo Místico del que formamos parte con alegría. También ahora Poli ha caminado en esa acertada dirección. Otra cosa es el mundo “eclesiástico” tantas veces anquilosado y burocrático. Este es el que ha hecho sufrir a Poli. Pero eso no es “LA” Iglesia, sino una parte de la Iglesia; en eso creo que no le ha entendido (no nos ha entendido) el buen amigo que hace una crítica general a la Iglesia donde corresponde una crítica muy particular. Un grupito es un grupito y la Iglesia somos todos y ese Pueblo, ese Cuerpo, ese Templo, esa Viña, ese Pequeño rebaño sufre con Poli y con toda víctima y hasta se pregunta hasta que punto los victimarios no serán también víctimas.

Cuando supe que se había retirado a León supuse que algo había pasado y fui a verle. Al saber del hondo sufrimiento que albergaba le pedí perdón con naturalidad por no haberlo percibido antes. En realidad, durante años, ni él mismo se había enterado del todo. Parece que eso forma parte del proceso psicológico por el que pasan las víctimas. Las víctimas merecen un respeto, merecen justicia, seguramente también necesitan perdonar. Poli sabrá hacerlo y no nos pedirá gran cosa. Me parece que solo nos va a pedir que seamos mejores seguidores de Jesús, en la Iglesia del Señor, para que el Reino llegue a todos y especialmente a los pobres.
Poli, segundo por la izquierda en la parte central, con un grupo variopinto de amigos del Colegio mayor "Nuestra Señora de Guadalupe"



martes, agosto 15, 2023

Menosprecio del cuerpo en nombre de la valoración del cuerpo. Una enseñanza práctica del Día de la Asunción

En cuerpo y alma


Hoy, 15 de agosto, celebramos la Asunción de la Virgen, es decir, que María fue llevada al Cielo en cuerpo y alma y que, por tanto, su cuerpo ya está glorificado, como primicia de lo que les ocurrirá a todos los salvados al final de los tiempos.El 15 de agosto celebramos la Asunción de María, una de las fiestas cristianas más populares que se sustenta, sin embargo, en uno de los artículos más impopulares de nuestro credo, el de la “resurrección de la carne”: ¡qué pocos se lo creen

Resultaría !un curioso ejercicio si nos fuéramos a una de esas avenidas comerciales llenas de gente en la que los reporteros suelen hacer las típicas encuestas a pie de calle a preguntar a los ciudadanos por sus creencias en la vida después de la muerte. Muchos nos negarían la mayor; otros tantos afirmarían sin ambages creer en la reencarnación o en la fusión con una ambigua energía cósmica; si acaso algunos se atreverían a hablar de un cielo etéreo ¿con nubecitas y angelitos?; pero pocos, muy pocos, afirmarían con rotundidad creer –como afirma la Iglesia– que su cuerpo; ojo, su propio cuerpo (manos, pies, dientes, hígado, estómago…), resucitará transfigurado al fin de los tiempos para la vida eterna. ¿Creen que la muestra sería muy diferente si la encuesta la hiciéramos en la puerta de una parroquia a la salida de Misa? Tengo mis dudas.

El dogma de la Asunción de María, cuya fiesta hacemos coincidir a mitad de agosto con innumerables advocaciones marianas locales, proclama que la Virgen, al igual que su Hijo, está resucitada en cuerpo y alma y vive ya eternamente con Él. La suerte que corrió María es la misma que nos espera a nosotros. Así nos lo prometió Jesús. Su único privilegio es haber adelantado el momento. Ella no tuvo que esperar, como a nosotros nos toca, al final de los tiempos. Tratamiento VIP para una mujer realmente VIP, nada menos que la madre de Dios.

¿Pero por qué nos cuesta tanto creerlo? Perdónenme que insista, pero el tema me parece muy importante pues toca el cimiento del cristianismo: el sepulcro vacío. Si Cristo no ha resucitado ¿en qué consiste esto de la fe?

Pienso que una de las razones de esta incredulidad es que se trata de algo bastante antiintuitivo. Cuando alguien muere, vemos cómo su cuerpo se corrompe. Aunque leamos las antiguas escrituras, los testimonios de los primeros cristianos y digamos que esperamos la resurrección, no sabemos muy bien cómo será porque lo material desaparece en nuestra dimensión temporal. Mucho más intuitivas son las ideas platónicas que impregnan nuestra cultura y el cristianismo con ella. 

La clásica división entre cuerpo mortal y alma inmortal hace que caigamos una y otra vez en una doctrina, la dualista, que es contraria a lo que la comunidad cristiana ha creído históricamente y cree hoy. También se nos adhieren de vez en cuando ideas maniqueas (también contrarias al depósito de nuestra fe) como las que sedujeron a San Agustín y de las que tanto se arrepintió en las que el cuerpo es considerado el origen del mal mientras que el espíritu lo es del bien.

En estas dos doctrinas se basan muchas de las colonizaciones ideológicas que el papa Francisco ha vuelto a denunciar en la JMJ y que impregnan hoy el pensamiento mayoritario. Las jóvenes generaciones, por ejemplo, ven normal entregar su cuerpo en una noche de fiesta a una persona desconocida con quien no compartirían quizá ni su número de teléfono, porque el cuerpo es, al fin y al cabo, solo materia que se comerá la tierra. Es como una realidad distinta a mí. 

Por otro lado, cada vez más, hay personas que rechazan su cuerpo porque ven en él el origen del mal que les afecta. Algunas no están de acuerdo con su sexo, otras con su silueta o su rostro. Se ven como almas puras (en las que no cabe la equivocación) atrapadas en un cuerpo (este sí) equivocado y están dispuestas a mutilarlo o a forzarlo hasta lograr que tenga la forma o el uso que ellas creen perfecta. También se da el caso de quienes piden que sus cenizas se esparzan en tal o cual lugar idílico como una forma en definitiva de dejar de ser ellos mismos y unirse a un impersonal universo.

Frente a estas formas de dualismo, maniqueísmo o materialismo prácticos, la Iglesia afirma que el ser humano es a la vez un ser corporal y espiritual. Cuerpo y alma tienen dignidad. De ahí el secular respeto al propio cuerpo y al del prójimo incluso después de muertos. Pues la carne no es una especie de funda o cáscara desechable, sino que es, en sí misma, el ser humano, la obra perfecta del creador, templo del Espíritu Santo.

«¡Glorificad a Dios con vuestro cuerpo!, pedía san Pablo a los Corintios. En eso fue pionera María, poniendo su carne, su vida entera, al servicio de Dios y la humanidad. Y por eso conmemoramos que su carne es ya inmortal. Un consejo para celebrar esta fiesta: mírense al espejo, contemplen cada detalle (les guste o no) pensando, como María, que si Dios lo ha querido así: “He aquí la esclava del Señor”. Miren sus manos, acérquenlas a su boca y bésenlas: ellas les acompañarán en la eternidad. Y glorifiquen a Dios con ellas: júntenlas para rezar, extiéndanlas para abrazar a quien necesite cariño o consuelo, alárguenlas para ayudar a quien lo necesite y chóquenlas para aplaudir a María en su asunción al cielo. Ella nos espera (allí y aquí) en cuerpo y alma.

domingo, agosto 06, 2023

Teilhard y la Misa sobre el mundo

El 6 de agosto, se cumplen (según algunos autores) 99 años de la redacción final de “La Misa sobre el Mundo” de Pierre Teilhard de Chardin. LEANDRO SEQUEIROS. Vicepresidente de la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin (Sección española de la Red Mundial de Amigos de Teilhard)
Era el día 6 de agosto de 1923, fiesta de la Transfiguración del Señor, de la que era muy devoto Teilhard. En un arrebato místico, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, de 42 años, doctor en Ciencias Naturales, filósofo, místico y poeta, científico y pensador, redacta este precioso texto.


Hace cien años, el jesuita paleontólogo y místico Pierre Teilhard de Chardin, recién llegado desde Francia a China, acompañó al padre Èmile Licent a una expedición geológica a Mongolia.
Uno de esos días de duro trabajo era 6 de agosto, el día de la Transfiguración, festividad muy “teilhardiana”. No tenían pan ni vino para la Eucaristía y entonces Teilhard declama en voz alta “La Misa sobre el Mundo” que había escrito para ese día. Este texto era una adaptación de “El Sacerdote”, escrito por Teilhard en el año 1918 y que declamaba cuando fue camillero en la primera Guerra Mundial y no podía celebrar la misa. Se trata, sin duda, de dos textos semejantes y bellísimos.

miércoles, agosto 02, 2023

El corazón traspasado según Rahner - José Manuel Santiago con motivo de sus Bodas de plata

El autor en Radio Tamaraceite

Con motivo de su XXV aniversario como sacerdote, en la fiesta de SAN JUAN DE ÁVILA el 11 de mayo de 2023, José Manuel Santiago Melián cuenta su propia experiencia de aprendizaje y expone algunas cuestiones sugerentes para cualquier persona que quiera cultivar su vida interior.

En la carta que hemos recibido convocándonos a esta celebración, se habla del “acto de homenaje a los sacerdotes que durante el año celebran las Bodas de Oro y Plata Sacerdotales”. Ante esto, la primera sensación que me vino y me viene a la mente es que, por lo menos para mí, el “homenaje” no tiene cabida. Quiero hablar más bien de agradecimiento al Señor y a tantas personas, sacerdotes y seglares, que me han ayudado en este cuarto de siglo y lo siguen haciendo de diversas maneras. Deseo hablar sobre todo de la necesidad de pedir perdón por las limitaciones, por los fallos y errores, por las negligencias, por los pecados de estos años. Pienso en la enseñanza de Jesús, muy clara, y ojalá que pueda aplicármela siempre: después del trabajo realizado, ojalá que sea lo mejor hecho posible, necesito decir: “siervo inútil soy, he hecho lo que debía hacer”. Así pues, más que “homenaje”, como dice también la carta, se trata de celebrar con los compañeros y hermanos sacerdotes estos años de ministerio y de agradecer humildemente al Señor su gracia y el bien que, bajo su impulso, me ha concedido realizar y he podido llevar a cabo.

Una de las realidades que procuro constatar siempre en mi vida es la de que siempre soy y tengo que ser discípulo, siempre necesito aprender. Ciertamente, los sacerdotes somos y debemos ser maestros, pero eso, sencillamente, es imposible -y nos sale mal- si antes y de manera continua no somos buenos discípulos de Cristo Sacerdote. He aprendido y sigo aprendiendo de otros curas, de muchos seglares, de religiosos y religiosas, mediante experiencias cotidianas y también otras extraordinarias y especiales, tanto aquí en la diócesis como fuera de ella (como, por ejemplo, en algunos encuentros sacerdotales, diversas jornadas, etc.). Le pido al Señor tener siempre la humildad de querer aprender, buscar, descubrir los caminos del Espíritu; seguir creciendo, seguirme corrigiendo, continuar compartiendo con los demás. Todo esto se relaciona también con la corresponsabilidad, o, como estamos trabajando últimamente, la sinodalidad.

Un elemento esencial del ministerio sacerdotal ha sido y es para mí vivir la fraternidad y la amistad con otros sacerdotes. Esto ha sido posible de varias formas, sobre todo en el nivel más personal, con compañeros canarios y de otras diócesis e incluso otros países. Tengo mucho que agradecer por este lado. Mucho que agradecer en el discurrir continuo de la vida, del trabajo pastoral y del acompañamiento espiritual, y sobre todo en los momentos más complicados por diversos motivos. Pero, junto con las luces, también ha habido y puede haber sombras, porque no siempre sabe uno cuidar tanto esa fraternidad, esa buena relación, o no la saben cuidar tanto con uno. Por eso, también aquí se nota la propia debilidad, las propias limitaciones, la necesidad de pedir perdón y de ser perdonado, la necesidad de superar algunas situaciones y de sanar heridas e incomprensiones, para siempre continuar madurando en el seguimiento del Señor.

Como sacerdote estoy convencido de la necesidad de fomentar la propia formación y la de los fieles, y ese interés ha sido un objetivo permanente en todos estos años, en los que el estudio y la investigación me han ocupado bastante tiempo. El instrumento esencial ha sido y sigue siendo el ISTIC, donde he impartido clases la mayor parte de estos años y adonde he procurado encauzar a los demás en el deseo de fomentar su formación intelectual y pastoral. Le debo mucho al ISTIC, al antiguo Centro Teológico, primero, por supuesto, como alumno, y después como profesor y compañero de tantos profesores, algunos ya en el Cielo. Habitualmente ha sido para mí no solo una responsabilidad y un reto, sino también una alegría, el compartir muchas horas de clase con bastantes alumnos a lo largo de estos años. Considero la docencia como una tarea pastoral importante, y también en este terreno doy gracias al Señor y pido perdón por mis fallos y limitaciones.

En el trabajo pastoral he considerado piezas claves el trato con las familias, los matrimonios y los jóvenes. No se entiende una evangelización, y menos la nueva evangelización, sin cuidar la relación con los padres y madres de los niños y de los jóvenes, además de con ellos mismos. Es imprescindible acoger y acompañar a los matrimonios y a las parejas de novios, ayudarlos a crecer, proponerles alternativas; también las familias y, en concreto, algunas han sido grandes referentes en mi vida personal y ministerial, pues me han acogido, apoyado y ayudado notablemente en varias parroquias donde he estado. Así sigue siendo, gracias a Dios. Lo mismo puedo afirmar de los jóvenes. Es un gran reto acercarse y acompañarlos, compartir no sólo reuniones y eucaristías y adoraciones con ellos, sino también otras experiencias lúdicas ordinarias y encuentros extraordinarios. Junto con las alegrías y satisfacciones también ha podido haber algunas tristezas y dificultades, pero siempre prevalecen las primeras. Las familias y los jóvenes me han enseñado y aportado mucho, y espero seguir ofreciendo buena parte de mi ministerio en esos terrenos pastorales.

Al mismo tiempo, tengo también que agradecer a tantas personas mayores y enfermas con las que he podido tratar. Muy presentes en nuestras parroquias, a menudo nos aportan grandes testimonios creyentes, de modo que uno piensa a veces qué quedará dentro de unos años al respecto; y también cómo potenciar la experiencia de fe en los adultos para que sean referentes básicos en sus propias familias, para sus hijos y nietos. Sigue siendo para mí un reto el poder acompañarlas más y aprender de sus testimonios vitales.

En estos últimos meses, cuando pensaba en la celebración de este día, y en todo lo que supone para mí este aniversario, me han ayudado en la reflexión algunos pensamientos ajenos, algunas enseñanzas acertadas, lúcidas, proféticas. Uno de los autores que explico en uno de los cursos de máster que imparto es el gran teólogo Karl Rahner. No voy a referirme aquí ahora a su llamada a vivir una “mística cotidiana”, a “experimentar” personalmente la presencia de Dios y de su gracia en la propia existencia. Estoy convencido de que Rahner acertaba plenamente cuando en los años sesenta y setenta del pasado siglo decía que “hoy no podrá ser cristiano el que no es místico”. Si esto es así, con más motivo se aplica a los sacerdotes, es decir, me lo tengo que aplicar. Rahner hablaba de cómo vivir la fe “en tiempos de invierno”, … Pues bien, estamos en lo que podría ser llamado un largo “invierno” en el campo eclesial, ministerial, vocacional. Con esto no quiero mostrar, ni mucho menos, falta de esperanza y de ilusión. Todo lo contrario. Pero, siendo realistas, es así en bastantes aspectos. Por eso se impone, como escribía Rahner, “la necesidad y el don de la oración”, para discernir y fortalecerse, para ayudarnos mutuamente. Dios sigue siendo ese Amor que desciende, que viene hacia nosotros cada día.

Pido al Señor predicar siempre su Palabra. El sacerdote no se dice a sí mismo, no puede caer en la autoreferencialidad, sino que apunta a la mismísima Palabra de Dios operante, la que verdaderamente actúa. Rahner describe al sacerdote con una expresión que me llama mucho la atención: “el hombre del corazón traspasado”. Permítanme que lea aquí algunos de los fragmentos en que realiza esa descripción: “(…) el sacerdote de mañana habrá de ser un hombre con el corazón traspasado, el único que puede proporcionarle la energía necesaria para su misión. Con el corazón traspasado: traspasado por la existencia sin Dios, traspasado por la locura del amor, traspasado por la falta de éxito, traspasado por la experiencia de la propia miseria y de su radical incertidumbre, pero convencido de que únicamente tal corazón puede proporcionar la energía para cumplir la misión; y convencido también de que ni la autoridad inherente al ministerio ni la validez objetiva de la palabra ni la eficacia del opus operatum de los sacramentos podrán convertirse en el suceso salvador por medio de la gracia de Dios, si no llegan al hombre a través del medio inefable de un corazón traspasado” (cf. Siervos de Cristo, 136-143). Rahner estaba pensando en el ambiente creciente de incredulidad, de la poca significatividad de la Iglesia en el orden social, de la falta de comprensión del misterio de Dios que existe en muchas personas (incluidas muchos bautizados). En este contexto, la relevancia del sacerdote ha ido decreciendo notablemente para una gran parte de la sociedad. Ante estos hechos, señala Rahner, sólo quedará -sólo queda- un recurso: volvernos al Señor a quien servimos, poner nuestra vista en el que traspasaron y rendir culto al Corazón traspasado de Jesucristo. Por eso asumo y quiero asumir que sólo encontraré mi propia realidad como sacerdote si me fijo en el Corazón del Señor, el corazón que ha tomado sobre sí la tiniebla del mundo y sus culpas; que se abandonó en las manos del Padre habiendo sentido Su abandono; que no quiso más poder que el amor indulgente; que fue traspasado y, de esta forma, se convirtió en fuente de todo espíritu. Sé que sólo la renuncia espontánea a lo que con frecuencia se considera valioso según el mundo, una renuncia posible por y en el amor del Crucificado, es liberadora

Concluyo pidiendo al Señor, desde mi pobreza e indignidad, experimentar y ahondar en esa mística de cada día, en esa “sobria embriaguez del Espíritu” (Rahner), en esas vivencias de la gracia transformadora del Señor, que logren tocar mi vida y las existencias del prójimo. Le pido que siempre se haga realidad en mí el lema que escogí hace veinticinco años para el recordatorio de mi ordenación presbiteral y de mi primera misa: “Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo” (2 Tim 1, 8b-9). ¡Qué así sea!
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Aquí enlace a la entrevista de Radio sobre Bergson: