Sugerencias para un cristianismo del siglo XXI: dialogante, comprometido, plural, vocacional, misionero, en crecimiento
miércoles, marzo 04, 2026
Si Goya levantara la cabeza....
martes, marzo 03, 2026
sábado, febrero 28, 2026
El inmoral “carril rápido” de la medicina pública
Hay médicos y médicos. Hay médicas y médicas. Hay limpios, sucios y turbios. Limpias, sucias y turbias. Como siempre, decir "todos son iguales" no es más que una mentira. Una generalización, una mentira.Se comenta entre los pacientes que sigue habiendo médicos (y médicas) especialistas que te atienden en su consulta privada y luego te hacen pruebas e intervenciones en la pública. No he oído hablar de ello a la ministra de sanidad ni a la consejera de mi comunidad.
El ser humano suele tener ante sí la pregunta por lo moral, lo correcto, lo ético, lo honrado, lo justo, lo que tiene futuro. Lo solidario o lo egoísta.
El problema no es público o privado, como a veces se dice, sino solidario o insolidario. Privado es San Juan de Dios o las Hermanas de Tafira, y nadie les pone pega. El problema no es público o privado, sino solidario o insolidario.
Si en la pública se derrocha, no por ser pública está bien, si en la pública se da mal de comer, no por ser pública está bien.
Volvamos a los médicos El gobierno González dijo que quería acabar con esa anomalía de doble consulta (privada y pública), pero realmente no lo hizo.
Ahora que los medios de comunicación destapan escándalos con las mascarillas, o con la compra de tal o cual maquinaria o medicamentos, estaría bien que la universidad, o la prensa, o las asociaciones de pacientes, o los sindicatos... ¡alguien! destapara que hay médicos que atienden en su consulta privada y a esos pacientes le aceleran el proceso en la pública.
Hay administrativos que lo saben. Quizá hace falta un buzón confidencial.
Los grupos sociales solemos ser corporativos. ¿Qué dice el colegio de médicos? ¿Esto no va contra el juramento hipocrático?
Vivimos un momento histórico en el que se ha puesto en el punto de mira, con acierto, el machismo, y van cayendo los que se creían en el olimpo.
¿No es hora de hacer caer también este negocio privado a costa de lo público?
martes, febrero 24, 2026
Crisis de los 40-60 (El demonio meridiano o acedia)
El nombre de “acedia” procede del griego ἀκηδία (no-actividad), y en castellano aparece como “negligencia, tristeza o amargura”. Se trata de una enfermedad situada en la mitad de la vida. De aquí el que se hable del demonio meridiano, en referencia al Salmo 91,5-6: “No temerás… el azote que devasta a mediodía”, sin duda el período de mayor calor en el desierto.
Evagrio Póntico, monje del siglo IV y el mejor analista de esta pasión, describe algunos de los síntomas por el que podemos descubrir la enfermedad: cansancio, desánimo, pérdida de las ilusiones, una insatisfacción vaga y generalizada que va apoderándose poco a poco de nuestra existencia… Aparece de improviso, sin que hayamos hecho nada para ello. Comienza por lo afectivo, se traslada a lo psíquico y acaba por instalarse en lo más profundo de nuestro interior.
Algunas de las causas que han podido provocar la acedia se encuentran en un excesivo activismo en las etapas anteriores, que aunque puede habernos ayudado a llenar este tiempo, en el fondo nos impidió afrontar seriamente nuestros problemas interiores; la frustración por proyectos personales o sociales en los que hemos puesto excesivamente nuestra confianza, que así se vuelven contra nosotros; y la rutinización de nuestra existencia, como una manera de afrontar nuestras carencias sin excesivo coste.
Los efectos negativos de esta enfermedad se expresan de manera más evidente en el ámbito corporal. Ante las primeras “goteras” podemos reaccionar por el descuido o abandono de todo lo relacionado con nuestro cuerpo (cuidado, porque en ocasiones se puede encubrir por una obsesiva preocupación por todo lo relacionado con el body).
Pero es una enfermedad que afecta en gran medida al campo psíquico. Y así lo vemos en la búsqueda de lo cómodo y fácil, la incapacidad para hacer o pensar en proyectos que exijan continuidad, el centramiento del deseo sobre mi ego, y una desazón o desánimo con respecto a las posibilidades de mejora de nosotros mismos y de la sociedad, que en ocasiones se justifica con una mayor sabiduría o experiencia. Evagrio Póntico lo expresa de esta contundente manera hablando del monje:
“Al principio, [la acedia] hace que el sol parezca avanzar lento e incluso inmóvil y que el día aparente tener cincuenta horas. A continuación, le apremia a dirigir la vista una y otra vez hacia la ventana y a saltar fuera de su celda… Además, le despierta aversión hacia el lugar donde mora, hacia su misma vida y hacia el trabajo manual; le inculca la idea de que la caridad ha desaparecido entre sus hermanos y no hay quien le consuele… Este demonio le induce entonces al deseo de otros lugares y ejercer un oficio más fácil de realizar y más rentable. Añade a estas cosas también el recuerdo de su familia y del modo de vida anterior y le representa la larga duración de la vida, poniendo ante sus ojos las fatigas de la ascesis; y, como suele decir, pone todo su ingenio para que el monje abandone su celda y huya del estadio”, Tratado práctico 11.
Es una enfermedad que cuestiona de manera inmisericorde nuestras realizaciones anteriores, tanto personales como sociales, produce una cierta nostalgia o añoranza insana de los “años perdidos”, culpabiliza sistemáticamente a los demás, externalizando ingenuamente las culpas (el sistema, la sociedad de consumo, la política…), considera que los objetivos en los que creemos son irrealizables, olvida el espesor de la realidad y propone a cambio mundos ideales y fantasías adolescentes (con mayor capacidad de atracción en un mundo juvenilizado en todos los sectores), y plantea el cambio continuo de actividades, relaciones y situaciones para escapar de la realidad y lo presente que no nos agrada.
Un gran conocedor actual de esta enfermedad, Gabriel Bunge, la define así: “La acedia… estimula simultánea y permanentemente los dos poderes irracionales del alma: la concupiscencia y la violencia. Por eso es una mezcla de concupiscencia frustrada y agresividad… Descontenta del hoy, desea el mañana; se orienta hacia atrás y hacia delante… A causa de su duración, adopta una forma de depresión espiritual que, en los peores casos, aboca al suicidio, último y desesperado intento de evasión”, Akedia (1997). Indudablemente hay grados, y aquí se centra en el más agudo.
No se trata solo de una enfermedad individual, sino que tiene su vertiente social, que viene a reforzar lo personal. Y si alguien piensa que no la tiene quizá sea porque está tan asumida en el propio interior que es incapaz de descubrirla, o que, habiéndola descubierto, no se encuentra con ganas o fuerzas de oponerse a ella, considerándola una batalla perdida ante la que ha tirado la toalla definitivamente.
Pero los monjes del yermo no se centran solo en el diagnóstico, por muy lúcido que sea en este caso, sino que proponen una serie de terapias para esta enfermedad. El primer paso según ellos consiste en reconocer en qué medida estamos colonizados por esta pasión, porque produce tal oscuridad en nuestra tramas personales y sociales que no somos conscientes de su presencia, pues nos hemos habituado a vivir por este parásito que nos va debilitando poco a poco, e incluso podemos llegar a considerarlo como algo natural, un paso necesario hacia la madurez.
En segundo lugar, nos dicen que no debemos hacer caso a las numerosas excusas que nos propone esta enfermedad para vivir “en paz”, como el merecido descanso por todas las luchas anteriores, que es mejor disfrutar de lo que nos queda de vida con los pequeños placeres cotidianos que empeñarnos en objetivos irrealizables (o utópicos), que hay que recuperar los “años perdidos”, que no volverán… Y muchas otras excusas sutiles que nos va ofreciendo esta enfermedad tan invisible.
En tercer lugar, como la acedia es una enfermedad interior, no se puede buscar el remedio en los demás (que nos solucionen el problema), en el cambio de lugar o de estado, sino en nuestra conciencia y en nuestro yo más profundo. Esto no quita la necesidad de escuchar a las personas mas cercanas o la conveniencia de acudir a personas experimentadas en esas lides, que nos ayuden a discernir sobre los medios o modos de enfrentarnos a esta enfermedad, pero siempre será la propia persona la que debe enfrentarse consigo misma.
En cuarto lugar, la lucha contra esta enfermedad es laboriosa y puede durar mucho tiempo (años incluso), por lo que debemos pertrecharnos de paciencia y perseverancia, hasta tal punto que podemos decir que la cura de la acedia tiene como uno de los principales remedios el “ajo y agua” (apócope de a jod…. y aguant…). Pero de una forma muy particular, porque ni se pueden aceptar órdenes de la acedia ni oponerse radicalmente a ella, pues el voluntarismo engorda esta pasión y el propio sujeto no está en las mejores condiciones para esta lucha, ya que está muy debilitado.
En el fondo se trata de una resistencia pacífica, de ocupación de posiciones, no de grandes batallas. De perseverar en los proyectos personales y sociales, pulir nuestras opciones de vida con las dificultades que vamos a encontrarnos, iniciar trabajos que nos inviten a la asiduidad, la presencia y la acción, y dejarnos llevar por lo mejor que vamos descubriendo en nuestras vidas. Y eso, como decía el frailecico abulense: “Aunque es de noche”.
Una lucha que expresa perfectamente este apotegma: “Un monje fue preso de la acedia. Pero encontró unas pequeñas palmas, las cortó y al día siguiente se puso a hacer con ellas una estera. Al sentir hambre se dijo: ‘Ya quedan pocas palmas, las terminaré de tejer y entones comeré’. Al terminar dijo: ‘Leeré un poco y luego comeré’. Y cuando terminó la lectura pensó: ‘Recitaré algunos salmos y después comeré’. Así, poco a poco, con ayuda de Dios… adquirió seguridad para vencer los malos pensamientos”, Sentencias de los Padres del desierto VII,28.
En cualquier caso, la lucha contra la acedia supone un momento clave en nuestro recorrido personal porque marca un antes y un después, nos ayuda a descubrir nuestros propios límites y, si somos capaces de superar esta enfermedad, nos produce una profunda paz interior y un gozo duradero. O al menos eso es lo que cuentan los monjes del desierto, que, sobre esta cuestión, y muchas otras, sabían bastante
jueves, febrero 19, 2026
REFLEXIONAR PARA VIVIR
miércoles, febrero 18, 2026
MÚSICA PARA LA SOLIDARIDAD EN EL PROGRAMA DE RADIO "SOLIDARIDAD"
JESÚS BELDA recomienda Carlos Rivera: “Grito de guerra”
Las palabras amagadas los silencios obligadosLas mentiras que dijeron por robarse unos pedazos
Cuanta tierra levantaron por mostrarnos su grandeza
Lo que de verdad lograron fue que nos dieran tristeza
Y tanta pena que dan, ya no nos verán llorar
¿Cuánto vale lo que eres?
¿Cuánto vale lo que das?
Ya nos han quitado todo
Pero no podrán quitar la esperanza
De que un día todo tiene que cambiar
Grito desde el corazón
¿Quién se creen esos cobardes?
Que se atreven a mandar si no saben cuánto vale
Levantarse en la mañana para ir a trabajar
Con un beso de despedida una vela que apagar
Pedir un par de deseos que tal vez verás cumplir
¿Qué sabrán de ser feliz, si no saben sonreír?
Ya nos han quitado todo
Pero no podrán quitar la esperanza
De que un día todo tiene que cambiar
Que se atrevan a mirarnos a los ojos
Que se atrevan a encerrarnos con cerrojos
Ya hemos esperado tanto y no hemos de
Desesperar porque todo lo que sube algún día ha de bajar
Que se atrevan a pensar que son eternos
No se han dado cuenta de que están enfermos
Que aquí vamos a estar todos listos para contemplar
La caída de su historia y el camino a su final
El camino a su final
Que se atrevan a pensar que son eternos
No se han dado cuenta de que están enfermos
Y que aquí vamos a estar todos listos
Para contemplar la caída de su historia
Sólo queda la memoria de la lástima que dan
Y el camino a su final
Y el camino a su final
Y el camino a su final
NADIA JIMÉNEZ CASTRO recomienda a Valeria Castro: “Guerrera”
Guarda sobre el que es su propio techo
Todos los justificantes de los hechos
Guarda una maleta por si hay que partir
Suena en su cabeza un eco que aún arrastra
Una misma historia siempre la desgasta
Cansada de justificar cómo vivir
Y se ha enterado
Después de mil batallas que la vida pasa a un lado
Y es el invierno
El que, después de noche y noche, la ha callado
Grita a viva voz que no hay para microfonía
Canta de pulmón, tu historia no se desafía
Eres aliciente, eres lo que le hace falta a la gente
Ay, guerrera, yo te llevaré en el alma la vida entera
Ir a la ventana antes que rompan el cristal
Es mejor arder en llamas, antes que callar
Porque vivir no es vivir si hay que vivir huyendo de uno más
Y acabo entendiendo un mensaje sincero
Cuídate, cariño, hazlo por ti primero
Que a poquito que empieces, nadie te podrá apagar
Y se ha enterado
Después de mil batallas que la vida pasa a un lado
Y es el invierno
El que, después de noche y noche, la ha callado
Grita a viva voz que no hay para microfonía
Canta de pulmón, tu historia no se desafía
Eres aliciente, eres lo que le hace falta a la gente
Ay, guerrera, yo te llevaré en el alma la vida entera
RULA FERNÁNDEZ recomienda Kase O: “Renacimiento”
Haciendo que me despertara
Soñaba que flotaba en tu vientre mamá
Que volvía a nacer que me creaba
Que recobraba las ganas de vivir
Que la vida aún tenia mil regalos para mí
Soñaba que volvía a respirar bien
Y he saltado de la cama con las pilas al cien
Con las ideas oxigenadas
De lo que quiero ser, una visión clara
Ey, ya no hago un drama por nada
La vida era distinta a como yo me la tomaba
No es hacer, no es tener, es ser
Es amar, es crear, no es huir ni temer
Ey, si me olvidé de mi mismo por demasiado tiempo
Da igual, porque hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi rena
Ninguna droga joderá mi libertad
No quiero dañar mi cuerpo
No quiero fingir, quiero realidad
Voy a decir la verdad en todo momento
Hoy soñé que podía cambiar
Nada cambia si nada cambia
El mayor amor le tengo a mi persona
Ni me quiero matar ni me quiero morir, ¡perdona!
No me gusta ser un infeliz
Quiero respirar por la nariz
Quiero el puro sentimiento sin alterar
Quiero que el tiempo, sea una línea vertical
Quiero poner fin al motín de mi mente
Y que mi alma vuelva a reinar
Si me olvidé de mi mismo por demasiado tiempo
Da igual porque hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi rena
Voy a mirarme en el espejo
Y me voy a perdonar, por fin, por el daño que me he hecho
Voy a mirar ahí dentro
Y voy a bañarme en mi propia luz de salud y conocimiento
Porque es mi vida lo que está en juego
Nada más importante ya que es lo que es lo único que tengo
Voy a quererme y a cuidarme a partir de hoy
No quiero recuerdos, necesito vivir más ¡Allá voy!
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Hoy es mi renacimiento
Soy engreída y lo sabes bien
A ti que tienes siempre caldo en la nevera
Tú que podrías acabar con tantas guerras
Escúchame
Paremos la ciudad
Sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix
Mamá, mamá, mamá
Ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma, mamá
Todas las ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma
Ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma, mamá
Con ganas de llorar, pero con fortaleza
Escúchame
Paremos la ciudad
Sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix
Mamá, mamá, mamá
Ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma, mamá
Todas las ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma
Ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma (mami)
Ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma, mamá
Vivan las ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma
Ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma
Sin ellas no habría humanidad ni habría belleza
Y lo sabes bien
Lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo
(Lo sabes bien) lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo
Escúchame
ANTONIO GRANADILLA recomienda Roger Mas & Cobla Sant Jordi: “Negra Sombra”
martes, febrero 17, 2026
jueves, febrero 12, 2026
10 INTELECTUALES ARGENTINOS HUMANISTAS, CATÓLICOS Y DE IZQUIERDA (IA)
Ricardo Rambaudi/facebook
Esta es una búsqueda fascinante. Encontrar el punto de intersección entre el humanismo cristiano, la doctrina social de la Iglesia y la militancia de izquierda (especialmente el peronismo de izquierda o el socialismo cristiano) es adentrarse en el núcleo del pensamiento político argentino del siglo XX.
Rambaudi representa una evolución del pensamiento humanista cristiano hacia el campo del Counseling (Consultoría Psicológica) y la Educación Superior, siempre con una mirada crítica hacia el individualismo neoliberal.
Si sumamos a Rambaudi a la lista anterior de pensadores que vinculan la fe/humanismo con la sensibilidad social de izquierda, él aportaría la dimensión del "Humanismo Pedagógico": la idea de que la liberación del hombre empieza en un sistema educativo que sea empático, gratuito y profundamente democrático
viernes, febrero 06, 2026
La mística de Battiato
Varias canciones de Battiato rozan el misticismo con su música ¡aunque la letra no le acompañe del todo!
Cuando estos dos elementos se unen música y una letra reflexiva me hacen volar
Todos somos nómadas de un Desierto buscando un oasis que a veces es un espejismo pero en esa búsqueda encontraremos la Paz en el Crepúsculo..! El punto Omega..!!
Arthur Brooks (61), experto en felicidad: «Los cuatro pilares son la fe, la familia, los amigos y un trabajo que te nutra»
Hablar de felicidad es hacerlo también de Arthur Brooks, quien, hace una década, tras años de llevar una carrera exitosa —en aquel momento era CEO del American Enterprise Institute— empezó a hacerse una pregunta incómoda que lo cambió todo: ¿estaba dirigiendo su vida o simplemente dejándose llevar por ella?
La idea le vino durante un vuelo nocturno. Mientras trabajaba, en el avión, escuchó a una mujer decirle a su acompañante, con una voz cargada de angustia: «No, no es cierto que nadie te recuerde. No es cierto que nadie conteste tus llamadas. No es cierto que ya nadie se preocupe por ti».
Entonces, Brooks imaginó que hablaba con un hombre cualquiera, normal. Pero, para su sorpresa, al aterrizar descubrió lo contrario: aquel pasajero tan apesadumbrado era una figura histórica muy reconocida, a quien otros viajeros y hasta el capitán saludaron con admiración: «Señor, quiero que sepa que ha sido un héroe para mí desde que era pequeño», contó el propio Arthur Brooks en una conferencia en el IESE.
El impacto de aquello fue inmediato para Brooks, pues pensó: si alguien tan admirado podía sentirse olvidado y vacío, entonces el éxito no es garantía de una vida feliz y plena. Esa revelación llevó al experto a replantearse su propio rumbo y a dedicar su carrera a estudiar cómo construir una felicidad auténtica y con sentido.
Arthur Brooks desvela los cuatro pilares para cultivar la felicidad
La experiencia mencionada hizo que Arthur Brooks, de 61 años, diera un giro a su vida, dejara su importante trabajo y se centrara en dedicar su carrera a estudiar la felicidad. En la actualidad, el autor, académico y divulgador estadounidense es considerado una de las voces más influyentes en la ciencia contemporánea de la felicidad, el propósito de viday el bienestar humano.
Es profesor en la Harvard Kennedy School y en la Harvard Business School, donde imparte cursos sobre liderazgo, felicidad y gestión con sentido, y dirige programas que combinan investigación académica. Además de su labor docente, Brooks es autor de más de una docena de libros, varios de ellos bestsellers del New York Times. Entre sus obras más conocidas se encuentran Construye la vida que anhelas y La madurez inteligente.
Su labor docente, sus conferencias y sus libros han convertido a Arthur Brooks en una eminencia en lo que se refiere a felicidad, que para él se sustenta en cuatro pilares: «La fe, la familia, los amigos y un trabajo que nutra»:
- Fe: sentirse pequeño en algo grande: Arthur Brooks ve la fe —no necesariamente religiosa— como una forma de tomar perspectiva, reconociendo que nuestra vida es solo una pequeña parte de algo mucho mayor.
- Familia. Desde su experiencia personal, uno de sus arrepentimientos más profundos ha sido perder la conexión con sus padres demasiado pronto. Por eso siempre recomienda dedicar tiempo a la familia, «porque la vida es corta».
- Amistades reales. Para el experto en felicidad, los verdaderos amigos no son utilitarios. Según él, muchas personas exitosas terminan solas porque cultivan relaciones basadas en interés. La verdadera amistad, en cambio, no depende de estatus ni beneficio.
- Trabajo que nutra: Arthur Brooks ha señalado en diversas ocasiones que la satisfacción no viene de títulos, dinero o prestigio, sino de hacer un trabajo arduo que tenga impacto y de servir a los demás. Esto conecta con otra de sus enseñanzas: «Puedes construir la vida que quieres empezando desde tus emociones internas y luego proyectándolas hacia tu familia, amistades, trabajo y vida espiritual».
Para ser más felices debemos cultivar tres cosas: disfrute, satisfacción y significado
El autor de bestsellers y conferenciante habitual en instituciones de prestigio también ha compartido más ideas acerca de la felicidad, como que esta «no es un destino, sino una dirección». En su opinión, para ser más feliz debemos cultivar tres grandes componentes: disfrute, satisfacción y significado.
- Disfrute. Brooks distingue con claridad entre placer y disfrute. El placer es inmediato y sensorial; el disfrute verdadero surge cuando las partes más sofisticadas de nuestro cerebro trabajan en armonía para tomar decisiones conscientes. Como el autor ha explicado: «La felicidad es algo que diseñas en el presente; no es algo que pospones para el futuro. (…) El placer es un punto intermedio, pero nunca debería ser el objetivo final», asegura, añadiendo que si solo nos moviera la búsqueda del placer «nuestras vidas se volverían ingobernables». Desde su perspectiva, el disfrute combina placer, personas y memoria: no solo sentir algo agradable, sino compartirlo y recordarlo.
- Satisfacción: lograr más con menos. Los seres humanos somos únicos en algo: disfrutamos la sensación de logro. Brooks sintetiza esta idea con otra de sus frases: «La clave de la felicidad no es ser rico; es hacer algo arduo, crear algo de valor y luego poder reflexionar sobre los frutos de tu trabajo». El experto asimismo señala que el cerebro humano se adapta rápidamente a lo que tiene, por lo que la satisfacción se desvanece si perseguimos solo metas externas. La clave está en gestionar nuestras ambiciones y deseos en lugar de ampliarlos sin parar.
- Significado: simplificar para comprender. Según Brooks, la pregunta adecuada no es «¿cuál es el significado de la vida?», sino «¿cuál es el significado del significado?». Para él, el significado surge de tres elementos: coherencia, propósito e importancia. En un mundo saturado de estímulos, propone prácticas como la atención plena y la desconexión digital para permitir que la mente vague y emerja la creatividad.
"De tanto querer ser el primero" - Julio Iglesias
jueves, febrero 05, 2026
La Prostitución Espiritual
Lo Que Dice La Palabra De Dios/facebook
Ezequiel 23 no solo es simbólicamente incómodo, sino que es intencionalmente gráfico, sexual y perturbador. Y no fue casualidad, exageración ni rareza cultural.
Las metáforas no son sutiles. Su propósito es provocar repulsión en el lector. ¿Por qué?
Y su mensaje sigue vigente:
A Dios no le ofende el arrepentimiento sincero;
le provoca la infidelidad espiritual disfrazada de sabiduría, progreso o pragmatismo.
sábado, enero 31, 2026
El piloto de Hirosima
nuevarevolucion.es
Claude Eatherly (1919-1978) fue el piloto encargado del reconocimiento climático y de escoger el objetivo para el Enola Gay que acabaría impactando sobre la ciudad japonesa de Hiroshima (1946). Se trataba de la primera bomba atómica que dejaría más de 160 000 muertos. Dos años después el joven Claude dejó las fuerzas armadas y comenzaría a trabajar en una fábrica de chocolate. A los pocos años empezó a enviar cartas con dinero a los ciudadanos de Hiroshima, así como misivas en las que se afirmaba como culpable y pedía perdón. En 1950 se intentó suicidar, pero fue hallado con vida e ingresado en el hospital militar de Waco. Al mes y medio fue dado de alta y cambió su trabajo por uno más físico en una compañía petrolífera. En 1953 falsificó un cheque por una pequeña cantidad, el veredicto fue «libertad con revisión de pena por buena conducta». Meses después atracó un banco en Dallas, pero no se llevó nada. La condena fue cuatro meses más en el hospital de Waco, pues el abogado alegó problemas mentales. Asimismo, durante todo el periodo de postguerra, se negó a recibir honores o ser laureado por sus logros militares1. Günter Anders, filósofo austriaco, se enteró de su caso, de su reclusión en un hospital psiquiátrico y de sus «problemas mentales» y decidió entablar una correspondencia con Eatherly. Esta correspondencia fue agrupada y publicada en El piloto de Hiroshima. Más allá de los límites de la conciencia.
Eatherly no estaba loco, si es que acaso se puede emplear dicho término, y mucho menos sufría una enfermedad mental. Se sentía culpable, sí, de haber matado a miles de inocentes, aunque en aquel momento, cuando seleccionaba el objetivo, no fuese consciente de lo que iba a suceder. De hecho, se podría decir que el saberse culpable revelaba una espléndida salud mental, que EEUU en pos de su campaña nuclear y de su american way of life intentaba silenciar. De esta manera, el verdadero culpable salía airoso de un genocidio e incluso era digno de alabanzas y vítores: Harry S. Truman. Truman ni siquiera se arrepintió de haber asesinado a miles de personas. Este era y es el problema. Ya nadie recuerda Hiroshima, no hay películas cada seis meses rememorando el horror y el dolor de las familias que sufrieron el impacto de la primera bomba atómica. A Truman no se le juzgó porque, como decía W. Benjamin, la historia la escriben los vencedores y no los vencidos. (...)

El caso de Eatherly demostró aquellas tesis foucaltianas: el que molesta, es incómodo al sistema acaba en una institución psiquiátrica. Instituciones que, si bien en ocasiones necesarias, velan por la salvaguarda del Estado, de los poderes y de las personas que lo representan independientemente de que estos sean responsables del asesinato o del genocidio de personas que no tenían nada que ver con un conflicto entre potencias mundiales. No obstante, nuestro silencio, nuestro negarnos a recordar, a sacar a la luz las tragedias de la historia, los asesinatos, muertes, violaciones y atentados contra la libertad de las personas nos hace, también, culpables-inocentes. Culpables porque justificándonos en nuestra incapacidad de imaginar semejantes tragedias y, en consecuencia, inocentes dejamos hacer, permitimos de manera silenciosa los mayores crímenes contra la humanidad.















