sábado, octubre 24, 2026

DIALOGAR SOBRE ABORTO

Ser de izquierdas no debe impedir dialogar con los de derecha. Ser internacionalista no significa no poder entender las razones -justas a veces- de los nacionalistas. Ser español no puede significar que no puedo dialogar con africanos. Ser feminista no puede significar que no se pueda dialogar con los no feministas, etc. Lo mismo debería pasar con el aborto. Quiero partir de esta reflexión de proyectokora en instagram y luego presento algunas reflexiones












¿Hay cuestión en la que el diálogo esté más cerrado que en la del aborto? "Abrimos melón" o eso desearíamos. Y sabemos que no son pocos los que quieren dialogar pero hay tales heridas y tales claridades que el diálogo está cerrado, al menos en algunos sitios.1/ Feminismo y liberación


Sigue siendo gravísima no solo la violencia de género más conocida, sino la sorprendentemente menos conocida violencia obstétrica, la dificultad para conciliar vida laboral con las cuestiones femeninas como la menstruación, el embarazo, el parto, la maternidad y hasta la menopausia. Injusto es tratar todo eso como enfermedad, e injusto es intentar decir que la vida sigue igual. Pero no solo en esas cuestiones hay desigualdad; hoy por hoy, incluso el placer femenino está menos estudiado desde el punto de vista científico. Toda la ciencia está desequilibrada en este terreno. En medicina, que se cuela en todos los ámbitos, nunca se ha estudiado adecuadamente el cuerpo femenino. Se ha tratado a la mujer como un varón "deficitario" o, simplemente, más pequeño... pero el problema no es ese. Las células XX reaccionan de manera diferente a las células XY, sea en el hígado, en el músculo o en el cerebro... y hasta que no lo asumamos, hasta que no se hagan estudios específicos en mujeres, o al menos estudios mixtos ( los estudios clínicos siguen siendo predominantemente de varones jóvenes y sanos), no podremos saber qué implica un medicamento concreto, cuanto tarda en eliminarse del cuerpo de la mujer (según el medicamento, será antes o después que en el cuerpo masculino), o como afecta a aspectos específicamente femeninos (menstruación, calidad ovárica, embarazo, lactancia…).

Hay, ciertamente, un problema estructural, pero mal planteado -en mi opinión- por quienes le dan el mismo nivel que a la cuestión nuclear, que es la cuestión ricos/pobres. Al decir que el capitalismo es esencialmente patriarcal, mezclan dos cosas que han venido juntas de hecho, pero que son esencialmente diferentes. El capitalismo no está teniendo mayor problema en aceptar un feminismo que se reduzca a ese feminismo preocupado por los techos de cristal pero no por los suelos de barro. Preocupados por las banqueras pero no por los limpiadores, que comparten la mayor parte de condiciones de vida de las limpiadoras.

Esta cuestión de la justicia social es la nuclear, y niego que sean la misma lucha, porque la mayor parte de las personas del mundo viven en pareja, y cada pareja ocupa en la sociedad un lugar. Por poner solo un ejemplo, el criado de la aristócrata, normalmente, no podrá ejercer su machismo con la aristócrata, el enfermero difícilmente será machista con la médica. Para acabar con la diferencia de género (que hay que acabar) no conviene sobreponerla con la diferencia de clases.

2/ El aborto ¿a diálogo?

Por el lado conservador, tenemos los grupos provida, que normalmente orillan del todo la preocupación por las otras formas de vida. No les preocupan los migrantes hasta que quieren abortar. Nada el hambre, nada de nada que huela a problemas de pobres. Poco o nada la vivienda. Una vez metidos en la harina de su justa causa, se encuentran de bruces con que las personas que abortan les dicen con frecuencia que la vida no les da para más, que no quieren abortar pero las circunstancias vitales son las que son y las presiones son fortísimas, superiores a las propias fuerzas. En este caso los provida despliegan sus ayudas puntuales, claramente insuficientes y sin tocar nunca -ni querer tocar, normalmente- un sistema que genera esa miseria. Esas mujeres que abortan tienen el sueldo que tienen, la vivienda que tienen etc. Las ayudas pueden solo paliar un poquito el problema.

Las acciones informativas en las puertas de clínicas abortistas son legítimas, desde luego, desde el punto de vista de la libertad de expresión, pero quienes las desarrollan no son conscientes de que normalmente añaden dolor al dolor, porque allí las mujeres normalmente no van a una fiesta. No sé cuántas, pero sí sé que muchas van con dolor. Prácticamente obligadas. Trabajar sobre las causas sociales del aborto podría ser más adecuado, siguiendo las sugerencias de Evangelium Vitae.

Por el lado progresista, la cosa no está mucho mejor. Desde tiempos de Felipe González ya viví que había seminaristas tan ingenuamente entregados al obrerismo de boquilla del PSOE, que eran favorables a aquellos tres supuestos. Desde entonces para acá, los creyentes dentro de la izquierda oficial no han exigido ni siquiera que hubiera debate. Se ignoran muchas cosas. Poca gente sabe por qué en algunos países baja el aborto. Nadie sabe por qué se investigan poco las formas de bajar el aborto involuntario, dándolo por natural, como tantas cosas se han dado por naturales sin serlo a lo largo de la historia. Además, en esta corriente, mi impresión es que no estudian el tema. Lo dan por hecho y punto.

Además, hacían oídos sordos a los socialistas de todo el mundo, que se manifestaban claramente contra el aborto, pero en nuestros lares jamás se hacían eco. Hablamos de grandes figuras de la izquierda, como Pérez Esquivel. Nada, este cristianismo a la carta no intentaba nada. Como mucho alguna dimisión, como la de un buen concejal de un pueblo de Andalucía cuando se planteó la ampliación del aborto y convertirlo en derecho, en vez de la despenalización anterior. No deja de llamar la atención que el actual Secretario General de la ONU (quizá con razón) no se manifieste ahora contra el aborto, como lo hizo siendo primer ministro de Portugal. Cristianismo a la carta.

El pueblo, sin embargo, creemos que se ha mantenido en parte al margen de esta polarización. La mayor parte del pueblo no apoya el aborto. Simplemente, lo tolera como un mal menor. Pesa mucho la idea, justa, de no querer condenar. Se conocen personas con circunstancias muy difíciles, o al menos la intuición de que es una situación dolorosa.

El actual presidente de la Conferencia episcopal, Luis Argüello, es la voz que quizá lo ha manifestado con más claridad. En general, esta postura profética contra lo “progre” y contra lo “regre” ha sido amplia. Recuerdo ahora, por ejemplo, a Oscar Romero y Helder Cámara como grandes personajes.

Echamos en falta estudios que entren de verdad a plantearse las causas de fondo del aborto. Creemos que hay que entender el proceso histórico de un feminismo que puede estar equivocado, pero que debe ser entendido, porque la negativa al aborto en el proceso histórico ha estado cargada de crueldad e hipocresía.

La presión social hacia el aborto, además de socioeconómica, puede estar marcada por unos valores de vida consumistas, que no parecen combatir los enemigos del aborto. El modelo social según el cual no es bueno dar la vida a una persona que va a tener sus condiciones de vida más o menos limitada es, precisamente, el modelo de vida burgués. No es el modelo de vida popular el que se pone en riesgo con el nacimiento. Es precisamente el modelo hedonista. Resulta particularmente hipócrita.


Como resulta hipócrita que una gran parte de los promotores del aborto tampoco están dispuestos a vivirlo. Con frecuencia, aunque no siempre, es un derecho enarbolado, una propuesta para otros. Una vez más, el paternalismo de la derecha se da la mano con el paternalismo de la izquierda.